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Estrategias para ayudarte con la depresión

Estrategias para ayudarte con la depresión. La depresión es un trastorno que no debe ser tomado a la ligera. Muchas personas equiparan la depresión con una profunda tristeza, y aunque es cierto que la depresión viene acompañada de tristeza, la realidad es que va mucho más allá de esta emoción y requiere de terapia para superarla.

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Mientras que cuando hablamos de tristeza nos referimos a una emoción pasajera, la depresión es una psicopatología que se mantiene en el tiempo, presentando diferentes síntomas aparte de tristeza como son; apatía, angustia, abulia y sentimientos de desesperanza, entre los más destacables.

Superar un trastorno depresivo requiere de tiempo y esfuerzo por parte de la persona que la padece, la cual muchas veces no encuentra el apoyo necesario en su entorno más próximo. En este artículo vamos a ver algunas estrategias que pueden ayudar a las personas que sufren de depresión. No obstante, y como siempre me gusta recordar, no existen soluciones rápidas, ni remedios milagrosos cuando hablamos de superar este tipo de trastorno.

Otro aspecto importante respecto a la depresión es que es un trastorno que difícilmente podremos superar solos/as, sin ayuda profesional. En esta línea, si hemos sido diagnosticados/as de un trastorno depresivo, y paralelamente a la medicación que nos hayan podido prescribir, lo recomendable seria iniciar un proceso de psicoterapia que nos ayude a lidiar con la situación.

Algunas de las pautas que juntamente con la terapia, y con la medicación prescrita pueden ayudarnos a superar la depresión son los siguientes:

1. Cuida de tu aseo personal y de tu estado físico. Es importante que diariamente sigamos una rutina de aseo personal y de cuidado físico; levantarse de la cama, asearse y vestirse (aunque no se vaya a salir a trabajar, y se quede en casa), son rutinas básicas que nos ayudan a mejorar la imagen que tenemos de nosotros mismos, y en consecuencia elevan nuestra autoestima.

2. Cuida tu alimentación. Ya en la antigua Grecia, el médico Hipócrates nos anunciaba la relación entre bienestar y alimentación: «Sea el alimento tu medicina, y la medicina tu alimento». En esta línea es importante mantener unos horarios estables de comidas, así como llevar una alimentación equilibrada. El trastorno depresivo puede comportar alteraciones en nuestra dieta, como puede ser una pérdida de apetito, o bien una falta de atención en el tipo de comida que ingerimos, por ejemplo puede ser habitual el consumo excesivo de productos ultra procesados, o bien alimentos con un elevado contenido en grasas y azucares. A este respecto, selecciona el tipo de alimentos que consumes, y no abuses de alimentos no saludables como los dulces y la comida rápida.

3. Mantén unos buenos hábitos de descanso. Las personas que sufren de depresión me comentan que sufren de alteraciones en el sueño; algunas de ellas les cuesta conciliar el sueño, y otras sienten que su ritmo de sueño se encuentra alterado, al despertarse varias veces durante la noche. En cualquier caso es aconsejable seguir una rutina que favorezca el sueño, por ejemplo: irse a dormir a una misma hora, evitar las comidas copiosas y el consumo de alcohol en las cenas, así como eliminar el consumo de café y de bebidas excitantes las horas previas a irse a dormir. También es muy importante asegurarse de dormir en un entorno agradable, el cual favorezca el descanso. En esta línea, algunos de los puntos a tener en cuenta son; reducir la entrada de luz en la habitación, eliminar los ruidos del entorno y mantener una temperatura confortable en el dormitorio. En ese marco, aunque el ejercicio físico es recomendable para los trastornos depresivos, procura no practicarlo las dos horas antes de ir a dormir. El ejercicio físico activa nuestro cuerpo y puede dificultar la conciliación del sueño.

4. No te aísles. Aunque los procesos depresivos conllevan una mayor apatía y una tendencia al distanciamiento de la vida social, es importante que no te aísles completamente del mundo. En este sentido, procura mantener un contacto regular con familiares y amigos. Quizás tengas pensamientos y creencias limitantes respecto a este tema, por ejemplo decirte a ti mismo/a que ahora no eres una buena compañía, o que no vas a saber qué decir en una reunión social…. Si es así, tranquilo/a es normal.

