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Como superar una ruptura de pareja


Como superar una ruptura de pareja. La mayoría de nosotros hemos pasado por alguna ruptura de pareja, por este motivo sabemos que el dolor que se produce en esos momentos es muy profundo. Algunos expertos equiparan el dolor de la ruptura a la muerte de un ser querido, pues ambos tienen en común que representan el inicio de un proceso denominado como duelo.


El duelo por una ruptura de pareja pasa por diferentes fases; la negación, la culpa, el dolor y la aceptación. La negación representa el instante de shock inicial, en el cual nos negamos a aceptar la noticia que todo se ha terminado. La negación es una fase importante dentro del duelo, pues amortigua el intenso dolor por la noticia recibida. La segunda fase es una época de enfado donde predomina la culpa; ya sea porque nos sentimos culpables por lo sucedido, o bien porque focalizamos nuestro dolor en forma de rabia contra nuestra expareja, culpabilizándola por lo sucedido. La tercera de las fases es la del dolor. Este es el momento en que nos permitimos expresar el dolor por la pérdida, y en que debemos dejar de resistirnos a lo sucedido. En palabras del psiquiatra Carl Jung; “Lo que resistes persiste, lo que aceptas te transforma”. La última de las fases es la aceptación, en la cual somos capaces de pasar página, plantearnos una nueva vida sin esa persona, y poner una distancia emocional a lo sucedido, haciendo una evaluación del pasado y aprendiendo de la experiencia compartida.

A continuación voy a comentar algunas pautas que nos pueden ayudar a superar una ruptura de pareja. Respecto a este punto, comentaré dos aspectos importantes. El primero es que es necesario transitar el dolor, pues es inherente al proceso de duelo. Las tentativas de evitar dicho dolor, ya sea buscando a otra pareja desesperadamente, o bien queriendo anestesiarse con el alcohol o algún otro tipo de droga, solo nos conducirán a perpetuar el sufrimiento por la pérdida. El segundo es que las pautas que comentaré son únicamente eso, una orientación, y por tanto no pretenden ser un remedio milagroso ante el duelo, ni seguramente tampoco funcionarán para todo el mundo. Una vez dicho esto, paso a enumerar dichas pautas.

1. No te enganches a la esperanza. Uno de los principales motivos de sufrimiento en un proceso de duelo es mantener la esperanza que la pareja volverá a nuestro lado. En este sentido lo que hacemos es mantenernos anclados en el pasado, reviviendo e idealizando los momentos que pasamos junto a esa persona. También es habitual proyectarnos en el futuro, imaginando una nueva vida con nuestra expareja. Vivir conectados al pasado o al futuro nos impide tomar conciencia del momento presente, que es el único momento real, pues el resto de pensamientos son solo fantasías creadas por nuestra mente.

Es importante plantearse qué aunque existiese la posibilidad de volver con esa persona, ahora tampoco sería el momento adecuado para ninguno de los dos, pues muy probablemente el intento acabase fracasando. En el momento presente nada ha cambiado, y si se ha roto la relación es porque existían motivos para que esto fuese así. Para sanar la herida y seguir adelante es necesario pasar por una época de separación, reparación emocional y aprendizaje. El final del duelo nos permitirá tomar conciencia de aquellos patrones personales y de relación que no funcionaban en la pareja, para de esta forma, ya sea con la misma, u otra persona, poder iniciar una nueva relación desde un mayor nivel de conciencia.

Volviendo al enganche con el pasado y el futuro, y con el objetivo de ayudarte a conectar con tu presente, una práctica aconsejable son los ejercicios de Mindfulness y meditación, los cuales te ayudaran a focalizar tu atención en el momento presente.

2. Deja de creer que una pareja está a tu lado para hacerte feliz. Los motivos que nos mueven a tener una pareja son múltiples. El factor socio cultural es importante, pues se nos educa con la idea que allí fuera en el mundo existe una persona que es nuestra media naranja y que nos va a completar y hacernos feliz. Con los años aprendemos que esta idea está bien para una película de ficción, pero muy poco o nada tiene que ver con lo que sucede en el mundo real.

Así mismo el hecho de tener pareja es visto de una forma favorable por la sociedad, pues nos envía el mensaje de que algo debemos estar haciendo bien, en otras palabras; somos aptos para la sociedad. Otros factores que nos impulsan a tener pareja pueden estar relacionados con nuestras necesidades de reconocimiento, de pertenencia, de seguridad, etc…

En muchas ocasiones buscamos en la pareja la satisfacción de toda una serie de necesidades personales que nada tienen que ver con el otro, y sí con nosotros mismos. Cuando buscamos en nuestra pareja compañía por miedo a sentirnos solos, seguridad para no sentirnos vulnerables, o aceptación para sentirnos validados, es cuando podemos estar viviendo nuestra relación de pareja desde el apego y la dependencia, pero no desde el amor.

Si quieres saber si vives tus relaciones desde el apego o bien desde el amor, puedes plantearte como te ves a ti mismo/a, qué visión tienes sobre tu persona y sobre tus capacidades. Si tus respuestas son negativas, te desvalorizas, o bien aparece tu pareja en la respuesta, es que quizás estés viviendo tu relación desde el apego, pero no desde el amor. Debes tener claro que el otro no puede darte aquello que tú no te estás dando a ti mismo/a, pues el bienestar y el amor nacen de nuestro interior. Cuando sentimos amor por nosotros mismos, también somos capaces de compartirlo con otras personas, pues el amor debe partir de un sentimiento de abundancia interior, y no desde la carencia.

