Aprende a decir NO

Aprende a decir NO. Un elevado porcentaje de las personas que acuden a consulta muestran síntomas de baja autoestima, miedos intensos y desvalorización personal. A medida que avanzamos en la terapia con estas personas suele aparecer un denominador común, que es la dificultad para poner límites y atreverse a decir NO.

Aprende a decir NO


En primer lugar creo importante remarcar que saber decir NO es una habilidad social, al igual que lo es la asertividad. Esto significa que nadie nace con esta aptitud, sino que es una técnica de comunicación social que se aprende y se desarrolla a lo largo de la vida.

Cuando hablo con mis clientes en consulta, me comentan que se encuentran con las siguientes dificultades y miedos a la hora poder decir NO a otra persona:

1. El miedo a ser rechazado por el entorno. La desaprobación es uno de los miedos más enraizados en el ser humano, en consecuencia es frecuente que optemos por aceptar las peticiones externas, aunque sea en contra de nuestra voluntad. El miedo al rechazo, el miedo al abandono y el miedo a no ser amados son miedos muy profundos que llevamos en nosotros desde los primeros años de vida, y que sin duda condicionan nuestra forma de relacionarnos con el mundo. Tomar conciencia de estos miedos, y aprender a lidiar con ellos, es fundamental para que no nos limiten en nuestra vida.

2. El miedo a molestar, a crear una situación que pueda generar incomodidad, o el miedo a que nuestra negativa derive en un conflicto con otras personas. Ante este tipo de situaciones hipotéticas, los consultantes me comentan que tienen miedo a perder el control, a no saber manejar las emociones, a ponerse agresivo, o a la reacción violenta de otras personas.

3. La sensación que están actuando de forma incorrecta y contraria al discurso de su juez interno, lo que les lleva a culpabilizarse y castigarse por ello.

4. La vergüenza y la culpa que sienten por ser el elemento perturbador ante las opiniones, juicios y situaciones externas.

En resumen, podemos afirmar que el motivo fundamental de aceptar algo que no deseamos es evitar que surjan emociones desagradables. Cuando pongo un límite (y lo mantengo), es frecuente que me sienta nervioso, preocupado o angustiado. En consecuencia, y para evitar este tipo de sensaciones incómodas, nos es más fácil decir que SÍ, aunque eso signifique una falta de respeto hacia nuestra persona.

En mi experiencia terapéutica, cuando trabajamos la dificultad para decir NO en sesión, suelen aparecer dos reacciones en mis consultantes;

La primera reacción es cuando digo SÍ a las peticiones externas, cuando realmente no quiero, no puedo, no me satisface, o no deseo lo que el otro me está proponiendo. Aunque asentir a las peticiones externas nos puede aportar cierto alivio en un primer momento, al creer que estamos evitando un posible conflicto con la otra persona, la realidad es que a corto plazo esta decisión nos acaba por pasar factura, apareciendo emociones como la rabia, la frustración o la decepción con uno mismo.

Actuar en contra de nuestra esencia, de aquello que necesitamos o deseamos, es una falta de respeto hacia nuestra persona, por lo que acabamos traicionándonos. Este tipo de traiciones a nuestro ser perjudican la autoestima y la confianza en nosotros mismos. Cuando no nos atrevemos a decir NO a las peticiones externas, mantenemos una incoherencia interna, un malestar que puede enquistarse y acabar manifestándose a través de diferentes síntomas corporales como pueden ser dolores de cabeza, tensión corporal o trastornos digestivos, entre otros.

La segunda reacción es cuando me atrevo a decir NO. En estos casos mantenemos la coherencia con nosotros mismos. Cuando eso sucede es común que aparezca nuestro juez interno con mensajes acusatorios, diciéndonos que no hemos actuado bien. De esta forma aparece el sentimiento de culpa, castigándonos por no cumplir con nuestro ideal de cómo deberíamos ser y comportarnos ante el resto del mundo.

A medida que se practica la habilidad para decir NO, la culpabilidad va bajando en intensidad, mientras que aparecen otras sensaciones, como la sensación de recuperar el control de nuestra vida, o la sensación de una mayor presencia y seguridad en uno mismo. Sin duda, todo ello contribuye a desarrollar una autoestima más saludable.

A continuación voy a comentaros unas pautas útiles que os pueden ayudar a la hora de practicar la habilidad para poder decir NO.

