Como Relacionarte con tu Critico Interior

Tu Crítico Interior. Seguro que en algún medio de comunicación has oído el término de “gente tóxica”, ya hablé de ellos en un artículo anterior. Describimos como gente tóxica aquellas personas que influyen negativamente en nuestro estado de ánimo; algunas de las manifestaciones más frecuentes en este tipo de personas son la manipulación, la intimidación, el chantaje emocional y la negatividad, entre otros aspectos.  En definitiva, son personas de las que hay que alejarse y a ser posible mantener el mínimo contacto posible.

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Sin embargo como dice el refranero: “es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, que no la viga en el nuestro”. Con este dicho quiero decir que aunque ciertamente existen personas tóxicas, la mayoría de nosotros también llevamos un crítico interior, mucho más dañino que el resto de personas. Este crítico interior son aquellas voces que diariamente se comunican con nosotros desde el victimismo, la vanidad, el miedo, la exigencia o la baja autoestima, entre otros. Seguro que os suena familiar alguna de estas expresiones;

“Nadie me entiende”, “para qué esforzarme si total no voy a conseguirlo”, “no puedo fallar”, “mis opiniones no son importantes”, “debo hacerlo mucho mejor”, “si no destaco no valgo”, “todavía no estoy preparado”, “No sé lo suficiente”…

Si tenemos en cuenta que por nuestra mente pasan miles de pensamientos durante el día, y que la forma como nos hablamos afecta directamente a nuestra autoestima y el concepto que tenemos de nosotros mismos, podemos concluir que tomar conciencia de los pensamientos que nos dañan es fundamental para mantener un equilibrio emocional saludable.

Derivado de este tipo de pensamiento, también nosotros adoptamos con nuestra persona o con el mundo que nos rodea actitudes tóxicas; como la manipulación, la queja, el victimismo o la agresividad. De esta forma nos focalizamos en buscar culpables externos de todos nuestros males, culpabilizando a las circunstancias o a las otras personas de aquello que nos pasa.

Es común ver este tipo de actitudes en las personas que empiezan terapia, las cuales ven en los otros o en el mundo que les rodea la fuente de todos sus males, como si ellos no jugasen ningún papel en su vida. Frases identificativas de este tipo de actitud son: “mi marido no me entiende”, “todas las mujeres son iguales”, “me insulta y me recrimina la relación con mi familia”, “mi jefe me grita”…

Sin duda el camino fácil es culpabilizar al otro o a las circunstancias de todos nuestros males, esto nos sitúa en una posición pasiva, de no responsabilidad y de queja continua, bajo la creencia que son los otros los que lo hacen mal y por este motivo los que deben cambiar.
Lo difícil es responsabilizarnos y admitir que nosotros también jugamos un papel importante en aquello que nos sucede, pues eso nos posiciona en un rol en el cual debemos admitir la posibilidad de cambiar. El cambio suele generar en la mayoría de nosotros sensaciones desagradables como incertidumbre, culpa, miedo y descontrol, por lo que preferimos focalizarnos en lo que les falta a los otros que desarrollar aquello que se encuentra en nuestro interior.

Retomando el tema de los pensamientos, debemos tener en cuenta que la mayoría de nuestros pensamientos negativos pertenecen a actitudes y conductas aprendidas durante nuestra vida, creencias que hemos ido adoptando a lo largo de los años, y que en algún momento de nuestra vida quizás resultasen útiles, pero que actualmente han quedado desfasadas y únicamente nos generan malestar

Podríamos equipararlo a programas informáticos que metafóricamente se encuentran instalados en nuestra mente, y que actualmente han quedado obsoletos, afectando negativamente el funcionamiento del ordenador central que somos nosotros.

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Por ejemplo quizás en nuestra niñez adoptamos un rol de víctima para así obtener aquello que queríamos del mundo, y realmente nos funcionó con nuestros padres o las figuras de autoridad. Sin embargo, llegados a la edad adulta vemos que esa actitud se ha convertido en un peso dentro de nuestra mochila emocional, una forma de funcionar que actualmente nos daña emocionalmente, pues nos inhabilita para satisfacer nuestras necesidades y nos genera sufrimiento.

