Como Enfrentarse al Estrés

Como enfrentarse al estrés. Uno de los principales motivos de consulta a psicólogos y terapeutas es el tema del estrés. El ritmo acelerado en el que vivimos en nuestra sociedad actual favorece a que nuestros niveles de estrés sean elevados. Sin embargo, aunque el entorno favorezca el estrés, nosotros como individuos tenemos mucho que decir al respecto, como más adelante explicaré.

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La palabra estrés se ha llegado a demonizar socialmente, sin embargo debemos tener en cuenta que el estrés por sí mismo no es nocivo. Un nivel moderado de estrés nos permite aumentar la capacidad de adaptación y la resistencia de nuestro organismo frente a las agresiones del entorno. Este tipo de estrés se conoce con el nombre de eustrés. El eustrés nos predispone para la acción, y ha sido un mecanismo de supervivencia de nuestra especie desde sus inicios para protegerse de peligros externos. Por ejemplo en la actividad de la caza que realizaban nuestros antepasados, el estrés aportaba la energía necesaria al cazador para poderse enfrentar o huir de su presa.

En la actualidad podemos ver ejemplos de eustrés en la práctica del deporte. El ejercicio físico somete nuestro cuerpo a un determinado nivel de estrés, sin embargo la práctica regular de ejercicio nos aporta múltiples beneficios para nuestra salud, favoreciendo nuestra resistencia y la capacidad de adaptación al medio. Otros casos en que se activa el eustrés es ante situaciones placenteras, que nos producen alegría y satisfacción, como aquellas relacionadas con nuestra creatividad, con el entusiasmo y con la iniciativa personal. En resumen, el eustrés nos aporta la energía necesaria para incrementar y mantener el rendimiento y la salud.

Sin embargo cuando la persona siente que debe enfrentarse a niveles de estrés constantes, que superan su capacidad de adaptación, estaríamos hablando de un tipo de estrés perjudicial para la salud denominado como distrés. El distrés es un tipo de estrés crónico que puede durar meses, e incluso años si no se actúa al respecto. El término distrés a veces se encuentra asociado al síndrome de Burnout, un trastorno de estrés crónico.

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¿Qué provoca que una persona sea más proclive a sufrir de estrés que otra? La respuesta suele encontrarse en el temperamento con el que nacemos, pero sobretodo en la historia personal de cada individuo. Dependiendo del entorno y las relaciones establecidas en los primeros años de vida, cuando se forma nuestro carácter, seremos más o menos proclives a sufrir de estrés. Por ejemplo si llegamos al mundo en un entorno inestable, donde no se estableció un apego seguro con nuestros padres, tenemos más números de aprender a relacionarnos con el mundo desde el miedo y la inseguridad. Esto significa que nuestra capacidad de adaptación al medio será menor, y por este motivo presentaremos una mayor tendencia a vivir los eventos externos como amenazantes, aumentado así nuestros niveles de estrés.

Llegados a la edad adulta es nuestra decisión si queremos seguir viviendo los eventos que nos rodean desde el distrés, o estrés negativo, o bien tomar acción al respecto. Debemos recordar un aspecto importante y es que aquello que nos estresa no es el hecho en sí, sino los pensamientos que relacionamos con esa situación. Si trabajamos para tomar conciencia que la mayoría de peligros que anticipamos, y que nos generan distrés, tienen su origen en nuestro pensamiento, y no en la realidad misma, podremos empezar a vivir aquello que nos sucede de una forma más tranquila. No es un camino rápido, ni tampoco fácil, sin embargo con constancia y trabajo llegaremos a encontrar el equilibrio emocional que buscamos.

A continuación, os voy a dar algunas pautas que os pueden ayudar a qué el estrés negativo tenga menos protagonismo en vuestra vida.

1. Toma conciencia de aquello que te genera estrés en tu vida.
Date cuenta de los momentos y las situaciones en que el estrés se activa. Escucha qué te dices a ti mismo al respecto. Quizás te des cuenta que son momentos en los que aparece tu autoexigencia por tener que hacerlo perfecto, por no fallar o bien por cumplir con las expectativas que tú crees que los otros tienen depositadas en ti. Date un tiempo para parar, toma conciencia de cómo te estás tratando en esos momentos, y si realmente es necesario que te pongas tanta presión ante esa circunstancia.
Muchas situaciones estresantes tienen su origen en el trabajo. Date cuenta de donde surge el estrés en ese ámbito; quizás sea porque llevas mucho tiempo en un trabajo que no te gusta, porque tomas responsabilidades que no te corresponden, o bien porque tienes dificultad para poner límites y decir no en tu entorno laboral.

