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¿De qué va la terapia?

¿De qué va la terapia?, ¿Qué hace un terapeuta?.  Estas son preguntas que muchas personas me preguntan en nuestra primera entrevista. De hecho, es normal que en una primera sesión surjan múltiples preguntas respecto al mundo de la terapia, y más cuando no existe una experiencia previa al respecto.
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En este artículo comentaré algunas cuestiones que con frecuencia aparecen en estos primeros momentos de contacto, para de esta forma disipar dudas y aclarar conceptos. En una entrada anterior ya hablé sobre el papel del terapeuta, respondiendo también a algunas preguntas sobre la terapia;  podéis leer el artículo clicando en el siguiente enlace:


La hora de terapia es propiedad del cliente. Esto significa que el terapeuta no va a preparar la sesión como si fuese una clase, ni tampoco va a anticipar temas a tratar con el cliente. El terapeuta trabaja con el estado en el que llega el consultante a la sesión; con lo que surge en el aquí y ahora. Asimismo el cliente es el que tiene la libertad, a la vez que la responsabilidad, de abrir aquellos temas que considere oportuno en la hora de sesión, pues como ya hemos comentado, la hora es de su propiedad. Esto no significa que en alguna ocasión el terapeuta no pueda proponer un tema, sobre todo cuando éste percibe que es un asunto que el cliente está evitando desde hace un tiempo, o bien sea un tema que intuye está afectando el estado actual de la persona. De esta propiedad, también deriva el hecho de que la sesión es confidencial, por tanto “aquello que aparece en la sesión se queda en la sesión”.

El posicionamiento en la terapia. Tanto cliente como terapeuta se posicionan ambos en un mismo nivel, por tanto la relación terapéutica no es una relación de jerarquía, sino más bien de complementariedad. El terapeuta trabaja desde la humildad de que no sabe ni conoce todo, y es desde aquí donde mejor puede ayudar al cliente a encontrar sus verdades, a la vez que también aprende sobre sí mismo. Un buen terapeuta nunca trabaja desde la vanidad o la arrogancia de saber más que su cliente. Personalmente me gusta llamar a la persona como cliente o consultante, en vez de paciente. En primer lugar, porque la mayoría de personas que acuden a terapia no están diagnosticadas de ninguna enfermedad o trastorno mental. En segundo lugar porque el término de paciente me resulta incómodo, pues posiciona al terapeuta en una posición superior, de responsabilidad de tener que curar al cliente, cuando realmente la cura, si es que realmente puede denominarse así, surge del encuentro entre ambos, terapeuta y cliente.

La terapia es el encuentro entre dos seres humanos. Es verdad que existen multitud de técnicas y ejercicios para trabajar en la sesión de terapia, así como también es cierto que el terapeuta debe ser un profesional que disponga de unos conocimientos teóricos, a la vez que prácticos, sobre la materia. Sin embargo todo este conocimiento no debería prevalecer sobre el fundamento de la terapia, que para mí es el contacto entre dos seres humanos. El psiquiatra Carl Jung describía muy bien este punto con la siguiente cita:

“Conozca todas las teorías, domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana, sea apenas otra alma humana”. Carl Jung.

No se trata de hacer nada. Muchos clientes me preguntan si deben adoptar alguna posición determinada, o hablar de ciertos temas en la sesión de terapia. Mi respuesta es que la terapia va fluyendo según vayan pasando las sesiones, sin tener que forzar nada. Los asuntos a tratar son aquellos que la persona se sienta en conflicto, los cuales van a ir apareciendo para ser resueltos. Como he comentado anteriormente el terapeuta trabaja desde cómo llega el cliente a la sesión de terapia, sin tener que imponerle ni obligarle a tratar ningún tema en cuestión.

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Si te interesa saber más sobre la terapia, o bien quieres pedir una primera entrevista gratuita, llama o Whatsapp al 645 368 714 o bien rellena el formulario de contacto

La terapia como laboratorio. Me gusta equiparar la hora de terapia a un lugar de experimentación, como un laboratorio donde la persona pueda probar, en un ambiente seguro y de confianza, aquellas conductas y formas de funcionar que aún no ha implementado en su vida diaria. Se trata que la persona amplíe la visión sobre sí mismo en todos sus centros; el centro mental, el emocional y el instintivo, para así acceder a nuevos puntos de vista que le ayuden a superar obstáculos y limitaciones en su vida diaria.