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3. Abandona la idea que la ruptura es un fracaso. Todos venimos a la vida para nutrirnos y aprender de las experiencias que vivimos, por este motivo nadie dispone de un manual sobre como tener la relación perfecta. Para aprender sobre las relaciones es necesario experimentarlas, y vivirlas en primera persona. En consecuencia el fin de una relación no debería ser percibido como un fracaso o una tragedia, sino como un momento que aunque muy doloroso, nos abrirá las puertas a nuevos conocimientos y oportunidades.

El duelo se establece como un proceso de sanación, pero también de aprendizaje. La salida del duelo es un momento de crecimiento, una oportunidad para hacer un análisis de la experiencia vivida, aprendiendo sobre el rol adoptado en la relación pasada. Las parejas aparecen en nuestra vida para ayudarnos a crecer personal y espiritualmente, pues son un espejo de aquellas zonas oscuras que restan en nuestra sombra, y que por tanto debemos desarrollar. Realizar una evaluación de lo sucedido nos permite aprender sobre aquellos patrones disfuncionales que nos hacen sufrir, para así tener la oportunidad de cambiarlos por otros de más saludables en el futuro.

Hasta que no hagamos el aprendizaje pertinente, la vida seguirá poniéndonos esa prueba delante para que la superemos, en palabras del psiquiatra Carl Jung: “Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida, y tú le llamarás destino”.

4. No te culpabilices por lo ocurrido. Culpabilizarnos y castigarnos por lo que pudimos o no haber hecho en la relación, solo nos conducirá al sufrimiento, pues nos mantiene anclados en el pasado. Como he comentado anteriormente, nadie nace con un manual sobre la relación perfecta y exitosa. Así mismo como seres humanos también cometemos errores, aunque solo desde el error el aprendizaje es posible. El pasado ya no lo podemos cambiar, pero sí podemos aprender de la experiencia pasada para no repetir los mismos fallos con nuestras futuras parejas.


5. Difícilmente existe una pareja para toda la vida. Aunque existe la posibilidad que nos quedemos con una misma pareja durante toda la vida, en la sociedad actual no es lo más probable. En épocas pasadas esta creencia podía ser una realidad, básicamente por el rol que ocupaba la mujer en la sociedad, y también por unas creencias familiares fuertemente arraigadas, pero no porque el amor se mantuviese vivo en la pareja. En la sociedad actual, donde todo va muy deprisa y en la que valores como la constancia y el compromiso están en sus horas bajas, mantener una pareja de por vida es francamente complicado, y aunque quizás nos hemos ido al polo opuesto, donde no nos dejamos tiempo para integrar ningún tipo de aprendizaje en nuestras relaciones, la realidad es que resulta francamente difícil mantener una misma pareja para siempre.

Aunque podríamos hablar de diferentes propósitos a la hora de establecer una relación, como pueden ser el de la procreación o el de formar una familia, uno de los más importantes es ayudarnos en nuestro proceso de autoconocimiento y crecimiento personal. No elegimos a nuestras parejas por azar, aquello que nos atrae de otras personas tiene que ver con aptitudes y formas de ser que nosotros no tenemos desarrolladas, y que por tanto se mantienen en nuestro inconsciente. En este sentido la pareja nos hace de espejo de aquellas cualidades aún por desarrollar. El desarrollo de una relación iría de la siguiente forma; una primera etapa de enamoramiento, en la cual proyectamos todas aquellas cualidades que nosotros consideramos deseables de una pareja en la otra persona. Así vemos en el otro nuestra “pareja ideal”, “media naranja” o “la mujer o el hombre de nuestra vida”.

Con el tiempo ese enamoramiento debe dejar paso a una segunda estapa, que es la fase del amor, en la cual la proyección que hemos hecho en el otro va desapareciendo para convertirse en una visión más realista de la otra persona. Podemos decir que en la fase de enamoramiento amamos más un ideal, y en la fase de amor abrazamos a la pareja tal y como es, con sus luces y sus sombras. Es en este tipo de amor, cuando somos capaces de ver aquello que el otro nos pone delante para trabajar en nuestro proceso personal. Una vez desarrollado e integrado este aprendizaje, es posible que una parte de nosotros se sienta estancada, y busque salir de esa relación, impulsándonos a buscar otras parejas para seguir con nuestro proceso de crecimiento.

6. Pide ayuda. En la etapa de dolor del duelo, es importante tener a una o dos personas de confianza con las que podamos hablar y manifestar aquello que sentimos. Esta etapa se caracteriza por la necesidad de expresar nuestro dolor, permitiendo que la tristeza aflore.
No se trata de adoptar un rol de víctima, sino de tomar conciencia de nuestra necesidad de expresar, para así poderlo comunicar de forma asertiva a esa persona que nos va a apoyar. Si no dispones de nadie con quien hablar y expresarte, la terapia puede ser el apoyo y el acompañamiento ideal para estos duros momentos.

Si quieres saber más sobre los duelos y como superar una ruptura de pareja, aquí te dejo otros de mis artículos sobre el tema:



Si estás viviendo un duelo por separación y necesitas un acompañamiento, o bien sientes que eres incapaz de pasar página a tu relación anterior, la terapia puede ayudarte a recuperar tu equilibrio y bienestar. Pincha ESTE ENLACE para obtener más información, o bien contáctame en el 645 368 714, y te informaré sin compromiso.

Leslie Beebe
Terapia Gestalt en Barcelona
Tel. 645 368 714






¿Estás en una relación tóxica?


