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¿Estoy viviendo una relación de pareja tóxica?

¿Estoy viviendo una relación de pareja tóxica?. Como terapeuta me he encontrado en un gran número de ocasiones con personas que mantienen relaciones de pareja que denominamos como tóxicas o no saludables. Este tipo de relaciones se mantienen en el tiempo por múltiples motivos, sin embargo, uno de los más habituales es una combinación entre miedo y baja autoestima. Dentro de lo que denominamos miedo, podemos encontrar diferentes vertientes como el miedo al abandono, el miedo a la soledad, o el miedo al fracaso.

Terapia relacion tóxica


Aunque el miedo es una emoción humana, que nos ha permitido evolucionar como especie, protegiéndonos de las amenazas del medio, en los casos en que se mantiene una relación no saludable, este miedo deriva en dependencia emocional. En esta tesitura, como más nos negamos a aceptar que no somos felices en nuestra relación, mayor es nuestro miedo a estar solos/as o a fracasar en la relación, y también mayor es el impacto negativo en nuestra autoestima.

A continuación, te comento algunos de los síntomas que pueden indicarte que estás viviendo una relación no saludable para tu persona. En caso que te sientas identificado/a con alguno de estos puntos, lo aconsejable sería que buscases ayuda terapéutica, que te oriente para superar la difícil situación que estás viviendo.

1. Faltas de respeto. Uno de los principales indicios de una relación tóxica son las faltas de respeto que recibimos por parte de la pareja. Algunos de los síntomas que podemos incluir en este grupo son:

Percibir que nuestra pareja nos hace sentir inferior a ella; no pedirnos opinión a la hora de realizar actividades o planes juntos; una comunicación autoritaria y déspota por su parte; hacernos callar, o retirarnos la palabra; hacernos sentir que nuestras cosas son menos importantes que las suyas.

Debemos tener mucho cuidado con este tipo de comportamientos, y detectarlos lo antes posible, para así ponerles freno, pues aunque empiezan con un grado de violencia bajo, pueden ir creciendo en agresividad y derivar en violencia física.

2. Actitudes de control y limitación de nuestra libertad personal. Otro de los indicios característicos de relaciones tóxicas son las actitudes de control que ejerce la pareja sobre aquello que hacemos. Algunos ejemplos de este control son:

Darnos cuenta que nuestra pareja nos llama múltiples veces durante el día, sin existir un motivo aparente, solo para conocer nuestro paradero, saber qué hacemos y con quien estamos; llegar a casa por la noche y sentirnos cuestionados/as (interrogados/as) sobre las actividades del día; sentir que nuestra pareja juzga nuestras amistades y nos invita a no tener contacto con ellas; prohibirnos determinadas actividades o aficiones por considerarlas que no son apropiadas, según su punto de vista.

3. Violaciones de tu intimidad. Estar en pareja no significa que no podamos disponer de nuestro espacio personal e íntimo. Algunas de los indicios que podemos incluir en este grupo son los siguientes;

Sentir que nuestra pareja controla nuestros gastos; descubrir que la pareja nos espía el móvil y controla nuestra actividad en las redes sociales; sentir que él/ella escucha nuestras conversaciones telefónicas; darnos cuenta que la pareja se molesta cuando no le dejamos acceder a nuestros objetos personales.

4. Prácticas de luz de gas o “gaslight”. La práctica de luz de gas es una acción manipulativa y abusiva que ejerce el maltratador con su víctima. En estos casos, el abusador pone en tela de juicio, y de forma constante, las vivencias de su pareja; ya sea respecto a sus sentimientos, emociones o percepciones. El “gaslight” es una práctica que va desgastando la autoconfianza y la autoestima de la víctima, haciéndole creer que es responsable de todo lo malo que supuestamente le sucede al abusador, y culpándole por el mal funcionamiento de la relación. Esta actitud manipuladora deriva en que la víctima quede totalmente anulada como persona, sintiendo que  ha perdido toda capacidad de decisión y de expresión, quedando así a expensas del control que ejerce sobre ella el manipulador.

5. Los celos. Los celos son otra de las manifestaciones características de las relaciones limitantes y no saludables. Los celos parten de la inseguridad y la falta de confianza del manipulador, las cuales derivan en un miedo intenso y desproporcionado a perder a la pareja. Antes ese miedo irracional, la persona empieza a ejercer toda una serie de actitudes de control y vigilancia respecto a su pareja. Curiosamente, aquello que más teme el manipulador, es decir que le dejen, se suele acabar cumpliendo al actuar de una forma posesiva e irrespetuosa con su pareja. Desde estos celos aparecen actitudes como limitar el contacto de la pareja con sus familiares o amigos, decirle qué ropa puede llevar, o bien desvalorizar y criticar a la pareja con el objetivo de provocarle más inseguridad y dependencia.

6. El chantaje emocional. El chantaje emocional es otra forma de manipulación en la que se intenta influir en la voluntad de la pareja para conseguir satisfacer los deseos del manipulador. El chantaje emocional es un acto narcisista, en que para conseguir su objetivo el manipulador pasará por encima de su pareja si es necesario. Para conseguirlo, puede recurrir a la intimidación, o bien hacerlo de una forma más sutil mostrándose como un ser desvalido; en cualquier caso el chantaje emocional acaba socavando la autoestima de la víctima. El chantaje emocional puede ejercerse por diferentes vías, no obstante la mayoría de ellas están relacionadas con despertar el sentimiento de culpa en la victima. En este sentido el manipulador hace creer a su pareja que está haciendo algo malo, que va en contra de sus principios, al no aceptar aquello que se le pide.

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Para terminar, voy a proponerte que contestes a las siguientes preguntas, las cuales te ayudaran a saber si puedes estar viviendo una relación de pareja tóxica.

