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Como lidiar con la vergüenza

Como lidiar con la vergüenza. La vergüenza es una de aquellas emociones que nos es difícil de gestionar, como consecuencia del malestar que suele traer consigo. A diferencia de otras emociones básicas, como la alegría o la tristeza, que son innatas en el ser humano, la vergüenza es una emoción aprendida, es decir que aparece a raíz de nuestro proceso de socialización en los primeros años de vida.

como lidiar con la vergüenza


Como toda emoción, la vergüenza tiene su razón de existir, al ser un mecanismo de adaptación y socialización del ser humano. La vergüenza aparece para indicarnos aquello que es aceptable y correcto en el grupo social del cual formamos parte. Esta emoción nos permite adaptarnos al entorno social, lo que nos da una sensación de pertenencia, a la vez que nos aporta una identidad propia y nos habilita para vivir en sociedad.

En su vertiente saludable, la vergüenza nos señala aquellos recursos o aptitudes de los que carecemos para enfrentar una determinada situación social. Por ejemplo la vergüenza aparece cuando tenemos que hablar en público, y sentimos que no disponemos de experiencia en ese campo.

Sin embargo, cuando esta emoción nos bloquea y nos genera malestar, afectando nuestro bienestar y nuestra autoestima, la vergüenza puede convertirse en algo patológico y perjudicial para nuestra vida. En este caso estaríamos hablando de una vergüenza disfuncional.

La vergüenza disfuncional parte de uno de nuestros miedos más ancestrales, el miedo a ser desterrados o abandonados por la tribu, así como de nuestra necesidad que como seres humanos tenemos de pertenecer a un grupo, y en consecuencia de ser reconocidos por éste.

La motivación de este exilio forzado por parte de la tribu a la que pertenecemos, procede de no cumplir con aquellas características, o aptitudes que el grupo exige a sus miembros. El miedo que surge a ser desterrados por la tribu, parte de una mirada pobre hacia nosotros mismos, a través de la cual no nos sentimos adecuados para formar parte del grupo. En consecuencia, internamente sentimos que hay algo malo, o defectuoso en nosotros que no nos hace dignos de ser. Recordemos que nuestro sentimiento de dignidad está estrechamente relacionado con nuestra identidad, la cual se forma a partir de nuestra interacción con el entorno social.

Por norma general, la reacción al sentir vergüenza es querer escondernos o pasar desapercibidos ante el grupo, para que así el resto de personas no descubra como de imperfectos somos. Ante la vergüenza nos encogemos, nos hacemos pequeños, deseamos ocultarnos y nos sumergimos en pensamientos limitantes sobre nuestra persona, lo que perjudica seriamente nuestra autoestima.

La vergüenza disfuncional suele originarse en la infancia y está condicionada por el tipo de educación recibida. Por norma general esta emoción suele formarse a partir de experiencias de desvalorización vividas por el niño.

Infancias donde se ha sufrido maltrato, padres muy exigentes y críticos con sus hijos, padres que se relacionan con sus hijos desde la comparación con otros (en las que el hijo siempre acababa perdiendo), o entornos excesivamente sobreprotectores, pueden todos ellos favorecer el desarrollo de un pobre autoconcepto en el niño, lo cual aumentará las posibilidades de que éste sufra de problemas con la vergüenza en el futuro.

A nivel patológico, una manifestación típica de este tipo de vergüenza es el Síndrome del Impostor. Este síndrome se caracteriza porque individuos competentes se sienten incapaces y no creen en su valía, a pesar de que existen evidencias que les dicen todo lo contrario.

El individuo que sufre de este cuadro psicológico desconfía de sus posibilidades, pues siente que es un fraude y que está engañando al resto de personas, las cuales no ven su verdadera y defectuosa forma de ser. La creencia de este tipo de personas viene a decir algo así como; “Si los otros supiesen que en realidad soy un fraude, no me querrían y me abandonarían”.

