Principios de la Terapia Gestalt

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La Terapia Gestalt es un enfoque psicoterapéutico que nació en los años 40 de la mano del psiquiatra Fritz Perls, y de su mujer Laura Perls. La Terapia Gestalt como estilo terapéutico se nudrió de multiples fuentes, originalmente del psicoanálisis pues tanto Laura como Fritz Perls eran psicoanalistas, para posteriormente incorporar elementos de otras culturas y corrientes terapéuticas como el Zen oriental,  la Filosofía Existencialista de Kierkegaard, el Pensamiento Diferencial de Friedlander,  el Psicodrama de Jakob Levy Moreno y el Análisis del Carácter de Wilhelm Reich, entre otras; conformando lo que finalmente llegaría a ser la Terapia Gestalt.

La Terapia Gestalt se fundamenta en tres principios básicos:

Enfoque terapéutico en el presente.
     Toma de conciencia.
     Responsabilidad personal.

Enfoque terapéutico en el presente
Por norma general la persona que llega a terapia lo hace con algún asunto no zanjado de su pasado; sin embargo su mente pocas veces se encuentra viviendo en el presente. El cliente describe su malestar, haciendo referencia a una situación dolorosa que ocurrió en el pasado y que le provocó un sufrimiento. Debido a esta percepción de lo ocurrido, la persona  tiene miedo que este suceso vuelva a repetirse en el futuro. Podemos decir que el cliente salta del pasado al futuro, sin percatarse de lo que está viviendo en el aquí y ahora. Por este motivo las sesiones de Terapia Gestalt tienen como objetivo que el cliente dirija su atención al tiempo presente. Con independencia de lo que pasase en el pasado, y los efectos que esto pudiese tener en el futuro, el suceso le afecta en el presente. Por tanto  el momento actual es el único posible para que la persona puede tomar las acciones necesarias para salir de su sufrimiento. En palabras del propio Fritz Perls:

“ Si el paciente ha de cerrar alguna vez el libro de sus problemas del pasado, lo hará en el presente. Pues debe tomar conciencia que si sus problemas realmente son cosas del pasado, ya no serían problemas y ciertamente no serían del presente”.

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Toma de conciencia
El segundo principio regulador de la Terapia Gestalt es la toma de conciencia, de hecho a la Terapia Gestalt también se la denomina como “la terapia del darse cuenta”. Entendemos como toma de conciencia el proceso de ampliación de nuestra percepción respecto aquello que nos está pasando en el momento presente, ya sea a nivel de pensamientos, de sensaciones, de emociones y de sentimientos. Por norma general vivimos de forma automática, principalmente desde la mente, mientras obviamos otras partes importantes de nuestro ser, como el aspecto instintivo y el emocional. En la sesión de terapia se trabaja con los tres centros de la persona; el mental, el emocional y el instintivo, con el objetivo de que la persona encuentre el equilibrio en su vida. Cuando la persona amplía su conciencia de cómo se relaciona con él mismo y con el entorno, también es capaz de ver donde se produce sus obstáculos que le impiden vivir de una forma plena. A partir de esta toma de conciencia, la persona puede cambiar los patrones relacionales y de conducta que hasta ese momento le generaban sufrimiento, por otros patrones más saludables.

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Responsabilidad personal
El tercero de los principios es el de la responsabilidad personal. La Terapia Gestalt aboga por una progresiva toma de responsabilidad de nuestra persona, de nuestra vida y de nuestras acciones.  Únicamente a partir de una actitud responsable podemos adoptar un rol activo ante la vida, para así vivir según nuestros valores y conseguir lograr aquellos objetivos que nos hemos propuesto. Situarnos en una posición de víctima, con una actitud pasiva, así como de frustración porqué las cosas no son como uno quiere, nos conduce a un callejón sin salida, donde la autoestima y la seguridad en nosotros mismos se ven dañadas.
Por el contrario, adoptar un rol de responsabilidad nos sitúa en un rol enérgico ante la vida, en que tanto la autoestima como la seguridad en nosotros mismos se va a ver beneficiada. Las sesiones de terapia van encaminadas a que la persona descubra cuáles son los valores que le guían en esta vida. El terapeuta gestalt realiza una tarea de acompañamiento del cliente, para que de forma progresiva la persona vaya conectando con la responsabilidad de aquella vida que desea vivir, y así tome las acciones oportunas para conseguirlo. El objetivo de la terapia es que la persona se acepte a sí misma y se sienta libre de vivir de una forma genuina y sincera consigo mismo.