1.      ¿Te sientes libre para ser tú mismo/a en la relación?, o bien sientes que cuando tu pareja está presente te comportas de forma diferente para agradarle y no crear conflicto.

2.      ¿Te sientes escuchado/a y tratado/a con respeto en tu relación?

3.      ¿Notas que cada vez tienes menos contacto con familiares y amigos, como resultado de las peticiones de tu pareja?

4.      ¿Te sientes culpable de forma habitual?

5.      ¿Intentas que tu pareja no se enfade, evitando expresarte o actuar de cierta forma para así evitar su reacción?

6.      ¿Con frecuencia te comparas con otras personas y te sientes inferior al resto?

7.      ¿Sientes que das mucho en tu relación de pareja, mientras que recibes poco a cambio?

8.      ¿Aceptas hacer cosas por tu pareja y luego te sientes culpable al darte cuenta que realmente no deseabas hacerlas?

9.      ¿Te sientes satisfecho/a y realizado/a en tu relación?

10.  ¿Sientes que te justificas a menudo ante tu pareja?

11.  ¿Tu pareja te hace sentir culpable por cosas que suceden en su vida, o bien por el mal funcionamiento de la relación?

12.  ¿Evitas quedar con determinadas personas, o hacer ciertas actividades para no tener después problemas con tu pareja?

13.  ¿Sientes que te disculpas con frecuencia con tu pareja?

14.  ¿Crees que actúas de forma complaciente con tu pareja?

Una vez respondidas estas preguntas, párate un momento y analiza tus respuestas. Si crees que no estás satisfecho/a con tu relación de pareja, o bien sientes que no eres libre para mostrarte y expresarte de forma sincera, es muy probable que estés viviendo una relación limitante y perjudicial para tu equilibrio emocional. En este sentido, la terapia puede ayudarte y acompañarte para que recuperes tu bienestar personal.


Leslie Beebe

Acompañamiento terapéutico y emocional Barcelona

Terapia Gestalt Barcelona






¿Por qué somos infieles?

 ¿Por qué somos infieles? Una mirada psicológica a la infidelidad

No es fácil describir los motivos que hacen que una persona sea infiel a su pareja. Múltiples factores influyen en el hecho de tomar la decisión de romper el pacto que nos vincula como pareja, haciéndolo de una forma deshonesta e irrespetuosa hacia la otra persona.

Por Qué Somos Infieles


En este artículo haré un repaso sobre lo que yo creo son las principales causas que motivan una infidelidad, aunque estoy seguro que me dejo alguna, pues como he comentado, las causas que pueden originarla son muy variadas.

En primer lugar deberíamos definir qué entendemos como infidelidad. Ser infiel significa llevar a cabo una acción que rompe el pacto de confianza con nuestra pareja. La infidelidad se fundamenta en aspectos como la deslealtad y la mentira hacia nuestra pareja. Para determinar aquello que se considera como infidelidad, es básico conocer los términos y normas que nos vinculan con la otra persona. Por ejemplo hay parejas abiertas, que no conciben como infidelidad el acto sexual con una persona externa a la relación; mientras que otras parejas consideran la exclusividad en las relaciones sexuales, como un principio fundamental del acuerdo que les une. En este sentido, es una conversación que deberíamos tener con nuestra pareja, para así fijar los términos que regulan la relación, estableciendo aquellas prácticas que son consideradas como infidelidad, y cuáles no.

Cuando se produce una infidelidad, ya sea porque hemos sido nosotros los causantes, o bien porque hemos sido víctimas de ella, deberíamos entender la situación como una luz roja que nos alerta de algún aspecto que no acaba de funcionar en nuestra vida, ya sea respecto a nuestra relación de pareja, o bien a nivel personal.

En relación a la pareja, las causas que pueden motivar esta alerta roja son diversas, aunque en la mayoría de ocasiones son el resultado de una comunicación ineficiente, o incluso ausente, con nuestra pareja. Algunas de las situaciones que pueden motivar una infidelidad son:

Falta de ilusión con el proyecto de pareja. En un gran número de ocasiones cuando se produce una infidelidad no es por falta de amor, sino por falta de ilusión con el proyecto que mantenemos con la pareja. La rutina diaria, la ausencia de relaciones sexuales o el distanciamiento emocional, suelen ser algunas de las principales justificaciones que las personas manifiestan para ser infieles.

Cambios en los objetivos comunes con la pareja. La relación de pareja no es un estado inmutable, sino que va cambiando y desarrollándose con el tiempo. Si las personas que conforman la pareja evolucionan de forma diferente, es decir que con el tiempo los objetivos y sueños de cada uno cambian, distanciándose del proyecto en común, esto puede ser un factor que también motive la infidelidad.

Sensación de no obtener aquello que se necesita en la relación de pareja. En ocasiones uno de los miembros de la pareja siente que no obtiene del otro aquello que desearía, o al menos no en la medida que a él o a ella le gustaría, por ejemplo: tiempo compartido, escucha, comprensión, ternura, sexo...Ante esa desatención, la persona busca satisfacer su necesidad fuera de la pareja. En otras ocasiones, la infidelidad se produce porque la persona toma conciencia de que no puede crecer más en esa relación. El miedo a hacer daño al otro si expone sus sentimientos, o la incertidumbre respecto aquello que le depara el futuro, puede hacer que se reaccione buscando una salida a través de la infidelidad.

La utilización de la infidelidad como una forma de gestionar el enfado con el otro. En estos casos la persona se siente por algún motivo resentida o enfadada con su pareja, por lo que canaliza esa ira a través del acto infiel.