Analiza los motivos que te llevan a sufrir estrés, así como aquello qué está en tu mano hacer para solucionarlo. Piensa que muchas veces el estrés funciona como un indicador de que algo no está bien en tu vida. Para hacer un símil, sería como esa luz que se enciende en el salpicadero de un coche indicándonos que le falta aceite al motor. Obviamente si no haces nada al respecto, y no añades aceite, la luz va a seguir advirtiéndote del peligro, hasta que un día el coche te deje tirado en la carretera. Pues lo mismo pasaría con el estrés, si no escuchas cúal es su  mensaje, el estrés va a seguir acompañándote allá donde vayas.

Muchas personas ante situaciones que exigen un esfuerzo, escogen no actuar, pues su miedo al cambio es mayor que su malestar. Por este motivo prefieren quedarse en la queja, culpando al resto del mundo o a la vida por su situación. Si este es tu caso, lo único que conseguirás con este tipo de actitud es que el estrés no desaparezca de tu vida, pudiendo derivar en problemas de salud más graves.

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Si vives con estrés y quieres recuperar la tranquilidad, la terapia te ayuda. Para más información rellena el formulario de contacto o bien llama o whatsapp al 645 368 714.

2. Aprende a no hacer nada.
En nuestra sociedad existe la creencia generalizada que cuando no estamos haciendo, es decir cuando no somos productivos en algún sentido, estamos perdiendo el tiempo. Estar tan conectados al “tener que hacer” favorece a que nuestros niveles de estrés sean elevados. Por este motivo es importante que dediques unos minutos al día a no hacer nada que consideres como productivo. En este sentido existen multitud de actividades de ocio que puedes poner en práctica, algunas de las que te sugiero son: hacer deporte, tocar un instrumento, o pintar, entre otros. No importa cúal sea la actividad, sin embargo recuerda que cuando la escojas debes hacerlo motivado por tu deseo de pasarlo bien y disfrutar, y no desde la exigencia por obtener resultados.

3. Conecta con tu ser.
Cuando hablamos de conectar con nuestro ser, nos referimos a salir del discurso constante de nuestra mente para tomar conciencia de cómo nos encontramos en el momento presente. Es habitual que el ritmo acelerado en el que vivimos nos lleve a vivir la vida únicamente a través de la mente y de nuestros pensamientos, descuidando otros centros de nuestro ser, como el centro emocional y el instintivo. Racionalizar tanto nuestra vida provoca que perdamos la experiencia del momento presente, viviendo la mayor parte de nuestro tiempo desde recuerdos del pasado, o bien imaginando el futuro.  En palabras del escritor Eckhart Tolle:

El estrés es causado por estar “aquí”, queriendo estar “allá” “

Por  este motivo es importante que cada día te dejes unos momentos para estar en contacto contigo mismo, experimentando el momento presente. Para ello puedes utilizar diferentes técnicas, una de ellas es tomar conciencia de tu respiración. A continuación te dejo con un ejercicio que te puede ayudar en ese sentido:

“En un sitio cómodo, sin ruido ni distracciones, túmbate o siéntate con la espalda recta. Cierra los ojos e inspira por la nariz.  Aguanta el aire en los pulmones unos instantes, suelta el aire por la nariz de forma lenta y retén unos instantes los pulmones vacíos. Asegúrate que la expiración (salida del aire) sea prácticamente el doble que la inspiración (entrada de aire). El ejercicio debe durar unos 5 minutos. Una vez realizado el ejercicio quédate con los ojos cerrados y déjate estar unos minutos más en contacto contigo mismo y con tu cuerpo.”

Asimismo también puedes practicar actividades que te ayuden a desconectar de tus pensamientos y conectar con el presente como son; la meditación, el Mindfulness, el Chi-Kung o el yoga, entre otros.

4. Cuida tu cuerpo.
Vivir un estilo de vida saludable es básico para tu salud física y emocional. Es  importante que mantengas hábitos saludables en lo que se refiere a la alimentación y a las horas de sueño, así como que practiques algún tipo de ejercicio de forma regular. Todos estos factores favorecerán la reducción de tus niveles de estrés y mejorarán tu estado emocional y tu autoestima.

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5. Aléjate de las personas tóxicas.
Las personas tóxicas son aquellas personas que influyen negativamente en nuestro estado de ánimo, siendo una fuente importante de estrés. Es importante detectar este tipo de personas y mantenerse alejado de ellas en la medida posible. Si tienes personas tóxicas a tu alrededor aléjate de ellas, y si no puedes, establece unos límites claros y no aceptes entrar en su juego. Si quieres saber más sobre las personas tóxicas, aquí te dejo un anterior artículo sobre el tema.