El Síndrome del Impostor suele darse en personas muy exigentes consigo mismas, las cuales se juzgan de una forma excesivamente severa. Asimismo suelen ser individuos con una baja autoestima, y con un pobre autoconcepto sobre su persona, pues creen que nunca llegarán a cumplir con las expectativas externas.

La tendencia de quién sufre de este tipo de fenómeno es la de esconder aquellas partes de sí mismos que creen pueden generar rechazo ante el grupo. Debido a este miedo, suelen ser personas que viven en una ansiedad y una tensión constante, con un profundo temor a ser desenmascarados por el resto.

Este síndrome suele partir de creencias limitantes sobre uno mismo, así como una visión subjetiva muy crítica, y excesivamente perfeccionista, que una vez contrastada con la realidad objetiva, puede constatarse que no tiene razón de ser. Obviamente, y como todo fenómeno psicológico, requiere de un acompañamiento terapéutico que ayude a la persona que sufre de este síndrome a adoptar una nueva visión sobre sí mismo, y sobre el mundo que le rodea; un proceso que requiere de tiempo y constancia para desmontar los patrones caracteriológicos limitantes, sustituyéndolos por otros de más realistas y saludables.


terapia vergüenza

A continuación, te dejo algunas pautas que pueden ayudarte a lidiar con la vergüenza. No obstante, en caso que sientas que la vergüenza es un problema en tu vida, no dejes de consultar con un profesional de la terapia. Puedes CLICAR AQUÍ para más información.

1.  Acepta tu persona. Acéptate tal y como eres, con tus virtudes y tus defectos. No busques la perfección, pues no existe, ni tampoco es deseable.

2. Deja de complacer. Evita mostrarte complaciente con todo el mundo con el objetivo de ser aceptado. Curiosamente, como más libres nos sentimos para mostrarnos tal y como somos, más aceptación recibimos del entorno. Por norma general, mostrarse desde la esencia es percibido por el resto como un acto de autenticidad, lo que también ayuda a esas personas a relacionarse de la misma forma contigo.

En cambio cuando nos comunicamos desde la falsedad, ésta es captada por el resto, lo que genera un distanciamiento con otras personas. Recuerda que por mucho que quieras ocultar una parte de ti mismo/a, o aparentar una determinada forma de ser, la mayor parte del mensaje que comunicamos a otras personas es comunicación no verbal, es decir a través de gestos y lenguaje corporal, la cual no podemos controlar.

3. No des tanta importancia a lo que otros opinan de ti. Debes tener claro que no podemos gustar a todo el mundo, intentarlo requiere de un gran esfuerzo, y la realidad es que más pronto o más tarde, vas a topar con alguien al que no gustarás, por lo que tu ilusión se va a ver frustrada. Seguramente tú también sientes que hay personas que te desagradan, o con las cuales no sientes afinidad, y siendo así, por qué tendría que ser diferente contigo.

En tal sentido, es importante que fijes límites respecto a las opiniones externas. En primer lugar identifica el origen de esos comentarios; pues no es lo mismo recibir el comentario de tu pareja, que el mensaje proceda de un compañero de trabajo. En segundo lugar, plantéate si esos comentarios que recibes pueden ayudarte a mejorar en algún sentido, en caso contrario recházalos. Es muy importante que no dejes que las opiniones externas te hagan dudar sobre tu valía, o sobre el amor hacia ti mismo.

4. Identifica aquellas situaciones que te generan más vergüenza. Toma conciencia de aquellas circunstancias en las que puede aparecer la vergüenza, y toma nota de los pensamientos que aparecen en tu mente en ese momento. Posteriormente, revisa estos mensajes y plantéate las siguientes preguntas:

¿Aquello que te dices te aporta o te ayuda en algo?

¿Qué tono utilizas para hablarte a ti mismo?

¿En que experiencias pasadas te basas para emitir esos juicios sobre tu persona?

¿Cómo te limita el mensaje que te dices a ti mismo/a?

¿Qué le dirías a un amigo que se dice ese tipo de mensajes?

¿Sientes que te estás tratando con respeto cuando te hablas a ti mismo/a?