Ninguna de las circunstancias que acabamos de comentar justifica ser infiel con nuestra pareja. La solución a todas ellas pasa por ser sinceros con nosotros mismos y con nuestra pareja, atreviéndonos a expresar como nos sentimos y manifestando aquello que necesitamos del otro. En resumen, una comunicación abierta y sincera con la pareja. Lamentablemente, la comunicación suele ser un factor deficiente en un elevado porcentaje de las parejas, siendo esta ausencia la responsable de un gran número de problemas dentro de la relación. Al no existir una comunicación fluida en la pareja, muchas veces se opta por gestionar el malestar de una forma totalmente errónea, como es cometiendo una infidelidad.

Respecto a las circunstancias relacionadas con la psicología de cada individuo, y que suelen estar relacionadas con el acto infiel, destacaría las siguientes:

Una baja autoestima. Cuando depositamos el amor hacia nosotros mismos en manos de nuestra pareja, favorecemos una autoestima frágil y una relación dependiente. En las sesiones de terapia personas que llevan años en pareja, me comentan que con el tiempo sienten que han dejado de ser ellos mismos. Me dicen que se han mimetizado tanto con su pareja, que ya no son conscientes de cuáles son sus necesidades y deseos. Una pérdida de identidad que más de una persona me ha comentado recuperó al tener una aventura. En este sentido, más que buscar a otra pareja, lo que se deseaba era un reencuentro consigo mismo. En estos casos sería recomendable acudir a terapia para conocer los motivos que provocaron el olvido sobre si mismo, y la desatención a las necesidades propias.

En otras ocasiones, las relaciones de pareja se cimentan en inseguridades y miedos, en vez de basarse en el amor y la confianza propias de una relación saludable. Algunos de los testimonios de este tipo que me he encontrado en terapia son los siguientes;

Personas que mantienen creencias limitantes sobre sí mismas, como la idea de no ser suficiente para estar con la pareja que realmente desean.

Mujeres que pasados los 40 sienten que su reloj biológico les apremia a encontrar un padre para sus hijos.

Personas que presentan un intenso miedo a estar solas.

Este tipo de situaciones que acabo de comentar llevan a la persona a vincularse con su pareja desde el miedo y la inseguridad, por lo que es común que sean fuente de relaciones de apego tóxicas. El malestar propio de este tipo de relaciones puede favorecer a que se tome la decisión de ser infiel a la pareja, pues internamente no se está satisfecho/a con la relación que se mantiene en el presente.

Una crisis personal. Las crisis personales, como puede ser la crisis de mediana edad, son momentos de una profunda removida emocional, pues la persona entra en contacto con emociones muy intensas como el vacío existencial, o la sensación de falta de sentido de la vida. Ante ese malestar, algunas personas optan por recurrir a la infidelidad como una salida a su sufrimiento.

En estos casos de crisis existencial, buscarse lo que llamamos una aventura puede hacer que la persona se crea más joven, al sentirse deseada de nuevo. La recuperación de la intensidad y la pasión propias de la fase de enamoramiento, la novedad por conocer a alguien nuevo y desconocido, los elevados niveles de adrenalina que eso conlleva, así como el morbo que puede despertar estar haciendo algo que va en contra de las reglas establecidas, pueden conducir a la persona infiel a creer que ha recuperado la energía de tiempos pasados. Pasado un tiempo, la persona infiel suele darse cuenta del espejismo vivido.

Inseguridad personal y miedo a la soledad. En ocasiones, en vez de enfrentar el hecho de que ya no deseamos seguir con nuestra relación, el impulso nos lleva a buscar a alguien para evitar quedarnos solos cuando se comunique la noticia a la pareja. En terapia me he encontrado en más de una ocasión con estos casos. El profundo miedo que sienten estas personas al hecho de verse solas, les lleva a encontrar a un sustituto que reemplace a su pareja actual, incluso antes de que se produzca la ruptura. Muchas veces esta decisión se hace de una forma inconsciente, y no es hasta que la persona puede revisar en terapia lo sucedido, que toma conciencia de los motivos que le llevaron a actuar así.

No hace falta decir, que la estrategia “a rey muerto, rey puesto” resulta ser una de las peores decisiones que se pueden tomar, al no realizar el proceso de duelo pertinente por la relación terminada.

Expectativas irracionales sobre la relación de pareja. La idea de amor romántico que nos venden las películas y los cuentos infantiles, así como términos como la media naranja, han provocado que un gran número de nosotros hayamos crecido con ideas nada realistas sobre lo que significa estar en una relación de pareja.

El ideal de amor romántico Hollywoodiense nos muestra la relación de pareja como una meta a conseguir, un sueño que se alcanza una vez encontramos a esa persona que nos completa y llena nuestro vacío. A partir de ese encuentro, supuestamente viviremos felices para siempre. Este ideal de relación se fundamenta en un estado de enamoramiento perpetuo, donde nada puede salir mal.

Durante los primeros meses de relación, cuando se produce la fase de enamoramiento, mostramos la mejor versión de nosotros mismos, o mejor dicho, mostramos a la pareja lo que creemos que el otro desea ver en nosotros. Asimismo, nosotros vemos en la otra persona aquellas aptitudes que valoramos en una pareja, focalizando nuestra atención en esos puntos fuertes, mientras obviamos ver aquello que no nos gusta de la otra persona.

Cuando la proyección en el otro desaparece, emerge la realidad de que estamos ante una persona con sus aptitudes y sus flaquezas como todo ser humano. Este despertar a la realidad, aunque necesario, puede generar una gran frustración en la persona. Como consecuencia de la baja tolerancia a la frustración que demuestra la sociedad actual, es habitual que muchas personas gestionen esa decepción a través de la infidelidad. 

La historia personal y las experiencias vividas en el pasado son también otros factores que puede favorecer la infidelidad. Personas que han vivido un apego inseguro en la infancia, o bien individuos que han pasado por una, o varias experiencias traumáticas con sus ex parejas, pueden ser casos más proclives a cometer una infidelidad, aunque no son factores determinantes.

