Como Vivir con Menos Estrés (pasos para conseguirlo)

Como vivir con menos estrés. En nuestra sociedad actual vivimos a un ritmo trepidante y muy competitivo. Vivir a un ritmo acelerado tiene sus repercusiones en nuestra salud, pues nos conduce a padecer de estrés y a sufrir de agotamiento físico y mental. Por este motivo es importante no dejarnos llevar por el estrés y que seamos nosotros quien lo controlemos.
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La mayoría de nosotros estamos inmersos en lo que parece una prisa por vivir, una actitud que nos programa para estar siempre enfocados en el siguiente paso que debemos dar, la próxima meta a alcanzar, mientras que pocas veces disfrutamos del camino y del momento presente. Adoptando esta actitud ante la vida, es normal que muchos de nosotros digamos que vivimos estresados, pues estamos más pendientes de planificar el futuro que está por venir, que no de vivir la realidad presente.

¿Cúal es la motivación de estar siempre planeando?, en mi opinión uno de los motivos es la idea que se nos ha inculcado desde pequeños que aquello que más anhelamos se encuentra fuera de nosotros y que algún día, cuando se den las condiciones adecuadas, lo alcanzaremos. Como terapeuta me encuentro con diferentes definiciones de aquello que sería el nirvana personal para cada uno de nosotros, entre ellas destacan: "aquella situación en que conseguiré sentirme pleno", "un lugar donde encontraré la paz y el equilibrio interior", "un estado donde me sentiré seguro y completo". Aunque la forma puede variar, el fondo no, pues en la mayoría de casos siempre existe una creencia común, que más o menos podríamos resumir en:
“Cuando consiga esto o aquello en la vida seré feliz”.

Casualmente ese momento idílico nunca coincide con nuestro presente, pues siempre nos falta algo externo que nos ayude a conseguirlo; depende del momento de la vida pueden ser unos estudios, una familia, una pareja, un nuevo trabajo, un hijo, una casa, etc…

Paradójicamente la vida nos ha enseñado que esto no funciona así; recuerda sino hace unos años los planteamientos de futuro que tenías. Seguramente creías que si alcanzabas unas metas determinadas la paz y la felicidad llegarían a tu vida. Probablemente ahora ya has conseguido muchos de los propósitos que te planteaste en el pasado, sin embargo ¿Eso significa que ahora sientes la paz y la felicidad en tu interior?, seguramente no.

Según mi parecer vivir anhelando es uno de los principales factores por los que el estrés y la ansiedad están tan de actualidad en nuestra sociedad. El psiquiatra Fritz Perls describe de forma muy acertada este estado como angustia. Perls define la angustia como aquel estado que se encuentra entre el presente y el futuro, en el cual muchos de nosotros nos quedamos atrapados con frecuencia:

“La angustia es la brecha que se abre entre el "ahora" y el "después". Fritz Perls

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Si sientes que el estrés y la ansiedad controlan tu vida, la terapia puede ayudarte. LLama o Whatsapp al 645 368 714 o bien rellena el formulario de contacto y te informaré sin compromiso.

Volviendo al tema del estrés, también es cierto que no debemos demonizarlo, pues como tal tiene su razón de existir, siempre que sea en su justa medida y en el momento adecuado. El estrés nos permite un mayor rendimiento en situaciones que así lo requieren, como puede ser una punta de trabajo, un examen o una competición deportiva. En todos estos casos el estrés nos aporta la energía adicional para superar estos momentos. Sin embargo si la dosis de estrés es excesiva, lo que produce es un bloqueo; por ejemplo este es el caso del pánico escénico. Asimismo si este estrés se prolonga en el tiempo se convierte en dañino, pues puede ocasionar problemas de salud más graves como alguno de los denominados trastornos de ansiedad.

El ser humano, en su larga historia, ha utilizado el estrés como un mecanismo de supervivencia, para de esta forma enfrentarse a los peligros que le amenazaban. Sin el estrés seguramente no habríamos podido evolucionar como especie hasta el presente. Pongamos como ejemplo el hombre prehistórico, el cual vivía en las cavernas. En esa época el estrés era un mecanismo que utilizaba la persona en momentos puntuales de su existencia; por ejemplo cuando salía a cazar. En esas situaciones de estrés el peligro era grande, pues su vida corría peligro, sin embargo el hombre vivía el resto del tiempo en una situación relajada.

Actualmente, aunque es verdad que nuestra existencia no peligra, nuestro estado de alerta es prácticamente continuo. El ritmo acelerado en el que vivimos, así como la progresiva integración de las nuevas tecnologías en nuestra vida, han provocado que seamos más proclives a sufrir de problemas de estrés y ansiedad. Estar disponibles a todas horas se ha vuelto una necesidad para la mayoría de nosotros; ya sea esperando noticias del móvil, conectados con el ordenador o bien con la tableta. Esta total disponibilidad nos conduce a vivir bajo un estado de alerta que no se desactiva.

Nuestro cerebro es un eficaz detector de amenazas, sin embargo no ha evolucionado lo suficiente para ser capaz de distinguir si la amenaza viene de una llamada de nuestro jefe, o bien de un depredador que nos quiere devorar. La facultad de raciocinio del ser humano nos ha permitido destacar por encima de otras especies, sin embargo también tiene su sombra, que es nuestra capacidad para poder anticipar e imaginar peligros en nuestra vida, cuando estos no existen en la realidad presente. De esta forma llenamos nuestra mente de futurizaciones catastrofistas que nos hacen sentir como si nos encontrásemos ante un peligro real, cuando en realidad el peligro se encuentra tan solo en nuestra fantasía.

Vivir en un estado de estrés crónico es muy perjudicial para nuestra salud. Un estado de alerta constante supone un mayor envejecimiento celular, y por tanto un envejecimiento prematuro de nuestro cuerpo. Asimismo el estrés está considerado como un factor de riesgo en multitud de enfermedades, como las enfermedades coronarias.

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Cuando el estrés se vuelve el protagonista de nuestra vida podemos acabar sufriendo trastornos de salud más graves, por este motivo, y para no llegar a estos extremos, es importante aprender unas pautas que nos permitan gestionar mejor nuestros niveles de estrés. A continuación voy a comentarte algunas de estas pautas:

1. Racionaliza tus pensamientos
Debes tomar conciencia de tus pensamientos. Centenares de pensamientos pasan por tu cabeza a lo largo del día, y muchos de ellos son pensamientos negativos y limitantes. Si te paras a analizarlos verás que existe una gran diversidad: pensamientos catastrofistas, autocríticas destructivas, miedos, preocupaciones constantes y pensamientos pesimistas, entre otros.
Es importante que te des cuenta de aquello que te dices y de la forma como te lo dices, pues muchas veces a parte de ser pensamientos con un contenido tóxico y perjudicial, también son dichos de una forma arrogante y despreciativa hacía tu persona. Una vez tomes conciencia de  tus pensamientos también serás capaz de cuestionarte si realmente tiene sentido decirte todo lo que te dices y en la forma como te lo dices. Pregúntate qué utilidad tienen los pensamientos y si quieres seguir sintiéndote mal por todo lo que te dices. Una vez los conozcas, mira de cambiarlos por otros más productivos y saludables para tu persona.