¿Estás en una relación tóxica?. Las relaciones de pareja no son tan sencillas como los cuentos y las películas nos han hecho creer. Las personas, como las relaciones, cambian a medida que pasa el tiempo, y esto supone un esfuerzo por parte de ambos miembros de la pareja por atender y cuidar de la relación. El respeto, la confianza, la cohesión, el cariño, el crecimiento mutuo y la buena comunicación son algunos de los elementos que deben ser tenidos en cuenta si queremos afianzar una relación saludable en el tiempo.

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En las consultas de terapia, nos encontramos con un gran número de personas que se encuentran muy alejadas de esta realidad, pues viven su relación de pareja desde el conflicto y el malestar, es lo que denominamos como relaciones tóxicas. Dentro de este tipo de relaciones se generan unas dinámicas altamente peligrosas entre la pareja, que incluso pueden llegar a situaciones de maltrato psicológico y físico si no se le pone límite.

Las relaciones tóxicas se caracterizan porque al menos uno de los miembros de la pareja mantiene un comportamiento y unas actitudes de conflicto y falta de respeto hacia el otro, lo que genera en la pareja un estado de vulnerabilidad psicológica y emocional.

En un gran número de ocasiones, la persona que está inmersa en este tipo de relación tóxica no se da cuenta de las situaciones de abuso a las que se ve sometida por parte de su pareja. Muchas veces la familia y los amigos son los que dan la voz de alarma, sin embargo en pocas ocasiones ésto sirve para que la persona pueda abrir los ojos y darse cuenta de la realidad que está viviendo.

A continuación voy a comentar algunos indicios que nos pueden indicar que nos encontramos ante una relación de pareja tóxica. Es importante tener en cuenta que para considerar que estamos ante una relación tóxica, deberían darse más de uno de estos indicadores, a la vez que también debería mantenerse en el tiempo.

1. Te das cuenta que no eres feliz con tu pareja. La relación ha dejado de aportarte ilusión y alegría, para pasar a sentirte infeliz, quizás triste, irritado/a o apático/a. Así mismo sientes incomodidad o nerviosismo al estar con tu pareja.

2. Has sufrido cambios en tu personalidad. Te das cuenta que la valoración que tienes de tu persona es pobre, y cada vez te sientes menos capaz para hacer cosas por ti mismo/a. Te invaden con frecuencia pensamientos del tipo; “no sirvo”, “no valgo”, “merezco lo que me pasa”, etc… También puede ser que hayas sufrido cambios drásticos en tu personalidad; quizás antes te mostrases como una persona abierta, sociable y optimista, y ahora te comportes de una forma totalmente opuesta.

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3. Trastornos de salud. A menudo sufres de malestar; puede ser que tengas dolores físicos, te sientas agotado/a al final del día sin motivo aparente, también que hayan aparecido pensamientos invasivos y recurrentes en los últimos tiempos, o bien sientas que tienes problemas para dormir o comer.

4. Sensación de pérdida de libertad y de confianza en la relación. Tu pareja quiere controlarte en todo momento, preguntándote donde y con quien estás. También te sientes vigilado/a en aspectos como el vestir, tu apariencia física… Poco a poco sientes que te vas alejando más de amigos y familiares, y que mantienes menos contacto con ellos. Incluso tienes conocimiento de la invasión de tu intimidad, pues sabes que tu pareja espía tu móvil y tus redes sociales.

5. Faltas de respeto continuas por parte de la pareja. Tu opinión ha dejado de tener interés y valor en la relación, tu pareja no te escucha, e incluso te acusa de no hacer nada bien. Son frecuentes los comentarios despectivos, de desvalorización y desprecio hacia tu persona por parte de tu pareja, incluso pudiendo llegar al insulto. Sientes que cedes en la mayoría de discusiones, dándole así la razón para no crear conflicto.

6. Resignación y servidumbre. Sientes que haces las cosas no por ti mismo/a, según tus deseos y necesidades, sino únicamente para contentar los gustos y demandas de la otra persona.

7. Justificación. Te ves justificándote ante ti mismo/a, o ante otras personas por el comportamiento abusivo de tu pareja. Tu actitud es no darle una mayor importancia al tema, o bien culpabilizarte de que eres tú quien no hace las cosas correctamente.

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8. Culpabilización. Tu pareja te echa la culpa de todo lo que está sucediendo entre vosotros, y tu acabas por creerte que es así, y que por tanto hay algo malo o erróneo en tu persona que te hace responsable de la situación. Esta culpabilización conduce a que con frecuencia aceptes los chantajes emocionales característicos de una pareja tóxica.

9. Autoengaño. Te dices a ti mismo/a que la otra persona cambiará y buscas razones que apoyen esa teoría. Puede ser que también creas que la relación es sagrada, y que por tanto debe mantenerse pese al sufrimiento que eso te comporta.

10. Consentimiento. En el terreno íntimo puede que consientas mantener relaciones sexuales con tu pareja, a pesar de que no tienes ganas, solo para complacerle o evitar que se enfade. También puede ser que aceptes prácticas sexuales con las que no estás de acuerdo, o bien que tu pareja te desprecie en este terreno, comparándote con otras parejas anteriores.

Si te encuentras viviendo una relación tóxica lo primero es tomar conciencia si tu integridad física corre peligro; si es así, debes pedir ayuda a las autoridades lo antes posible. Si te sientes perdido/a, puedes llamar al teléfono del maltrato, el 016, y allí te informarán sobre cómo proceder. Si quieres conocer más sobre este servicio, aquí te dejo un artículo:


En caso que ésta no sea tu situación, la terapia de pareja puede ser una vía de solución al problema. La terapia de pareja permite replantearse las dinámicas relacionales para así poder recuperar la comunicación y el equilibrio emocional dentro de la relación. En estos casos, y para que la terapia de pareja tenga éxito, es imprescindible que ambos miembros de la pareja se comprometan con el proceso de terapia, cosa que no siempre es posible. En otras ocasiones simplemente deberemos aceptar que no hay marcha atrás, y que la mejor opción es terminar con la relación si no queremos salir más perjudicados.

