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Comprende tu ansiedad


Comprende tu ansiedad. El Consejo General de Psicología de España estima que nueve de cada diez españoles sufrieron de estrés y ansiedad en el año 2017.

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La ansiedad sigue siendo una de las asignaturas pendientes para la mayoría de la población; mientras que nos cuidamos a nivel físico y de alimentación, nos queda mucho por aprender a nivel de gestión emocional, y este es uno de los principales motivos que explican que los problemas de ansiedad se encuentren tan generalizados en nuestra sociedad. A continuación expondré algunos factores que favorecen a que los trastornos de ansiedad sean tan comunes entre nosotros.

1. Los medios de comunicación. Un elevado número de noticias e información que captamos durante el día se fundamentan en un concepto; el miedo. La ansiedad es un mecanismo natural que se activa cuando sentimos miedo ante una posible amenaza, la cual creemos que nos puede dañar. La finalidad de la ansiedad es anticiparse a ese peligro, con el fin de evitarlo. Estar rodeados de estímulos que promueven el miedo supone que nuestro estado de alerta se encuentre activado con frecuencia, por lo que los niveles de ansiedad aumentan y permanecen en el tiempo, perjudicando nuestra salud y bienestar.

2. La educación. Vivimos en una sociedad en que desde pequeños se nos enseña a mirar un paso más allá, focalizándonos en lo que está por venir y obviando la vivencia presente. Aprendemos a vivir más preocupados por lo que vendrá, que ocupándonos de aquello que nos pasa aquí y ahora. En esta tendencia a la futurización, también entra en juego el sistema capitalista en el que nos encontramos inmersos, el cual nos vende la idea que para ser felices debemos estar en constante movimiento, consumiendo bienes y servicios para alcanzar una utópica felicidad, una carrera que no tiene meta alcanzable y que nos sitúa en una insatisfacción constante con la vida y con nuestra persona.

Asimismo el sistema educativo se ha regido durante décadas bajo la idea que educar es únicamente acumular conocimientos. Este tipo de educación favorece al desarrollo de nuestro centro mental, sin embargo ¿Qué pasa con los otros centros de nuestro ser, como son el emocional y el instintivo?.  Este descuido en el sistema educativo contribuye a que en la vida adulta sigamos siendo unos grandes desconocedores de nuestras emociones y necesidades, lo que provoca graves problemas a nivel de gestión emocional

Igualmente, la educación más importante, la de los padres, también suele ser deficitaria en este sentido, no intencionadamente por supuesto, sino por un total desconocimiento, ya que los padres tampoco hemos sido instruidos en el campo emocional.

Ambos factores; el mantenernos en una carrera constante, focalizados en lo que está por venir, para así alcanzar una supuesta felicidad, y la inadecuada forma de manejarnos con nuestras emociones, son aspectos que favorecen a un aumento de los estados de ansiedad.

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3. La sociedad. En la actualidad vivimos en una sociedad en que cada vez debemos esperar menos para obtener aquello que deseamos, y en parte con el desarrollo de las nuevas tecnologías, eso es una realidad. Sin embargo aún existe una gran cantidad de aspectos en nuestra vida en los que la rapidez no tiene cabida, por lo que debemos recurrir a valores tradicionales como son el esfuerzo, la constancia y la paciencia para obtener lo que deseamos. Lamentablemente, una elevado porcentaje de la población ha ido olvidando estos valores, decantándose por la vía fácil de querer obtener resultados en el menor tiempo posible; en resumen, la ley del mínimo esfuerzo. 

Esta actitud genera una gran frustración e insatisfacción en la vida de muchas personas, al ver que no obtienen los resultados esperados cuando ellos quieren. Es irónico pensar que aunque todos damos por supuesto que si plantamos una semilla para que germine, ésta necesita su tiempo para dar su fruto, no entendamos lo mismo para muchos proyectos de nuestra vida.

Esta tendencia a la inmediatez nos hace ser cada vez menos resilientes ante la incertidumbre y el descontrol propios de la vida misma. Nuestros esfuerzos por querer mantener bajo control una vida incierta, así como una baja tolerancia a la frustración, es decir que en la mayoría de ocasiones la vida y las personas no son como a nosotros nos gustaría que fuesen, favorecen al aumento de los estados de ansiedad.
Como consecuencia de todos estos factores, es lógico que nuestros niveles de ansiedad sean elevados. 

4. Nuestro diálogo interno. La gran mayoría de nosotros tenemos un juez interno que siempre está vigilante, y que a la mínima que nos equivocamos nos inunda con expresiones nada amables ni comprensivas hacia nosotros mismos. Son comunes expresiones del tipo: “Ya te has vuelto a equivocar”, “No sirves para nada”, “No vales para esto”, y tantos otros mensajes que nos generan malestar y hacen tambalear el autoconcepto que tenemos sobre nosotros mismos. La presión que ejerce este juez interno, sin duda resulta en un aumento de nuestros niveles de ansiedad.

