Como Enfrentarse al Duelo


Como enfrentarse al duelo. Una de las situaciones más dolorosas que tenemos que enfrentar en nuestra vida es la pérdida de un ser querido. Cuando perdemos a alguien las reacciones ante esa situación son diversas según cada persona, no obstante existe un denominador común que es el dolor por la ausencia. Ese dolor es el síntoma que indica el inicio de un proceso denominado como duelo, de hecho, la palabra duelo significa dolor en latín.

enfrentarse al duelo


El proceso de duelo tiene como finalidad reconocer y asimilar la pérdida del ser querido, así como aprender a vivir sin ésa persona, lo que permite adaptarnos a una nueva realidad. Durante el duelo pasaremos por diferentes etapas, las cuáles variarán en intensidad y duración según cada persona. No son etapas lineales, lo que significa que las iremos visitando a lo largo del  proceso de duelo. Las principales etapas del duelo son: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Vamos a verlas con más detalle:

La negación es una primera etapa de desconcierto ante la pérdida. Durante esta fase la persona es incapaz de aceptar la realidad, negándose a la evidencia. En estos momentos hay personas que reaccionan ante la noticia como si nada hubiese pasado, intentando aparentar ante otros y ante sí mismos que todo continúa igual. La negación es una fase necesaria en el duelo, pues nos permite integrar la información recibida de forma progresiva, amortiguando el shock por la pérdida.

La segunda etapa es la ira. La ira es una de las emociones más presentes en el proceso de duelo, sin embargo en esta etapa es cuando aparece con más intensidad. La frustración y la impotencia ante la pérdida provocan que la persona busque culpables externos o causas que expliquen racionalmente el suceso traumático. A veces esta etapa se vive desde el resentimiento hacia el ser fallecido por el dolor que nos ha causado su muerte. Este resentimiento con la persona fallecida se vive con culpa, lo que provoca que los niveles de enfado aún aumenten más. En esta etapa la persona se hace preguntas relacionadas con la búsqueda de justicia, del tipo; “¿Por qué yo?”, “No es justo”, “¿Por qué me ha sucedido esto a mí?”.

La tercera etapa es la denominada como negociación, en la cual la persona busca alguna estrategia o solución que le permita revertir lo ocurrido. Aunque una parte de nosotros sabe que el ser querido ya no volverá, existe otra que aún siente la necesidad de retornar a la vida pasada, antes del fallecimiento. En esta etapa aparece la intención de retroceder en el tiempo, para así evitar de una forma u otra el hecho traumático. Es frecuente en esta etapa frases del tipo: “Si yo hubiese…”, “Qué hubiese pasado si…”, “Y si…” Aparece así una voluntad de quedarnos fijados en el pasado para intentar curar el dolor que estamos sintiendo, a la vez que fantaseamos con una vida alternativa en la que el fallecido aún se encuentra entre nosotros.

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La cuarta etapa es la depresión. En esta etapa la persona toma conciencia de lo irreversible de la situación y contacta con el vacío y el dolor que el fallecimiento ha provocado en su vida. En esta etapa son frecuentes los estados de tristeza y melancolía, así como la sensación que no vamos a poder tirar adelante con nuestra vida sin la persona fallecida. La frase característica de esta etapa sería; “Si ya no está para qué seguir?” . Aunque esta etapa puede presentar síntomas como la necesidad de aislarse socialmente o los estados depresivos, si percibimos que éstos perduran en el tiempo, sería aconsejable consultar con un profesional de la terapia para que nos ayude en el proceso.

La quinta y última etapa es la aceptación. En esta fase la persona acepta la pérdida, dándose la oportunidad de una nueva vida sin el ser querido. Es una etapa de reflexión y toma de conciencia donde podemos reflexionar sobre el sentido de la vida y aquello que esperamos de ella. La frase que resume esta etapa sería: “Todo va a ir bien (incluso sin esa persona)”. En esta etapa la persona comprende que la muerte no es un castigo, sino parte de la vida misma. Las emociones de culpabilidad y rencor por lo ocurrido se transforman en aceptación y aprendizaje de la experiencia vivida.

Si actualmente estás atravesando por un duelo, o conoces de alguna persona que se encuentre en esa circunstancia, a continuación voy a comentar algunas estrategias que pueden ayudarte en la transición del proceso.

1. Acepta el proceso de duelo. El duelo es un proceso necesario que nos permite curar la herida que se produce por la pérdida de algo o alguien en nuestra vida. Por este motivo, aunque pasemos por momentos de profunda tristeza e ira (emociones típicamente desagradables que no nos gusta sentir), debemos tener claro que transitarlas es el único camino para alcanzar la sanación emocional. En este sentido no es aconsejable adoptar estrategias para reprimir o desviar las emociones asociadas al duelo, algunas de las más características son; ocupar el día con multitud de actividades para no estar en contacto con nosotros mismos, o bien insensibilizarnos y decirnos que somos fuertes, que no pasa nada y que todo está bien. Este tipo de actitudes son contraproducentes, pues provocarán que el duelo se alargue en el tiempo y corremos el peligro de que se quede enquistado, manteniendo de esta forma la herida abierta.

