Piel con piel


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Hace unos días leí una entrevista con el Doctor Nils Bergman, un experto en neurociencia perinatal. El título de la entrevista era el siguiente: “Los mil primeros minutos de vida determinan la existencia”. Según el Dr. Bergman durante estas primeras horas de vida  el contacto del bebé con la madre es de vital importancia para su desarrollo emocional y cognitivo. Separar al bebé de su madre después del parto y durante las primeras horas de vida crea un estrés tóxico en el bebé que produce cambios hormonales, metabólicos y cognitivos que pueden afectar a su salud y condicionar la duración y calidad de su vida.

Un claro ejemplo lo encontramos en los bebés prematuros, los cuáles son separados de sus madres y puestos en una incubadora. En este estado el bebé percibe el mundo como un lugar difícil e inseguro en el que debe permanecer en constante alerta. Mientras que su ADN espera el contacto con la piel de la madre, su olor corporal y su mirada lo que se encuentra es un ambiente totalmente opuesto, un ambiente frío y hostil. Ante esta situación el bebé reacciona cambiando su metabolismo y se pone en alerta, activándose la hormona del cortisol, también denominada hormona del estrés. Esta hormona eleva el estrés y la presión en el niño, movilizando las reservas de energía y produciendo un desgaste que incide negativamente en la expectativa de vida del bebé.

Cuando el bebé encuentra un ambiente seguro, donde recibe el calor, la mirada y el contacto de la madre, se activa el denominado circuito de la oxitocina. La oxitocina es una hormona que produce una sensación de seguridad y confianza en el bebé. El contacto piel con piel favorece que se consoliden las conexiones neuronales del cerebro del bebé, conectando el cerebro emocional con el cerebro social. Asimismo este contacto produce un efecto beneficioso en el vínculo que establece la madre con su hijo, favoreciendo también las conexiones neuronales de la madre y la adaptación del bebé a la lactancia materna. A largo plazo el contacto piel con piel también favorece al niño una vez éste se hace mayor. Niños separados prematuramente de la madre y aislados de ella los primeros días de vida son más proclives a sufrir problemas de ansiedad, depresión o inestabilidad emocional en el futuro.

El Dr. Bergman estuvo varios años comprobando la eficacia de este método en África donde los niños no disponían de incubadoras y eran puestos en contacto directo con la madre. Aunque muchos médicos dudaban de su eficacia el  porcentaje de bebés que sobrevivían superaba ampliamente las expectativas de estos profesionales.

Personalmente estoy de acuerdo con la teoría del Dr. Bergman, no obstante yo también considero de gran relevancia el antes y el después de estos mil minutos. El antes me refiero a las condiciones en las que ha vivido el bebé durante su etapa intrauterina, así como el momento en que se produce el nacimiento. Si la madre ha vivido el embarazo con unos niveles de estrés importantes o desde una posición de rechazo hacía el hijo que espera seguramente el bebé también haya vivido esta situación de estrés y rechazo en su propia piel. Existen también otras situaciones que pueden afectar al bebé durante este período prenatal, como las vinculadas a adicciones que pueden afectar a la madre como drogas o alcohol. Todas ellas pueden incidir directamente y de forma negativa en el desarrollo posterior del bebé. Dentro de este período de influencia también es importante destacar los derivados de las intervenciones médicas que se realizan en el parto, los cuales también pueden suponer un trauma importante para el niño.

Lo que yo denomino después sería el periodo de vida hasta aproximadamente los tres años de edad.  El primer año de vida es fundamental en el desarrollo del cerebro del bebé, pues es cuando se establecen el mayor número de interconexiones neuronales de toda su vida. Si el niño recibe amor, afecto y cuidado por parte de los padres se fomenta la formación y estabilización de sus redes neuronales. Podríamos decir que a más amor y contacto más potencial de inteligencia en un futuro, no únicamente inteligencia cognitiva sino también emocional y social. En estos primeros años de vida es importante que los padres transmitan seguridad y acompañen a sus hijos en el proceso de crecimiento, haciéndoles ver que son respetados y apreciados. Es el denominado apego entre padres e hijos, el cual favorece un desarrollo social, emocional y cognitivo más fuerte en el niño, por lo que éste dispondrá de más recursos para enfrentarse a los obstáculos y las situaciones difíciles que se le puedan presentar durante su vida.