No obstante es importante que no te dejes llevar por este tipo de pensamientos, pues solo favorecen a aumentar tu malestar y te anclan más en la depresión. Si te atreves a pasar a la acción, y conectar con amigos y familiares, te darás cuenta que al final la realidad no es tan terrible como imaginabas, y que el resto de personas están allí para ayudarte y acompañarte. Un ejercicio que puedes hacer al respecto es plantearte qué harías tú si un amigo o amiga estuviese pasando por una situación parecida a la tuya. Seguramente te darás cuenta que optarías por estar a su lado, sin esperar que esa persona tuviese que divertirte o entretenerte. La verdadera amistad va más allá de pasar solo buenos momentos con los amigos.

5. Mantén una rutina diaria. Algunas de las personas que acuden a terapia y sufren de depresión, están de baja laboral. Esto significa que algo tan rutinario como el trabajo, desaparece de la vida de estas personas. El hombre es un animal de rutinas, y por tanto, despertarse cada mañana sin una obligación, como  ir al trabajo, puede suponer otra dificultad añadida a la depresión. En esta línea, es importante que establezcas una rutina diaria de actividades; salir a dar un paseo, realizar ejercicio físico, el contacto social con amistades y familiares, así como actividades como la cocina, la jardinería, la lectura o el bricolaje, pueden ser algunas de las rutinas a incluir en tu día.

La depresión comporta las prácticamente nulas ganas por realizar actividades, incluso respecto aquellas con las que uno disfrutaba antes del trastorno depresivo. Por este motivo, esperar que el deseo y la iniciativa por ellas aparezca por arte de magia es una utopía. No esperes que las actividades que ahora realices te aporten placer, pues no lo harán. La finalidad de realizarlas no es pasarlo bien o disfrutar con ellas, sino simplemente mantenerte activo/a y ocupado/a. Ese es el primer paso. Si persistes y eres constante con la práctica de estas actividades, verás que progresivamente el placer por ellas volverá a tu vida.

6. No te culpabilices. La culpa es una emoción que suele aparecer en aquellas personas que sufren de depresión. Verse como una carga para la familia, o autocastigarse por creer que no se es lo suficientemente fuerte para superarlo, son algunas de las creencias erróneas que suelen acompañar los trastornos depresivos. En consecuencia, no te machaques, sé tolerante y compasivo contigo mismo. Acepta la situación tal y como es; culpabilizarte, frustrarte o sentirte decepcionado/a, aparte de mostrar una visión poco objetiva sobre la situación, tampoco te ayudará a cambiarla. Debes concienciarte que salir de la depresión es un camino, por lo que debes tener paciencia e ir planteándote objetivos día a día.

Otro factor que también debes evitar es compadecerte de ti mismo por la situación en la que te encuentras. La autocompasión promueve la pasividad por encima de la proactividad, lo que deriva en una retroalimentación de la depresión.

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Evitar los pensamientos de culpabilización y autocompasión es fundamental para que progresivamente puedas salir del estado depresivo. En esta línea es básico mantener nuestra atención focalizada en actividades y rutinas diarias, céntrate en el día a día y evita hacer planes a largo plazo. Asimismo, cuando alcances tus metas diarias, mira de felicitarte por ello y busca una forma de premiarte, por ejemplo dándote un baño relajante, o comiendo tu comida favorita (en este sentido, ojo con los dulces y comidas calóricas, pues tampoco es bueno abusar de ellas).

7. Evita automedicarte. Un gran porcentaje de personas que vienen a terapia sufriendo de depresión toman algún tipo de medicación. Aunque la medicación es un aliado para salir del estado depresivo, no es una solución definitiva al problema, siendo necesario un proceso de terapia que acompañe a esta medicación. La medicación siempre debe estar prescrita por un profesional médico, y nunca debe de alterarse su consumo sin la previa autorización del médico. 

Leslie Beebe

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El origen de la depresión

El origen de la depresión. Sentirse apático/a, triste o desesperanzado/a no significa necesariamente estar sufriendo de un trastorno depresivo. El entorno social condiciona nuestro estado de ánimo, en este sentido la crisis de la pandemia ha favorecido la presencia de emociones como el miedo, la desesperanza, el desánimo o la desmotivación entre la población. A este respecto, la presencia de estas emociones no es por sí misma un indicador de estar padeciendo un trastorno depresivo, sino más bien una alteración en nuestro estado de ánimo.