2. Cuestiona a tu juez interno
Todos tenemos aquella voz interior que funciona como un juez y que nos dice aquello que debemos hacer y lo que no, aquello que está bien y lo que está mal. Por lo general se dirige a nosotros desde una posición autoritaria, amenazante  e incluso en ocasiones déspota. Se expresa con frases del tipo: “Tienes que”, “Debes”, “No deberías” y cuando no cumplimos con sus mandatos nos hace sentir mal, con sentimientos de culpa o vergüenza por no haberle hecho caso. Es importante que tomes conciencia de todos tus deberías y los cuestiones, para ello puedes hacerte preguntas del siguiente tipo:

 ¿Qué es lo peor que me puede pasar si no lo hago?, ¿Realmente quiero hacerlo?, ¿Para qué lo hago, es para mí o es para satisfacer a alguien más?, ¿Tiene algún sentido para mí hacerlo?...

En este sentido también puedes cambiar tu discurso interno, sustituyendo expresiones como “debo hacer”, por otras del tipo “voy a hacer” o “me gustaría hacer”, que te generen una menor presión.

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3. Acepta la frustración
Es importante que entiendas que a veces las cosas no salen como a ti te gustaría o como habías planeado, no por mala suerte o justicia kármica, simplemente  porque la realidad no siempre es como tú deseas que sea. Lo mismo nos pasa con las personas; a veces queremos que sean y actúen de una determinada forma y cuando no lo hacen nos enfadamos. Sostener y aceptar la realidad en estos casos es la clave. Querer cambiar la forma de ser y proceder de otras personas es agotador y únicamente te conducirá a sentirte más estresado y frustrado con la vida y con el resto de personas. Quedarte enganchado con situaciones pasadas o actuaciones de otras personas únicamente te conducirá a vivir en un bucle de malestar y estrés donde surgiran sentimientos como la ira, el rencor, la culpabilización y la desvalorización personal

Si algo ha pasado en tu vida debes analizar cómo has llegado a vivir esa situación; puedes preguntarte qué ha tenido que ver lo sucedido contigo y si realmente ahora estás en disposición de cambiar algo al respecto. Si está en tu mano cambiar algo, házlo, si no lo único que puedes hacer es aprender de la experiencia vivida para así actuar de forma diferente en el futuro.

4. Organiza tu agenda
Es importante que planifiques y organices las actividades, para así no saturarte con tareas y obligaciones. En este sentido puedes actuar de la siguiente forma:
Diferencia las tareas importantes de las triviales o menos importantes, posponiendo si es necesario.
Diferencia las tareas que solo tú puedes hacer y las que pueden hacer otros. En este sentido es importante que aprendas a delegar para no saturarte.
No asumas responsabilidades o actividades que no te correspondan. A veces nos saturamos porque no sabemos poner límites y decir que no a las demandas que nos hacen otros.
Distribuye tu tiempo, lo que significa que no dediques todo tu tiempo al trabajo. Sobre todo al llegar a casa evita seguir conectado con el trabajo y reserva tiempo para tus aficiones o para estar con tu familia.

5. Practica ejercicio físico , lleva una buena alimentación y asegúrate un buen descanso.
Es importante que te mantengas activo y que realices actividad física. En este sentido  no sólo hablamos del  ejercicio físico programado, como puede ser practicar algún deporte o acudir al gimnasio regularmente, que sin lugar a dudas nos aporta múltiples beneficios, sino también incorporar la actividad física a tu vida diaria; por ejemplo  adoptando actitudes como subir escaleras siempre que tengas oportunidad, o priorizar el caminar a coger el coche cuando te desplaces por la ciudad. En caso de que te decidas a hacer algún ejercicio físico escoge alguno que te guste, y preferiblemente hazlo con alguien, pues siempre es más divertido y te reforzará  el compromiso de llevarlo a cabo.

Es imprescindible que lleves una dieta variada y equilibrada. Es importante que bases tu alimentación en alimentos naturales, evitando los alimentos procesados, las grasas y los azúcares. Para el tema del estrés es importante que evites el consumo de café y otras bebidas excitantes, regulando también el consumo de alcohol.

Por último es muy recomendable que duermas las horas necesarias y que sigas una rutina en lo que respecta a la higiene del sueño. La higiene del sueño comprende todas aquellas pautas de comportamiento y conductuales que te pueden ayudar a conciliar el sueño. Entre ellas destacan; seguir unos horarios regulares, evitar las comidas copiosas y las bebidas excitantes por la noche, asegurar un ambiente facilitador del sueño (temperatura de la habitación agradable, dormitorio sin ruido, una cama confortable…), desconectar del trabajo al llegar a casa, evitar conectarse a internet o al correo después de cenar y evitar siestas que dificulten tener sueño por la noche.

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6. Busca tu pasión
En esta rutina acelerada en la que vivimos es importante que dediques un tiempo a aquello que te gusta hacer, y no lo que tienes que hacer. En este sentido hablamos de actividades que te hagan sentir pleno, que disfrutes haciendo y que realices sin ningún objetivo en especial. Si aún no tienes ninguna actividad de este tipo, piensa en alguna que te haga gracia y lánzate a probarla; puede ser la música, el baile, las artes plásticas… hay multitud!. Estar conectados con el trabajo, o con las obligaciones personales y familiares todo el tiempo no es saludable pues contribuye a aumentar nuestros niveles estrés.

7. Practica la relajación y la meditación
Un gran antídoto contra el estrés son las múltiples prácticas relacionadas con la meditación y la relajación. Puedes probar con relajaciones guiadas, meditación individual o en grupo y ejercicios de atención plena (Mindfulness). Todas ellas te ayudaran a centrar tu mente y tu cuerpo en el presente, reduciendo así tus niveles de estrés y ansiedad. Focalizar la atención en el presente es la forma ideal de no permitir que tu mente se quede futurizando sobre ideas que te generan estrés.

8. Ríe y comparte momentos
Reír es un antídoto frente al estrés. Tomarte la vida con humor, te ayudará a desdramatizar y a mirar la vida con un mayor optimismo. Asimismo busca actividades sociales que te ayuden a abrirte y a compartir, para así charlar y reir con otros.  Los encuentros sociales con amigos son un gran antídoto frente al estrés.

