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Ansiedad y discurso interno


Ansiedad y discurso interno. Un factor que influencia como nos afecta la ansiedad es el discurso interno que mantenemos con nosotros mismos. Dependiendo de aquello que nos decimos, y la forma como lo hacemos, nuestros niveles de ansiedad pueden variar notablemente.

ANSIEDAD Y DISCURSO INTERNO


Cuando hablamos de ansiedad nos referimos a la proyección que nuestra mente hace de una amenaza futura. Ante este estado nuestro cuerpo se prepara para enfrentar el peligro, activándose todas las alarmas, como si realmente la amenaza fuese real y estuviese en nuestro presente. La ansiedad surge como un miedo desproporcionado ante un estímulo que únicamente se encuentra en nuestra mente.

A diferencia del miedo como emoción básica, el cual nos protege de un peligro real y actual, la ansiedad nos limita, al fundamentarse en una fantasía que elabora nuestra mente.  En palabras del desaparecido psiquiatra KurtGoldstein:  “El temor agudiza los sentidos, la ansiedad los paraliza”.

Metafóricamente la ansiedad sería como un fuego y nuestro diálogo interno la leña que lo alimenta. Si tiramos mucha leña al fuego, al final se convierte en un incendio de enormes proporciones que difícilmente podremos llegar a controlar. Por este motivo es muy importante que tomemos conciencia de cómo funciona nuestro diálogo interno, para así evitar que la ansiedad nos desborde.

Sin duda, aquellos mensajes que nos enviamos afectan la forma como nos sentimos, y en última instancia los sentimientos influyen en nuestras acciones.

La mente ansiosa se expresa a través de una diversidad de manifestaciones: pensamientos derrotistas, distorsiones cognitivas, miedos infundados, creencias limitantes y generalizaciones erróneas. Todas ellas contribuyen a que nuestros niveles de ansiedad aumenten, así como los síntomas físicos asociados a ella.

La mente ansiosa se caracteriza por los siguientes aspectos:

-          Una interpretación distorsionada de la realidad
-          Una atención selectiva
-          Las generalizaciones erróneas
-          La exageración de lo negativo
-          Un deseo por querer controlar el futuro
-          La intolerancia a la incertidumbre
-          La sensación de no ser capaz

Una interpretación distorsionada de la realidad. La persona que sufre de ansiedad percibe la realidad como un cúmulo de estímulos amenazantes, muchas veces realizando valoraciones del todo irracionales. Por ejemplo; un ruido en la noche será interpretado por la mente ansiosa como un ladrón que quiere entrar a robar.

Difícilmente la persona ansiosa encontrará un estado de paz y tranquilidad, pues su mente está en una búsqueda constante de peligros. Vivir en este estado de alerta, durante un largo periodo de tiempo, puede conllevar problemas a nivel físico y emocional, pues nuestro organismo no está diseñado para ello.

Una atención selectiva. La persona ansiosa centra su atención en todo aquello que interpreta como negativo, amenazante o que puede ocasionarle un daño. Raramente la persona se centrará en aspectos positivos, o que le puedan dar una seguridad. La mente ansiosa se vuelve muy selectiva, viendo siempre el vaso medio vacío, sin tener en cuenta aquellos aspectos valorables de una situación.

No hay duda de que todos miramos al futuro intentando prever problemas y evitarlos, sin embargo cuando la ansiedad nos invade siempre esperamos que algo desagradable acabe sucediendo. En estos casos empezamos a preocuparnos de forma desmedida sobre el futuro, cuando en realidad no tenemos fundamento para pensar así.

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Las generalizaciones erróneas. La mente ansiosa percibe la realidad como si de un detector de amenazas se tratase, llegando a conclusiones muy negativas sobre el entorno y sobre sí misma. Esta interpretación distorsionada de aquello que sucede en el entorno conduce a generalizaciones erróneas, en que un hecho aislado se convierte en una regla. Las generalizaciones resultan en un aumento de los niveles de ansiedad y perjudican la autoestima de la persona. Expresiones extremas son características de este tipo de pensamiento, expresándose a través de palabras como: “siempre”, “todos”, “nadie” o “nunca”.

La exageración de lo negativo. Cuando la ansiedad nos domina pensamos que las cosas son mucho peores de lo que realmente son, exagerando nuestros pensamientos negativos.

Un deseo por querer controlar el futuro. La mente de la persona ansiosa se encuentra siempre un paso más allá del presente actual. Su deseo es querer controlar un futuro incierto, bajo la falsa y utópica creencia que tener ese control le aportará tranquilidad. De esta forma la persona pierde la vivencia del momento presente, en favor de una fantasía futura y negativa que recrea en su cabeza.

