Como Tratar con Personas Tóxicas

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Seguro que todos hemos oído hablar de las personas tóxicas, también denominados vampiros emocionales. Ya sea en el trabajo, con los amigos e incluso en el ámbito familiar pueden aparecer personas con las que es difícil relacionarse. Este tipo de personas se caracterizan por influir negativamente en nuestro estado de ánimo, dejándonos tristes, apáticos o malhumorados. En un nivel energético son individuos que tienen una gran capacidad de absorber nuestra energía positiva y nuestro buen humor, dejándonos con una sensación de baja energía, de aquí el nombre de vampiros. Sin lugar a dudas, los comentarios y el comportamiento de las personas tóxicas pueden perjudicar nuestro equilibrio emocional, si no sabemos ponerle freno.

En ocasiones nos podemos encontrar con personas tóxicas y no ser conscientes de ello hasta al cabo de un tiempo, cuando sentimos sus efectos en nuestro estado anímico y en nuestra salud. Por este motivo os comento algunas de las características que pueden identificar a este tipo de personas.  Las personas tóxicas son seres infelices, con un pensamiento negativo hacía su persona y hacía todo lo que les rodea. Suelen ser individuos que viven desde la vergüenza y la culpa, proyectando su malestar en el resto del mundo y no responsabilizándose de su persona. Con frecuencia se muestran hostiles, narcisistas, déspotas, demandantes y egoístas. También se les puede identificar por mostrar una actitud controladora y manipuladora hacía el resto de personas.

Aunque existen diversos tipos de comportamientos tóxicos, podemos englobarlos en dos grandes grupos. El primer grupo son las personas hirientes- agresivas. Dentro de este grupo encontramos personas narcisistas, criticonas, pedantes y los peores, los agresivos verbales y descalificadores. En general  son personas críticas con la vida, pesimistas, que no se alegran por nada bueno de lo que les pasa a ellos ni al resto del mundo.  Suelen ser personas con una gran negatividad, perciben la vida desde una óptica caracterizada por los celos, la frustración y el resentimiento. A menudo creen tener un conocimiento superior al resto de mortales, por este motivo piensan que poseen el saber absoluto sobre cómo hacer las cosas, y así se lo hacen saber a su entorno. Su objetivo es manipular al resto de personas para ganar control y poder sobre ellas. El fundamento de esta actitud es suplir su baja autoestima y su inseguridad personal, la cual camuflan detrás de esta máscara de superioridad. En el caso de los agresivos verbales son personas beligerantes, que viven de la descalificación personal. Son individuos que buscan constantemente el enfrentamiento, cosa que puede resultar realmente desesperante para las personas que han de convivir con ellos.


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El segundo de los grupos es el de los pasivos-victimistas. Este tipo se caracteriza por ser personas muy pesimistas con el mundo, con una visión negativa sobre sus recursos y capacidades. Necesitan constantemente de la ayuda y del apoyo del resto de personas, manipulando desde el victimismo y la queja constante. Se caracterizan por frases del tipo : “todo lo malo me pasa a mí”, “mi vida no tiene sentido” y “pobre de mi”. Aunque no son personas con una actitud agresiva ante el resto como puede ser el primer tipo, contagian al resto con su energía negativa. Este tipo de personas se caracteriza por una búsqueda constante de aprobación y aceptación en su entorno, pues no disponen de un concepto real de su valía personal. Esta pobre imagen de si mismos se refleja en una baja autoestima y una falta de amor propio, por este motivo no creen merecer nada bueno de lo que les pasa en su vida.

Aunque la forma más sencilla de protegerse de las personas tóxicas es poner distancia y relacionarse con ellas lo mínimo posible, existen entornos familiares o de trabajo donde esto no es posible, por lo que debemos aprender mecanismos que nos protejan de su influencia. Seguidamente os menciono algunos consejos que pueden ser de ayuda en estos casos:

Como ya hemos comentado anteriormente, el individuo tóxico desea manipularnos para así obtener control y poder sobre nosotros. Para evitar este control es importante que evitemos al máximo el contacto con ellos; por ejemplo comunicar a la persona tóxica que a partir de ahora la relación será estrictamente telefónica, anulando los mensajes teléfonicos y whats apps, los cuales  pueden generar en nosotros un mayor nivel de ansiedad. Otra opción es reducir en lo posible los encuentros personales, y cuando estos sucedan siempre intentar que sea con más gente y lo más breves posibles.

