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La Negación ante una Ruptura de Pareja


La negación ante una ruptura de pareja. La ruptura de pareja es una de las experiencias que más dolor nos produce en nuestra vida. Tras un hecho traumático de estas características, será necesario un proceso de duelo para recomponernos y aceptar la nueva realidad que se nos presenta. Como todo proceso, el duelo requiere de un tiempo de elaboración, en este sentido querer coger atajos, como por ejemplo buscarnos otra pareja, únicamente nos conducirá a un mayor sufrimiento, dificultando poder pasar página. El objetivo del duelo es que con el tiempo podamos recordar la relación que acaba de finalizar sin dolor, sin resentimientos ni culpas.

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Las principales etapas del duelo por una ruptura de pareja son las siguientes; la negación, el anhelo, el cuestionamiento, la ira, la culpa, la depresión y la aceptación. No obstante debemos tener claro que estas etapas no son lineales, es decir que ni todo el mundo pasará por todas ellas, ni tampoco lo hará en este orden, pues dependerá de la situación personal de cada individuo. Sin embargo opino que puede ser una orientación para conocer donde nos encontramos en el proceso de duelo.

Cuando uno vive una ruptura se siente en shock, apareciendo sentimientos de decepción y de angustia, y es que una cosa es que la relación se haya terminado, y la otra que nos demos cuenta de ello, a esto se refiere la primera fase del duelo; la negación.

La negación es una etapa que se inicia con el shock inicial ante una ruptura. Ante la dura noticia nos quedamos conmocionados y nos resistimos a aceptar la realidad que se nos presenta. Sin embargo la negación es una etapa necesaria en todo duelo, pues nos aporta un cierto distanciamiento con el dolor de la ruptura. Este enfriamiento emocional nos ayuda a afrontar el dolor de una forma progresiva, como un mecanismo de defensa de nuestra psique.

A continuación menciono algunos de los pensamientos característicos de esta etapa y los posibles razonamientos que podemos hacer al respecto, para así evitar quedarnos enganchados a ellos.

 “No puedo entender como ha dejado de quererme de un día para otro”

Seguramente existían indicios de que la relación ya no iba bien, aunque uno mismo sea reacio a la autocrítica. Es poco frecuente que uno se levante un día y tome una decisión de este calibre, solo porque se ha levantado con el pie izquierdo. Es probable que si analizas la situación percibas que en la relación ya existían indicios de problemas en la pareja como son; una falta de interés hacía el otro, un mayor aburrimiento en el tiempo de ocio, frecuentes discusiones por temas de poca relevancia, una  frialdad sexual, o un distanciamiento afectivo, entre otras. Todos ellos son factores a los que no damos importancia cuando estamos en la relación, y ante los cuales solemos buscar excusas para no abordarlos; como la falta de tiempo, la convicción de que todo marcha bien, o simplemente que son temas que nos da vergüenza o miedo abrir ante la pareja. En caso que no seas consciente de ninguno de estos factores, entonces es que realmente ha existido una gran falta de comunicación con tu pareja, una de las bases de su buen funcionamiento.

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“Seguro que he hecho algo mal, es todo por mi culpa”

Seguramente tú no tienes toda la culpa de lo ocurrido, pero eso no te exime de cierta responsabilidad por ello. Plantéate de forma racional aquello que hubieses podido mejorar en tu relación de pareja, por ejemplo darte cuenta que estabas muy involucrado con tu trabajo y no le dedicabas suficiente tiempo a tu pareja. Todos cometemos errores, en este sentido uno de los mayores aprendizajes son las crisis y las rupturas, para así darnos cuenta de nuestras debilidades en la relación con el otro. Los aspectos que identifiquemos son nuestros puntos débiles, aquellos que debemos trabajar en futuras relaciones, para así no dejarnos llevar por ellos. Autocastigarnos y culpabilizarnos únicamente nos conducirá a un mayor sufrimiento, lo que contribuirá a deteriorar nuestra autoestima.

“Quiero que vuelva, no puedo vivir sin él”

En primer lugar debemos pensar en los motivos que justifican volver con nuestra pareja, y plantearnos si vale la pena volver a la vida de pareja que teníamos antes. Asimismo, el hecho de reemprender la relación no es algo que dependa únicamente de nuestra voluntad, pues el otro tiene mucho que decir al respecto, por lo que tenemos que abrirnos a la posibilidad que la relación esté terminada.

Muchas veces el deseo propio de retomar la relación no surge de una voluntad genuina por estar con la pareja, sino de querer llenar nuestra sensación de vacío interior que aparece ante la ruptura. Esta sensación de vacío deriva de nuestros miedos más primarios, los cuales emergen con gran intensidad ante una situación de ruptura. Estos miedos que sentimos en nuestro interior están relacionados con aspectos como el abandono y el rechazo, miedos que tienen su origen en nuestra infancia, cuando dependíamos enteramente de los adultos para sobrevivir.