En terapia me encuentro con mujeres que afirman haber sufrido mucho en una relación pasada, y aunque actualmente mantienen una relación de pareja, siguen abiertas a intimar con otras personas. Me comentan que tomar esa decisión les hace sentir libres, al creer que controlan el grado de vinculación con su pareja. De esta manera dicen plantar una barrera que supuestamente les protege de una futura decepción con el otro. La idea que me manifiestan es: “si al final la relación termina, la caída no será tan dura y no sufriré tanto”. En estos casos el problema es que se vive la relación desde el miedo, la mentira y la desconfianza, y no desde el amor y la sinceridad, por lo que este tipo de relaciones suele tener un final anunciado.

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Por último, me gustaría destacar otro factor que creo tiene incidencia en la infidelidad, como es el tipo de sociedad en la que vivimos actualmente. La sociedad actual se caracteriza por incentivar valores como la felicidad, la inmediatez, la libertad, el no sufrimiento, y el individualismo. Valores que llevados al extremo son incompatibles con mantener una relación de pareja tradicional.

Todos los que hemos estado en pareja, sabemos que aunque la relación con el otro nos brinda momentos de gran belleza y felicidad, también es verdad que no siempre es así. Durante la relación de pareja se atraviesan momentos complicados, donde valores como la escucha, la flexibilidad y el apoyo mutuo son necesarios para superar las dificultades que se nos presentan.

Así mismo, mantener un vínculo con una pareja significa un acuerdo mutuo. Como en un contrato, se van a establecer unas pautas que regularan esa relación, por lo que nuestra libertad personal quedará limitada.

Respecto a la relación amor-sociedad, me parece interesante el término "amor líquido" que acuñó el sociólogo polaco Zygman Bauman, para describir un tipo de amor que va cogiendo fuerza en nuestra sociedad actual.

El término líquido define un amor caracterizado por una falta de solidez, un amor superficial y fugaz en el tiempo. Este tipo de amor deriva en una falta de compromiso personal con las relaciones de pareja. En esta línea, la tendencia al individualismo provoca que la idea de relación de pareja suponga un peligro para los valores de la autonomía personal, apareciendo un miedo al compromiso bastante generalizado.

En mis sesiones de terapia me encuentro habitualmente con personas que tienen verdadero terror a vincularse con posibles parejas. Estas personas me comentan que sienten mucho miedo a perder su libertad individual si deciden estar en pareja. Relacionado con este miedo, mis pacientes me dicen que también sienten pavor al sufrimiento que puede derivarse de esa relación.

Personalmente, opino que el problema radica en la idea de sociedad utópica e indolora que se nos ha querido vender en las últimas décadas, donde las cosas deben darse como nosotros esperamos, y donde la tolerancia al dolor es mínima; una sociedad ciertamente algodonada.

“No es justo”, “¿Por qué a mí?”, “Éste lo consigue y yo no, con lo que yo me esfuerzo”, “No me lo merezco”…. son algunas frases típicas que emanan de ese ideal.

Desde esta creencia que la vida debería ser generosa con nosotros, dándonos aquello que le pedimos y cuando se lo pedimos, emerge un amor basado en la búsqueda del beneficio personal y el individualismo, por encima de otros valores como la generosidad y la empatía con el otro.

Los tiempos actuales se caracterizan por la rapidez, el deseo de satisfacción inmediata y la impaciencia, y en consecuencia también la dificultad para sostener los momentos de frustración, cuando uno no consigue lo que quiere en la relación con el otro. 

Siguiendo esta tendencia social hacia la individualidad, es común que veamos a la pareja de forma egóica, como alguien que debe satisfacer nuestros deseos, en vez de percibirlo como un ser diferente, que nos puede hacer de espejo de aquellos temas irresueltos en nuestra persona, y que en consecuencia deberíamos trabajar.

Desde esta visión narcisista que parece abundar en la sociedad actual, las relaciones de pareja, o mejor dicho, los obstáculos derivados de la vida en común, se hacen insostenibles para muchas personas, por lo que al mínimo contratiempo con la pareja la reacción más habitual suele ser tirar la toalla y abandonar la relación.

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Una vez finiquitada la relación, ya estamos de nuevo en el mercado para conocer a un nuevo candidato o candidata, para así entrar de nuevo en el mundo de la idealización amorosa. De esta forma, volvemos a caer en la trampa de entender las relaciones como un enamoramiento perpetuo, lleno de exaltación y adrenalina, y que curiosamente coincide con el tipo de vida que se nos quiere vender en la sociedad actual; una existencia con un ritmo frenético, lleno de estímulos y excitación, bajo el mandato de tener que exprimir la vida al máximo.

No digo que todas las relaciones de pareja que se forman actualmente sigan este perfil, pues hay personas que se esfuerzan y trabajan individual, y conjuntamente con la pareja para gozar de una relación saludable. Sin embargo, la tendencia al individualismo y la baja tolerancia a la frustración parece que van ganado terreno en el mundo de la pareja. Estos valores contribuyen a formalizar relaciones de pareja cada vez más fugaces y volátiles.

Las nuevas tecnologías es otra influencia a destacar cuando hablamos de infidelidad. Las nuevas tecnologías y la facilidad que éstas nos habilitan para obtener aquello que deseamos de forma inmediata, también favorecen a que las personas que deciden ser infieles cuenten con una oferta muy amplia para serlo. Aunque considero que aplicaciones como Tinder o Meetic no son responsables de la infidelidad, la realidad es que facilitan el camino de la persona que toma esa decisión.

