Como calmarse ante una crisis de ansiedad


Como calmarse ante una crisis de ansiedad. Todas aquellas personas que hemos sufrido un ataque de ansiedad sabemos lo desagradable que es vivir una experiencia de este tipo. El ataque de ansiedad, también denominado como crisis de ansiedad o ataque de pánico, lleva asociado una serie de síntomas que alcanzan un grado elevado de incomodidad, y que nos pueden hacer creer que estamos sufriendo un problema más grave de salud, como puede ser un ataque al corazón. Algunos de los síntomas asociados a las crisis de ansiedad son: mareos, hiperventilación, náuseas, taquicardia, sudores, temblores y pensamientos sobre la posibilidad de morir o perder el control, entre otros.

Calmarse Crisis de Ansiedad

La sensación angustiosa que sentimos cuando estamos sufriendo un ataque de ansiedad es que no podemos escapar de la situación presente, pensamiento que acrecienta más los síntomas que acompañan estas crisis. Una vez vivido un ataque de ansiedad, es común que la persona empiece a tener pensamientos recurrentes al respecto, es decir que piense que el ataque de ansiedad puede volver a repetirse en cualquier momento. De esta forma, la persona asocia el miedo a poder sufrir un nuevo ataque de ansiedad con toda una serie de actividades de su vida diaria.

Con el tiempo, y si no se pide ayuda terapéutica para comprender aquello que motivó la crisis de ansiedad, la persona va sintiéndose más limitada, evitando aquellas circunstancias que cree susceptibles de generarle un nuevo ataque de ansiedad. A medida que pasa el tiempo, cada vez son más las situaciones evitadas por la persona ante su temor a vivir una nueva crisis de ansiedad, es lo que denominamos como “miedo al miedo”, pudiendo derivar en otros trastornos como la agorafobia.

La evitación de las situaciones temidas conduce a dos resultados; el primero es que la vida de la persona cada vez se encuentra más limitada por este miedo. El segundo es que el individuo pierde la confianza en su capacidad para enfrentar solo la situación temida. Este último aspecto supone un duro golpe para la autoestima y la autoconfianza personal.

Como he comentado anteriormente, la mejor vía para superar los estados de ansiedad es el apoyo terapéutico. Paralelamente, también podemos utilizar toda una serie de técnicas que nos permitan gestionar nuestra ansiedad, para así no llegar al punto de experimentar una crisis. Una de estas técnicas es trabajar con la respiración.

La mayoría de nosotros hemos oído hablar de los beneficios que nos aporta realizar ejercicios de respiración. El yoga, la meditación o el Mindfulness basan gran parte de su efectividad en la toma de conciencia de como respiramos, así como en la regulación del ritmo respiratorio.

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Cuando sentimos ansiedad se produce una estimulación del sistema nervioso simpático que activa nuestra respuesta de lucha o huida. En estos momentos se produce un aumento del ritmo cardíaco, una elevación de la presión arterial y una mayor producción de cortisol, la hormona del estrés, así como también de adrenalina. Estos son momentos en que nuestro cuerpo se pone en estado de alerta para enfrentar la amenaza percibida, lo que supone una gran movilización de energía. Este último es el motivo por el cual mantener situaciones de tensión y estrés en nuestra vida nos lleva a sentirnos cansados, afectando negativamente nuestro estado de ánimo.

No obstante, cuando centramos nuestra atención en la respiración, haciendo respiraciones profundas, activamos nuestro sistema nervioso parasimpático el cual se pone en funcionamiento cuando nuestro cuerpo está en reposo, contrarrestando así la respuesta al estrés. El sistema nervioso parasimpático facilita los procesos de relajación, reduce la frecuencia cardíaca, así como el ritmo respiratorio, entre otras funciones. En los momentos que nos sentimos muy estresados, o a punto de vivir un episodio de ansiedad, activar el sistema parasimpático nos puede ayudar a reconducir nuestro equilibrio emocional.

Una de las técnicas más eficaces en la activación del sistema parasimpático es sin duda la respiración diafragmática o abdominal. En este tipo de respiración se lleva el aire a la parte más baja de la caja torácica. La respiración debe hacerse de forma lenta y profunda, por lo que hacemos un uso adecuado del diafragma.

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La focalización de nuestra atención en la respiración, realizando una respiración de tipo abdominal, nos aporta una serie de beneficios como son: controlar los procesos del cuerpo, calmar nuestra mente y nuestros pensamientos, entrar en contacto con nuestro ser en el aquí y ahora, y finalmente ayudarnos a obtener un estado óptimo de relajación.