La mente ansiosa vive en una constante preocupación por aquello que pasará, pues no sostiene la incertidumbre futura. Por este motivo cree que pensando llegará a dominar un futuro incierto e incontrolable. La mente ansiosa necesita una seguridad, y por este motivo busca desesperadamente protegerse de las amenazas futuras. Sin embargo estas amenazas son difusas, pues no existen en la realidad presente, y por tanto no es posible saber cómo protegerse de ellas, lo que aún provoca más ansiedad en la persona.

Si eres una persona con tendencia a la ansiedad, piensa que toda la energía y el tiempo que inviertes en querer controlar el futuro solo te conducirá a no poder disfrutar de tu presente.

La intolerancia a la incertidumbre. La persona ansiosa desearía tener su futuro previsible y controlado, en todos los aspectos, aunque quizás si lo consiguiese se daría cuenta que vivir se convertiría en algo bastante aburrido. La mente ansiosa no sostiene no conocer el futuro, pues eso le impide poder protegerse de las amenazas que imagina le esperan en el camino. La imposibilidad por saber aquello que está por venir es lo que provoca en la persona malestar, y en consecuencia que sus niveles de ansiedad aumenten.

La sensación de no ser capaz. La persona ansiosa no solo está en un estado de alerta constante ante posibles amenazas, sino que también vive acompañada de toda una serie de pensamientos negativos y creencias limitantes sobre sí misma.

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Una vez la persona fantasea sobre las amenazas futuras, también aparece una voz en su interior que le comunica que no va a ser capaz de enfrentarse a aquello que tanto teme, pues le dice que no posee las cualidades necesarias para hacer frente a esa amenaza.

Cuando la persona oye estos mensajes, los cree a pies juntillas y por tanto se siente incapaz de superar las amenazas futuras, dudando sobre su capacidad y aumentando más la preocupación y la ansiedad. Así mismo esta actitud supone que la persona acabe adoptando una actitud completamente pasiva al respecto, augurando solo resultados negativos y dejando de lado las posibles soluciones al problema; esta actitud se denomina como indefensión aprendida.

La indefensión aprendida comporta que finalmente la auto profecía que la persona elabora sobre su inaptitud e incapacidad para superar los obstáculos se acabe cumpliendo. De esta forma se ratifica su visión catastrofista del futuro, así como la idea de inutilidad por su parte. En estos casos suele ser común que la persona tome personalmente actitudes o comentarios del exterior para juzgarse duramente y culpabilizarse.

La indefensión aprendida deja a la persona en un estado pasivo y de no acción, lo que la conduce a la victimización y a la no responsabilidad sobre aquello que le está pasando. Estas actitudes derivan en comportamientos evitativos, así como a proyectar la responsabilidad propia en otras personas. En estos casos cualquier circunstancia o individuo serán los responsables que justifican la no acción para salir de esta situación de malestar.

Obviamente actitudes como la evitación y la procrastinación, propias de los estados de ansiedad y miedo, no solucionan el problema, sino que empeoran aún más la situación.

Si quieres saber cómo gestionar tu ansiedad, y lo más importante, aprender a vivir más tranquilo/a, la terapia puede ayudarte. Para más información sigue ESTE ENLACE o llama o whatsapp al 645 368 714.

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Comprende tu ansiedad


Comprende tu ansiedad. El Consejo General de Psicología de España estima que nueve de cada diez españoles sufrieron de estrés y ansiedad en el año 2017.

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La ansiedad sigue siendo una de las asignaturas pendientes para la mayoría de la población; mientras que nos cuidamos a nivel físico y de alimentación, nos queda mucho por aprender a nivel de gestión emocional, y este es uno de los principales motivos que explican que los problemas de ansiedad se encuentren tan generalizados en nuestra sociedad. A continuación expondré algunos factores que favorecen a que los trastornos de ansiedad sean tan comunes entre nosotros.

1. Los medios de comunicación. Un elevado número de noticias e información que captamos durante el día se fundamentan en un concepto; el miedo. La ansiedad es un mecanismo natural que se activa cuando sentimos miedo ante una posible amenaza, la cual creemos que nos puede dañar. La finalidad de la ansiedad es anticiparse a ese peligro, con el fin de evitarlo. Estar rodeados de estímulos que promueven el miedo supone que nuestro estado de alerta se encuentre activado con frecuencia, por lo que los niveles de ansiedad aumentan y permanecen en el tiempo, perjudicando nuestra salud y bienestar.

2. La educación. Vivimos en una sociedad en que desde pequeños se nos enseña a mirar un paso más allá, focalizándonos en lo que está por venir y obviando la vivencia presente. Aprendemos a vivir más preocupados por lo que vendrá, que ocupándonos de aquello que nos pasa aquí y ahora. En esta tendencia a la futurización, también entra en juego el sistema capitalista en el que nos encontramos inmersos, el cual nos vende la idea que para ser felices debemos estar en constante movimiento, consumiendo bienes y servicios para alcanzar una utópica felicidad, una carrera que no tiene meta alcanzable y que nos sitúa en una insatisfacción constante con la vida y con nuestra persona.