Respecto a estas aplicaciones para encontrar pareja, una clienta asidua a ellas me comentaba lo siguiente; me decía que una vez empezaba a chatear con alguien le surgían dudas si ese hombre era para ella, pues se decía a sí misma que seguramente había candidatos “mejores” allí fuera, esperando a ser conocidos, y que por tanto no quería perderse esas oportunidades. De esta forma, evitaba establecer vínculos estables, y es que vincularse en una relación exige unos valores que personalmente opino que se encuentran en horas bajas en nuestra sociedad. Dentro de estos valores destacaría; paciencia, constancia, empatía, respeto, compromiso, comunicación, flexibilidad, apoyo mutuo y generosidad, entre algunos de los más destacables.

Otro de los efectos de las nuevas tecnologías en las relaciones humanas ha sido su contribución a la desconexión con nosotros mismos, y con el mundo real. Un ejemplo de ello lo tenemos en la forma como ahora buscamos pareja, utilizando más el mundo virtual que el real. Aunque las aplicaciones de internet nos permiten conocer a una gran variedad de personas, también es verdad que muchos de estos contactos acaban siendo poco estables y ciertamente volátiles. Los motivos para esta fragilidad en las relaciones son diversos, sin embargo yo destacaría la dificultad para vincularnos procedente de nuestro individualismo, y el miedo a sufrir en la relación. En consecuencia es habitual encontrarse con personas que se retiran del contacto virtual cuando son conscientes de que esa relación tiene posibilidades de ir a más, o cuando llega el momento de conocerse en persona.

Relacionado con esta tendencia, me gustaría destacar el fenómeno del ghosting, el cual se ha ido popularizando en las redes sociales en los últimos tiempos.

El término ghosting es habitual en las aplicaciones para encontrar pareja que circulan por internet. El término proviene de la palabra “ghost”, que significa fantasma en inglés. Que te hagan un ghosting significa que una persona con la que se había establecido un vínculo, por ejemplo haber mantenido conversaciones on line durante un tiempo determinado, desaparece sin dejar rastro. Si se toma la iniciativa de contactar con ella, no contesta, e incluso podemos llegar a ser bloqueados en las redes sociales por la persona que nos ha hecho ghosting.



A parte de mostrarnos un individualismo creciente, el ghosting es un claro síntoma de la dificultad para enfrentar la adversidad de la que hablábamos anteriormente. Romper la relación con otra persona, tener que decirle No a alguien, admitir que no vemos a esa persona como pareja, o el propio miedo al compromiso cuando sentimos que la relación tiene posibilidades de afianzarse…son todas ellas situaciones que nos ponen en una difícil tesitura.

Tener que enfrentarnos a estas dificultades nos genera miedos, incertidumbre, culpa...; antes esas sensaciones desagradables, reaccionamos evitando dar la cara. Por consiguiente, antes que enfrentar la dificultad, lo que hacemos es huir de nuestra responsabilidad, adoptando mecanismos de evitación como el ghosting.


Leslie Beebe

Acompañamiento terapéutico y emocional

Terapia Gestalt Barcelona



Apego y Enamoramiento

Apego y Enamoramiento. Uno de los principales asuntos que emergen durante las sesiones de terapia es el amor. En este artículo me voy a centrar en el amor de pareja, tema que suele aparecer en algún momento u otro del proceso terapéutico. Todos los que hemos vivido una relación de pareja hemos pasado por momentos de dolor, sin embargo muchas parejas viven su relación desde el malestar, aguantando situaciones límite con el único objetivo de seguir manteniendo una relación dañina, que solo les genera sufrimiento. No hace falta decir que esto para nada es amor.


Cuando hablamos de amor cada historia es diferente y particular, sin embargo personalmente opino que hay dos elementos que favorecen a que se llegue a este punto crítico, en el cual el amor de pareja es vivido desde el sufrimiento; estos elementos son la baja autoestima y las creencias erróneas sobre qué es el amor en pareja.

La autoestima es la valoración y el concepto que tenemos sobre nuestra persona. Como consecuencia de nuestra educación y experiencias de vida, la mayoría de nosotros llegamos a la edad adulta con unos niveles bajos de autoestima. Esta pobre opinión de nuestra persona hace que busquemos fuera alguien que nos valide, y que nos haga sentir valiosos, vistos y amados. De esta forma ponemos el amor hacia nosotros mismos en manos de una persona externa, lo que hace muy volatil nuestro equilibrio emocional, pues ¿qué pasará con nosotros si un día esa persona decide marcharse de nuestra vida?.

Como consecuencia de esta baja autoestima surgen toda una serie de creencias irreales y dañinas para nuestra persona; como por ejemplo que esa pareja nos va a traer la felicidad, que nos salvará de nuestros conflictos internos, o bien que nos liberará de todas aquellas cargas que llevamos en nuestra mochila emocional. Desde estas falsas creencias idealizamos a la otra persona, viéndola como la sanación de nuestros estados de angustia y miedo. Una forma neurótica de vincularse con el otro que tiene más que ver con el egocentrismo que con el amor.

El segundo elemento que provoca que acabemos viviendo el amor como un sufrimiento es el concepto erróneo de amor con el que la mayoría de nosotros iniciamos una relación. Muchos de nosotros hemos crecido con la idea del amor romántico, que dista mucho del verdadero amor de pareja. Desde pequeños se nos enseña que el amor es como un cuento de príncipes azules y princesas de Disney. Los cuentos infantiles, las canciones de amor y las películas de Hollywood ya se encargan de inculcarnos este tipo de amor desde los primeros años de vida. Esta ideología va acompañada de unos introyectos que se  quedan grabados en nuestro inconsciente desde la infancia como pueden ser: “el amor siempre acaba ganando”, “el amor es para siempre”, “si aguantas el amor vencerá” o “el amor todo lo puede”… entre los más populares.