Para poder liberarnos de esta carga emocional lo primero que debemos hacer es escuchar aquello que nos decimos y tomar conciencia de como nos hace sentir. Debemos distinguir entre aquellas voces sanas de las que no lo son. Una vez identificados estos mensajes debemos empezar a cuestionarlos, preguntándonos sobre la veracidad de su mensaje, a dónde nos conduce este tipo de pensamientos y si realmente nos sirven para algo.

Un principio fundamental a la hora de cuestionar los mensajes de nuestra mente es tener en cuenta que los pensamientos son solo una parte de nosotros, pero no son el todo. La realidad es que somos más que esa voz neurótica que nos habla y por tanto no debemos creer a pies juntillas todo aquello que nos dice nuestro pensamiento, pues como vemos no siempre es saludable.

En la medida que seamos capaces de coger distancia de nuestros pensamientos, e ir sustituyendo aquellos mensajes nocivos por otros de más saludables, podremos también recuperar nuestro equilibrio emocional

Por último os dejo algunas actitudes que podemos adoptar para ir responsabilizándonos más de nuestra persona e ir tomando distancia de nuestros pensamientos tóxicos:

- Identificar nuestra toxicidad y la forma como la proyectamos en el mundo o en las otras personas.

- Reducir la crítica hacia el exterior e ir fijando la mirada en nuestro interior. Como decía el psiquiatra Carl Jung:"Todo lo que nos irrita de los demás, nos puede ayudar a entendernos a nosotros mismos".

- Poner atención en el mensaje de nuestro crítico interior, y en la forma como nos hacen sentir, para así no alimentar su discurso.

- Conocer y responsabilizarnos de nuestro crítico interior, tomando conciencia del daño que nos causa. 

- No creer todo aquello que nos dicen nuestros pensamientos, ponerlo en duda, adoptando una actitud crítica y fijando límites al respecto. Evitar actuar de forma automática, siguiendo su mensaje.

- Responder a los mensajes de nuestro crítico interior desde una evaluación realista y honesta de la situación y de nosotros mismos.

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- Reapropiarnos de las proyecciones sobre lo negativo o lo no reconocido que hacemos en los otros; ver qué nos despierta la actitud del otro, reconocer cómo nos hace sentir e investigar que tiene eso que ver con nosotros y con nuestra historia personal.

- Progresivamente ir cambiando aquellos pensamientos negativos y que afectan nuestra autoestima por otros de más positivos.

- Salir del modo automático en el que nos encontramos la mayoría para tomar un tiempo de calma y escucha con nosotros mismos. En este sentido la meditación es una fórmula idónea para calmar las voces que nos mantienen atrapado en un círculo vicioso.

- Para terminar recuerda que en la mayoría de ocasiones el peor enemigo no se encuentra fuera, sino dentro de nosotros mismos.
Como dijo Buda: “Ni tus peores enemigos pueden hacerte tanto daño como tus propios pensamientos”.

Leslie Beebe
Terapia y Coaching Personal Barcelona
www.ansiedad.barcelona
https://www.saludterapia.com/terapeutas/t/f/4685-leslie-beebe-rodriguez.html


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Crisis de Ansiedad. Qué hacer.

Crisis de ansiedad. Qué hacer. Las crisis de ansiedad y angustia, también denominadas como ataques de pánico, son un tema frecuente en las consultas de terapia.

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Las crisis de ansiedad pueden tener su origen en un periodo de estrés continuado, pero también pueden aparecer tras un hecho puntual, caracterizado por una fuerte carga emocional, como puede ser un accidente de tráfico o la repentina pérdida del trabajo.

Los síntomas físicos que acompañan la crisis de ansiedad pueden variar según la persona, no obstante suelen presentar alguna de estas formas:

Sudoración, temblores o sacudidas, frecuencia cardíaca alta, sensación de ahogo o falta de aire, opresión en el pecho, náuseas o dolores estomacales y sensación de mareo.

A estos síntomas físicos se le debe añadir un componente fundamental que lo acompaña, que es un nivel de miedo muy elevado. Ante una crisis de ansiedad suelen aparecer en la persona dos tipos de pensamientos que disparan el miedo; el pensar que va a morir, o bien el temor a que va a perder el control y volverse loco.