Por último es importante tener en cuenta que las reacciones que se producen en nuestro cuerpo durante los estados de estrés y ansiedad están diseñadas para funcionar de forma temporal, pero no permanente en nuestro sistema biológico. 
La secreción de adrenalina, noradrenalina y cortisol, propias de la respuesta ante el estrés de nuestro organismo, pueden ser perjudiciales si perduran en el tiempo, afectando negativamente a otros sistemas de nuestro cuerpo como son el sistema inmunitario, digestivo y cardiovascular, entre otros. Asimismo mantener activados estos estados de estrés, también puede derivar en otras patologías como el trastorno de ansiedad generalizada y los trastornos fóbicos, entre otros.

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Si sientes que el estrés y la ansiedad te limitan en tu vida, la terapia puede ayudarte a recuperar la estabilidad, así como darte las herramientas de gestión emocional necesarias para superar estos estados.

Para más información visita el siguiente enlace y te informaré sin compromiso.



Leslie Beebe
https://www.facebook.com/TerapiaBcn/
https://www.milanuncios.com/psicologos/terapia-gestalt-en-barcelona-296562125.htm

Como Reducir la Ansiedad


Como reducir la ansiedad. La ansiedad es un trastorno que nos puede afectar en cualquier momento de nuestra vida. Se estima que alrededor del 50% de la población mundial sufrirá de ansiedad en algún momento de su vida. La ansiedad tiene como eje central el miedo; no obstante mientras que el miedo es una emoción puntual que nos pone en alerta ante una amenaza presente, la ansiedad es un estado de intranquilidad y nerviosismo que perdura en el tiempo, y que principalmente procede de nuestra voluntad de querer controlar alguna circunstancia futura.

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A continuación voy a comentar algunos consejos que os pueden ayudar a superar la ansiedad. No obstante soy de la opinión que si sentimos que la ansiedad está presente en nuestra vida, lo recomendable es buscar aquello que la motiva. La ansiedad se presenta como un síntoma derivado de algún aspecto de nuestra vida que no está funcionando, o bien con el que estamos en desacuerdo, siendo esta insatisfacción la responsable de nuestro desequilibrio emocional.

Aunque existen técnicas como la meditación o el Mindfulness que funcionan muy bien en lo que respecta a reducir los síntomas relacionados con la ansiedad, debemos tener claro que esta reducción será temporal mientras no descubramos aquello que la motiva, y por tanto nos pongamos manos a la obra para solucionarlo. En este sentido la terapia se presenta como el camino más adecuado para tomar conciencia y llegar a sanar nuestros problemas de ansiedad.

1.  La ansiedad no es mala. Lo primero que debes hacer es cambiar tu foco de atención respecto a la ansiedad. En vez de concebir la ansiedad como algo malo y desagradable, debes verla como una señal de alarma que indica que algo no está funcionando en tu vida. Los intentos por querer evitar la ansiedad, luchando contra ella y juzgándote por sentirla, lo único que te conducirán es a sentirte cada vez más ansioso/a. Para ello piensa en aquellos aspectos de tu vida con los cuales estás en desacuerdo, o bien no acabas de estar satisfecho/a, seguramente te darán una pista importante sobre los motivos que causan tu ansiedad.

2. Toma conciencia de tus pensamientos. Podemos imaginar a la ansiedad como un monstruo que se alimenta de nuestros pensamientos. Como más pensamientos negativos y de oposición tengas respecto a la ansiedad, mayor será el tamaño de tu monstruo interno, y en consecuencia más ansiedad vas a sentir. Por este motivo es importante que revises tus pensamientos y las creencias que llevan consigo. Es importante que anotes todo aquello que te dices y escuches la forma cómo te lo dices. Una vez anotados cuestiónate el mensaje, por ejemplo debes evitar palabras como “nunca”, “siempre”, “nada”, “todo”…, pues  estas palabras son típicas de un pensamiento polarizado que únicamente contribuye a sentirte más presionado/a y a aumentar tu ansiedad.

Respecto a tus pensamientos puedes plantearte diversos aspectos como son: si realmente las cosas son blanco o negro como tus pensamientos te dicen, qué pruebas tienes de que estos mensajes que te  envías son reales, y si de alguna forma estos pensamientos contribuyen a que te sientas mejor. Una vez hayas tomado conciencia de tus pensamientos y la forma cómo éstos te hacen sentir, mira de cambiarlos por otros de más positivos y saludables. Pregúntate cómo crees que te vas a sentir si te habitúas a utilizar estos pensamientos alternativos, en vez de utilizar los antiguos.