Personalmente considero que si en estas primeras etapas tan vulnerables de la vida hubiese una mayor conciencia y respeto por el desarrollo humano, seguramente los servicios de psicoterapia no serían tan necesarios como lo son en la actualidad. Tomando una conocida frase de Evânia Reichert, una reconocida psicoterapeuta familiar, “La paz en el mundo empieza en el vientre materno”, a la que yo añadiría, “La paz en el mundo y con nosotros mismos empieza en el vientre materno”.

Para terminar os dejo un video del Dr.Bergman el cual habla sobre la vulnerabilidad en estas primeras etapas de la vida:






Leslie Beebe
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Pensar y pensar


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Intente imponerse la tarea de no pensar en un oso polar y verá al maldito animal a cada minuto”.

Estas palabras son del escritor ruso Fiodor Dostoievsky y pertenecen a su obra “Notas de invierno sobre impresiones de verano”. Un siglo más tarde el Doctor Daniel Wegner, un investigador de la Universidad de Harvard, utilizó dichas palabras para llevar a cabo un experimento relacionado con la supresión del pensamiento. El Dr. Wegner pidió a los participantes en el experimento que pensasen conscientemente en lo que quisieran durante cinco minutos, con la única condición de no pensar en un oso polar. Cada vez que visualizasen en su pensamiento al oso debían tocar una campana. El resultado fue que la mayoría de los participantes pensaron en el oso polar más de una vez por minuto.

Posteriormente se pidió al grupo que había realizado el experimento que pensase de forma consciente en el oso polar. Paralelamente se dio a un segundo grupo, que no había participado en la primera parte del experimento, la misma consigna. El resultado obtenido fue claro; los participantes del primer grupo pensaron muchas más veces en el oso polar que los del segundo grupo.

Este experimento nos pone de manifiesto la imposibilidad de controlar nuestros pensamientos. Cuanto más intentamos evitar un pensamiento más se repite en nuestra conciencia, provocando de esta forma un efecto contrario al esperado. La explicación es la siguiente; al emitir la orden de no pensar en algo una parte de nuestro cerebro se focaliza en evitar tal pensamiento. No obstante otra parte se encarga de comprobar periódicamente que estamos siguiendo las órdenes que se nos han dado y por tanto que el pensamiento no salga a la luz, paradójicamente volviendo a hacer consciente el pensamiento en nuestra mente. En este sentido estudios similares se realizaron con personas que querían dejar de fumar, las personas a las que se les asignaba la consigna de no pensar en el hábito eran más proclives a fracasar en su intento que el resto.

Generalmente la mayoría de nosotros no nos quedamos enganchados con la imagen de un oso polar en nuestra mente. No obstante sí que lo hacemos con ideas que se repiten en nuestra mente y que no nos resultan tan inofensivas como la idea del oso. Todas estas ideas, a las que denominamos como pensamiento obsesivo, suelen tener connotaciones negativas para nuestra persona; pensamientos de impotencia sobre nosotros mismos, recuerdos dolorosos, futurizaciones negativas, frustraciones, desvalorización propia y tantos otros pensamientos que nos generan malestar y sufrimiento y que pueden provocar problemas de salud como la ansiedad y el insomnio. Si estos problemas permanecen en el tiempo pueden desembocar en problemas más graves de salud como el Transtorno Obsesivo Compulsivo (TOC).

El pensamiento obsesivo es un pensamiento excesivo que suele surgir de una pequeña idea o problema y que nosotros vamos alimentando con ideas negativas, con un mayor o menor denominador común, pero que acaban por expandirse y ocupar la mayor parte de nuestro tiempo y nuestro pensamiento.
El resultado no cabe decirlo es agotador, pues nos demanda una gran cantidad de energía y por tanto nos limita el resto de actividades de nuestra vida.

¿Qué podemos hacer pues para no engancharnos a este tipo de pensamientos?. La respuesta no pasa por querer controlar nuestro pensamiento a través de mecanismos como la evitación o la represión, pues como hemos visto el control tiene un efecto contrario al esperado. 