El miedo acrecienta aún más los síntomas fisiológicos; por ejemplo si la persona siente taquicardia su pensamiento se focalizará en este síntoma, enviándose mensajes que está sufriendo un ataque al corazón y por tanto que su vida se encuentra en peligro. De esta forma la persona se autosugestiona de tal manera que hace aumentar el síntoma hasta niveles muy elevados.

Los humanos podemos sentir miedo hacía multitud de estímulos externos; por ejemplo el miedo a las serpientes o el miedo a las alturas. Sin embargo el miedo vinculado a un ataque de ansiedad se relaciona más con un miedo a un estímulo interno, relacionado con un órgano del cuerpo o una función fisiológica. En este caso evitarlo es mucho más difícil. Por ejemplo si tenemos miedo a las serpientes quizás no nos crucemos nunca con ellas si vivimos en una ciudad, o bien si tenemos miedo a las alturas probablemente evitaremos ir a lugares altos. Sin embargo cuando el estímulo es interno, como una frecuencia cardíaca alta, la evitación no es posible y en estos casos el miedo acentúa aún más los síntomas que acompañan la crisis.

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Si hemos pasado por una crisis de ansiedad, o bien la ansiedad se encuentra presente en nuestra vida, la solución es buscar ayuda terapéutica, para así encontrar los motivos que la generan. La ansiedad actúa como un indicador de que algo no va bien en nuestra vida. Su función es la de avisarnos de este mal funcionamiento y requerir nuestra atención para que pongamos remedio lo más pronto posible.

Como ya he comentado la crisis de ansiedad no supone un peligro de muerte para el que la sufre, sin embargo si no se pone atención y se busca ayuda, el problema pude derivar en un trastorno más grave como la agorafobia o la depresión.

A continuación voy a comentaros algunas de las pautas de actuación ante una crisis de ansiedad, las cuales únicamente tienen como objetivo ayudaros a enfrentar este tipo de situaciones. Como ya he comentado, si queremos curar la ansiedad, y evitar volver a padecer un ataque, la solución pasa por conseguir ayuda terapéutica que nos permita, no solo a gestionar estas crisis, sino también entender el origen de la ansiedad

1. Perder el miedo al ataque
Siempre comento a las personas que han pasado por un episodio de ansiedad que deben tomar conciencia que no se enfrentan a un problema físico, sino a uno emocional. En este sentido recomiendo a la persona que se diga a sí mismo que no le va a pasar nada grave por tener esos síntomas; por ejemplo que no está sufriendo un infarto, y por tanto su vida no se encuentra en peligro. Si siente taquicardia le animo a que se imagine que está haciendo un ejercicio intenso.

2. Entender que no es una debilidad
Existen personas a quienes les da vergüenza explicar que han sufrido un ataque de pánico, incluso muchos al sufrirlo intentan luchar contra aquello que están sintiendo a toda costa, provocando el efecto contrario, al aumentar aún más la intensidad de los síntomas. Debemos entender que todos estamos expuestos a este tipo de ataque, no tiene nada que ver con ser débil o cobarde. De hecho en muchas ocasiones el ataque surge como la gota que colma el vaso, por haber mantenido una posición de resistencia y lucha durante un largo periodo de tiempo. En este sentido ánimo a la persona a no esconderse por ello y a explicarlo a otras personas.

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Si has sufrido algún ataque de pánico, o bien la ansiedad controla tu vida, la terapia puede ayudarte. Para más información llama o Whatsapp al 645 368 714 o bien sigue el enlace de contacto.

3. Dejar de evitar
Uno de los problemas derivados de este tipo de crisis es la tendencia a la evitación que con frecuencia adopta la persona. En ocasiones el intenso miedo vivido bajo estas situaciones provoca que la persona empiece a evitar todo tipo de actividades o lugares que ella considera como susceptibles para que se desarrolle una nueva crisis. Esta actitud provoca que la persona se encierre cada vez más en sí misma y vaya limitando progresivamente el número de actividades en su vida, perdiendo de esta forma su libertad y creando un mundo controlado por el miedo. 
En estos casos lo aconsejable es retomar las situaciones o actividades en las que se dio la crisis lo antes posible. Por ejemplo si sufrimos un ataque conduciendo, el mejor remedio es coger el coche de nuevo. En estos casos el temor aparecerá, no obstante el ver que somos capaces de hacerlo, incluso sintiendo miedo, nos ayudará a coger confianza en nosotros mismos y en nuestras posibilidades.

