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Cómo saber si mi relación de pareja funciona

¿Cómo saber si mi relación de pareja funciona?. Una de las preguntas que se cuestiona un elevado número de personas que acuden a terapia, es el dilema de saber si su relación de pareja funciona, y en caso negativo si sería aconsejable plantearse terminar con la relación.

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En la mayoría de estos casos, cuestionarse si se desea seguir con la relación de pareja es una pregunta que aparece con el tiempo, a medida que se avanza con la terapia. Es verdad que hay un porcentaje de personas que llegan a terapia de pareja para resolver los conflictos que aparecen en la relación, no obstante no es lo más habitual.

En un primer momento, la demanda terapéutica del consultante suele ser otra. Normalmente la persona que acude a terapia lo hace motivada por toda una serie de síntomas físicos y emocionales, los cuales le generan malestar. Algunos de estos síntomas son; apatía, ansiedad, pensamientos obsesivos y disfunciones sexuales, por mencionar algunos de los más comunes.

A medida que el proceso terapéutico avanza, la persona es capaz de ver que estos síntomas que le generan malestar actúan como distractores de una motivación más profunda, la cual se esconde detrás de todas estas manifestaciones. En estos casos, la persona se da cuenta que le es más fácil seguir focalizado en sus síntomas físicos, que enfrentarse a una incomodidad mayor, como es abrirse a la posibilidad de que esté viviendo una crisis de pareja.

La aparición del dilema sobre si seguir o no con la pareja supone un momento complicado para el consultante. Intuir que los síntomas físicos que le han estado afectando en los últimos meses derivan de un descontento con la relación de pareja, conlleva un duro golpe para la persona. En estos momentos de” insight personal” el acompañamiento terapéutico resulta de gran ayuda.

Esta toma de conciencia suele generar en el consultante la aparición de dos fuerzas que entran en conflicto. La primera de estas fuerzas es activa e impulsa a la persona a realizar cambios en su vida. Esto no significa una ruptura inevitable de la relación, pero sí que la persona se abra a esa posibilidad. Esta fuerza activa se manifiesta a través de que la persona se plantee como se siente con la relación, las posibles acciones a tomar al respecto, y cual es la mejor forma de expresar sus emociones y sentimientos a la pareja.  

Sin duda alguna, el elemento de la comunicación con la pareja juega un papel fundamental para poder resolver el momento de crisis que se está viviendo.

La segunda de las fuerzas es aquella que empuja a la persona a quedarse en lo conocido, en la zona de confort. Esta fuerza se expresa mediante la pereza, la postergación y la represión de las emociones y sentimientos relacionados con la pareja. La tendencia de la persona ante esta energía es quedarse en una posición pasiva y victimista, pues la persona se resiste a aceptar que debe enfrentarse a una situación incómoda que le genera malestar.

Seguir en lo conocido (aunque no sea la situación que realmente se desea) aporta a la persona seguridad, evitando que ésta deba enfrentarse a la incertidumbre que le genera un futuro desconocido.

Ciertamente la posibilidad de terminar con la relación hace emerger toda una serie de miedos en la persona; como el miedo a la soledad, el miedo a no sentirse capaz de seguir adelante sin la pareja (ya sea a nivel económico, personal, social…), el miedo al juicio externo (qué pensará la familia, los amigos…), o vivir la posible ruptura como un fracaso personal, son todos ellos factores que aumentan la resistencia a enfrentarse a una realidad como es que ya no estamos bien con nuestra relación de pareja.

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A continuación voy a exponer unas cuestiones básicas, que pueden ayudarte a tomar una mayor conciencia sobre cómo te sientes con tu relación de pareja actual. Responde a ellas con toda sinceridad. Si una vez respondidas sientes que tu relación no está funcionando como a ti te gustaría, sería recomendable que consultases con un profesional de la relación de ayuda.

1)      Puntúa del 1 al 10 la calidad del tiempo que compartes con tu pareja

2)      ¿Cómo te sientes (emociones/ sensaciones/ sentimientos) cuando estás al lado de tu pareja?

3)      ¿Te sientes libre para ser y mostrarte tal y como eres cuando estás con tu pareja?

4)      ¿Sientes que dejas de hacer actividades o ver a determinadas personas por miedo a lo que pueda pensar tu pareja?

5)      ¿Te ves en un futuro compartiendo la vida con tu pareja actual?

6)      Al terminar la jornada, ¿intentas buscar compromisos para no llegar a casa con tu pareja?

7)      ¿Sientes que tu pareja te aporta paz y tranquilidad?, o por el contrario te sientes intranquilo/a y en alerta cuando estás con ella.

8)      ¿Sientes que aquello que para ti es innegociable en una relación de pareja se cumple con ella?. Por ejemplo si para ti es innegociable estar con una persona generosa, o bien si es impensable plantearte estar con una persona celosa… comprueba si tu pareja cumple con esos requisitos.

9)      ¿Te sientes controlado/a por tu pareja?

10)  ¿Sientes que la personalidad de tu pareja te pone nervioso/a, o te altera?, ¿Te das cuenta que recriminas a tu pareja esa forma de ser que te incomoda?

11)  ¿Sientes que tu pareja te obliga a hacer cosas que realmente no deseas? por ejemplo te hace vestir de una determinada forma, o llevar un estilo de vida que no va contigo.

12)  ¿Te das cuenta que has dejado de lado intereses, o actividades desde que estás con tu pareja?

13)  ¿Percibes que das más de lo que recibes en tu relación de pareja?

14)  Del 1 al 10 puntúa la calidad de tus relaciones sexuales con tu pareja

15)  ¿Sientes que a veces te callas y no expresas por miedo a la posible reacción de tu pareja?

16)  Si conocieses ahora a tu pareja, ¿Te plantearías de nuevo una relación con ella?

17)  ¿En la actualidad compartes unos valores y un proyecto de vida en común con tu pareja?

18)  ¿Las discusiones son habituales en la relación?, ¿Hay faltas de respeto cuando se producen esas disputas con tu pareja?