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A continuación voy a enumerar los principales síntomas que pueden indicar la presencia de un trastorno depresivo. Por norma general, el diagnóstico de un trastorno depresivo suele requerir de un par de supuestos; el primero es que los síntomas permanezcan un periodo superior a dos semanas. El segundo de los supuestos es que la sintomatología afecte a diferentes áreas de la vida de la persona, impidiéndole hacer sus tareas cotidianas.

Los síntomas más comunes relacionados con la depresión son los siguientes:

-       Un estado de ánimo triste /melancólico que se mantiene en el tiempo. También pueden ser indicativo de este tipo de trastorno las ganas de llorar sin motivo.

-    Una falta de motivación para realizar actividades; en especial aquellas que en el pasado producían satisfacción.

-      Dificultad para enfocar la atención en una tarea determinada. También pueden aparecer problemas de memoria o dificultad en la toma de decisiones.

-        Problemas relacionados con el sueño (sueño no reparador, insomnio…)

-        Aparición de ansiedad ante circunstancias que anteriormente eran consideradas rutinarias y sin peligro.

-        Dificultad para llevar a cabo tareas cotidianas.

-        Disminución o aumento del apetito.

-        Aparición de cansancio y dolor muscular sin aparente explicación.

-       Mayor irritabilidad, un aumento de la sensibilidad ante estímulos externos como el ruido, y cambios de humor habituales.

-        Tendencia al aislamiento y descuido de la apariencia personal.

-        Pérdida del deseo sexual.

Estos son algunos de los principales síntomas que pueden asociarse a un trastorno depresivo; sin embargo cada persona es diferente, y en consecuencia puede manifestar distinta sintomatología y en diferente grado. Así mismo, dentro de los trastornos depresivos, existen diferentes tipos, por lo que dependiendo del caso el médico puede diagnosticar uno u otro. En caso que te sientas identificado/a con este tipo de síntomas, lo recomendable sería que visitases a tu médico lo antes posible.

Al igual que los síntomas, las causas por las que aparece un trastorno depresivo pueden variar según cada persona. Por norma general, la depresión no suele estar motivada por una única causa, sino que la explicación suele ser más compleja, influyendo factores de diferente índole como de tipo social, familiar, biológico o psicológico. De la misma forma, existen elementos que pueden favorecer la aparición y el desarrollo de un trastorno depresivo como son el consumo de drogas, el abuso de alcohol, la toma de medicación o alguna experiencia traumática vivida.

Durante años, el origen de la depresión se relacionó con un desequilibrio químico en el cerebro, principalmente por un desajuste en los niveles de serotonina y noradrenalina. En este sentido se creía que la toma de medicación era la única solución para recuperar el equilibrio químico y superar la depresión. En la actualidad, han surgido diferentes teorías que contradicen la idea que la depresión tiene su principal origen en un factor químico, abriendo la puerta a una explicación de origen psicológico, y más concretamente a la idea que la depresión es una señal de alerta que nos avisa de una falta de satisfacción de nuestras necesidades psicológicas.

En relación con esta idea, es interesante la teoría del escritor Johann Hari, la cual queda plasmada en su best seller “Conexiones Pérdidas” (lectura que os recomiendo). Johann Hari sufrió de depresión en su adolescencia, y aunque admite que la medicación prescrita le ayudó durante un tiempo, afirma que no fue la solución definitiva para su problema.

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En su libro Hari nos describe nueve factores que conducen a la depresión, alejándose de la teoría que la depresión tiene su principal origen en un desequilibrio químico de nuestro organismo. Algunos de los factores que Hari menciona en su libro como causantes de la depresión son; la soledad, la falta de motivación existencial, un individualismo creciente, o la pérdida de valores como la solidaridad entre los seres humanos.

En palabras de Hari:

“ Tu depresión no es un problema técnico. Es una señal. Tu sufrimiento tiene sentido. Sientes esto por razones y esas razones pueden ser tratadas… la biología es real, pero es parte de una imagen más grande”.

Personalmente, coincido bastante con las ideas de Hari. Por este motivo, aunque opino que no deberíamos demonizar la medicación, tampoco debemos creer que es una solución definitiva a los trastornos depresivos. La combinación de medicación (siempre prescrita y supervisada por el profesional médico) con las sesiones de terapia, son la mejor solución para este tipo de trastornos. Mientras que la medicación aportará una estabilización emocional, la asistencia a terapia ayudará a la persona a encontrar las motivaciones que se esconden detrás de los síntomas depresivos.

