El síndrome postvacacional


El síndrome postvacacional. Llega septiembre y eso es sinónimo de vuelta al trabajo para la mayoría de nosotros. Después de unas semanas de descanso, sin horarios ni presiones laborales, toca volver a la rutina y a las responsabilidades del día a día. Este hecho puede conducir al denominado síndrome postvacacional. Se estima que en España más del 40% de los trabajadores sufrirá en mayor o menor medida este trastorno.

Síndrome postvacacional

El síndrome postvacacional no es una patología sino un trastorno adaptativo caracterizado por la aparición de sentimientos como la melancolía y la irritabilidad, así como síntomas físicos como el cansancio, la ansiedad o la angustia, los cuales aparecen como una resistencia psicológica a tener que adaptarse de nuevo a la vida laboral, y a las responsabilidades que ésta comporta.

Las personas menos resilientes, y que tienen una menor tolerancia a la frustración, los que disfrutan de largos periodos vacacionales, o las personas que trabajan en un entorno laboral conflictivo, son las más susceptibles de sufrir este síndrome.

Entre los principales síntomas del síndrome postvacacional destacan; la apatía, la falta de energía, el nerviosismo, el estrés, la dificultad para conciliar el sueño, la falta de apetito o la tristeza, entre otros. La duración del síndrome postvacacional es de una a tres semanas, aproximadamente. En caso de que los síntomas persistan después de este periodo sería aconsejable acudir a un profesional médico.

La mejor opción para combatir el síndrome postvacacional es prevenir su aparición. Con esta finalidad, seguidamente os presento algunos consejos que pueden resultaros útiles:

1.  Seguramente que durante las vacaciones hemos variado nuestros horarios, por este motivo es recomendable regular nuestro biorritmo al de la vida diaria. En este sentido es importante que días antes de la finalización de las vacaciones empecemos a fijar nuestros horarios; por ejemplo ir adelantando la hora de acostarnos y la de levantarnos una semana antes. De esta forma la incorporación al horario laboral no nos costará tanto.

2. Si se tiene la posibilidad, es preferible no incorporarse al trabajo un lunes; así la semana será más corta y el paso de la inactividad a la actividad laboral se producirá de forma progresiva.

3. Cuando volvemos de vacaciones lo hacemos con las pilas cargadas, con nuevas energías. En consecuencia sería aconsejable utilizar esa energía para proponernos nuevos retos y desafíos, ya sea en el ámbito laboral o fuera de él.

4. Es recomendable no volver de vacaciones justo el día anterior a la vuelta al trabajo, sino varios días antes. Esto nos permite prepararnos física y mentalmente ante la idea de volver a la actividad laboral.

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Lo importante para evitar caer en síndrome postvacacional es hacer que el paso de las vacaciones a la vida laboral sea lo menos brusco posible, afrontando con la mejor de las actitudes la desmotivación que supone volver a la realidad.

Una vez reiniciamos la actividad laboral, sería aconsejable seguir unas pautas de readaptación al trabajo y a la rutina diaria. Seguidamente os comento algunas de ellas:

1. Empieza de forma gradual con la intensidad del trabajo; priorizar y delegar tareas puede ser muy recomendable en los primeros días de trabajo, para así no saturarte a las primeras de cambio. Es importante que no quieras trabajar al 100% desde el primer día, sino que lo hagas de forma progresiva.

2. No te lleves trabajo a casa y encuentra actividades para desconectar. Es habitual que durante las vacaciones hayamos dedicado más tiempo a actividades de ocio, por ejemplo practicar ejercicio físico. En este sentido sería recomendable que no dejases estas actividades de golpe, sino que las puedas compaginar con la rutina laboral. También sería aconsejable mantener estas actividades a lo largo del año.

3. La reincorporación al trabajo significa el inicio de una nueva etapa. Podemos aprovechar este comienzo para plantearnos nuevas actividades, algunas de ellas pueden estar relacionadas con el cuidado físico y emocional de nuestra persona, como el yoga o la meditación entre otras.

4. Acepta que los primeros días quizás te cueste dormir, o estés más nervioso de lo habitual; es completamente normal ante la idea de tener que volver al trabajo. No somos máquinas, y debemos tener en cuenta que el cuerpo necesita de un tiempo de adaptación para volver a la rutina. Date permiso para estar así, no te juzgues ni culpabilices por ello. Forzarte a tener que estar bien solo te conducirá a sentirte peor y a estar más ansioso.

5. Racionaliza el uso del móvil y de las nuevas tecnologías. Evita utilizar el móvil para temas de trabajo, como contestar mails, una vez acabes tu jornada laboral. Prueba a dejar el móvil en casa y sal a dar un paseo sin él, simplemente siendo consciente del presente y de aquello que te rodea.

6. De la misma forma, evita que lo primero que hagas por la mañana sea mirar el móvil. La alarma del despertador ya nos pone en alerta, al sacarnos de golpe de nuestro apacible sueño, si a esto se le añade los estímulos que recibimos a través del móvil (mensajes, correos, imágenes…), todo ello contribuye a que empecemos el día con un mayor nerviosismo.

7. Racionaliza el consumo de café o te y las bebidas excitantes. Evita tomar este tipo de bebidas antes de ir a dormir. Si tomas café por la mañana mejor que esperes un par de horas a tomártelo después de levantarte. El motivo es que el consumo de café provoca que el cuerpo genere cortisol. El cortisol es una hormona que el cuerpo produce de forma natural durante las primeras horas del día. Tomar café cuando los niveles de cortisol en el cuerpo son elevados nos provoca un aumento del estrés.