Sería recomendable entender que el enfrentamiento con este tipo de personas suele resultar inútil. No debemos tomar como personal aquello que nos dicen, hemos de tener claro que no somos nosotros los que vivimos desde el malestar, son ellos. Con frecuencia la gente tóxica intenta manipularnos haciéndonos creer que hemos hecho algo incorrecto o malo y por ello debemos sentirnos mal. Como nosotros somos muy susceptibles al “botón de la culpa”, si nos lo tomamos como algo personal activaremos la inseguridad y surgirá la duda en nosotros, afectando negativamente nuestros niveles de autoestima. Sin embargo reaccionar de forma pasiva tampoco es la solución recomendable ante estos casos, pues sería como dar la razón a la persona tóxica, perjudicando nuestra  autoestima y la seguridad en nosotros mismos. Ante estos individuos la mejor de la opciones es la de ser asertivo y reaccionar con firmeza; escuchar a la persona y concienciarnos que nada de lo que nos diga nos afectará, pues como ya hemos dicho el malestar mostrado por el tóxico no va con nosotros sino son él. Se le puede responder con comentarios del tipo: “Gracias por tu comentario, pero nadie mejor que yo para saber lo que quiero/lo que me conviene”, “Puedo entender tu opinión, pero yo tengo la mía y actúo en consecuencia”, "No voy a permitir que critiques a tal persona si no está presente". Es importante tomar una distancia respecto a las palabras de la persona tóxica, esto facilitará que no nos quedemos enganchados en su discurso, evitando también el rencor y el malestar derivado de ello. Podemos recordar las palabras de la escritora Eleanor Roosevelt al respecto, la cual dijo; “Nadie puede herirte sin tu consentimiento”.


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En caso de toparnos con personas tóxicas que nos falten al respeto, con comentarios despectivos y desvalorizadores hacía nuestra persona, debemos mostrarnos firmes, sin dejar que se traspasen nuestros límites. Es aconsejable adoptar una actitud firme, sin gritar pero dirigiéndonos a esa persona con voz asertiva, mirándole a los ojos y recordándole que no vamos a permitir que se nos falte al respeto bajo ningún concepto. Recordemos que se puede ser asertivo sin herir ni mostrarse agresivo ante el otro. Es importante que seamos nosotros los que pongamos nuestros límites, y no dejar que el resto de personas lo haga por nosotros.

Otro aspecto relevante es mantener una actitud de serenidad ante los ataques de la persona tóxica. Es recomendable evitar que las expresiones sarcásticas, agresivas o irónicas afecten nuestra sensibilidad. No olvidemos que quien nos agrede nos demuestra su debilidad, y por tanto debemos evitar caer en ella. Como dijo el filósofo Gerardo Schmedling: “La mejor defensa no es un buen ataque, sino no sentirse atacado”.

Otra recomendación ante las personas tóxicas es rehuir las peleas o discusiones, pues lo único que vamos a conseguir con ello es salir desgastados, enfadados y sin haber resuelto nada.  La mejor forma de comunicarnos con las personas tóxicas es ser directos y asertivos, expresándoles como nos hace sentir su actitud y su discurso, sin entrar en la crítica y el juicio hacía el otro. Es importante entender que tanto el diálogo como el enfrentamiento no son una opción válida ante este tipo de personas. Aunque es verdad que en muchos casos la persona tóxica no se va a dar por aludida, podemos quedarnos tranquilos, pues habremos hecho todo lo que estaba en nuestra mano para hacerle consciente de su actitud.

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En caso de toparnos con una persona tóxica que tiene como discurso la victimización, debemos evitar caer en su trampa y sentir lástima o pena por ellos. Intentar erradicar su dolor con nuestro apoyo y atención únicamente les reafirma más en su papel de sentirse incapaces y no válidos ante la vida. En estos casos lo mejor es ser directos con la persona, y comunicarle que si quiere salir de la situación en la que vive, el único responsable es él, y que nosotros no nos vamos a responsabilizar de su vida ni de su persona. Otra línea de acción con este tipo de personas es responder a sus comentarios negativos y de desvalorización, con otros comentarios positivos y que muestren lo positivo en su vida. Como el victimista no obtendrá el apoyo deseado, y la confirmación de su inutilidad, seguramente pronto abandonará sus intentos de manipulación. También en estos casos es posible reaccionar cambiando de tema rápidamente, o bien utilizar la ironía en nuestros comentarios Ante estas situaciones y como el victimista tampoco obtendrá la respuesta deseada en ningún caso, seguramente abandonará su tentativa de manipulación.

Un punto clave cuando hablamos de relacionarnos con personas tóxicas es tener en cuenta un principio básico; no debemos permitir que nadie manipule nuestros pensamientos, emociones ni sentimientos. Cuando las palabras de la otra persona hace que pongamos en duda la confianza en nosotros mismos y nuestra autoestima, estamos dando a esa persona un poder sobre nosotros que realmente no tiene. Obviamente esto no significa que no nos afecte nada, seguramente nos sentiremos dolidos si un familiar o un amigo nos falta al respeto, sin embargo una vez tomamos conciencia de nuestro dolor, el sufrimiento derivado de ello es nuestra responsabilidad.