En mi opinión la clave es adoptar una actitud de observación, parecida a la adoptada por los practicantes del Zazen (meditación Zen). El Zazen defiende el libre fluir de los pensamientos y el no quedarse enganchado a ellos durante la practica de la meditación. La actitud que adoptamos ante los pensamientos repetitivos sería la de dejárlos pasar en nuestra mente sin detenernos en ellos, permitiendo que aparezcan y se marchen, como si nosotros fuésemos un simple observador externo. Una actitud que obviamente no se consigue de la noche a la mañana, pero que si se cultiva y practica da sus resultados con el tiempo. A parte de la practica regular de la meditación y los estados de relajación también podemos adoptar otras técnicas que nos permitan gestionar de una forma más eficiente este tipo de pensamientos, aquí os dejo algunas de ellas:



Si sientes que el pensamiento te controla, la terapia puede ayudarte. Infórmate sin compromiso. 645 36 87 14 / lesbcn13@gmail.com

Cuando sentimos que el pensamiento obsesivo aparece en nuestra mente colocar un “cortafuegos” que rompa con la dinámica repetitiva. Por ejemplo ponernos a escribir sobre lo que sentimos (no lo que pensamos) y sobre como está nuestro cuerpo en ese momento. Esta maniobra de distracción permite fijar nuestra atención en otro punto y no alimentar al pensamiento. 

Otra fórmula ante la aparición del pensamiento obsesivo es darnos unos instantes para preguntarnos si está en nuestras manos resolver esta problemática, o bien si dicho pensamiento hace referencia a un factor externo sobre el cual nosotros no tenemos control. Como dice un proverbio chino; “Si tienes un problema que no tiene solución ¿Para qué te preocupas? Y si tiene solución ¿Para qué te preocupas?”. Asimismo trata de hacerte las siguientes preguntas; “¿Si realmente sucede esta situación que me preocupa, qué es lo peor que puede pasarme, y si es así qué voy a hacer al respecto?, ¿Vale la pena que dedique tanto esfuerzo en pensar en ello?, ¿Pensar más en ello me ayuda realmente a solucionar la situación o bien me estresa más?. Por norma general cuando aparece el pensamiento obsesivo uno tiende a retroalimentarlo y termina creando una situación más grande de la que es en realidad.

También es importante que trates de reservar tiempo para ti durante el día para realizar actividades que te generen placer; escuchar música, quedar con amigos, realizar ejercicio físico, etc… de esta forma la mente se mantendrá ocupada en otras cosas.

Si sientes que los pensamientos obsesivos dificultan tu día a día, te generan malestar y percibes que estás perdiendo calidad de vida, quizás sea un buen momento para consultar con un profesional de la terapia para ayudarte a salir de esta situación.

Leslie Beebe
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La Gestión de mis Emociones

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Sufres de habituales dolores de cabeza?, tensión en las cervicales?, dolor de estómago?. No te preocupes, seguramente no padeces ninguna enfermedad grave, simplemente son síntomas relacionados con la gestión inadecuada de tus emociones.

Las emociones son reacciones instintivas que nos permiten actuar ante situaciones y circunstancias que suceden en nuestro entorno. Las emociones nos informan de lo que sucede en un momento determinado y nos dan la energía para actuar en cada situación; por ejemplo contactamos con la ira cuando alguien traspasa nuestros límites o con la tristeza cuando hemos perdido a un ser querido. La palabra emoción proviene del latín “emotio” que significa “impulso, movimiento”. Por tanto cuando reprimimos nuestras emociones o bien hacemos una mala gestión de ellas, en cierta forma estamos actuando en contra de su naturaleza.

La pregunta que debemos responder es; ¿por qué nos cuesta tanto gestionar de una forma saludable nuestras emociones?. En mi opinión la respuesta tiene mucho que ver con la educación que recibimos desde pequeños. En la infancia se nos enseña a juzgar lo que sentimos, a distinguir entre emociones “buenas” (per ejemplo la alegría, la felicidad) y emociones “malas” (por ejemplo la tristeza, la ira). Esta  enseñanza viene acompañada de toda una serie de mandatos familiares que se nos introyecta desde pequeños en forma de mensajes del tipo; “los niños grandes no lloran”, “muéstrate simpático, no me hagas quedar mal”, “mejor callar”, etc… Todas ellos refuerzan la convicción en el niño que debe evitar las emociones “malas” si quiere ser querido y aceptado por las figuras de autoridad.