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A continuación os dejo unos palabras del propio Fritz Perls, que describen lo comentado en este artículo:

“Sé como tú eres, de manera que puedas ver quién eres y cómo eres.
Deja por unos momentos lo que debes hacer y descubre lo que realmente haces.
Arriesga un poco si puedes. Siente tus propios sentimientos. Di tus propias palabras. Piensa tus propios pensamientos.
Sé tu propio ser. Descubre.
Deja que el plan para ti surja dentro de ti.” F. Perls.

Si quieres saber más sobre la Terapia Gestalt, aquí te dejo otros de mis artículos:

Terapia Gestalt y Darse Cuenta

La Terapia y el Terapeuta

Leslie Beebe

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El sentimiento de culpa

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El sentimiento de culpa es el resultado de nuestra capacidad, como seres humanos, de tomar conciencia de nuestras acciones y de sus resultados, apareciendo éste cuando sentimos que hemos transgredido alguna norma. Sin embargo debemos distinguir entre una culpa sanadora y otra de tóxica. La culpa sanadora es aquella derivada del malestar que sentimos cuando hemos obrado de forma contraria a nuestros valores o principios.  En su forma saludable nos permite empatizar con el otro, ver en qué medida nos hemos equivocado, así como el daño que hemos podido provocar con nuestra acción. De esta culpa se deriva un aprendizaje, una responsabilización y una voluntad de enmendar dicho daño, en la medida de lo posible; ya sea a partir de una disculpa, o bien a través de algún tipo de compensación. En su forma saludable este tipo de culpa nos permite analizar nuestras conductas, aceptándolas y aprendiendo de ellas, favoreciendo de esta forma nuestro crecimiento personal.  Ya se sabe que sin equivocación el aprendizaje no es posible.

La culpa tóxica es improductiva, pues nos mantiene apegados al pasado, inmovilizando nuestro presente. Este tipo de culpa se origina en la comparación que surge entre la imagen que sentimos debemos mostrar al mundo y nuestra verdadera forma de ser. Este tipo de culpa nos acusa y exige que seamos castigados de alguna forma u otra por no cumplir con esa imagen de perfección que debemos mostrar al mundo. Irónicamente ni este castigo va a servir para enmendar el posible daño provocado, ni tampoco nos va a permitir pasar página, aprendiendo del error. Este tipo de culpa está basada en expectativas y normas poco realistas, más próximas a nuestras exigencias de como deberíamos ser y comportarnos ante los otros, para así ser queridos y aceptados, que no de aquello que somos realmente. La mayoría de nosotros nos centramos en una imagen idealizada de cómo debemos mostrarnos ante el mundo en los diferentes roles que adoptamos en nuestra vida; como padres, como hijos, como trabajadores, como amigos, etc…


Sin embargo, esta imagen que buscamos mostrar, pocas veces tiene que ver con nuestras verdaderas necesidades y motivaciones, sino más bien con nuestra idea de aquello que los otros esperan de mí. En esta búsqueda de perfección empezamos a comparar estas imágenes idealizadas con nuestro yo genuino. Como estos estándares de perfección no son realistas ni auténticos, tomamos conciencia de que no los vamos a poder alcanzar. En este momento es cuando emerge el sentimiento de culpa, una idea que de alguna forma somos inadecuados, insuficientes para enfrentarnos al mundo que nos rodea. La culpa tóxica nos pone en una situación de comparación continua, de inseguridad, por lo que la autoestima y la confianza en nosotros mismos resulta dañada.