El terapeuta no es un depósito de quejas o penurias. Tanto terapeuta como cliente establecen un vínculo en que las dos partes van a tomar parte activa en el proceso terapéutico. No se trata de ir a la sesión para desahogarse, mientras el terapeuta adopta un papel de simple oyente, asintiendo a todo aquello que le explica el cliente. El papel del terapeuta es el de ayudar a la persona a ampliar su toma de conciencia sobre todo aquello que vive fuera de la hora de terapia, y que en la mayoría de ocasiones le provoca sufrimiento o malestar. Para conseguir esta ampliación de la conciencia, el papel del terapeuta no puede ser únicamente el de receptor, sino que también debe formar parte activa en la comunicación con el cliente; esto significa escuchar su mensaje, pero también escucharse a sí mismo, para de esta forma ir reflejando, como si fuera un espejo, la imagen que el cliente está proyectando en el terapeuta. 

El feed-back que el cliente recibe del terapeuta es muy importante para que éste pueda ver más allá de su propio punto de vista, facilitándole una ampliación en su toma de conciencia, y en consecuencia un mayor nivel de conocimiento sobre su persona. Asimismo las preguntas del terapeuta pueden ayudar a que el cliente acceda a nuevos conocimientos sobre su persona, permitiéndole llegar a conclusiones y acciones que no hubiese podido llegar por sí mismo.

El terapeuta no es un mago ni un amigo. El terapeuta es un ser humano, como cualquier otro, por este motivo no tiene las respuestas para todo, ni posee ninguna varita mágica para solucionar los problemas. La función del terapeuta es la de guiar a la persona para que encuentre su propio camino. Guiar no significa dar consejos, como lo podría hacer un amigo, guiar es el arte a partir del cual el terapeuta acompaña y apoya a la persona en el proceso de descubrimiento de sí mismo. Un terapeuta no dice aquello que uno debe o no debe hacer con su vida o con su persona.

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La terapia no es una medicina. Relacionado con el punto anterior, el terapeuta no dispone de un discurso milagroso que funcione como una medicina para el cliente. Como todo en la vida, si el consultante quiere sacar algo de la terapia, deberá dedicarle un tiempo y un esfuerzo. Por este motivo los resultados en terapia dependen en gran medida del compromiso y la constancia del cliente. Puedo constatar que cuando la persona se compromete con el proceso los resultados van apareciendo progresivamente.

El terapeuta no es un juez. El terapeuta se posiciona en una posición de apertura y empatía con el cliente, por este motivo no realiza juicios sobre si aquello que el cliente hace o piensa está bien o mal; como hemos dicho anteriormente su trabajo consiste en acompañar al consultante a descubrir su propio camino.

El terapeuta no es un vendedor. El terapeuta no está para convencer, ni mucho menos para manipular al cliente hacía una determinada línea de acción o pensamiento. El terapeuta actúa como un catalizador, ayudando a la persona en su proceso y apoyándole para que encuentre su camino, siempre en coherencia con sus valores y creencias.

Si quereis saber más sobre la terapia aquí os dejo un par de artículos sobre el tema.

Terapia Gestalt y Darse Cuenta

Fundamentos de la Terapia Gestalt


Leslie Beebe
Terapia Gestalt y LifeCoaching Barcelona
CONTACTO:





Sobre la terapia y la labor del terapeuta

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Fuera del mundo de la terapia,  existen gran cantidad de prejuicios en torno a la labor que hacemos terapeutas y psicólogos. La mayoría de estos prejuicios giran en torno a unas creencias erróneas, respecto a la figura y la función que desempeñamos en la relación de ayuda con el cliente. Para aclarar dudas y disipar temores, he estimado oportuno escribir este artículo, con respuestas a algunas de las dudas y preguntas que me han hecho llegar personas no familiarizadas con el mundo terapéutico. Aquí os dejo algunas de estas aclaraciones:

“La terapia es algo que dura mucho y es muy caro”
Aunque un proceso de terapia puede alargarse años, no es lo más común. Una de las primeras cosas que comunico a las personas que vienen a verme es que no puedo decirles cuánto durará la terapia. La duración va a depender de múltiples factores que ni el cliente ni yo sabemos en ese momento; dependerá de diversas variables como la constancia de la persona en el proceso, el tema que traiga a la sesión, el ritmo personal de cada individuo, el grado de comodidad y confianza que se establezca en la relación terapéutica, etc…  Aunque como ya he dicho no es fácil precisar, y únicamente a modo orientativo, mi experiencia terapéutica me lleva a diferenciar entre aquellas terapias más breves; de 3 a 6 meses de duración y las de mayor duración, que se pueden alargar más allá de los 9 meses.
Respecto al dinero, me gusta comentar a mis clientes que es un aspecto que deben considerar como una inversión, y no como un gasto. Tomemos el caso de la inversión que hacemos en ocio, por ejemplo en comprarnos unas botas nuevas para esquiar. Muchos de nosotros no lo veremos como un gasto, como pagar la luz, sino como una inversión, pues es algo que nos va a generar una satisfacción en el futuro. Por tanto yo me pregunto, ¿podemos pensar en alguna inversión mejor que aquella que hacemos en nosotros mismos y en nuestro bienestar?. Desafortunadamente existen personas que por su precaria situación económica no pueden costearse un proceso de terapia. Asimismo los servicios de salud están saturados y los dispositivos de atención psicológica son escasos. Teniendo en cuenta ambos factores, ofrezco en estos casos de excepción un programa de terapia solidaria, el cual comprende un número de sesiones a un precio muy reducido.

“La terapia es para débiles”
No hay mayor fortaleza que admitir que somos humanos, vulnerables, que no somos máquinas y que todos pasamos por momentos difíciles en que necesitamos que nos echen un cable. Admitir esta imperfección en nosotros es el motor que nos va a permitir cambiar; un cambio que curiosamente nada tiene que ver con la debilidad, pues la terapia exige de una gran valentía y un grado elevado de compromiso personal con el proceso.

“Solo van a terapia los que están locos/enfermos”
Hay multitud de factores que influyen en que una persona decida empezar una terapia. Por norma general aquellos individuos que padecen un trastorno mental suponen un porcentaje muy minoritario de las personas que acuden a terapia. Personalmente soy contrario a diferenciar entre enfermos y no enfermos. No me gusta etiquetar a la persona, pues las enfermedades muchas veces actúan únicamente como un estigma, y en consecuencia obstaculizan el poder ver que detrás de la etiqueta simplemente se encuentra alguien que sufre.
En resumen puedo decir que la mayoría de clientes que solicitan terapia son personas que están pasando por un momento difícil, pueden ser personas que no se sienten bien con ellas mismas, con su vida o bien que están atravesando una crisis personal. Independientemente del motivo, hay un denominador común que ya he mencionado,  el sufrimiento que esta situación les provoca. El objetivo de la terapia es aliviar dicho sufrimiento y que la persona recupere su bienestar.

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“La terapia me va a cambiar”
Es indudable que la persona que acude a terapia es porque busca algún tipo de cambio en su vida. A veces incluso ni el cliente sabe qué le pasa, simplemente siente que no está bien y busca respuestas que le expliquen el motivo de su estado. La función del terapeuta es la de guiar a la persona para que encuentre sus propias respuestas, no las que le puede dar el profesional. Nadie mejor que uno mismo para saber lo que le conviene. El cliente debe tener claro que el terapeuta no es un consejero, tampoco un juez, ni un superior que le dice lo que debe hacer. Como profesionales de la ayuda entendemos que el cambio más eficaz y sincero es el que surge de uno mismo. El terapeuta únicamente facilitará, a través de su labor de acompañamiento y guía, la progresiva toma de conciencia del cliente respecto a aquello que le está pasando. Una vez la persona conozca más sobre su situación, también será capaz de tomar sus decisiones desde otro punto de vista, uno más responsable y sincero consigo mismo.

“No estoy tan mal, voy tirando”
No hace falta estar diagnosticado de un trastorno de ansiedad o un de un trastorno depresivo para decidirse a empezar la terapia. Prevenir es mejor que curar, de la misma forma que no esperamos a quedarnos sin dientes para ir al dentista. Si sentimos que no estamos bien, y que hay algo que no acaba de funcionar en nuestra vida, es importante poner atención en ello lo más pronto posible, así como pedir ayuda profesional si fuese necesario. Si obviamos estos mensajes, los reprimimos e ignoramos, lo único que vamos a conseguir es que con el tiempo el riesgo de padecer una enfermedad más grave sea mayor.