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3. No te avergüences ni te sientas culpable por sentir ansiedad. Como hemos comentado la ansiedad es un trastorno más común de lo que nos pensamos. Existe la idea generalizada que mostrarnos vulnerables por la ansiedad es sinónimo de ser débiles o cobardes; nada más lejos de la realidad. Si te dejas la libertad de expresar y hablar con otras personas sobre tu ansiedad, seguramente te darás cuenta que encontrarás más apoyo y empatía del que te imaginas. Debes tener claro que querer esconder tu estado ante los otros solo te provocará más tensión, y en consecuencia más ansiedad.

4. No huyas de tu ansiedad. Acepta lo que te está pasando. Obviamente a nadie nos gusta los síntomas asociados a la ansiedad, no obstante debemos tener claro que querer evitar o reprimir aquello que estamos sintiendo solo nos conducirá a sentirnos peor. Asimismo culpabilizarnos o sentirnos mal por tener ansiedad tampoco nos ayudará a reducirla. El primer paso es aceptar la ansiedad como viene. Para ello lo recomendable es conectar con el momento presente. Una de las mejores formas de conexión con el presente es dejarnos unos minutos para tomar conciencia de nuestra respiración, de esta forma conseguimos parar el pensamiento futurista y catastrófico característico de la ansiedad.

Otro aspecto que debemos evitar en nuestra relación con la ansiedad es querer huir de las situaciones que nos generan ansiedad. Cuando eludimos las situaciones que nos producen ansiedad, lo que conseguimos es un alivio momentáneo, sin embargo esta huida únicamente nos conduce a un futuro más limitado. Como más evitemos las situaciones propicias a generar ansiedad, menos capaces nos sentiremos para enfrentar este tipo de situaciones en el futuro. En resumen, la evitación nos llevará a estar presos de nuestra ansiedad, limitando nuestra libertad personal y perjudicando nuestra autoestima.

5. Date la libertad para hablar y expresar tus emociones y sentimientos. Uno de los caminos que nos conduce a reducir nuestros niveles de ansiedad es expresar nuestras sensaciones y miedos. En estos casos el dicho de “yo me lo guiso, yo me lo como”, no suele dar buenos resultados. En primer lugar expresar a otros aquello que nos sucede nos ayudará a encontrar  puntos de vista alternativos de la situación, así como también el apoyo y acompañamiento necesario en momentos vulnerables que podemos estar atravesando. En segundo lugar, expresar nos ayuda a liberar la tensión propia de la ansiedad. Como ocurre con una olla a presión, necesitamos válvulas de escape que liberen la tensión acumulada a causa de la ansiedad, pues si no es así llega un momento en que acabamos explotando, pudiendo llegar a sufrir un trastorno de salud más grave, como un ataque de pánico.

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6. Procura ocuparte y no preocuparte. Toma conciencia de aquello que te genera ansiedad. Las preocupaciones excesivas respecto a temas futuros, sobre los cuales no tenemos el control, suelen ser uno de los principales orígenes de la ansiedad. Plantéate si tienes algún tipo de control sobre la situación, y si puedes hacer algo en tu presente para solucionar o encauzar aquello que te preocupa. Si éste no es el caso, y tu preocupación se sustenta en inseguridades sobre aquello que vendrá, o en tus deseos de controlar un futuro incierto, acepta que a veces es necesario tener paciencia y aprender a sostener la incertidumbre respecto aquello que nos depara la vida.

"A cada día le bastan sus temores, y no hay porqué anticipar los de mañana" Charles Péguy

7. Adopta unos hábitos de vida saludables. Cuando hablamos de hábitos de vida saludables nos referimos a aspectos como llevar una dieta regular y saludable, realizar ejercicio físico de 2 a 3 veces por semana y dormir las horas necesarias. Todos estos factores tienen una gran influencia en el grado de ansiedad; no cumplir con estos hábitos puede favorecer de forma significativa el aumento de nuestros niveles de ansiedad.

8. Aprende a ser asertivo y a poner límites. Una de las causas que motiva la ansiedad es nuestra creencia que no vamos a poder enfrentar un acontecimiento futuro. A veces este miedo procede de una inseguridad personal y una falta de valía personal, lo que contribuye a reforzar nuestra idea de que no vamos a poder lidiar con aquello que nos depara el futuro. Algunos indicios de esta inseguridad es nuestra dificultad para poner límites, o poder decir no a los otros sin tener que sentirnos culpables por ello.

Por todos estos motivos es importante que busques un equilibrio entre el entorno y tú; no es saludable ser una persona que sólo piensa en sí misma y en sus necesidades, pero eso tampoco significa que debas estar al servicio de las necesidades de otros, descuidando las tuyas propias. En este sentido, olvídate del juicio externo y céntrate en tus necesidades, date la libertad para ser tú mismo, y en caso que quieras dar a los otros que sea por generosidad y amor, y no por miedo o dependencia.