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2. Acepta tus sentimientos. No todo el mundo reacciona igual ante una pérdida; hay personas que tienen facilidad para identificar y expresar sus emociones, mientras que otras tienen más dificultad para ello. Asimismo hay personas que les cuesta lidiar más con un tipo de emoción que con otra. Independientemente del tipo de relación que mantengas con tus emociones, lo importante es que las aceptes cuando aparezcan, sin juzgarlas ni culpabilizarte por ellas. Tampoco creas que existe un manual que té explica cómo vivir el duelo y cómo debes sentirte en cada momento; el duelo es un proceso muy personal y diferente según cada persona y situación.  Aunque antes he comentado las fases del duelo, debes tener claro que es simplemente una orientación, un mapa del proceso, y por tanto no debe ser tomado como un manual de instrucciones.

3. No descuides tu persona. Ante un proceso de duelo, debes priorizar tu bienestar. Esto significa respetarte y estar atento a cuáles son tus necesidades en cada momento, dejando de lado exigencias propias y ajenas. Debes tener claro que en estos momentos lo más importante es tu recuperación emocional, por este motivo evita hacer las cosas porque te sientas en la obligación o para quedar bien con el resto de personas. En este sentido también es importante que cuides de tu salud física; es recomendable que mantengas unos horarios regulares en las comidas, cuides tu alimentación, practiques ejercicio y duermas las horas necesarias. Estos hábitos saludables contribuyen positivamente en el proceso de duelo.

4. Expresa lo que sientes. Es importante que te permitas expresar tus emociones, sobretodo la tristeza, y que no sientas vergüenza por compartirla con el resto de personas. No hace falta que comuniques lo que te pasa a todo el mundo, pero sí a una o dos personas de tu confianza, con las que te sientas a gusto y que te puedan aportar el apoyo y comprensión que necesitas. Debes evitar esconder tu dolor, no sientas miedo ni vergüenza por ello, es natural y a la vez sanador expresarlo. En este sentido date permiso para llorar, el llanto es la expresión directa de la tristeza, es un mecanismo liberador y sanador a la vez. Reprimir el llanto para mostrarte fuerte solo te conducirá a estar más triste y ansioso.

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5. Normaliza la muerte. Existen casos en que una vez producido el fallecimiento, la familia firma un pacto de silencio para no hablar del difunto ni de los recuerdos asociados a él. Esta actitud es nociva para la familia, pues lo único que se consigue es reprimir y esconder el dolor que todos los familiares sienten por la pérdida. Lo aconsejable en estos casos es poder hablar libremente sobre la persona fallecida y compartir historias y anécdotas. Esta actitud es un  bálsamo reparador que ayudará a todos los familiares a lidiar con la muerte, fomentando elementos como el amor, la empatía y la comprensión en el ámbito familiar.

6. No te deshagas de los objetos que te recuerdan a la persona fallecida. Durante el proceso de duelo, cuando nos sentimos extremadamente vulnerables, no es el mejor momento para tomar decisiones importantes. En este sentido es aconsejable que no te deshagas de aquellos objetos que te recuerdan a la persona fallecida. Aunque en un primer momento pueda parecerte una buena idea, seguramente acabarás arrepintiéndote por ello. No es necesario, ni aconsejable, tener todos los objetos a la vista, pero sí guardarlos en una caja o en un lugar que no esté a la vista, y de aquí un tiempo, una vez superado el duelo, decidir qué hacer con ellos. Siguiendo esta premisa, el duelo tampoco es un buen momento para tomar decisiones importantes como cambios de domicilio, de trabajo, etc... en estos casos la inestabilidad emocional nos puede impulsar a tomar decisiones precipitadas que después podemos lamentar.

7. Despídete del ser querido. En ocasiones cuando alguien fallece no tenemos la oportunidad de despedirnos, o bien nos vemos obligados a hacerlo de forma rápida e imprevista. Por este motivo es importante que te des la oportunidad de despedirte de tu ser querido, aunque esta persona ya no esté presente. Una de las opciones es escribir una carta de despedida, expresando todo aquello que necesitas decirle y que no tuviste oportunidad de comunicar en vida. Si es posible puedes visitar el cementerio donde esté esa persona y leérsela una vez finalizada. Otra opción es escribir durante el proceso de duelo un diario donde vayas expresando tus emociones, sensaciones y pensamientos. Un última opción es crear un “espacio de recuerdos” (por ejemplo un álbum o una caja), donde depositar aquellas fotos y objetos que te recuerden  a esa persona. Cuando lo consideres oportuno puedes revivir esos momentos y situaciones. Esta última opción la suelo recomendar a mis clientes una vez el duelo está encarrilado, pues en caso contrario puede tener los efectos contrarios a los buscados, aumentando los estados de tristeza y melancolía.

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8. No seas exigente contigo mismo. El duelo es un proceso lento pero progresivo, y como tal dura un tiempo, aproximadamente entre 1,5 y 2 años. Por este motivo no quieras correr, sé paciente y toma conciencia que no es un proceso lineal, lo que significa que un día puedes sentirte muy animado y alegre, y al día siguiente volver a conectar con el llanto y la tristeza. Piensa que es absolutamente normal, y no significa de ninguna manera un retroceso en el proceso. No te castigues ni culpabilices por ello.

Se considera que se ha llegado al final del duelo cuando somos capaces de recolocar emocionalmente a nuestro ser querido, aceptando que aunque esa persona ya no está presente, una parte de ella sigue viviendo en nosotros. Esta aceptación de la nueva realidad nos permite seguir nuestro camino, aprendiendo de lo vivido junto a esa persona y aceptando que la vida ha cambiado, lo que nos lleva a abrirnos a nuevas experiencias y relaciones.