“Mis amigos van a pensar que estoy loco”
Aunque en algunas sociedades la terapia está socialmente mejor aceptada, en otras aún se relaciona estrictamente con padecer algún trastorno mental. Por tanto sigue existiendo un porcentaje de la población que aún mantiene falsas ideas, así como creencias erróneas, sobre la psicoterapia. Por este motivo mientras la persona esté en terapia le recomiendo que no lo comunique a nadie más que no sea las personas más allegadas. Como terapeuta también aconsejo que aquello de lo que se hable en la sesión se quede allí, y no se explique a terceras personas. En la terapia surgen temas muy personales e íntimos, que sacados del contexto de la terapia, podrían ser objeto de simplificaciones y burlas por parte de otros colectivos.

“Ir a terapia significa profundizar y remover el pasado
Esta afirmación es una herencia del concepto de psicoanálisis original, el cual afirmaba que la curación del individuo pasaba por indagar en el pasado, concretamente en ir hacía la escena en que sucedió el evento traumático. A través de rememorar esta escena se producía una catarsis donde el individuo podía liberar toda la carga emocional que había reprimido hasta el momento. De esta forma los síntomas que la persona manifestaba en el presente quedaban reducidos. Como terapeuta mi objetivo se focaliza en trabajar con el presente del cliente, más que con el pasado. Lo importante es preguntarnos como vivimos nuestra vida actual, en vez de buscar los porqués que expliquen nuestro presente. Seguramente que durante el proceso de terapia habrá momentos que tendremos que revivir el pasado, no tanto como una vía de catarsis y liberación emocional, sino como una herramienta que nos va a permitir entender mejor nuestro presente.

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“Nadie me conoce mejor que yo mismo”
La labor de un terapeuta no es conseguir un conocimiento superior del que tiene la persona sobre sí mismo, sino acompañar al cliente en el proceso de autoconocimiento y crecimiento personal que va a darse en la terapia.

“Me produce vergüenza abrirme a extraños”
Es normal que en un primer momento la persona sienta dificultad para abrirse al terapeuta. Estamos en una sociedad poco acostumbrada a poder hablar libremente sobre emociones y sentimientos, principalmente por el temor a ser juzgados por el resto. La terapia como todo proceso requiere un tiempo, durante el cual cliente y profesional van a ir forjando una relación terapéutica y una confianza mutua. Me gusta decir que mi labor como terapeuta se rige por tres principios básicos; el no juicio, la confidencialidad y el respeto mutuo. El cliente puede estar tranquilo que estos principios van a acompañarlo durante el proceso de terapia.

Espero que estas respuestas sean de utilidad para aquellas personas no familiarizadas con la Terapia, no obstante, si quieres conocer más sobre los beneficios de la Terapia y el Coaching, aquí te dejo un enlace explicativo:

Terapia y Coaching

Leslie Beebe


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Bases Fundamentales de la Terapia Gestalt


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Los creadores de la Terapia Gestalt fueron el matrimonio de psicoterapeutas Laura y Fritz Perls. Ambos enriquecieron el conocido Psicoanálisis Freudiano con otras disciplinas como la Filosofía Existencialista de Kierkegaard, el Pensamiento Diferencial de Friedlander, el Zen Oriental, el Psicodrama de Jakob Levy Moreno y el Análisis del Carácter de Wilhelm Reich, entre otras fuentes.

La Terapia Gestalt cree firmemente en la capacidad humana de la autorregulación organísmica, es decir, la fe en la capacidad biológica del ser humano para tomar conciencia de la necesidad pendiente de satisfacción. El término “Gestalt” es una palabra alemana, sin traducción directa al castellano, pero que aproximadamente significa "forma", "totalidad", "configuración". La forma o configuración de cualquier cosa está compuesta por una "figura" y un "fondo". Por ejemplo, si tomamos como ejemplo este artículo, las letras que estamos leyendo constituyen la figura y los espacios en blanco forman el fondo; aunque esta situación puede invertirse y lo que es figura puede pasar a convertirse en fondo. 