La mayoría de los ideales que buscamos cumplir en la vida se fundamentan en principios y creencias que tienen su origen en  la infancia; por norma general en nuestros padres y figuras de autoridad con las que convivimos los primeros años de vida.  Estas normas son como leyes que de pequeños aprendemos y a partir de ese momento nos aplicamos con rigidez, aunque sean exageradas o injustas. Seguramente la mayoría de ellas ya han quedado obsoletas hoy en día; no obstante nosotros las seguimos cumpliendo de adultos, a pesar de que ya no son funcionales. Un ejemplo sería aquella norma con la que algunos niños crecen de que la familia debe permanecer unida, pase lo que pase. En la edad adulta quizás ese niño deberá enfrentarse a la situación de una ruptura matrimonial. La posibilidad de la separación le conectará con ese mandato familiar, haciendo que surja en su interior el sentimiento de culpa.

A veces el sentimiento de culpa está muy arraigado en nosotros, pues es posible que fuese utilizado como herramienta de manipulación por parte de nuestros padres cuando éramos niños, para así mantener la autoridad familiar. Algunos padres utilizan la culpa con la intención de que los niños se comporten o hagan lo que ellos desean. El niño acepta el mandato familiar, por el miedo a perder el amor de sus padres, aunque esto signifique renunciar a una parte de sí mismo. La culpa tóxica presenta múltiples expresiones, todas ellas igualmente dañinas y negativas, pues nos mantienen en un bucle castigador que cada vez se vuelve más rígido. Algunas de estas expresiones son:

- Aquellas personas que se sienten culpables de todo lo que les pasa a su alrededor, incluso si no es su responsabilidad.
- Aquellas personas que culpan al mundo o al resto de personas de todo lo que les pasa, para no aceptar su responsabilidad personal.
- Aquellas personas con una baja autoestima, que no se creen merecedoras de lo bueno que les pasa en la vida, culpándose y castigándose a sí mismas.
- Aquellas personas muy perfeccionistas para las cuales los errores no son una oportunidad de aprendizaje, sino una fuente de culpa, reprochándose y castigándose constantemente.

En todas sus formas, la culpa tóxica nos conduce a un callejón sin salida, el cual nos encierra en un estado de inmovilismo y sufrimiento. En estos casos es importante rastrear en los primeros años de vida, para detectar cual es el mandato que rige nuestra culpa. Seguramente al hacerlo nos daremos cuenta que la culpa que sentimos es fruto de alguna creencia limitante y obsoleta de nuestro pasado. A partir de esta toma de conciencia, podremos tomar la responsabilidad personal de si queremos que esta creencia siga vigente en nosotros, o bien deseamos cambiarla por otra más flexible, y a la vez más saludable.

“Hay una culpa que es un autocastigo, y hay una culpa que es el reconocimiento que uno fue un idota” Claudio Naranjo

En este tira y afloja en la que nos encontramos inmersos; entre lo que pensamos que deberíamos ser, y lo que somos, debemos adoptar unas expectativas justas con nuestra persona. Es aconsejable que conectemos con nosotros mismos para tomar conciencia si aquella forma de ser, o bien aquello que tenemos proyectado hacer, surge de nuestro yo genuino o bien es una imposición que nos hacemos  a nosotros mismos, únicamente para ser aceptados y queridos por el resto. También debemos analizar si podemos realizar esa expectativa, o bien se encuentra fuera de nuestras posibilidades. Únicamente si somos sinceros con nosotros mismos el sentimiento de culpa desaparecerá.



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Asimismo es importante saber repartir las responsabilidades en situaciones susceptibles de generar culpa. Por ejemplo cuando una pareja se separa, es común que la persona que abandona la pareja se sienta muy culpable. En estos momentos debemos asumir que la responsabilidad en la pareja es compartida, y que por tanto únicamente debemos asumir la cuota que nos corresponde, pero no más allá.

Por último, la próxima vez que sientas que el sentimiento de culpa aparece, puede serte útil hacerte estas preguntas:

“¿Esta  culpa que siento está tratando de enseñarme algo razonable y útil acerca de mi conducta?”