Si has sido diagnosticado/a con un trastorno depresivo no debes subestimar tu situación. Debes tener claro que es muy poco probable que puedas superar este tipo de trastorno por ti mismo/a. Aunque a veces existen creencias erróneas al respecto, como que pedir ayuda es un síntoma de debilidad, o que la terapia es solo para gente mentalmente enferma, la realidad es que superar la depresión es una tarea que debe ser realizada con la colaboración de un terapeuta. La terapia te ayudará a salir de esta difícil situación que estás viviendo y a recuperar tu bienestar. Para más información CLICA AQUÍ.

Si quieres conocer más sobre los trastornos depresivos, te invito a que leas otros de mis artículos sobre el tema:

Clasificación trastornos depresivos

Tristeza o depresión

Pautas para enfrentar la depresión

 

Leslie Beebe

Terapia Gestalt en Barcelona


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El Trastorno de Pánico con Agorafobia


El trastorno de pánico con agorafobia. El denominado trastorno de pánico con agorafobia es un trastorno realmente molesto y limitante para la persona que lo sufre. Sin embargo es importante decir que no es un trastorno que suponga un problema grave, médicamente hablando, sino que su nivel de molestia recae en la interpretación de la situación que la persona hace, a partir de los síntomas que está sintiendo.

el trastorno de pánico con agorafobia

Existen tres componentes o grupos de síntomas claves que se asocian al trastorno de pánico con agorafobia, los cuales aparecen con una cronología concreta.

El primer grupo, y que aparece primero en el tiempo, corresponde a la crisis de ansiedad, o ataque de pánico. Las crisis de ansiedad se caracterizan por un inicio brusco e inesperado de diversos síntomas corporales como son: palpitaciones, temblores, sudoración, sensación de falta de aire, mareos, hormigueos en las extremidades, etc… Estos síntomas se acompañan de pensamientos en que la persona cree que su vida está realmente en peligro.

Contrariamente a lo que muchos puedan pensar, los ataques de pánico no aparecen ante situaciones de ansiedad elevada. De hecho, la mayoría de estas crisis aparecen en momentos en que la persona admite no tener motivo para estar ansiosa, incluso puede estar durmiendo o descansando. Por este motivo, cuando surge el ataque de ansiedad, la persona se asusta, pues es incapaz de relacionar aquello que está sucediendo en su cuerpo con un estímulo externo que lo explique. En estos momentos, la persona piensa que su cuerpo está fallando, viviéndolo como una enfermedad grave que puede poner en riesgo su vida. Una de las ideas más comunes que aparece ante un ataque de pánico es pensar que se está sufriendo de un ataque al corazón.

El segundo componente de este trastorno es lo que denominamos como ansiedad anticipatoria. Una vez la persona ha pasado por una crisis de ansiedad, aparece en ella un miedo a pensar que esta situación puede repetirse en el futuro, angustiándose por no saber ni cuando, ni donde puede volver a surgir una crisis de estas características. En consecuencia la persona empieza a vivir de forma tensa y angustiada, queriendo controlar un gran número de aspectos en su vida que le aseguren no volver a pasar por esta desagradable experiencia. Esta tensión afecta de forma negativa la vida diaria de la persona que lo sufre, perjudicando aspectos como la concentración, el rendimiento laboral o las relaciones sociales y de pareja.

El tercero de los componentes es la agorafobia. Aunque etimológicamente agorafobia significa miedo a los espacios abiertos, en psicología denominamos agorafobia al miedo que aparece ante situaciones que la persona cree son susceptibles de que aparezca una crisis de ansiedad. La ansiedad anticipatoria conduce a la persona a buscar espacios seguros, mientras evita todas aquellas situaciones en las que cree se puede volver a repetir una crisis de ansiedad. Es común que como consecuencia de este miedo la persona evite lugares concurridos, como pueden ser grandes almacenes o estadios deportivos, o bien espacios cerrados como un cine, el tren, el avión, etc…

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Si la agorafobia no es tratada conduce a una limitación progresiva de la libertad personal, pues cada vez son más espacios los que la persona cree susceptibles de que se produzca de nuevo una crisis de ansiedad.