El amor romántico se encuentra vinculado con una primera fase de la relación denominada como enamoramiento, y que en ningún caso debe ser confundido con el amor de pareja propiamente dicho. Aunque aquí cabría preguntarnos si todos los enamoramientos son vividos como una película de Hollywood o un cuento de hadas. Personalmente discrepo ante esta idea, pues creo que el enamoramiento es diferente según cada persona, o punto de la vida en el que nos encontremos, y en consecuencia existe la posibilidad de que la época de enamoramiento sea vivida sin tanta proyección, ni deba suponer una confluencia total con el otro.

Según los expertos la fase de enamoramiento no suele ir más allá de los 18 meses, siendo una época en la que nos volcamos en la otra persona, o más bien dicho en el ideal que nosotros tenemos de cómo debería ser nuestra pareja. Durante esta época vemos poco a la otra persona, para centrarnos más en aquello que deseamos ver en ella. 

En el enamoramiento todo nos parece especial y único de esa persona, mientras aspectos como la atracción, la pasión y la excitación por estar con ella cobran protagonismo en nuestras vidas. Hasta aquí no hay ningún problema, siempre que seamos conscientes que esa época es finita; debemos tomar conciencia que esta fase de idealización y fantasía respecto al otro pasará con el tiempo. El camino de la relación nos llevará a un amor más real, un proceso durante el cual iremos descubriendo a nuestra pareja como realmente es, y no como esperamos que sea según nuestro ideal. De esta forma podremos llegar a una aceptación del otro, viendo sus cualidades, pero también sus defectos.

Hablando sobre el enamoramiento, y en palabras del psicoterapeuta Jaume Cardona, en su blog  cine y psicologia:

En el enamoramiento es el factor proyectivo, o la transferencia que se realiza sobre otro ser humano como “ser ideal”, “pareja perfecta”, “la mujer o el hombre de mi vida” o “el alma gemela”, el responsable de la intensidad con la que se vive ese encuentro. Obviamente, y en la medida que una relación se desarrolla, el factor idealizante choca con la realidad de la alteridad del otro que, en mayor o menor medida, se va manifestando. Ese choque del ideal con la realidad del otro es el que nos abre la posibilidad de evolucionar del enamoramiento al amor. En el enamoramiento amamos un ideal, en el amor amamos a otro distinto de nosotros”.

Cuando en el enamoramiento se mezclan los dos elementos que hemos mencionado anteriormente, es decir una muy baja autoestima, y una falsa concepción del amor de pareja, se produce un cóctel explosivo, en que el enamoramiento puede dar lugar al conocido como apego tóxico, derivando en relaciones de dependencia.


Al vivir el enamoramiento desde este tipo de apego, pasamos del “me encanta estar contigo” o “deseo estar contigo” al “te necesito”. Cuando vivimos apegados a nuestra pareja sentimos la imposibilidad de renunciar a ella; en estos casos nos resulta imposible cortar esa relación, aún a sabiendas que deberíamos hacerlo para salvaguardar nuestro bienestar físico y emocional.

“La paradoja del amor es, ser uno mismo, sin dejar de ser dos” Erich Fromm

El apego tóxico se caracteriza porque dejamos de tener la libertad de elección, volviéndonos dependientes de la otra persona. Así nos quedamos a merced de los deseos del otro, olvidándonos de nosotros mismos. Este tipo de apego es una vinculación obsesiva con la pareja, una adicción como lo puede ser estar enganchado a las drogas o al juego. El apego tóxico se sustenta en tres creencias fundamentales:

1. La otra persona es la fuente de mi felicidad y estabilidad emocional.

2. La pareja me va a dar una seguridad total en mi vida.

3. Esa persona da sentido a mi existencia, en consecuencia sin ella yo no valgo.

A continuación voy a comentar algunos indicios que pueden ayudarte a saber si estás viviendo el enamoramiento desde este tipo de apego.

1. Cuando sentimos que el deseo hacia la otra persona es insaciable, en otras palabras, cada vez necesitamos estar más tiempo con la pareja. Paradójicamente, por mucho tiempo que pasemos al lado de esa persona, nunca llegamos a sentirnos satisfechos.

2. Derivado del primer punto aparece el síndrome de abstinencia cuando esa persona no está a nuestro lado. Vivimos la ausencia del otro con angustia y malestar.

3. Aparece un descontrol interno, es decir uno vive con la sensación de no manejar su propia vida. La persona se siente incapaz de autorregularse por sí misma, no puede poner freno a sus conductas, aunque éstas vayan en contra de sus intereses vitales o de su bienestar.

4. Uno empieza a olvidarse de sí mismo, dejando de lado los deseos propios para centrarse exclusivamente en el otro. Se produce así una confluencia total con la pareja.

Para finalizar quisiera comentar que el enamoramiento no debería ser vivido desde el apego que acabamos de mencionar, así como que en mi opinión, hay enamoramiento más allá de aquel que Hollywood o los cuentos de hadas nos han querido vender. 

El enamoramiento puede ser una época muy bonita de encuentro con el otro, en la cual conectar con elementos como la alegría, la excitación, la ilusión, la pasión y el descubrimiento personal. Y por supuesto, un toque de proyección en la pareja que siempre va a ser inevitable durante esta primera etapa de relación.


Sin embargo cuando vivimos el enamoramiento deberíamos tener claro dos puntos clave; el primero es que las relaciones son un proceso de autoconocimiento y conocimiento mutuo, en que nosotros vamos a ir evolucionando, así como también lo va a hacer la otra persona y el sistema relacional que nos vincula a los dos. Si la relación sigue adelante, la fase de enamoramiento dará paso a otra época más consolidada, donde surgirá un amor más maduro y profundo.