Relacionado con el punto que comentábamos anteriormente, seguramente existen motivos que justifican la ruptura; sin embargo en caso de que ambos miembros decidan retomar la relación, es importante analizar conjuntamente qué aspectos personales y relacionales deben cambiar, para de esta forma crear una dinámica de pareja diferente y así no volver a caer en los errores del pasado. Las palabras y la voluntad de cambio no bastan por sí solas si no se toman acciones al respecto. Asimismo, y como ya hemos comentado anteriormente, debemos tener claro que los dos miembros han de estar abiertos a dar una nueva oportunidad a la relación, cosa que muchas veces no sucede.

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En segundo lugar, debemos tener claro que antes de empezar nuestra relación teníamos una vida propia, con unos intereses e inquietudes. En consecuencia no tiene sentido decir que no podemos vivir sin la pareja, obviamente podemos vivir sin el otro, aunque ahora, inmersos en el dolor de la ruptura, nos sea difícil contemplar esa posibilidad. En este sentido es importante diferenciar entre el amor y la valoración hacía nosotros mismos, lo que denominamos como autoestima, y el amor que damos y recibimos de nuestra pareja, los dos no deberían mezclarse. No obstante, y debido a los bajos niveles de autoestima de la mayoría de la población, tenemos la tendencia a confundir ambos, poniendo la valoración y el amor propio en manos ajenas. Cuando esta confusión se produce es habitual que surjan problemas en la pareja como la posesividad, los celos, el control y la desconfianza, entre otros.

Estos serían algunos de los pensamientos más comunes que nos invaden ante una ruptura sentimental, aunque obviamente existen muchos más. Asimismo y conjuntamente con este tipo de pensamientos, es habitual que en la etapa de negación se pongan en marcha toda una serie de rituales, que si se mantienen en el tiempo, pueden dificultar el paso a las siguientes etapas del duelo. Algunos de estos rituales son: espiar la cuenta de nuestra ex pareja en las redes sociales (Facebook, Instagram…), preguntar a amigos y familiares para obtener información de cómo está viviendo la pareja la ruptura, adoptar actitudes de seguimiento y control de la ex pareja, buscar la mínima excusa para entrar en contacto con ella, etc…

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Debemos tener una cosa muy clara, y es que ninguna de estas actitudes y rituales nos devolverá la pareja, al contrario, nos va a dificultar pasar página, lo que va a alargar enormemente el proceso de duelo. La premisa básica que siempre digo a mis clientes es que el duelo requiere de una distancia, tanto física como emocional con la ex pareja. En relación a este aspecto es básico no disponer de información sobre lo que el otro hace o deja de hacer. Lo más importante es focalizarnos en nuestro bienestar, para así recuperarnos lo antes posible del impacto emocional producido por la ruptura. Como si de una droga se tratase, debemos tener claro que no podemos dejar de ser adictos si la vamos consumiendo, aunque sea en pequeñas dosis, como mirando las fotos de la ex pareja en Instagram. Debemos plantearnos en qué nos beneficia una actitud de este tipo, al estar viviendo una fantasía que nos mantiene atados al pasado.

Para llevar a cabo el distanciamiento con nuestra ex pareja podemos adoptar toda una serie de acciones como son: borrar a la persona de nuestras redes sociales, bloquearla en dispositivos como whatsapp, guardar fotos y objetos que nos recuerden a ella en una caja y ponerla en un lugar fuera de nuestra vista, frecuentar lugares diferentes a los que íbamos con nuestra ex pareja, apuntarnos a actividades nuevas, etc…

Como el resto de etapas que conforman el duelo, la negación es una fase necesaria en el proceso de recuperación de nuestro equilibrio emocional, sin embargo, si nos quedamos anclados en ella, y nos negamos a enfrentar los sentimientos derivados de la pérdida, corremos el riesgo de sufrir un duelo patológico. El duelo patológico nos mantiene anclados al sufrimiento por la pérdida, lo que puede derivar en problemas de salud como los trastornos depresivos.

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Por último debemos recordar que aunque el duelo no es un proceso agradable, es necesario para nuestro aprendizaje y para la recuperación de nuestro bienestar físico y emocional.

Si sientes que necesitas ayuda para pasar página con tu ex pareja, la terapia puede ayudarte. Rellena el formulario de contacto, o bien llama o whatsapp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

Si quieres conocer más sobre este tema, aquí te dejo otros de mis artículos:



Leslie Beebe


El proceso de duelo


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Cuando escuchamos la palabra duelo, a la mayoría de nosotros nos viene a la mente el fallecimiento de un ser querido. Sin embargo la palabra duelo, cuyo significado es dolor, es extensible a cualquier proceso derivado de una pérdida en nuestra vida, ya sea la muerte de un ser querido, una ruptura de pareja, el fallecimiento de una mascota, o incluso la separación de un objeto al cual nos sentimos emocionalmente apegados como una casa. En este artículo voy a focalizarme en el duelo derivado de una ruptura sentimental.

Una separación es una experiencia emocionalmente traumática, y por este motivo es necesario que las partes involucradas pasen un proceso de duelo. El objetivo del duelo es asimilar el impacto emocional de la ruptura, sanar la herida emocional y adaptarse a la nueva vida sin la persona amada. Aunque soy contrario a establecer normas respecto a la duración de un duelo, pues es un aspecto que varía según cada persona, se estima que un  duelo causado por una separación de pareja puede prolongarse entre seis meses y un año.