En ocasiones las personas que sufren de ansiedad anticipatoria, e incluso de agorafobia, no recuerdan haber pasado por una crisis de ansiedad. A veces esto es posible, sin embargo si analizamos la historia personal, seguramente nos encontraremos con alguna situación del pasado en que se vivió una experiencia traumática, donde los niveles de ansiedad fueron elevados, y que por tanto explican el resto de componentes.

Es importante señalar que no hay personas más proclives a sufrir de ataques de pánico, todos estamos expuestos a ellos. La opinión de que las personas inseguras, nerviosas o miedosas tienen una mayor probabilidad de sufrir estos ataques es errónea.

Respecto al tratamiento que los profesionales médicos aconsejan para este tipo de trastorno, podemos destacar dos grandes vías; la farmacológica (utilizando antidepresivos y benzodiacepinas) y la psicológica (acompañamiento terapéutico del proceso).

Las benzodiacepinas son medicaciones que funcionan muy bien para reducir de forma rápida los síntomas asociados a una crisis de ansiedad, frenando en seco estos episodios. Son medicaciones que empiezan a hacer efecto de forma muy rápida, a los 15-20 minutos de haberse ingerido. No obstante no se consideran medicaciones tan efectivas para el tratamiento de la ansiedad anticipatoria y menos aún para la agorafobia. Si quieres saber más sobre las benzodiacepinas, puedes leer este artículo.

La antidepresivos (principalmente los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) se han comprobado como la mejor de las medicaciones para la ansiedad anticipatoria y la agorafobia, no siendo tan eficaces cuando la persona está viviendo una crisis de ansiedad, pues son medicaciones que tardan de dos a tres semanas en empezar a hacer efecto.

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La vía psicológica permite trabajar muy bien con los tres aspectos, sobre todo con la ansiedad anticipatoria y la agorafobia. Quizás en menor medida con las crisis de ansiedad, y más cuando éstas están en pleno desarrollo o son fuertes. No obstante, la ayuda psicológica es fundamental para poder superar este trastorno.

La mayoría de personas que han sufrido de una crisis de ansiedad tienen una elevada probabilidad de volver a sufrir otra en el futuro. La terapia nos permite conocer mejor qué motiva estas crisis y nos aporta herramientas de gestión y manejo para la ansiedad, por tanto en caso de que la persona vuelva a pasar por una crisis, los síntomas y los efectos van a ser vividos de una forma mucho más leve en el futuro.

La terapia permite a la persona interpretar de una forma diferente los síntomas que está viviendo durante una crisis de ansiedad, para así reducir sus efectos. Así mismo la terapia enseña a la persona recursos para enfrentar de una forma más eficiente este tipo de situaciones, lo que le puede ayudar a largo plazo. Mientras que el efecto de las medicaciones desaparece cuando dejamos de tomarlas, el efecto de la psicoterapia se mantiene en el tiempo.

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Si actualmente sufres de crisis de ansiedad, o de algún trastorno relacionado con la ansiedad o la depresión, la terapia puede ayudarte. Si quieres más información sigue ESTE ENLACE o bien llama o whatsapp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

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Pautas para enfrentar la depresión


Pautas para enfrentar la depresión. La depresión mayor es un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por la manifestación de uno o varios episodios depresivos durante un mínimo de dos semanas. La depresión mayor presenta una serie de síntomas, entre los más característicos destacan: un estado de ánimo depresivo, la anhedonia (pérdida de interés en realizar actividades o la capacidad para sentir placer), la irritabilidad, el decaimiento y la desesperanza.

PAUTAS ENFRENTAR DEPRESION

Debemos diferenciar entre pasar por una época de tristeza y sufrir de un trastorno depresivo, pues no es lo mismo. La depresión va más allá de sentirse triste, pues va acompañada de un par de síntomas muy característicos como son; una falta de iniciativa para realizar actividades y una incapacidad para sentir alegría o placer consigo mismo y con la vida, las cuales se alargan en el tiempo.  Así mismo las personas que padecen de depresión también pueden sufrir otros problemas físicos y psicológicos como son: insomnio, pensamientos suicidas, sentimientos de culpabilidad, pérdida o aumento de peso y fatiga, entre otros.