"Todo estrés, ansiedad y depresión, son causados cuando vivimos para complacer a los demás". Paulo Coelho

9. Deja que el humor entre en tu vida y toma perspectiva de la situación que te preocupa. Muchas veces aquellas situaciones  que nos provocan ansiedad no son tan tremendas ni tan graves cuando suceden, como nos habíamos imaginado previamente. Toma distancia de la situación y plantéate si realmente aquello que te preocupa es un tema tan importante en tu vida. Pregúntate que es lo peor que imaginas puede pasarte, y si así fuese como te sentirías. Intenta ver la situación con algo de humor y ríete de ella y de ti mismo si es preciso. Si observas la situación con humor, sin darle mucha relevancia al tema, seguramente te darás cuenta que no es el fin del mundo, y que por tanto esta preocupación que tienes en tu cabeza quizás no requiera de tanta energía ni tanto tiempo como el que le estás dedicando. Piensa que en un gran número de ocasiones somos nosotros mismos, quienes a través de darle vueltas y más vueltas al tema, hacemos una montaña de un grano de arena, provocándonos un mayor grado de ansiedad.

Si la ansiedad limita tu vida, la terapia puede ayudarte, pide información sin compromiso. 

Si te interesa leer más sobre el tema, aquí te dejo otros de mis artículos.







Leslie Beebe
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https://www.saludterapia.com/terapeutas/t/f/4685-leslie-beebe-rodriguez.html
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Ejercicios para Reducir la Ansiedad


Ejercicios para reducir la ansiedad. Vivimos en una sociedad acelerada, más centrada en el siguiente paso que debemos dar, que del momento presente. El desarrollo de la tecnología nos ha permitido ser más veloces y más eficientes en muchas áreas de nuestra vida, sin embargo en lo que se refiere a relacionarnos con la ansiedad, la rapidez y la aceleración resultan ser remedios ineficaces.

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Los síntomas vinculados a la ansiedad, como taquicardia, sudoración, dificultad en la respiración…nos hacen reaccionar ante ella desde la resistencia y la oposición. A nadie nos gusta sentir malestar, por este motivo deseamos que los síntomas pasen lo antes posible. Sin embargo en lo que se refiere a la ansiedad, no hay remedios rápidos. Es verdad que podemos ir al medico para que nos recete algún medicamento, como un ansiolítico, que nos libere de los síntomas temporalmente, sin embargo la medicación no es una solución definitiva, ni tampoco aconsejable a largo plazo. Asimismo si presentamos resistencia a la ansiedad, intentando controlar nuestras reacciones corporales, lo único que conseguiremos es aumentar nuestro malestar. 

El primer paso para lidiar con la ansiedad es aceptar que la sentimos. La ansiedad no nos va a matar, ni tampoco va a hacer que nos volvamos locos o perdamos el control; pensamientos que suelen ser recurrentes en una crisis de angustia. Por estos motivos cuando sintamos que la ansiedad aparece, lo más aconsejable es focalizar nuestra atención en la respiración, aceptando los síntomas de malestar que acompañan a la ansiedad. Al contrario de lo que creemos, cuando sentimos ansiedad no debemos hacer nada, lo más recomendable es parar, focalizar la atención en nuestra respiración y esperar unos minutos.

La ansiedad es un mensaje que nuestro cuerpo nos envía respecto alguna insatisfacción personal; puede estar relacionado con necesidades no satisfechas, deseos reprimidos o problemas de autoestima, entre otros. Para conocer los motivos que causan la ansiedad es aconsejable recurrir a un profesional de la terapia, el cual nos ayudará a conocer su origen, así como la mejor forma de tratarla.

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No obstante, y paralelamente a la ayuda profesional, también podemos practicar toda una serie de ejercicios de relajación y conciencia corporal, los cuales nos permitirán aliviar los síntomas vinculados a la ansiedad. Para realizar estos ejercicios debemos dedicar un mínimo de 10 minutos diarios, aunque lo aconsejable es de 20 a 30 minutos, para que así los resultados sean visibles en un plazo menor de tiempo. Una vez nos habituemos a estos ejercicios, los podremos aplicar en cualquier momento del día si sentimos que la ansiedad aparece.

Al principio de la práctica lo recomendable es realizar estos ejercicios en un lugar tranquilo, en el cual no podamos ser molestados, adoptando una posición estirada o bien de meditación, con la espalda y los hombros rectos. Asimismo es aconsejable combinar estos ejercicios de relajación con la práctica de algún deporte o ejercicio físico, los cuales también ayudan en gran medida a bajar los niveles de ansiedad.