¿Sientes que eres realista con aquello que te exiges a ti mismo/a?

¿Puede ser que estés siendo demasiado duro/a con tu persona?

¿Aquello que te preocupa está bajo tu control?

¿Del 1 al 10, cómo de importante es el mensaje que te estás enviando en tu vida?

Una vez hayas contestado a estás preguntas, plantéate cambiar el sentido de tus pensamientos. Por ejemplo si te dices; “No puedo, no vale la pena intentarlo”, sustitúyelo por; “Yo puedo y voy a intentarlo”. Toma conciencia de cómo te sientes a nivel corporal y emocional después de decirte cada una de estas afirmaciones.

5. Evita la comparación. Cuando nos comparamos, normalmente es para sentirnos inferiores al resto. Por este motivo, evita hacer comparaciones, y si lo haces, pregúntate qué tiene esa persona que a ti te gustaría, y en este sentido qué puedes hacer tú para alcanzarlo. Utiliza la comparación como una forma de motivación, y no como una vía para castigarte y desvalorizarte.

6. No te avergüences de tu vergüenza. Todos en algún momento u otro sentimos vergüenza, de hecho es más común de lo que podrías pensar. Por este motivo no te avergüences de ella, incluso cuando la sientas, en vez de querer huir o esconderte, comparte como te sientes con otras personas, pues este acto te ayudará a perder el miedo a la vergüenza.

Por último, os dejo con una charla de Brené Brown, una escritora e investigadora estadounidense, especializada en emociones. En este video nos habla sobre la vergüenza.





 

Leslie Beebe

Psicoterapia Humanista


http://www.ansiedad.barcelona/

https://psicocenter.net/

https://www.salesespaiviu.com/

http://ansiedad-depresion-barcelona.blogspot.com.es/

https://terapia-ansiedad-barcelona.blogspot.com/

http://www.saludterapia.com/terapeutas/t/f/4685.html

http://www.terapiaenbarcelona.com/

Culpa y Vergüenza II

Culpa y vergüenza II. Culpa y vergüenza son dos emociones que aparecen con frecuencia en las sesiones de terapia. En un artículo anterior ya hablé de estas dos emociones; si quieres leer el artículo, Clica Aquí

Culpa y vergüenza son emociones, sin embargo presentan una serie de diferencias respecto a las denominadas emociones básicas, como la tristeza o el miedo; por este motivo son conocidas con el nombre de emociones autoconscientes, o emociones secundarias. 

Culpa y Vergüenza


Como emociones secundarias, la culpa y la vergüenza parten de una valoración subjetiva respecto unos criterios culturales y sociales que creemos debemos cumplir. Estas emociones son fruto de la interiorización de unas normas, valores y criterios de acción, los cuales hemos ido construyendo desde la infancia, formando así nuestra escala de valores. Estas normas son fruto de la interacción de diferentes elementos como son;
  el entorno familiar, el medio social y cultural en el que hemos crecido, así como las experiencias de vida y la personalidad propia. De hecho, tanto culpa como vergüenza son instrumentos utilizados por la sociedad para mantener el orden y el control social, estableciendo lo que es correcto y lo que no.

Aunque culpa y vergüenza son parecidas, y a veces tienden a confundirse, la verdad es que presentan ciertas diferencias que seguidamente vamos a comentar.

Entendemos la culpa como una serie de sensaciones desagradables que aparecen en nosotros como resultado de alguna de estas situaciones: 

- Cuando creemos que hemos cometido un error (ya sea por haber o no actuado), 

- Al darnos cuenta que hemos transgredido ciertas normas.

- Al ser conscientes que hemos dañado a alguien. 

La culpa surge en nosotros como un aviso de que no hemos obrado bien, y en consecuencia nos invita a reparar el daño.