Por último es importante que tengas en cuenta que a medida que pase el tiempo debes ir sintiéndote mejor respecto a la pérdida. Aunque al inicio del proceso de duelo la mayoría de tus pensamientos estarán focalizados en el hecho traumático, a medida que pasen los días, otros aspectos como el ámbito social, laboral y familiar irán ocupando el sitio que les corresponde en tu vida. Si no es así, y sientes que tu dolor y las emociones derivadas de la pérdida ocupan la mayor parte de tus energías y de tu tiempo, entonces sería aconsejable que buscases ayuda profesional para elaborar el duelo de una forma saludable. 

Leslie Beebe

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Como Reducir la Ansiedad


Como reducir la ansiedad. La ansiedad es un trastorno que nos puede afectar en cualquier momento de nuestra vida. Se estima que alrededor del 50% de la población mundial sufrirá de ansiedad en algún momento de su vida. La ansiedad tiene como eje central el miedo; no obstante mientras que el miedo es una emoción puntual que nos pone en alerta ante una amenaza presente, la ansiedad es un estado de intranquilidad y nerviosismo que perdura en el tiempo, y que principalmente procede de nuestra voluntad de querer controlar alguna circunstancia futura.

como reducir la ansiedad

A continuación voy a comentar algunos consejos que os pueden ayudar a superar la ansiedad. No obstante soy de la opinión que si sentimos que la ansiedad está presente en nuestra vida, lo recomendable es buscar aquello que la motiva. La ansiedad se presenta como un síntoma derivado de algún aspecto de nuestra vida que no está funcionando, o bien con el que estamos en desacuerdo, siendo esta insatisfacción la responsable de nuestro desequilibrio emocional.

Aunque existen técnicas como la meditación o el Mindfulness que funcionan muy bien en lo que respecta a reducir los síntomas relacionados con la ansiedad, debemos tener claro que esta reducción será temporal mientras no descubramos aquello que la motiva, y por tanto nos pongamos manos a la obra para solucionarlo. En este sentido la terapia se presenta como el camino más adecuado para tomar conciencia y llegar a sanar nuestros problemas de ansiedad.

1.  La ansiedad no es mala. Lo primero que debes hacer es cambiar tu foco de atención respecto a la ansiedad. En vez de concebir la ansiedad como algo malo y desagradable, debes verla como una señal de alarma que indica que algo no está funcionando en tu vida. Los intentos por querer evitar la ansiedad, luchando contra ella y juzgándote por sentirla, lo único que te conducirán es a sentirte cada vez más ansioso/a. Para ello piensa en aquellos aspectos de tu vida con los cuales estás en desacuerdo, o bien no acabas de estar satisfecho/a, seguramente te darán una pista importante sobre los motivos que causan tu ansiedad.

2. Toma conciencia de tus pensamientos. Podemos imaginar a la ansiedad como un monstruo que se alimenta de nuestros pensamientos. Como más pensamientos negativos y de oposición tengas respecto a la ansiedad, mayor será el tamaño de tu monstruo interno, y en consecuencia más ansiedad vas a sentir. Por este motivo es importante que revises tus pensamientos y las creencias que llevan consigo. Es importante que anotes todo aquello que te dices y escuches la forma cómo te lo dices. Una vez anotados cuestiónate el mensaje, por ejemplo debes evitar palabras como “nunca”, “siempre”, “nada”, “todo”…, pues  estas palabras son típicas de un pensamiento polarizado que únicamente contribuye a sentirte más presionado/a y a aumentar tu ansiedad.

Respecto a tus pensamientos puedes plantearte diversos aspectos como son: si realmente las cosas son blanco o negro como tus pensamientos te dicen, qué pruebas tienes de que estos mensajes que te  envías son reales, y si de alguna forma estos pensamientos contribuyen a que te sientas mejor. Una vez hayas tomado conciencia de tus pensamientos y la forma cómo éstos te hacen sentir, mira de cambiarlos por otros de más positivos y saludables. Pregúntate cómo crees que te vas a sentir si te habitúas a utilizar estos pensamientos alternativos, en vez de utilizar los antiguos.

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3. No te avergüences ni te sientas culpable por sentir ansiedad. Como hemos comentado la ansiedad es un trastorno más común de lo que nos pensamos. Existe la idea generalizada que mostrarnos vulnerables por la ansiedad es sinónimo de ser débiles o cobardes; nada más lejos de la realidad. Si te dejas la libertad de expresar y hablar con otras personas sobre tu ansiedad, seguramente te darás cuenta que encontrarás más apoyo y empatía del que te imaginas. Debes tener claro que querer esconder tu estado ante los otros solo te provocará más tensión, y en consecuencia más ansiedad.

4. No huyas de tu ansiedad. Acepta lo que te está pasando. Obviamente a nadie nos gusta los síntomas asociados a la ansiedad, no obstante debemos tener claro que querer evitar o reprimir aquello que estamos sintiendo solo nos conducirá a sentirnos peor. Asimismo culpabilizarnos o sentirnos mal por tener ansiedad tampoco nos ayudará a reducirla. El primer paso es aceptar la ansiedad como viene. Para ello lo recomendable es conectar con el momento presente. Una de las mejores formas de conexión con el presente es dejarnos unos minutos para tomar conciencia de nuestra respiración, de esta forma conseguimos parar el pensamiento futurista y catastrófico característico de la ansiedad.