A continuación te dejo un ejercicio que te ayudará a la hora de conectar con tu respiración, evitando así que te sientas superado por la ansiedad.



Si crees que estás a punto de vivir una crisis de ansiedad, a parte del ejercicio de tomar conciencia de tu respiración que acabamos de comentar, también puedes utilizar otras estrategias que te ayudarán a reducir tus niveles de ansiedad. Algunas de estas estrategias son las siguientes:

1. Distracción de los pensamientos

Cuando sientas que los pensamientos quieren tomar el control, es recomendable que te centres en lo que está pasando fuera de ti, y no dentro. Es aconsejable que tomes conciencia de la información que tus sentidos te aportan del exterior. Si lo crees oportuno puedes escribir una descripción del entorno en el que te encuentras. Realiza este ejercicio durante un mínimo de 5 minutos.

2. Romper tu ciclo de pensamientos

En primer lugar cuando sientas la sensación que la ansiedad quiere dominarte, apareciendo los primeros pensamientos al respecto del tipo; “Me voy a marear y caer la suelo”, “los otros van a ver que estoy nervioso”, “voy a perder el control”, y otros de este estilo, lo que debes hacer es mirar de romper ese ciclo, ya sea a través de los ejercicios de respiración o de distracción.

En segundo lugar debes comprender que la ansiedad no es peligrosa, y que por tanto tu vida no corre peligro. Así mismo no te preocupes sobre lo que otras personas puedan pensar sobre ti en esta situación. De hecho cada vez más personas reconocen sufrir de problemas de ansiedad, y por tanto pueden entender aquello por lo que estás pasando.

En tercer, y último lugar, es importante que comprendas que reprimir aquello que estás sintiendo únicamente te conducirá a aumentar tu ansiedad. Si aceptas que la ansiedad, aunque desagradable, no es mala, y te permites quedarte unos instantes con ella, te darás cuenta que su intensidad se reduce.

Si actualmente sientes que la ansiedad limita tu vida y te gustaría recuperar tu equilibrio emocional, la terapia es la solución. Si quieres más información clica en ESTE ENLACE y te informaré sin compromiso; recuerda que la primera sesión es gratuita.

Si quieres conocer más sobre la ansiedad y como superarla, a continuación te dejo otros de mis artículos sobre esta temática:


Leslie Beebe








Las crisis de ansiedad

Las crisis de ansiedad. “No sé que me pasa últimamente, cuando voy a un centro comercial, voy en autobús o he de conducir, noto que empiezo a sudar, siento una presión en el pecho que parece como si me costase respirar, empiezo a pensar que necesito salir de esa situación ya, sino creo voy a morirme. La última vez me fui a urgencias, porque creía que me daba un ataque al corazón, me dijeron que era una crisis de ansiedad y que mi corazón estaba bien”.

Las Crisis de Ansiedad

Estas son unas palabras de una de mis clientas que sufrió hace poco una crisis de ansiedad, también denominada como ataque de pánico.

Según el diccionario de la RAE denominamos pánico a un miedo extremado o muy intenso. Es normal experimentar la sensación de pánico ante situaciones que percibimos altamente peligrosas, y que pueden suponer un riesgo para nuestra salud. Ante esta percepción de peligro, nuestro cuerpo se prepara para huir, o bien para enfrentar dicha amenaza.

Sin embargo el ataque de pánico presenta ciertas diferencias frente a lo que denominamos como pánico normal, los aspectos que los diferencian son los siguientes:

Las sensaciones que acompañan un ataque de pánico suelen aparecer de forma súbita, y sin una razón aparente. Durante el ataque de pánico se manifiestan síntomas físicos muy intensos como taquicardia, mareos, temblores, dificultad para respirar y hiperventilación pulmonar, entre otros. La persona siente que está viviendo una situación donde peligra su vida, o bien puede perder totalmente el control, por lo que aparece una necesidad imperativa de tener que salir de esa circunstancia lo antes posible. El hecho de que muchas veces no sea posible escapar de esa situación, por ejemplo si estamos viajando en un avión, acentúan en gran medida los síntomas del ataque de pánico.

El ataque de pánico es una experiencia muy intensa y desagradable. Por este motivo, y aunque no representa un peligro para la salud, suele generar en la persona una preocupación y un miedo a que se vuelva a repetir otro ataque de estas características en el futuro. Este miedo ante situaciones susceptibles de generar una nueva crisis de ansiedad, provoca que la persona adopte conductas limitativas y evitativas, restringiendo así su libertad personal.