Estos son algunas pautas que puedes seguir para aliviar tus niveles de estrés, sin embargo si sientes que el estrés domina tu vida, deberías buscar ayuda terapéutica para analizar más en profundidad los motivos que provocan tu malestar.

Leslie Beebe
Terapia y Coaching Personal en Barcelona
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Como Superar La Ruptura De Pareja

Como superar la ruptura de pareja. Muchos de nosotros hemos pasado por una ruptura sentimental en nuestra vida, ya sea porque nosotros decidimos acabar la relación, o bien porque nuestra pareja decidió dejarnos. En ambos casos se abre un panorama desalentador, lleno de incertidumbres y miedos a los que debemos enfrentarnos. Empieza lo que se denomina como duelo, un proceso de asimilación y readaptación a una nueva realidad, y eso conlleva su tiempo. El duelo nos permitirá convivir con la perdida que ha supuesto la ruptura, y continuar con una nueva realidad, asumiendo que la persona amada ya no se encuentra a nuestro lado.

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Como en el duelo por la muerte de un ser querido, el duelo por la ruptura de pareja también tiene sus fases, que en mayor o menor medida debemos transitar para sanar nuestra herida emocional. Estas fases son obviamente orientativas, y no siempre se dan en el mismo orden, ni con la misma intensidad en cada persona. Las etapas del duelo son las siguientes:

Negación: suele ser una etapa que se caracteriza por la no aceptación de la situación que estamos viviendo. Aparece la idea de no poder creer que la ruptura nos esté pasando a nosotros.

Tristeza / rabia y culpa: una vez tomamos conciencia que la ruptura es una realidad, empieza la reacción emocional, apareciendo pensamientos que nos llevan a sentir culpa, rabia y  tristeza, principalmente. No siguen un orden, sino que dependiendo de la situación y el carácter de la persona se van alternando; hay personas que sienten una emoción más que otra, y otros que se quedan en una de ellas durante un mayor periodo de tiempo. Algunos pensamientos que derivan en estas emociones son los siguientes:

Los pensamientos relacionados con la rabia son todos aquellos que culpan a la pareja por todo lo sucedido, exculpándonos a nosotros de toda responsabilidad por lo sucedido, por ejemplo: “todo ha pasado por tu culpa”, “tu forma de ser ha roto la relación”, “te odio por todo lo que me has hecho pasar”, etc…

Los pensamientos relacionados con la culpa, tienen que ver básicamente con culpabilizarnos por todo lo sucedido, son pensamientos del tipo; “Debería haber expresado más mi amor”, “Todo ha terminado por mi culpa”, “Mi forma de ser ha causado la ruptura”, etc…

Finalmente los pensamientos relacionados con la tristeza suelen estar relacionados en con el castigo que debemos imponernos por la culpa que sentimos, son pensamientos que nos desvalorizan y dañan nuestra autoestima del estilo; “No voy a volver a enamorarme”, “No sirvo para estar en pareja”, “Nadie me va a volver querer”, “No voy a encontrar a nadie que me quiera”, etc…

Dolor: Etapa en la que nos abrimos a la herida emocional y al dolor por la perdida. En este momento aparecen sentimientos de vacío y de soledad. También aparecen múltiples miedos ante la incertidumbre por lo que nos espera en el futuro, así como una sensación de no tener el control de nuestra vida. En esta etapa puede aparecer el deseo de volver a retomar la relación, no desde una necesidad genuina, sino más bien como un mecanismo de defensa para evitar entrar en el dolor.

Aceptación: Última de las etapas en la cual somos capaces de tomar perspectiva de lo sucedido, aprender de la experiencia vivida y tomar nuestra parte de responsabilidad en la ruptura, como miembros que éramos de la relación. De esta forma entendemos que la ruptura supone un cambio en nuestro proyecto de vida y nos preparamos para iniciar un nuevo camino.

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Si estás atravesando por una ruptura de pareja, la terapia puede ser de gran ayuda. LLama o Whatsapp al 645 368 714 o si lo prefieres rellena el formulario de contacto y te informaré sin compromiso.

A continuación voy a comentarte algunos consejos para que puedas llevar este proceso de duelo de la mejor forma posible:

1. Trátate con cariño
El proceso de duelo es doloroso y por tanto no debes ser duro contigo mismo/a. El duelo supone pasar por momentos emocionales intensos, en los cuales a veces podemos estar alegres, y al cabo de poco tiempo sentir el miedo o las ganas de llorar. Debemos abrirnos a estas emociones y sentimientos y no reprimirlos. Tampoco debemos  recriminarnos ni culpabilizarnos por aquello que estamos sintiendo, entendiendo que lo principal ahora es el cuidado de nuestra persona. En este sentido lo principal es estar atentos a nuestras necesidades, para así darnos la  libertad  de expresar aquello que sentimos. Asimismo debemos intentar dejar de lado nuestro juicio o los miedos a lo que otras personas puedan pensar al respecto, para así poder expresarnos libremente.

2. Dáte tu tiempo en recuperarte
Como he comentado el duelo es un proceso que debes transitar para sanar tu herida emocional. Por este motivo debes evitar ser impaciente y querer estar recuperado/a al poco tiempo de haberse producido la ruptura. En ocasiones, con el objetivo de no querer sentir el dolor, buscamos que una nueva pareja nos saque de esa difícil situación, forzando un enamoramiento que no es sincero. Piensa que esta actitud únicamente te conducirá a un doloroso fracaso. Es importante que entiendas que para volverte a enamorar, primero debes recuperarte del trauma emocional que has vivido. Para ello debes estar bien con tu persona, es decir recuperar el amor hacía ti mismo. La ruptura de pareja suelen ser un duro golpe para nuestra autoestima, la cual necesita su tiempo para recuperarse. Una vez hayas recuperado tus niveles de autoestima, también estarás en mejor disposición de abrirte a una nueva relación, pues podrás dar tu amor al otro con generosidad y de forma desinteresada, y no desde la necesidad neurótica de que alguien esté a tu lado para llenarte tu vacío emocional.

3.Reflexiona sobre lo ocurrido
Es importante que revises cual ha sido tu actitud y tu posicionamiento en la relación; puedes preguntarte si es la primera vez que te pasa, o bien si ya te había sucedido algo parecido con relaciones anteriores. Quizás ahora con la ruptura te des cuenta que tu idea sobre el amor y la pareja se fundamentaban en ideas equivocadas o en creencias obsoletas, por lo que sería conveniente que revises tus valores para así evitar cometer los mismos errores en el futuro.