1. Reconócete el derecho a decir NO. Uno de los derechos que tenemos como seres humanos es nuestra libertad personal, y derivada de ella se encuentra el derecho a decir NO ante una petición externa. Poder decir NO es un acto legítimo mediante el cual expresamos nuestra autonomía e independencia. Recuerda que dentro de tus libertades personales se encuentran derechos tan fundamentales como el derecho a decir NO, el derecho a cambiar de opinión, el derecho a no expresar nuestra opinión, o el derecho a no tener que dar explicaciones sino lo deseamos.

2. Entiende que dar una respuesta negativa no es un acto egoísta. Al igual que el resto de personas están en su derecho de pedirnos algo, y no por ello son egoístas, nosotros también disponemos de nuestro derecho de poder decir NO, sin tampoco serlo por ello. Cuando alguien nos pide un favor, debe contemplar la posibilidad de que nuestra respuesta sea negativa. En caso contrario ya no sería una petición por su parte, sino un mandato que implicaría una obligación por nuestra parte.

3. Tómate tu tiempo. Cuando recibas una petición externa date un tiempo para responder. No actúes de forma impulsiva, como una reacción ante tu miedo a decir NO. Déjate un tiempo para escucharte y pregúntate cómo te sientes ante esa petición. Plantéate si puedes y quieres aceptar lo que te están proponiendo. En caso que tu miedo a decir NO sea muy intenso, piensa en alguna situación del pasado en la que dijiste SÍ, cuando realmente querías decir NO; pregúntate cómo te sentiste y qué consecuencias te trajo tomar esa decisión.

4. Evita la justificación. Es habitual que cuando damos una respuesta negativa a otra persona, y como consecuencia de la culpabilidad que emerge durante esos momentos, nos justifiquemos en exceso. Debemos recordar lo que comentábamos en el primer punto, sobre nuestro derecho a poder decir NO. En este sentido debemos dar nuestra negativa de forma asertiva, es decir siendo claros, directos, y no agresivos. Una técnica muy útil cuando se practica la habilidad para decir NO es la “técnica del sándwich”.

La “técnica del sándwich” consiste en dar una respuesta negativa, pero empezando por una idea positiva que muestre la empatía con la situación y con la otra persona. De esta forma, mantenemos nuestra negativa, pero la incluimos en un “sándwich” de empatía y de compresión respecto a la situación. Por ejemplo, si alguien nos pide ayuda económica le podemos decir lo siguiente:

“Entiendo que estés pasando por una situación difícil y me sabe mal, pero no puedo dejarte dinero; si piensas en otra forma como te pueda ayudar, estaré dispuesto a escucharte”. Idea positiva – Idea Contraria – Idea Positiva.

5. Evita los rodeos. Relacionado con el punto anterior de evitar las justificaciones ante nuestra decisión, otro punto a tener en cuenta es el hecho de mantenerse seguro y ser directo a la hora de manifestar nuestra negativa al otro. Cuando nos justificamos por nuestra negativa nuestro mensaje pierde fuerza. Asimismo, se ha de evitar expresar nuestro NO desde el enfado o la agresividad, y hacerlo siempre de forma respetuosa, serena y clara.

6. Acepta el hecho que no siempre puedes agradar a todos . Al igual que a nosotros no nos gusta todo el mundo, ni tampoco estamos de acuerdo con todas las acciones y opiniones ajenas, también encontraremos otras personas a las que no vamos a gustar. Vivir para agradar, dependiendo de las opiniones externas, nos desgasta física y emocionalmente, limitando nuestra libertad y alejándonos de nuestra esencia personal.

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Sin duda, la práctica de decir NO, nos puede aportar grandes beneficios. Las personas que acuden a terapia, y se atreven a utilizar esta habilidad comunicativa, me comentan que los beneficios no tardan en aparecer.  Me comunican que se sienten más en control de su vida, lo que les da una sensación de seguridad que antes no tenían en sus relaciones sociales. También me comentan que se sienten más confiados y seguros a la hora de asumir nuevos retos, así como una sensación de haber mejorado la opinión que tienen sobre sí mismos.

Para terminar, un efecto no esperado que mis clientes me comentan que perciben cuando se atreven a decir NO, es que lejos de encontrarse con el rechazo de los demás, lo que sienten ahora es que el resto de personas les respetan y admiran más que antes. Todo lo contrario a lo que su mente les advertía que iba a pasar.