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El miedo es una emoción muy útil, pues nos previene de posibles peligros que pueden amenazar nuestra integridad personal. Sin embargo el miedo desmesurado que acompaña el ataque de pánico no es proporcional a la amenaza percibida, pues en la mayoría de ocasiones ni tan solo existe amenaza alguna para la persona.

Las crisis de ansiedad o ataques de pánico pueden venir motivados por múltiples causas como pueden ser: un periodo de estrés continuado, una falta de regulación emocional, traumas pasados, preocupaciones sobre la salud, o incluso de la aparente nada. De todas formas, no es especialmente relevante encontrar la causa inicial, pero sí tratar con los comportamientos, actitudes y pensamientos que relacionamos con dicho ataque. Así mismo, aunque la medicación puede ayudar en un primer momento, no es la solución definitiva ante este tipo de trastornos, los cuáles requieren de  un tratamiento terapéutico que nos permita recuperar el bienestar perdido.

Si quieres saber si has sufrido de un ataque de pánico, seguidamente te presento, según el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) (DSMIV), los principales criterios para diagnosticar una crisis de ansiedad:

Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca
Sudoración
Temblores o sacudidas
Sensación de ahogo o falta de aliento
Sensación de atragantarse
Opresión o malestar torácico
Náuseas o molestias abdominales
Inestabilidad, mareo o desmayo
Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo)
Miedo a perder el control o a perder la razón
Miedo a morir
Parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo) y
Escalofríos o sofocaciones

Si crees que has sufrido recientemente un ataque de pánico, o simplemente vives tu día a día con ansiedad, el primer paso que debes dar es ir a tu médico para que realice el diagnóstico oportuno. En este sentido, nunca tomes ningún tipo de medicación para la ansiedad sin que tu médico lo haya autorizado, pues son medicaciones que si no son tomadas correctamente pueden generar dependencia con el tiempo.

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Una vez realizado el diagnóstico, y si realmente sufres de algún trastorno de este tipo, lo más recomendable es que recibas ayuda terapéutica. Es aconsejable que no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy, pues si estos estados no se tratan, con el tiempo pueden derivar en patologías más graves como la agorafobia.

En Terapia Gestalt Vivir Mejor nos especializamos en trabajar con personas que sufren de estados de ansiedad, para que así puedan recuperar su equilibrio emocional de la forma más rápida posible.

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Leslie Beebe
Terapeuta y Coach Personal Barcelona







Ayuda con la depresión

Ayuda con la depresión. La depresión es uno de los trastornos emocionales más frecuentes en nuestros días. Un elevado porcentaje de la población ha sufrido, o sufrirá, algún trastorno depresivo a lo largo de su vida. En un gran número de ocasiones la persona que lo sufre no es consciente de estar padeciendo este tipo de trastorno, y justifica sus síntomas como normales por la difícil situación que puede estar atravesando. Sin embargo, si una depresión no es tratada, la probabilidad de que ésta se agudice y con el tiempo la sintomatología se intensifique es mayor.

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La depresión se caracteriza por la manifestación de un estado de ánimo muy bajo, el cual limita considerablemente la vida social, personal y profesional del individuo. La depresión se expresa a través de un estado de tristeza y una sensación de angustia que permanecen en el tiempo. Es importante no confundir la depresión, con estar pasando un momento de tristeza o época depresiva, la cual suele durar un tiempo limitado y con unos síntomas más leves que en el caso de la depresión. En la tristeza la persona puede identificar los motivos que le llevan a sentirse así; una pérdida de trabajo, una ruptura de pareja, una muerte de un ser querido…, en cambio en la depresión es frecuente que los motivos que la provocan no estén tan claros.

Los principales síntomas de la depresión son los siguientes: pérdida o aumento de apetito, insomnio o hipersomnia, fatiga, baja autoestima y pensamientos críticos y desvalorizadores sobre uno mismo, dificultad de concentración, visión pesimista y sentimiento de desesperanza ante la vida, y por último sentimientos de culpabilización.

Así mismo, existen diferentes trastornos depresivos; como la distimia, la depresión posparto o el trastorno depresivo mayor, entre otros, por lo que los síntomas pueden variar según la situación y la persona. Sin embargo es estrictamente necesario que sea el facultativo médico quién realice el diagnóstico pertinente, prescribiendo la medicación y el tratamiento a seguir en cada caso. En la mayoría de ocasiones en que se diagnostica un trastorno depresivo es necesario el tratamiento farmacológico, en paralelo con la ayuda terapéutica.