Un auto análisis te permitirá darte cuenta que quizás vivías tu relación no desde el amor, sino desde la dependencia hacía el otro.

Puede ser que también te des cuenta que tu forma de vincularte con tu pareja era desde la confluencia, un espacio en el que no ponías límite al otro, ni expresabas tus necesidades, con el único fin de no crear un conflicto en la pareja.

O quizás ahora te das cuenta que habías sacrificado tu espacio personal, dejando de lado aficiones o amistades en favor de estar permanentemente con tu pareja, por el miedo que sentías a que ésta te pudiese abandonar.

Reflexionar sobre cómo has llegado a este punto puede servirte como un aprendizaje para futuras relaciones, evitando repetir patrones de funcionamiento y conductas nocivas, que a la larga solo te generan malestar y dañan tu autoestima.

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4. No te victimices ni te tortures por la situación
Es habitual que después de la ruptura de pareja surjan en ti preguntas que buscan la autocompasión del tipo; “¿Por qué me ha pasado esto a mí?, no me lo merezco”, “Con todo lo que yo he hecho por él/ella y mira como me lo paga”, “Yo lo he dado todo en la relación y así me lo agradece”…. Preguntas de este tipo buscan una vía para eximirte de la culpa por la ruptura, sin embargo también son una fuente de victimización, que te conducen al sufrimiento y te posicionan en una actitud pasiva y de irresponsabilidad ante la situación. Si te quedas dando vueltas a este tipo de preguntas, ten por seguro que corres el riesgo de dañar aún más tu autoestima, y lo más grave, corres el riesgo de acabar sufriendo algún trastorno de salud.

Otra posición común, y contraria a la que acabamos de mencionar es la culpabilización. La culpa se expresa con frases del tipo: “Todo es mi culpa”, “Lo he hecho todo mal” ... Cargar con la culpa tampoco te ayudará a superar la ruptura, y como en el posicionamiento anterior,  prolongará tu sufrimiento y dañará tu autoestima. Debes entender que tú no eres el único responsable de una ruptura, la pareja es cosa de dos y seguramente las dos partes habéis cometido errores. Por este motivo es importante que te perdones por los errores cometidos, utilizando estos errores no como un motivo de culpa, sino como un aprendizaje de aquello que puedes cambiar en un futuro para así conseguir una relación de pareja más saludable.

5. Evita quedarte enganchado a tu ex pareja
Cuantas veces al ser dejados seguimos en contacto con la ex pareja con la voluntad que cambie de opinión, que rectifique y vuelva a nuestro lado. En estos casos es habitual que intentemos manipular a nuestra ex pareja, utilizando elementos como el chantaje o el dar pena al otro, con el objetivo de no perderlo. Si observamos con más detalle este tipo de situaciones, veremos que con frecuencia la necesidad no se encuentra tanto en un deseo genuino de querer recuperar la relación, sino más bien de evitar vivir el dolor que supone el haber sido abandonados.

Si alguien ha decidido que no quiere estar contigo lo mejor es que lo dejes marchar, no debes empeñarte en aquello que no puede ser. Intentar retener a alguien, manipulándolo y utilizando el chantaje emocional únicamente va a provocar un dolor mayor para ambas partes, prolongando tu sufrimiento al no querer aceptar la realidad.

Asimismo también es aconsejable que una vez producida la ruptura mantengas la distancia con esa persona; en la medida de lo posible no le llames ni le envíes mensajes. Asimismo actitudes como estar pendiente de lo que hace o deja de hacer tu ex pareja, por ejemplo a través del control de su Facebook o del Whatsapp, son muy nocivas, pues  lo único que vas a conseguir con ello es generarte una mayor ansiedad, al esperar algo que no va a llegar.

En estos casos en que surge la necesidad por saber del otro, lo más aconsejable es que distraigas tu mente, y te pongas a hacer alguna actividad que te mantenga ocupado/a, por ejemplo quedar con amigos, ir al gimnasio, ponerte a cocinar, etc… Cualquier actividad que te asegure estar alejado/a del móvil o del ordenador va a ser beneficiosa en este tipo de casos para tu estado emocional.

Por último es importante que no te recrees en el dolor de la ruptura, por ejemplo evita ir a sitios que compartíais como pareja, o bien no te pongas a mirar el álbum de fotos de vuestra relación. Una vez más este tipo de actitudes únicamente contribuyen a alargar tu sufrimiento, evitando la oportunidad que se te presenta ahora de empezar un nuevo camino.

Si tu pareja te ha dejado por otra persona, evita las comparaciones, ya que solo te van a hacer sentir más desgraciado/a, pues únicamente vas a focalizarte en aquello que supuestamente la otra persona tiene y tu no. Debes entender que cada persona tiene sus virtudes y sus defectos, nadie es perfecto. Todos somos seres únicos y singulares, y por tanto diferentes de los demás, por tanto la comparación en estos casos no tiene razón de ser.

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6. Prioriza tu bienestar
Como hemos dicho anteriormente la ruptura de pareja es un momento en el que debes priorizar tus necesidades y tu bienestar. Es posible que la ruptura te lleve a querer vengarte de tu ex pareja, haciéndole la vida imposible por haberte abandonado y obligándole a pagar por todo el dolor que estás sintiendo. Es tu decisión; puedes dedicar tu tiempo a preparar una guerra contra tu ex pareja, o bien focalizar tu energía y tu tiempo en reconstruir tu vida, para así recuperar tu bienestar lo antes posible. Tú decides.

7. Entiende que la pareja puede complementarte, pero no completarte
Existe la falsa creencia que para ser felices debemos encontrar a nuestra “media naranja”, cuando la realidad que no se suele explicar es que nosotros ya somos de por sí la naranja completa. Si sentirnos bien con nosotros mismos y valorarnos está en función de nuestra pareja, entonces no hablamos de amor sino de dependencia emocional. Cada persona tenemos en nuestro interior la capacidad para sentirnos completos por nosotros mismos, sin necesitar a otro que nos complete.
En esta línea es importante que entiendas que tú eres la misma persona antes y después de la ruptura, y por tanto tu valor como persona no va a cambiar porqué tengas o no a una pareja al lado. Dar y recibir amor en la pareja nos complementará (que no completará), nos ayudará a crecer, aprendiendo del otro, pero de ninguna forma  podemos esperar que la pareja nos dé un amor que ya debe existir en nosotros como propio; la autoestima.