Estas son algunas preguntas que pueden ayudarte a determinar el estado de salud de tu relación de pareja. Si no estás satisfecho/a con tus respuestas, la terapia puede ayudarte con los siguientes puntos:

1)      Te ayudará a ampliar tu conciencia sobre cómo te sientes con tu relación de pareja actual, aclarando aquellas dudas que puedan aparecer al respecto.

2)      Posibilitará que valores las posibles opciones que se te plantean, y tomes las decisiones más oportunas.

3)      Te ayudará a abrir y expresar temas emocionales con tu pareja, los cuales pueden ser complicados para ti.

4)      Te acompañará en momentos críticos, como puede ser una crisis de pareja, para darte la serenidad y la claridad mental respecto al camino que deseas tomar en tu vida; ya sea ayudándote a tomar conciencia de aquello que no funciona en tu relación y desearías cambiar, o bien acompañándote a terminar la relación si ese fuese el caso.

5)      Te ayudará a no actuar desde el miedo o la impulsividad en los momentos de crisis, para así tomar las decisiones que sientas como más adecuadas.

6)      En caso de separación la terapia te acompañará en el momento de la ruptura sentimental, así como en el posterior proceso de duelo.

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Tipos de apego y relaciones de pareja

Tipos de apego y relaciones de pareja. La personalidad, los patrones de relación, la forma de gestionar nuestras emociones e incluso la pareja que elegimos, están íntimamente relacionados con el tipo de apego que desarrollamos en la infancia.

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Denominamos como apego el vínculo afectivo que se establece desde los primeros años de vida entre la madre y el recién nacido. El tipo de apego guarda relación con la sensación de seguridad y protección que siente el niño ante potenciales situaciones de amenaza. En casos en que se ha desarrollado un apego seguro, el infante ha podido explorar, conocer el mundo y relacionarse desde una base de seguridad, sabiendo que existe una figura parental que está presente y lo sostiene. En casos en que las figuras parentales están ausentes, o mantienen una actitud ambivalente en el cuidado de las necesidades emocionales del infante, se desarrollan otros tipos de apego más inestables, como puede ser el apego ansioso, el evasivo o el desorganizado.

En la edad adulta, una de las vinculaciones más fuertes es la que mantenemos con la pareja, la cual vendrá condicionada por el entorno familiar en el que crecimos y el tipo de apego que se formó en esos primeros años de vida.

Conocer qué tipo de apego vivimos en la infancia es fundamental para poder involucrarnos en relaciones saludables, evitando así entrar en dinámicas tóxicas y de dependencia con la pareja.

A continuación voy a exponer los principales tipos de apego y sus características, focalizándome en las relaciones adultas de pareja

Podemos clasificar el tipo de apego en 4 grandes grupos; ansioso, evitativo, desorganizado y seguro. Obviamente hablamos de un mapa de referencia, considerando dentro de cada tipo diferentes niveles de intensidad y características particulares según cada persona.

Apego Ansioso

Las personas que han vivido un apego ansioso son individuos que dan una gran importancia a las relaciones de pareja en su vida. Suelen ser personas que se vinculan rápidamente, y con frecuencia no son ellas las que escogen a su pareja, sino que son las escogidas. Son personas que basan su felicidad en las relaciones de pareja, por este motivo también llegan a sufrir mucho por ellas.

La herida principal del apego ansioso es la del abandono, por este motivo son personas muy sensibles al rechazo, presentando un profundo miedo a ser dejadas por la pareja. Debido a este intenso miedo al abandono, suelen vivir la relación desde un estado de tensión, analizando e interpretando todo lo que hace o dice la pareja. En la relación son individuos que están muy atentos ante cualquier indicio que pueda indicarles que el otro se aleja, o pierde interés en ellos.

Como consecuencia de este profundo miedo a perder al otro, suelen necesitar de la presencia constante de la pareja. Cuando la pareja no se encuentra presente, sufren y se sienten frágiles e inestables. Con frecuencia son personas que cuando se encuentran alejadas de la pareja le dan muchas vueltas a la cabeza; son bastante paranóicas, haciéndose preguntas constantes sobre el nivel de compromiso de la pareja con la relación.

Curiosamente, los individuos con apego ansioso son personas que suelen aparentar que son independientes y seguras cuando están sin pareja. No obstante, cuando entran en una relación se vuelcan completamente en el otro, dedicándole todo su tiempo y energía. De esta forma es habitual que pierdan completamente su centro y se olviden fácilmente de sus necesidades, pasando a mantener una actitud servicial y de confluencia con el otro.

Dentro de este tipo de apego encontramos sobre todo a mujeres (aunque también hay hombres) que adoptan un rol de salvadoras, escogiendo parejas que no suelen estar del todo disponibles, adaptándose a éstas y a su situación complicada. Suelen ser mujeres con baja autoestima, las cuales sienten que no tienen valor sino dan a su pareja. 

Si miramos con más detalle, vemos que suelen ser personas que no se sienten merecedoras de ser amadas tal y como son; si en algún momento del pasado una figura parental (como pudo ser el padre) las abandonó, debía ser por algo defectuoso de ellas mismas, por lo que esa imperfección puede hacer que la pareja también les abandone en el presente. Es por este motivo que se muestran tan serviciales, deseando probar su valía con el otro a cada instante, para así evitar ser abandonadas.

En terapia me he encontrado con personas con este tipo de apego que me manifiestan que sienten que la pareja no les ama como debería hacerlo. Una sensación de vacío y carencia que intentan llenar con la pareja, producto de la profunda herida de abandono que vivieron en la infancia.

Apego evitativo

A diferencia del apego ansioso, las personas que manifiestan un apego evitativo son individuos que no se preocupan en exceso por las relaciones de pareja. En apariencia, no les resulta complicado entrar y salir de las relaciones. Suelen ser personas distantes y frías que les cuesta el tema del compromiso con otra persona. Se protegen mucho, dan lo justo a la pareja y les gusta marcar el ritmo de la relación.

A menudo, y sobre todo si son personas que no han trabajado el tema en terapia, suelen ser individuos que tienen tendencia a cerrarse emocionalmente a medida que la relación avanza, y el nivel de compromiso con el otro aumenta. Si en algún punto de la relación se sienten presionados, no les costará desaparecer y huir del lado del otro.