Si quieres leer más sobre como aprender a decir NO, aquí te dejo otro de mis artículos sobre el tema:

 Como aprender a decir NO


Leslie Beebe

Acompañamiento terapéutico y emocional

Terapia Gestalt en Barcelona







Los 4 pilares de la autoestima

Los 4 pilares de la autoestima. Una de las áreas que se trabaja en todo proceso de terapia es la autoestima. La autoestima está estrechamente relacionada con la imagen que tenemos de nosotros mismos, el  denominado autoconcepto, e incluye también el tipo de valoración que mantenemos respecto a nuestra persona.

4 pilares de la autoestima


Definimos autoestima como el conjunto de sentimientos, pensamientos y conductas que hacen que una persona se considere digna de ser querida y valorada por sí misma, sin tener que depender para ello de la valoración externa. La autoestima se compone de dos factores básicos; el primero es un sentimiento de aceptación y amor por uno mismo (“yo me acepto y me quiero tal y como soy”), y el segundo es un sentimiento de competencia y valía personal (“yo valgo y puedo conseguir lo que me proponga”).

La autoestima no es innata, se va definiendo a partir de las sensaciones y experiencias que vamos incorporando a lo largo de nuestra historia personal. En este sentido, el entorno que vivimos en la infancia es determinante en la formación de nuestra autoestima. Si durante esos primeros años de vida vivimos en ambientes en los que como niños no fuimos reconocidos, valorados, apoyados y queridos por las figuras parentales, la probabilidad de que nuestra autoestima sea frágil en la edad adulta será más elevada. 

Si por el contrario recibimos cariño, apoyo y reconocimiento en la infancia por parte de nuestros padres, disponemos de más probabilidades para que nuestra autoestima sea saludable cuando seamos adultos. Aunque podemos considerar esos primeros años de formación del carácter como fundamentales en el desarrollo de nuestra autoestima, también debemos valorar el resto de nuestra historia personal como un factor que influye en ella. Asimismo, la autoestima no debe ser entendida como una meta, sino más bien como un elemento que deberemos ir cuidando a lo largo de la vida, como una planta que vamos regando y vigilando.

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Según mi experiencia personal, y a partir del trabajo realizado con mis clientes en terapia, puedo afirmar que un gran porcentaje de la población carece de una autoestima saludable. Alcanzar un nivel de autoestima sano suele requerir de un trabajo terapéutico sostenido a lo largo del tiempo, el cual nos permita ser conscientes de las trampas en las que caemos, y que perjudican la salud de nuestra autoestima. Algunas de estas trampas parten de unas creencias e ideas limitantes sobre el mundo y sobre nosotros mismos. Estas creencias se manifiestan a través de nuestro diálogo interno mediante mensajes de desvalorización y crítica severa hacia nuestra persona. 

La realidad es que en general nos tratamos bastante mal a nosotros mismos, no nos respetamos y en un gran número de ocasiones no creemos ser merecedores de las cosas buenas que nos pasan en la vida. En tal sentido, la terapia puede ayudarnos a tomar cartas en el asunto para empezar a trabajar en la consecución de una autoestima sana.


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Gozar de un nivel de autoestima saludable nos puede ayudar en los siguientes aspectos de nuestra vida:

Facilita la relación con otras personas, favoreciendo las relaciones que nos nutren, basadas en la sinceridad y la honestidad con uno mismo y con el resto.

Mejora la confianza en uno mismo y en las capacidades propias, lo que nos permite tomar las decisiones oportunas para alcanzar las metas establecidas.

Nos ayuda a tomar una mayor responsabilidad personal y una actitud proactiva ante la vida, alejándose de la irresponsabilidad y el victimismo derivados de una baja autoestima.

Contribuye a que alcancemos un bienestar psíquico y emocional.

Nos permite una optima gestión emocional, tomando conciencia de nuestras necesidades, así como la mejor forma para satisfacerlas.

El psicoterapeuta Walter Riso estableció 4 pilares que forman la autoestima, y que en consecuencia deben de considerarse en el trabajo terapéutico. Estos pilares son; el autoconcepto, la autoimagen, el autorrefuerzo y la autoeficacia.