El segundo punto es darnos cuenta qué las relaciones de pareja no tienen garantías de durar para siempre. Debemos asumir que una relación puede acabar en cualquier momento, pues nadie sabe cuánto tiempo vamos a estar con una determinada pareja.  Si tomamos conciencia de este punto, y si llegase el final de la relación, también será más fácil no desvalorizarnos, ni denigrarnos como personas, viviéndolo como lo que verdaderamente es, una experiencia dolorosa de la vida.

Leslie Beebe

Terapia Gestalt en Barcelona


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Los celos en pareja


Los celos en pareja. Uno de los principales motivos de discusión en la pareja, y que puede conducir al fin de la relación, son los celos.

Los celos en pareja

¿Por qué aparecen los celos?

Las causas por las que se originan los celos son diferentes, sin embargo en la mayoría de ocasiones suelen producirse como consecuencia de unos motivos que suelen ser comunes, como son: una profunda inseguridad personal, una baja autoestima, una poca confianza en uno mismo y un intenso miedo a la soledad, entre los principales.

La mayoría de nosotros tenemos dañada nuestra autoestima en mayor o menor medida. El motivo es que aunque el cultivo de la autoestima debería ser un aprendizaje básico en nuestra educación, permanece como una asignatura pendiente en nuestro desarrollo como persona. Por este motivo, es normal que al estar en pareja, en algún momento u otro, hayan surgido los celos. Los celos aparecen como una señal de alarma de que podemos perder a nuestra pareja, y eso nos hace conectar con miedos tan profundos, y a la vez tan humanos, como son el miedo al rechazo o el miedo al abandono. 

Esto no debería ser ningún problema si los celos no pasan de allí, es decir, de una sensación de la cual tomamos conciencia y aprendemos sobre ella.

Sin embargo, cuando los celos nos dominan e interfieren en nuestras relaciones (es lo que se denomina como celos patológicos), entonces nos encontramos con un serio problema de pareja, y es cuando deberíamos pedir ayuda.

La persona celosa parte de una concepción errónea a la hora de establecer relaciones de pareja, principalmente por los siguientes motivos:

En primer lugar busca en su pareja una seguridad, un afecto y un amor que son propios de la autoestima, y que por tanto antes de buscarlos fuera, debería darse primero a si mismo/a. Como consecuencia de este vacío emocional, el celoso o celosa siente una sed constante de atención y muestras de afecto por parte de su pareja, para así no entrar en contacto con esa falta de amor hacia sí mismo/a. Cuando el celoso/a estima que estas muestras no son suficientes, entonces aparecen en él/ella profundas sensaciones de abandono y rechazo, buscando de forma ansiosa esa seguridad que según el/ella debería darle su pareja.

En segundo lugar, la persona celosa establece unos vínculos de codependencia con su pareja, y no de amor. La pareja es vista como una posesión, y no como otra persona que tiene su propia libertad, y que haciendo uso de ella decide estar con nosotros. En estos casos la relación de pareja deja de ser un espacio mutuo donde confluyen el amor, el crecimiento, el aprendizaje y el respeto, para ser un espacio donde reina la desconfianza, el control y la posesividad hacia el otro.

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En un ambiente donde predominan los celos, es normal que aspectos básicos que caracterizan una relación sana de pareja, como pueden ser la confianza, la comunicación y el respeto mutuo, se acaben descuidando, por lo que hay muchos números que la relación acabe fracasando.

A diferencia de lo que la persona celosa piensa, mantener una actitud de control y desconfianza con la pareja acaba provocando lo que ésta más teme; el fin de la relación; de esta forma la profecía del celoso/a se acaba cumpliendo.

Si tienes, o has tenido, problemas con tus parejas como consecuencia de los celos, o bien te encuentras viviendo con una persona celosa, la terapia psicológica puede ayudarte a superarlo. Si quieres más información sobre como la terapia puede ayudarte, SIGUE ESTE ENLACE, o bien llama o whatsapp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

Si quieres conocer más sobre los celos, también puedes leer mi anterior artículo sobre este tema:


Leslie Beebe
Terapia Gestalt en Barcelona
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Las relaciones tóxicas


Las relaciones tóxicas. La mayoría de nosotros hemos vivido, o conocemos a alguien que ha sufrido de una relación tóxica. Cuando hablamos de relaciones tóxicas no solo hacemos referencia a las relaciones amorosas, pues existen otros ámbitos en los que se puede dar este tipo de relación, como las relaciones de amistad, los vínculos familiares o los entornos laborales.

las relaciones tóxicas

¿Qué entendemos por relación tóxica?. Describimos como relación tóxica aquel tipo de relación en que nuestra libertad personal se encuentra limitada. Además son relaciones en las que por algún motivo u otro no podemos salir de ellas, pues nos sentimos enganchados/as. Aunque la persona que vive una relación tóxica sufre, normalmente se justifica en excusas varias para no admitir la realidad del problema.

Los motivos por los que una persona se queda enganchada a este tipo de relación suelen estar vinculados a miedos muy primarios, como el miedo al abandono, el miedo a la soledad, el miedo a no ser capaz de enfrentarse a la vida solo/a, o la culpabilidad, entre otros.
Estos miedos resultan de tanta intensidad, que la persona prefiere seguir manteniendo una relación que le causa dolor, antes que hacer frente a sus propios fantasmas. Obviamente, muchas veces la persona no es consciente del problema, y suele ser necesario pedir ayuda profesional para poder salir de la relación tóxica. La terapia ayuda a la persona a darse cuenta del sufrimiento que le comporta seguir manteniendo un vínculo de este tipo. Una vez la persona toma conciencia del precio que está pagando por no enfrentarse a sus temores, entonces el cambio hacia una nueva realidad es posible.

¿Cómo saber si puedo estar viviendo una relación tóxica?. A continuación voy a describir algunas creencias y actitudes que son propias de una relación tóxica.