8. Vive la experiencia como una oportunidad y no como una tragedia
Dentro del dolor que supone la ruptura de pareja, está en tu mano convertir ese hecho en una tragedia, o bien en una nueva oportunidad.
Empezar un nuevo camino, sin tu pareja, puede llenarte de miedos e incertidumbres, pero también es una oportunidad para que explores aspectos de tu persona que desconocías o que quizás tenías olvidados. La soledad que comporta la ruptura de pareja puede ser el mejor de los escenarios para que empieces un camino de autoconocimiento personal; quizás sea un momento propicio para que practiques una nueva actividad, te apuntes a un curso o simplemente aprendas a convivir con el silencio de tu soledad. Recuerda que una cosa es estar solo y la otra es sentirte solo, ¿Cuantas veces incluso estando en pareja nos sentimos solos?.

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9. Cuida tu salud física
Una ruptura de pareja puede tener efectos negativos en tu apetito y en tu descanso. Al estar triste tu sistema inmunológico también se resiente, por lo que eres más vulnerable ante un resfriado o una gripe. Por estos motivos es importante que no descuides tu alimentación; sigue unos horarios de comida establecidos y evita no caer en la tentación de la comida basura, más apetecible en estos difíciles momentos. Asimismo procura dormir las horas necesarias, si sufres de insomnio por la tensión de estos momentos puedes probar algún remedio natural como las infusiones de hierbas o los comprimidos de melatonina antes de ir a dormir.
Espero que estos consejos te sirvan de ayuda en tu proceso de duelo

Si quieres saber más sobre las relaciones de pareja, aquí te dejo un par de mis artículos sobre esta temática:





Leslie Beebe
Terapia y Coaching Personal Barcelona
https://www.facebook.com/TerapiaBcn/
www.ansiedad.barcelona




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Atrévete a dar el salto (aprende a vivir de forma plena)

Atrévete a dar el salto y aprende a vivir de forma plena!!.

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Cuantas veces no hacemos algo por miedo, ya sea por temor a ser juzgados por el que dirán o bien por alguna de las creencias que nos acompañan y nos limitan. Todos estos miedos nos empobrecen emocionalmente hablando, y con frecuencia nos conducen a llevar una vida que no hemos elegido, sintiéndonos prisioneros de nuestra propia existencia.  

A cuantos de nosotros nos gustaría llevar a cabo proyectos que nos ilusionan, o bien alcanzar las metas deseadas, pero no lo conseguimos, pues siempre acaba saliendo aquella voz interna que nos dice “no vas a poder”, “tú no sabes suficiente” y frases similares que nos boicotean y nos frustran nuestro empeño.

Si quieres conocer y desarrollar tu proyecto de vida, así como superar aquellos miedos que te limitan, la terapia te ayuda a conseguirlo.

Ven y anímate a probar la terapia. La primera sesión es gratuita y sin compromiso.

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Como Encontrar Mi Camino

Como encontrar mi camino. Muchas personas que acuden a terapia me comentan en algún momento del proceso frases del tipo; “Me siento perdido”, “No sé qué hacer con mi vida”, “No sé qué he venido a hacer a este mundo”, y frases similares relacionadas con su propósito o vocación en esta vida.

También es verdad que la gran mayoría de las personas que me comentan estas inquietudes, viven su búsqueda personal desde la ansiedad y la presión por tener que encontrar aquello que les dé un significado a su vida; y no solo eso, sino que cuanto antes lo consigan mucho mejor, es como si se dijesen a sí mismos” “Ya es hora de saber lo que quiero hacer con mi vida”.

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Sin embargo desde esta auto exigencia y esta presión lo único que consiguen  es que un camino que debería ser estimulante, lleno de aprendizajes y descubrimientos personales, se convierta en una carrera angustiosa por obtener una respuesta. En este punto suelo preguntar a mis clientes qué creen ellos que van a conseguir una vez encuentren su vocación. Las respuestas siempre son las mismas, del tipo; “podré vivir en paz”, “Estaré tranquilo”, “Lo tendré todo más controlado”, “Seré alguien”…  

Ante esta situación de búsqueda desesperada de aquello que les ha de dar sentido a su vida, me gusta ponerme en el papel de abogado del diablo, poniendo en duda ciertos mitos, muy extendidos en la sociedad actual, sobre la búsqueda de esta vocación personal. De esta forma intento hacer ver a la persona que las respuestas anteriormente dadas tienen su origen más en su propio ego, que no en su verdadera esencia personal, y que por tanto tienen más que ver con una visión utópica de la vida, que no con la realidad misma.

1. El primer mito que suelo cuestionar es el hecho de por qué la pasión o el sueño de uno debe ser único e inmutable a lo largo de la vida.  De hecho nuestra sociedad actual se caracteriza por el cambio y la inestabilidad, un ejemplo es el entorno laboral. Hace años era frecuente que cada persona tuviese un único oficio a lo largo de su vida, ahora todo ha cambiado y es poco frecuente que la persona se quede en una misma empresa o incluso en el mismo sector laboral durante toda su vida. A mi entender el cambio es una actitud más natural, pues nosotros también cambiamos a lo largo de los años; nuestras necesidades y deseos varían en función de cómo se desarrolla nuestra vida y también según nuestras vivencias personales. Por tanto, ¿Quién nos dice que no podemos tener múltiples pasiones a lo largo de nuestra vida?, ¿O compatibilizar dos o más pasiones a la vez?. 

Con seguridad hay personas que tienen una vocación o un talento único y bien definido durante la mayor parte de su vida, sin embargo también existen muchas otras personas que vivirán diferentes pasiones a lo largo de su vida, y por tanto también debemos dar espacio a esa posibilidad.

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Si quieres encontrar tu vocación, la terapia puede ayudarte. LLama o Whatsapp al 645 368 714 o bien rellena el formulario de contacto

2. El segundo de los mitos es que todos deberíamos encontrar nuestra pasión cuando somos relativamente jóvenes, entre los 20 y los 30 años, y a partir de allí desarrollarla. Esta creencia sin sentido provoca que muchas personas al llegar a los 35 o 40, y sin haber descubierto su vocación sufran una crisis, y a raíz de ella aparezcan síntomas como la ansiedad, la depresión o la creencia que son inferiores al resto. Existen miles de casos de personas que al llegar a la mediana edad dieron un giro radical a su vida, encontrando su vocación pasados los 40. Encontrar una vocación cuando somos jóvenes sucede en algunos casos, pero no en todos. Presionarnos para encontrar nuestra pasión en la vida únicamente consigue el efecto contrario, sentirnos cada vez más ansiosos y menos válidos ante el mundo.