Asimismo el sistema educativo se ha regido durante décadas bajo la idea que educar es únicamente acumular conocimientos. Este tipo de educación favorece al desarrollo de nuestro centro mental, sin embargo ¿Qué pasa con los otros centros de nuestro ser, como son el emocional y el instintivo?.  Este descuido en el sistema educativo contribuye a que en la vida adulta sigamos siendo unos grandes desconocedores de nuestras emociones y necesidades, lo que provoca graves problemas a nivel de gestión emocional

Igualmente, la educación más importante, la de los padres, también suele ser deficitaria en este sentido, no intencionadamente por supuesto, sino por un total desconocimiento, ya que los padres tampoco hemos sido instruidos en el campo emocional.

Ambos factores; el mantenernos en una carrera constante, focalizados en lo que está por venir, para así alcanzar una supuesta felicidad, y la inadecuada forma de manejarnos con nuestras emociones, son aspectos que favorecen a un aumento de los estados de ansiedad.

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3. La sociedad. En la actualidad vivimos en una sociedad en que cada vez debemos esperar menos para obtener aquello que deseamos, y en parte con el desarrollo de las nuevas tecnologías, eso es una realidad. Sin embargo aún existe una gran cantidad de aspectos en nuestra vida en los que la rapidez no tiene cabida, por lo que debemos recurrir a valores tradicionales como son el esfuerzo, la constancia y la paciencia para obtener lo que deseamos. Lamentablemente, una elevado porcentaje de la población ha ido olvidando estos valores, decantándose por la vía fácil de querer obtener resultados en el menor tiempo posible; en resumen, la ley del mínimo esfuerzo. 

Esta actitud genera una gran frustración e insatisfacción en la vida de muchas personas, al ver que no obtienen los resultados esperados cuando ellos quieren. Es irónico pensar que aunque todos damos por supuesto que si plantamos una semilla para que germine, ésta necesita su tiempo para dar su fruto, no entendamos lo mismo para muchos proyectos de nuestra vida.

Esta tendencia a la inmediatez nos hace ser cada vez menos resilientes ante la incertidumbre y el descontrol propios de la vida misma. Nuestros esfuerzos por querer mantener bajo control una vida incierta, así como una baja tolerancia a la frustración, es decir que en la mayoría de ocasiones la vida y las personas no son como a nosotros nos gustaría que fuesen, favorecen al aumento de los estados de ansiedad.
Como consecuencia de todos estos factores, es lógico que nuestros niveles de ansiedad sean elevados. 

4. Nuestro diálogo interno. La gran mayoría de nosotros tenemos un juez interno que siempre está vigilante, y que a la mínima que nos equivocamos nos inunda con expresiones nada amables ni comprensivas hacia nosotros mismos. Son comunes expresiones del tipo: “Ya te has vuelto a equivocar”, “No sirves para nada”, “No vales para esto”, y tantos otros mensajes que nos generan malestar y hacen tambalear el autoconcepto que tenemos sobre nosotros mismos. La presión que ejerce este juez interno, sin duda resulta en un aumento de nuestros niveles de ansiedad.

Por último es importante tener en cuenta que las reacciones que se producen en nuestro cuerpo durante los estados de estrés y ansiedad están diseñadas para funcionar de forma temporal, pero no permanente en nuestro sistema biológico. 
La secreción de adrenalina, noradrenalina y cortisol, propias de la respuesta ante el estrés de nuestro organismo, pueden ser perjudiciales si perduran en el tiempo, afectando negativamente a otros sistemas de nuestro cuerpo como son el sistema inmunitario, digestivo y cardiovascular, entre otros. Asimismo mantener activados estos estados de estrés, también puede derivar en otras patologías como el trastorno de ansiedad generalizada y los trastornos fóbicos, entre otros.

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Si sientes que el estrés y la ansiedad te limitan en tu vida, la terapia puede ayudarte a recuperar la estabilidad, así como darte las herramientas de gestión emocional necesarias para superar estos estados.

Para más información visita el siguiente enlace y te informaré sin compromiso.



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Ejercicios para Reducir la Ansiedad


Ejercicios para reducir la ansiedad. Vivimos en una sociedad acelerada, más centrada en el siguiente paso que debemos dar, que del momento presente. El desarrollo de la tecnología nos ha permitido ser más veloces y más eficientes en muchas áreas de nuestra vida, sin embargo en lo que se refiere a relacionarnos con la ansiedad, la rapidez y la aceleración resultan ser remedios ineficaces.