8. No te levantes con el tiempo justo. Ir a contra reloj provoca que tengamos la sensación que no llegamos a todo aquello que tenemos que hacer, generándonos estrés de buena mañana. La vuelta al trabajo puede ser un punto de inflexión para cambiar estos patrones de funcionamiento. Prueba irte a dormir y levantarte diez minutos antes de lo que estás acostumbrado/a y verás la diferencia.

9. Un remedio muy eficiente para estos primeros días de vuelta al trabajo, caracterizados por un mayor nivel de estrés, es el ejercicio físico. Si no encuentras momentos durante el día para practicar deporte, puedes probar a ir al trabajo a pie, o si eso no es posible, al menos hacer una parte del trayecto a pie. Caminar de buena mañana te ayudará a oxigenarte, a la vez que tu cuerpo y tu mente se van despertando, reduciendo tus niveles de estrés y nerviosismo característicos de estos días.

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10. Limita en lo posible el consumo de psicofármacos para calmar la ansiedad y la dificultad para dormir de estos primeros días. Antes de consumirlos, deberías consultar con el médico, para que te de la pauta correcta para tomarlos.

Espero que estas recomendaciones te ayuden a enfrentar la vuelta al trabajo de la mejor forma posible, sin embargo si el malestar se alarga en el tiempo, perjudicando tu vida personal y laboral, sería recomendable que pidieses ayuda profesional.

La terapia puede facilitarte la reincorporación al trabajo, así como ver si existe alguna otra causa detrás de los síntomas del síndrome postvacacional.

Si quieres más información sobre la terapia, sigue ESTE ENLACE o si lo prefieres llama o whatsapp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

Si quieres conocer más sobre el síndrome postvacacional, te dejo con otros de mis artículos sobre el tema:




Leslie Beebe
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Sobre las benzodiacepinas


Sobre las benzodiacepinas (BZD). Un gran porcentaje de personas que acuden a terapia se encuentran bajo tratamiento farmacológico. Las medicaciones más comunes prescritas entre los clientes son los ansiolíticos (benzodiacepinas) y los antidepresivos (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina).
Sobre las benzodiacepinas


Socialmente existe cierta mala fama respecto a los ansiolíticos, también denominados benzodiacepinas (BZD), por su carácter adictivo y la teórica dificultad que presenta dejar este tipo de medicación, lo que puede conducir a sufrir de abstinencia. No obstante, en este artículo quiero responder a toda una serie de preguntas sobre este tipo de medicación, pues en mi opinión a nivel general existe cierta desinformación al respecto.

Antes de empezar, quiero dejar claro que yo no soy profesional médico, por tanto las respuestas a las siguientes preguntas no quieren establecer ningún precedente, son simplemente opiniones personales, procedentes de mi experiencia como consumidor de este tipo de fármaco en el pasado, así como las conclusiones obtenidas a partir de las sesiones de terapia, con personas que han sido o son consumidoras de BZD.

¿Debo tomar medicación para la ansiedad?

Esta es una pregunta que a veces me hacen los clientes que acuden a terapia. Yo siempre contesto lo mismo, no está en mi mano juzgar eso, pues no soy médico ni tampoco psiquiatra. Siempre recomiendo a mis clientes que sufren de síntomas de ansiedad que vayan al médico, para así recibir el diagnóstico oportuno. Una vez obtenido el diagnóstico, puede ser que les sea recetado algún tipo de medicación al respecto, la cúal deberán tomar.

A partir de este momento es cuando la función del terapeuta tiene un sentido. Mientras que la medicación prescrita trabajará con los síntomas de la ansiedad, y ayudará a la persona a estar más calmada, la terapia le facilitará el camino para conocer las causas que han motivado ese estado. A partir de esta toma de conciencia, la persona aprenderá a gestionar su ansiedad de una forma diferente y más saludable.

No siempre la medicación es necesaria, no obstante muchas veces actúa como una muleta que ayuda a la persona no solo a estar más tranquila, sino también a poder involucrarse en el proceso de terapia. Si los niveles de ansiedad son muy elevados, la eficacia de la terapia baja notablemente, pues la persona no está ni física ni cognitivamente en condiciones para seguir un proceso terapéutico.

¿Para qué sirven las BZD?

Las benzodiacepinas (BZD) es un grupo de fármacos utilizados en el tratamiento de la ansiedad y el insomnio, principalmente. En el siglo pasado sustituyeron de forma progresiva a los famosos barbitúricos, por aportar mayores beneficios y menores riesgos que éstos.

Las BZD presentan diferentes grupos, no obstante los principales son dos: los ansiolíticos (como puede ser lorazepam, alprazolam, diazepam, bromazepam…) y los hipnóticos (como el loprazolam y el lormetazepam). Las BZD se consideran medicaciones muy eficaces en el tratamiento de 4 aspectos:

1. Son muy eficaces para reducir los síntomas físicos derivados de la ansiedad como puede ser: palpitaciones, presión en el pecho, nudo en el estómago, tensión muscular, sensación de ahogo…

2. Son medicaciones que ayudan de forma casi inmediata a reducir los síntomas que aparecen en momentos de ansiedad elevada, como puede ser al haber sufrido un ataque de pánico. También ayudan en situaciones críticas, en que estamos viviendo momentos muy tensos y sentimos que ya no podemos más, que vamos a estallar. En estos casos el ansiolítico nos ayuda a no desbordarnos emocionalmente, para así poder lidiar con la situación que nos ocupa.

3. Son favorecedores del sueño, sobre todo las BZD del grupo hipnótico. Este tipo de medicaciones pueden asegurar de 6 a 8 horas de sueño.

4. Son buenos relajantes musculares.

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¿Para qué no sirven?

