Consejos para reducir la ansiedad

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En este inicio de 2015 es un buen momento para tomar nota de unos consejos para reducir la ansiedad. El principal objetivo es tomarnos la vida de una forma diferente, menos estresada. Para ello es importante la voluntad de parar y conectar con nosotros mismos, con el objetivo de tomar conciencia de cuáles son nuestras necesidades y las acciones oportunas para satisfacerlas. También para conocer donde estamos en el presente y hacía dónde queremos dirigir nuestros pasos este próximo año. Para conseguir esta conexión con nuestra persona es importante evitar estar tan pendientes de cumplir con las exigencias y presiones, tanto las que derivan de nosotros mismos, como aquellas procedentes del entorno. El objetivo es darnos un espacio y un tiempo a nosotros mismos, que nos permita conectar con lo que nos pasa en el momento presente. Como decía el psiquiatra F.Perls, fundador de la Terapia Gestalt: “Deja tu mente y vuelve a tus sentidos”.

Si nos dejamos llevar por las exigencias, los juicios, el enganche en el futuro o en el pasado y las presiones, podemos caer en una espiral neurótica que nos aleja cada vez más de nosotros mismos. Este hecho puede derivar en diversos tipos de malestar, uno de ellos puede ser la ansiedad. La ansiedad puede reflejarse en multitud de síntomas como nerviosismo, cansancio, dificultad para concentrarnos, irritabilidad, tensión corporal e insomnio, entre otros, los cuales perjudican nuestra calidad de vida. Con el objetivo de reducir vuestros niveles de ansiedad, aquí os dejo unos consejos útiles que os pueden ayudar en vuestro día a día:

Reserva unos momentos durante el día para estar en contacto contigo mismo. Deja por un momento de estar pendiente de la multitud de pensamientos que invaden tu mente y céntrate en tu respiración y en tu cuerpo. Pregúntate qué es lo que necesitas, qué quieres hacer en este momento, en vez de que es lo que deberías estar haciendo.

Duerme lo suficiente y aliméntate bien. Es importante que duermas las horas suficientes y no tengas la mente concentrada en trabajo o en obligaciones los momentos previos a acostarte. Lleva una alimentación equilibrada y un orden en las comidas, evita tomar bebidas estimulantes las horas previas al descanso y reduce el consumo de alcohol y tabaco. Todas ellas son buenas prácticas que contribuyen a reducir los niveles de ansiedad.

Es importante que mantengas un equilibrio entre el contacto con el mundo y la retirada para estar contigo mismo. Aunque es importante conectar con otras personas y hacer actividades sociales, también lo es reservar un tiempo para estar en contacto contigo mismo y dedicarlo a tu persona.

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El contacto con la naturaleza y la práctica regular de algún deporte son también muy beneficiosos para mantener nuestro bienestar. El contacto con la naturaleza nos ayuda a estar conectados con la tierra y con nuestro cuerpo. El aire puro oxigena nuestra sangre y nos provoca una sensación de paz y relajación. El ejercicio físico nos ayuda a estar en forma y contribuye a liberar endorfinas en el organismo, las cuales nos aportan una agradable sensación de bienestar.

Intenta llevar una agenda realista. Planea el día y no intentes hacer más actividades de las posibles. Prioriza tus obligaciones. No te agobies con exigencias y responsabilidades imposibles de cumplir en un mismo día, o bien con problemas que no están a tu alcance de poder ser solucionados.

Cuando sientas que te invade la ansiedad toma nota de los pensamientos que han originado esta sensación. Por norma general son pensamientos negativos e incluso muchas veces irracionales que nos llevan a sentirnos así. Si podemos cambiar dichos pensamientos por otros más positivos favorecemos a controlar los niveles de ansiedad.  

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Estos simples consejos pueden ser de gran ayuda para llevar una vida menos estresada y mejorar nuestra calidad de vida. No obstante si los síntomas propios de la ansiedad se generalizan y mantienen en el tiempo, o bien llegan a niveles elevados, como puede ser un trastorno de ansiedad generalizada, o bien un ataque de ansiedad, es importante acudir a un profesional para que nos acompañe y ayude a salir de esta difícil situación.

Leslie Beebe
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Terapia con sueños

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El hombre siempre ha deseado conocer el significado de sus sueños y el papel que éstos ejercen en su vida. En la cultura griega los sueños eran considerados como mensajes que los dioses enviaban a los mortales para guiarlos en su vida diaria. Los griegos acudían al templo de Delfos con la finalidad que el oráculo les interpretase el significado de sus sueños y les indicara qué camino debían tomar.

A principios del siglo XX, con la publicación de la obra “La interpretación de los sueños” de Freud y su teoría del inconsciente, los sueños pasan a tener una gran relevancia en la sesión de terapia. Para Freud los sueños son mensajes enviados por el inconsciente a nuestra parte consciente, relacionados mayoritariamente con deseos sexuales instintivos que han sido reprimidos o bien no satisfechos. Como Freud argumenta: “Los sueños son la manifestación oculta de un deseo”.
No obstante según Freud el mensaje de los sueños no es directo, sino que se encuentra censurado por nuestro consciente, el cual codifica el mensaje a partir de imágenes más aceptables para la conciencia del soñante, a la vez que le protege de un súbito despertar. La función del terapeuta es ayudar al paciente a interpretar todas estas imágenes oníricas y descodificarlas, a través del método terapéutico de la asociación libre. Para Freud una vez la persona es capaz de descifrar el mensaje del sueño, y por tanto el material reprimido sale a la luz, se produce un cambio súbito en el individuo, como un click que favorece a que la persona se relacione de una forma más saludable con el suceso traumático.