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Los síntomas vinculados a la ansiedad, como taquicardia, sudoración, dificultad en la respiración…nos hacen reaccionar ante ella desde la resistencia y la oposición. A nadie nos gusta sentir malestar, por este motivo deseamos que los síntomas pasen lo antes posible. Sin embargo en lo que se refiere a la ansiedad, no hay remedios rápidos. Es verdad que podemos ir al medico para que nos recete algún medicamento, como un ansiolítico, que nos libere de los síntomas temporalmente, sin embargo la medicación no es una solución definitiva, ni tampoco aconsejable a largo plazo. Asimismo si presentamos resistencia a la ansiedad, intentando controlar nuestras reacciones corporales, lo único que conseguiremos es aumentar nuestro malestar. 

El primer paso para lidiar con la ansiedad es aceptar que la sentimos. La ansiedad no nos va a matar, ni tampoco va a hacer que nos volvamos locos o perdamos el control; pensamientos que suelen ser recurrentes en una crisis de angustia. Por estos motivos cuando sintamos que la ansiedad aparece, lo más aconsejable es focalizar nuestra atención en la respiración, aceptando los síntomas de malestar que acompañan a la ansiedad. Al contrario de lo que creemos, cuando sentimos ansiedad no debemos hacer nada, lo más recomendable es parar, focalizar la atención en nuestra respiración y esperar unos minutos.

La ansiedad es un mensaje que nuestro cuerpo nos envía respecto alguna insatisfacción personal; puede estar relacionado con necesidades no satisfechas, deseos reprimidos o problemas de autoestima, entre otros. Para conocer los motivos que causan la ansiedad es aconsejable recurrir a un profesional de la terapia, el cual nos ayudará a conocer su origen, así como la mejor forma de tratarla.

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No obstante, y paralelamente a la ayuda profesional, también podemos practicar toda una serie de ejercicios de relajación y conciencia corporal, los cuales nos permitirán aliviar los síntomas vinculados a la ansiedad. Para realizar estos ejercicios debemos dedicar un mínimo de 10 minutos diarios, aunque lo aconsejable es de 20 a 30 minutos, para que así los resultados sean visibles en un plazo menor de tiempo. Una vez nos habituemos a estos ejercicios, los podremos aplicar en cualquier momento del día si sentimos que la ansiedad aparece.

Al principio de la práctica lo recomendable es realizar estos ejercicios en un lugar tranquilo, en el cual no podamos ser molestados, adoptando una posición estirada o bien de meditación, con la espalda y los hombros rectos. Asimismo es aconsejable combinar estos ejercicios de relajación con la práctica de algún deporte o ejercicio físico, los cuales también ayudan en gran medida a bajar los niveles de ansiedad.

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Seguidamente os comento algunos ejercicios sobre respiración y toma de conciencia corporal. Podéis ir variando de uno a otro según el día, para que así no os sea aburrido, e incluso con la práctica introducir los cambios que os parezcan oportunos. Recordad que lo más importante para obtener resultados es la constancia y la dedicación. Asimismo existen multitud de recursos en internet, como las relajaciones guiadas, las cuales también os pueden ayudar en este sentido. Aquí os dejo el enlace a una de ellas:


Ejercicio 1
Inhala contando hasta 6, mantén la respiración contando hasta 3 y después exhala contando hasta 9. Vuelve a contar hasta 3 antes de volver a inspirar. Todo por la nariz. (Si sientes dificultad o te mareas exhala por la boca).

Ejercicio 2
Estirado pon tu mano derecha en el vientre y tu mano izquierda en el pecho. Empieza a respirar de forma profunda, siendo consciente que tu vientre sube y baja, así como tomando conciencia del aire que entra en tus fosas nasales. Imagina que el aire que entra es energía, de color blanco, puro y el aire que expulsas es negro, el cual se lleva toda la tensión y negatividad de tu cuerpo. Intenta que las exhalaciones sean más largas que las inhalaciones.

Ejercicio 3
Para aliviar tensiones en tu cuerpo puedes hacer una relajación progresiva. Cierra los ojos, conecta con la respiración y empieza un escaneo por tu cuerpo, tensionando y relajando cada grupo de músculos. Tensa cuando inhales e imagina que la tensión se va con la exhalación. Comienza por los pies y dedos, sube a las rodillas, muslos, glúteos, vientre, pecho, brazos,  manos, cuello, mandíbula y ojos.
En este caso aspira por la nariz, cuenta hasta 5 mientras se tensan los músculos y después libera el aire por nariz, a la vez que liberas la tensión en tu cuerpo, contando hasta 9. Si te mareas o sientes dificultad exhala por la boca.