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Llegamos a la edad adulta con la convicción errónea de que si controlamos las emociones “malas” para que no salgan a la luz éstas desaparecerán por arte de magia. La verdad es que si tratamos de controlar emociones como el miedo, la rabia o la tristeza lo único que ocurre es que cuando la emoción encuentra su vía de expresión lo hace de una forma inadecuada, desmesurada y en la mayoría de casos más dañina para nosotros. Cuanta más energía invertimos en controlar la emoción más daño nos hacemos a nosotros mismos, pues nos estamos negando una parte muy importante de nosotros mismos que es la libertad de expresar lo que sentimos. Debemos entender la emoción en términos de energía, la cual ni se crea ni se destruye. Por tanto si impedimos la expresión de nuestras emociones éstas encontrarán su propia vía de salida transformándose en una gran variedad de molestias corporales.

Si quieres saber más sobre como gestionar tus emociones, llámame y te comento sin compromiso. 645 36 87 14 /lesbcn13@gmail.com

¿Cúal es por tanto la clave para gestionar de forma saludable nuestras emociones?. La respuesta es que en vez de negarlas, reprimirlas o bien intentar desconectar de ellas deberíamos atenderlas, tomar conciencia de cúal es su mensaje y darles espacio para su expresión. Esto no significa que si te molestas con alguien le hagas daño, simplemente que atiendas al mensaje que trae consigo tu emoción. Con el objetivo de gestionar de una forma más saludable tus emociones puedes seguir lo que en TerapiaGestalt denominamos como el ciclo de satisfacción de necesidades, el cual básicamente consiste en los siguientes pasos:

1- Sensación- Reconocer la sensación corporal que tenemos en nuestro cuerpo. Por ejemplo tensión en la mandíbula, nudo en la garganta,etc….

2- Conciencia- Identificamos a través de la conciencia la emoción que se esconde detrás de la sensación. Por ejemplo me doy cuenta que el nudo en la garganta es la necesidad que tengo de llorar la pérdida de un ser querido. En caso de no saberlo tampoco pasa nada, simplemente nos la dejamos sentir, intentando no juzgarla ni censurarla.

3-Energetización-En caso de saber el nombre de la emoción la nombramos y tomamos conciencia de como se encuentra nuestro cuerpo y nuestra respiración. Aunque esta toma de conciencia no sea agradable es importante no inhibirla, ni juzgarla.

4-Acción- La movilización de los sentidos y el movimiento muscular hacía el encuentro de aquello con lo que hemos de contactar. Aunque sintamos la incomodidad percibimos nuestra capacidad de poder gestionar la emoción de forma eficaz.

5-Contacto- El encuentro que implica la resolución de la acción iniciada, en el ejemplo expuesto la liberación de la tristeza a través del llanto. En caso de no poder realizar el contacto en ese momento es importante buscar algún elemento sustitutivo, por ejemplo en caso de estar molesto con alguien y no tener a la persona presente podemos buscar una vía alternativa como escribir lo que sentimos hacía ésta. O bien en caso de sentir ira hacerlo de una forma que no nos dañemos a nosotros ni a otra persona como puede ser canalizarla a través del ejercicio físico.

6-Retirada- Importante no quedarse enganchado en la emoción y dejar que pase, así como percibir el sentimiento de satisfacción y bienestar al haber realizado el contacto.

Leslie Beebe
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Terapia Gestalt y Crisis Personal




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Desde la mitad de la vida hacía adelante solo permanece vital aquel que esté preparado a morir con vida”

Estas palabras pertenecen al reconocido psiquiatra Carl Jung para referirse a lo que él denominó como “crisis de mediana edad” y la necesidad del individuo de cerrar etapas pasadas y encarar con serenidad el futuro.
Según Jung el individuo pasa principalmente  por dos períodos de crisis en su vida, una se produce en “la mañana de la vida”, es decir en la adolescencia y la otra en “el atardecer de la vida” o mediana edad.
Para Jung las crisis vividas por el adolescente son producto de circunstancias externas al individuo, las cuales presionan a la persona para que se adapte a unas determinadas exigencias sociales y culturales que le rodean. Es una época de formación, autoafirmación y transición entre la infancia y la madurez, donde el niño que fue en el pasado empieza a vislumbrar todas las exigencias que le conlleva adaptarse al mundo del adulto.