6. Organiza tu vida y administra tu tiempo.
En ocasiones el estrés surge por una falta de organización y por no saber administrar nuestro tiempo de una forma eficiente. Si este es tu caso prioriza las acciones más importantes, haz las cosas de una en una, distribuye tu tiempo según aquello que puedes hacer y no intentes llegar a todo tu solo. Aunque te cueste, prueba a delegar responsabilidades y tareas a otras personas, de esta forma dispondrás de más tiempo para ti y evitarás saturarte.

Por último comentarte que si hasta ahora has vivido con estrés, prescindir de él no te va a ser tarea fácil, y más si lo quieres hacer por tu cuenta. En estos casos la terapia puede ser el acompañamiento ideal para que empieces a cambiar formas de funcionar obsoletas y que te hacen sufrir, por otras de más saludables.
Si quieres conocer más sobre el estrés, aquí te dejo otro artículo relacionado con el tema:



Leslie Beebe
Terapia y Coaching Personal Barcelona
www.ansiedad.barcelona
https://www.facebook.com/TerapiaBcn/
https://www.saludterapia.com/terapeutas/t/f/4685-leslie-beebe-rodriguez.html


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Perdonar una Infidelidad

Perdonar una infidelidad. La infidelidad es una de las principales causas de separación en las parejas. Los motivos que la persona infiel justifica para tal acto son diversos; el aburrimiento, la curiosidad, o simplemente que se dieron las circunstancias propicias para ello. Sin embargo, en mi opinión, un gran porcentaje de las infidelidades son síntoma de algún tipo de insatisfacción que la persona siente respecto a la relación o bien consigo mismo.

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La persona infiel, en vez de expresar ese malestar a su pareja, lo que hace es desviar la atención, buscando una solución fuera de la relación. La infidelidad es una vía para no enfrentarse a una realidad, que en la mayoría de ocasiones, se presenta como desagradable.

Por norma general la infidelidad es un acto que no tiene una salida exitosa; en primer lugar porque la pareja se suele acabar enterando, con el impacto emocional y las repercusiones negativas que esto provoca en la relación y en la vida de la persona. En segundo lugar, y como hemos dicho anteriormente, muchas infidelidades son producto de la evitación por no querer enfrentarse a un problema determinado. Cuando evitamos lo único que conseguimos es que la situación se enquiste, manteniendo el malestar hasta que nos decidamos a abordar el tema.

Para el agraviado enterarse de que su pareja le ha sido infiel representa un shock, con el consecuente dolor emocional. Multitud de emociones desagradables van a aflorar en esos difíciles momentos, como la sensación de sentirse traicionado, humillado, engañado o utilizado, entre otros.

Cuando se descubre una infidelidad la ilusión de la “media naranja” se rompe, la imagen de la pareja cambia, y la confianza en el otro se pierde. Volver a recuperar la confianza en la pareja no es imposible, pero va a ser una tarea que requerirá de tiempo y de un esfuerzo conjunto, si es que ambos miembros desean seguir con la relación. En un gran número de ocasiones al agraviado le es imposible perdonar y olvidar lo sucedido, por lo que la relación acaba terminando.

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Es habitual que el descubrimiento de la infidelidad afecte la autoestima del que ha sido engañado, aun más cuando los niveles de autoestima de esa persona son bajos. La pareja engañada se pregunta qué ha debido hacer mal para que la infidelidad se haya producido. Piensa que quizás no ha estado a la altura, y que no ha dado al otro aquello que necesitaba. En muchos casos estas ideas derivan en un intenso sentimiento de culpa, que dificulta enormemente la posibilidad de restablecer la relación.

Si este es el caso, debemos tener claro que el único culpable de la situación es la persona que ha cometido la infidelidad, el que ha traicionado el acuerdo de pareja, y no el que la ha sufrido. La infidelidad nunca puede ser una justificación por los posibles problemas que esté atravesando la pareja, simplemente es un acto de irresponsabilidad por parte de quien la comete.

Una vez descubierta una infidelidad aparecen en la persona traicionada multitud de preguntas; ¿Debo perdonarle?, ¿Es posible volver a confiar en el/ella?, ¿Es mejor acabar la relación o luchar por ella?, ¿Cómo perdono esta traición?, etc…

La primera pauta a seguir en esos duros momentos es no querer correr en decidir nada, son momentos de un gran dolor emocional y por este motivo es necesario dejarse un tiempo prudencial para ver cómo nos sentimos al respecto. Es importante evitar que otras personas como la propia pareja, amigos o la familia presionen para que se tome una decisión. Debemos tener claro que es nuestra decisión, y en este sentido también deberíamos alejarnos de creencias familiares auto impuestas relacionadas con el tema, como aquellas que nos lanzan mensajes del tipo: “la familia debe permanecer unida”, ”una mujer necesita a un hombre”, y otras de similares.  