Ejercicio 4
En una postura cómoda, coloca el pulgar derecho en la fosa nasal derecha e inhala profundamente a través de la fosa nasal izquierda. Al llegar al pico de la inhalación, tapa la fosa nasal izquierda con el pulgar izquierdo y libera la derecha, luego exhala a través de la fosa nasal derecha. Continúa este patrón, inhalando por la fosa nasal derecha, luego cerrándola con el pulgar derecho y exhalando a través de la fosa nasal izquierda. Repetir cada serie de 8 a 10 veces.

Ejercicio 5
Se trata de realizar una inhalación larga y lenta, expandiendo el diafragma, para a continuación exhalar de forma rápida contrayendo el diafragma. Todo por la nariz. Inhalar lento y profundo y exhalar rápido y fuerte. Repetir unas 10 veces.

Si cuando realizas estos ejercicios te sientes indispuesto o mareado, para inmediatamente, estírate con la espalda recta en el suelo y las piernas elevadas. Vuelve a tu ritmo normal de respiración.

Espero que estos ejercicios te ayuden en la superación de tu ansiedad. Si quieres conocer más técnicas de relajación, o bien necesitas apoyo terapéutico para vencer la ansiedad, puedo ayudarte. Rellena el formulario de contacto, o bien contacta por teléfono o whatsapp en el 645 368 714  para más información.

"Si quieres conocer el pasado, entonces mira tu presente que es el resultado. Si quieres conocer tu futuro, mira tu presente que es la causa". Buda

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Como Vencer la Ansiedad Social

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La ansiedad social es uno de los trastornos que con mayor frecuencia me encuentro en mi labor terapéutica. La ansiedad social se origina por una serie de miedos relacionados con nuestra facultad de relacionarnos con el mundo; miedo a hablar en público, miedo a pedir o preguntar, miedo a los acontecimientos sociales, y tantos otros miedos que nos limitan y reducen nuestra libertad. Todos estos miedos si no son tratados, pueden  derivar en trastornos más severos como la fobia social y la agorafobia, entre otros.

Si somos seres que nacemos y vivimos en sociedad, la cuestión sería preguntarnos porqué surgen estas dificultades en la interacción que mantenemos con el resto del mundo. No hay una respuesta única y absoluta, depende de cada individuo, sin embargo en mi opinión existe un denominador común; el denominado autoconcepto. El autoconcepto es la opinión y el juicio que una persona hace sobre sí misma, en definitiva es la forma como nos percibimos. Dicha imagen no es innata, sino que se va formando con la experiencia, y evoluciona a partir de la relación que establecemos con el entorno. Este autoconcepto nace de la imagen que proyectamos en los otros, así como de aquella visión personal que recibimos del exterior. Con los años vamos aprendiendo que existen unas determinadas formas de ser y comportarnos mayormente aceptadas por la sociedad. Asimismo también existen otras imágenes que no están tan bien consideradas, y que por tanto optamos por no mostrar al resto. El motivo de esta evitación es el riesgo que sentimos que las otras personas nos puedan juzgar como no aptos o no suficientemente buenos. Por este motivo, desde muy pequeños invertimos gran parte de nuestro tiempo y recursos en adaptarnos a estos cánones sociales aceptables, para de esta forma evitar aquello que más tememos; el rechazo, aunque esto suponga mostrarnos al mundo desde una máscara, desde una identidad falsa. Con el tiempo, mostrarnos desde máscaras al mundo nos genera malestar, pues esto supone que no estamos siendo sinceros con el mundo ni con nosotros mismos. Este malestar nos provoca una tendencia a eludir, a no querer ver esa falsedad en nuestra persona, por este motivo empezamos a evitar todas aquellas situaciones susceptibles de que aparezca el temido rechazo. Cuando cogemos el camino de la evitación es cuando aparece la ansiedad social.

La ansiedad social surge por el miedo y la preocupación de no ser aceptados, de no ser queridos tal y como somos por el resto de personas.  Por este motivo empezamos a evitar entornos sociales, susceptibles de ponernos en una situación en que potencialmente podemos ser evaluados y juzgados por el resto de personas. Tememos que ante una situación social, el resto de personas se den cuenta de nuestro miedo, de nuestro nerviosismo, pues eso significaría mostrar nuestra debilidad, nuestro descontrol y nuestra fragilidad ante el resto, lo que imaginamos nos conduciría a ser rechazados.
Si nos dejamos llevar por este miedo, y empezamos a  evitar situaciones sociales, acabamos cumpliendo con aquello que más tememos; el ser rechazados, en definitiva es la autoprofecía que se acaba cumpliendo.