Cuando se pregunta a una persona que sufre de depresión como se siente, la mayoría de personas hacen referencia a unos sentimientos comunes:

Una falta de ganas por hacer actividades
Una sensación que nada merece la pena
La convicción que no van a poder salir de este estado y que no existe mejora posible
Una visión muy negativa sobre la vida y sobre si mismos

Las causas de este trastorno son variadas, dependiendo de cada persona y situación, y en la mayoría de ocasiones es difícil atribuir la aparición de este trastorno a una sola causa. Generalmente su origen se asocia a la interacción de diversos factores de tipo biológico, psicológico y social. También se ha vinculado la aparición de la depresión mayor con una falta de dopamina en el sistema de recompensa del cerebro. La dopamina es un neurotransmisor, y es considerado el centro del placer, ya que regula la motivación y el deseo. Cuando los niveles de dopamina son bajos pueden aparecer problemas de socialización, falta de objetivos, apatía o anhedonia, algunos de los síntomas asociados a la depresión.

La depresión es una patología seria, por lo que no debe ser tomada a la ligera. Si sospechamos que podemos estar sufriendo este trastorno, el primer paso es consultar con un profesional médico para que realice el diagnóstico oportuno. Por norma general la depresión suele ser tratada con la administración de medicación (antidepresivos) y con la psicoterapia. La depresión suele requerir un tratamiento a largo plazo, por tanto debemos tener paciencia para salir de ella, pues la recuperación lleva su tiempo.

TERAPIA DEPRESIÓN

La depresión no debe enfrentarse solo, y tampoco se debe utilizar únicamente el apoyo de familiares y amigos, que aunque importante en estos duros momentos, no es suficiente, siendo necesario la terapia, y en la mayoría de ocasiones el tratamiento farmacológico para superar la depresión.

El acompañamiento terapéutico es esencial para superar la depresión. El trabajo en terapia se centra en tres grandes focos:

1. Cambiar los patrones de pensamiento negativo por otros de más saludables y realistas.

2. Reactivar la vida de la persona a todos los niveles; a nivel físico, mental y social.

3. Aprender a enfrentar los problemas que vayan surgiendo, ganando en autoestima y seguridad personal.

A continuación te dejo con algunas pautas que pueden ayudarte a lidiar con la depresión. No obstante no olvides acudir a tu médico si crees que puedes sufrir de un trastorno depresivo. Las siguientes pautas no sustituyen la atención médica, tampoco la medicación ni la terapia necesaria en estos casos.

1. No hay remedios mágicos. El tratamiento de la depresión es un camino, no es nada fácil ni rápido salir de este estado. No obstante, no debes desanimarte, con constancia y trabajo los resultados acabarán por aparecer. Por este motivo aléjate de aquellas personas y terapias que prometen resultados rápidos, pues no existen ante este tipo de trastornos.

2. No te desanimes ni culpabilices por sufrir depresión. Como te he comentado, deberás tener paciencia para salir de este estado, pues requiere de un trabajo y un tiempo. Tampoco te culpabilices, ni busques culpables a tu estado. No obstante, piensa que tú eres el único que puede decidir salir de la depresión, y actuar en consecuencia, por tanto es tu responsabilidad. Si sigues la medicación prescrita, buscas ayuda terapéutica y eres constante con las sesiones, verás que poco a poco tu situación mejorará.

3. No futurices, simplemente programa tu día a día. Cuando aparece la depresión desaparece la ilusión por hacer actividades. En estos casos es muy normal que no te sientas con ganas de hace nada ni estar con nadie. Por este motivo no te plantees qué te hace ilusión hacer, porque la respuesta será nada. En este sentido mira de llenar tu día con actividades simples y concretas; salir a pasear, ir a tomar un café, leer una novela… no programes a largo plazo ni tampoco te fijes metas ambiciosas, pues no es el momento. Plantéate hacer un mínimo de una actividad al día, aunque no tengas ganas, debes esforzarte por llevarla a cabo.

4. No te agobies. Es muy importante que no te satures con obligaciones y responsabilidades, recuperar tu equilibrio emocional y cuidar de tu persona debe ser tu prioridad en estos momentos. No te presiones. Mira de delegar obligaciones y acepta que no puedes llegar a todo. Realiza las tareas de una en una, no intentes hacer más de una a la vez; antes de empezar con una nueva, acaba la que ya estés haciendo.