Con frecuencia son personas que dan demasiado valor a la independencia y a la autonomía personal, y presentan un profundo miedo a ser invadidas por la pareja. La herida principal del apego evitativo es la del rechazo. Un rechazo hacia el otro que parte de un profundo sentimiento de no aceptación de sí mismos.

A menudo son individuos que mantienen relaciones superficiales, con unos límites bien definidos, donde no hay una entrega verdadera por su parte, pues sienten terror al compromiso. Este profundo miedo a comprometerse con el otro, parte de su gran temor a poder ser heridos si se abren y exponen emocionalmente. 

Su pensamiento es del tipo; “Si al final no va bien la relación, no sufriré tanto”, y aunque en un sentido eso es verdad, por otro lado nunca acaban de vivir plenamente la relación, ni tampoco disfrutan enteramente de ella. En tal sentido, al no darse ni entregarse al otro, resulta muy complicado que el amor crezca, pues no abren su corazón.

A diferencia del apego ansioso, son individuos que eligen a sus parejas, pues necesitan estar en control de la situación. Con frecuencia, este control y la dificultad para vincularse con el otro, provocan que la pasión y el deseo que pueda sentir la pareja por ellos acabe desapareciendo.

En terapia las personas que desarrollaron este tipo de apego me comentan que suelen estar constantemente buscando defectos e imperfecciones en la pareja, como una forma de justificarse por su decisión de no comprometerse. Suelen también ser personas que viven el amor más desde la mente, idealizando en gran medida la pareja perfecta, o bien entrando en un estado de melancolía romántica, recordando amores pasados idealizados, que no abrirse a la experiencia de amor que les brinda la pareja actual.

También suelen ser personas que viven los momentos vitales de la relación con mucho miedo; por ejemplo dar el paso para vivir juntos, casarse o tener hijos en común suelen ser circunstancias de crisis para este tipo de personas.

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Apego desorganizado

Las personas que han desarrollado este tipo de apego se caracterizan por vivir relaciones de amor-odio, con actitudes pasivo-agresivas ante la pareja. En consecuencia suelen establecer relaciones conflictivas y dramáticas, donde hay muchos altos y bajos emocionales con la pareja. Son individuos muy inseguros y con baja autoestima, por lo que son los principales candidatos a vivir relaciones de maltrato (ya sea en su rol de víctima o de abusador).

En el apego desorganizado la herida de base es la traición, por ello en la edad adulta son personas que les cuesta mucho confiar en su pareja. De niños pudieron vivir en ambientes hostiles e incluso de maltrato, por lo que de adultos suelen ser personas impulsivas, inestables y poco predecibles, como también lo fueron sus figuras parentales.

Son personas que presentan un gran miedo a la mentira, y por ello suelen mostrarse controladores y celosos con sus parejas. Asimismo, suelen ser individuos que presentan una elevada incoherencia entre aquello que sienten, piensan, dicen y hacen.

Como consecuencia de su miedo, suelen ser personas que temen ser abandonadas y por ello se aferran a la pareja, pero por otro lado les cuesta tener intimidad y abrirse emocionalmente al otro, pues no acaban de confiar plenamente en su pareja.

Apego seguro

Las personas que desarrollaron un apego seguro disfrutan de la intimidad y cercanía de la relación de pareja. Para ellos la pareja no suele ser un área problemática en sus vidas. Son personas que tienen claro lo que buscan en una relación y son coherentes consigo mismas. Suelen ser individuos que expresan abiertamente que esperan de la relación al otro.

Con frecuencia son personas con las que es fácil mantener una relación, pues suele fluir con facilidad, al ser individuos que no viven con el miedo de que el otro vaya a abandonarlos. A diferencia de otros tipos de apego, en el apego seguro la persona se vincula con el otro desde la confianza y el amor, con la intención de mantener una relación que perdure en el tiempo. En este sentido no les cuesta el compromiso con el otro. Suelen ser personas que se sienten correspondidas en el amor y en la relación.

Son individuos que les gusta compartir tiempo con su pareja, pero también saben de la importancia de darle su propio espacio, así como de asegurarse el suyo propio. Son personas que no les cuesta poner límites ni expresar sus necesidades a la pareja.

Estos son los tipos de apego principales, aunque como ya os comenté, es solo un mapa que nos permite guiarnos, pero no es el territorio. Para conocer el territorio es necesario responsabilizarnos y conocer cúal fue el tipo de apego que desarrollamos cada uno de nosotros en la infancia, trabajando para poder sanar nuestras heridas, y así formar relaciones de pareja que nos nutran y nos permitan crecer.


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Claves para Encontrar Pareja

Claves para encontrar pareja. En este artículo voy a dar algunas pautas a tener en cuenta cuando deseamos encontrar pareja. Antes de empezar quiero comentar que como todo en la vida, no existen recetas mágicas, que nos aseguren que una relación va a perdurar en el tiempo y de forma satisfactoria. Toda relación es un proceso que para nada resulta en una línea recta, segura y previsible, como a la gran mayoría de nosotros nos gusta pensar. Más bien la relación es un camino de subidas y bajadas, lleno de cambios y aprendizajes personales. Un proceso impredecible y con un horizonte temporal desconocido.

Claves para encontrar pareja


Asimismo, quiero decir que este artículo parte de mis vivencias personales, así como la experiencia terapéutica con mis consultantes, por lo que todo lo comentado en este artículo (y en todos los que escribo) nunca debe ser tomado como verdades universales. En este sentido, aconsejo que cada uno tome aquello que crea que puede ser de utilidad para su persona.

Cuando estamos abiertos a encontrar pareja, es importante tener en cuenta una serie de aspectos, que aunque no aseguran el éxito de la pareja, sí que aumentan la probabilidad de empezar con buen pie la relación. Estas pautas son las siguientes:

¿Desde dónde busco mi pareja? 