La vergüenza surge como un conjunto de sensaciones desagradables, las cuales aparecen ante la idea de que hay algo en nosotros que no es correcto. Suele manifestarse como un sentimiento de no ser digno o adecuado ante el mundo.  Recordemos que el discurso de la culpa lo podíamos definir como “has obrado mal”, en cambio el de la vergüenza sería “eres inapropiado, o no eres digno”. Aquí es donde aparece la principal diferencia entre ambas emociones. 

Mientras que la culpa hace referencia a las conductas, a sentirnos mal por aquello que hemos  hecho, o hemos dejado de hacer,  la vergüenza tiene que ver con el ser, con sentirnos defectuosos por aquello que somos. En este sentido la vergüenza es un tema más complejo, al tocar esquemas más profundos de nuestro ser.

Sin embargo, como todo en la vida, nada es blanco o negro, por este motivo tanto la culpa como la vergüenza también cuentan con una vertiente saludable. En origen, ambas emociones nos ayudan a integrarnos en la sociedad, pues nos permiten seguir un código social que nos habilita a convivir y a relacionarnos con el resto de personas. Por este motivo, podemos diferenciar entre una dimensión sana y otra neurótica de ambas emociones.

La culpa adaptativa o sana es aquella que nos capacita para tomar responsabilidad de nuestras acciones, aprendiendo de las experiencias pasadas. Este sentimiento nos permite darnos cuenta de nuestros errores, rectificar conductas  y reparar daños que hemos podido ocasionar. 

La culpa sana nos ayuda a seguir unas determinadas normas y códigos de conducta, avisándonos del peligro que corremos si no las obedecemos. Este tipo de culpa nos conecta a nivel emocional con la esperanza de hacerlo mejor la próxima vez, así como con la constancia y la perseverancia necesarias para conseguirlo.

En cambio, cuando la culpa se utiliza como una forma de victimización y castigo hacia nosotros mismos, anclándonos en la nostalgia del pasado y limitando nuestra vida, entonces estamos hablando de la denominada culpa neurótica. La culpa neurótica lleva un componente elevado de autocastigo, el cual se manifiesta a través de los llamados remordimientos, los cuales nos generan un profundo sufrimiento. 

Gran parte de la explicación de nuestra culpa, de esta flagelación a la que nos sometemos, es el denominado juez interno. En el artículo anterior sobre el perfeccionismo (Aquí puedes leerlo), ya hablé de esta entidad de la psique, la cual nos fiscaliza y cuestiona en todo momento. Desde esta relación que mantenemos con nuestro juez interno, se manifiesta gran parte de la culpa que sentimos en nuestro día a día.

Para entender mejor la culpa neurótica, a continuación te dejo un ejemplo:

Imaginemos que estamos en pareja y compartimos todo nuestro tiempo libre con ella. Un día unos amigos nos invitan a salir sin nuestra pareja. La idea nos gusta, sin embargo aparece en nosotros un sentimiento de culpa al tener que dejar a nuestra pareja sola. El concepto que tenemos sobre la pareja es alguien que pasa todo su tiempo de ocio con la persona que quiere. Ante este dilema, pueden aparecer diferentes pensamientos del tipo; “si voy mi pareja va a pensar que la dejo abandonada”, “una buena pareja no abandona al otro”, “que me apetezca ir con mis amigos, quizás signifique que ya no estoy tan bien con mi pareja”, “mi pareja va a molestarse”…

Según esta situación podemos diferenciar entre los siguientes 4 elementos que interactúan entre sí, los cuales nos generan un conflicto interno generador de culpa.

La acción generadora de conflicto interno (salir solo con mis amigos en mi tiempo de ocio)

El autoconcepto sobre mi mismo (soy una buena pareja)

El ideal sobre aquello que debería ser y mostrar al mundo (estar en una relación significa pasar todo el tiempo libre con mi pareja. Aquí aparece mi juez interno el cual cuestiona y supervisa que no infrinja esta regla, apareciendo así el fantasma de la culpa).