1. Mantener la idea que la pareja nos ha de llenar un vacío. Este tipo de creencia ha sido ampliamente difundida por el arte del cine. Hollywood ha hecho mucho daño en ese sentido. Un gran número de películas nos presentan el amor romántico como una falsa promesa, entendiendo la relación amorosa como una situación ideal que nos conducirá a la completitud de nuestro ser. Según este ideal, el encuentro con la persona soñada nos llenará de felicidad, desapareciendo sensaciones tan inherentes a la existencia humana como el vacío existencial o el miedo a la soledad.

Poner en nuestra pareja la responsabilidad de hacernos felices, aparte de irresponsable, es irreal, y acaba derivando en una profunda frustración, pues estamos pidiendo algo al otro que solo nosotros podemos darnos. Nadie puede ser responsable de llenar nuestro vacío existencial, a parte de nosotros mismos.

2. Ceder tu poder personal ante tu pareja. Cuando accedemos a las peticiones de nuestra pareja, no por amor o generosidad, sino por miedo (por ejemplo a no gustar o a ser abandonados, entre otros), estamos dando a nuestra pareja un poder sobre nuestra persona que no tiene, afectando negativamente nuestra autoestima, dignidad personal y autorespeto.

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3. Tener expectativas idealizadas sobre tu pareja. En múltiples ocasiones no vemos al otro como es realmente, con sus defectos y atributos, sino como nos gustaría que fuese. Sobre todo, en los primeros meses de relación, proyectamos en la pareja una imagen idealizada, que tiene más que ver con un ideal de perfección sobre el amor y las relaciones, que como la otra persona es en realidad. Esto es lo que en un primer momento podemos llamar enamoramiento, el cual en las relaciones sanas y con el paso del tiempo, debe ir dejando paso a un amor más estable y profundo. De esta forma nos reapropiamos de la proyección hecha en la pareja, para ver y aceptar a la persona tal y como es.

4. Creer que el otro va a cambiar. Es normal que mantengamos ciertas expectativas cuando empezamos una relación; sin embargo debemos tener mucho cuidado de no caer en una ilusión, y pensar que la pareja va a cambiar y ser como nosotros queremos. Nuestra expectativa de como debería ser el otro no deja de ser una idea en la mente, una fantasía, por lo que lo mejor en estos casos es dejarse vivir la relación, para así ir descubriendo a la pareja como es, con sus defectos y virtudes. 

Vivir una relación desde el “como deber ser el otro” únicamente nos conduce a la frustración y al sufrimiento. A partir de la aceptación del otro podemos construir una relación sana, y con buenas perspectivas de perdurar en el tiempo.

5. Utilizar el chantaje emocional y el “libro de agravios”. Uno de los síntomas de las relaciones tóxicas es la manipulación. La manipulación tiene diferentes formas, una de las más comunes consiste en justificar hechos propios del presente con acciones pasadas que hizo nuestra pareja, desde una actitud de resentimiento con la voluntad de hacer sentir culpable al otro. El objetivo de utilizar el chantaje emocional es que la pareja se sienta mal, y acabe accediendo a nuestras peticiones. Una forma típica de manipulación es el denominado “libro de agravios”; acciones del pasado que nos duelen, pero que en vez de expresar al otro en el momento oportuno, callamos y anotamos mentalmente, guardando el hecho con resentimiento, para así echarle en cara a nuestra pareja a la mínima que hay una discusión o un conflicto.

6. Sentirse culpable. Siguiendo con el punto anterior, el chantaje es una de las principales armas del manipulador emocional, y en consecuencia el responsable de muchas dinámicas tóxicas en las relaciones. Una de las técnicas utilizadas por el manipulador emocional es la de posicionarse en el rol de víctima, responsabilizando a su pareja de su situación. Esta actitud manipuladora despierta en la otra persona sentimientos de pena y culpa, por lo que acaba responsabilizándose de su pareja, cayendo en la trampa del chantaje emocional.

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7. Relaciones de codependencia. En las relaciones de pareja tóxicas suelen aparecer vínculos no saludables como la codependencia. En la codependencia uno de los miembros de la relación, o ambos dependiendo del caso, pierden su libertad personal y su individualidad en favor de la otra persona. En estos casos el vínculo que mantiene la relación unida no es el amor y la libertad de elegir, sino la necesidad y la dependencia hacia la pareja.

Para terminar, voy a comentar algunos indicios que nos pueden dar pistas sobre si estamos viviendo una relación tóxica. En caso que te sientas identificado/a con estas afirmaciones, lo más recomendable es que busques ayuda profesional que te permita salir de esta situación.

1. Habitualmente tengo pensamientos negativos sobre mi persona y dudo de mis capacidades.

2. No me siento atendido/a ni escuchado/a por mi pareja.

3. Con frecuencia me comparo con otras personas y me siento inferior.

4. Habitualmente me siento culpable.

5. Intento no hacer enfadar o llevar la contraria a mi pareja.

6. Intento siempre contentar al otro, y no suelo pedir o expresar mis necesidades a mi pareja.

7. No me siento feliz en mi vida.

8. Frecuentemente me enfado o me pongo triste porque accedo a hacer cosas que después me doy cuenta que no quería hacer.

9. Me doy cuenta de que vivo mi relación desde el control y la ansiedad hacia mi pareja.

Si quieres conocer más sobre las relaciones tóxicas, también puedes leer otros de mis artículos:


¿Estás en una relación tóxica?

Si crees que puedes estar enganchado/a a una relación tóxica, la terapia puede ayudarte a salir de ella. Pide más información en ESTE ENLACE o bien llama o whatsapp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

"Nadie dijo que por amar debes renunciar a tu identidad, y si es así, se equivoca" Walter Riso

Leslie Beebe
Terapia y Coaching Personal Barcelona
Tel. 645 368 714



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