Este es una de las primeras preguntas que deberíamos hacernos cuando buscamos iniciar una relación. Con frecuencia empezamos a buscar pareja desde la carencia, y no desde la abundancia, siendo este último estado una limitación para cimentar un buen inicio de la relación. En mi labor terapéutica me he encontrado con distintos casos de estado de carencia, a continuación os planteo algunos:

-          Cuando se busca pareja para huir del tan temido estado de soledad (o en otras palabras del miedo a estar con uno mismo).

-          En aquellos casos en que existe un condicionamiento social o familiar para encontrar pareja. Pienso en aquellos casos en que la familia ejerce presión sobre una hija (ya en los 40) para que se case y tenga hijos.

-          Después de haber pasado por una ruptura sentimental, en que para evitar el proceso de duelo, se busca inmediatamente a un/a sustituto/a para no contactar con el dolor de la pérdida.

-          Cuando la persona presenta una baja autoestima y un miedo extremo a la soledad.

-          En aquellas situaciones en que la persona confunde términos, que aunque parecidos, no son idénticos. Algunos de estos términos son la diferencia entre deseo y amor, o bien entre enamoramiento y amor.

Como denominador común, la mayoría de casos que acabo de mencionar se caracterizan porque la persona busca a su posible pareja desde un estado neurótico y de ansiedad, en vez de hacerlo de una forma natural y fluida. En tal sentido, desde donde inicio mi búsqueda de pareja es un factor fundamental para iniciar con buen pie una relación. Por último quiero comentar que aunque es importante estar abierto y predispuesto a encontrar pareja, esto no significa que esa búsqueda deba convertirse en nuestra única motivación. Cuando eso sucede, es habitual que vivamos la búsqueda de pareja de una forma obsesiva, derivando en relaciones con una base muy frágil y con una elevada probabilidad de sufrir de dependencia emocional.

¿Cómo soy yo?

Relacionado con el punto anterior, no solo es importante ser consciente del punto en que inicio mi búsqueda, sino también plantearnos qué tipo de persona estamos buscando. Para ello es básico conocernos a nosotros mismos, tomando conciencia de aspectos tan importantes como son: la forma como gestionamos nuestras emociones, los patrones de relación aprendidos, las experiencias de pareja vividas en el pasado, la influencia del entorno vivido en la infancia, o bien las posibles cargas que puedo llevar en mi mochila emocional.

Respecto a este último punto, cuando arrastramos asuntos no resueltos a nivel emocional, es muy posible que proyectemos esas cargas en la nueva pareja, reduciendo así las posibilidades de éxito de la relación. Un ejemplo lo tenemos en aquellas personas que mantienen profundos conflictos con sus figuras parentales, los cuales restan irresueltos y siguen generando malestar. Otro ejemplo, que con frecuencia aparece en terapia, y como resultado de patrones de relación no saludables, son aquellas personas que siempre acaban inmersas en relaciones tóxicas de dependencia.

Por todo ello, pararse y dedicar un tiempo a conocernos es fundamental para vivir la relación de pareja de una forma saludable. Para conseguirlo, la terapia es la mejor de las opciones. La terapia nos ayuda a aumentar el grado de conciencia sobre nosotros mismos, resolver conflictos no cerrados, y mejorar la forma como nos relacionamos con nosotros mismos y con otras personas, aumentando así las probabilidades de éxito de la pareja.

¿Cúales son mis creencias respecto al amor?

Socialmente se han promovido e instaurado en nosotros toda una serie de creencias erróneas sobre el amor y la pareja. Estas ideas únicamente contribuyen a vivir la relación más desde un estado ilusorio, que no lo que realmente significa la vida en pareja. Mantenerse apegado a este tipo de ideas, sin ningún criterio por nuestra parte, acaba generando grandes dosis de desilusión y frustración respecto a la pareja, al descubrir que esas ideas no se corresponden con la realidad. Algunas de estas ideas son:

“El amor todo lo puede”, “Si aguantas y luchas, el amor triunfará”, “Quien bien te quiere te hará llorar”, “En el amor hay que darlo todo”, “Sin él/ella no soy nada”, “Si te quiere volverá”, “Los polos opuestos se atraen”, “El amor a primera vista es el verdadero”…

Estas son algunas de las creencias irracionales que circulan sobre el amor de pareja, pero existen muchas más. Puedes buscar cuales son las tuyas, y tomar conciencia de cómo éstas acaban influyendo en la búsqueda de pareja.

¿Qué entiendo yo por amor de pareja?

Tradicionalmente ha existido en la sociedad una tendencia a edulcorar el concepto de amor, creando una idea de amor romántico que poco tiene que ver con lo que significa el amor en pareja. Con frecuencia suele confundirse amor con enamoramiento, en este sentido, las películas de Hollywood han contribuido a difundir el mito de “fueron felices y comieron perdices”, un visión naif y muy alejada de lo que acaba siendo el día a día con la pareja. Es común confundir enamoramiento con amor, cuando el enamoramiento es solo una primera fase dentro de la relación. Esta confusión deriva en grandes dosis de frustración, al acabar descubriendo que el otro no cumple con las expectativas que teníamos sobre la pareja al iniciarse la relación.

La realidad es que en la fase de enamoramiento no conocemos al otro, estamos en el proceso, por lo que la imagen de la pareja se fundamenta más en aquello que imaginamos o fantaseamos desde nuestro ideal de pareja, que no una visión clara y realista sobre cómo es la otra persona.

Si a este hecho le añadimos la baja autoestima que afecta a un gran número de la población (desde la cual buscamos llenar el vacío emocional con la compañía del otro), el golpe de realidad con el que nos topamos, al desaparecer la proyección en el otro, suele ser de órdago.

Otra de las tendencias habituales, y que genera grandes decepciones, suele ser la confusión entre deseo y amor. El deseo surge del instinto, de la atracción hacia el otro, el cual alcanza niveles muy elevados cuando conocemos a alguien. Aspectos como lo nuevo, lo desconocido y lo diferente son alimento para ese deseo. En el enamoramiento el deseo está en un punto álgido, sin embargo el error consiste en mantener la creencia que ese deseo va a perdurar en esos niveles a lo largo del tiempo. La realidad es que a medida que avanza la relación, el  deseo va reduciendo su intensidad (aquello que veíamos como nuevo, desconocido y excitante en el otro ya no lo es tanto), mientras otros aspectos como la confianza, el compromiso, la comunicación abierta, o el apoyo mutuo van ganado peso en la relación.