Uno de los principales problemas con este tipo de medicación es su mala utilización por parte de quién las consume, por ejemplo cuando se toman para tratar síntomas ante los cuáles las BZD son ineficaces, o bien al consumirse como si de una aspirina se tratase, sin una pauta para tomarlas y sin supervisión médica. Un ejemplo de una toma incorrecta lo tenemos en personas que desean eliminar sus ideas de miedo y pensamientos obsesivos con los ansiolíticos. Para este tipo de síntomas las BZD resultan ineficaces, siendo efectivas para tratar los síntomas físicos asociados al miedo, pero no el miedo en sí.

¿Durante cuanto tiempo debo tomarlas?

La frecuencia, la dosis y el tiempo de toma de este tipo de medicación vendrá prescrito por el facultativo médico. Por norma general no se aconseja tomarlas más allá de las 12 semanas, y será el médico quien lo evalúe periódicamente. Sin embargo existen casos en que este tipo de medicaciones se mantienen a largo plazo. En la actualidad, y para evitar el riesgo de dependencia, los profesionales médicos suelen tratar los estados de ansiedad a más largo plazo con antidepresivos, que también tienen características ansiolíticas, y constituyen un tratamiento más seguro a largo plazo.

¿Las BZD pierden eficacia con el tiempo?

Una de las principales creencias es que las BZD pierden eficacia con el tiempo, cuando realmente no es así. Ante una determinada intensidad del síntoma, siempre valdrá la misma dosis. No obstante si aparecen más estresantes externos (cosa que puede pasar si los problemas de ansiedad no son tratados en terapia), no tendremos suficiente con la dosis recetada. Por tanto no es que la medicación pierda eficacia, sino que aumenta la intensidad del síntoma estresante.

¿Puedo llegar a engancharme?

La respuesta es que sí, las BZD son medicaciones que pueden generar adicción. No obstante quiero puntualizar un par de aspectos al respecto. En primer lugar todos somos susceptibles de engancharnos a aquello que nos genera una relajación brusca o una alegría súbita, como puede ser el alcohol, las drogas, el juego o las propias BZD, sin embargo no es lo más común, siendo un pequeño porcentaje de la población el que es susceptible de caer en la dependencia. Un símil podría ser el vino, todos podemos beber vino de vez en cuando, sin embargo los consumidores de este producto que se vuelven dependientes son una minoría.

Así mismo es cierto que existen algunos patrones de personalidad más susceptibles a engancharse como pueden ser aquellas personas que son muy inseguras, las que presentan una muy baja tolerancia a estar enfermas, o bien personas con una elevada impulsividad, aunque estos factores tampoco son determinantes.

No obstante, los profesionales médicos siempre tienen mucha cura a la hora de recetar este tipo de medicación, pues la posibilidad de dependencia existe. Es por este motivo que suelen ser medicaciones que se prescriben en el corto-medio plazo, sustituyéndolas con el tiempo por otras como los antidepresivos, o los productos naturales, los cuales no presentan este riesgo.

En segundo lugar las BZD no gozan de buena fama, pues se prescriben para el tratamiento de las drogadicciones, como la dependencia a la heroína. En estos casos el proceso de desintoxicación provoca un mono que se manifiesta a través de estados elevados de ansiedad, por este motivo se recetan este tipo de fármacos.

Considerando estos factores, no podemos considerar que exista un riesgo muy elevado de adicción de la población a estas sustancias, pues aunque posible, no es lo más probable que acabe sucediendo, siempre teniendo en cuenta que las benzodiacepinas sean tomadas correctamente, según las pautas médicas indicadas.

¿Podré dejar de tomarlas?

La persona que está tomando BZD puntualmente, digamos por un periodo no superior a un mes, debido a una situación estresante, ya sea de trabajo, personal o familiar, seguramente no tendrá ningún problema en dejar de tomar este tipo de medicación. No obstante es muy importante considerar que son medicaciones que deben abandonarse de forma progresiva, y nunca de golpe, sobre todo cuando las dosis diarias son elevadas.

Aunque actualmente la tendencia es no recetar este tipo de medicaciones a largo plazo, la realidad es que muchas personas mantienen este tipo de medicación de forma crónica. En estos casos es importante tener en cuenta que las BZD no curan la ansiedad y los síntomas asociados, simplemente los mantienen a raya. Para conocer aquello que motiva los síntomas de ansiedad es muy importante acudir a terapia, solo de esta forma podremos conocer aquello que se esconde detrás de los síntomas ansiosos. Una vez tratemos la causa de la ansiedad en las sesiones, los síntomas físicos irán desapareciendo por sí solos.

Si la ansiedad es tratada en terapia, el abandono de este tipo de medicación en el futuro, (siempre de forma progresiva como hemos dicho), no suele suponer ningún problema para la persona.
Como cualquier tipo de medicación, cuando las BZD son tomadas durante largos periodos de tiempo aumentan la posibilidad de padecer otros problemas de salud. Algunos estudios relacionan la toma de BZD con una mayor posibilidad de sufrir problemas de demencia e incluso alzhéimer en el futuro.

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¿Tienen efectos secundarios?

Cuando las BZD son tomadas de forma responsable y según las pautas médicas, no suelen aparecer efectos secundarios. En ocasiones puede ser que dependiendo de la persona y su tolerancia a este tipo de medicación, al iniciarse el tratamiento pueda sentirse más cansado o con sueño, por lo que el médico deberá ajustar la dosis según crea conveniente.  

¿Las BZD producen mono o abstinencia?

La aparición de abstinencia suele presentarse cuando las dosis diarias son elevadas, así como si se deja la medicación de golpe. Si no se dan estos casos, la probabilidad de sufrir mono cuando se abandona la medicación es muy baja. Algunos de los síntomas que aparecen por abstinencia son excitación, exceso de sudoración, falta de gusto y convulsiones, entre otras.

