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El ego, ángel o demonio?


terapia gestalt barcelona

“Recortas y moldeas tu pelo pero casi siempre olvidas recortar y moldear tu ego” AlbertEinstein

Existen corrientes de pensamiento espiritual, “new age” como algunos las denominan, que afirman que si queremos crecer como personas y elevar nuestro nivel de conciencia es necesario liberarnos de nuestro ego. Por tanto el ego es visto como una parte de nosotros que de alguna forma debemos suprimir si queremos contactar con nuestra esencia. Este es un discurso atractivo y recurrente para muchos libros de auto ayuda, aunque en mi opinión se encuentre muy alejado de la realidad que comporta un proceso de crecimiento personal.

El “ego”, palabra que proviene del latín y significa “Yo”, podría ser definido como la carta de presentación de nuestra persona ante el mundo, la cual viene condicionada según la circunstancia en la que nos encontremos. El ego no deja de ser un reflejo de la opinión que los otros tienen de nosotros, no es por tanto nuestro verdadero ser. El ego vendría condicionado por el entorno en el que hemos crecido y nos hemos educado, funcionando a partir de una serie de estrategias que la persona adopta para sobrevivir emocionalmente en el mundo que le rodea. Sin el ego no nos hubiese sido posible organizar nuestra personalidad de forma que pudiésemos integrarnos en el mundo, ser parte de él, interactuar con el entorno y desenvolvernos con soltura. El ego que aparece primero es el relacionado con el entorno materno y paterno, con aquella imagen que los padres piensan que debe ser su hijo y que proyectan en él. El niño introyecta esta forma de ser bajo la amenaza subyacente que si no se comporta y actúa según la imagen de buen hijo, sus padres no le van a querer. Cuando el niño crece y sale al mundo aparecen nuevas formas de “deber ser” pues las opiniones de otras figuras; como profesores, tutores y amigos, van sumándose a la imagen reflejada de como uno debe mostrarse y comportarse en las relaciones humanas

Cuando la persona llega a la edad adulta, y si no se produce una toma de conciencia de las propias máscaras, ni de responsabilización de la propia vida, entonces se corre el peligro que el ego haya pasado de ser una estrategia a una creencia. Es decir que el ego controle a la persona de tal forma que éste ya no sabe quién es él realmente. Estrategias que la persona ha utilizado a su favor en la infancia y que han tenido buen resultado, por ejemplo posicionarse en un rol de víctima para atraer la atención de la madre, tienen un efecto contrario o nulo si quieren ser utilizadas en la edad adulta. El conflicto en el adulto surge cuando se resiste a abandonar estas estrategias y es en este momento cuando se vuelven tóxicas, emocionalmente hablando. No obstante lo habitual es que el adulto no se replantee estas estrategias y se resista al cambio bajo el mensaje “es que yo soy así”. El motivo es que a la persona le es más fácil quedarse en el no saber, pues el querer saber más sobre si mismo supondría tener que contactar con aquellas partes de su ser que no le gustan, y que obviamente no quiere mostrar al resto del mundo. Asimismo este replanteamiento también le supondría tener que contactar con su humildad, con el hecho de poner en duda todas aquellas creencias que  hasta ahora habían sustentado su vida. 

Si te gustaría empezar un proceso de autoconocimiento, te puedo ayudar. LLámame o WhatsApp al 645 368 714 o bien escribe a lesbcn13@gmail.com


Respecto a este tema Jung afirmaba: “No es posible despertar la conciencia sin dolor. La gente es capaz de hacer cualquier cosa, por absurda que parezca, para evitar enfrentarse a su propia alma”.

Estos aspectos más desagradables de la personalidad de uno mismo Jung los denominó como sombra. La sombra comprende aquellas formas de ser que la persona teme mostrar al mundo por miedo a que el auto concepto que uno tiene de sí mismo se rompa, comprende nuestros miedos, frustraciones, fragilidades, complejos, etc…

Como advertía el propio Jung a mediados de la vida se suele producir una crisis de un fuerte carácter existencial, con preguntas del tipo; “¿Cúal es el sentido de mi vida?”, “¿Hacía donde quiero ir?”, “¿Realmente estoy viviendo mi vida o la de otros?”. Estas preguntas aparecen no por casualidad, sino que son un indicio de que a un nivel inconsciente la esencia personal está empujando por salir y de esta forma romper con la identificación del individuo con sus máscaras. Empieza así un proceso de crecimiento personal que no trata tanto de una ascensión espiritual a un nivel superior, como algunas teorías defienden, sino de transitar por todas aquellas zonas oscuras de nuestro ser que hasta ahora estaban ocultas. Solo conociendo la sombra y trascendiéndola es posible vislumbrar la esencia. Lo real en nosotros no puede ser conocido directamente, únicamente conociendo primero aquello que es falso uno puede conocer la verdad que guarda en su interior.