De la misma forma, la aparición del deseo se encuentra estrechamente relacionada con querer obtener aquello que no tengo. Cuando la relación se afianza, el deseo reduce su intensidad al perderse el interés, pues el objeto ansiado (persona en este caso) ya es “nuestro”. En esta línea, muchas personas relacionan erróneamente la reducción del deseo, con el hecho de haber dejado de querer a su pareja, cuando en un gran número de casos esta suposición no se corresponde con la realidad, al estar confundiendo deseo con amor.

Otra forma de confusión entre deseo y amor es cuando la persona no distingue entre la excitación propia de los primeros meses de relación, y el amor de pareja. El amor necesita de su tiempo para ir asentándose entre ambos miembros de la relación, a diferencia del deseo que aparece de una forma más explosiva.

Para terminar, otro de los conceptos que con frecuencia surge cuando hablamos de relaciones de pareja, y que suele llevar a confusión, es el ideal sobre la media naranja. Se entiende como media naranja aquella persona que supuestamente encaja con nosotros a la perfección, y que al encontrarla, nos permitirá alcanzar un estado permanente de felicidad. Un individuo entre los millones de personas que viven en este planeta, y que teóricamente solo al verlo quedaremos instantáneamente enamorados (al igual que esa persona quedará totalmente prendada de nosotros). En cierto sentido me recuerda al concepto de imprimación de los hombres lobo utilizado en el universo de las películas de “Crepúsculo”. (Recordemos que aunque Hollywood recrea historias de forma muy realista, es todo una fantasía del cine).

De nuevo una creencia errónea, la de la media naranja, que aunque ampliamente extendida entre la sociedad, provoca grandes dosis de frustración y decepción cuando pasado el enamoramiento, uno descubre que la pareja no deja de ser un mortal más, con sus aptitudes y sus defectos.

El mito de la media naranja pone encima de la mesa la creencia falsa de que el otro va a traer a mi vida la felicidad, liberándome de todos los problemas y llenando mi vacío emocional. Una presunción muy egocéntrica de lo que es la relación de pareja, y desde allí, solo viéndonos a nosotros, difícilmente podremos establecer una relación de pareja sana y equilibrada con el otro.

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¿Estoy siendo sincero conmigo mismo/a?

Otra pregunta que puedes hacerte a la hora de buscar pareja es si estás siendo sincero/a contigo mismo/a (y con el otro) sobre aquello que sientes hacia la otra persona. Si estás en la búsqueda de pareja, y has empezado a conocer a alguien, lo primero (y lo más importante) que debes detectar es si la relación con esa persona es fácil y fluida por ambas partes. Si es así, enhorabuena, estás en el buen camino.  No obstante no siempre es así, por ello voy a comentar algunos indicios que pueden indicarte que quizás esa persona no es la adecuada para ti:

-          Cuando sientes que debes hacer grandes esfuerzos para que la relación vaya adelante. Por ejemplo; que el aspirante a pareja adopte una actitud pasiva, sin iniciativa para quedar y seguir conociéndose, mientras que tú muestras una actitud mucho más activa, mostrando iniciativa.

-          Cuando percibes que las actitudes o las acciones de la otra persona te molestan o te irritan.

-          Cuando te das cuenta que adoptas una actitud de querer cambiar la forma de ser de la posible pareja (o bien ves en la otra persona esa actitud, al juzgarte, recriminarte por ser como eres y exigirte que cambies).

-          Cuando percibes que el aspirante a pareja muestra actitudes de falta de respeto hacia ti, o bien cuando aparecen tendencias controladoras respecto a la vida de la otra persona.

-          Cuando las discusiones y desencuentros pasan a ser la forma habitual de comunicación entre los dos, en vez de ser la excepción.

-          Cuando notas en esa persona indicios que puede existir algún trastorno psicológico o emocional, o bien cuando sientes que no existe por su parte una coherencia entre pensamientos, palabras y actos. Por ejemplo me he encontrado en terapia con mujeres que han sido manipuladas por hombres, los cuales “les prometían la luna”, y acababan actuando de una forma totalmente opuesta a sus palabras.

-          Cuando adviertes que no compartes valores de vida, ni intereses comunes con esa persona.

-          Cuando sientes que no existe ninguna atracción física ni sexual por esa persona, o bien percibes algún aspecto de ella que te genera rechazo. Por ejemplo: que sea una persona con falta de higiene, o bien alguien que presenta problemas de adicción.

-          Cuando te das cuenta que estás remando a contracorriente, forzando una relación que en el fondo sabes que no tiene futuro. En más ocasiones de las deseadas nos entestamos en que una determinada relación funcione, realizando grandes esfuerzos para que así sea. La explicación de esa resistencia a admitir que esa persona no es la adecuada, suele partir de la evitación a no querer enfrentarse a sensaciones desagradables, o a ciertos momentos complicados. Algunos ejemplos que explican esta actitud evitativa son: 

-          Vivir la experiencia como un fracaso personal, culpabilizándonos y castigándonos por creer que algo defectuoso debe haber en nosotros, para que la relación no haya tenido éxito.

-          El miedo a que si decimos No a esa persona, nos quedaremos solos y no encontraremos a nadie más en el futuro.

-          El miedo al conflicto, o a la reacción del otro al tener que darle una negativa, comunicándole que no es la persona que buscamos.

Si en el proceso de conocer a alguien has percibido alguna de las situaciones que comentamos anteriormente, seguramente es indicativo de que esa persona no es adecuada para ti.

Para terminar, solo comentaros que aunque nada nos asegura una relación satisfactoria, en la que crecer y sentirnos satisfechos, tener en cuenta todos los puntos que hemos comentado en este artículo puede ayudarnos, al menos, a iniciar una relación de pareja con buen pie.

Si quieres saber más sobre la temática de la pareja, seguidamente te dejo otros artículos sobre el tema:

Como hacer que la relación de pareja funciones

Como superar una ruptura de pareja

Los celos en pareja


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Terapia Gestalt Barcelona


¿Por qué somos infieles?