¿Pueden mezclarse las BZD con el alcohol o el café?

Como la gran mayoría de medicaciones, no es aconsejable mezclar BZD con alcohol. Aunque en los dos casos tienen un efecto sedante que puede inducir al sueño, si se consumen grandes cantidades pueden tener efectos secundarios indeseables como periodos de amnesia, lagunas mentales o blackouts. Cuando la toma de ambos se hace de forma irresponsable puede derivar en problemas de adicción, por lo que es muy común en los centros de desintoxicación encontrar personas dependientes a las dos sustancias.

Respecto al café en principio no es incompatible con las BZD, pues el café es un estimulante que nos despeja y activa, por tanto no tendría porqué provocarnos síntomas de ansiedad. Sin embargo hay personas sensibles a la cafeína, por lo que en estos casos se desaconseja, pues pueden aparecer síntomas asociados a la ansiedad como alteración del ritmo cardíaco, temblores o inquietud. 
Obviamente si los problemas de ansiedad comprenden dificultad para conciliar el sueño o dormir bien, en estos casos el café y los productos con cafeína se desaconsejan totalmente.

En resumen, las benzodiacepinas se presentan como una medicación muy eficaz ante los trastornos de ansiedad. En comparación con otras medicaciones como los antidepresivos o los antipsicóticos, que tienen un efecto más a largo plazo, los ansiolíticos tienen un efecto inmediato (de 20 a 30 minutos una vez tomados y hasta 12 horas de efecto), por lo que resulta fácil y rápido cambiar la dosis, o el tipo de ansiolítico, si no se obtienen los resultados esperados.

Actualmente, el principal problema con este tipo de medicación es la utilización incorrecta que hacemos de las benzodiacepinas. En la mayoría de hogares de nuestro país encontramos ansiolíticos, los cuáles muchas veces son tomados de forma irresponsable, sin receta ni supervisión médica; este factor aumenta el riesgo de dependencia. Así mismo, muchas veces estamos tomando ansiolíticos cuando la medicación debería ser otra, e incluso existen casos en que ni siquiera sería necesaria medicación para aquello que nos sucede, siendo suficiente tomar algún remedio natural, realizar ejercicio físico o acudir a sesiones de psicoterapia para sentirnos mejor.

Si actualmente tienes síntomas de ansiedad, el primer paso es ir a tu médico, él te guiará y aconsejará al respecto. Nunca te auto mediques, recuerda que la medicación debe estar siempre supervisada por el profesional médico, y más en el caso de los ansiolíticos.

Si necesitas ayuda terapéutica con tus problemas de ansiedad, te puedo ayudar. Para más información SIGUE ESTE ENLACE.

Si quieres conocer más sobre los trastornos de ansiedad, aquí te dejo con otros artículos sobre el tema:
Leslie Beebe

Taller de Tarot Terapéutico


El Tarot terapéutico, también denominado psicotarot o tarot evolutivo, es un abordaje de las cartas del tarot desde un enfoque psicoterapéutico. Este tipo de tarot se caracteriza por ser una poderosa herramienta de autoconocimiento y toma de conciencia personal. Las cartas son una vía de conocimiento para acceder a aquellas partes de nuestro inconsciente a las cuáles nuestra conciencia ordinaria no puede llegar. En este sentido las cartas nos ayudan a contactar con aquello no resuelto en nosotros, para que de esta forma podamos darle solución.



Si actualmente estás pasando por una época de crisis en tu vida, te sientes perdido/a, o bien tienes preguntas sin respuesta, éste es tu taller. Las cartas del tarot te ayudarán a clarificar tu presente y te aportarán orientación sobre qué camino tomar en el futuro.

El taller de tarot terapéutico es un espacio de 4 horas durante las cuales conocerás las principales cartas del tarot y encontrarás respuestas a tus preguntas. A través de diferentes ejercicios individuales y grupales, iremos desvelando el mensaje que las cartas guardan para ti.

Es recomendable llevar ropa cómoda para el taller y un cuaderno para tomar notas.


Próxima edición del taller: Sábado 28 de Septiembre de 10:00 a 14:00 horas

Lugar: L’Espai Viu. Carrer Muntaner 45 3er 1ª Barcelona

Aportación: 30 euros

Imparte: Leslie Beebe. Psicoterapeuta Gestalt, Life Coach y Experto Universitario en Inteligencia Emocional. Formado en psicotarot.

Inscripciones y preguntas: 645 368 714 (llamada o whatsapp).



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La agorafobia


La agorafobia. La agorafobia es un trastorno de ansiedad que se caracteriza por un intenso miedo a lugares o situaciones en que la persona cree que no va a tener salida, por lo que teme quedar atrapada, y en consecuencia sufrir una crisis de ansiedad. Con frecuencia la agorafobia está relacionada con haber sufrido de una o más crisis de pánico en el pasado, y la ansiedad anticipatoria que se deriva de este tipo de trastornos.

LA AGORAFOBIA

Después de haber pasado por una experiencia traumática como es una crisis de pánico, la persona empieza a sentir una angustia muy grande ante la simple idea de tener que enfrentarse a situaciones, o lugares en los cuales cree puede repetirse una crisis de ansiedad. De esta forma la persona vive su día a día con miedo a que vuelva a repetirse una experiencia de este tipo, es la denominada ansiedad anticipatoria. A partir de este estado ansioso es cuando puede desarrollarse la agorafobia.