A continuación te dejo otro de mis artículos referente a las personas tóxicas.

Como tratar con personas tóxicas


"Si amarte significa hacer a un lado mi amor propio, mi vínculo contigo es tóxico, no me interesa" Walter Riso


Leslie Beebe
https://lnkd.in/d8mCUkV
https://www.milanuncios.com/psicologos/terapia-gestalt-en-barcelona-296562125.htm

Como Superar una Infidelidad


Como superar una infidelidad. Según datos del 2016 de la Vanguardia, en España se producen una media de 7 rupturas por cada 10 matrimonios. Uno de los principales motivos que explica esta elevada estadística es la infidelidad. En uno de mis anteriores artículos os comentaba la posibilidad de perdonar una infidelidad (CLICA AQUÍ para leerlo); hoy os hablaré sobre si una infidelidad debería ser causa determinante para finalizar una relación, y comentaré aspectos importantes a tener en cuenta en estos casos.

como superar una infidelidad

Existen múltiples causas que motivan la infidelidad en una pareja; factores neurológicos, de personalidad, de deseo sexual… sin embargo en la mayoría de casos la infidelidad se produce debido a una insatisfacción, ya sea originada por un problema personal, o bien por la propia dinámica de la relación.

Etimológicamente hablando, la palabra infiel se compone de 2 partes “in” y “fiel”. “In” significa no, y “fiel” hace referencia a la fe, tiene que ver con creer. Por tanto, al igual que en el ámbito de la religión, donde se llama infieles a aquellos que no creen en una determinada doctrina, el que es infiel en la pareja ha dejado de creer en la otra persona. Pero, ¿qué significa no creer en la pareja?, principalmente quiere decir que el infiel siente que no puede encontrar en la otra persona aquello que necesita o desea de la relación, por este motivo busca satisfacer ese deseo fuera.

No obstante nada es tan sencillo ni tan homogéneo como parece; en primer lugar muchas veces la persona infiel no tiene conciencia de aquello que le está pasando, simplemente ante un malestar o agobio que está sintiendo en su vida actúa de forma irresponsable, y busca la solución fuera de la relación. En estos momentos de incertidumbre, el infiel no se para a reflexionar qué le sucede y tampoco tiene en cuenta las consecuencias que sus actos pueden ocasionar en la pareja. Otras veces el infiel, aun siendo consciente que algo le falta en la relación, no se lo comunica a la otra parte. Los motivos de este silencio pueden ser diversos como la vergüenza, el miedo o la culpa, entre otros. En estos casos la persona infiel prefiere no enfrentar el problema con su pareja, y en consecuencia desvía su atención, buscando una solución alternativa fuera de la relación.

Sin embargo, no todo está perdido cuando se produce una infidelidad, muchas parejas retoman su relación, aun habiendo existido un episodio de este tipo.Obviamente cada caso es único y diferente, sin embargo antes de dar por terminada una relación por causa de una infidelidad, deberíamos tener en cuenta un par de factores; el primero es que no es aconsejable tomar decisiones en caliente. Esto significa que una vez la persona se entera de la infidelidad de su pareja debería dejarse un espacio para amortiguar el impacto de la noticia. Es importante que antes de actuar y tomar decisiones respecto a la relación, se deje un tiempo para que las aguas vuelvan a su cauce, y así poder hablar con la pareja en un ambiente relajado sobre lo sucedido. En segundo lugar, es recomendable no dejarnos influenciar por amigos, familiares e incluso por la propia pareja, respecto a qué camino seguir. Debemos tener claro que es una decisión difícil, no obstante es un paso que uno mismo debe tomar, sin influencias ni coacciones externas.

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Por último, quiero destacar toda una serie de creencias sobre la infidelidad, que a veces se confunden o malinterpretan. Tenerlas en cuenta nos puede ayudar a decidir qué camino tomar ante esta difícil situación.

La primera creencia es que la persona infiel lo es porque es una mala persona. Sin duda la infidelidad es un acto que genera un profundo dolor en la pareja, sin embargo en la mayoría de casos (salvo excepciones), la motivación inicial del infiel no es ser malvado/a con la pareja. En este caso podríamos decir que el dolor causado por la infidelidad es más una consecuencia, que no un motivo. Con ello no quiero decir que el infiel no sea responsable de sus actos, lo es plenamente, sin embargo no debemos juzgarlo como una persona maligna por ello. En caso que nuestra pareja nos haya sido infiel, deberíamos plantearnos si ha existido una intención inicial de hacernos daño por su parte, o más bien es una consecuencia de sus actos. Esta distinción nos puede ayudar a ver la infidelidad como un error cometido por el otro, y no como un acto de agresión intencionado contra nuestra persona.

La segunda creencia es aquella que nos dice que la persona infiel lo es porque ya no ama a su pareja. Aunque esta circunstancia puede ser cierta en algún caso, en la mayoría de situaciones no suele ser así. La mayoría de infidelidades no son motivadas por el desamor, sino que son producto de una falta de comunicación en la pareja, donde con frecuencia el infiel no ha expresado ni pedido aquello que necesitaba del otro. En otras ocasiones, la infidelidad es producto de una ineficiente gestión emocional por parte de la persona infiel. Independientemente del caso, cuando no hay amor en la pareja es más común que se produzca un abandono o una terminación de la relación, que no un acto de infidelidad.