 ¿Por qué somos infieles? Una mirada psicológica a la infidelidad

No es fácil describir los motivos que hacen que una persona sea infiel a su pareja. Múltiples factores influyen en el hecho de tomar la decisión de romper el pacto que nos vincula como pareja, haciéndolo de una forma deshonesta e irrespetuosa hacia la otra persona.

Por Qué Somos Infieles


En este artículo haré un repaso sobre lo que yo creo son las principales causas que motivan una infidelidad, aunque estoy seguro que me dejo alguna, pues como he comentado, las causas que pueden originarla son muy variadas.

En primer lugar deberíamos definir qué entendemos como infidelidad. Ser infiel significa llevar a cabo una acción que rompe el pacto de confianza con nuestra pareja. La infidelidad se fundamenta en aspectos como la deslealtad y la mentira hacia nuestra pareja. Para determinar aquello que se considera como infidelidad, es básico conocer los términos y normas que nos vinculan con la otra persona. Por ejemplo hay parejas abiertas, que no conciben como infidelidad el acto sexual con una persona externa a la relación; mientras que otras parejas consideran la exclusividad en las relaciones sexuales, como un principio fundamental del acuerdo que les une. En este sentido, es una conversación que deberíamos tener con nuestra pareja, para así fijar los términos que regulan la relación, estableciendo aquellas prácticas que son consideradas como infidelidad, y cuáles no.

Cuando se produce una infidelidad, ya sea porque hemos sido nosotros los causantes, o bien porque hemos sido víctimas de ella, deberíamos entender la situación como una luz roja que nos alerta de algún aspecto que no acaba de funcionar en nuestra vida, ya sea respecto a nuestra relación de pareja, o bien a nivel personal.

En relación a la pareja, las causas que pueden motivar esta alerta roja son diversas, aunque en la mayoría de ocasiones son el resultado de una comunicación ineficiente, o incluso ausente, con nuestra pareja. Algunas de las situaciones que pueden motivar una infidelidad son:

Falta de ilusión con el proyecto de pareja. En un gran número de ocasiones cuando se produce una infidelidad no es por falta de amor, sino por falta de ilusión con el proyecto que mantenemos con la pareja. La rutina diaria, la ausencia de relaciones sexuales o el distanciamiento emocional, suelen ser algunas de las principales justificaciones que las personas manifiestan para ser infieles.

Cambios en los objetivos comunes con la pareja. La relación de pareja no es un estado inmutable, sino que va cambiando y desarrollándose con el tiempo. Si las personas que conforman la pareja evolucionan de forma diferente, es decir que con el tiempo los objetivos y sueños de cada uno cambian, distanciándose del proyecto en común, esto puede ser un factor que también motive la infidelidad.

Sensación de no obtener aquello que se necesita en la relación de pareja. En ocasiones uno de los miembros de la pareja siente que no obtiene del otro aquello que desearía, o al menos no en la medida que a él o a ella le gustaría, por ejemplo: tiempo compartido, escucha, comprensión, ternura, sexo...Ante esa desatención, la persona busca satisfacer su necesidad fuera de la pareja. En otras ocasiones, la infidelidad se produce porque la persona toma conciencia de que no puede crecer más en esa relación. El miedo a hacer daño al otro si expone sus sentimientos, o la incertidumbre respecto aquello que le depara el futuro, puede hacer que se reaccione buscando una salida a través de la infidelidad.

La utilización de la infidelidad como una forma de gestionar el enfado con el otro. En estos casos la persona se siente por algún motivo resentida o enfadada con su pareja, por lo que canaliza esa ira a través del acto infiel.

Ninguna de las circunstancias que acabamos de comentar justifica ser infiel con nuestra pareja. La solución a todas ellas pasa por ser sinceros con nosotros mismos y con nuestra pareja, atreviéndonos a expresar como nos sentimos y manifestando aquello que necesitamos del otro. En resumen, una comunicación abierta y sincera con la pareja. Lamentablemente, la comunicación suele ser un factor deficiente en un elevado porcentaje de las parejas, siendo esta ausencia la responsable de un gran número de problemas dentro de la relación. Al no existir una comunicación fluida en la pareja, muchas veces se opta por gestionar el malestar de una forma totalmente errónea, como es cometiendo una infidelidad.

Respecto a las circunstancias relacionadas con la psicología de cada individuo, y que suelen estar relacionadas con el acto infiel, destacaría las siguientes:

Una baja autoestima. Cuando depositamos el amor hacia nosotros mismos en manos de nuestra pareja, favorecemos una autoestima frágil y una relación dependiente. En las sesiones de terapia personas que llevan años en pareja, me comentan que con el tiempo sienten que han dejado de ser ellos mismos. Me dicen que se han mimetizado tanto con su pareja, que ya no son conscientes de cuáles son sus necesidades y deseos. Una pérdida de identidad que más de una persona me ha comentado recuperó al tener una aventura. En este sentido, más que buscar a otra pareja, lo que se deseaba era un reencuentro consigo mismo. En estos casos sería recomendable acudir a terapia para conocer los motivos que provocaron el olvido sobre si mismo, y la desatención a las necesidades propias.

En otras ocasiones, las relaciones de pareja se cimentan en inseguridades y miedos, en vez de basarse en el amor y la confianza propias de una relación saludable. Algunos de los testimonios de este tipo que me he encontrado en terapia son los siguientes;

Personas que mantienen creencias limitantes sobre sí mismas, como la idea de no ser suficiente para estar con la pareja que realmente desean.

Mujeres que pasados los 40 sienten que su reloj biológico les apremia a encontrar un padre para sus hijos.

Personas que presentan un intenso miedo a estar solas.

Este tipo de situaciones que acabo de comentar llevan a la persona a vincularse con su pareja desde el miedo y la inseguridad, por lo que es común que sean fuente de relaciones de apego tóxicas. El malestar propio de este tipo de relaciones puede favorecer a que se tome la decisión de ser infiel a la pareja, pues internamente no se está satisfecho/a con la relación que se mantiene en el presente.