El término agorafobia fue utilizado por primera vez por el neurólogo Karl Westphal, en el siglo XIX. Él lo usó para describir el miedo que experimentaban algunos de sus pacientes cuando estaban en lugares públicos. Este neurólogo empleó la palabra ágora que era la plaza abierta de las ciudades-estado en Grecia, donde se desarrollaba la vida comercial y política. Así como fobia que deriva de la palabra griega phobos” que es miedo.

Etimológicamente identificamos esta fobia con el miedo a los espacios abiertos, no obstante en psicología no debemos confundir la agorafobia con la fobia a los espacios abiertos, pues no es lo mismo. La fobia a los espacios abiertos es el miedo que aparece ante la idea de caer, o el miedo a los espacios abiertos donde no existe un apoyo donde agarrarse. Sin embargo la agorafobia describe la angustia que se experimenta cuando tenemos que enfrentarnos a lugares o situaciones en los que creemos que sería difícil escapar, o bien obtener ayuda, si sufriésemos de una crisis de ansiedad.

Algunos de los lugares y situaciones más comunes que la persona con agorafobia teme, y por tanto desea evitar son; viajar en avión o en autobús, permanecer en un espacio cerrado como el cine o el teatro, hacer colas, subir en un ascensor, o ir a un lugar concurrido de gente como un mercado.

Los síntomas relacionados con la agorafobia son comunes a otros tipos de trastornos de ansiedad. A nivel físico destaca: frecuencia cardíaca acelerada, sensación de ahogo, presión en el pecho, mareos, sudoración, molestias estomacales, náuseas, entumecimiento y hormigueo, entre los principales.

A nivel cognitivo la persona siente un intenso miedo a salir de su zona de confort para enfrentarse a un gran número de situaciones y lugares externos, susceptibles de generarle una nueva crisis de ansiedad. Aparecen miedos muy intensos como el miedo a morir, el miedo a volverse loco, la manifestación de la despersonalización (uno tiene dificultad en reconocerse), o la sensación de irrealidad.

A nivel de comportamiento la persona adopta una actitud de evitación y huida de lugares concurridos con gente, espacios cerrados o medios de transporte.

TERAPIA AGORAFOBIA
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¿Cómo enfrentarse a la agorafobia?. En primer lugar, si sentimos que podemos estar sufriendo de este trastorno, el primer paso es ir a nuestro médico, él nos guiará y efectuará el diagnóstico oportuno. Dependiendo del diagnóstico, se facilitará a la persona un tratamiento farmacológico, que aunque ayudará a tratar los síntomas, no eliminará el trastorno. En segundo lugar, es fundamental buscar acompañamiento terapéutico. 

La psicoterapia ayudará a la persona en tres facetas; la primera es a deshacerse de toda una serie de creencias irracionales y patrones de funcionamiento no saludables. La terapia facilitará que la persona cambie estos patrones caducos por otros de más saludables y funcionales, rompiendo la limitación que supone la agorafobia en la vida de la persona.

La segunda faceta es encontrar la fuente que originó los problemas de ansiedad, para que así la persona comprenda ese origen. Debemos recordar que la ansiedad es un síntoma, un mensaje que nuestro cuerpo nos envía de que hay algo que no acaba de funcionar en nuestra vida, y por tanto nos urge a tomar acción. El origen de la ansiedad puede ser muy variado, dependiendo de cada persona, sin embargo en un gran número de ocasiones se encuentra vinculado a aspectos que tienen que ver con la inteligencia emocional y la forma como gestionamos nuestra vida y nuestras emociones.

La tercera vía que puede aportar la terapia ante los trastornos de ansiedad es dar a la persona que sufre de agorafobia toda una serie de herramientas para enfrentar las situaciones de angustia, como pueden ser las técnicas de relajación.

Un punto importante a destacar cuando hablamos de agorafobia, así como también de otros trastornos de ansiedad, es que la tendencia a evadir y eludir aquellas circunstancias que la persona teme, únicamente conducen a sentirse cada vez más limitado y angustiado con el problema. Es decir, que la huida no solo aplaza la solución del problema en el tiempo, sino que también lo empeora. La única forma de superar estos miedos es a través de un progresivo enfrentamiento de las limitaciones que la agorafobia provoca. Con la ayuda terapéutica, y también farmacológica cuando sea necesaria, la persona será capaz de superar este trastorno.

Para terminar quiero comentar que la agorafobia limita seriamente la vida de la persona que la sufre, generando también en ella una sensación de incapacidad e inutilidad, que afecta muy negativamente aspectos como la autoestima y la autoconfianza. Por este motivo, si no se trata el problema puede derivar en un trastorno depresivo. En consecuencia es importante que este trastorno sea diagnosticado y tratado con la mayor brevedad posible, ante la aparición de los primeros síntomas.

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Si has sido diagnosticado de agorafobia, o de algún otro trastorno de ansiedad, la terapia es fundamental para superarlos. Si quieres más información sobre como la terapia puede ayudarte, sigue ESTE ENLACE o bien llama o whatsapp al 645 368 714.

Si quieres saber más sobre la agorafobia, o sobre los trastornos de ansiedad, aquí te dejo con otros de mis artículos.


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Como ayudar a alguien con ansiedad

Como ayudar a alguien con ansiedad. Los diferentes trastornos de ansiedad requieren de un apoyo terapéutico, y en ocasiones también de un tratamiento farmacológico. Superar un trastorno de ansiedad es un proceso, y como tal los familiares y amigos que acompañan a la persona que sufre este tipo de trastorno se convierten en una pieza clave en su recuperación.

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Si eres familiar, amigo o acompañante de una persona que sufre de ansiedad, puede ser que te encuentres ante situaciones que no sabes cómo gestionar, o bien desconozcas como actuar ante determinadas circunstancias. A continuación de dejo algunas claves que pueden ayudarte.