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Seguidamente os comento algunos ejercicios sobre respiración y toma de conciencia corporal. Podéis ir variando de uno a otro según el día, para que así no os sea aburrido, e incluso con la práctica introducir los cambios que os parezcan oportunos. Recordad que lo más importante para obtener resultados es la constancia y la dedicación. Asimismo existen multitud de recursos en internet, como las relajaciones guiadas, las cuales también os pueden ayudar en este sentido. Aquí os dejo el enlace a una de ellas:


Ejercicio 1
Inhala contando hasta 6, mantén la respiración contando hasta 3 y después exhala contando hasta 9. Vuelve a contar hasta 3 antes de volver a inspirar. Todo por la nariz. (Si sientes dificultad o te mareas exhala por la boca).

Ejercicio 2
Estirado pon tu mano derecha en el vientre y tu mano izquierda en el pecho. Empieza a respirar de forma profunda, siendo consciente que tu vientre sube y baja, así como tomando conciencia del aire que entra en tus fosas nasales. Imagina que el aire que entra es energía, de color blanco, puro y el aire que expulsas es negro, el cual se lleva toda la tensión y negatividad de tu cuerpo. Intenta que las exhalaciones sean más largas que las inhalaciones.

Ejercicio 3
Para aliviar tensiones en tu cuerpo puedes hacer una relajación progresiva. Cierra los ojos, conecta con la respiración y empieza un escaneo por tu cuerpo, tensionando y relajando cada grupo de músculos. Tensa cuando inhales e imagina que la tensión se va con la exhalación. Comienza por los pies y dedos, sube a las rodillas, muslos, glúteos, vientre, pecho, brazos,  manos, cuello, mandíbula y ojos.
En este caso aspira por la nariz, cuenta hasta 5 mientras se tensan los músculos y después libera el aire por nariz, a la vez que liberas la tensión en tu cuerpo, contando hasta 9. Si te mareas o sientes dificultad exhala por la boca.

Ejercicio 4
En una postura cómoda, coloca el pulgar derecho en la fosa nasal derecha e inhala profundamente a través de la fosa nasal izquierda. Al llegar al pico de la inhalación, tapa la fosa nasal izquierda con el pulgar izquierdo y libera la derecha, luego exhala a través de la fosa nasal derecha. Continúa este patrón, inhalando por la fosa nasal derecha, luego cerrándola con el pulgar derecho y exhalando a través de la fosa nasal izquierda. Repetir cada serie de 8 a 10 veces.

Ejercicio 5
Se trata de realizar una inhalación larga y lenta, expandiendo el diafragma, para a continuación exhalar de forma rápida contrayendo el diafragma. Todo por la nariz. Inhalar lento y profundo y exhalar rápido y fuerte. Repetir unas 10 veces.

Si cuando realizas estos ejercicios te sientes indispuesto o mareado, para inmediatamente, estírate con la espalda recta en el suelo y las piernas elevadas. Vuelve a tu ritmo normal de respiración.

Espero que estos ejercicios te ayuden en la superación de tu ansiedad. Si quieres conocer más técnicas de relajación, o bien necesitas apoyo terapéutico para vencer la ansiedad, puedo ayudarte. Rellena el formulario de contacto, o bien contacta por teléfono o whatsapp en el 645 368 714  para más información.

"Si quieres conocer el pasado, entonces mira tu presente que es el resultado. Si quieres conocer tu futuro, mira tu presente que es la causa". Buda

Leslie Beebe

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Estrategias Para La Ansiedad

Estrategias para la ansiedad. La ansiedad se ha convertido en un trastorno habitual entre nosotros, así como un tema frecuente en las consultas de terapia, donde cada vez hay más personas que buscan estrategias para superarla. Las causas que generan la ansiedad son diversas, no obstante podemos destacar algunas comunes como el ritmo acelerado en el que vivimos, la crisis económica que hace algunos unos años que nos acompaña y nuestra falta de aprendizaje a la hora de gestionar nuestras emociones. Obviamente la intensidad, la situación y la forma como es vivida la ansiedad es diferente según cada persona, por tanto no podemos generalizar. Una situación que a una persona le pueden pasar inadvertida, para otra persona puede ser generadora de una fuerte ansiedad.

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Definimos como ansiedad una respuesta adaptativa del ser humano ante un estímulo que la persona percibe e interpreta como peligroso. Ante dicha amenaza nuestro organismo responde para protegernos de la amenaza; ya sea evitando el peligro, enfrentándonos a él o bien escapando. Sin embargo esta función protectora pierde su razón de ser cuando el peligro del que quiere protegernos no está presente o bien no es real. En estos casos nuestra imaginación empieza a trabajar, fantaseando y anticipando peligros, cuando en una elevado porcentaje de los casos lo temido nunca llega a suceder, o al menos en el grado en que lo imaginamos.