A continuación voy a comentar algunas pautas que pueden ayudarte si estás sufriendo un trastorno depresivo. No obstante, quiero dejar claro que en ningún caso estas pautas son sustitutivos de la medicación prescrita, ni tampoco de la terapia necesaria en este tipo de procesos.

1. Acude al médico

Si crees que puedes estar sufriendo un trastorno depresivo el primer paso es ir a tu médico y explicarle los síntomas. El profesional médico analizará tu caso y realizará el diagnóstico oportuno. Dependiendo del tema los tratamientos farmacológicos son necesarios y pueden variar, no obstante es muy importante que en cualquier caso busques un profesional de la terapia para que te ayude a superar tu depresión.

2. Pasa a la acción

Aunque la depresión va acompañada de una profunda sensación de apatía y una muy baja energía para hacer cualquier tipo de tarea, es importante que te enfoques en volver a realizar actividades con las que disfrutases en el pasado. Quizás pienses que no vale la pena, que no tienes ganas, o bien las pruebes y no disfrutes con ellas en los primeros intentos; no pasa nada, lo importante es que no desistas de tu intento y te programes estas actividades como una rutina. Así mismo si realizas estas actividades con otras personas mucho mejor, pues cierto contacto social es importante en estos casos y te ayudará en tu proceso de salir de la depresión.

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3. No quieras correr

Salir de un trastorno depresivo es un proceso largo y lleva su tiempo, en consecuencia no quieras ir rápido, pues necesitarás paciencia. Procura no angustiarte ni culpabilizarte por estar sufriendo una depresión, pues son actitudes que aún retrasarán más tu recuperación. Cada mañana planifícate lo que vas a hacer en ese día, solo eso, sin mirar más allá. Con el paso del tiempo te darás cuenta que focalizarte más en tu presente, y menos en el futuro que está por venir, te ayudará a conseguir mejores resultados.

4. Escucha tus pensamientos

Los trastornos depresivos van acompañados de pensamientos negativos, críticos y desvalorizadores sobre uno mismo, los cuales ocupan la mayor parte del día de quién los sufre. Estos pensamientos son perjudiciales, pues afectan muy negativamente tu estado emocional, contribuyendo a que te sea más difícil salir de la depresión. En este sentido un ejercicio que puedes hacer, y que te ayudará a manejar este tipo de pensamientos, es el siguiente:

En un papel escribe todos los pensamientos negativos que te vienen a la cabeza. Una vez lo hayas hecho, escribe en otro papel pensamientos sustitutivos de los primeros, y más positivos; por ejemplo si uno de tus pensamientos es “soy inútil”, lo puedes sustituir por “cometer un error no significa que sea inútil”. Cuando lo hayas hecho, ponte delante de un espejo y lee los pensamientos negativos unas cuantas veces. Toma conciencia de como te estás hablando y de las sensaciones con las que te quedas una vez te has dicho todo eso. Cuando lo hayas hecho, tómate unos minutos para hacer unas respiraciones profundas y empieza con la otra lista de pensamientos. Al finalizar toma conciencia de la diferencia entre decirte un tipo de mensaje u otro.

Cuando hayas acabado este ejercicio, puedes apuntarte tus “nuevos pensamientos” en un lugar visible y habitual de tu casa, para que de esta forma los vayas leyendo durante el día, hasta que poco a poco vayan convirtiéndose en un nuevo hábito de pensamiento.

5. Desarrolla la asertividad

Definimos como asertividad la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás, haciéndolo de una forma no violenta. La asertividad consiste en diferentes capacidades: ser capaz de decir no a las peticiones de otros, poner límites ante demandas abusivas y tomar la iniciativa para expresar de forma no agresiva, directa y responsable aquello que uno desea comunicar a la otra persona. Cuando no somos capaces de ser asertivos con los demás, nos sentimos inseguros y débiles, por lo que acabamos criticándonos a nosotros mismos y dañando nuestra autoestima.

6. Date cuenta del nivel de desagrado en tu vida

Es importante que tomes conciencia de aquellos aspectos o sectores de tu vida con los que te sientes incómodo, o bien te generan insatisfacción. Este malestar puede tener diferentes orígenes; que hayas estado aguantando una situación que no te gustaba durante mucho tiempo, que hayas cedido en cosas que realmente no querías hacer, o bien que no hayas puesto límites para proteger tu bienestar. Una vez seas consciente de ello, establece cuáles son las alternativas para cambiarlo y mira de actuar en consecuencia.