1. Aprende sobre la ansiedad. La ansiedad es un trastorno que comprende una complejidad mucho mayor que el simple hecho de estar nervioso o bien estresado. En este sentido no hay consejos milagrosos ni estrategias de efecto inmediato que eliminen la ansiedad. Por este motivo si alguien de tu entorno próximo sufre de ansiedad evita hacer comentarios del tipo; “tú mira de relajarte”, “no te agobies”, “no pienses en ello”, “no le des importancia”, etc…

Cuando realizas este tipo de comentarios, aunque son hechos desde la mejor de las intenciones, la persona que sufre de ansiedad los recibe como un reproche, y no como un apoyo. En estas circunstancias la persona ansiosa se va a sentir incomprendida, a la vez que culpable por sentirse así. Si realmente quieres conocer más sobre la ansiedad, recaba información; lee y documéntate sobre el tema, para así saber la mejor aproximación ante este tipo de trastorno.

2. Acepta el sufrimiento. Es normal que cuando estamos ante una persona que padece de ansiedad nuestra primera reacción sea querer evitarle el sufrimiento, es decir querer sacarlo de allí cuanto antes. No obstante, muchas veces esta actitud tiene más que ver con nuestra incapacidad de sostener el sufrimiento, que no que la persona ansiosa nos pida ayuda para salir. La persona que padece de ansiedad tiene su derecho a sufrir y a expresarnos su dolor, y nosotros no podemos negárselo. Es importante que entendamos que sufrir es parte del proceso de recuperación para superar la ansiedad. Cuando negamos el sufrimiento a la persona que padece de ansiedad, lo que hacemos es favorecer en ella la aparición de sentimientos como la culpa, que no ayudan en su recuperación.

3. Cambia el foco de atención. Aunque es importante darle un espacio a la ansiedad y a las preocupaciones relacionadas con ella, éstas no deberían ocupar todo el día de la persona que la sufre, ni tampoco de la familia acompañante. Aunque para la persona que está sufriendo de un trastorno ansioso, la ansiedad se convierte en el foco de atención principal, como acompañantes nuestra labor es distraer su atención y hacerle ver que existen otras áreas en su vida, a parte de la ansiedad. Es importante que como acompañantes normalicemos la situación, pues un trastorno de ansiedad no debe ser visto como un estigma.

En consecuencia es recomendable proponer actividades y planes para hacer a la persona que sufre de ansiedad. Esta actitud promueve que la persona ansiosa se sienta parte de la familia, haciéndole entender que no se la excluye por estar sufriendo este trastorno. Actitudes de este tipo favorecen a que la persona ansiosa no se sienta como un bicho raro, y se evita la aparición de sentimientos de culpabilidad del tipo; “mi familia no puede hacer vida normal por mi culpa”.

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4. Adopta una actitud de escucha y presencia. Es normal que como acompañantes surja en nosotros el impulso de decirle a la persona que sufre de ansiedad lo que debe o no debe hacer. Debemos entender que aquello que nosotros consideramos como apropiado o beneficioso, puede no serlo para otra persona, por lo que es importante no emitir juicios al respecto. En la gran mayoría de ocasiones la persona que padece un trastorno de ansiedad sabe que requiere de un esfuerzo y un tiempo salir de ella, y por tanto no está pidiendo soluciones rápidas, sino simplemente ser escuchada, apoyada y abrazada en su proceso. 

La escucha significa estar presente al lado de la persona y en la medida de lo posible no interferir en su proceso. Algunas frases que pueden ayudarte en el acompañamiento son; “Cuando me necesites estoy aquí”, “Si necesitas hablar estoy contigo”, “Te apoyo y te quiero”, “Sabes que puedes contar conmigo, estoy a tu lado”.

Como acompañantes debemos saber hasta dónde podemos ayudar, y en qué punto debemos aceptar el sufrimiento que lleva implícito el proceso de la persona. Para ello es importante no emitir juicios, evitar culpabilizar al otro, ni tampoco querer forzar nada.

El acompañamiento como su nombre indica es estar al lado de la persona y ayudarlo a avanzar, a que poco a poco, y con la ayuda de la terapia, vaya responsabilizándose de su propio camino, entendiendo que está en su mano salir de esta situación. Como acompañantes debemos trabajar la paciencia y no esperar resultados rápidos, pues no los hay. Así mismo la ayuda terapéutica es fundamental es estos casos, pues permitirá a la persona conocer cómo es su ansiedad, descubrir su origen, así como aprender formas más saludables de relacionarse con ella.

5. Evita caer en la sobreprotección. Es difícil cuando una persona de nuestro entorno sufre de ansiedad, como por ejemplo nuestro hijo/a, no caer en actitudes de sobreprotección. Sin embargo debemos tener presentes que no todas las acciones hechas con amor son las más saludables en estos casos. Las conductas de sobreprotección no ayudan en el proceso de recuperación de la persona. En primer lugar, porque ocuparnos nosotros de la persona con ansiedad supone enviarle un mensaje de que por si solo/a no puede hacerlo. 

La sobreprotección puede derivar en que la persona con ansiedad adopte una posición indiferente respecto a su trastorno, esperando que los otros le resuelvan la situación, y por tanto no responsabilizándose de ella. Esta actitud de sobreprotección fomenta la sensación de víctima en la persona con ansiedad, lo que deriva en una actitud pasiva ante la situación.

6. Aprende a leer las señales de la persona con ansiedad. Durante el proceso de recuperación de un trastorno de ansiedad aparecen momentos en que la persona que lo sufre necesita su espacio, para así estar sola y en contacto consigo misma. Como acompañantes debemos percibir cuando aparecen estos momentos, para así retirarnos y dejar espacio a la persona. Debemos entender que nuestra ayuda no siempre es necesaria ni requerida, y a veces la mejor forma de ayudar es no actuar, respetando sus necesidades y dándole un espacio y un tiempo para sí misma.