Mi necesidad genuina  (al margen de vivir en pareja, mi necesidad de tener un espacio y un tiempo personal)

La culpa neurótica puede adoptar múltiples formas, aparte del ejemplo que acabamos de comentar. Otro tipo de culpa es aquella que deriva de resentimientos no expresados, los cuales acabamos gestionando de forma errónea a través de la retroflexión (agresión hacia nosotros mismos). Otra forma que adopta la culpa es aquella que aparece cuando nos sentimos responsables por la vida, o las acciones de otras personas, cuando en realidad no nos corresponde. Una situación típica de este último caso es cuando como hijos nos queremos responsabilizar de la vida de nuestros padres, al sentirnos con algún tipo de deuda hacia ellos.

"El resentimiento, la crítica, la culpa y el miedo aparecen cuando culpamos a los demás, y no asumimos las responsabilidades de nuestras propias experiancias" Louise Hay

Es común que aquellas personas que sufren de sentimiento de culpabilidad también presenten una baja autoestima, o bien un perfeccionismo disfuncional, las cuales intensifican aún más la culpa.

terapia culpa

La culpa suele estar vinculada con toda una serie de emociones;  la rabia por habernos equivocado, la ansiedad hacia nosotros mismos por el error cometido, el miedo por las consecuencias de nuestros errores, o la desesperanza al sentir que no vamos a conseguir hacerlo de forma correcta en el futuro.

Al igual que la culpa, la vergüenza también puede presentar estas dos dimensiones; una de adaptativa y otra de neurótica. Desde una visión sana, la vergüenza nos indica aquello que es correcto y aceptable dentro del grupo social, permitiéndonos asumir las reglas como propias, y en consecuencia haciéndonos sentir que formamos parte de ese grupo.

La vergüenza surge como un mecanismo adaptativo dentro del orden social, el cual se encarga de indicarnos si hemos sobrepasado o no las reglas sociales. Como consecuencia de esta función, podemos afirmar que la vergüenza funciona como una alarma que nos avisa de que quizás deberíamos revisar algún aspecto personal que nos impide, o dificulta, integrarnos en el grupo social.

Otra vertiente saludable de la vergüenza es aquella que nos capacita para estar alerta, y darnos cuenta que no disponemos de ciertos recursos para enfrentar una determinada situación. Por ejemplo cuando debemos dar una conferencia en inglés, y somos conscientes que nuestro nivel del idioma es muy limitado.

La vergüenza es una emoción con un claro componente social, por este motivo no todos nos sentimos avergonzados ante las mismas situaciones. La sensación de vergüenza depende de las normas que compartimos con el resto de la sociedad, y con aquello que socialmente consideramos digno y aceptable. Cuando transgredimos alguna de estas reglas sociales, y sentimos que el resto de personas se percatan, es cuando aparece la vergüenza. No obstante, la vergüenza no solo está influenciada por un componente social y cultural, sino que también depende de la personalidad y las experiencias vividas por cada persona.

Por otro lado, encontramos la vergüenza neurótica que es aquella que nos genera sufrimiento al hacernos sentir indignos; de esta forma no nos sentimos merecedores de pertenecer a un grupo. Desde esta vergüenza nos sentimos pequeños, limitados y no aptos. La vergüenza nos hace creer que estamos desvalidos, sin recursos ante una determinada situación, lo que nos conduce a querer escondernos. 

Este tipo de vergüenza nos hace sentir que hay algo inadecuado en nosotros, percibiéndonos como inferiores ante el resto. Cuando la vergüenza se apodera de nosotros respondemos ocultándonos y aislándonos de la sociedad; para ello utilizamos diferentes mecanismos como  la huida, la evitación o la procrastinación.    

A nivel emocional la vergüenza disfuncional nos puede conectar con el asco hacia nuestra persona, la melancolía patológica, el miedo a que el resto de personas descubran lo inadecuados que nos sentimos, o bien el victimismo hacia nosotros mismos.



Tanto culpa como vergüenza son emociones complejas, y suelen estar relacionadas una con la otra, por eso a veces es complicado distinguirlas. Por este motivo es recomendable realizar un proceso de terapia que nos ayude a conocer estas emociones, y nos permita aprender a lidiar con ellas de una forma saludable. Como avance, te dejo algunas pautas que pueden ayudarte a gestionar mejor estas emociones.