 “¿Esta culpa tiene que ver con expectivas realistas y propias, o bien está relacionado con cumplir unas expectivas que no son mías, únicamente para mostrar una imagen ante el resto?”

La respuesta a estas preguntas será un primer paso para ayudarte a enfrentar mejor tu sentimiento de culpa.

Leslie Beebe


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Como te ayuda la Terapia Gestalt

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La Terapia Gestalt es un enfoque psicoterapéutico creado por el matrimonio de psicoterapeutas Laura y Fritz Perls en los años 40. Para definir este tipo de terapia creo conveniente partir del principio que nuestra forma de ser y comportarnos en el mundo tiene que ver con nuestra genética, es decir con el carácter con el que nacemos, pero también con una personalidad que se va formando durante los primeros años de vida. Esta personalidad varía en función del proceso de aprendizaje y socialización vivido por cada uno de nosotros, derivado del entorno social, cultural y familiar en el que hayamos crecido. 

Sin embargo la mayoría de nosotros, cuando llegamos a la mediana edad, nos damos cuenta que lo aprendido en estos primeros años de aprendizaje y socialización no siempre es lo más saludable ni beneficioso para nosotros. Llegados a este punto tomamos conciencia que funcionamos desde máscaras, más para satisfacer al mundo que no a nuestras necesidades personales. Empezamos a percibir que vivimos de una forma que no nos acaba de satisfacer e incluso que daña a nuestra esencia personal. A nivel emocional nos sentimos vacíos y tenemos la impresión que no estamos viviendo nuestra propia vida, sino la de otros;  asimismo empiezan a aparecer preguntas de una gran carga existencial del tipo; ¿Qué hago yo aquí?, ¿Quién soy yo realmente?, ¿Cúal es el sentido de la vida?, y otras de similares. Encontrar la respuesta a todas estas preguntas no es una tarea fácil, no obstante la terapia puede ser de gran ayuda en esta búsqueda personal.

El enfoque terapéutico de la Gestalt incide en un trabajo de ampliación de nuestra conciencia ordinaria,  para así darnos cuenta de cúales son nuestras vivencias y comportamientos ante el mundo. Como más amplia y focalizada sea la percepción de la realidad, más conectados estaremos con nosotros mismos, es decir más conscientes seremos de cómo funcionamos y cuáles son los obstáculos que nos impiden vivir una vida satisfactoria. Una vez tomamos conciencia de estos patrones relacionales y de conducta dañinos, también podemos empezar a tomar las medidas oportunas hacía una forma de ser y actuar más sincera, y a la vez más saludable, con nosotros mismos.


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Las sesiones son experienciales, lo que significa que la persona toma un rol activo en la terapia. Se trata de que el cliente traiga a la sesión aquellas situaciones de la vida cotidiana donde siente malestar o dificultad. De esta forma, en un entorno seguro como es la sesión, la persona puede experienciar qué le sucede ante tal situación. La terapia va a permitir  al cliente ampliar su visión de la realidad, para así experimentar la vivencia de una forma diferente, desde unos patrones de funcionamiento distintos, más genuinos y saludables. Una vez el cliente contacta en la sesión con una parte más sincera de sí mismo, también se siente más confiado y seguro para trasladar estos nuevos patrones funcionales a su vida diaria.

Siguiendo esta línea de experimentación, el trabajo terapéutico en la sesión de Gestalt se fundamenta en el presente; lo importante es lo que sucede en el aquí y ahora, y no lo que pudiese haber sido y no se dio en el pasado, o bien lo que podría ser en el futuro.  Esto no significa que no se hable del pasado en la terapia, sino que éste se concibe como una vía de comprensión de cómo hemos llegado al presente;  lo importante no es buscar el porqué del pasado, ni regocijarse en sus traumas, sino entender cómo las situaciones vividas con anterioridad influyen en nuestro presente.