7. Reconoce los avances. Cuando acompañamos a una persona con ansiedad es importante reconocer y comunicar a la persona los avances que hace en su proceso, por pequeños que éstos sean. Es importante remarcar a la persona que no es tan importante los logros que consiga, pues al principio son pocos, sino que la intención es lo que cuenta. De esta forma reforzamos una actitud activa en la persona y evitamos que caiga en la victimización y la pasividad.

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8. Cuida de tu persona. Es habitual cuando acompañamos a una persona con ansiedad que nos olvidemos de nosotros mismos y de nuestro cuidado. Como cuidadores debemos aprender a tomarnos nuestros espacios, un tiempo para nosotros mismos, para descansar, recuperar fuerzas y atender nuestras necesidades. Solo si cuidamos de nuestra persona podremos llevar a cabo una eficiente labor de cuidador.

Espero que estas pautas te ayuden en el acompañamiento de una persona que sufre de ansiedad. No obstante no olvides que es fundamental que la persona que sufre de ansiedad reciba ayuda terapéutica, y en ocasiones también farmacológica, por lo que consultar a un profesional médico es fundamental.

En Terapia Gestalt Vivir Mejor nos especializamos en el acompañamiento terapéutico de personas que sufren algún trastorno de ansiedad. Si has sido diagnosticado de algún trastorno de ansiedad, y necesitas apoyo, la terapia puede ayudarte en tu proceso de recuperación.

Para más información puedes seguir ESTE ENLACE o bien llamar o whatsapp al teléfono 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

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La fobia social o ansiedad social
Toc y pensamiento obsesivo
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La Fobia Social


La Fobia social. Un gran número de nosotros tenemos dificultad a la hora de lidiar con las situaciones sociales. Éstos son momentos en los que aparece nuestra vergüenza, y podemos sentirnos incómodos al tener que interactuar con otras personas. Esto no es nada raro, sobre todo si nuestro carácter es de tipo introvertido, no obstante no representa una limitación importante en nuestra vida.

La Fobia Social

Sin embargo cuando hablamos de fobia social, o ansiedad social, estamos hablando de circunstancias en que esa incomodidad se transforma en pánico, por tanto la persona que la sufre se siente superada por sus miedos, y en consecuencia totalmente incapaz de enfrentarse a este tipo de situaciones sociales.

Circunstancias que a todos nos pueden generar cierto miedo, como hablar en público o conocer a gente nueva, no son las únicas situaciones que desatan el pánico en las personas que sufren de ansiedad social, sino que actividades diarias como comer en público, o pedir un café en un bar pueden despertar en ellas los miedos más profundos.

La fobia social parte de unos principios fundamentales; el primero es un pensamiento negativo y desvalorizador que las personas que lo sufren tienen sobre sí mismas. Estos individuos se sienten inhábiles e inferiores al resto de personas, lo que les incapacita para lidiar con un gran número de situaciones sociales.

El segundo principio es la proyección que estas personas hacen de su pensamiento negativo en el resto de individuos; es decir adoptan la creencia que el resto de personas van a juzgarles negativamente por su inaptitud, aún sin existir ninguna evidencia de ello.

El tercer aspecto importante en la fobia social es que la persona que la sufre necesita esconder lo que considera deficiencias o defectos de sí mismo ante el resto de personas, para que así éstas no se den cuenta de ello, por ejemplo ocultar al resto que se sienten inseguras o ansiosas.

El cuarto y último aspecto es que la persona que sufre de ansiedad social está en constante búsqueda de posibles signos externos, mostrados por el entorno, que corroboren su creencia de inferioridad o inaptitud. Es tanto el deseo de encontrar estos signos, que en la mayoría de ocasiones la persona acaba interpretando gestos, opiniones o actos de otros individuos como pruebas fehacientes que su pensamiento negativo es correcto. La persona con fobia social cree que es el centro de atención del mundo externo, focalizándose como la causa de los actos o actitudes de otras personas; una atribución causal errónea.

Terapia Ansiedad Social

La persona que sufre de fobia social reacciona ante estos miedos a través de toda una serie de mecanismos. El primero es la inhibición a través de sustancias como el alcohol o las drogas, para de estar forma sentirse más segura a la hora de enfrentarse a aquello que más teme. No hace falta decir que el abuso de este tipo de sustancias puede generar un problema añadido al de la fobia social, que es el de la dependencia.

El segundo mecanismo, y el más habitual, suele ser la evitación de aquellas situaciones generadoras de miedo. Esta evitación puede hacerse desde mecanismos como la huida, ya sea a través de retrasos, cancelaciones o invención de excusas. Otro método utilizado en la evitación es hacer que otras personas se enfrenten a este tipo de situaciones por ellos. Sea cual sea el mecanismo utilizado para la evitación, la realidad es que esta actitud acaba llevando a la persona a restringir el número de actividades en su vida, limitando seriamente su libertad personal y su calidad de vida.

Aunque en un primer momento la evitación o huida de la situación temida genera un cierto alivio para la persona, la verdad es que al poco tiempo esta sensación se convierte en sentimientos de frustración, culpa y rabia, pues la persona se da cuenta que es incapaz de enfrentarse a las situaciones que más teme. Estos sentimientos de incapacidad perjudican seriamente los niveles de autoestima y autoconfianza, aumentando la percepción de inutilidad que la persona siente respecto a si misma. En resumen, los mecanismos de evitación y huida únicamente conducen a magnificar el problema.