3. El tercero de los mitos es aquel que dice que supuestamente un día nos vamos a levantar y nuestra vocación va a llegar como una inspiración divina. Creemos que primero vamos a tener una idea sobre aquello que nos apasiona, y que a partir de allí vamos a desarrollar esa pasión. Esto no suele suceder así, sino todo lo contrario. Para encontrar algo que nos apasione es necesario probar cosas nuevas, experimentar multitud de actividades. Únicamente con la práctica y la constancia es posible que se despierte en nosotros la pasión por esa actividad, lo que nos puede llevar a concluir que esa es nuestra vocación. De esta forma y contrariamente a lo que el mito nos dice, raramente la vocación llega por el pensamiento, pues suele aparecer con la práctica y la dedicación a ello.

Asimismo también es erróneo pensar que cuando hablamos de vocación únicamente nos referimos al terreno laboral o profesional. Una vocación puede ser todo aquello que nos llena, que nos apasiona hacer, y por tanto no debe estar estrictamente relacionada con el trabajo que realizamos.

4. El último de los mitos es aquel que relaciona la vocación con algo que debe ser muy grande, por ejemplo que sea algo que nos aporte mucho dinero, o bien que despierte la fama y el reconocimiento de la sociedad. En mi opinión la vocación tiene más que ver con hacer algo que nos llene a nosotros y no a nuestro ego. Cuando hablamos de vocación nos referimos a cualquier actividad que partiendo de nuestros valores nos haga sentir plenos, una actividad hecha desde el cariño y con la voluntad de no solo servirnos a nosotros, sino también a otras personas, contribuyendo así a hacer un mundo mejor.

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Una vez comentados estos mitos que circulan sobre la vocación personal, creo importante definir lo que a mi entender es la búsqueda del propósito de vida. En este sentido me gusta el término utilizado por la sociedad japonesa que denomina a nuestra razón de ser, o nuestro motivo vital con el término de IKIGAI.
Según la cultura japonesa cada uno de nosotros tenemos un IKIGAI, y nuestra misión durante la vida es descubrirlo. Según esta cultura tener un IKIGAI definido nos da felicidad y satisfacción, pues aporta un sentido a nuestra vida.

Para la cultura japonesa la importancia de encontrar nuestro motivo vital no reside tanto en alcanzar una determinada meta, sino en el propio proceso de búsqueda. Se trata de vivir el proceso como un camino alegre, lleno de experiencias, y no como lo vivimos en la sociedad occidental, como una angustia vital por encontrar aquello que debe llenar nuestro vacío existencial. 

La sociedad japonesa comprende el IKIGAI como una actitud ante la vida; vivir cada actividad, cada momento y cada relación con pasión, ese es el verdadero trabajo. Según algunos expertos el IKIGAI,  junto con una alimentación equilibrada, una vida social activa y un ejercicio moderado, contribuyen todos ellos a explicar el elevado índice de longevidad de la población japonesa.

Pero, ¿Cómo encontrar nuestro IKIGAI?

Para encontrar nuestro IKIGAI debemos tener en cuenta dos principios clave; el primero es que no debemos tener prisa en encontrarlo. No debemos dejarnos llevar por la presión de tener que encontrar aquello que ha de llenar nuestra vida, pues quizás aún no hayamos alcanzado ese momento. Es importante tomar una actitud abierta y curiosa ante la vida; experimentar, investigar, descubrir nuevas actividades y sobretodo disfrutar del camino. De esta forma la vocación llegará por sí misma, sin tener que forzar nada.

El segundo de los principios es descubrir cuáles son nuestros valores, centrarnos en aquello que es importante y valioso para nosotros y actuar acorde con aquello en lo que creemos. Existen multitud de valores; la honestidad, la amistad, la perseverancia, la generosidad, el orden… es cuestión de conocer cuáles son importantes para nosotros y como los priorizamos. Nuestros valores nos ayudan a crecer, son los guías de nuestro camino. Cuando no actuamos de acuerdo a ellos sentimos que nos engañamos, pues no estamos siendo sinceros con nosotros mismos. Para conocer si estamos actuando de acuerdo a nuestros valores, podemos hacernos preguntas como las siguientes:

 “¿Hago las cosas para mí o para cumplir con una determinada imagen que me han impuesto?”, “¿Siento que hago cosas en mi vida que no me hacen sentir bien conmigo mismo?, ¿cuáles son?, ¿Qué motivo tengo para hacerlas?, ¿Qué puedo hacer para cambiarlo?”.

Una vez tenemos en cuenta estos dos principios, pasemos a ver con más detalle cómo descubrir nuestro IKIGAI.


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Para los japoneses el IKIGAI, el sentirnos plenos y valiosos con aquello que hacemos, está formado por cuatro aspectos básicos; aquello que uno ama, aquello para lo que uno es bueno, aquello por lo que pueden pagarte, y finalmente aquella contribución que cada uno puede hacer por el mundo.  Vamos a analizar cada uno de estos factores:

Aquello que uno ama. Aquí es donde encontramos aquellas cosas con las que disfrutamos, son actividades con las que podemos pasar horas y no nos damos cuenta de ello, fluyendo con la experiencia. Las preguntas que pueden llevarte a conocer aquello que amas son las siguientes:

¿A qué dedicaría mi tiempo si el dinero no fuese un problema?, ¿Qué cosas me gusta hacer?, ¿Cuáles son mis intereses?, ¿Qué arriesgaría hacer si supiese que no voy a fracasar?.

Aquello para lo que uno es bueno. Comprendería las habilidades, las aptitudes y las fortalezas de cada uno de nosotros. Para conocerlas puedes hacerte las siguientes preguntas:

“¿Qué se me da bien hacer?”, “Qué aspectos destacan los otros de mí?, “Cúales son mis puntos fuertes/destrezas?” “¿De qué me siento orgulloso?.

Aquello por lo que pueden pagarte. Encontramos aquellas actividades que podemos calcular de forma monetaria y que disponen de un mercado. Para conocerlas puedes hacerte preguntas del siguiente tipo:

“¿Como podría ser pagado por hacer algo que me gusta?, ¿Cúal es mi formación y experiencia profesional y como puedo aplicarlo a algo que me guste?, ¿Existiría una demanda en el mercado para ello?.

Aquello con lo que puedo contribuir al mundo. Este grupo comprendería aquello que podemos aportar a los demás para hacer un mundo mejor. Son contribuciones acorde a nuestros valores y que pueden ayudar de alguna forma a mejorar nuestra comunidad. Para conocer estas contribuciones puedes hacerte preguntas como las siguientes:

“¿Qué cosas me preocupan de mi entorno social?”, “Qué conocimientos tengo y que podrían interesar a otros?, ¿Cómo podría yo ayudar a mejorar mi comunidad?

Las respuestas que obtengas de estas preguntas seguramente podrán darte una buena orientación de donde se encuentra tu IKIGAI. No es necesario que las cuatro confluyan en un mismo punto, pues no siempre es así, pero las respuestas que obtengas serán de gran ayuda para que encuentres tu vocación. A partir de aquí es cuestión de pasar a la acción, de no dejarte llevar por los fantasmas de tus miedos y empezar a probar cosas nuevas en tu vida.