Una crisis personal. Las crisis personales, como puede ser la crisis de mediana edad, son momentos de una profunda removida emocional, pues la persona entra en contacto con emociones muy intensas como el vacío existencial, o la sensación de falta de sentido de la vida. Ante ese malestar, algunas personas optan por recurrir a la infidelidad como una salida a su sufrimiento.

En estos casos de crisis existencial, buscarse lo que llamamos una aventura puede hacer que la persona se crea más joven, al sentirse deseada de nuevo. La recuperación de la intensidad y la pasión propias de la fase de enamoramiento, la novedad por conocer a alguien nuevo y desconocido, los elevados niveles de adrenalina que eso conlleva, así como el morbo que puede despertar estar haciendo algo que va en contra de las reglas establecidas, pueden conducir a la persona infiel a creer que ha recuperado la energía de tiempos pasados. Pasado un tiempo, la persona infiel suele darse cuenta del espejismo vivido.

Inseguridad personal y miedo a la soledad. En ocasiones, en vez de enfrentar el hecho de que ya no deseamos seguir con nuestra relación, el impulso nos lleva a buscar a alguien para evitar quedarnos solos cuando se comunique la noticia a la pareja. En terapia me he encontrado en más de una ocasión con estos casos. El profundo miedo que sienten estas personas al hecho de verse solas, les lleva a encontrar a un sustituto que reemplace a su pareja actual, incluso antes de que se produzca la ruptura. Muchas veces esta decisión se hace de una forma inconsciente, y no es hasta que la persona puede revisar en terapia lo sucedido, que toma conciencia de los motivos que le llevaron a actuar así.

No hace falta decir, que la estrategia “a rey muerto, rey puesto” resulta ser una de las peores decisiones que se pueden tomar, al no realizar el proceso de duelo pertinente por la relación terminada.

Expectativas irracionales sobre la relación de pareja. La idea de amor romántico que nos venden las películas y los cuentos infantiles, así como términos como la media naranja, han provocado que un gran número de nosotros hayamos crecido con ideas nada realistas sobre lo que significa estar en una relación de pareja.

El ideal de amor romántico Hollywoodiense nos muestra la relación de pareja como una meta a conseguir, un sueño que se alcanza una vez encontramos a esa persona que nos completa y llena nuestro vacío. A partir de ese encuentro, supuestamente viviremos felices para siempre. Este ideal de relación se fundamenta en un estado de enamoramiento perpetuo, donde nada puede salir mal.

Durante los primeros meses de relación, cuando se produce la fase de enamoramiento, mostramos la mejor versión de nosotros mismos, o mejor dicho, mostramos a la pareja lo que creemos que el otro desea ver en nosotros. Asimismo, nosotros vemos en la otra persona aquellas aptitudes que valoramos en una pareja, focalizando nuestra atención en esos puntos fuertes, mientras obviamos ver aquello que no nos gusta de la otra persona.

Cuando la proyección en el otro desaparece, emerge la realidad de que estamos ante una persona con sus aptitudes y sus flaquezas como todo ser humano. Este despertar a la realidad, aunque necesario, puede generar una gran frustración en la persona. Como consecuencia de la baja tolerancia a la frustración que demuestra la sociedad actual, es habitual que muchas personas gestionen esa decepción a través de la infidelidad. 

La historia personal y las experiencias vividas en el pasado son también otros factores que puede favorecer la infidelidad. Personas que han vivido un apego inseguro en la infancia, o bien individuos que han pasado por una, o varias experiencias traumáticas con sus ex parejas, pueden ser casos más proclives a cometer una infidelidad, aunque no son factores determinantes.

En terapia me encuentro con mujeres que afirman haber sufrido mucho en una relación pasada, y aunque actualmente mantienen una relación de pareja, siguen abiertas a intimar con otras personas. Me comentan que tomar esa decisión les hace sentir libres, al creer que controlan el grado de vinculación con su pareja. De esta manera dicen plantar una barrera que supuestamente les protege de una futura decepción con el otro. La idea que me manifiestan es: “si al final la relación termina, la caída no será tan dura y no sufriré tanto”. En estos casos el problema es que se vive la relación desde el miedo, la mentira y la desconfianza, y no desde el amor y la sinceridad, por lo que este tipo de relaciones suele tener un final anunciado.

Terapia De Pareja

Por último, me gustaría destacar otro factor que creo tiene incidencia en la infidelidad, como es el tipo de sociedad en la que vivimos actualmente. La sociedad actual se caracteriza por incentivar valores como la felicidad, la inmediatez, la libertad, el no sufrimiento, y el individualismo. Valores que llevados al extremo son incompatibles con mantener una relación de pareja tradicional.

Todos los que hemos estado en pareja, sabemos que aunque la relación con el otro nos brinda momentos de gran belleza y felicidad, también es verdad que no siempre es así. Durante la relación de pareja se atraviesan momentos complicados, donde valores como la escucha, la flexibilidad y el apoyo mutuo son necesarios para superar las dificultades que se nos presentan.

Así mismo, mantener un vínculo con una pareja significa un acuerdo mutuo. Como en un contrato, se van a establecer unas pautas que regularan esa relación, por lo que nuestra libertad personal quedará limitada.

Respecto a la relación amor-sociedad, me parece interesante el término "amor líquido" que acuñó el sociólogo polaco Zygman Bauman, para describir un tipo de amor que va cogiendo fuerza en nuestra sociedad actual.

El término líquido define un amor caracterizado por una falta de solidez, un amor superficial y fugaz en el tiempo. Este tipo de amor deriva en una falta de compromiso personal con las relaciones de pareja. En esta línea, la tendencia al individualismo provoca que la idea de relación de pareja suponga un peligro para los valores de la autonomía personal, apareciendo un miedo al compromiso bastante generalizado.

En mis sesiones de terapia me encuentro habitualmente con personas que tienen verdadero terror a vincularse con posibles parejas. Estas personas me comentan que sienten mucho miedo a perder su libertad individual si deciden estar en pareja. Relacionado con este miedo, mis pacientes me dicen que también sienten pavor al sufrimiento que puede derivarse de esa relación.