Puede ser que la ansiedad surja por una situación sobre la que no tenemos una experiencia previa, y por tanto tememos, sensación lógica ante lo nuevo y desconocido. En estos momentos es habitual que nuestra mente empieza a fantasear con toda una serie de pensamientos catastróficos, limitantes y negativos sobre el resultado de la experiencia. Si no paramos este tipo de pensamiento lo que conseguimos es ponernos cada vez más nerviosos, y que nuestros niveles de ansiedad vayan en aumento. 

Otras veces la ansiedad se puede manifestar al revivir una experiencia pasada de la que no guardamos un buen recuerdo, que no pudimos superar o bien que nos afectó emocionalmente. En este caso también nuestro pensamiento se dispara, recordando lo mal que lo pasamos la última vez y anticipando un nuevo desastre, por lo que la sensación de ansiedad va en aumento. En todos estos casos la ansiedad pasa de ser un mecanismo anticipatorio que nos permite defendernos de un peligro presente, a ser un mecanismo limitante, que nos abruma y paraliza.

La ansiedad consta de tres elementos; el físico, el cognitivo y el conductual.

Cuando hablamos del elemento físico de la ansiedad nos referimos a los cambios físicos que se producen en nuestro cuerpo al activarse la ansiedad, por ejemplo la tensión muscular, la respiración rápida, el aumento de la presión sanguínea, la sudoración, así como la liberación de distintas hormonas como la adrenalina. La adrenalina provoca que nuestro corazón lata más rápido para llevar sangre allá donde es más necesaria. En esos momentos nuestro ritmo respiratorio se acelera para obtener el oxígeno necesario, sudamos para evitar el sobrecalentamiento y nuestro sistema digestivo se ralentiza para llevar más sangre a los músculos. Nuestro cerebro se encuentra en total alerta y nuestros sentidos se agudizan. Todo nuestro cuerpo está a punto para enfrentar la amenaza, sin embargo como hemos dicho anteriormente la amenaza no está presente ni es real, respondiendo a una fantasía de nuestra mente. En estos casos nuestro cuerpo se queda con toda la energía acumulada para la acción al no poder descargarla. 

Es por este motivo que la persona que padece ansiedad sufre de malestar la mayor parte del tiempo, pues aunque en ese preciso momento su pensamiento no esté focalizado en aquello que le hace sentirse ansioso, la energía se encuentra en su cuerpo dispuesta a ser liberada. Este malestar se puede manifestar a través de síntomas como tensión en el cuerpo, migrañas, dolor articular, mareos o sensación de nudo en el estómago, entre otros. Es por este motivo que si sufrimos de ansiedad es importante hacer algún tipo de ejercicio físico, para ayudarnos a descargar toda la energía que no hemos liberado.
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Si quieres aprender estratégias para tolerar mejor tu ansiedad, la terapia puede ayudarte. Infórmate sin compromiso en el teléfono 645 368 714 o bien rellena el formulario de contacto.

Respecto al elemento físico quiero acabar diciendo que es muy común que nos asustemos por los síntomas que nos provoca la ansiedad, pensando que cuando éstos aparecen sufrimos de alguna enfermedad más grave, cuando en realidad no es así. Cuando nos asustamos ante los síntomas lo que hacemos es focalizar nuestra atención en ellos, dándoles un mayor protagonismo y haciendo que estos aumenten. Cuando nos dejamos llevar por el miedo y luchamos a toda costa por no sentirnos mal, lo único que conseguimos es favorecer a que los síntomas de la ansiedad aumenten, pudiendo llegar a sufrir lo que denominamos como crisis de ansiedad o ataque de pánico.

Por este motivo la próxima vez que sufras de síntomas asociados a la ansiedad, piensa que solo es eso, ansiedad, y que por tanto no sufres de ninguna enfermedad grave, ni mucho menos vas a morir o perder el control. Sobretodo intenta no luchar contra la ansiedad ni quieras controlarla, pues el efecto va a ser el opuesto al esperado. En estos desagradables momentos simplemente focaliza tu atención en la respiración, inhalando y exhalando profundamente durante unos minutos y verás como tu ansiedad se reduce.