Otro aspecto que debemos evitar en nuestra relación con la ansiedad es querer huir de las situaciones que nos generan ansiedad. Cuando eludimos las situaciones que nos producen ansiedad, lo que conseguimos es un alivio momentáneo, sin embargo esta huida únicamente nos conduce a un futuro más limitado. Como más evitemos las situaciones propicias a generar ansiedad, menos capaces nos sentiremos para enfrentar este tipo de situaciones en el futuro. En resumen, la evitación nos llevará a estar presos de nuestra ansiedad, limitando nuestra libertad personal y perjudicando nuestra autoestima.

5. Date la libertad para hablar y expresar tus emociones y sentimientos. Uno de los caminos que nos conduce a reducir nuestros niveles de ansiedad es expresar nuestras sensaciones y miedos. En estos casos el dicho de “yo me lo guiso, yo me lo como”, no suele dar buenos resultados. En primer lugar expresar a otros aquello que nos sucede nos ayudará a encontrar  puntos de vista alternativos de la situación, así como también el apoyo y acompañamiento necesario en momentos vulnerables que podemos estar atravesando. En segundo lugar, expresar nos ayuda a liberar la tensión propia de la ansiedad. Como ocurre con una olla a presión, necesitamos válvulas de escape que liberen la tensión acumulada a causa de la ansiedad, pues si no es así llega un momento en que acabamos explotando, pudiendo llegar a sufrir un trastorno de salud más grave, como un ataque de pánico.

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6. Procura ocuparte y no preocuparte. Toma conciencia de aquello que te genera ansiedad. Las preocupaciones excesivas respecto a temas futuros, sobre los cuales no tenemos el control, suelen ser uno de los principales orígenes de la ansiedad. Plantéate si tienes algún tipo de control sobre la situación, y si puedes hacer algo en tu presente para solucionar o encauzar aquello que te preocupa. Si éste no es el caso, y tu preocupación se sustenta en inseguridades sobre aquello que vendrá, o en tus deseos de controlar un futuro incierto, acepta que a veces es necesario tener paciencia y aprender a sostener la incertidumbre respecto aquello que nos depara la vida.

"A cada día le bastan sus temores, y no hay porqué anticipar los de mañana" Charles Péguy

7. Adopta unos hábitos de vida saludables. Cuando hablamos de hábitos de vida saludables nos referimos a aspectos como llevar una dieta regular y saludable, realizar ejercicio físico de 2 a 3 veces por semana y dormir las horas necesarias. Todos estos factores tienen una gran influencia en el grado de ansiedad; no cumplir con estos hábitos puede favorecer de forma significativa el aumento de nuestros niveles de ansiedad.

8. Aprende a ser asertivo y a poner límites. Una de las causas que motiva la ansiedad es nuestra creencia que no vamos a poder enfrentar un acontecimiento futuro. A veces este miedo procede de una inseguridad personal y una falta de valía personal, lo que contribuye a reforzar nuestra idea de que no vamos a poder lidiar con aquello que nos depara el futuro. Algunos indicios de esta inseguridad es nuestra dificultad para poner límites, o poder decir no a los otros sin tener que sentirnos culpables por ello.

Por todos estos motivos es importante que busques un equilibrio entre el entorno y tú; no es saludable ser una persona que sólo piensa en sí misma y en sus necesidades, pero eso tampoco significa que debas estar al servicio de las necesidades de otros, descuidando las tuyas propias. En este sentido, olvídate del juicio externo y céntrate en tus necesidades, date la libertad para ser tú mismo, y en caso que quieras dar a los otros que sea por generosidad y amor, y no por miedo o dependencia.


"Todo estrés, ansiedad y depresión, son causados cuando vivimos para complacer a los demás". Paulo Coelho

9. Deja que el humor entre en tu vida y toma perspectiva de la situación que te preocupa. Muchas veces aquellas situaciones  que nos provocan ansiedad no son tan tremendas ni tan graves cuando suceden, como nos habíamos imaginado previamente. Toma distancia de la situación y plantéate si realmente aquello que te preocupa es un tema tan importante en tu vida. Pregúntate que es lo peor que imaginas puede pasarte, y si así fuese como te sentirías. Intenta ver la situación con algo de humor y ríete de ella y de ti mismo si es preciso. Si observas la situación con humor, sin darle mucha relevancia al tema, seguramente te darás cuenta que no es el fin del mundo, y que por tanto esta preocupación que tienes en tu cabeza quizás no requiera de tanta energía ni tanto tiempo como el que le estás dedicando. Piensa que en un gran número de ocasiones somos nosotros mismos, quienes a través de darle vueltas y más vueltas al tema, hacemos una montaña de un grano de arena, provocándonos un mayor grado de ansiedad.

Si la ansiedad limita tu vida, la terapia puede ayudarte, pide información sin compromiso. 

Si te interesa leer más sobre el tema, aquí te dejo otros de mis artículos.







Leslie Beebe
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La Gestión del Estrés


La gestión del estrés. El estrés se ha convertido en uno de los trastornos más habituales entre aquellas personas que vivimos en países desarrollados. La vida en la sociedad occidental, donde la mayoría de nosotros tenemos las necesidades básicas cubiertas, se nos complica a otros niveles de necesidad, como aquellos que hacen referencia a la identidad personal, el reconocimiento social o la autorealización. El psicólogo norteamericano Abraham Maslow ya habló de esta jerarquía de necesidades en su famosa “Pirámide de Maslow”.
gestión del estrés

Vivimos en una sociedad acelerada, donde existe una gran presión por cumplir, y no solo eso, sino que debemos cumplir de forma excelente. La mayoría de nosotros tenemos un juez interno muy estricto, que nos trata de forma autoritaria, y en ocasiones incluso déspota. En referencia a las necesidades anteriormente comentadas, el tipo de relación que mantengamos con nuestro juez interno, condicionará en gran medida el éxito o fracaso en la satisfacción de nuestras necesidades. 