Otro aspecto que diferencia la terapia Gestalt de otros enfoques terapéuticos es la función del terapeuta. El terapeuta se erige como un profesional de la ayuda y el acompañamiento, de esta forma su función no es la de ser un consejero, ni una figura de autoridad o sabiduría, sino que su tarea es la de acompañar y estimular a la persona en su proceso, facilitándole la toma de conciencia de cómo vive su vida. En este rol, es imprescindible que el terapeuta no solo disponga de unos conocimientos teóricos y prácticos, sino que también haya pasado por un proceso de autoconocimiento e introspección personal profundo, para de esta forma facilitar la empatía  y conocer las directrices de acompañamiento a desarrollar con el cliente.

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En palabras del psiquiatra Claudio Naranjo, los pilares de la Terapia Gestalt se fundamentan en;  la veracidad (descubrir la verdad de uno mismo), el coraje (tener el valor de enfrentar lo que hay) y la libertad (para salir de los condicionamientos y automatismos que condicionan nuestra vida). A estos factores yo le añadiría también la responsabilidad personal que todos tenemos sobre nuestra propia vida, para de esta forma salir del conformismo y victimismo propio de nuestra sociedad actual.

Para terminar os dejo una cita del creador de la Terapia Gestalt, Fritz Perls, en la cual remarca la importancia de conocerse a uno mismo dentro del proceso de desarrollo personal:

“El hombre se trasciende a sí mismo únicamente por la vía de su verdadera naturaleza, jamás por medio de las ambiciones y de las metas artificiales”.

Leslie Beebe
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Terapia Gestalt y Coaching

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La Terapia Gestalt es una corriente de la psicología denominada como humanista, donde se concibe que el bienestar de la persona se fundamenta en un equilibrio de nuestros tres centros; el mental, el corporal y el emocional. La Terapia Gestalt nos permite entender mejor nuestra forma de ser y actuar en el mundo. En las sesiones se focaliza el trabajar con lo que nos pasa en nuestro presente, por tanto en ver qué nos impide estar bien con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea. Poco a poco la terapia nos permite superar estos obstáculos para recuperar nuestro bienestar.
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El Coaching es un proceso que incita al cambio personal, que permite descubrir dónde estamos y hacía dónde queremos ir. Es un entrenamiento que nos permite descubrir nuestras potencialidades, para de esta forma conseguir alcanzar los objetivos y metas deseados. En el proceso se diseña un plan de acción, que coincida con nuestros valores, y a través del cual podemos tomar responsabilidad sobre nuestra vida y nuestras acciones, para así conseguir aquello que deseamos.
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Seguidamente os presento algunos de los beneficios de ambos procesos, pues aunque diferentes en su forma, los dos conducen a un objetivo común, nuestro bienestar:
  • Mejorar la autoestima y la seguridad en mí mismo.
  • Descubrir mis recursos y potencialidades para obtener aquello que deseo.
  • Un mayor conocimiento de mi persona, de quién soy y lo que realmente quiero en esta vida.
  • Una gestión más saludable de mis emociones.
  • Superar estados que me hacen sufrir, como la depresión y la ansiedad.
  • La resolución de conflictos personales y familiares, así como el cierre de asuntos pendientes del pasado.
  • Superar miedos y fobias que me limitan en mi vida.
  • Conocer aquello que quiero obtener en mi futuro y como conseguirlo.
  • Superar los obstáculos y bloqueos que no me dejan avanzar, ya sea a nivel personal como profesional, descubriendo aquellos recursos personales que aún están por explorar.
Leslie Beebe



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Terapia Gestalt y Darse Cuenta

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La Terapia Gestalt es denominada también como la Terapia del "Darse Cuenta". "Darse Cuenta" entendido como el proceso de toma de conciencia que nos permite conocer cómo es la relación que mantenemos con nosotros mismos y con el entorno que nos rodea.

Se trata de salir de esa sensación que muchos de nosotros tenemos de estar viviendo en automático, para vivir de una forma más acorde a lo que sentimos y necesitamos. A medida que ampliamos nuestra capacidad de darnos cuenta, también somos más capaces de ver cómo nos dificultamos nuestro día a día. El objetivo es liberarnos de los mandatos y juicios que nos limitan, para de esta forma vivir en consecuencia con aquello que realmente somos.