Todos en algún momento de nuestras vidas pasamos por una ruptura sentimental, ya sea porque nosotros decidimos tomar la iniciativa y dejar la relación, o bien porqué un día nos levantamos y nuestra pareja nos anuncia que nos deja. Cada ruptura es diferente, según la persona y las circunstancias que la rodean, pues influyen multitud de factores. Por ejemplo no es lo mismo que una de las partes se levante un día y anuncie de forma inesperada que deja a la pareja, que si se trata de una decisión tomada de forma conjunta por una convivencia deteriorada, o bien porque existen terceras personas en la relación. Tampoco la vivencia de la ruptura es igual si se produce a los 20 que a los 50, ni tampoco es igual el efecto para cada una de las partes, siendo la parte dejada la más afectada en un primer momento por el impacto de la noticia.

El proceso del duelo se caracteriza por una serie de fases por las que la persona va a ir transitando durante este periodo. No obstante, al igual que lo comentado respecto a la duración del duelo, estas fases pueden variar también en orden y alternarse, dependiendo del carácter de cada persona y de las circunstancias del entorno, y por tanto no se puede generalizar. Sin embargo podemos enumerar unas etapas que suelen ser comunes en todo proceso de duelo:

1.Impacto Inicial. Cuando nuestra pareja nos anuncia su deseo de separación, se produce en nosotros una primera reacción de incredulidad e irrealidad, un impacto ante el cual nos quedamos paralizados y nos sentimos incapaces de reaccionar.

2. Negación. Esta etapa se caracteriza porque no queremos aceptar que la relación ha terminado. Intentamos negar lo ocurrido y vivimos con la esperanza de recuperar  la pareja. Es habitual en esta etapa estar pendiente de lo que hace la otra persona, idealizando la relación. Todo ello como un intento de no contactar con el dolor que nos produce la ruptura. En ocasiones es común en esta etapa no informar a familiares y amigos sobre la ruptura, como una forma de auto convencernos que la ruptura será algo pasajero y todo volverá a la “normalidad pasada”. Nos cerramos pues a sentir lo que estamos viviendo.

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Si tienes dificultades con tu proceso de duelo te puedo ayudar. LLámame o WhatsApp al 
645 368 714 o escribe a lesbcn13@gmail.com

    3.Tristeza/Rabia. Esta fase se caracteriza por la alternancia de dos estados; uno, podemos conectar con un sentimiento de tristeza, o dos, podemos contactar con el enfado y la rabia. Una suele preceder a la otra y a la inversa. En caso que conectemos con la tristeza, es característico durante este estado que nos encontremos deprimidos, apáticos, sin energías y nostálgicos por aquello que fue y que ya no volverá. Aparece una sensación de vacío y pensamientos de desvalorización y falta de confianza en uno mismo del tipo; “nunca voy a recuperarme de esto”, “Para qué levantarme y hacer cosas”, “Yo no sirvo para estar en pareja”, “No me voy a volver a enamorar”, etc…. En el supuesto que la emoción que emerja sea la rabia, contactamos con el enfado de la situación vivida. Por lo general esta rabia se proyecta en el otro, responsabilizándole y culpándole por lo sucedido. Frases del tipo; “todo es culpa tuya”, “me has hecho daño y te odio”, “Por tu forma de ser todo ha ido mal”…  Es habitual que en esta etapa aparezcan sentimientos de resentimiento y rencor hacía la pareja. En ocasiones esta rabia puede dirigirse hacia nosotros mismos, culpándonos de lo sucedido y por no haberlo “sabido hacer bien”.

4.Dolor. En esta etapa nos abrimos al dolor de la perdida. Aparecen emociones como el dolor, la angustia, así como sentimientos de vacío y soledad. En esta etapa es importante no reprimir estas emociones, permitirnos sentir y expresar, tratando de no enjuiciar aquello que sentimos.

5.Aceptación. Poco a poco el dolor va a ir remitiendo para dejar paso a una progresiva aceptación de la ruptura. En esta etapa damos un espacio a la experiencia vivida, podemos tomar una distancia del trauma emocional, por tanto es posible percibir la experiencia con una mayor objetividad, así como aceptar que lo que pasó no fue todo culpa del otro, para de esta forma aceptar nuestra responsabilidad en la ruptura. Es una etapa en que también es posible tomar conciencia de todo aquello que hemos aprendido de dicha experiencia. La aceptación no supone renunciar o negar la relación pasada, sino encontrar un lugar adecuado para esta experiencia en nuestra vida emocional.
   
    
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   Como he comentado anteriormente estas fases y su duración son variables según cada caso. No obstante si percibimos que el proceso de duelo se estanca y no hay avance, si sentimos que cada vez estamos más tristes y desesperanzados, entonces podemos estar hablando de lo que se denomina como duelo patológico, el cual si se prolonga en el tiempo puede acabar provocando un trastorno de ansiedad o un trastorno depresivo. En estos casos es aconsejable que pidamos ayuda profesional para que nos acompañe en el proceso y así poder superar la ruptura.
      
  Leslie Beebe
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