7. Acepta tu estado actual

Aunque el trastorno depresivo produce mucha insatisfacción y desagrado en la persona que lo sufre, resistirte a sentirse así, culpabilizarte o bien querer evadirte del dolor consumiendo algún tipo de droga, únicamente te conducirá a empeorar tu estado. Aceptar no significa que te resignes y te des por vencido, todo lo contrario, pues es importante que entiendas que uno debe ir poniendo de su parte para salir de la difícil situación que está viviendo. No obstante recuerda que tu actitud aunque activa, debe huir de exigencias y presiones; pues lo vuelvo a decir, tanto entrar como salir de una depresión requieren de un proceso, en el cual la paciencia y la constancia son necesarias.

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8. Enfrenta las situaciones difíciles

En ocasiones la depresión está determinada por la evitación de situaciones que nos pueden generar ansiedad y miedo. Es importante que tomes conciencia si evitas algún tipo de situación por miedo o ansiedad. Si es así, seguramente te darás cuenta que la evitación te aporta un alivio en un primer momento, al no tener que enfrentarte a lo que tanto temes, sin embargo con el paso del tiempo, te darás cuenta que evitar solo te conduce a sentirte cada vez más limitado en tu vida, por lo que vas a acabar restringiendo tu libertad personal. Cuando nos sentimos así perdemos la confianza en nuestras capacidades, por lo que nuestra autoestima se ve dañada. Todo ello deriva en una dificultad mayor para que puedas salir de la depresión.

9. Aprende a cuidarte

Los autocuidados son fundamentales cuando se sufre de un trastorno depresivo. ¿A qué llamamos autocuidados?; antes de comentar lo que entendemos por autocuidados es importante que tengas claro una idea fundamental: tu bienestar depende únicamente de tu persona. Aunque tengas pareja, familiares y amigos que te puedan apoyar en el proceso para salir de la depresión, la responsabilidad de cuidarte y valorarte reside únicamente en ti mismo. Nadie está aquí para hacerse cargo de tu bienestar.

Respecto a los autocuidados, encontramos diversas formas de practicarlo; desde tratarte a ti mismo con respeto, realizar ejercicio físico regular y llevar una dieta saludable, así como dejarte unos momentos al día para estar en contacto con tu persona, realizando ejercicios de meditación o relajación.

Antes he comentado la importancia de llevar una programación diaria, en este sentido puedes dedicar de 30 minutos a 1 hora de tu tiempo diario a actividades con las que disfrutes (o antes disfrutabas); leer, la música, el deporte… Este tiempo te permitirá enfocarte en una actividad que te distraerá, para así desconectar de otro tipo de preocupaciones.

Otros factores como la toma de la medicación prescrita, juntamente con la asistencia regular a sesiones de terapia, son fundamentales para salir con éxito de la depresión.

10. Procura no perder el contacto social

Cuando se sufre de un trastorno depresivo es normal que aparezca la tendencia a querer estar solo, no obstante el gozar de momentos de soledad no debería implicar un aislamiento del mundo. Por este motivo es importante que hagas un esfuerzo por mantener un contacto con las personas de tu entorno. Llevar una vida social es importante, aunque en el presente se encuentre limitada por tu estado. Es muy recomendable que compartas momentos y actividades con otras personas, pues eso te ayudará a aumentar tu autoestima y la seguridad en ti mismo, y en consecuencia también a salir antes del estado depresivo en el que te encuentras.

11. Expresa y comunica tu estado

Es importante que puedas hablar de aquello que te sucede y de cómo te sientes con alguien de confianza; puede ser una o dos personas con las que te sientas a gusto, escuchado y no juzgado por la situación que estás viviendo.  Es recomendable que evites hablar sobre tu situación con más gente, y no atiendas a expresiones del tipo: “no sé porqué estás así, si no tienes motivos”, “no deberías estar así, tienes que valorar más lo que tienes”, “Sal y diviértete y se te pasará”… todo este tipo de mensajes, aunque seguramente se dicen desde el amor y la mejor de las voluntades, solo demuestran un total desconocimiento sobre la depresión, así como una falta de empatía hacía quien sufre este tipo de trastorno. Por tanto no debes hacer ningún caso. Si escuchas este tipo de mensajes, como dice el refrán:  “ a palabras necias, oídos sordos”.

Si quieres saber más sobre el trastorno depresivo, a continuación te dejo otro de mis artículos.


Recuerda que si estás pasando por un trastorno depresivo, o bien una época de tristeza en tu vida, la terapia es el acompañamiento que te ayudará a recuperar tu bienestar. Puedes pedir información clicando en ESTE ENLACE.