Es por este motivo que en mi opinión el ego no debería ser considerado como algo a eliminar de nuestra persona, sino que debería concebirse como una estrategia que nos ha permitido relacionarnos y vivir en sociedad, como un paso previo a un conocimiento de nosotros más profundo y auténtico a la vez. El trabajo de crecimiento personal comporta por tanto dos direcciones, una ascendente hacía lo espiritual, pero también una de descendente hacía lo material y mundano; como mayor sea el trabajo de base, el reconocimiento y desidentificación con nuestras máscaras, mayor será el acercamiento a nuestro espíritu. Jung definía muy acertadamente este proceso en esta frase: “Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad”.
Es en este camino de auto conocimiento que la terapia juega un papel fundamental, siendo una herramienta de gran apoyo en el propio proceso de crecimiento personal.

Leslie Beebe


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carácter y destino

la terapia de la gestalt


“Un sirviente fue enviado por su amo a comprar provisiones en el mercado de Bagdad. Volvió de allí en un estado de gran agitación. Alguien de la multitud lo había empujado y al volverse vio que era la Muerte y que tenía un gesto amenazador. El sirviente rogó al amo que le diera un caballo para huir a Samarra y evitar su destino. El amo se lo dio, y el sirviente partió al galope. Luego el amo fue al mercado y también se encontró con la Muerte. Se acercó a ella y le preguntó por qué había amenazado a su sirviente. –“No lo hice-dijo la Muerte-. Levanté el brazo en un gesto de sorpresa al verlo aquí en Bagdad, pues tengo cita con él esta noche en Samarra”.”

Este relato de John O’Hara nos muestra como a veces por mucho que intentemos evitar un destino lo único que conseguimos es crear las condiciones favorables para que éste se acabe cumpliendo. Sería discutible si el destino de cada uno se encuentra escrito en alguna parte o no, algunos pensadores como Karl Marx o Spinoza defienden el papel del libre albedrío, mientras que otras culturas como la griega argumentan que el destino de cada persona estaría regulado por tres divinidades denominadas Moiras (imagen superior), que controlan el destino de cada persona; la primera hila, la segunda enrolla y la tercera corta el hilo de la vida.

Yo personalmente prefiero referirme al hecho de que las actitudes propias de nuestro carácter incitan a un proceder determinado que nos llevan a actuar de una forma u otra según la circunstancia. Pongamos un ejemplo de la vida cotidiana; aquella mujer que siempre se queja de que no consigue una pareja estable. Sin embargo cuando aparece un posible candidato siempre le encuentra algún defecto que frustra cualquier posible relación. De esta forma la actitud adoptada le lleva a vivir el futuro que ella más teme, la soledad. Otro ejemplo podría ser el de aquel hombre que por miedo al rechazo no se abre a los demás, se aísla de la gente y de esta forma refuerza su sentimiento de ser rechazado por los demás.

En ambos casos vemos como lo más temido es finalmente lo vivido por el individuo, como una auto profecía que se acaba cumpliendo. Ante estas situaciones quizás la pregunta a hacernos es por qué nos boicoteamos de esta forma a nosotros mismos impidiendo satisfacer nuestras necesidades. La respuesta no es única, pues depende de la historia personal de cada uno, por tanto de las experiencias y vivencias adquiridas en el entorno en el que ha vivido dicha persona. Sin embargo yo creo que todas tienen un factor que suele ser común que es el miedo a vivir por nosotros mismos y a mostrarnos tal y como somos. La mayoría de nosotros actuamos según un papel, una máscara, pues tememos que nuestra forma de ser no sea aprobada al ser vista como inaceptable o inadecuada por el resto de personas. Seguramente si indagamos en la historia personal de la mujer que nunca encuentra pareja nos encontraremos con una niña a la que en su entorno familiar se le decían frases del tipo; “ningún hombre te va a querer” o bien “si te muestras así nunca encontrarás un hombre” y tantas otras que alimentarían su sentimiento de inseguridad a mostrarse tal y como es. Como niña sus opciones eran pocas; o bien acataba los mandatos parentales, para así ser aceptada y querida, o bien no los aceptaba bajo la posible amenaza de perder el amor y cariño de sus padres.


Si deseas recuperar el control de tu vida y encontrar tu camino, no lo dudes, llámame o WhatsApp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso. Si lo prefieres escribe a lesbcn13@gmail.com

De esta forma la persona crece más pendiente de mostrarse como los otros esperan, esforzándose por cumplir todas estas expectativas, que de dejarse la libertad de ser. Con los años la máscara pasa a formar parte de uno mismo mientras que la espontaneidad y la autenticidad de ser van quedando en un segundo plano. Cuando estamos más pendientes de cumplir con el papel y de ser aceptados por el mundo que de dejarnos ser caemos en la trampa de estar rechazándonos a nosotros mismos.
En el momento en que nos damos la libertad de parar y escucharnos podemos ser capaces de ir rascando esta capa superficial, que es la máscara, para llegar a nuestra autenticidad. No es un acto espontáneo ni una iluminación, pues suele requerir un trabajo personal que lleva su tiempo. La terapia es un proceso que facilita este camino, como una muleta que ayuda en los primeros pasos para que poco a poco la persona gane en auto confianza y se aventure a ir viviendo su propia vida.

Leslie Beebe
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