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Una vez pasado un tiempo prudencial, algunos aspectos que podemos considerar a la hora de tomar una decisión son los siguientes:

Como ha sido la infidelidad; ¿Fue una relación sexual esporádica o ha sido una relación duradera?, ¿Cómo te sientes al respecto?, ¿Pasado un tiempo cómo crees que te sentirás si lo perdonas?. Existen personas, sobre todo mujeres, a las que les es más fácil perdonar un desliz sexual que una relación sentimental, mientras que en los hombres la tendencia suele ser la inversa.

Causas que han motivado la infidelidad. Es aconsejable que una vez pasado el primer momento de ira y enfado, te puedas sentar con la pareja para así poner las cartas encima de la mesa. La persona infiel debería decirte cuales han sido las motivaciones que le han llevado a actuar así, y si cree que existen carencias en la relación. Sería importante revisar entre ambos aspectos de peso en la pareja, y que pueden haber influenciado en la situación actual como;  la comunicación, la sexualidad, el grado de confianza en el otro y el cariño en la relación.

El daño causado. Existen personas a las que les es más fácil pasar página después de una infidelidad y otras no tanto. Puedes preguntarte si te ves capaz de seguir adelante con la relación, dando una oportunidad a un nuevo inicio, o bien crees que te va a ser imposible perdonarlo. Quedarse con la ira y el reproche hacía el otro no son buenos ingredientes para continuar la relación.

La confianza dañada. Plantéate si después de todo lo que ha sucedido crees que puedes volver a confiar en tu pareja y tener una relación satisfactoria con ella.

Tus sentimientos hacía la otra persona. Los años juntos, los momentos felices y los proyectos conjuntos son aspectos a tener en cuenta a la hora de tomar una decisión. Como hemos dicho perdonar al otro y abrir la posibilidad de continuar la relación debe ser una decisión meditada, y por ello no debería ser tomada en los primeros momentos de ira y dolor.

Una vez consideradas estas cuestiones quizás quieras dar una oportunidad a la relación, o bien desees terminar con ella. Date cuenta que no es fácil perdonar, pero si lo haces debes hacerlo con conciencia, es decir haciendo borrón y cuenta nueva. No se vale decir al otro que le perdonas, para después en cualquier discusión futura volverle a sacar el tema a relucir, o bien convertirte en una persona desconfiada y celosa dentro de la relación.

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Si has vivido una infidelidad en tu pareja, la terapia puede ayudarte. Rellena el formulario de contacto, o bien llama o whatsapp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

En lo que respecta al perdón debes tener claro lo siguiente:

El perdón no significa olvidar lo ocurrido. De hecho tener la capacidad de recordar lo ocurrido, desde la aceptación y no el rencor, puede ser una forma de crecimiento y aprendizaje para la pareja. Si se llega al compromiso mutuo de seguir con la relación y se perdona de forma sincera, la crisis vivida puede ser el punto de inflexión hacía una unión más fuerte y sincera con la pareja.

Perdonar no es siempre sinónimo de reconciliación. Reconciliarse con el otro va más allá del simple perdón. Tampoco perdonar significa necesariamente retomar la relación. El perdón es un paso necesario, pero se requieren de otros elementos para continuar con la relación como el compromiso, la constancia, la sinceridad y la responsabilidad personal, entre otros.

Perdonar no es signo de debilidad. A veces creemos de forma errónea que si nos quedamos en el enfado, el rencor y las ganas de venganza hacia el otro seremos más fuertes y no sentiremos tanto el dolor por lo sucedido, cuando realmente no es así. Aunque es normal conectar con el enfado en esos momentos, y por tanto es necesario y saludable dejarnos la libertad para expresarlo, también es verdad que quedarse con el enfado no nos ayudará ni a recuperar la relación, ni a seguir nuestro camino solos. Perdonar es un paso difícil y valiente para el que ha sido traicionado, por lo que la persona que ha sido infiel deberá ponerse manos a la obra para recuperar la confianza perdida, demostrando que realmente desea, al igual que el agraviado, continuar con la relación.

El perdón tampoco debe ser minimizado. No es suficiente un “te perdono y ya está”, sino que el perdón ha de llevar consigo cambios en la pareja para así adaptarse a una nueva realidad. En estos cambios el trabajo y el compromiso de los dos miembros de la pareja es fundamental.

Si acabas de vivir una situación de infidelidad, o bien tu pareja y tú deseáis darle una nueva oportunidad a vuestra relación, la terapia, ya sea individual o de pareja, puede ser de gran ayuda en estos momentos.


"Perdonar no es olvidar el daño, es recordarlo sin odio ni rencor". Walter Riso


Leslie Beebe
Terapia y Coaching Barcelona
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