Si sufres de ansiedad social, te puedo ayudar. Llámame o WhatsApp al 645 368 714 o bien escribe a lesbcn13@gmail.com


A parte de la evitación, el miedo social también conlleva un elevado grado de ansiedad; una ansiedad derivada del intento de control de todos aquellos síntomas que no deseamos que los otros vean en nosotros. Como más intentamos controlar, más aumenta la ansiedad y menos disponibles estamos para mostrarnos de una forma natural y sincera ante los otros, por lo que en la mayoría de casos optamos por evitar la situación que nos genera sufrimiento. Esta actitud evitativa, aunque a corto plazo nos genera una calma, con el tiempo provoca que nos vayamos encerrando más en nosotros mismos, acrecentando nuestros miedos, y afectando de forma negativa nuestra autoestima. Progresivamente el miedo se va haciendo más grande, y nosotros nos vamos sintiendo más pequeños ante él.

Si sientes que el miedo y la ansiedad social están presentes en tu vida y limitan tú día a día, la terapia puede ser de gran ayuda. La única forma de vencer estos miedos y la ansiedad que generan es enfrentarse a ellos, experienciando aquellas situaciones que te provocan malestar. Sin embargo, en la mayoría de casos es difícil por uno mismo superar estas situaciones, y por este motivo  es conveniente recurrir a un apoyo externo. La sesión de terapia es un espacio de seguridad, en el que podrás poner en práctica otras formas más saludables de enfrentar las situaciones sociales que te generan miedo y ansiedad

Con el acompañamiento del terapeuta, y en un entorno de confidencialidad y respeto, poco a poco irás encontrando nuevas formas de vencer tus miedos y recuperar tu bienestar. A través de diferentes técnicas procedentes de la Terapia Gestalt, el Coaching y el Mindfulness aprenderás a superar tu ansiedad y tus miedos.



Si quieres liberarte de tu ansiedad y tus miedos, puedes contactar conmigo y te informaré sin compromiso. Así mismo, si estás interesado en estos temas, aquí te dejo otros artículos sobre esta temática:

El miedo escénico

Ansiedad y Terapia

Consejos para reducir la ansiedad



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El miedo escénico

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El miedo escénico es uno de los miedos más frecuentes en la sociedad actual. Como seres humanos sufrimos de múltiples miedos; a la oscuridad, a las alturas, a los sitios cerrados… sin embargo uno de los miedos más comunes es el denominado miedo escénico, conocido científicamente como glosofobia.  La palabra glosofobia proviene del griego; “glossa”, que significa lengua y “fobos”, que significa miedo o temor. Se define pues como el miedo a hablar en público.

En mayor o menor medida, la mayoría de nosotros ha pasado por una situación de miedo escénico; ya sea por una exposición que tuvimos que hacer en nuestra época de estudiante,  una presentación en el trabajo o bien una conferencia pública. Los síntomas físicos que acompañan a este miedo varían según cada persona, sin embargo cabe destacar algunos; como el aumento de la frecuencia cardíaca, el exceso de sudoración, la sequedad en la boca, el tartamudeo y las náuseas, entre otros.

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El origen del miedo escénico es variable, depende de múltiples factores como el carácter de la persona, la historia personal y las experiencias similares vividas en el pasado.  No obstante en mi opinión existe un denominador común en la mayoría de casos, y es el temor que surge en nosotros ante el juicio de los demás; ¿Qué pensaran los otros de mí si me equivoco, si no lo hago bien?. 
Este tipo de pensamiento parte de nuestro ego, el cual siempre quiere mostrar al mundo la mejor imagen de nosotros mismos, la mejor según nuestro punto de vista obviamente. En consecuencia realizamos grandes esfuerzos por esconder aquellas formas de ser propias, que tememos los otros puedan juzgar como no aceptables. En esta lucha por ser aceptados y queridos por el resto de personas, no nos damos cuenta que la aceptación primera y más importante es la que hagamos de nosotros mismos, sin ella es imposible encontrar esa validación personal en el exterior. 

La educación y la formación que recibimos de pequeños influye notablemente en esta forma de pensamiento; se nos incentiva a pensar que el resto del mundo es el que debe satisfacer nuestras necesidades y deseos, y cuando no es así no sentimos frustrados y nos culpabilizamos, sintiéndonos víctimas de todo lo que nos pasa. Ocupar un rol de responsabilidad y una actitud activa es el primer paso para empezar a cambiar nuestra disposición ante la vida. Para ello podemos hacernos nosotros mismos la anterior pregunta; “¿Qué pensaré yo de mi si me equivoco y no lo hago bien?”; la respuesta que nos demos será una muestra de la forma cómo nos tratamos, cambiarlo está en nuestras manos, y en estos casos la terapia puede ser de gran ayuda para acompañarnos en este proceso.

A continuación voy a compartir una serie de consejos para la próxima vez que os encontréis en la situación de tener que hablar en público.