Respecto a la culpa puedo comentarte las siguientes pautas de acción:

1. Identifica la conducta que te hace sentir culpable. Pregúntate si hay algo que está en tu mano hacer para restituir el daño cometido. En caso contrario, aprende de la experiencia y sigue con tu camino. No te quedes en el remordimiento o el autocastigo, pues no te aportará nada positivo.

2. Acepta que eres humano y que puedes equivocarte. No veas el error como un fracaso personal, sino como una vía de mejora. El error forma parte de todo aprendizaje.

3. Piensa que las normas nos ayudan a orientarnos en nuestro camino. No obstante si las vives desde el perfeccionismo, pueden convertirse en una seria limitación para alcanzar tus objetivos.

4. Si sientes que has dañado a alguien, expresa tu arrepentimiento y solicita el perdón por el daño causado.

5. Si es posible, actúa para reparar el daño cometido.

6. Sustituye la culpa por la responsabilidad.

7. Practica la autocompasión. La autocompasión significa aprender a perdonarse uno mismo por los errores cometidos, comprometiéndonos para hacerlo mejor en el futuro. No confundas autocompasión con victimismo. Mientras que la autocompasión nos conduce a ser proactivos, responsables y nos impulsa para mejorar, el victimismo nos ancla en la pasividad y la no responsabilidad.

8. Acepta que no tienes el control de todo. Hay factores en nuestra vida que escapan de nuestro control. Esta actitud de aceptación nos llevará a relativizar la situación y a limitar nuestra responsabilidad en el hecho sucedido.

En lo que respecta a la vergüenza, aquí te dejo algunos breves consejos:

1. Identifica aquello que te avergüenza de ti mismo. Anota en un diario los pensamientos que te hacen sentir avergonzado/a. Presta atención a cómo te criticas y aquello que te dices a ti mismo, así como la forma como te hace sentir hablarte así. Una vez realizado este ejercicio, plantéate si te ayuda en algo este tipo de actitud.

2. Empieza a conectar con la autocompasión. Procura mantener una mirada amorosa sobre ti mismo. Se consciente que tienes defectos, pero también virtudes. Adopta una mirada más justa, y a la vez más realista sobre tu persona.  Evita la comparación, entiende que no eres más ni menos que nadie, todos somos únicos. De esta forma podrás llegar a la progresiva aceptación de tu persona.

3. Superar la vergüenza supone exponerte gradualmente a aquellas situaciones que son susceptibles de que aparezca esta emoción. En estas situaciones evita mostrarte perfecto e intenta tomar distancia, como si te vieses a ti mismo desde un observador externo. Este punto de vista te ayudará a darte cuenta que los motivos que te generan vergüenza no son tan terribles como tú crees. Otro ejercicio, cuando te encuentres antes situaciones que hacen aflorar la vergüenza, es focalizar tu atención en tu entorno, en el resto de personas, alejando el foco de atención de tu diálogo interno.

4. No escondas tu vergüenza. Piensa que en mayor o menor medida, todos sentimos vergüenza en algún momento de nuestra vida. En este sentido piensa que no estás solo, ni eres un bicho raro por sentirla. Expresar tu vergüenza y comunicarla a otros te ayudará a rebajar la presión en aquellos momentos susceptibles de que aparezca esta emoción. Al contrario de lo que muchos creen, mostrarte vulnerable no es sinónimo de debilidad, sino de fortaleza.

Leslie Beebe

Terapia Gestalt en Barcelona


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Vergüenza y Culpa


Vergüenza y culpa suelen ser dos aspectos que aparecen con mucha frecuencia en las sesiones de terapia. Ambos son un tipo de emoción secundaria, pues no nacen del centro instintivo de la persona, sino de la cultura y sociedad en la que vivimos. Nadie nace con culpa ni vergüenza, son ambos fenómenos culturales y sociales.


vergüenza y culpa


Desde pequeños se nos enseña a ser de una forma determinada, según aquello que se considera socialmente correcto. Como niños, percibimos que si no nos comportamos y actuamos de una forma determinada, nuestros padres no nos van a querer. De esta forma vamos creando toda una serie de máscaras, para así aprender a sobrevivir en nuestro mundo emocional, es lo que denominamos como ego.