El autoconcepto

El autoconcepto es la opinión que tenemos de nosotros mismos y lleva asociado un juicio de valor. El autoconcepto es la construcción mental de cómo nos reconocemos a nosotros mismos. Esta opinión que tenemos sobre nuestra persona condiciona la forma en como nos hablamos y tratamos. En un gran número de ocasiones mantener una opinión pobre sobre nuestra persona nos conduce a tratarnos de una forma excesivamente demandante y desvalorizadora, e incluso cruel por momentos. Esta actitud también nos lleva a compararnos con otras personas, con la única finalidad de sentirnos víctimas de las circunstancias.

Por el contrario, adoptar un autoconcepto realista y objetivo, aceptando que tenemos puntos débiles de mejora, pero también aptitudes, beneficiará una mirada amorosa y compasiva hacia nosotros mismos.

La autoimagen

La autoimagen es el grado de satisfacción con nuestra imagen. Recordemos que la imagen va más allá de ser una cualidad física, para ser un estado de satisfacción y aceptación con nosotros mismos. En consecuencia es fundamental que seamos nosotros quien nos sintamos bellos, sin necesidad de depender de opiniones externas que nos validen. Creo que a todos nos influye en mayor o menor medida las opiniones externas. Somos seres sociales, y como tal, el juicio está a la orden del día cuando nos relacionamos con nuestros congéneres. Otra cosa diferente es cuando volcamos nuestros esfuerzos en conseguir la aprobación externa.

Cuando vivimos pendientes de los juicios y opiniones externas, nos alejamos de nuestra esencia. Nos convertimos así en seres frágiles y dependientes, a merced del entorno y viviendo de cara a la galería para contentar a otros. Desde esta actitud vivimos en un estado de falta de libertad, con una insatisfacción creciente que intentamos apaciguar mediante los feedbacks positivos del exterior. Cuando tomamos conciencia de que el grado de satisfacción depende de nosotros, y no del entorno, es cuando podemos cultivar una autoimagen saludable.

El autorrefuerzo

La mayoría de nosotros tenemos la tendencia de tratar mejor a las personas de nuestro entorno que a nosotros mismos. En un gran número de ocasiones no nos cuesta ver las capacidades y habilidades de otras personas, sin embargo somos incapaces de reconocer nuestras cualidades y puntos fuertes. En esta línea, al igual que somos capaces de ser compasivos y empáticos con otras personas, también deberíamos empezar a serlo con nosotros mismos. Un ejemplo es cuando empatizamos y aceptamos el error en otros, mientras nos culpabilizamos y castigamos severamente por los errores propios.

Para cultivar una autoestima saludable es fundamental reconocer aquello que hacemos bien, premiando nuestros logros y aceptando que como seres humanos somos susceptibles de equivocarnos, un factor necesario para el aprendizaje.

La autoeficacia

La autoeficacia es la confianza que tenemos de alcanzar unas metas determinadas. Esta habilidad se basa en la creencia que podremos hacer frente a los obstáculos que se nos presenten en la vida, utilizando nuestras habilidades y recursos personales. Esta creencia también es sinónimo de aprender a lidiar con la frustración, entendiendo que no siempre conseguiremos aquello que nos propongamos. Sin embargo, si somos constantes y nos mantenemos apasionados con la meta que deseamos alcanzar, la probabilidad de éxito será mucho mayor.

Si quieres saber más sobre la autoestima, te invito a leer otros de mis artículos relacionados con el tema:

Como aumentar la autoestima

Como mejorar la autoconfianza

La autoestima una herramienta para el cambio


Leslie Beebe

Acompañamiento emocional y terapéutico

Terapia Gestalt en Barcelona





Técnicas de reducción del estrés (III) - La respiración circular

Técnicas de reducción del estrés (III) – La respiración circular. Estamos viviendo una época de gran incertidumbre e inseguridad. Sumado a la pandemia de covid, que ya parecía estábamos superando, ahora se le une la noticia de una muy probable crisis económica que se avecina. El motivo de esta crisis se origina por las restricciones de materias primas y recursos energéticos que estamos experimentando a nivel mundial. Ante un panorama tan desalentador, es importante cuidar de nuestra salud emocional, no dejándonos llevar por el pánico que este tipo de noticias suelen provocar entre la población.

Técnicas de reducción del estrés


Anteriormente, ya os comenté un par de técnicas para reducir el estrés, aquí os dejo los enlaces:

El escaneo corporal

La respiración diafragmática

Hoy, seguimos con una tercera parte de estos ejercicios de relajación, los cuales nos ayudarán a reducir nuestros niveles de estrés y ansiedad. Como ya os comenté con anterioridad, es muy importante la constancia y la implicación con este tipo de prácticas. Solo así, podremos constatar sus beneficios. El ejercicio que os propongo hoy se denomina como la respiración circular.