La tercera creencia hace referencia a lo que podríamos denominar como opinión pública, la cual se manifiesta a través de diferentes discursos; un mensaje que seguro más de uno hemos oído es que si la infidelidad se ha producido es porque la persona traicionada no le estaba dando a su pareja aquello que necesitaba. Es frecuente oir este tipo de comentarios en entornos machistas, donde el infiel ha sido el hombre, y la mujer ha sido la perjudicada, haciendo sobretodo referencia al ámbito sexual. Curiosamente en estas situaciones no se explica la otra versión de la historia, donde se supone que la mujer debería tener telepatía, u algún otro don que le permitiese ver lo que piensa la pareja, pues en la mayoría de casos el hombre, ya sea por miedo, vergüenza u algún otro tipo de limitación, no expresa su necesidad a la mujer. Otras veces las opiniones se centran en que si se ha producido la infidelidad, es porque la pareja debía de carecer de algún tipo de aptitud o conocimiento que le impedía satisfacer a su pareja. Esta última creencia hace que muchas personas que han sido traicionadas se sientan culpables, porque sienten que hay algo deficiente en su interior que justifica el acto de infidelidad por parte de su pareja. Respecto a esta creencia me gustaría comentar un par de aspectos:

a)  En primer lugar decir que nada justifica una infidelidad, es decir que el infiel es totalmente responsable de sus actos, y por tanto no puede poner la responsabilidad de dicha acción en su pareja.

b) En segundo lugar, que la infidelidad nunca puede justificarse por deficiencias o carencias que el infiel pudiese sentir en la relación, o bien por formas de ser y proceder del otro, pues eso significaría pasar la responsabilidad de los actos propios a la pareja. Asimismo, la persona agraviada no debe tomar responsabilidad por el acto de infidelidad de su pareja, y por tanto tampoco debe sentirse culpable por ello.

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La cuarta creencia está relacionada con el ego de la persona agraviada. Cuando se produce una infidelidad se genera un intenso dolor en la pareja, una herida que, independientemente de cual sea el desenlace futuro, tardará en cicatrizar. La persona agraviada sentirá todo tipo de emociones y sentimientos; dolor, rabia, tristeza, abandono, traición… siendo una de estas heridas aquella que toca el ego. Cuando estamos en pareja nuestro ego siente que somos los únicos depositarios del amor de la pareja, entendemos el amor del otro como exclusivo y por tanto equiparamos amor con un cierto tipo de posesividad respecto al otro. Entendemos así que uno es único para el otro (de aquí surgen los tan problemáticos celos). En el momento que se produce la infidelidad tomamos conciencia de que ese amor no es exclusivo como nosotros creíamos, aunque de hecho nunca lo fue, lo que sucede es que hasta este momento no teníamos conciencia de ello. El darse cuenta de la pérdida de exclusividad del amor del otro supone un duro golpe para el ego.

Recuperarse de una infidelidad no es tarea fácil para ninguno de los miembros de la pareja, pero sobre todo para el que la ha recibido. En estos casos una de las bases de la relación; la confianza, se ha visto seriamente dañada, por lo que ambos miembros deberán de poner de su parte si quieren darse una nueva oportunidad. Sin embargo, como en toda crisis, pueden surgir nuevas oportunidades, si es que ambas personas se comprometen con ello. La infidelidad puede abrir nuevas vías de comunicación en la pareja, por ejemplo puede facilitar que la pareja hable de temas que hasta ahora no se habían tocado, o bien favorecer una comunicación más sincera entre ambos.

En los casos de infidelidad es importante trabajar de forma terapéutica en dos sentidos; el primero sería resolver los problemas de comunicación en la pareja (ya hemos dicho que la falta de comunicación es uno de los principales motivos por los que se produce la infidelidad). Por tanto, ambos miembros de la pareja deberían reunirse y hablar con calma de lo sucedido, permitiéndose expresar libremente y de forma sincera cómo se sienten respecto a la relación. La segunda tarea a desarrollar sería que la persona infiel realizase un trabajo personal, para así tomar conciencia de cuales son los motivos que le han llevado a actuar de forma irresponsable con su pareja.

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En ambos trabajos la terapia puede ser el espacio de escucha, comprensión y expresión necesario para que los miembros de la pareja puedan resolver este conflicto. El espacio terapéutico permite un ambiente objetivo y de no juicio para la pareja, en el cual encontrar soluciones constructivas ante una crisis de esta magnitud.

Si acabas de vivir una infidelidad, o bien necesitas un espacio de mediación para resolver problemas con tu pareja, la terapia puede ayudarte. Puedes pedir más información en el siguiente enlace,  CLICA AQUÍ o bien en el teléfono 645 368 714.

Leslie Beebe

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La Separación y Los Hijos

La separación y los hijos. Separarse de la pareja es uno de los acontecimientos que nos genera más estrés e inquietud en nuestra vida. Si además tenemos hijos en común, la cosa se complica. Debemos tener en cuenta que por duro que sea el momento, los niños son las personas más vulnerables de la familia, y los que más sufren ante la decisión de separarse, pues aún no disponen de las herramientas de gestión emocional suficientes. Por este motivo debemos ser nosotros, los padres, quien nos responsabilicemos de la situación, y nos encarguemos que el impacto emocional derivado de la separación sea mínimo para nuestros hijos.

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Si actualmente estamos viviendo un proceso de separación, es probable que tengamos dudas sobre la forma como debemos explicarlo a nuestros hijos. A continuación mencionaré algunas pautas que nos pueden ayudar en este sentido.