Perls toma esta  idea de la Psicología de la Gestalt sobre la figura y el fondo, para relacionarla con el ciclo de satisfacción de necesidades. En este sentido, la figura se entiende como aquella necesidad que aparece en la conciencia para ser satisfecha. Mientras que el fondo se define como aquella fuente de necesidades que se encuentran en un segundo plano, fuera de nuestra conciencia presente. Perls orientará su terapia a la detección y resolución en el presente de las situaciones inacabadas, es decir, aquellas necesidades que toman forma en la conciencia, pero que por múltiples motivos y a causa de diferentes mecanismos de defensa neuróticos, el individuo no acaba de cerrar, por lo que éstas vuelven a aparecer sucesivamente en su vida. Esta no resolución de las necesidades que toman forma, produce un estancamiento de la energía, por tanto un aumento del estado neurótico de la persona.

La imagen que inicia este artículo nos muestra esta relación entre figura-fondo. Únicamente una de las imagenes aparece como figura, mientras que la otra permanece en el fondo. En la medida que satisfacemos la necesidad (en términos gestálticos, “cerramos la Gestalt”), ésta vuelve al fondo, para emerger una nueva necesidad que debe ser tomada en cuenta y cerrada por el individuo. Cuantas más necesidades no atendemos ni cerramos, más aumenta el nivel de neurosis, al tener cada vez más gestalts inconclusas o temas por cerrar. El Enfoque Gestáltico es un enfoque holístico; es decir, que percibe a los objetos, y en especial a los seres vivos, como totalidades. En Terapia Gestalt decimos que "el todo es más que la suma de las partes". Todo existe y adquiere un significado en un contexto específico; nada existe por sí solo, aislado.

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El foco del proceso terapéutico en la Gestalt gira en torno a lo que el cliente hace en su vida presente, en como lo hace y para qué lo hace, en vez de querer responder al por qué de sus acciones. Únicamente tomando conciencia de estos aspectos, abriéndose al denominado “darse cuenta gestáltico”, el individuo podrá producir cambios en su vida.

La Terapia Gestalt aboga por un equilibrio entre los tres centros de la persona; el centro emocional, el mental y el corporal. En otras palabras, su finalidad es que aquello que la persona piensa, su discurso ante el mundo y sus acciones sean lo más armónicas posible.
El objetivo de la terapia es que la persona adopte un rol activo en su vida, es decir una progresiva responsabilización de su persona y de su vida. Este aspecto conduce también a pasar de la búsqueda de un apoyo exterior, propio del estado neurótico, a un apoyo personal y una confianza en sí mismo. Una vez el individuo gana en autoapoyo, también favorece a aumentar el amor hacía su persona y hacía su propia vida. Aquí os dejo una enseñanza Zen relacionada con el tema de adoptar un rol activo y de responsabilización de la propia vida:

“ Relata un cuento Zen que en un monasterio había un discípulo que desafiaba siempre a su maestro. Cierta vez, ocultando a sus espaldas a un pájaro que sostenía en las manos, el discípulo se paró desafiante ante el maestro y le preguntó: “Maestro, aquí detrás de mí tengo un pájaro. Dígame usted que lo sabe todo; ¿está vivo o está muerto?.” (De tal modo, si decía que el pájaro estaba vivo lo ahogaba y si decía que estaba muerto abriría sus manos y lo dejaría volar). El maestro lo miró a los ojos con respeto y compasión, respiró profundamente y con mucho amor le respondió: “Eso depende de ti. La solución… está en tus manos!”.

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Terapia Gestalt y Carácter




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La palabra "carácter" es habitual en las sesiones de Terapia Gestalt. La definición de carácter varía en función de la situación y el lugar en que dicho término es utilizado. Podemos estar hablando del “carácter hispano”, como un conjunto de cualidades psíquicas y afectivas comunes a un determinado pueblo, o bien de “una mujer con carácter” haciendo referencia a una mujer firme y enérgica en su forma de proceder.
No obstante en el mundo de la psicología (y yo personalmente como terapeuta gestalt) prefiero referirme al carácter como nuestro modo de funcionar en el mundo; es decir como nos relacionamos con el mundo y el resto de personas, pero también la forma como establecemos las relaciones con nosotros mismos.