Leslie Beebe







Pautas breves para superar la ansiedad

Pautas breves para superar la ansiedad. Todos en nuestra vida pasamos por momentos difíciles; crisis personales, de pareja, problemas laborales, rupturas sentimentales, etc… todos ellos pueden generarnos un desequilibrio emocional que puede manifestarse a través de síntomas como el estrés y la ansiedad. La mala noticia es que no somos inmunes a sufrir este tipo de trastornos, sin embargo la buena noticia es que sí podemos aprender a gestionar nuestra ansiedad de una forma saludable.

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Si actualmente sufres de problemas de ansiedad la mejor opción es que pidas ayuda. En este sentido la terapia puede guiarte y acompañarte para que salgas de la difícil situación en la que te encuentras. 

La terapia te permitirá conocer mejor el origen de tu ansiedad y te dará herramientas para manejar mejor los estados de ansiedad que te hacen sufrir. Si estás interesado/a en recibir ayuda, haz clic en ESTE ENLACE o bien llama o Whatsapp al 645 368 714, hoy puede ser el inicio de tu recuperación.

A continuación te dejo con algunas pautas breves que pueden ayudarte con tu ansiedad, puedes elegir las que más creas se adecuan a tu persona. Sin embargo, como he dicho anteriormente, si quieres acabar con el malestar asociado a tu ansiedad, es necesario que pidas ayuda y acudas a terapia. Las pautas son las siguientes:

Practica ejercicios de respiración o medita.

Regálate un masaje o un tratamiento de belleza.

Crea una atmosfera relajante en tu hogar; prueba a darte un baño, escuchar música.

Sal a caminar todos los días al menos durante media hora.

Llama a un amigo/a con el que te sientas a gusto y queda con él/ella.

Al llegar a casa deja el móvil y la televisión, déjate invadir por el silencio.

Reserva unos minutos al día para escuchar aquello que te dices, y cambia aquellos diálogos pesimistas que te hacen sufrir, por otros de más favorables y optimistas.

Haz limpieza de tu habitación o casa, tira lo viejo o aquello que te traiga recuerdos desagradables y prueba a comprar algo nuevo.

Prueba a hacer un cambio, por pequeño que sea en tu rutina diaria. Por ejemplo ves a desayunar a un sitio diferente.

Si hay algo que te preocupa, pregúntate: ¿Qué es lo peor que podría pasar?, entonces respóndete: ¿Cómo debería actuar si esto ocurriese?.

Si te has equivocado en algo no te culpabilices ni castigues, tómalo como una experiencia de aprendizaje para mejorar en el futuro. No somos perfectos.

Tómate tu tiempo para comer, come despacio y sin prisas.

Cuida tu alimentación y lleva un horario regular de comidas.

Piensa como te gustaría que fuese tu vida y qué podrías hacer para lograrlo.

Practica algún deporte o ejercicio físico que te ayude a desconectar de tu diálogo interno.

Si tienes mascota abrázala y pasa tiempo con ella.

Si te sientes agobiado/a por un problema piensa si está en tu mano solucionarlo, cuando y como lo harás. Si es un tema que no está bajo tu control, asúmelo y no te preocupes más por ello.

Si estás molesto con alguien, analiza qué ha pasado, cómo te sientes y qué necesitas hacer al respecto.

De vez en cuando sal de la ciudad y pasea por el campo, o por un bosque.

Hazte un regalo cada día; dar un paseo, ver una serie, escuchar música…

Si imaginas un resultado negativo sobre algo que deseas hacer, cambia tu tendencia e imagina un resultado positivo.

Haz un listado de aspectos que te gustan sobre tu persona.

Anota tres cosas que te preocuparon en el pasado y que nunca llegaron a suceder.

Prueba a salir de tu zona de confort y haz alguna actividad que no hayas probado nunca.

Cuando te sientas mal, analiza que estás pensando. Comprueba si estás cayendo en errores de pensamiento, por ejemplo puede ser que seas muy radical en tu pensamiento, que seas pesimista, catastrofista o bien que lo personalices todo.

Recuerda como afrontaste un momento de dificultad en el pasado y como lo superaste. Acuérdate de la sensación que tuviste una vez superado.

Hoy haz esa cosa que llevas tiempo posponiendo, no lo dejes para mañana.

Mira de dormir las horas necesarias.

Evita el exceso de alcohol y bebidas excitantes como el café.

Evita cenar tarde y utilizar el móvil, el ordenador o la tablet antes de ir a dormir. Las pantallas emiten una luz azul que a corta distancia puede inhibir la melatonina, una hormona que regula el ciclo del sueño.