Para realizar este ejercicio busca un lugar tranquilo, donde no seas molestado durante unos 30 minutos. Desconecta el móvil y evita cualquier otra forma de distracción. Ponte ropa cómoda y asegúrate que las condiciones de la habitación, como la temperatura o la intensidad de luz, sean las adecuadas.

Ponte una alarma en tu reloj; lo recomendable es dedicar a este ejercicio de 20 a 30 minutos. Túmbate en una colchoneta o en la cama, con los brazos extendidos a los lados, las piernas estiradas, y con los pies ligeramente hacia fuera. Toma conciencia de tu respiración y haz unas respiraciones profundas. Es normal que al principio del ejercicio sientas que los pensamientos invaden tu mente. No te preocupes, con la práctica entrar en un estado de relajación te será cada vez más fácil.

Si sientes que los pensamientos se acumulan en tu mente, no te agobies. Imagina en tu mente un cielo azul, y visualiza tus pensamientos como nubes que van apareciendo en él. Simplemente deja esos pensamientos pasar, como si fuesen nubes llevadas por el viento. Acompaña esa imagen con la respiración, visualizando la expiración como el viento que se lleva las nubes fuera de tu vista. Evita quedarte enganchado a los pensamientos, dándole vueltas y futurizando sobre ellos. Si esta tendencia aparece, enfoca de nuevo tu atención en la respiración y en la visualización propuesta.

Terapia estrés


A medida que sientas que las nubes van desapareciendo del firmamento, y tu pensamiento se va calmando, toma conciencia de tu persona, percibe la presión de tu cuerpo en la colchoneta. A partir de ese instante, date cuenta de cómo se encuentra tu respiración. Realiza de 4 a 5 respiraciones profundas, llevando el aire hasta tu vientre y sintiendo como el abdomen sube y baja.

Una vez realizadas estas respiraciones profundas, identifica si hay alguna zona de tensión o malestar en tu cuerpo. Visualiza ese malestar o zona de tensión como un punto rojo en tu cuerpo.

Seguidamente imagina una esfera de energía o luz blanca que entra por tus pies en dirección a la zona de la coronilla, en la cabeza. El ejercicio consta de dos fases, una de inspiración, que consiste en visualizar el aire subiendo por delante de tu cuerpo desde tus pies hasta la cabeza, y una segunda fase de exhalación, donde el aire baja desde la cabeza, pasando por detrás y recorriendo tu columna vertebral, para acabar saliendo por tus pies.

Imagina la energía que entra como una luz blanca y purificadora. Esta luz va a relajar cualquier tipo de tensión o malestar que hayas identificado anteriormente en tu cuerpo. Cuando sientas que la luz blanca pasa por un punto de tensión, imagina que lo barre, y se lo lleva con ella. Al llegar a la coronilla, empieza la fase de exhalación del aire, imaginando como ese aire cargado de tensión baja por detrás de tu espalda hasta llegar a salir por tus pies.

Imagina que toda la tensión y malestar que ha arrastrado la luz blanca a lo largo de su recorrido sale por los dedos de tus pies, como una energía pesada y oscura que abandona tu cuerpo, dejándote una sensación de alivio y bienestar.

Sigue realizando este ciclo de respiraciones hasta que la alarma que has puesto llegue a su fin.

Espero que este ejercicio te sea de utilidad para aliviar los niveles de estrés y ansiedad. Puedes combinar y alternar los ejercicios que te he propuesto. Cuando doy este ejercicio a mis consultantes muchos me comentan que no disponen de 30 minutos al día. Ante ello les comento que no se preocupen, que le dediquen el tiempo que puedan. Les digo que más importante que el tiempo, es que sean constantes con su práctica. Una opción que les suelo proponer es que dediquen al ejercicio 10 minutos antes de dormir, y 10 minutos al despertar, pues es una forma ideal tanto de empezar como de acabar el día.

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Si te sientes desbordado/a por el estrés y ansiedad, sería recomendable que pidieses ayuda profesional, pues en la mayoría de ocasiones estos estados son manifestaciones de algún asunto que no hemos sanado, y que deberíamos atender para no llegar a sufrir trastornos más graves.