La segunda de las crisis es la que sucede en la mediana edad, es decir en el periodo que va de los 35 a los 50 años aproximadamente y a la que haré referencia en este artículo.
Esta segunda crisis suele venir acompañada de preguntas con un fuerte carácter existencial del tipo; “cúal es el sentido de mi vida?”, “qué haré con mi vida?”, “existe vida después de la muerte?”, “para qué vivo?”, etc… Preguntas que traen a la conciencia del individuo conceptos como la mortalidad y la finitud del ser humano, así como la imposibilidad de retroceder en el tiempo.


Para Jung esta segunda crisis se vincula con circunstancias internas que han sido ignoradas hasta el momento por la persona y que ahora emergen en la conciencia, muchas veces a través de sueños. En este punto surge en el individuo una necesidad de descubrir y encarar el sentido de la propia existencia. Es una etapa en que el individuo empieza a preguntarse qué ha hecho con su vida hasta el momento, quién es él, hacía dónde va y lo más importante hacía donde quiere ir realmente. Son momentos en que la persona toma conciencia de que quizás no ha vivido su propia vida, sino la que otros querían que viviese. Una vida vivida desde el “yo debo” en detrimento del “yo quiero”.

La aparición de esta crisis genera multitud de reacciones; hay personas que no aceptan el paso del tiempo y que desean volver a los tiempos de juventud, por lo que adoptan actitudes juveniles y empiezan a vestirse de nuevo como cuando tenían 20 años. Otros sienten que deben huir, romper con todo, lo que se manifiesta en separaciones y divorcios en busca de nuevos principios que les hagan sentir jóvenes de nuevo y les llene su vacío. Otras personas quedan sumidas en una apatía o desgana general, incluso en casos más graves caen en una depresión.

Independientemente de la reacción que la persona adopte ante la crisis es indudable que genera un estado de inquietud, de falta de recursos, de vacío, donde la persona siente que no sabe hacía donde ir ni que hacer. Es como si hubiese llegado a un cruce de caminos y no supiese el camino que quiere tomar. Ante esta incertidumbre iniciar un proceso de Terapia Gestalt es cuando tiene un mayor sentido.



Si quieres saber más sobre la Terapia Gestalt, contacta conmigo sin compromiso 645 36 87 14 /lesbcn13@gmail.com


La Terapia Gestalt acompaña a la persona en este momento de vacío y duda con el objetivo de que tome conciencia de cúal es el camino por el que desea transitar a partir de ahora. El proceso terapéutico favorece a que a partir del momento presente la persona tome sus decisiones desde la conciencia personal, desde aquello que realmente necesita y desea, no como una actitud reactiva o de huida frente al momento de crisis que está viviendo.

La Terapia Gestalt favorece a que la persona se enfoque en el presente a través de preguntas constructivas del tipo“qué quiero que pase a partir de ahora?” y abandone actitudes melancólicas y de sufrimiento con preguntas del tipo “por qué me ha pasado esto a mi?”.
Como Terapeuta Gestalt  siento que uno de los principales objetivos de la terapia es favorecer a que la persona contacte con sus necesidades y sus deseos más genuinos, favoreciendo así la libertad de ser que habita en cada uno de nosotros. 


Leslie Beebe
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La Respiración Consciente





Una de las técnicas que utilizo habitualmente con la persona que acude a terapia es que tome conciencia de cómo está su respiración.

Aunque la respiración es una función vital para el organismo también es la gran olvidada por la mayoría de nosotros. En cierta forma es lógico pues la respiración es un acto inconsciente, no obstante por norma general, los adultos tenemos nuestros patrones respiratorios perturbados. Esto es debido a toda una serie de tensiones musculares crónicas que progresivamente han ido limitando nuestra capacidad respiratoria. Estas tensiones proceden en su mayoría de conflictos emocionales, traumas y situaciones no resueltas vividas a lo largo de nuestra vida.