"A lo único que debemos temer es al propio miedo" Franklin D Roosevelt


Leslie Beebe







Como vencer la envidia


Como vencer la envidia. La envidia es uno de los sentimientos más negados y menos aceptados por la mayoría de nosotros. El principal motivo para ello es que nos avergüenza admitir que sentimos envidia de otras personas.

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La envidia es un sentimiento que siempre ha acompañado al hombre, ya en la Biblia aparece como uno de los siete pecados capitales, representada en la figura de Caín. Esta historia bíblica ya nos advierte de hasta qué punto la envidia puede corrompernos si nos dejamos llevar por ella.

Según el diccionario de la Real Academia Española, la envidia es la tristeza o pesar que sentimos por un bien ajeno, así como el deseo de algo que no se posee. Envidia viene del latín “in videre”, relacionado con el verbo ver, y en este sentido nos habla de ver en el otro aquello que uno no ha podido lograr por si mismo, sintiendo dolor por ello.

“En los campos ajenos, la cosecha siempre es más abundante” Ovidio

Según el psicoterapeuta Norberto Levy, la envidia es el dolor que surge cuando tomamos conciencia de un deseo no logrado. Según Levy sentimos envidia cuando se dan estas tres condiciones básicas:

Primera condición:  Yo percibo que otra persona posee algo que yo deseo, pero que por mí mismo no estoy alcanzando. De esta primera condición aparece el acto de compararnos con el otro, asociando nuestros logros o metas a los de otra persona.

Segunda condición: Al producirse la comparación, tomamos conciencia de que no estoy alcanzando aquello que deseo porque no dispongo de los recursos para lograrlo, recursos que por otro lado nunca conseguiré. Ante esta situación aparece en nosotros un sentimiento de inferioridad y un agravio comparativo: “él/ella es o tiene y yo no”.

La envidia es una declaración de inferioridad” Napoleón I

Otro aspecto habitual relacionado con la comparación es creer que el otro posee aquello que yo quiero o necesito porque la fortuna le ha sonreído, mientras que a nosotros nos ha dado la espalda. Esta creencia refuerza la sensación de impotencia para poder conseguir aquello que deseamos, manteniéndonos en una situación de pasividad y victimismo. Ante este pensamiento la única opción de la que disponemos es poder destruir aquello que el otro posee, para así eliminar la dolorosa diferencia. No se trata tanto de destruir el logro del otro, sino poder eliminar el contraste que remarca la diferencia.

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Tercera condición:  Sentimos que si no logramos aquello que el otro posee vamos a ser infelices. Sentir el dolor por no obtener aquello que deseamos nos hace conscientes de la importancia de ese aspecto en nuestra persona, pero también nos pone de relevancia la carencia sentida en otras áreas de nuestra vida, al no poder compensar con ellas ese dolor.

Como he comentado anteriormente, todos en algún momento vamos a sentir envidia, sin embargo como la gestionamos es lo que marca la diferencia. Si nos quedamos anclados a ese sentimiento, criticando lo que otros tienen, y quejándonos por nuestra mala suerte, lo único que conseguimos es adoptar una actitud pasiva y derrotista ante la vida. Esta mirada en el otro y en lo que tiene, mientras nos olvidamos de nosotros, nos conduce a la frustración y el resentimiento, los cuales mantenidos en el tiempo pueden derivar en trastornos físicos y emocionales.

A continuación voy a comentar algunas pautas que nos pueden ayudar a manejar la envidia.

1. En primer lugar es importante saber que la envidia es universal, y como tal va a aparecer en nuestra vida, aceptarla cuando surge y gestionarla de forma correcta es fundamental. Debemos entender la envidia como una señal que nos advierte de un deseo insatisfecho. A partir de aquí la pregunta básica a hacernos es: “¿qué deseo insatisfecho me está remitiendo mi sentimiento de envidia?. Una vez hayamos respondido a la anterior pregunta, podemos plantearnos toda una serie de cuestiones que nos inviten a la acción, como por ejemplo:

¿Cómo puedo conseguir aquello que necesito?, ¿Qué medios son necesarios?, ¿Cuáles son los obstáculos que me lo impiden?, ¿Cómo voy a conseguirlo y qué pasos tendré que dar para ello?...

Es importante que una vez detectada la envidia saquemos a la otra persona de la ecuación, centrándonos solo en nosotros mismos. Si dejamos que la envidia nos domine, acabaremos siendo esclavos de ella, por lo que como ya he comentado, lo importante es reconocerla y saber gestionarla de una forma adecuada.