En la sesión de terapia el terapeuta trabaja con lo obvio, con aquello que se está desarrollando en el presente, en el aquí y ahora, acompañando al cliente a que salga de su estancamiento en hechos pasados o en proyecciones futuras, para que así se dé cuenta de cómo vive su vida actual. La función del terapeuta no es la de juzgar, ni aconsejar, simplemente guiar a la persona y estimularla para que encuentre su propio camino.

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La sesión terapéutica es un espacio seguro, de confidencialidad y respeto, donde la persona puede sentirse cómoda para experienciar aquellos patrones disfuncionales que le limitan y le generan malestar. Una vez el individuo es consciente de aquello que le genera sufrimiento, también puede contactar con unos patrones conductuales y de relación más saludables, y a la vez más genuinos.

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Aquí os dejo esta enseñanza Zen, la cual pone de manifiesto la importancia de vivir el momento presente en el proceso de Terapia Gestalt.

"Un día, un sabio indio fue a entrevistarse con un Buda.
- He oído decir que el budismo es una escuela de iluminación. ¿Qué método utilizáis? ¿Cómo es vuestro día a día?"
- Andamos, comemos, nos lavamos y nos sentamos-respondió el Buda.
- Pero.... todo el mundo anda, come, se lava y se sienta. ¿Qué es lo extraordinario?
-Sabio hombre-respondió entonces el Buda- cuando nosotros andamos somos conscientes de que andamos, cuando comemos, somos conscientes de que comemos....
Las personas, en general, cuando andan, comen, se lavan o se sientan, no son conscientes de lo que están haciendo.
- ¿Y eso es lo que puede ayudarnos a acercarnos a la iluminación y abrirnos a la naturaleza del buda?
- Todos los seres humanos son intrínsicamente budas, dotados de sabiduría y virtud. Pero, como los espíritus de los hombres están cegados por el pensamiento ilusorio, ellos no se dan cuenta."


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Terapia Gestalt y Tarot

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La Terapia Gestalt y el Tarot, ambos utilizados de forma responsable y con conciencia, pueden ser grandes aliados en ayudar a las personas a recuperar el bienestar en sus vidas.

El Tarot utilizado en el ámbito de la terapia es el denominado como Tarot Evolutivo o Psicotarot. Este tipo de Tarot se utiliza como una vía de autoconocimiento y desarrollo personal, alejándose del tradicional y más conocido Tarot Adivinatorio. El Tarot Evolutivo no se ocupa de predecir el futuro, sino de sanar el presente, para de esta forma ayudarnos a crear nuestro futuro.

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El Tarot Evolutivo nos permite afrontar situaciones que nos preocupan, nos bloquean y nos generan malestar, trabajando desde un abordaje que va más allá de la perspectiva mental o racional, para entrar en aspectos más inconscientes. Cada figura, color y símbolo de las cartas se refieren a mensajes que nuestro inconsciente nos envía, y que a través del mecanismo de la proyección, vamos a ver reflejado en las cartas.

Ante un bloqueo, crisis o malestar personal, las cartas nos ayudan a tomar conciencia de nuestra situación actual, de aquello que nuestra esencia desea y necesita. De esta forma podemos enfrentar estas situaciones difíciles desde una perspectiva más genuina y sincera, conectando con aquellos recursos y aptitudes de los que no éramos conscientes hasta ahora. El objetivo es trabajar con nuestro presente para ir forjando el futuro que deseamos.

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Ven y anímate a descubrir un poco más sobre el Tarot y sobre ti mismo!!.

Leslie Beebe
Terapia Gestalt y Life Coaching Barcelona



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El miedo escénico

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El miedo escénico es uno de los miedos más frecuentes en la sociedad actual. Como seres humanos sufrimos de múltiples miedos; a la oscuridad, a las alturas, a los sitios cerrados… sin embargo uno de los miedos más comunes es el denominado miedo escénico, conocido científicamente como glosofobia.  La palabra glosofobia proviene del griego; “glossa”, que significa lengua y “fobos”, que significa miedo o temor. Se define pues como el miedo a hablar en público.