5. No te encierres en tu mundo. Aunque la depresión suele comportar el distanciamiento con amigos y conocidos, es aconsejable que no te encierres en casa ni en ti mismo. Por este motivo es muy importante que mantengas un mínimo de contacto social. Puedes escoger a una o dos personas de tu confianza, con las que te sientas a gusto hablando y con quien puedas expresar tus sentimientos de forma libre, sin miedo a ser juzgado. Hablar y expresar es fundamental para ayudarte a superar la depresión.

TRATAMIENTO DEPRESIÓN

6. Recupera aficiones/gustos. Un ejercicio que puedes hacer es apuntar aquellas actividades que te gustaba hacer y con las que disfrutabas antes de sufrir depresión. Seguramente cuando ahora piensas en esas actividades no tendrás ningunas ganas de ponerlas en práctica, es normal. Una vez tengas la lista de las actividades, dales una nueva oportunidad. No se trata de disfrutar con ellas, no tengas esa expectativa, pues seguramente acabarás frustrándote al no conseguirlo, sino simplemente piensa que lo haces para distraerte y llenar tu tiempo. Debes concebir la actividad como una medicina, que la tomas porque ahora la necesitas, pero no porque sea placentera.

7. Realiza ejercicio físico. Es importante que te des un espacio y un tiempo para realizar ejercicio físico. Se ha comprobado que practicar ejercicio físico de forma habitual aporta toda una serie de beneficios a las personas con depresión. Algunos de estos beneficios son:

La liberación de endorfinas, unas sustancias químicas favorecedoras de los estados de alegría. Un aumento de la liberación de norepirefrina (noradrenalina) en nuestro organismo, un químico que regula y modera la respuesta del cerebro al estrés. Por último realizar ejercicio físico de forma habitual contribuye a incrementar nuestra autoestima, al aumentar la valoración y la imagen que tenemos sobre nosotros mismos.

Puedes plantearte empezar con un ejercicio suave, por ejemplo salir a caminar durante 15 o 20 minutos a un ritmo rápido. A medida que vayan pasando los días aumenta el tiempo que dedicas a la práctica del ejercicio. Como todo en esta vida, no esperes resultados rápidos, es la constancia y el trabajo diario los que te conducirán a encontrarte mejor. Si perseveras en esta práctica, cada vez tendrás más cerca tu meta de sentirte mejor y más animado.

8. Racionaliza tus pensamientos. El trastorno depresivo va acompañado de pensamientos pesimistas y negativos sobre la vida, pero también sobre uno mismo. Son pensamientos desvalorizadores y limitantes, que perjudican seriamente nuestra autoestima. Algunos de estos pensamientos son del tipo: “no vales para nada”, “eres un inútil”, “eres estúpido”, etc…

No se trata de cambiar estos pensamientos por otros que nos hagan ver la vida de color de rosa, pero sí ser el máximo de realistas y objetivos posible respecto a la mirada que tenemos sobre el mundo y sobre nosotros mismos. Para ello, ante estos pensamientos negativos y derrotistas, podemos plantearnos las siguientes preguntas:

“¿Qué pruebas objetivas y reales sustentan esa idea?”, “ ¿Esa afirmación siempre ha sido así?, ¿desde cuando?”, “¿Alguien vendrá y me solucionará el tema?, “¿Qué está en mi mano hacer para cambiar eso?”,”¿Cómo me sentiría si cambiase ese planteamiento?”, “¿Qué le dirías a un amigo que tuviese esa idea para ayudarle?”.

9. Cuida de tu persona y lleva unos hábitos de vida saludables. Dentro de los denominados hábitos saludables destacamos el de llevar una dieta equilibrada, evitando alimentos preparados, las comidas con grasas y la bollería industrial, entre otros. También dormir las horas necesarias, así como evitar el alcohol y el consumo de otras drogas.

TERAPIA BARCELONA
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Si has sido diagnosticado de un trastorno depresivo, la terapia es fundamental para encontrar el equilibrio emocional perdido. Te acompaño en este proceso para que puedas volver a disfrutar de tu vida, recuperando así tu autoestima y tus ganas de vivir. 

Si quieres más información sobre la terapia sigue ESTE ENLACE o bien contáctame en el 645 368 714 (llamada o whatsapp) y te informaré sin compromiso.

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