2. Es necesario tomar conciencia que obtener el objeto envidiado no nos aportará la felicidad. La felicidad es una percepción que tiene más que ver con estar en paz con nosotros mismos, amándonos y amando la vida, aspectos que son independientes de los logros conseguidos.

3. La persona que envidia y se queda enganchada a ella sufre mucho, se siente inferior e incapaz de conseguir aquello que desea, frustrándose cada vez más. La envidia perjudica la capacidad que tenemos de gozar y apreciar aquello que poseemos; parte de un agravio comparativo, en que solo nos fijamos en lo bueno de la otra persona, pero no somos capaces de ver el bien en nosotros, ni tampoco el mal en el otro. Por tanto es una comparación que no es objetiva ni imparcial. 

Para evitar quedarse enganchado a la envidia es importante focalizarse en uno mismo, y en aquellos aspectos de nuestra persona que debemos fortalecer, los cuales nos han de permitir aumentar la autoestima y la confianza en nosotros mismos.

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4. Es aconsejable alejarnos de la comparación, pues no nos ayuda, y en la mayoría de ocasiones solo nos plantea situaciones idílicas procedentes de nuestra fantasía. Al envidiar proyectamos en la otra persona una idea de éxito y felicidad, la cual poco o nada tiene que ver con la realidad.

5. Debemos interpretar nuestro progreso personal mediante la comparación con nuestras habilidades y competencias, no con la de otros. El camino de autoconocimiento y desarrollo personal es individual, diferente según cada individuo, y solo nosotros podemos transitarlo. Querer seguir el camino de otras personas, anhelando lo que otros tienen y quejándonos por no ser tan afortunados, no nos ayudará a evolucionar.

“La envidia es el arte de contar las bendiciones del otro en lugar de las propias” Harold Coffin

6. Es importante transformar la envidia en admiración. Para ello debemos ver los logros de otras personas como un estímulo, un revulsivo para nuestra mejora personal. De esta forma convertimos el contraste inicial que nos producía dolor, en algo que se acerca a lo que nosotros deseamos para nuestra persona.

7. Cuando surge la comparación debemos acostumbrarnos a centrarnos en aquello que nosotros sí tenemos, aquellos aspectos positivos de la realidad, no solo los negativos. Puedes realizar un ejercicio que te ayudará en este sentido, favoreciendo aspectos como la empatía.

El ejercicio es el siguiente:

Imagínate que puedes salir de tu cuerpo y entrar en el cuerpo de la persona que envidias, desde esa nueva realidad mírate un poco como te sientes ahora que conseguiste lo que querías. Una vez hecho esto, mira a la persona que has dejado (tú mismo) y plantéate qué aspectos te resultan atractivos de esa persona y por tanto te gustaría poseer. Una vez comentado los aspectos que valoras de esa otra persona, sal de nuevo y vuelve a tu cuerpo. Una vez en tu cuerpo, mírate como estás ahora, como te sientes y como recibes aquello que la otra persona ha dicho sobre ti.

8. Para lidiar mejor con la envidia es importante abrirnos a otras personas, lo que significa colaborar y prestar ayuda a los demás, así como también pedir ayuda a otras personas cuando sea necesario. Todos ellos son aspectos que nos pueden beneficiar a la hora de resolver los conflictos causados por la envidia.

9. Es aconsejable adoptar una actitud justa con nosotros mismos, para ello es importante valorar correctamente nuestras capacidades, sin infravalorarnos ni sobrevalorarnos.

10. Por último quiero destacar un aspecto importante de la envidia. La envidia puede manifestarse de dos formas principales; primero como el anhelo por conseguir algo que otra persona posee, por ejemplo un objeto material, y segundo como el anhelo de ser como otra persona. En el primer caso el camino a seguir para manejar nuestra envidia sería centrarnos en desarrollar los recursos necesarios que nos permitan conseguir el objeto deseado. En el segundo caso, la envidia se vuelve más tóxica y de difícil resolución, pues querer ser como otra persona solo nos conducirá al fracaso, pues somos seres únicos. En este sentido debemos aprender a aceptarnos tal y como somos, asumiendo nuestras limitaciones y trabajando para desarrollar nuestras capacidades.

Cuando trabajamos para ser la mejor versión de nosotros mismos también dejamos de compararnos con el resto, ya no nos sentimos inferiores, lo que posibilita que nuestra autoestima se refuerce, y en consecuencia empecemos a creer más en nuestras posibilidades.

Leslie Beebe







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