En mayor o menor medida, la mayoría de nosotros ha pasado por una situación de miedo escénico; ya sea por una exposición que tuvimos que hacer en nuestra época de estudiante,  una presentación en el trabajo o bien una conferencia pública. Los síntomas físicos que acompañan a este miedo varían según cada persona, sin embargo cabe destacar algunos; como el aumento de la frecuencia cardíaca, el exceso de sudoración, la sequedad en la boca, el tartamudeo y las náuseas, entre otros.

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El origen del miedo escénico es variable, depende de múltiples factores como el carácter de la persona, la historia personal y las experiencias similares vividas en el pasado.  No obstante en mi opinión existe un denominador común en la mayoría de casos, y es el temor que surge en nosotros ante el juicio de los demás; ¿Qué pensaran los otros de mí si me equivoco, si no lo hago bien?. 
Este tipo de pensamiento parte de nuestro ego, el cual siempre quiere mostrar al mundo la mejor imagen de nosotros mismos, la mejor según nuestro punto de vista obviamente. En consecuencia realizamos grandes esfuerzos por esconder aquellas formas de ser propias, que tememos los otros puedan juzgar como no aceptables. En esta lucha por ser aceptados y queridos por el resto de personas, no nos damos cuenta que la aceptación primera y más importante es la que hagamos de nosotros mismos, sin ella es imposible encontrar esa validación personal en el exterior. 

La educación y la formación que recibimos de pequeños influye notablemente en esta forma de pensamiento; se nos incentiva a pensar que el resto del mundo es el que debe satisfacer nuestras necesidades y deseos, y cuando no es así no sentimos frustrados y nos culpabilizamos, sintiéndonos víctimas de todo lo que nos pasa. Ocupar un rol de responsabilidad y una actitud activa es el primer paso para empezar a cambiar nuestra disposición ante la vida. Para ello podemos hacernos nosotros mismos la anterior pregunta; “¿Qué pensaré yo de mi si me equivoco y no lo hago bien?”; la respuesta que nos demos será una muestra de la forma cómo nos tratamos, cambiarlo está en nuestras manos, y en estos casos la terapia puede ser de gran ayuda para acompañarnos en este proceso.

A continuación voy a compartir una serie de consejos para la próxima vez que os encontréis en la situación de tener que hablar en público.

Es importante tener claro que el miedo a hablar en público únicamente se supera enfrentándose a él. Técnicas como evitar, posponer y huir de las situaciones generadoras de miedo no son buenas consejeras, como dijo el escritor francés Antoine de Saint-Exupery; “La huida no ha llevado a nadie a ningún sitio”.  La mayoría de miedos proceden de una falta de confianza en nuestras posibilidades, lo que deriva en una inseguridad personal y una baja autoestima. Aprovechar las oportunidades de hablar en público nos ayudará a sentirnos cada vez más confiados, a ganar soltura y espontaneidad con la audiencia. De esta forma iremos creando una visión distinta de nosotros mismos, más apta, lo que favorecerá a que ganemos seguridad y autoestima en nosotros mismos y en nuestras posibilidades.

Debemos evitar la idealización que con frecuencia hacemos de personas que se desenvuelven con soltura cuando hablan en público. Con seguridad aquellas personas que idealizamos, también  tuvieron que enfrentarse a sus miedos y juicios en el pasado,  para así poder llegar al punto donde se encuentran ahora. Debemos cambiar pensamientos del tipo; “ que bien lo hace tal persona, yo no podría”, por  “si tal persona lo ha podido hacer, yo también podré”.  Es importante entender que en situaciones en que debemos exponernos ante el público la mayoría de nosotros siente miedo. La actitud recomendable ante el miedo  no es la de luchar contra él para no sentirlo, sino aceptarlo como una parte de nosotros mismos, y como una sensación inherente al hecho de exponernos ante el público. Debemos entender que la lucha por no querer sentir miedo, aún nos provocará mayores niveles de ansiedad.