El ego se estructura bajo la creencia que existe una única forma de ser y hacer las cosas, lo que significa que todo lo que se salga de este patrón va a ser rechazado por nuestro ego. Ante esta creencia no actuamos desde una esencia propia, desde una libertad de dejarnos ser, sino desde un presión por tener que alcanzar unas expectativas que suponemos debemos cumplir si queremos ser aceptados y amados por el mundo.Sin embargo el precio que pagamos con esta actitud es muy alto, pues conlleva una progresiva pérdida de nuestra esencia personal. 

En este proceso de desvinculación de aquello que somos, la culpa y la vergüenza juegan un papel importante. No obstante, no debemos confundir ambos términos, pues mientras la vergüenza tiene que ver con el ser, la culpa tiene que ver con el hacer. A continuación vamos a ver estas emociones con más detalle.

La vergüenza se expresa como una sensación de no tener derecho a ser, de no ser digno de pertenecer a un grupo o a un ámbito determinado. La vergüenza nos hace sentir que de alguna forma estamos fracasando como personas; bajo su influencia llegamos a creer que existe algo malo en nosotros, algo que no se adecua a los estándares que establece nuestro ego. Si esta emoción se mantiene en el tiempo, sus efectos son devastadores para la autoestima de la persona, conduciendo al estancamiento y en casos más graves a la depresión.


terapia culpa

La vergüenza suele conllevar una actitud de castigo desde la creencia “debo ser castigado porque hay algo deficiente en mi”. Esta creencia supone que la persona sienta miedo al abandono de las otras personas, por sentirse inadecuado. Asimismo este abandono también se expresa hacía sí mismo desde diferentes vertientes como puede ser el alejamiento del mundo y las relaciones, el estancamiento y la limitación de acción e incluso la dejadez en el cuidado personal.
Un ejemplo extremo de los efectos de la vergüenza los tenemos en los denominados johatsu de japón, personas que por vergüenza se aíslan completamente de la sociedad, aquí tenéis un artículo que lo explica:


https://magnet.xataka.com/preguntas-no-tan-frecuentes/johatsu-japoneses-cuando-vida-insoportable-que-borras-tu-rastro-tierra

La sanación de los efectos que la vergüenza provoca en la persona suele requerir de un proceso largo. No es fácil cambiar a corto plazo el autoconcepto que uno tiene de sí mismo, pues eso significa cuestionarse la propia identidad y replantearse toda una serie de creencias y valores que llevan muchos años instaurados en la propia persona. El trabajo terapéutico con la vergüenza pasa por no evitarla, para así experimentarla y asumir la responsabilidad que uno tiene sobre ella. En esta labor es importante distinguir si la vergüenza está motivada por algún aspecto del presente, o bien su origen se encuentra en algún hecho pasado. 

Mayoritariamente la vergüenza suele originarse en creencias y mandatos procedentes de la infancia. Cuando somos niños, y con el objetivo de  ser queridos por los mayores, pagamos el precio de aceptar algo que no nos es propio. Aprendemos a comportamos de una forma determinada, para así recibir el amor de nuestros padres. Con el paso de los años, y llegados a la edad adulta, es el momento de aceptar la responsabilidad de romper con esta dinámica y conectar con nuestra esencia. Cuantas veces nos ponemos en el rol de ese niño cuando somos adultos, buscando desde esa posición el reconocimiento y el amor de las otras personas, pero a la vez traicionando aquello que verdaderamente somos.