El juez interno se caracteriza por ser una voz interior, que nos ordena y nos exige de forma desmesurada, y que nos hace vivir con preocupación y control el próximo paso que vamos a dar. Como consecuencia de esta presión nuestra mente se sienta agobiada, pensando en las amenazas que están por venir, o bien por una situación pasada que nos hace sufrir. Ya sea que estamos centrados en un futuro incierto, o bien en un pasado melancólico, el hecho es que perdemos la vivencia del momento presente.

La falta de conciencia respecto al momento presente conduce al estrés, el cual se convierte en ansiedad cuando el estrés se mantiene en el tiempo y empieza a tener efectos perjudiciales en los diferentes ámbitos de la persona; la mente, el cuerpo y el comportamiento.

Nuestra respuesta ante situaciones de estrés depende de múltiples factores, diferentes según cada uno de nosotros; el carácter, las experiencias vividas, el entorno en el que hemos crecido… sin embargo suele ser común que esta respuesta sea de tipo reactivo. La reactividad supone la repetición de patrones de conducta aprendidos, pero a la vez desfasados, los cuáles han perdido su efectividad e incluso nos pueden llegar a perjudicar. 

Irónicamente, por mucho que seamos conscientes que nuestra respuesta ante el estrés ya no funciona, ni es eficiente, la seguimos repitiendo una y otra vez. Una de estas respuestas es la rumiación, un proceso en el que no paramos de darle vueltas en nuestra mente al tema que nos preocupa, planificando el futuro, o bien sintiéndonos culpables por el pasado, aumentando así nuestra sensación de malestar. Asimismo es frecuente que a este enganche con el pensamiento se le sumen conductas no saludables como por ejemplo un mayor consumo de alcohol, café,  tabaco, etc…

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Con el objetivo de gestionar mejor tu estrés, aquí te dejo algunas pautas que pueden resultarte útiles:

Cuando sientas estrés, no te dejes llevar por tu automatismo tradicional de respuesta. Intenta no actuar de forma reactiva sino proactiva. Responder de forma proactiva significa en primer lugar contactar con tu presente, en vez de quedarte anclado a los pensamientos que te llevan al pasado o al futuro. Una de las formas más eficientes de contacto con el presente es tomar conciencia de tu respiración. Para ello, déjate unos minutos para estar en silencio y asegúrate que nadie te moleste. Focaliza tu atención en la respiración, pon tu mano en el vientre para acompañarla y comprueba que la respiración es abdominal, y no se queda únicamente en el tórax. Simplemente acompaña la respiración, no fuerces nada. Si sientes que te cuesta focalizar tu atención en la respiración porque los pensamientos invaden tu mente, prueba a contar. Cuenta hasta 6 al realizar la inspiración, 3 en la pausa y 9 en la expiración.

Cuando te sientas en contacto con tu respiración, localiza la sensación de malestar en tu cuerpo, la cual asocias al estrés. Simplemente entra en contacto con esta sensación, es importante que no luches por no querer sentirla, o te culpabilices por ello. Tampoco la juzgues ni intentes argumentar nada de forma intelectual. Acéptala como una sensación que te trae un mensaje, y apóyate en tu respiración para ir realizando este proceso de aceptación. Una vez te sientas más calmado/a, puedes hacerte las siguientes preguntas:

¿Qué mensaje me trae mi estrés/ansiedad?, ¿En qué sentido me siento amenazado/a?, ¿Cómo me siento (identifica la emoción que aparece; miedo, tristeza, y si son más de una cual es la primaria? ¿Qué necesito hacer para sentirme mejor?, Una vez sepa lo que necesito, ¿Cómo puedo conseguirlo?, ¿Qué está en mi mano hacer ahora para lograrlo?, ¿Cómo creo que me voy a sentir una vez satisfecha mi necesidad?, ¿Qué me pasa si no actúo?.

La focalización en el momento presente te va a permitir pasar de actuar de forma reactiva, a hacerlo de forma proactiva. Actuar de forma proactiva significa:

1. No actuar desde el piloto automático de respuesta emocional, sino desde tu centro personal.

2. Obtener un punto de vista más objetivo e imparcial de la situación.

3. No dejarte arrastrar por las emociones ni por los mensajes de tu juez interno.

4. Tomar conciencia que tú eres más que tus pensamientos, no identificándote con ellos.

5. Ser parte activa en la resolución del conflicto.

6. Tomar decisiones de una forma más sosegada y centrada en tus intereses.

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Cambiar patrones de reacción no es sencillo. Es habitual que cuando los momentos de estrés nos dominan seamos más susceptibles a sentirnos atacados. En esas circunstancias es fácil dejarnos llevar por las emociones del momento, experimentando culpabilidad después por ello. Por este motivo es probable que las primeras veces que intentes responder de forma proactiva vas a sentir que no funciona; sin embargo si eres constante puedes convertir esta nueva forma de actuar en un hábito saludable. Para conseguirlo tienes múltiples herramientas que pueden ayudarte a ser más proactivo como la meditación, el Mindfulness, el yoga y la psicoterapia.