El segundo elemento que conforma la ansiedad es el elemento cognitivo. El elemento cognitivo son los pensamientos, creencias, percepciones e interpretaciones que aparecen cuando anticipamos un determinado peligro. Cuando la ansiedad toma el control vivimos estos pensamientos como si fuesen una certeza, sin ápice de duda. Por ejemplo ante un examen es diferente pensar “Puedo suspender el examen, pero he estudiado y quiero aprobar” que “No hay nada que hacer, voy a suspender el examen”. Si nos decantamos por la segunda opción estamos activando la ansiedad. A medida que seguimos pensando así la ansiedad va en aumento y nuestras posibilidades de suspender el examen también. Por este motivo la próxima vez que te enfrentes a una situación que te genere ansiedad, toma nota de cuáles son los pensamientos que la alimentan y pónlos en duda. Las siguientes preguntas te pueden ayudar a que no aceptes incondicionalmente todo lo que te dicen tus pensamientos:  

¿Qué indicios o experiencia previa tengo para creer que eso va a ser así?, ¿En qué me ayuda tener este tipo de pensamientos?, ¿Qué es lo peor que me puede pasar si sucede aquello que tanto temo, y qué pasaría conmigo entonces?, ¿Qué es lo más probable que me pase?... preguntas de este tipo te ayudaran a contactar con la realidad y evitaran que tu imaginación se dispare con pensamientos catastróficos y negativos.

Una vez tengas anotado tus pensamientos te darás cuenta que la mayoría de ellos son pensamientos pesimistas, limitantes y de desconfianza sobre ti mismo y sobre tus aptitudes. Una vez tomes conciencia de ellos, mira de cambiarlos por otros de positivos, que favorezcan la seguridad en ti mismo. Al principio quizás los encuentres extraños y poco creíbles, sin embargo si eres constante con ellos y te los repites diariamente, al cabo de un tiempo verás que se han convertido en un hábito y que surgen de ti de forma espontánea.

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El último de los aspectos que conforma la ansiedad es el aspecto conductual. El aspecto conductual son las acciones que tomamos o evitamos tomar a causa de la ansiedad. Por ejemplo si nos sentimos nerviosos ante un examen, podemos empezar a mordernos las uñas o a caminar de un lado a otro de la habitación. La forma como cada uno de nosotros actuamos ante situaciones que nos generan ansiedad depende de múltiples variables, algunas de ellas son: el detonante que ha activado la ansiedad, nuestra habilidad de manejar la situación o bien la relación que establecemos con alguna experiencia pasada.

No obstante quizás el punto más importante a tener en cuenta son aquellas acciones que evitamos hacer a causa del miedo generado por la ansiedad. Cuando nos sentimos bloqueados por el miedo una de las reacciones más comunes es evitar la situación que ha generado dicho miedo. Lo que en un principio parecería una solución rápida para el problema, con el tiempo se convierte en una trampa, pues la evitación pasa a ser en un mecanismo defensivo que vamos a ir generalizando a más actividades y situaciones de nuestra vida. 

Huir y querer evitar las situaciones por miedo a sentir ansiedad lo que provocará es una clara limitación de nuestra libertad personal, así como una reducción en la confianza que tenemos sobre nosotros mismos. El único antídoto ante la actitud evitativa es la confrontación con la situación generadora de miedo. Enfrentar aquello que tememos nos ayudará a ganar confianza en nosotros mismos y nos permitirá tomar conciencia que aunque el miedo esté presente no debe ser un impedimento para realizar aquello que queremos. En palabras del escritor norteamericano Jack Canfield: “ Todo aquello que deseas está al otro lado del miedo”.

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Para terminar te dejo un ejercicio para tomes conciencia de cómo se activa la ansiedad en ti.

Busca una situación susceptible de generarte ansiedad y contesta a las siguientes preguntas:

       ¿Cómo me siento corporalmente?
       ¿Cúales son mis pensamientos?
       ¿Cómo reacciono, qué hago o qué evito hacer?

Este ejercicio te permitirá conocer un poco más sobre tus reacciones ante la ansiedad, viendo cómo están conectados los tres elementos que hemos comentado y en qué medida te afectan.
  
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Asimismo si quieres conocer más sobre la ansiedad, aquí te dejo otros de mis artículos sobre el tema:

Crisis de ansiedad, qué hacer.
Como vencer la ansiedad social
Como gestionar mejor mi ansiedad

Leslie Beebe



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Terapia para Ansiedad e Insomnio


El insomnio es un síntoma frecuente en aquellas personas que sufren de ansiedad. Denominamos como insomnio la incapacidad de poder dormir las horas necesarias para obtener un buen descanso, y de esta forma levantarnos frescos y descansados al día siguiente. Dormir es de vital importancia para mantener nuestro equilibrio mental y físico; cuando no obtenemos la cantidad y calidad de sueño necesaria, esto incide negativamente en nuestro estado de salud.

En un gran número de ocasiones insomnio y ansiedad van unidos de la mano; el insomnio puede ser un claro síntoma para diagnosticar algún tipo de trastorno de ansiedad, asimismo cuando el insomnio se mantiene en el tiempo, también  acelera y agrava los problemas de ansiedad. Se puede producir así un ciclo de retroalimentación entre ambos, encerrando a la persona en un círculo vicioso del que es difícil salir por uno mismo. Si caemos en este bucle de ansiedad e insomnio es muy importante buscar ayuda y tratamiento, pues si no se trata, con el tiempo puede derivar en problemas más graves de salud, como enfermedades mentales o abuso de drogas.