La pregunta que podemos plantearnos es;  “el carácter es una condición innata del ser humano o bien se forma durante los años de vida?”. La respuesta que yo daría es que ambas son ciertas y por tanto no se puede rechazar ninguna de ellas. Si bien nacemos con unas cualidades innatas,  presentes en nuestros genes por herencia familiar, los primeros 7-8 años de vida son básicos en la formación y desarrollo de nuestro carácter. De hecho está comprobado científicamente que la formación del carácter empieza antes, en la etapa intrauterina, cuando el niño aún es un feto y recibe los estímulos procedentes de la madre.  

Definimos carácter pues como una estructura defensiva, una forma de adaptarse al medio del niño que llevamos dentro. El niño llega al mundo con un instinto básico que es el de placer (Sigmund Freud lo denominó como Principio de Placer del Ello), aunque personalmente me gusta más denominarlo como el Principio de Satisfacción de Necesidades Básicas, nutrición y afecto, principalmente.  El recién nacido llega al nuevo mundo en un estado de vulnerabilidad máxima, abierto por completo a las nuevas experiencias de la vida. No obstante aunque tenga los mejores padres , que le quieran y le nutran, el niño pronto se da cuenta que cuando demanda amor de sus padres  éste no es siempre correspondido, y que cuando demanda comer o tiene sed tampoco sus demandas son siempre atendidas de inmediato. Empieza de esta forma a sentir emociones que le son incómodas; en una palabra, frustración, la cual deriva en un sentimiento desagradable para el niño como es el dolor. La reacción del niño ante tal frustración es la de desarrollar todo una serie de mecanismos de defensa para impedir el dolor que está sintiendo y volver así a recuperar su estado de bienestar.

Los mecanismos defensivos adoptados en esta primera etapa de la vida (desde el nacimiento hasta aproximadamente los 7-8 años de edad) definirán en gran medida el futuro carácter de la persona. Dependerá de que etapa del desarrollo haya sido más marcada para el niño durante estos primeros años lo que condicionará el tipo de carácter, así como el mecanismo de defensa característico del niño.
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Los mecanismos de defensa no son malos en sí, sino que en su justa medida son necesarios para que toda persona interactúe con el entorno en el que vive. No obstante cuando estos mecanismos de defensa se vuelven crónicos, es decir que no los utilizamos a nuestra voluntad, sino que son los mecanismos los que nos impulsan a repetir de forma compulsiva comportamientos que no nos son saludables, entonces es cuando hablamos de mecanismos de defensa patológicos.  

Un ejemplo de dichos mecanismos es el denominado como introyección. La introyección en su faceta saludable es la que permite al niño asimilar de forma indiscriminada toda la información que le llega del entorno; las costumbres, las tradiciones, las creencias, la lengua del país…, es la forma en que el niño entra en el proceso de socialización con el entorno.

En su faceta más neurótica, y al llegar a una edad más adulta, la introyección actúa como un mecanismo que nos limita y aleja de nuestra esencia; si tragamos toda la información sin digerirla, si aceptamos todo sin críticas, sin juicio propio, solo por buena educación o por satisfacer a las figuras de autoridad, entonces el mecanismo se vuelve en nuestra contra. Son las típicas frases que escuchamos en nuestra casa de pequeños y que ahora de adultos se han quedado en nuestro interior como dogmas : “Sólo las niñas lloran”, “Si no estudias no serás nadie”, “debes controlar tus emociones en público”…Frases que aunque a nivel consciente podemos afirmar estar en desacuerdo, a nivel inconsciente  actúan e influencian nuestra forma de movernos en el mundo.

Una vez el mecanismo de defensa se vuelve más patológico genera los siguientes efectos en la persona;
- Por un lado vuelve el carácter más rígido, menos espontáneo y más dependiente de la sensación de quererlo tener todo bajo control.

- Por otro lado hace que vivamos la vida de una forma cada vez más neurótica, más desconectada de nosotros. Ya no sabemos si hacemos las cosas porque sentimos la necesidad o bien porque en ese momento es lo que toca hacer. Esta forma de interactuar con el mundo nos lleva a estar cada vez más alejados de aquello que somos y de aquello que queremos llegar a ser, en definitiva a estar más alienados de nuestra esencia. En muchos casos aún como adultos seguimos viviendo desde el niño que desea complacer a papá y mamá en busca del amor y reconocimiento del resto de personas. Pagamos el precio de vivir una vida desde las máscaras que aprendimos  a ponernos de niños para así no ser rechazados, para recibir el amor incondicional en vez de la frustración y el dolor. Paradójicamente cuando nos escondemos detrás de estas máscaras lo que hacemos es alejarnos más del amor que sentimos hacía nosotros y hacía la vida misma. Como cada vez estamos más alejados de nuestro ser, también lo estamos de la confianza en nuestras capacidades y en nosotros mismos, por lo que el nivel de insatisfacción con nuestra vida va en aumento.