Si quieres conocer más sobre el estrés y como gestionarlo, aquí te dejo otros artículos sobre el tema:



Leslie Beebe

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La Gestión del Miedo


La gestión del miedo. El miedo es una emoción universal que conocemos desde los primeros momentos de nuestra vida, sin embargo es una de las emociones más difíciles de gestionar. A nivel social y cultural el analfabetismo emocional y el juicio que impera sobre el miedo han convertido esta emoción en algo indigno y negativo, que necesitamos eliminar de nuestro ser. Por este motivo nos autosugestionamos para no sentir miedo, enviándonos mensajes del tipo; “yo soy valiente, no tengo miedo”, “no voy a dejar que el miedo me domine”, “no hay motivo para sentir miedo”, “solo los cobardes tienen miedo”, etc…

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Como consecuencia de este concepto que tenemos sobre el miedo, nuestra reacción ante él suele ser principalmente de dos tipos; o bien luchar contra el miedo para anularlo, o bien intentar esconderlo no dándole importancia. Ambas  técnicas raramente nos llegan a funcionar, resultando en una mayor angustia y en un bloqueo emocional.

A continuación voy a comentar algunas estrategias que podemos adoptar para aprender a relacionarnos con nuestro miedo:

1. Si nos permitimos salir de nuestro juicio, veremos que el miedo es simplemente una señal que nos indica que existe un peligro que nos amenaza. Esta sensación de amenaza surge de nuestra percepción que existe una desproporción entre la magnitud de la amenaza y los recursos que disponemos para enfrentarla. En ocasiones puede ser que esta percepción de peligro sea objetiva y real, por ejemplo si alguien nos amenaza con un arma, o bien puede ser que la amenaza sea subjetiva, originada en nuestra mente, por ejemplo el miedo al juicio cuando tenemos que hablar en público. Si la circunstancia tiene que ver con una percepción subjetiva, entonces debemos revisar nuestras creencias al respecto y ponerlas en duda. En referencia al miedo citado anteriormente de hablar en público, podríamos formularnos preguntas que nos ayuden a racionalizar nuestro  miedo, y en consecuencia reducirlo, como por ejemplo:

¿Qué pensamientos tengo al respecto?, ¿Qué utilidad tienen estos pensamientos y en qué me benefician?, ¿Tengo una experiencia previa que me confirme mis pensamientos?, si es así ¿Qué puedo hacer yo de diferente ahora para cambiarlo?, ¿Cuánto de realidad hay en mis pensamientos?, ¿Qué es lo peor que puede pasarme?, y lo mejor?,¿Qué es más probable que suceda?. Si algún amigo tuviese que enfrentarse a este tipo de amenaza, ¿Qué le diría?.

2. La tendencia más frecuente ante el miedo es convertir una señal de amenaza en un problema. Si atendemos al miedo como una señal, y no como un problema, podremos llegar a aceptarlo y gestionarlo de una forma más saludable. Una metáfora que ayuda a entender este punto es la que menciona el psicoterapeuta Norberto Levy, el cual equipara el miedo, a la luz que se enciende en el tablero de un coche indicándonos que nos quedamos sin gasolina. En este sentido la luz roja no es el problema, sino que es el indicador que nos informa que debemos pasar por una gasolinera lo antes posible. Sería absurdo que nos enfadásemos con la luz, maldiciéndola y entrando en conflicto con ella, como hacemos nosotros con nuestros miedos, pues el resultado sería inútil, ya que acabaríamos con el coche parado por falta de gasolina. Debemos concebir el miedo no como un problema, sino como una señal que nos informa sobre aquellos recursos que necesitamos desarrollar para poder superar una amenaza.

superar el miedo

3. Anteriormente he planteado el miedo como aquella percepción que surge cuando una amenaza sobrepasa nuestros recursos; en este sentido es erróneo pensar que alguien es cobarde por no enfrentarse a sus miedos, simplemente es que no dispone de los recursos necesarios para hacerlo. Por este motivo si ante circunstancias de la vida te dices a ti mismo que eres cobarde, plantéate cuáles son los recursos que necesitarías obtener para enfrentarte a ese miedo, así como la forma de conseguirlos. Seguramente te darás cuenta de que los recursos que buscas están relacionados con aspectos de ti mismo; como la autoestima, la capacidad de estar abierto al aprendizaje, el autoconcepto que tienes sobre ti mismo, tus valores y creencias, etc… De nada te servirá adoptar una actitud de víctima ante el miedo, culpabilizándote y castigándote a ti mismo por sentir esa emoción.

4. Es aconsejable que cambies el tipo de relación que mantienes con tus miedos; en vez de luchar contra ellos para suprimirlos, o bien ignorarlos para no querer enfrentarte a ellos, lo que debes hacer es aprender a escucharlos y asistir a sus demandas. Si escuchamos los mensajes de nuestros miedos, y los aceptamos como una señal de alarma, teniendo en cuenta aquello que nos dicen, podremos empezar a vivir nuestros miedos de una forma diferente, encontrando aquellos recursos que nos permitan enfrentarlos. A este tipo de miedo lo llamamos miedo funcional.