Respecto a los síntomas que presenta la ansiedad social destacamos los siguientes, según sean físicos, cognitivos o de comportamiento. Estos síntomas pueden aparecer cuando la persona se encuentra en un acontecimiento social, o incluso con el simple pensamiento anticipatorio de tener que enfrentarse a este tipo de situaciones.

En los síntomas físicos aparece taquicardia, sudoración, aumento del ritmo cardíaco, sensación de ahogo, rubor, náuseas, mareos y tensión muscular, entre los principales.

En los síntomas cognitivos aparece miedo o sensación de sentirse humillado o avergonzado, o la idea de ser incapaz de tomar parte en conversaciones. Otros síntomas asociados pueden ser temor a ser juzgado, miedo a que los otros noten que uno está ansioso o nervioso, y pensamientos de inferioridad respecto a uno mismo, entre otros.

En lo que respecta al comportamiento, las actitudes que suelen aparecer es la evitación del contacto social, más allá del contacto con aquellos familiares más próximos. Esta actitud suele manifestarse en evitar situaciones tan habituales como coger el transporte público, ir a las tiendas, hacer un café con amigos o realizar actividades en grupo. Esta actitud de evitación genera una limitación muy importante en la vida de la persona.

Terapia Fobia Social

Si sientes que tus miedos te limitan cada vez más en tu vida diaria, sería aconsejable que consultases con tu médico para que pueda realizar el diagnóstico correspondiente. Para el tratamiento de la fobia social es muy aconsejable la terapia, y en ocasiones puede ser necesario algún tratamiento farmacológico que la acompañe. Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) es un tipo de antidepresivo que suele ser prescrito en estos casos, aunque será el profesional médico quién lo prescriba si lo estima oportuno.

El origen de la fobia social es diferente según cada individuo, no obstante es común encontrar traumas del pasado, normalmente procedentes de la adolescencia por algún episodio en que la persona se sintió rechazada por el grupo. También es posible que su origen se encuentre en situaciones traumáticas anteriores, vividas en la infancia y que pueden estar relacionadas con el tipo de apego vivido con los progenitores.

La terapia permite revisar y entender el origen de estos miedos, para de esta forma adoptar una serie de estrategias diferentes y más saludables, las cuales nos permitirán gestionar de forma favorable las situaciones generadoras de miedo.

A continuación te voy a dar unas pautas breves sobre como lidiar con estos miedos. Únicamente son recomendaciones, por lo que en ningún caso sustituyen el diagnóstico médico, ni la terapia necesaria en este tipo de casos.

1. Plantéate la pregunta de: ¿Qué harías si tu miedo no te limitase?. Ante situaciones susceptibles de generarnos miedo es importante fijarse grandes retos. Es importante cambiar nuestro punto de vista, tomando las situaciones del día a día que nos generan ansiedad, como pruebas a superar que nos permitirán conseguir aquello que realmente deseo en mi vida. El objetivo es convertir estas situaciones que nos bloquean, en medios de aprendizaje, para así hacerlo mejor en un futuro y poder alcanzar nuestra meta.

Por ejemplo un gran reto podría ser terminar esos estudios que tanto deseo. En esta línea date cuenta cuáles son los obstáculos que te impiden conseguir tu objetivo; ¿tienen que ver con un obstáculo físico, con otras personas o únicamente con limitaciones que tú mismo te pones?. A partir de aquí puedes hacerte preguntas del siguiente tipo:

 ¿Qué es lo peor que puede pasarme si al final no consigo lo que quiero?, ¿Qué elementos de la realidad me confirman mis pensamientos negativos?, ¿Cómo creo que voy a sentirme posteriormente, si no actúo o bien pospongo el pasar a la acción?.

2. Es importante tener claro que el miedo únicamente se elimina una vez nos enfrentamos a él, nunca desde la evitación. La evitación solo nos sirve para posponer y acabar haciendo más evidente nuestra incapacidad de poder enfrentarnos a aquello que nos da miedo, aumentando la sensación de miedo al miedo.

3. Debemos desligar los pensamientos que tenemos de nuestra persona de lo que sucede en la realidad. Es muy importante poner en duda la certeza de nuestros pensamientos. Por ejemplo es normal que si empezamos un camino de aprendizaje nos equivoquemos, eso no significa que seamos menos aptos o hábiles para desempeñar dicho trabajo, pues solo desde el error podemos ganar experiencia y conocimiento. Date cuenta que tú no eres tus pensamientos, sino un simple observador de ellos, y por tanto no te definen como persona.

Por lo que respecta a las interpretaciones que tú haces sobre los gestos o actitudes de otras personas, permite equivocarte. No creas que todo lo que piensas es correcto, pues en la mayoría de ocasiones no es así, únicamente es tu fantasía quien te está hablando. Pregúntate; ¿Me están rechazando los otros, o ya me estoy rechazando yo previamente?, ¿Qué pruebas reales y explícitas tengo que esas actitudes/gestos de la persona se dirigen hacia mí?.

4. No debemos aspirar a la perfección, en ese sentido es importante entender que el resto de personas no están pendientes de nosotros, somos nosotros quien nos situamos en el centro de atención y creemos que ellos van a estar observando nuestro comportamiento y nuestras reacciones, cuando realmente no es así. Plantéate que tú no eres tan importante.

Por este motivo aléjate de tus ideales de perfección, como que no puedes mostrarte ansioso o nervioso ante los demás. Te darás cuenta que si eres capaz de abrir y expresar tus miedos a otras personas, éstos desaparecerán al ser descubiertos.

Si quieres conocer más sobre los trastornos de ansiedad, aquí te dejo otros artículos sobre el tema:


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Leslie Beebe
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