Leslie Beebe


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Como superar la vuelta de las vacaciones


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Para la mayoría de nosotros septiembre significa la vuelta de las vacaciones, el retorno al trabajo, y en consecuencia volver a las obligaciones y responsabilidades que dejamos atrás al marcharnos de vacaciones. Después de unos días de desconexión y relax, así como de no seguir horarios, toca volver a nuestra rutina diaria. Es en este momento del año que puede aparecer el denominado Síndrome Postvacacional. Según estudios de mercado el 65% de la población va a sufrir alguno de los síntomas relacionados con este trastorno. El Síndrome Postvacacional es considerado por los profesionales de la medicina como un trastorno, más que una enfermedad, y suele durar de una a dos semanas. El síndrome surge como una resistencia que surge al tener que volver a nuestra rutina diaria, y puede manifestarse a través de diferentes síntomas;  uno de los más habituales es la dificultad para conciliar el sueño.  Una buena prueba de ello es la gran cantidad de anuncios que aparecen en televisión durante esta época, y que hacen referencia a productos cuya finalidad es facilitar el descanso. Otros síntomas que pueden aparecer son: sensación de cansancio, falta de apetito, molestias digestivas, irritabilidad y falta de concentración, entre otros. Por norma general estos síntomas desaparecen en unos días, cuando los horarios de trabajo y de descanso vuelven a regularizarse. En caso de que los síntomas perduren más de dos semanas es recomendable consultar al médico al respecto.

El Síndrome Postvacacional suele afectar más a las mujeres que a los hombres, y en él influyen tanto aspectos personales como del entorno. Personas que se caracterizan por una baja tolerancia a la frustración o bien son muy exigentes consigo mismas, así como entornos laborables conflictivos y poco amigables, pueden  ambos favorecer  la aparición de este trastorno.

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Como es imposible cambiar el calendario, o vivir siempre en unas vacaciones continuas, lo mejor que podemos hacer es cambiar la forma como nos afecta esta vuelta al trabajo. En palabras de Gerardo Schmedling; “La mejor defensa no es un buen ataque sino no sentirse atacado”. A continuación os dejo algunos consejos que pueden minimizar los efectos negativos de esta vuelta:

Sería recomendable, en la medida de los posible, fragmentar las vacaciones y no alargarlas más de tres semanas. Los humanos somos seres de hábitos; estos hábitos como pueden ser las horas que dormimos o el horario de las comidas, tardan aproximadamente 21 días en fijarse. Por este motivo,  si alargamos nuestro período vacacional por encima de las tres semanas, nos será más difícil volver a adaptar nuestro cuerpo a las rutinas que dejamos atrás al marchar de vacaciones. Si se ha viajado o hemos estado fuera, es también aconsejable volver dos o tres días antes de empezar el trabajo a nuestro domicilio habitual, para de esta forma facilitar la adaptación a la rutina y a los hábitos.

Es aconsejable una transición paulatina en el regreso laboral; se recomienda empezar el trabajo de forma gradual para ir cogiendo el ritmo de trabajo y no querer correr ni presionarnos para ponernos al día en el menor tiempo posible. Deberíamos evitar dejarnos llevar por nuestro juez interior que nos invade con frases del tipo; “debo ponerme al día”, “no puedo desaprovechar ni un minuto”, “he de acabarlo para hoy” y otras de similares que únicamente nos provocan más ansiedad y lo único que consiguen es el efecto opuesto al buscado, pues reducen considerablemente nuestra eficiencia.  Sobre todo a nivel laboral sería aconsejable adoptar las siguientes actitudes:

1.Priorizar las obligaciones, no quererlo hacer todo de vez.

2. Delegar o pedir ayuda cuando sea necesario, no somos superhombres o supermujeres capaces de hacerlo todo en el menor tiempo posible. Las vacaciones tienen sus efectos beneficiosos, pero no hasta ese punto.

3. Ser flexibles e indulgentes con nosotros mismos, no juzgarnos negativamente, ni tampoco culparnos ni castigarnos por ello. Es normal que después de una época de desconexión se nos pueda pasar algo por alto, o bien no ser tan rápidos en acabar una tarea como cuando ya llevamos unos días de rodaje.

4. Escucharnos a nosotros mismos y saber decir no cuando así lo sintamos, así como poner límites cuando percibimos que algo o alguien nos está vulnerando de alguna forma. Cuantas veces por miedo al juicio de los demás y para mantener nuestra auto imagen, hacemos o aceptamos cosas que no nos son saludables. La vuelta de las vacaciones puede ser un buen momento para tomar conciencia de todos estos aspectos que nos intoxican emocionalmente, para así cambiarlos por otras actitudes más sinceras y saludables.
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Por último es importante que dentro de la idea negativa que supone volver a la rutina, podamos encontrar nuevos estímulos y retos motivadores; ya sea tanto a nivel profesional, como personal y familiar. No debemos enfocarnos únicamente en las obligaciones, sino también en buscar nuevas actividades y aficiones que nos estimulen; algunos ejemplos pueden ser estudiar un idioma nuevo, aprender a tocar un instrumento o bien aficionarse a la jardinería. Ahora es una época ideal para empezar con algo nuevo, pues volvemos con energía, relajados y descansados.  Si nos centramos únicamente en las obligaciones, corremos el riesgo que en unos días volvamos a estar igual de estresados que cuando marchamos de vacaciones.

Espero que estos consejos os sean de utilidad en vuestro retorno a la rutina diaria.
Aquí os dejo otro artículo sobre como superar la vuelta al trabajo:

La vuelta al trabajo

Leslie Beebe
Terapia Gestalt y Life Coaching Barcelona

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