5. Es importante no dejarse llevar por el miedo. Cuando el miedo genera angustia, nos paraliza y bloquea para avanzar, anulando así la posibilidad de aprendizaje, entonces estamos hablando del miedo disfuncional. Para que un miedo no se transforme en disfuncional debemos evitar alimentarlo con pensamientos tóxicos. Muchas veces cuando sentimos miedo ante una circunstancia nuestra actitud es de oposición ante ese miedo; queremos luchar y acabar con él para quitárnoslo de encima lo antes posible. Paralelamente a esta actitud, lo que hacemos es disparar nuestro pensamiento con ideas catastrofistas de aquello que llegará a pasar por culpa del miedo. Estas fantasías lo que provocan es que el miedo se agrave, entrando en un bucle de miedo al miedo del que es difícil salir.

vencer el miedo

6. El miedo es una emoción que genera en nosotros toda una serie de reacciones internas, la mayoría de ellas desagradables. Existen diferentes, dependiendo de cada persona, por ejemplo reacciones de vergüenza, humillación, enfado, impotencia… Estas reacciones provocarán que ante el primer indicio de miedo, nos cerremos a él; esto significa que en vez de aceptarlo y expresarlo, lo que vamos a hacer es reprimirlo y evitarlo. Con el tiempo este miedo no asistido se acabará manifestando a partir de otros síntomas como dolor muscular, tensión, jaquecas… hasta el punto que si a largo plazo nos negamos a atender a nuestro miedo, podemos acabar sufriendo de un trastorno de salud más grave como las crisis de ansiedad.

7. Con el fin de evitar que el miedo se convierta en nuestra peor pesadilla, la actitud recomendable es cuando aparezca dejárnoslo sentir en el cuerpo, sin luchar ni resistirnos, aceptando que está allí y escuchando su mensaje. Si a esta actitud le añadimos la toma de conciencia corporal en el presente, es decir que en el momento que aparezcan pensamientos sobre un futuro catastrófico nos centremos en la respiración y en el cuerpo, en el aquí y ahora, veremos como al cabo de unos minutos ese miedo que tanto temíamos habrá reducido su intensidad.

vivir sin miedo


A continuación te dejo un video del psicoterapeuta Norberto Levy que habla sobre esta temática:



Si quieres conocer más sobre el miedo y formas saludables de gestionarlo, aquí te dejo otros de mis artículos sobre el tema:




Leslie Beebe
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La Negación ante una Ruptura de Pareja


La negación ante una ruptura de pareja. La ruptura de pareja es una de las experiencias que más dolor nos produce en nuestra vida. Tras un hecho traumático de estas características, será necesario un proceso de duelo para recomponernos y aceptar la nueva realidad que se nos presenta. Como todo proceso, el duelo requiere de un tiempo de elaboración, en este sentido querer coger atajos, como por ejemplo buscarnos otra pareja, únicamente nos conducirá a un mayor sufrimiento, dificultando poder pasar página. El objetivo del duelo es que con el tiempo podamos recordar la relación que acaba de finalizar sin dolor, sin resentimientos ni culpas.

superar ruptura de pareja

Las principales etapas del duelo por una ruptura de pareja son las siguientes; la negación, el anhelo, el cuestionamiento, la ira, la culpa, la depresión y la aceptación. No obstante debemos tener claro que estas etapas no son lineales, es decir que ni todo el mundo pasará por todas ellas, ni tampoco lo hará en este orden, pues dependerá de la situación personal de cada individuo. Sin embargo opino que puede ser una orientación para conocer donde nos encontramos en el proceso de duelo.

Cuando uno vive una ruptura se siente en shock, apareciendo sentimientos de decepción y de angustia, y es que una cosa es que la relación se haya terminado, y la otra que nos demos cuenta de ello, a esto se refiere la primera fase del duelo; la negación.

La negación es una etapa que se inicia con el shock inicial ante una ruptura. Ante la dura noticia nos quedamos conmocionados y nos resistimos a aceptar la realidad que se nos presenta. Sin embargo la negación es una etapa necesaria en todo duelo, pues nos aporta un cierto distanciamiento con el dolor de la ruptura. Este enfriamiento emocional nos ayuda a afrontar el dolor de una forma progresiva, como un mecanismo de defensa de nuestra psique.

A continuación menciono algunos de los pensamientos característicos de esta etapa y los posibles razonamientos que podemos hacer al respecto, para así evitar quedarnos enganchados a ellos.

 “No puedo entender como ha dejado de quererme de un día para otro”

Seguramente existían indicios de que la relación ya no iba bien, aunque uno mismo sea reacio a la autocrítica. Es poco frecuente que uno se levante un día y tome una decisión de este calibre, solo porque se ha levantado con el pie izquierdo. Es probable que si analizas la situación percibas que en la relación ya existían indicios de problemas en la pareja como son; una falta de interés hacía el otro, un mayor aburrimiento en el tiempo de ocio, frecuentes discusiones por temas de poca relevancia, una  frialdad sexual, o un distanciamiento afectivo, entre otras. Todos ellos son factores a los que no damos importancia cuando estamos en la relación, y ante los cuales solemos buscar excusas para no abordarlos; como la falta de tiempo, la convicción de que todo marcha bien, o simplemente que son temas que nos da vergüenza o miedo abrir ante la pareja. En caso que no seas consciente de ninguno de estos factores, entonces es que realmente ha existido una gran falta de comunicación con tu pareja, una de las bases de su buen funcionamiento.

ruptura de pareja

“Seguro que he hecho algo mal, es todo por mi culpa”

Seguramente tú no tienes toda la culpa de lo ocurrido, pero eso no te exime de cierta responsabilidad por ello. Plantéate de forma racional aquello que hubieses podido mejorar en tu relación de pareja, por ejemplo darte cuenta que estabas muy involucrado con tu trabajo y no le dedicabas suficiente tiempo a tu pareja. Todos cometemos errores, en este sentido uno de los mayores aprendizajes son las crisis y las rupturas, para así darnos cuenta de nuestras debilidades en la relación con el otro. Los aspectos que identifiquemos son nuestros puntos débiles, aquellos que debemos trabajar en futuras relaciones, para así no dejarnos llevar por ellos. Autocastigarnos y culpabilizarnos únicamente nos conducirá a un mayor sufrimiento, lo que contribuirá a deteriorar nuestra autoestima.