Leslie Beebe

Acompañamiento terapéutico y emocional


12 señales para saber cuándo acudir a terapia

12 señales para saber cuándo acudir a terapia. Una de las principales preguntas a las que nos enfrentamos los profesionales de la relación de ayuda es la siguiente; ¿Cuándo debo ir a terapia?. Obviamente no hay una respuesta única para esta pregunta, pues depende de cada situación personal. No obstante, podemos generalizar diciendo que es aconsejable recurrir a terapia psicológica cuando estemos pasando por una situación ante la cual nos sentimos desbordados, y en consecuencia no sabemos cómo gestionar.

Señales acudir a terapia
Este tipo de situaciones tienen como denominador común un bloqueo en nuestro ser, impidiéndonos fluir con la vida. Este desequilibrio emocional y personal suele manifestarse en unos niveles elevados de sufrimiento y malestar, los cuales perjudican nuestra calidad de vida y limitan nuestra capacidad de acción.

A continuación voy a comentar 12 señales que nos pueden indicar que sería aconsejable buscar ayuda terapéutica

1.  Sufrir de dolores y molestias recurrentes sin que haya una explicación médica para ellos. Algunos de estos síntomas son cefaleas, trastornos digestivos, cansancio generalizado o dolores musculares, entre otros.

2. Sensación de apatía y pérdida de ganas para realizar actividades con las que anteriormente disfrutábamos.

3. Despertarse por la mañana desmotivado y falto de energía, aun habiendo descansado.

4. Tendencia creciente a recurrir a sustancias como el alcohol, drogas o incluso comida, como una forma de evitación y escape de la realidad.

5. Aparición de insomnio o problemas en las rutinas del sueño, así como cambios en los hábitos alimentarios como puede ser comer excesivamente, o bien la aparición de falta de apetito.

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6. Sensación de aceleración en nuestra rutina diaria, así como una mayor irritabilidad para enfrentar las distintas situaciones de la vida cotidiana. En definitiva, cualquier síntoma que nos haga ser conscientes que no estamos gestionando nuestras emociones de una forma eficiente y saludable.

7. Pensamientos intrusivos, e ideas pesimistas y catastrofistas sobre el futuro.

8. Pensamientos despreciativos sobre nuestra persona, los cuales se manifiestan en un diálogo interno crítico y de menosprecio hacia nosotros mismos.

9. Comentarios de amigos, familiares y personas cercanas, los cuales nos hayan recomendado pedir ayuda.

10. Cambios radicales e inesperados que pueden aparecer en nuestra vida, como la muerte de un ser querido, un despido laboral o una ruptura sentimental. Estas situaciones provocan un fuerte impacto en nuestra persona, por lo que es aconsejable acudir a un profesional de la terapia que nos acompañe a transitar esta época de crisis.

11. Problemas en la superación de algún trauma pasado, o bien la imposibilidad de cerrar asuntos de nuestra historia personal, y que en la actualidad seguimos cargando como un peso en nuestra mochila emocional.

12. Dificultades en las relaciones que mantenemos con otras personas (pareja, padres, amigos, compañeros de trabajo…), las cuales se manifiestan a través de patrones de relación no saludables, que se repiten en nuestra vida, los cuales nos limitan y nos generan malestar.

Estos son algunas de las principales razones que pueden aconsejar acudir a terapia. Obviamente, cada persona y situación son diferentes, por lo que será la persona afectada, la que en última instancia tendrá que tomar la decisión y pedir ayuda, si así lo cree conveniente.

En caso de que no seamos nosotros quien estamos sufriendo, sino alguien de nuestro entorno, mi consejo es que podemos recomendar a esa persona que pida ayuda, pero nunca obligarla a que se someta a un proceso terapéutico. La explicación para ello es que una de las claves del éxito de las sesiones es la constancia y el compromiso de la persona que sufre con la terapia. Cuando la persona se siente forzada a venir, este factor se pierde, por lo que la probabilidad de éxito de la terapia pasa a ser prácticamente nula.

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Si sientes que estás pasando por un momento difícil y te sientes desbordado/a, no lo pienses más, la terapia puede ayudarte a superar el sufrimiento que estás viviendo.

Para más información CLICA AQUÍ y te informaré sin compromiso, o bien llama o whatsapp al 645 368 714.

Leslie Beebe

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