En primer lugar lo que debemos tener claro es que los hijos están por encima de nuestra ruptura sentimental. Con el fin de preservar este principio, debemos preparar la forma como comunicaremos la noticia a nuestros hijos. Esto significa acordar previamente la conversación con nuestra ex pareja. Una vez lleguemos a un entendimiento sobre qué decir y cómo decirlo, tendremos que hablar con nuestros hijos de forma conjunta. Es importante tener en cuenta que por muchas diferencias que existan con nuestra ex pareja, debemos dejarlas de lado y permanecer unidos en este tema, pues la responsabilidad en la estabilidad emocional de los hijos depende de los padres.

Es importante que la comunicación de la noticia se realice en un entorno relajado, así como también hacerlo sin prisas, dando una imagen de uniformidad sobre la decisión tomada. Si actuamos así evitaremos que los niños perciban que existen dos bandos, o que escuchen dos versiones diferentes de la misma situación, lo que puede generarles más inestabilidad y nerviosismo.

Debemos recordar que la comunicación debe ser clara y entendible para nuestros hijos, haciendo hincapié que la decisión tomada no tiene nada que ver con ellos, y que únicamente se producirán cambios a nivel de rutinas, pero no en el cuidado y amor que reciben de ambos padres.

A continuación podemos explicar a nuestros hijos los cambios que se producirán en su vida a partir de ese momento, como mudanzas, régimen de visitas, cambios de rutinas, etc…, siempre en un tono conciliador y de apoyo, que les aporte tranquilidad dentro de la incertidumbre que puedan sentir en estos momentos.

Es muy importante obviar el juicio y la crítica hacia nuestra ex pareja, pues esta actitud conduce a que los niños se sientan culpables de la separación. Es muy importante dejarles bien claro que ellos no tienen ninguna culpa de la situación que se está viviendo, exculpándoles así de cualquier responsabilidad. Como padres se debe hacer entender a los hijos, que pase lo que pase, estaremos a su lado apoyándoles incondicionalmente.

Por norma general a los niños les suele costar asumir la ruptura y adecuarse a las nuevas condiciones de vida, por este motivo como padres debemos ser pacientes. En los primeros meses después de la separación debemos procurar prestarles el máximo de apoyo emocional, dándoles afecto, amor y escucha. Sin embargo esto no significa que nos volquemos en exceso con nuestros hijos, pues esto podría agobiarlos, ni tampoco que les dejemos hacer lo que quieran, pues los límites de conducta deben seguir presentes.

Una vez que los hijos se encuentren en la nueva rutina debemos preservar su mundo de niños, esto significa dejarlos fuera de los posibles enfrentamientos con nuestra ex pareja. Es de vital importancia que evitemos los desprecios hacia la ex pareja, así como aquellos comentarios de crítica respecto a su forma de criar a los hijos. En todo momento debemos manifestar un respeto hacía el otro cónyuge y no hablar mal de él en presencia de los hijos, así como en ambientes donde los niños pudiesen escucharlo.

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Los hijos tampoco deben ser utilizados como un instrumento dentro de las disputas entre la pareja, ni tampoco deben ser el recipiente donde volcar nuestras emociones y sentimientos respecto a la ruptura. Es importante que entendamos que como más nos cueste a los adultos superar la ruptura, más tardarán los hijos en asumir la nueva situación.

Como padres debemos estar atentos a posibles cambios en la conducta de los hijos, pues las separaciones pueden alterar sus hábitos de estudio, de alimentación o de sueño. Aunque estas manifestaciones suelen ser reacciones normales en las primeras semanas después de la separación, no por ello debemos dejar de controlarlas, y si vemos que los problemas perduran en el tiempo sería aconsejable pedir ayuda profesional.

Dependiendo de la edad de nuestros hijos, las reacciones pueden ser diversas ante la noticia de la separación. Cuando los niños son muy pequeños, hasta los 4 años aproximadamente, les costará entender qué supone la separación de sus padres, por lo que a estas edades debemos prestarles la máxima atención. De los 4 hasta los 8 años ya comprenden el término de separación y pueden manifestar su malestar ante la noticia mediante diversas reacciones como; gimoteos y lloros, dolores de estómago, dificultad para dormir solos en su habitación, etc… A partir de los 8 años hasta la adolescencia los niños pueden mostrarse enfadados, molestos y en consecuencia adoptar una actitud rebelde y de desafío ante la autoridad paterna. En estos casos como padres no podemos tolerar este tipo de actitudes y debemos actuar en consecuencia, siempre desde unos criterios uniformes, para así no desautorizar a la otra figura parental.

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Debemos acompañar a los hijos en su expresión emocional. Es recomendable sentarnos a hablar con ellos, escuchar sus sentimientos y ayudarles a expresar aquello que están sintiendo. Si se sienten tristes y tienen ganas de llorar, debemos animarles a hacerlo, diciéndoles que mostrar la tristeza no es malo ni nada de lo que deban avergonzarse. Tampoco debemos atosigarles y preguntarles en todo momento como se encuentran, pues esto puede hacerlos sentir agobiados. Demasiada presión por parte de los padres conducirá a aquello que queremos evitar, que se encierren en sí mismos y repriman sus emociones. La forma de actuar es comentarles que siempre que lo necesiten nosotros estaremos a su lado.

Es muy importante no manifestar celos cuando los hijos pasan tiempo con el otro progenitor, ni tampoco interrogarlos sobre qué hacen o dejan de hacer cuando están con nuestra ex pareja. Esta actitud hace sentir al niño incómodo y puede generarle miedo al no saber qué decir. Debemos evitar poner al niño en situaciones comprometidas que le hagan sentir que debe escoger entre uno de los padres.
En la misma línea de lo que acabamos de hablar, es importante tener en cuenta que cualquier problema que pueda surgir con nuestra ex pareja debemos hablarlo directamente con ella, y no utilizar a los niños como mensajeros. Tampoco es apropiado hablar a los hijos sobre determinados temas que conciernen exclusivamente a los adultos, como pueden ser; juicios, temas legales, pensiones alimenticias, denuncias… Es fundamental que como adultos protejamos al niño de todas esas temáticas.