Si actualmente te sientes perdido  y desorientado, sin saber bien cuales son tus valores y como encontrarlos, la terapia es una herramienta ideal para conocerte mejor y encontrar así la pasión en tu vida. Puedes contactar conmigo en el 645 368 714, llamada o Whatsapp, o bien rellenar el formulario de contacto y estaré encantado de darte más información al respecto.

Leslie Beebe

CONTACTO:




Como Superar Los Celos

Como Superar Los Celos. Cuando hablamos de celos nos referimos a una respuesta emocional que surge ante una amenaza que percibimos pone en peligro algo o alguien que consideramos de nuestra propiedad. Si nos focalizamos en los celos que aparecen en el ámbito de la pareja, estaríamos hablando de toda una serie de miedos que aparecen relacionados con la posibilidad de que la relación se acabe, principalmente, perder a nuestra pareja. Derivado de este miedo, aparecen otros como el miedo a que mi pareja me sea infiel, miedo a ser engañado o traicionado por la pareja, miedo a ser substituido por otra persona en la relación, etc…
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El problema de los celos no reside tanto en sentirlos, pues en toda relación pueden aparecer en algún momento, sino en la intensidad como se viven y en la forma como influyen en nuestra conducta. También es importante tener en cuenta si los celos aparecen por un motivo justificado o no.

Cuando los celos pasan a ser un tema obsesivo, que genera ansiedad y que deriva en querer mantener bajo control a la pareja, entonces tenemos un problema; es lo que denominamos como celos patológicos. En estos casos lo más recomendable es acudir a un profesional de la terapia que nos ayude a recuperar la confianza y el equilibrio emocional perdido.

A continuación os comento un poco más sobre el funcionamiento de los celos:

Es importante entender que los celos están directamente relacionados con una baja autoestima, lo que deriva en una elevada inseguridad personal. La persona insegura empieza a pensar que otras personas, que están en la órbita de su pareja, pueden ser candidatos más idóneos que él o ella en el rol de pareja. Este pensamiento provoca que la persona celosa empiece a interpretar las acciones de su pareja de una forma distorsionada e irracional. Por ejemplo que la pareja asista a una cena con amigos o una llamada telefónica que pueda recibir al llegar del trabajo hacen saltar todas las alarmas.

Con el objetivo de mitigar estas dudas y reducir su ansiedad, la persona celosa empieza a poner en marcha toda una serie de conductas de vigilancia hacía su pareja, con la finalidad de controlar todo lo que ésta hace, y así reducir sus temores y su ansiedad. Aunque en un primer momento el celoso cree que su actitud de supervisión y control va a funcionar, al poco tiempo descubre que únicamente le sirve para generarle más dudas respecto a la fidelidad de su pareja.  Desde esta actitud de incertidumbre y suspicacia la persona celosa nunca puede encontrar respuestas definitivas que le satisfagan, pues debido a su inseguridad personal, vuelven a surgirle más dudas y nuevos motivos de sospecha, por lo acaba sumido en un bucle, donde inseguridad y deseos de control van en aumento.

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Si sientes que los celos son un obstáculo en tu vida de pareja, la terapia puede ayudarte. LLama o Whatsapp al 645 368 714 o bien rellena el formulario de contacto.

El comportamiento celoso  tiene graves repercusiones en diferentes ámbitos, primero para la persona que lo vive, después para la persona que recibe esta conducta, y por último para la relación de pareja como tal.  Aunque la percepción que tiene el celoso sobre la realidad es distorsionada, la persona lo vive como algo muy real. La persona celosa cree erróneamente que llegará un punto en que el control sobre el otro le proporcionará una seguridad total, la cual le permitirá por fin quedarse tranquilo. Nada más lejos de la realidad, pues como más control ejerce sobre su pareja, más dudas le surgen. Este anhelo nunca satisfecho genera en la persona mucha ansiedad, también cansancio por la cantidad de energía invertida,  a la vez que malestar, el cual se suele manifestar a través del enfado y la irritabilidad.

Para la pareja, aunque en un primer momento la atención recibida por el celoso pueda ser recibida como una muestra de amor, e incluso hacerle cierta gracia, al poco tiempo se da cuenta de qué le supone vivir la relación desde una conducta cada vez más opresiva. Los intentos permanentes de control de la persona celosa generan en la pareja una sensación de agobio, al verse obligada a dar toda una serie de explicaciones sin ningún motivo aparente. Esta presión por estar siempre en el punto de mira, por tener que ser cuestionado y controlado en todo momento, provocan en la pareja un gran malestar que suele derivar en trastornos de salud como nerviosismo y ansiedad.

La relación de pareja también se ve perjudicada cuando uno de los miembros adopta una actitud celosa hacía el otro, deteriorándose la relación con el paso del tiempo si no se toman medidas. Desde la desconfianza y el estado de vigilancia constante la persona celosa empieza a relacionarse con la pareja desde una actitud de censura y control, muy alejada del amor y la confianza propia de una relación saludable. De esta forma el celoso empieza a pedir explicaciones, a prohibir cosas y a interrogar a la pareja sobre sus acciones, buscando pruebas de su infidelidad. Esta actitud crea un ambiente de tensión, discusiones y desconfianza que alejan cada vez más a la pareja.

Finalmente, y si no se toman medidas, los pronósticos que hace la persona celosa de que la pareja terminará por dejarle se convierten en realidad, como una auto profecía que se acaba cumpliendo. Contrariamente a las ideas irracionales de la persona celosa, la pareja no se rompe por la aparición de una tercera persona, sino porque sus propios miedos le llevan a actuar de tal forma que la situación más temida se acaba cumpliendo.

¿Cómo podemos gestionar los celos y salir de este bucle de desconfianza y destrucción de la pareja?

Como hemos comentado anteriormente si estamos viviendo una situación de celos patológicos, la mejor opción es recurrir a la ayuda terapéutica. No obstante aquí os dejo algunos consejos que os permitirán reflexionar sobre los celos:

1. Debemos pensar que nuestra pareja nos quiere tal y como somos, con nuestras virtudes y nuestros defectos, al igual que nosotros a ella. Sin embargo no debemos mezclar dos aspectos que habitualmente son fuente de confusión; el primero es el amor que sentimos por nosotros mismos y la valoración que hacemos de nuestra persona. Esto tendría que ver con nuestra autoestima, y podríamos decir que es la base que posibilita que después pueda surgir el amor hacía nuestra pareja.  