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Como Terapeuta Gestalt mi objetivo es que la persona recupere el bienestar en su vida; para ello es básico que  contacte con su esencia, con aquello que es y aquello que le gustaría ser. Alejándose así de las máscaras y los hábitos de vida neuróticos que ha ido adoptando a lo largo de su vida. Como terapeuta me gusta llamarlo el punto del camino en el que nos encontramos. A partir de aquí el trabajo es que el cliente se empiece a formular  preguntas del tipo; “ Es este el camino en el que verdaderamente quiero estar o es un camino impuesto?, Si este es mi camino en que lugar estoy ahora?, Hacía donde me gustaría dirigir mis pasos?..”.
Estas y otras preguntas hacen a la persona consciente de como está viviendo su vida presente y le ofrecen la posibilidad de preguntarse como le gustaría que fuese su vida.
Por tanto la persona toma conciencia de cuales son los obstáculos que a día de hoy le impiden llevar una vida plena y emocionalmente sana, así como las acciones que debería emprender para cambiar dicha situación.

A partir de este descubrimiento personal el cliente puede empezar a dar los pasos hacía la consecución de sus objetivos. Una acción basada en la responsabilidad personal, en el autoapoyo y en la focalización en el tiempo presente.
Mi labor como terapeuta es acompañar a la persona en su proceso, apoyándole y guiándole para que encuentre su propio camino en la vida.

Leslie Beebe.
Terapia Gestalt y Life Coaching Barcelona

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El Darse Cuenta y la Terapia Gestalt





La Terapia Gestalt es denominada también como la Terapia del "Darse Cuenta". "Darse Cuenta" entendido como el proceso de toma de conciencia que nos permite conocer cómo es la relación que mantenemos con nosotros mismos y con el entorno que nos rodea. A medida que la persona amplía su capacidad de darse cuenta es capaz de ver cómo se produce sus propios obstáculos y por tanto se dificulta su forma de vivir. A partir de esta toma de conciencia la persona dispone de las herramientas necesarias para poder vivir de una forma más saludable y menos neurótica.

En la sesión de terapia, el Terapeuta Gestalt trabaja con lo obvio, con aquello que se está desarrollando en el presente, en el aquí y ahora, acompañando de esta forma al paciente para que salga de su estancamiento en el pasado o el futuro y pueda ampliar así su consciencia de como está viviendo su vida actual.




Si quieres saber más sobre la Terapia Gestalt, y como te puede ayudar, contacta conmigo y te informaré sin compromiso. 645 368 714 / lesbcn13@gmail.com


Para ilustrar la importancia del momento presente en la Terapia Gestalt, y lo comentado anteriormente, os dejo esta enseñanza Zen:

"Un día, un sabio indio fué a entrevistarse con un Buda.
- He oído decir que el budismo es una escuela de iluminación. ¿Qué método utilizáis? ¿Cómo es vuestro día a día?"
- Andamos, comemos, nos lavamos y nos sentamos-respondió el Buda.
- Pero.... todo el mundo anda, come, se lava y se sienta. ¿Qué es lo extraordinario?
-Sabio hombre-respondió entonces el Buda- cuando nosotros andamos somos conscientes de que andamos, cuando comemos, somos conscientes de que comemos....
Las personas, en general, cuando andan, comen, se lavan o se sientan, no són conscientes de lo que estan haciendo.
- ¿Y eso es lo que puede ayudarnos a acercarnos a la iluminación y abrirnos a la naturaleza del buda?
- Todos los seres humanos son intrínsicamente budas, dotados de sabiduria y virtud. Pero, como los espíritus de los hombres estan cegados por el pensamiento ilusorio, ellos no se dan cuenta."

Leslie Beebe.
Terapia Gestalt y Life Coaching Barcelona




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