Debido a todas estas tensiones perdemos el ritmo natural de la respiración y poco a poco vamos bloqueando nuestra capacidad respiratoria, haciéndola cada vez más superficial y limitada. La respiración pasa a ser unicamente torácica y el ritmo inhalación-exhalación queda perturbado. Estos bloqueos tienen efectos negativos en nuestro potencial energético tanto a nivel físico, como a nivel mental y emocional. Los síntomas de esta perdida de energía pueden ser diversos; mareos, estrés, cansancio, mal humor, nervios, etc…

Mi objetivo al hacer a la persona consciente de su respiración es que tome conciencia de cómo de alterada está esa función en su organismo. Las respuestas ante este ejercicio son diversas; me encuentro con personas que al tomar conciencia de su respiración lo describen como una sensación extraña, otros son conscientes que su respiración es totalmente torácica y que el aire no llega al abdomen, otros simplemente se angustian al tomar conciencia de cómo respiran. Una vez invito al paciente a respirar de una forma saludable, es decir lo acompaño a que inspire y expire de forma profunda y natural, los cambios no tardan en producirse.

Una correcta respiración nos aporta calma y bienestar y nos abre las puertas de una nueva percepción sobre nosotros  mismos y la realidad en la que vivimos. Permite que la persona abandone su discurso mental y se centre en su cuerpo y en las emociones que van surgiendo.

Es lo que en Terapia Gestalt denominamos como ampliar nuestra conciencia o nuestro darse cuenta. Esta acción nos permite centrarnos únicamente en el presente, en el aquí y ahora, para así dejar de lado nuestra tendencia a futurizar o bien a quedarnos anclados en tiempos pasados.

Para la persona que acude a terapia esta ampliación de conciencia le ayuda a ver su vida de una forma más clara. Le permite ser consciente de que aspectos de su vida no acaban de funcionar o no van bien y por tanto desearía cambiar. Asimismo le pone en contacto con todos aquellos asuntos pendientes que arrastra consigo y que le generan malestar.

Tradicionalmente el bloqueo de la respiración ha sido un mecanismo de defensa más que el hombre ha utilizado para no contactar con aquello que le produce dolor. Paradójicamente la evitación no conduce a aliviar el dolor, sino todo lo contrario al perpetuar y hacer aumentar el sufrimiento en la persona.

De esta forma el contacto con la herida se presenta como la única alternativa de sanación para acabar con el sufrimiento que ésta conlleva. Como popularmente se dice “ poder pasar página”.

Una vez se revive la situación traumática en terapia es posible liberar el bloqueo energético y la persona puede abrirse a aquello que le provoca sufrimiento y malestar en su vida. A partir de este punto empieza el proceso de reparación pues la persona es capaz de empezar a cerrar los asuntos pendientes a los que estaba enganchado (lo que en Terapia Gestalt denominamos como Gestalt inconclusa) y así seguir con su vida de una forma más saludable.

Si quieres saber más sobre la Terapia Gestalt, puedes contactar conmigo sin compromiso. 645 368 7 14 /  lesbcn13@gmail.com

A continuación os dejo con un ejercicio para trabajar con la respiración que os permitirá dormir de forma relajada y despertaros con energía para el día siguiente:

“Al ir a dormir tumbarse boca arriba con una mano en el vientre. Inspirar profundamente hasta que el aire llegue a la zona abdominal, podreis comprobar que el aire llega hasta la zona abdominal porqué el vientre se mueve. Mientras inspiráis contad hasta 6. Aguantar el aire en vuestro interior mientras contáis hasta 3. Después expirar el aire mientras contáis hasta 9.  Haced este ejercicio  durante unos dias 10 minutos antes de dormir y veréis los resultados!.”


Leslie Beebe.
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Terapia Gestalt y Psicoanálisis




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El fundador de la TerapiaGestalt, el doctor Fritz Perls, desarrolló un tipo de psicoterapia que muchos consideran opuesta al Psicoanálisis. Aunque ambas difieren en muchos puntos no hemos de olvidar que el propio Perls tuvo una formación psicoanalítica, hasta el punto que llegó a fundar el Instituto Sudafricano de Psicoanálisis en la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando la doctrina freudiana era perseguida por el régimen nazi.