El segundo aspecto es el amor que recibimos de nuestra pareja, el cual tendría más que ver con elementos como el cariño, la ternura, la tolerancia, el respeto y la comprensión mutua. Un aspecto no debe confundirse con el otro, es decir no podemos esperar que nuestra pareja nos dé el amor que nosotros debemos sentir hacía nosotros mismos. Asimismo cuando la persona no se valora ni se quiere a sí misma, difícilmente puede dar y compartir el amor con su pareja. En estos casos es frecuente la aparición de una dinámica de dependencia emocional, donde la relación se establece desde la dependencia y no desde la libertad.

En casos de dependencia emocional uno de los miembros vive por y para su pareja, sin ella se encuentra perdido, y la simple idea de poder perder al otro le provoca una gran angustia. El dependiente emocional no puede poner límites, está en total confluencia con el otro, hasta llegar al punto que su equilibrio emocional, así como su valoración personal y autoestima dependen totalmente de la otra persona. En estos casos es frecuente la aparición de celos patológicos, para así tener controlada en todo momento a la pareja, creyendo que así evita aquello que más teme, que el otro le abandone. 

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2. La persona celosa tiene tendencia a creer que su pareja es la culpable de aquello que le sucede. Es importante entender que yo soy el único responsable de mis emociones y sentimientos; no es mi pareja quien me pone celoso, soy yo quien no gestiono bien mis emociones. Cuando culpamos a otra persona de lo que nos pasa evitamos responsabilizarnos y cerramos así la oportunidad del cambio.

3. Si aparecen dudas respecto a nuestra pareja, es importante compartirlas y hablar con ella sobre el tema. Si identificamos que existen pruebas razonables que puedan hacernos sentir inquietos sobre el papel de nuestra pareja en la relación, debemos comunicárselo, siempre desde el respeto y con un tono conciliador, evitando los reproches y las malas formas. Se trata de conocer cómo está la realidad de la situación, dando a conocer al otro como nos ha hecho sentir su conducta, y aclarando posibles malentendidos que pudiese haber.

4. Debemos entender que nadie nace celoso, y tampoco se trata de una enfermedad, sino que en mi opinión estamos hablando de un patrón de comportamiento disfuncional, una forma no adecuada de gestionar la relación de pareja, la cual ha sido aprendida. Los motivos por los cuales la persona puede haber llegado a esta situación son múltiples; puede ser que los celos hayan surgido a raíz de una experiencia con una ex pareja que no se acabó de sanar, por un hecho traumático ocurrido en la infancia o bien por algún suceso reciente que ha afectado la autoestima de la persona, como la pérdida del trabajo. Sea cual sea el desencadenante, es importante entender que los intentos de querer tener controlada a la pareja únicamente nos llevará a la ruptura de la relación. 

Si queremos recuperar nuestro equilibrio emocional, a la vez que salvar nuestra relación, debemos empezar a implementar formas de relación más saludables, basadas en el amor, el respeto y la confianza, alejándonos así de la inseguridad, la desconfianza y la infelicidad que generan los celos.

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5. Si sentimos que los celos toman protagonismo en nuestra persona, es recomendable analizar cómo se encuentran nuestros niveles de autoestima. Para ello es importante tomar conciencia de cuáles son los pensamientos respecto a nuestra persona; por ejemplo, si son pensamientos positivos, que valoran nuestras aptitudes, y nos empujan a conseguir aquello que deseamos; o bien son pensamientos que nos desvalorizan y que maltratan nuestra imagen personal, llevándonos a una posición victimista y de bloqueo para pasar a la acción. También es importante que estemos atentos a posibles señales de alarma, que nos indiquen que los celos están tomando relevancia en la relación, para ello podemos hacernos preguntas del siguiente tipo; 

¿Siento cada vez más la necesidad de controlar a mi pareja?, ¿Últimamente me siento más a disgusto con las amistades de mi pareja?, ¿Son habituales los reproches y las exigencias hacía mi pareja?, ¿Cada vez siento más inseguridad respecto a mi pareja?

Los pensamientos tóxicos y de desvalorización respecto a nosotros mismos afectan nuestra autoestima y nos conducen a la comparación con el resto de personas, lo que deriva en el surgimiento de un sentimiento de inferioridad y de inseguridad personal, un entorno muy propicio para que surjan los celos patológicos. En estos casos un trabajo terapéutico para mejorar los niveles de autoestima es muy recomendable, tanto a nivel personal como para recuperar la salud emocional de la pareja.

6. La persona que vive los celos patológicos se encuentra en una situación de vigilancia constante, donde la mayoría de estímulos externos son percibidos como una amenaza. Esta situación provoca que la persona tenga pensamientos automáticos en los que la fantasía y la irracionalidad toman protagonismo. En estos casos es importante que la persona analice la situación y compruebe cuanto de realidad hay en esa interpretación; preguntas del tipo:  

¿Esta inseguridad que siento respecto a mi pareja qué tiene que ver conmigo?¿Qué pruebas reales tengo que lo que pienso es una realidad?, ¿qué utilidad tiene seguir dando vueltas al tema?, ¿puedo hacer algo sobre esto que me preocupa?, etc..  todas ellas son preguntas que nos centran en el presente, para así no dejarnos llevar por la fantasía catastrófica de nuestra mente.

7. Un antídoto eficaz para los celos es fomentar la propia vida personal, asegurándose que cada uno de los miembros de la pareja tenga su propio espacio. De esta forma se favorece a no estar tan pendiente de qué hace o deja de hacer la pareja. Esto significa emprender nuevos proyectos o empezar nuevas aficiones que permitan a la persona conectar con la creatividad y las ganas por hacer cosas nuevas. En este estado la persona gana en autonomía y seguridad, reduciéndose así la posibilidad de que los celos tomen protagonismo en la relación.

Por último decir que los celos patológicos generan en la persona un gran sufrimiento, no obstante en un gran número de ocasiones la persona celosa no admite ese problema, proyectándolo en su pareja, o bien no queriéndole dar importancia al tema. Desde la dificultad de aceptar ese problema, es muy improbable que la persona tome acción para resolverlo. 

Por este motivo las personas del entorno, como la pareja, familiares o amigos adoptan un papel muy importante en hacerle ver a la persona celosa las consecuencias que tiene para él vivir desde la inseguridad y la desconfianza que despiertan los celos. Obviamente no se trata de responsabilizarse de su problema, ni tampoco de tomar ninguna decisión por él, pues la última palabra la tiene la persona celosa, simplemente de hacerle de espejo para que tome conciencia de la magnitud de su problema y así se decida a buscar ayuda.

Si quieres saber más sobre los celos, aquí te dejo otro de mis artículos sobre este tema:

Como gestionar los celos





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