El camino de sanación de la vergüenza pasa por conseguir aceptarse y respetarse como uno es, en este sentido debemos plantearnos nuestro sistema de valores, teniendo claro que nadie vale más que nadie en nuestra vida. Otro aspecto a trabajar con la vergüenza es aceptar el error como una parte intrínseca de estar vivo, solo a través del error podemos aprender. Por último, el camino de sanación de la vergüenza pasa por aprender a creer en las propias posibilidades, recuperando de esta forma los niveles de autoestima perdidos.

terapia vergüenza

La culpa es una emoción diferente a la vergüenza, focalizada más en un fallo en el hacer que en el ser. Por norma general sentimos culpa cuando creemos que hemos roto alguna norma o código, o bien cuando sentimos que hemos hecho daño a alguien. También puede aparecer la culpa ante el miedo a ser castigado por haber infringido alguna norma. Las personas que se sienten culpables se focalizan en el error que han cometido, no como una vía de aprendizaje como sería lo saludable, sino como una forma de autocastigo. La persona culpable teme el castigo, sin embargo al mismo tiempo también lo espera, como una forma de redención; sienten que es el precio que deben pagar por el error cometido. En este sentido sería aconsejable cambiar términos como culpa y castigo, por otros más saludables como responsabilidad y reparación.

El trabajo en terapia con la culpa pasa por asumirla, no como una vía de castigo, sino como la aceptación de la responsabilidad sobre el acto cometido. El primer paso, en aquellos casos que sea posible, sería pedir perdón e intentar reparar el daño cometido. Una vez realizado este primer paso, la siguiente acción sería evitar martirizarnos con lo sucedido, aceptando aspectos como que somos humanos y como tal tenemos derecho a equivocarnos. Una vez se produce esta aceptación en nuestro interior, podemos plantearnos qué lectura extraemos de lo sucedido; una reflexión que nos debe servir como una forma de aprendizaje, para así actuar de forma diferente en el futuro.

Es fácil que vergüenza y culpa se mezclen entre sí, siendo a veces difícil distinguirlas, la vergüenza puede llevar a la culpa, y viceversa. Como hemos dicho anteriormente, es una dinámica en la que el ego y los mecanismos de defensa de la psique juegan un papel fundamental. Desde pequeños vamos formando un ego y unos mecanismos de defensa, los cuales nos ayudan a sobrevivir en nuestro mundo emocional. El objetivo es construir una apariencia, formar una identidad para ser queridos y aceptados, primero por nuestros padres, y posteriormente por el resto de personas. A medida que pasa el tiempo, la carga de mostrarse al mundo a través de esta apariencia se hace cada vez más pesada, lo que nos provoca sufrimiento. 

Cuando nos mostramos como aquello que no somos, estamos engañando al resto del mundo, pero lo más importante  también a nosotros mismos. Mantener este engaño supone una gran inversión de tiempo y energía, un desgaste que acaba por pasarnos factura, no solo a nivel emocional, sino también físico, somatizando ese malestar en el cuerpo. Este esfuerzo por mantener la apariencia y el engaño es en gran medida el responsable de que aparezcan sentimientos de vergüenza y culpa.


“La vergüenza no es culpa, la vergüenza está centrada en uno mismo, la culpa está centrada en el comportamiento. Es la diferencia de pensar “soy malo” vs. “he hecho algo malo”. Brené Brown

La terapia nos permite tomar conciencia de la forma de funcionar de nuestro ego, a la vez que conectamos progresivamente con nuestra esencia, con aquella forma de ser y hacer que quedó enterrada bajo esas máscaras de apariencia.

Es un proceso de autoconocimiento que va a permitir sentirnos y actuar de una forma más libre, más en consonancia con aquello que somos, dejando atrás máscaras y apariencias. Esta libertad de ser nos permitirá liberarnos de la vergüenza y de la culpa que van asociadas a las dinámicas de funcionar de nuestro ego.

Si quieres conocer más, a continuación te dejo otro de mis artículos sobre el tema:

La culpa

Leslie Beebe
www.ansiedad.barcelona
https://www.saludterapia.com/terapeutas/t/f/4685-leslie-beebe-rodriguez.html

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