Personalmente, opino que el problema radica en la idea de sociedad utópica e indolora que se nos ha querido vender en las últimas décadas, donde las cosas deben darse como nosotros esperamos, y donde la tolerancia al dolor es mínima; una sociedad ciertamente algodonada.

“No es justo”, “¿Por qué a mí?”, “Éste lo consigue y yo no, con lo que yo me esfuerzo”, “No me lo merezco”…. son algunas frases típicas que emanan de ese ideal.

Desde esta creencia que la vida debería ser generosa con nosotros, dándonos aquello que le pedimos y cuando se lo pedimos, emerge un amor basado en la búsqueda del beneficio personal y el individualismo, por encima de otros valores como la generosidad y la empatía con el otro.

Los tiempos actuales se caracterizan por la rapidez, el deseo de satisfacción inmediata y la impaciencia, y en consecuencia también la dificultad para sostener los momentos de frustración, cuando uno no consigue lo que quiere en la relación con el otro. 

Siguiendo esta tendencia social hacia la individualidad, es común que veamos a la pareja de forma egóica, como alguien que debe satisfacer nuestros deseos, en vez de percibirlo como un ser diferente, que nos puede hacer de espejo de aquellos temas irresueltos en nuestra persona, y que en consecuencia deberíamos trabajar.

Desde esta visión narcisista que parece abundar en la sociedad actual, las relaciones de pareja, o mejor dicho, los obstáculos derivados de la vida en común, se hacen insostenibles para muchas personas, por lo que al mínimo contratiempo con la pareja la reacción más habitual suele ser tirar la toalla y abandonar la relación.

Terapia Barcelona


Una vez finiquitada la relación, ya estamos de nuevo en el mercado para conocer a un nuevo candidato o candidata, para así entrar de nuevo en el mundo de la idealización amorosa. De esta forma, volvemos a caer en la trampa de entender las relaciones como un enamoramiento perpetuo, lleno de exaltación y adrenalina, y que curiosamente coincide con el tipo de vida que se nos quiere vender en la sociedad actual; una existencia con un ritmo frenético, lleno de estímulos y excitación, bajo el mandato de tener que exprimir la vida al máximo.

No digo que todas las relaciones de pareja que se forman actualmente sigan este perfil, pues hay personas que se esfuerzan y trabajan individual, y conjuntamente con la pareja para gozar de una relación saludable. Sin embargo, la tendencia al individualismo y la baja tolerancia a la frustración parece que van ganado terreno en el mundo de la pareja. Estos valores contribuyen a formalizar relaciones de pareja cada vez más fugaces y volátiles.

Las nuevas tecnologías es otra influencia a destacar cuando hablamos de infidelidad. Las nuevas tecnologías y la facilidad que éstas nos habilitan para obtener aquello que deseamos de forma inmediata, también favorecen a que las personas que deciden ser infieles cuenten con una oferta muy amplia para serlo. Aunque considero que aplicaciones como Tinder o Meetic no son responsables de la infidelidad, la realidad es que facilitan el camino de la persona que toma esa decisión.

Respecto a estas aplicaciones para encontrar pareja, una clienta asidua a ellas me comentaba lo siguiente; me decía que una vez empezaba a chatear con alguien le surgían dudas si ese hombre era para ella, pues se decía a sí misma que seguramente había candidatos “mejores” allí fuera, esperando a ser conocidos, y que por tanto no quería perderse esas oportunidades. De esta forma, evitaba establecer vínculos estables, y es que vincularse en una relación exige unos valores que personalmente opino que se encuentran en horas bajas en nuestra sociedad. Dentro de estos valores destacaría; paciencia, constancia, empatía, respeto, compromiso, comunicación, flexibilidad, apoyo mutuo y generosidad, entre algunos de los más destacables.

Otro de los efectos de las nuevas tecnologías en las relaciones humanas ha sido su contribución a la desconexión con nosotros mismos, y con el mundo real. Un ejemplo de ello lo tenemos en la forma como ahora buscamos pareja, utilizando más el mundo virtual que el real. Aunque las aplicaciones de internet nos permiten conocer a una gran variedad de personas, también es verdad que muchos de estos contactos acaban siendo poco estables y ciertamente volátiles. Los motivos para esta fragilidad en las relaciones son diversos, sin embargo yo destacaría la dificultad para vincularnos procedente de nuestro individualismo, y el miedo a sufrir en la relación. En consecuencia es habitual encontrarse con personas que se retiran del contacto virtual cuando son conscientes de que esa relación tiene posibilidades de ir a más, o cuando llega el momento de conocerse en persona.

Relacionado con esta tendencia, me gustaría destacar el fenómeno del ghosting, el cual se ha ido popularizando en las redes sociales en los últimos tiempos.

El término ghosting es habitual en las aplicaciones para encontrar pareja que circulan por internet. El término proviene de la palabra “ghost”, que significa fantasma en inglés. Que te hagan un ghosting significa que una persona con la que se había establecido un vínculo, por ejemplo haber mantenido conversaciones on line durante un tiempo determinado, desaparece sin dejar rastro. Si se toma la iniciativa de contactar con ella, no contesta, e incluso podemos llegar a ser bloqueados en las redes sociales por la persona que nos ha hecho ghosting.



A parte de mostrarnos un individualismo creciente, el ghosting es un claro síntoma de la dificultad para enfrentar la adversidad de la que hablábamos anteriormente. Romper la relación con otra persona, tener que decirle No a alguien, admitir que no vemos a esa persona como pareja, o el propio miedo al compromiso cuando sentimos que la relación tiene posibilidades de afianzarse…son todas ellas situaciones que nos ponen en una difícil tesitura.

Tener que enfrentarnos a estas dificultades nos genera miedos, incertidumbre, culpa...; antes esas sensaciones desagradables, reaccionamos evitando dar la cara. Por consiguiente, antes que enfrentar la dificultad, lo que hacemos es huir de nuestra responsabilidad, adoptando mecanismos de evitación como el ghosting.


Leslie Beebe

Acompañamiento terapéutico y emocional

Terapia Gestalt Barcelona



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