“Quiero que vuelva, no puedo vivir sin él”

En primer lugar debemos pensar en los motivos que justifican volver con nuestra pareja, y plantearnos si vale la pena volver a la vida de pareja que teníamos antes. Asimismo, el hecho de reemprender la relación no es algo que dependa únicamente de nuestra voluntad, pues el otro tiene mucho que decir al respecto, por lo que tenemos que abrirnos a la posibilidad que la relación esté terminada.

Muchas veces el deseo propio de retomar la relación no surge de una voluntad genuina por estar con la pareja, sino de querer llenar nuestra sensación de vacío interior que aparece ante la ruptura. Esta sensación de vacío deriva de nuestros miedos más primarios, los cuales emergen con gran intensidad ante una situación de ruptura. Estos miedos que sentimos en nuestro interior están relacionados con aspectos como el abandono y el rechazo, miedos que tienen su origen en nuestra infancia, cuando dependíamos enteramente de los adultos para sobrevivir.

Relacionado con el punto que comentábamos anteriormente, seguramente existen motivos que justifican la ruptura; sin embargo en caso de que ambos miembros decidan retomar la relación, es importante analizar conjuntamente qué aspectos personales y relacionales deben cambiar, para de esta forma crear una dinámica de pareja diferente y así no volver a caer en los errores del pasado. Las palabras y la voluntad de cambio no bastan por sí solas si no se toman acciones al respecto. Asimismo, y como ya hemos comentado anteriormente, debemos tener claro que los dos miembros han de estar abiertos a dar una nueva oportunidad a la relación, cosa que muchas veces no sucede.

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En segundo lugar, debemos tener claro que antes de empezar nuestra relación teníamos una vida propia, con unos intereses e inquietudes. En consecuencia no tiene sentido decir que no podemos vivir sin la pareja, obviamente podemos vivir sin el otro, aunque ahora, inmersos en el dolor de la ruptura, nos sea difícil contemplar esa posibilidad. En este sentido es importante diferenciar entre el amor y la valoración hacía nosotros mismos, lo que denominamos como autoestima, y el amor que damos y recibimos de nuestra pareja, los dos no deberían mezclarse. No obstante, y debido a los bajos niveles de autoestima de la mayoría de la población, tenemos la tendencia a confundir ambos, poniendo la valoración y el amor propio en manos ajenas. Cuando esta confusión se produce es habitual que surjan problemas en la pareja como la posesividad, los celos, el control y la desconfianza, entre otros.

Estos serían algunos de los pensamientos más comunes que nos invaden ante una ruptura sentimental, aunque obviamente existen muchos más. Asimismo y conjuntamente con este tipo de pensamientos, es habitual que en la etapa de negación se pongan en marcha toda una serie de rituales, que si se mantienen en el tiempo, pueden dificultar el paso a las siguientes etapas del duelo. Algunos de estos rituales son: espiar la cuenta de nuestra ex pareja en las redes sociales (Facebook, Instagram…), preguntar a amigos y familiares para obtener información de cómo está viviendo la pareja la ruptura, adoptar actitudes de seguimiento y control de la ex pareja, buscar la mínima excusa para entrar en contacto con ella, etc…

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Debemos tener una cosa muy clara, y es que ninguna de estas actitudes y rituales nos devolverá la pareja, al contrario, nos va a dificultar pasar página, lo que va a alargar enormemente el proceso de duelo. La premisa básica que siempre digo a mis clientes es que el duelo requiere de una distancia, tanto física como emocional con la ex pareja. En relación a este aspecto es básico no disponer de información sobre lo que el otro hace o deja de hacer. Lo más importante es focalizarnos en nuestro bienestar, para así recuperarnos lo antes posible del impacto emocional producido por la ruptura. Como si de una droga se tratase, debemos tener claro que no podemos dejar de ser adictos si la vamos consumiendo, aunque sea en pequeñas dosis, como mirando las fotos de la ex pareja en Instagram. Debemos plantearnos en qué nos beneficia una actitud de este tipo, al estar viviendo una fantasía que nos mantiene atados al pasado.

Para llevar a cabo el distanciamiento con nuestra ex pareja podemos adoptar toda una serie de acciones como son: borrar a la persona de nuestras redes sociales, bloquearla en dispositivos como whatsapp, guardar fotos y objetos que nos recuerden a ella en una caja y ponerla en un lugar fuera de nuestra vista, frecuentar lugares diferentes a los que íbamos con nuestra ex pareja, apuntarnos a actividades nuevas, etc…

Como el resto de etapas que conforman el duelo, la negación es una fase necesaria en el proceso de recuperación de nuestro equilibrio emocional, sin embargo, si nos quedamos anclados en ella, y nos negamos a enfrentar los sentimientos derivados de la pérdida, corremos el riesgo de sufrir un duelo patológico. El duelo patológico nos mantiene anclados al sufrimiento por la pérdida, lo que puede derivar en problemas de salud como los trastornos depresivos.

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Por último debemos recordar que aunque el duelo no es un proceso agradable, es necesario para nuestro aprendizaje y para la recuperación de nuestro bienestar físico y emocional.

Si sientes que necesitas ayuda para pasar página con tu ex pareja, la terapia puede ayudarte. Rellena el formulario de contacto, o bien llama o whatsapp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

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Leslie Beebe


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