“Lo
que niegas te somete, lo que aceptas te transforma” C.Jung.
El Arcano Número XV del
tarot corresponde a la figura del Diablo, junto con la Muerte, son dos de las
cartas más temidas en el tarot. Pero ¿quién es este personaje?. La idea del diablo se remonta a los comienzos
de la humanidad. En un principio partía de una concepción que se alejaba de la
personificación, involucrando a los buenos y malos espíritus que convivían en
la naturaleza. El primer Diablo, personificado en este caso, parece ser el que
aparece en la India como Mara, la tentadora de Buda. Posteriormente en los
escritos del Viejo Testamento, Satán (adversario en hebreo), aparece como un sirviente de Dios, y no como
un adversario, castigando a la humanidad en nombre del todopoderoso. El
concepto de Diablo como el ángel expulsado por Dios es una creación del
cristianismo, que se fue configurando en los primeros siglos de existencia.
Carl Jung argumentaba
que el bien y el mal son pares de opuestos, uno no puede existir sin el otro,
como la noche no se concibe sin la existencia del día. Por este motivo concluyó
que Dios debía también tener su opuesto, su alter ego, por tanto su lado
oscuro. A partir de esta idea de dualidad Jung relacionó el Diablo con el
arquetipo de la Sombra, y por tanto con el aspecto oscuro de nuestra
personalidad. Esta idea entiende lo oscuro como aquellos aspectos de uno mismo que la
persona ha alienado y proyectado en el mundo exterior, los cuales no son aceptables para nuestro
ego. Jung concebía a la Sombra como la clave dentro del proceso de individuación. Únicamente cuando los
contenidos de la Sombra que habitan en el inconsciente son traídos a la
conciencia para ser reconocidos e integrados, entonces el individuo puede
alcanzar la totalidad.
En las cartas del tarot
el Diablo hace referencia a Lucifer, al que “trae
la luz”. De hecho en la imagen de la carta aparece con una antorcha en sus
manos. Por tanto ya nos advierte que va a ser el propio Diablo quién ponga luz en aquellas zonas
oscuras de nuestra personalidad, a nuestra Sombra. Las dos personas que
aparecen en la carta también nos hacen referencia a la dualidad, a los
opuestos, luz y sombra, bien y mal, hombre y mujer, uno no se comprende sin la
existencia del otro.
En nuestra sociedad se
ha hecho un culto al bien, hasta tal extremo que cuando tenemos un sentimiento
oscuro nos sentimos culpables, nos avergonzamos y buscamos ser castigados de
alguna forma. Sin embargo, negar el mal no hace que éste desaparezca, pues
necesita también de su espacio. Al negarlo lo que hacemos es proyectarlo en el
exterior, en el otro, nos victimizamos y sentimos que todo lo malo que nos pasa
es por culpa del otro, evitando así asumir la responsabilidad en nuestra vida.
“En
la medida que descubramos los secretos del arquetipo de la sombra y nos
apropiemos de cada proyección, nos hallaremos en mejores condiciones,
necesarias para ver sus tesoros. El hecho de abrazar el lado oscuro de la
realidad nos convierte al igual que Lucifer en portadores de luz. Así cuando
nos abrimos al otro, al extraño, al rechazado, el débil, el despreciado, donde
su aceptación nos permitirá transmutarlo y despertar a una vida superior.
Entonces será cuando empecemos a escuchar la voz del sí mismo (el Self) y ya no
tendremos que creer en la magia porque esta se hallará a nuestro alcance”.
(Zweig&Wolf, 1999, p 68).
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El analista junguiano
R. Wang argumenta que el encuentro con la Sombra, y su posterior aceptación e
integración, es un proceso que muy pocos logran porqué además de ser una
experiencia desagradable, la mayoría de las personas no son conscientes de ella
y viven únicamente bajo la buena luz que proyecta su ego. Los dos personajes
que aparecen en la carta del Diablo nos remiten a este significado, son Adán y Eva. Los dos se
encuentran de espaldas al Diablo y están atados por unas cadenas; son como dos
títeres manipulados por el Diablo, inconscientes de lo que pasa en su vida.
Aunque atados por las cadenas, éstas no les oprimen, seguramente si los dos
personajes tomasen conciencia de esta manipulación, serían capaces de liberarse
de ellas, pero para ello sería necesario que se diesen la vuelta, mirasen al
Diablo de frente y tomasen conciencia que se encuentran atados. Este encuentro
implicaría encontrarse con aquellos aspectos que más nos asustan de nosotros
mismos, aquellos instintos primarios que la sociedad nos ha enseñado que no son
aceptables y que no debemos mostrar al mundo por el miedo a perder nuestra
buena imagen. Aceptar que hasta ese momento no hemos sido libres, es un acto aterrador para la persona.
Es curioso que el
Diablo sea la carta que abre el último septemário del tarot, el denominado
nivel transpersonal o de iluminación del alma. La carta ya nos advierte que uno
no conseguirá la iluminación únicamente practicando la meditación, viajando al
Tibet o volviéndose vegano, sino que será necesario superar la tentación del
diablo, una prueba totalmente mundana, con aquello material que nos envuelve en
el día a día; el dinero, el poder, el sexo, la imagen, y como nos relacionamos con ellos. Si somos capaces de tomar conciencia de aquello que nos
ata en nuestra vida, de aquellos aspectos que no aceptamos en nosotros,
podremos llegar a un nivel de conciencia superior.
“Cuando
se integra a la Sombra el mundo deja de aparecer lleno de adversarios que son
productos del inconsciente, y las personas que discrepan de nosotros ya se
pueden ver como individuos. La mayor parte de los problemas de la sombra son
problemas personales y la solución al problema se alcanza aceptando las partes
de nuestra personalidad única que con anterioridad han sido rechazadas o
ignoradas.” (Robertson, 1998, p 205)

Según Jung una forma de
conectar con nuestra sombra es a través de los sueños. Para Jung la sombra
puede tomar múltiples formas, se puede manifestar en animales como arañas,
murciélagos y ratas. En la misma carta del Diablo, ya nos hace referencia a
distintos símbolos relacionados con los animales; el Diablo se representa con
alas de murciélago, cuernos, cabeza y pelaje de un macho cabrío. Los dos
personajes masculino y femenino (Adán y Eva) también aparecen con cuernos y
rabos animales, simbolizando el mundo instintivo. La antorcha que lleva el
diablo aparece como la puerta para iluminar la oscuridad de la carta y como una
forma de poner luz a un mundo instintivo que permanece en la sombra. Otros
símbolos como la estrella de cinco puntos invertida, las cadenas, la mano
extendida y el cajón en el que están atados Adán y Eva, nos remiten a las
fuerzas destructivas y a la cruda realidad terrenal a la que estamos de alguna
forma esclavizados. El mensaje es claro; no va existir un fondo trascendental o
una profundidad espiritual si no tomamos
conciencia y miramos aquello que nos esclaviza en nuestra vida. El diablo nos
dice:
“Encuentra
tu lado oscuro, lleva a la luz tu oscuridad. Toma conciencia de tus
dependencias y ataduras, para así poder decidir libremente. Observa en qué
situaciones abusas de tu poder y manipulas, o bien dejas que lo hagan contigo.
Si aprendes a vivir conscientemente a este lado, dando a tu Sombra una forma
creativa, podrás liberarte de tu atadura”.
Leslie Beebe