Veamos a continuación cómo se produce esta interacción entre insomnio y ansiedad:

Cuando sufrimos de ansiedad nuestra actividad cerebral es mayor; se dispara nuestro pensamiento con múltiples preocupaciones y nuestro cerebro está más activo, pendiente de posibles amenazas del exterior. El cuerpo en general se encuentra en estado de alerta, preparándose para hacer frente al posible peligro o bien para huir de él.
En este estado de alerta es normal que tengamos dificultad para conciliar el sueño cuando llega la noche, o bien nos despertemos de madrugada con la imposibilidad de volver a retomar el sueño. Si la dificultad para dormir permanece en el tiempo, es frecuente que aparezcan pensamientos del siguiente tipo:

“La hora qué es y aún no me he dormido, mañana no voy a estar bien para trabajar”, “ayer dormí solo 5 horas y hoy voy a peor, esto no puede ser bueno”, “necesito dormirme ya”, ”quedan solo x horas para que suene el despertador”.

Estos y otros pensamientos de carácter similar provocan un nivel de activación mayor en nuestro organismo, derivando en una ansiedad anticipatoria que nos predispone de forma negativa para conciliar el sueño. El sueño es un proceso fisiológico del que no tenemos control, por este motivo cualquier intento de querer provocarlo únicamente va a derivar en un aumento de nuestra ansiedad.


Si sufres de ansiedad y te cuesta dormir, te puedo ayudar. Llama o WhatsApp al 645 368 714 o bien escribe a lesbcn13@gmail.com

La pregunta a hacernos ante situaciones de insomnio prolongado, y en consecuencia mayor ansiedad, es como podemos gestionar ambos de una forma más saludable. En mi opinión existen dos puntos fundamentales que deberíamos tener en cuenta; el primero, y principal a mi entender, es conocer el motivo por el cual vivimos con ansiedad

La ansiedad y el insomnio no dejan de ser mensajes que nos enviamos a nosotros mismos respecto a algún ámbito de nuestra vida del que no estamos satisfechos. Sería aconsejable en estos casos poner atención en qué es lo que nos provoca esta insatisfacción e incomodidad en nuestra vida; ¿es nuestro trabajo?, ¿es nuestra pareja?, ¿es la relación que mantenemos con nuestros padres?… los motivos pueden ser múltiples, pero hasta que no tomemos conciencia de ello y actuemos, los mensajes van a seguir viniendo a nosotros, provocándonos más sufrimiento. 

Quizás ahora estemos viviendo una época de insomnio que arreglaremos de forma puntual e inadecuada con medicación, sin embargo la verdad es que si no nos enfrentamos a lo que se encuentra detrás de este síntoma, el mensaje volverá en forma de insomnio o cualquier otro síntoma que nos producirá malestar,  como pueden ser migrañas, dolores cervicales o lumbalgia, entre otros. 

En la mayoría de ocasiones puede resultarnos difícil tomar conciencia de los motivos que originan la ansiedad y el insomnio. Por este motivo, una mirada externa y profesional como la terapia nos puede ayudar a poner luz en las causas de esta insatisfacción, para de esta forma poder actuar al respecto, recuperando así nuestro equilibrio emocional.

El segundo punto importante sobre el que podemos actuar es el que hace referencia a la denominada higiene del sueño. La higiene del sueño comprende todas aquellas pautas de comportamiento y conductuales que nos pueden ayudar a conciliar el sueño. Entre ellas destacan; seguir unos horarios regulares, evitar las comidas copiosas y las bebidas excitantes por la noche, asegurar un ambiente facilitador del sueño (temperatura de la habitación agradable, dormitorio sin ruido, una cama confortable…), desconectar del trabajo al llegar a casa, evitar conectarse a internet o al correo después de cenar y evitar siestas que dificulten tener sueño por la noche, entre otras.


Como hemos comentado anteriormente, si sentimos que vivimos con ansiedad y padecemos de insomnio, deberíamos buscar ayuda profesional. Ante todo debemos evitar la automedicación, ya sea con ansiolíticos o bien con somníferos, y únicamente tomar este tipo de medicación bajo prescripción médica. No obstante debemos tener claro que los medicamentos únicamente reducirán los síntomas de nuestro sufrimiento, pero no incidirán sobre las causas que lo provocan. Por este motivo es aconsejable que la medicación se complemente con ayuda terapéutica, para así trabajar con las causas que provocan dicho malestar.

Leslie Beebe


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