Es importante tener claro que el miedo a hablar en público únicamente se supera enfrentándose a él. Técnicas como evitar, posponer y huir de las situaciones generadoras de miedo no son buenas consejeras, como dijo el escritor francés Antoine de Saint-Exupery; “La huida no ha llevado a nadie a ningún sitio”.  La mayoría de miedos proceden de una falta de confianza en nuestras posibilidades, lo que deriva en una inseguridad personal y una baja autoestima. Aprovechar las oportunidades de hablar en público nos ayudará a sentirnos cada vez más confiados, a ganar soltura y espontaneidad con la audiencia. De esta forma iremos creando una visión distinta de nosotros mismos, más apta, lo que favorecerá a que ganemos seguridad y autoestima en nosotros mismos y en nuestras posibilidades.

Debemos evitar la idealización que con frecuencia hacemos de personas que se desenvuelven con soltura cuando hablan en público. Con seguridad aquellas personas que idealizamos, también  tuvieron que enfrentarse a sus miedos y juicios en el pasado,  para así poder llegar al punto donde se encuentran ahora. Debemos cambiar pensamientos del tipo; “ que bien lo hace tal persona, yo no podría”, por  “si tal persona lo ha podido hacer, yo también podré”.  Es importante entender que en situaciones en que debemos exponernos ante el público la mayoría de nosotros siente miedo. La actitud recomendable ante el miedo  no es la de luchar contra él para no sentirlo, sino aceptarlo como una parte de nosotros mismos, y como una sensación inherente al hecho de exponernos ante el público. Debemos entender que la lucha por no querer sentir miedo, aún nos provocará mayores niveles de ansiedad.

Es aconsejable tomar conciencia que el miedo escénico procede de nuestra mente, principalmente de nuestro ego. El objetivo de nuestro ego es dar una buena imagen al exterior y controlar aquello que nos pasa, en vez de focalizarnos en el público. Por este motivo  es importante que cambiemos nuestro punto de vista; dejar de enfocarnos en lo que nos pasa a nosotros, para así centrarnos en algo que va más allá de nuestro ego, es decir en el mensaje que queremos transmitir. Debemos integrar la idea de que nosotros funcionamos como un simple canal, no somos importantes en la charla, lo importante son aquellos conocimientos que queremos compartir con el público que ha venido a vernos. En palabras de Alejandro Jodorowsky, “Tu miedo termina cuando tu mente se da cuenta de que es ella la que crea ese miedo”.

Es importante tener en cuenta que las personas que han venido a la charla lo hacen con una predisposición a escuchar aquello que queremos compartir con ellos, y no a  juzgarnos ni tampoco a hacernos pasar un mal rato. Como oradores debemos entender que independientemente de que lo hagamos mejor o peor, lo importante será  la interpretación que cada persona realice de nuestro mensaje. Como cada individuo percibe el mundo de forma subjetiva, podemos decir que habrá tantas charlas como número de asistentes, por lo que como oradores es inútil ponernos presión en “hacerlo bien”,  pues está fuera de nuestro control la forma en que cada uno de los asistentes perciba dicho mensaje. Nuestro objetivo debe ser compartir los conocimientos y la experiencia con el público, dejando de lado nuestra actitud egoica.

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Una forma de romper el hielo con el  público en las presentaciones, a la vez que reducimos nuestro estado ansioso, es comunicar nuestro miedo a la audiencia. Una vez expresamos abiertamente el temor que sentimos a hablar en público, una parte de nosotros se relaja.

Es aconsejable que practiquemos y ensayemos la presentación. Este aspecto nos ayudará a ganar confianza y a pulir nuestro discurso. Si lo hacemos en casa podemos grabarnos, para así poder ver qué aspectos deseamos mejorar.

Una vez empezada la conferencia, debemos evitar querer correr y obsesionarnos con no olvidar nada de lo que queremos comunicar. Es importante hacer pausas, por ejemplo una opción es tener un vaso de agua cerca para ir bebiendo, esto ayuda a aclarar la voz y también a pautar el ritmo de la charla.

Es recomendable llegar con antelación al lugar del acto, familiarizándonos con él y así comprobar que todo lo necesario; luces, equipo informático, música… se encuentra a punto para empezar la charla.

Minutos antes de la conferencia podemos guardarnos unos instantes para estar en contacto con nosotros, con nuestro cuerpo y nuestra respiración. Practicar la respiración diafragmática nos ayudará a oxigenar el cuerpo y a estar más tranquilos al empezar.

Es importante apoyarnos en la tecnología para facilitar nuestro discurso, bien a través de diapositivas que nos ayuden a estructurar la charla, objetos a los que hacer referencia o bien fotos que ayuden a hacer más gráfico nuestro mensaje, facilitando así la comunicación con el público.

Relativizar la situación, preguntarnos ¿Qué es lo peor que me puede pasar?, seguramente la respuesta no es tan catastrófica como la habíamos futurizado a priori. En caso de equivocarnos, entender que no pasa nada.  Si cometemos un error podemos relativizar su importancia con humor, riéndonos así de la situación vivida y entendiendo que la importancia que le demos únicamente tiene que ver con nuestra exigencia egoica de tener que mostrar una determinada imagen ante el público.