4. Mantener la actitud y focalizarse en otras actividades
Como ya he comentado uno de los factores que mantiene y desarrolla un ataque de ansiedad es la autosugestión a través del pensamiento. Si la persona dirige su atención hacía los síntomas y sus posibles efectos, la probabilidad de sufrir y mantener una crisis es mucho mayor que si miramos de distraer nuestra atención hacía otra actividad diferente. Existen multitud de actividades que podemos realizar en este sentido; desde ponernos a escribir o limpiar la casa hasta lavar los platos.

Relacionado con focalizar nuestra atención en otra actividad, surge también la importancia de mantener una actitud firme ante la crisis. En este sentido podemos optar por hablar al ataque como si fuese algo externo a nosotros diciéndole frases del tipo: “no te voy a hacer caso”, “no tienes ningún poder sobre mí”, “no voy a ceder a aquello que me dices”. Cuando hablamos a la crisis lo que hacemos es despersonalizarla, tomando conciencia que únicamente son pensamientos en nuestra cabeza, y por tanto que somos nosotros quién tenemos el poder de decidir en qué medida vamos a dejar que éstos nos afecten.

5. Evitar la ayuda
Otra de las tendencias que aparece en la persona al haber sufrido un ataque de pánico es la de asegurarse de tener siempre alguien al lado por si vuelve a sufrir otra crisis. De esta forma los acompañantes funcionan como una muleta para prevenir un nuevo ataque, o bien en caso de producirse serían los encargados de buscar ayuda. Es muy importante evitar la ayuda en estos casos y entender que somos nosotros quién debemos enfrentar la situación solos. Sin duda la ayuda es una muestra del amor de familiares o amigos que se prestan a ello, sin embargo también nos envían el mensaje que somos incapaces de hacerlo solos, afectando negativamente nuestra autoestima y la confianza en nosotros mismos.

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6. Ir dejando la medicación
Como en el caso anterior, la medicación también puede utilizarse como una muleta que nos dificulte aún más volver a la normalidad. Muchas personas que sufren de un ataque de pánico son llevadas a urgencias. En urgencias, una vez pasados los protocolos de otras enfermedades como un posible infarto, se les suele recetar algún ansiolítico. El ansiolítico funciona muy bien para reducir los niveles elevados de ansiedad y así evitar que se vuelva a producir otro ataque de pánico, no obstante no es la salida. El ansiolítico únicamente es un remedio para el síntoma, pero nunca debe concebirse como una solución definitiva al problema. Como ya he comentado si queremos conocer el motivo que origina el síntoma es necesario acudir a terapia.

7. Preveer las recaídas
Siempre que trabajo con personas que han sufrido una crisis de ansiedad les comento que durante la terapia es posible que se produzca alguna recaída. Para mi es importante que entiendan que en el proceso habrá subidas y bajadas, y que un día puede que padezcan otra crisis, sin embargo con lo que iremos viendo en la terapia les aseguro que ésta será más pequeña y de menor duración que la que ya han sufrido. También les comento que es importante que si se produce una posible recaída no se desesperen, ni se dejen llevar por el pesimismo. Les digo que la terapia es un camino de constancia, y en consecuencia la guerra contra la ansiedad se gana con pequeñas batallas, en el día a día, y no de golpe, como yo les digo “Roma no se hizo en un día”.

La terapia es un instrumento ideal para resolver los problemas de ansiedad y los ataques de pánico. A través de la terapia la persona es capaz de descubrir las causas de la ansiedad y resolver el problema en su origen, obteniendo también herramientas de gestión de la ansiedad que le permitan superar sus miedos y recuperar la estabilidad en su vida.

Leslie Beebe


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