En ocasiones cuando se produce una separación estalla una guerra entre las dos familias, por lo que los adultos adoptan la actitud que el niño esté lo menos posible con la familia de su ex pareja, muchas veces como una forma de venganza o castigo. Debemos tener claro que al adoptar este tipo de actitudes el máximo perjudicado es el niño, el cual no entiende como de la noche a la mañana ha dejado de tener contacto con una parte de la familia. Es muy importante que el niño tenga derecho a disfrutar de toda su familia.

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Por último os dejo un cuento explicativo que puede ayudar a los niños más pequeños a entender qué supone la separación de los padres. Los cuentos son una herramienta de comunicación que funciona muy bien con los niños, ya que permiten explicarles en un lenguaje sencillo aquello que pasa en el mundo de los adultos.




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Terapia Gestalt en Barcelona


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Como Gestionar los Celos

Como gestionar los celos. Los celos pueden ser uno de los principales temas de discusión en la pareja, así como uno de los motivos que justifican el final de una relación. Por norma general son un claro síntoma de que algo no funciona correctamente en la relación, o bien en la persona que siente celos. El origen de los celos es variable; puede ser que surjan a raíz de una traición anterior, por problemas de inseguridad personal, o bien por falta de confianza en uno mismo, entre otros.

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En mi opinión el problema de los celos no se encuentra tanto en sentirlos, sino en la importancia que les damos y en la forma como los vivimos. Cuando los celos son infundados, manifestándose como una necesidad de control sobre la pareja y una desconfianza hacía la otra persona, entonces podemos estar hablando de lo que se denomina como celos patológicos. Los celos patológicos se caracterizan por un miedo intenso e irracional a perder a la pareja, por este motivo la persona celosa adopta toda una serie de conductas de control y vigilancia sobre el otro, para así evitar la tan temida ruptura.

El celoso vive bajo una desconfianza constante y en un estado de hipervigilancia permanente, comportándose de una forma controladora y dominadora con su pareja. Esta actitud le lleva a adoptar conductas del siguiente tipo: prohibir cosas al otro, llamarle continuamente, buscar indicios de posibles traiciones, interrogar a su pareja sobre donde va y con quien va en todo momento, etc… 
Todas estas situaciones provocan que la pareja se sienta cada vez más agobiada, y que por tanto se llegue a plantear terminar con la relación si el problema persiste.

Paradójicamente aquello que tanto desea evitar el celoso, es decir que el otro le abandone, finalmente se acaba cumpliendo debido a su actitud extrema de desconfianza y control. Los celos patológicos pueden llegar a obsesionar de tal forma a la persona que los sufre, que se acaben convirtiendo en el tema central de su vida, generando un gran sufrimiento y malestar.

Quien sufre de celos patológicos suele ser una persona con una gran inseguridad, una baja autoestima y una falta de confianza en sí mismo. Estos individuos presentan una percepción muy negativa, y poco realista sobre su persona. De igual modo, combinado con esa pobre opinión sobre sí mismos, también suelen poseer un juez interno muy estricto y perfeccionista que les alecciona sobre cómo deberían ser y como deberían mostrarse ante el mundo; una imagen idealizada y que se aleja de su esencia personal.

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Cuando la persona celosa está en una relación, y al recibir la atención y el amor de su pareja, ve cumplida esa imagen idealizada sobre si misma (por ejemplo ser atractiva, sociable, deseable, capaz, etc…). No obstante si su pareja no le presta la atención deseada, vuelven a surgir en ella sus dudas e inseguridades. Esta actitud acaba siendo como una droga, en que la persona celosa cada vez necesita más la confirmación de su pareja, y por este motivo va a desarrollar toda una serie de conductas de control y censura, con el objetivo de tener siempre cerca a su pareja y mantener así su imagen idealizada.

Si te sientes identificado con las conductas celosas, a continuación te dejo unas pautas para empezar a poner solución al problema. Sin embargo, y si este es tu caso, lo recomendable sería que buscases ayuda terapéutica para aprender a gestionar tus celos y aumentar tu autoestima.

1. El primer paso para superar tus celos obsesivos es que reconozcas que los celos no son una prueba de amor, sino una visión distorsionada de la realidad, la cual te lleva a actuar con un comportamiento obsesivo e irracional con tu pareja.

“Los celos son posesión, no importa como quieran pintarlos. Es asfixiar al otro en nombre de un amor enfermizo”. Walter Riso

2. Toma conciencia que solo conseguirás vivir un amor sincero y libre con tu pareja si primero te quieres a ti mismo. Una cosa es la autoestima; el amor y valoración hacía ti mismo, y la otra el amor en pareja, la segunda no puede sustituir la primera, solo complementarla. Cuando ponemos todos los huevos en la misma cesta, haciendo que nuestro bienestar dependa del otro, caemos en la trampa de la dependencia.  Vivir centrados en nuestra pareja anula nuestra identidad y nuestra independencia, afectando negativamente nuestra autoestima. En este sentido llegamos a creer que sin el otro no valemos o no somos nada, por este motivo necesitamos constantemente del apoyo externo para sentirnos bien. Trabajar tu autoestima te permitirá aceptarte y valorarte como eres, sin tener que esperar a que el otro lo haga por ti.