Espero que estos consejos os sean de utilidad cuando os enfrentéis al hecho de tener que hablar en público. No obstante, si este miedo se ha convertido en un obstáculo en vuestra vida personal, o bien sentiis que os limita en vuestra actividad laboral,  es aconsejable recurrir a la ayuda profesional para superar esta situación. La terapia es una forma de conseguir superar tus miedos, y permitirte ser capaz de afrontar este tipo de situaciones desde una actitud de  mayor seguridad y confianza en ti mismo.

Si estás interesado en la ansiedad y los miedos, y quieres saber como la terapia puede ayudarte, aquí te dejo otros artículos relacionados:

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Ansiedad y Terapia

terapia y ansiedad

La ansiedad es un trastorno con el que terapeutas y psicólogos nos encontramos cada vez con más frecuencia en terapia. Las molestias derivadas de la ansiedad pueden ser diversas, dependiendo del carácter y de las vivencias personales de cada individuo.
A continuación os voy a citar algunos comentarios que me han hecho llegar algunos clientes respecto a cómo viven su ansiedad.

“Me despierto por la mañana como si tuviese un señor sentado en mi pecho”
“ Siento como voy acelerado todo el día, como si alguien me empujase a hacer más y más”
“Durante el día siento como si me faltase el aire”
“Vivo con la impaciencia a todas horas”
“ Es como si fuese montado en un cohete todo el día”
“Parece como si viviese muy rápido, a una marcha más alta que el resto de la gente”

Asimismo estas personas también me comentan que paralelamente a estas sensaciones, también sufren de síntomas físicos como dolores musculares, insomnio, trastornos digestivos y dolores de cabeza, entre otros, los cuales les dificultan su día a día, y empobrecen su calidad de vida.

¿Cuáles son las causas de la ansiedad y cómo podemos superarla?; algunas personas justifican su ansiedad con el ritmo acelerado en el que viven, característico de nuestra sociedad occidental. Aunque es verdad que el entorno en el que nos movemos influye de forma considerable, también lo es que no deberíamos proyectar dicho malestar en el mundo. Es importante tomar conciencia que la forma como nos afecta aquello que vivimos reside en nosotros, y en la actitud que adoptemos frente a ello, y no en el exterior. Adoptar una actitud de responsabilidad frente a aquello que nos pasa, es la base para poder gestionar de una forma más eficaz nuestra ansiedad.

Por este motivo, como terapeuta opino que el origen de nuestra ansiedad no se encuentra tanto en las circunstancias externas que vivimos, como en la forma como las vivimos.
Personalmente concibo la ansiedad como un mensaje que nos envía nuestro cuerpo para indicarnos que hay algún aspecto de nuestra vida que no acaba de funcionar, y con el que no acabamos de estar a gusto.  Los síntomas asociados a la ansiedad nos avisan que hemos llegado a un punto en que no podemos seguir viviendo de la forma en que lo hemos hecho hasta ahora, y por tanto nos urgen a tomar cartas en el asunto. 

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La ansiedad nos indica que de alguna forma nos estamos engañando, traicionando a nosotros mismos, pues seguramente estamos haciendo algo que no es coherente con nuestra esencia. Una traición que se refleja viviendo de una forma que no es congruente con lo que somos, ni con aquello que realmente queremos o necesitamos.  La ansiedad nos incita a tomar una actitud activa y responsable para cambiar esa situación.

Los motivos por los que nos auto traicionamos son múltiples y difíciles de enumerar, pues dependen de la personalidad de cada individuo y su historia personal, sin embargo algunos de los más comunes son;  miedos,  baja autoestima, inseguridad, complejos, dependencias emocionales, mandatos familiares adoptados como propios, etc… encontrándose unos relacionados con otros en la mayoría de casos.

Por este motivo mi primera intervención terapéutica ante situaciones de ansiedad suele ser siempre la misma; que la persona revise en que ámbitos de su vida siente malestar, extrañeza o incomodidad. Una vez la persona es capaz de ubicar esa insatisfacción en alguna faceta de su vida, empieza el trabajo terapéutico.  

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La terapia va a permitir que la persona ponga luz en aquellas áreas de su vida en las que siente insatisfacción, para así tomar las medidas oportunas que le ayuden a recuperar el rumbo en su vida, y en consecuencia reducir su ansiedad.

Es importante entender que únicamente podremos vivir en paz con nosotros mismos, y con el mundo que nos rodea, si lo hacemos desde una actitud genuina, sincera y responsable.

Si quieres leer más sobre la ansiedad, así como conocer algunos consejos sobre cómo reducirla, aquí te dejo otros de mis artículos relacionados con el tema.




Leslie Beebe

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