Es aconsejable tomar conciencia que el miedo escénico procede de nuestra mente, principalmente de nuestro ego. El objetivo de nuestro ego es dar una buena imagen al exterior y controlar aquello que nos pasa, en vez de focalizarnos en el público. Por este motivo  es importante que cambiemos nuestro punto de vista; dejar de enfocarnos en lo que nos pasa a nosotros, para así centrarnos en algo que va más allá de nuestro ego, es decir en el mensaje que queremos transmitir. Debemos integrar la idea de que nosotros funcionamos como un simple canal, no somos importantes en la charla, lo importante son aquellos conocimientos que queremos compartir con el público que ha venido a vernos. En palabras de Alejandro Jodorowsky, “Tu miedo termina cuando tu mente se da cuenta de que es ella la que crea ese miedo”.

Es importante tener en cuenta que las personas que han venido a la charla lo hacen con una predisposición a escuchar aquello que queremos compartir con ellos, y no a  juzgarnos ni tampoco a hacernos pasar un mal rato. Como oradores debemos entender que independientemente de que lo hagamos mejor o peor, lo importante será  la interpretación que cada persona realice de nuestro mensaje. Como cada individuo percibe el mundo de forma subjetiva, podemos decir que habrá tantas charlas como número de asistentes, por lo que como oradores es inútil ponernos presión en “hacerlo bien”,  pues está fuera de nuestro control la forma en que cada uno de los asistentes perciba dicho mensaje. Nuestro objetivo debe ser compartir los conocimientos y la experiencia con el público, dejando de lado nuestra actitud egoica.

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Una forma de romper el hielo con el  público en las presentaciones, a la vez que reducimos nuestro estado ansioso, es comunicar nuestro miedo a la audiencia. Una vez expresamos abiertamente el temor que sentimos a hablar en público, una parte de nosotros se relaja.

Es aconsejable que practiquemos y ensayemos la presentación. Este aspecto nos ayudará a ganar confianza y a pulir nuestro discurso. Si lo hacemos en casa podemos grabarnos, para así poder ver qué aspectos deseamos mejorar.

Una vez empezada la conferencia, debemos evitar querer correr y obsesionarnos con no olvidar nada de lo que queremos comunicar. Es importante hacer pausas, por ejemplo una opción es tener un vaso de agua cerca para ir bebiendo, esto ayuda a aclarar la voz y también a pautar el ritmo de la charla.

Es recomendable llegar con antelación al lugar del acto, familiarizándonos con él y así comprobar que todo lo necesario; luces, equipo informático, música… se encuentra a punto para empezar la charla.

Minutos antes de la conferencia podemos guardarnos unos instantes para estar en contacto con nosotros, con nuestro cuerpo y nuestra respiración. Practicar la respiración diafragmática nos ayudará a oxigenar el cuerpo y a estar más tranquilos al empezar.

Es importante apoyarnos en la tecnología para facilitar nuestro discurso, bien a través de diapositivas que nos ayuden a estructurar la charla, objetos a los que hacer referencia o bien fotos que ayuden a hacer más gráfico nuestro mensaje, facilitando así la comunicación con el público.

Relativizar la situación, preguntarnos ¿Qué es lo peor que me puede pasar?, seguramente la respuesta no es tan catastrófica como la habíamos futurizado a priori. En caso de equivocarnos, entender que no pasa nada.  Si cometemos un error podemos relativizar su importancia con humor, riéndonos así de la situación vivida y entendiendo que la importancia que le demos únicamente tiene que ver con nuestra exigencia egoica de tener que mostrar una determinada imagen ante el público.

Espero que estos consejos os sean de utilidad cuando os enfrentéis al hecho de tener que hablar en público. No obstante, si este miedo se ha convertido en un obstáculo en vuestra vida personal, o bien sentiis que os limita en vuestra actividad laboral,  es aconsejable recurrir a la ayuda profesional para superar esta situación. La terapia es una forma de conseguir superar tus miedos, y permitirte ser capaz de afrontar este tipo de situaciones desde una actitud de  mayor seguridad y confianza en ti mismo.

Si estás interesado en la ansiedad y los miedos, y quieres saber como la terapia puede ayudarte, aquí te dejo otros artículos relacionados:

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Leslie Beebe

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