3. Acepta que las relaciones pueden ir y venir en tu vida, nada es inmutable. Algunas relaciones perduran casi toda la vida, y otras solo duran meses. Entiende que nadie es de tu propiedad, y que las relaciones se basan en un proyecto vital y sentimental en común, en que cada uno de los miembros de la pareja es responsable de sí mismo y de sus decisiones.

4. Es necesario que cada persona disponga de un espacio personal dentro de la relación, por este motivo debes respetar la libertad de tu pareja. Adoptar actitudes de control y vigilancia únicamente conducirán a que tu pareja se sienta cada vez más agobiada, lo que terminará por dañar vuestra relación. Piensa que tus ansias de control sobre el otro resultarán en aquello que más temes, ser abandonado por tu pareja.

5. Cuando surgen los celos no actúes de forma impulsiva. Identifica si existen razones justificadas para sentirlos. Evita hacerte películas en la cabeza, y contrasta tus ideas con la realidad. Es muy importante que hables y te comuniques con tu pareja, cuéntale cómo te sientes y aquello que te ha llevado a sentirte así. Escúchale y procura empatizar con él, pregúntate a ti mismo; ¿Cómo crees que te sentirías tú en su lugar?.

6. Es importante que no focalices tu vida exclusivamente en tu pareja. Procura fomentar tu vida personal con proyectos e ilusiones propias. Asimismo cultiva las amistades y actividades fuera de la relación; no debes, ni es saludable, hacer todo con tu pareja. Tener una “vida propia” aumentará tu autoestima, favorecerá tu creatividad e independencia y fortalecerá tu relación de pareja.

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7. Cuando aparecen los celos no reacciones instintivamente, piensa antes de actuar. No te dejes llevar por el impulso. Para unos segundos, céntrate en tu respiración y en tu cuerpo, siente que te está pasando y escucha que te estás diciendo a ti misma en esos momentos. Si sientes que tu pensamiento se dispara con mensajes catastróficos, vuelve a centrarte en tu respiración y en el momento presente. 

Una vez te sientas más calmada toma conciencia de tus pensamientos e identifica que creencias sustentan tu reacción negativa. Házte preguntas del siguiente tipo

¿Cúal es mi mayor miedo?, ¿Qué probabilidades tengo que eso pase?, ¿Qué experiencias previas sustentan mi creencia?, ¿Qué me aporta ese tipo de pensamientos?, ¿Tengo algún control sobre aquello que me preocupa / genera ansiedad?, Si viese esa actitud en algún amigo,¿Qué le aconsejaría?

8. Una vez tomes conciencia de tus pensamientos y las creencias que los sustentan, cuestiónatelas. Por ejemplo si tu creencia es: “todos los hombres son iguales (engañan a sus mujeres a la mínima que tienen oportunidad)”, plantéate si esa creencia es realmente cierta y si tienes pruebas fehacientes que eso siempre es así. Identifica si ese pensamiento corresponde con una realidad objetiva, o bien si su origen se encuentra solo en tu fantasía. Recuerda que el celoso no sufre por aquello que ve, sino por lo que imagina.

9. Trabaja la confianza en la relación. Como hemos dicho anteriormente no puedes controlar todo lo que tu pareja hace en cada momento del día. Cuando aparezca tu impulso de control puedes optar por dos alternativas; o bien dar un voto de confianza a tu pareja, o bien vivir en un estado de alerta constante, que únicamente te generará más ansiedad y puede acabar destruyendo tu relación.

10. Toma conciencia de la imagen que tienes sobre ti misma y de la forma como te valoras. Piensa que tu pareja ha elegido estar a tu lado por aquellas aptitudes, valores y formas de ser que ha visto en ti. Te ha elegido porque te quiere, te aprecia y te valora. Todos los miedos, inseguridades y desconfianzas proceden de un solo origen; tú misma. Por tanto es necesario que empieces a no dejarte llevar por los mensajes de desvalorización y crítica que te haces. Anota aquellas afirmaciones negativas y cámbialas por otras de afirmativas, que por tanto sumen y no resten tus niveles de autoestima.

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Para finalizar el artículo quiero hacer mención a aquellas personas que sufren los celos de su pareja. En el caso que esta sea tu situación, aquí te dejo unas recomendaciones sobre cómo actuar al respecto:

1.  No permitas que se vulnere tu persona ni tu intimidad. Habla con tu pareja y comunícale que sois dos personas diferentes, que os une un proyecto de vida en común, y que por tanto vuestra relación no se basa en la dependencia del uno en el otro. Déjale claro que sin libertad individual no puede construirse una relación de amor saludable.

2. No permitas que la persona celosa te manipule o te chantajee emocionalmente. Sentirse oprimido o culpable es síntoma que puedes estar siendo manipulado por tu pareja. Ten en cuenta que esta forma de relación en la pareja es tóxica y nada saludable para ninguno de los dos. Debes establecer unos límites claros, expresándole aquello que quieres y aquello que no dentro de la pareja. Si sientes que la actitud de la persona celosa permanece en el tiempo, e incluso sus actitudes de control hacía ti se intensifican, es recomendable que le pongas freno y le sugieras buscar ayuda terapéutica cuanto antes.

“Conoceremos el estado del amor solo cuando los celos, la envidia, la posesión y el dominio terminen. Mientras haya posesividad, no hay amor”. J. Krishnamurti

Si los celos y las inseguridades son habituales en tu pareja, la terapia es la ayuda que necesitas para recuperar tu bienestar. Para más información PINCHA AQUÍ. 

Recuerda que la primera sesión es gratuita.


Leslie Beebe
Terapia y Coaching Personal Barcelona
CONTACTO:





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