No obstante la frialdad y el no reconocimiento con el que Freud trató las ideas Perlsianas suposo la ruptura de Fritz Perls con la teoría psicoanalítica. Podemos considerar este hecho un punto favorable a la filosofía de la Terapia Gestalt, pues fue a partir de esta ruptura cuando Perls empezó a cuestionar muchos de los preceptos psicoanalíticos, lo que le permitió desarrollar sus propias ideas y encontrar su camino.
Las dos corrientes terapéuticas presentan aspectos teóricos y prácticos distintos, a continuación enumero algunas de las diferencias más notables:

La Terapia Gestalt apuesta por el trabajo en el presente, en lo que le sucede al paciente en el aquí y ahora. El objetivo es que el paciente experimente y se dé cuenta en la sesión terapéutica de la forma cómo se bloquea en su vida diaria. A diferencia del Psicoanálisis, la Terapia Gestalt no se centra en buscar traumas infantiles del pasado e indagar en ellos. El terapeuta Gestalt trabaja con lo obvio, con aquello que el paciente muestra, pero también con aquello que no muestra. El trabajo del terapeuta consiste en estar atento al paciente en su totalidad, es decir no únicamente escuchar  lo que dice, sino también estar atento a sus gestos, a su posición corporal, a su tono de voz… en definitiva a todo lo que está pasando en la relación terapéutica presente. Es lo que en la Terapia Gestalt se denomina como Escucha Fenomenológica, la cual se diferencia ampliamente de la Técnica de Asociación Libre practicada por el Psicoanálisis.

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Si crees que la Terapia Gestalt puede ser de tu interés, llámame sin compromiso. 645 36 87 14 / lesbcn13@gmail.com


El trabajo en la sesión terapéutica es diferente en las dos corrientes; mientras que el Psicoanálisis se centra en el aspecto mental del individuo, olvidando de esta forma el cuerpo, la Terapia Gestalt es una terapia holística, lo que significa que percibe a la persona como un todo, donde cuerpo y mente se integran como dos conceptos que se complementan entre si.

El origen de la neurosis es un punto que también diferencia a las dos terapias. Mientras que para Freud la neurosis (conflicto individuo-medio) tiene su origen en la represión de los instintos sexuales y en los deseos sexuales prohibidos, para Perls el origen se encuentra principalmente en toda una serie de asuntos no concluidos o como Perls lo denominaba Gestalts incompletas. Se denomina Gestalts incompletas a todas aquellas necesidades interrumpidas y no satisfechas en la relación individuo-medio. Esto  supone que la persona vuelve periódicamente a enfrentarse a sus” asuntos no resueltos”, tropezando con la misma piedra una y otra vez. La Terapia Gestalt permite que la persona tome conciencia de sus asuntos no concluídos y encuentre la forma de cerrarlos para así poder seguir adelante con su vida de una forma más saludable y menos neurótica.

Perls criticaba el método Freudiano de buscar las causas de los problemas en traumas infantiles. Para Perls el trauma es una herramienta que el paciente utiliza como justificación para no tomar responsabilidad de su vida, cosa que agrava aún más su estado neurótico.

La resistencia del paciente en la sesión también es vista desde puntos de vista diferentes. Mientras que para el Psicoanálisis es un aspecto a derribar y suprimir, para la Terapia Gestalt es una fuerza creativa y movilizadora. Por tanto el objetivo gestáltico es convertir dicha resistencia en asistencia, favoreciendo el proceso personal del paciente.

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Por último es importante destacar el cambio que se produce en la relación terapeuta-paciente entre las dos terapias. Mientras que en el Psicoanálisis el terapeuta se posiciona en una posición de superioridad ante el paciente, adoptando el rol de la persona que sabe, en la Terapia Gestalt el terapeuta se sitúa como un simple facilitador terapéutico. El terapeuta gestáltico no aconseja al paciente lo que debe o no debe hacer, simplemente guía al paciente para que el mismo encuentre su camino.

La relación terapéutica en la Terapia Gestalt se vuelve también más cercana. Se abandona el diván y se substituye por dos sillas una frente la otra donde paciente y terapeuta pueden encontrar sus miradas. De esta forma la sesión gestáltica se convierte en un punto de encuentro en el cual tanto paciente como terapeuta pueden aprender de la experiencia.

Como hemos visto las diferencias entre ambas corrientes terapéuticas son considerables, no obstante si que coinciden en su objetivo principal; el que la persona pueda resolver sus conflictos y encontrar el equilibrio en su vida. Es indiferente como el paciente llegue a la consulta, ya sea neurótico, con ansiedad o deprimido, el objetivo común en ambas doctrínas es que recupere su salud y el bienestar perdido.

Leslie Beebe.
Terapia Gestalt y Life Coaching Barcelona


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