Con Carl Jung y su Psicología Analítica los sueños pasan a tener una mayor relevancia si cabe, en el proceso terapéutico. Al igual que Freud, Jung considera que los sueños son mensajes procedentes de nuestro inconsciente, no obstante éstos no hacen referencia a traumas sexuales o instintos reprimidos, al menos no en su totalidad. Para Jung los sueños cumplen más con una función finalista, es decir la de guiar al soñante respecto a qué dirección debe tomar en su vida. Se aleja así de una perspectiva más causal, propia del Psicoanálisis, donde prevalece la reproducción del deseo insatisfecho, Mientras que para un analista freudiano la importancia recae en el porqué del sueño, el analista junguiano se pregunta para qué sirve o qué intención tiene el sueño.

Según la Psicología Analítica el inconsciente propone temas de trabajo a la persona a través de los sueños, los sueños funcionan como un estímulo para la creatividad y la creación, son asimismo una forma de auto regulación de la psique humana. Los sueños nos permiten saber más sobre uno mismo, es una forma de enriquecer y ampliar nuestro nivel de conciencia. A diferencia de Freud, Jung argumenta que el sueño no enmascara nada, simplemente las imágenes oníricas son el lenguaje que utiliza nuestro inconsciente para comunicarse y llegar a nuestra conciencia. Estas manifestaciones pueden hacer referencia a la historia personal de cada individuo o bien al inconsciente colectivo, a partir del cual unos mismos esquemas se repiten en todas las culturas a través de las diferentes sociedades y de la historia.

La Psicoterapia Gestalt tomó influencias de estas dos corrientes anteriormente citadas, sobretodo de Jung y su función finalista, no obstante la Gestalt pone más énfasis en el sueño como un mensaje existencial, sin dar tanta importancia a la diferenciación entre consciente-inconsciente. Para Fritz Perls el sueño cumple con dos objetivos fundamentales; el primero ser un mensaje existencial que tiene como finalidad que aprendamos sobre nosotros mismos. Existencial porque nos aporta información de gran relevancia sobre nuestras vidas (cómo vivimos, qué necesitamos, qué evitamos, a qué tememos, etc…). El segundo objetivo del sueño es la recuperación de aquellas partes alienadas de nuestra personalidad. Para Perls los elementos del sueño se presentan como proyecciones de nuestra personalidad, son partes de nosotros mismos y de nuestra historia que preferimos no ver en nosotros y que expulsamos de nuestra persona atribuyéndolas a elementos externos. El principal mecanismo de defensa utilizado en estos casos es la proyección. Este “Yo alienado” favorece un empobrecimiento de nuestra personalidad y a un mayor grado de neurosis. El objetivo del trabajo con sueños es que nos re-apropiemos de nuestra parte alienada y nos responsabilicemos de ella. Solo de esta forma podremos acercarnos a nuestra verdadera esencia personal. Como decía F.Perls;

“Creo que el sueño es realmente el camino regio hacía la integración de la personalidad, los sueños son los grandes informadores de lo que está pasando dentro de nosotros, descifrarlo y comprenderlo es tarea nuestra”.

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Si deseas conocer más sobre como los sueños pueden ayudarte en tu vida, no lo dudes, llámame o WhatsApp al 645 368 714 o bien escribe a lesbcn13@gmail.com

En Gestalt los objetivos del trabajo terapéutico con sueños los podríamos resumir en dos; el primero, facilitar que el soñante tome conciencia de cual es el mensaje del sueño, el segundo, posibilitar que reincorpore la experiencia alienada a su personalidad.

Por último es importante destacar que el Terapeuta Gestalt no trabaja los sueños desde una posición interpretativa, no los analiza. Con el objetivo que el soñante llegue a comprender el mensaje del sueño y su significado, se trabaja desde una perspectiva vivencial, trayendo el sueño al presente para volver a revivirlo. Es lo que en Gestalt se denomina reactualización del sueño. Asimismo el terapeuta no se posiciona como el interpretador de sueños, simplemente su rol es acompañar la persona para qué tome conciencia del mensaje por sí mismo.

El trabajo con sueños es una oportunidad única de conocer más sobre tu persona y sobre tu vida. Si te encuentras indeciso respecto a qué camino quieres tomar, conocer el significado de tus sueños puede ayudarte a tomar la decisión adecuada. Los sueños nos permiten tomar conciencia del punto en el que nos encontramos y hacía donde nos queremos dirigir.

Leslie Beebe
Terapia Gestalt y Life Coaching Barcelona


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carácter y destino

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“Un sirviente fue enviado por su amo a comprar provisiones en el mercado de Bagdad. Volvió de allí en un estado de gran agitación. Alguien de la multitud lo había empujado y al volverse vio que era la Muerte y que tenía un gesto amenazador. El sirviente rogó al amo que le diera un caballo para huir a Samarra y evitar su destino. El amo se lo dio, y el sirviente partió al galope. Luego el amo fue al mercado y también se encontró con la Muerte. Se acercó a ella y le preguntó por qué había amenazado a su sirviente. –“No lo hice-dijo la Muerte-. Levanté el brazo en un gesto de sorpresa al verlo aquí en Bagdad, pues tengo cita con él esta noche en Samarra”.”

Este relato de John O’Hara nos muestra como a veces por mucho que intentemos evitar un destino lo único que conseguimos es crear las condiciones favorables para que éste se acabe cumpliendo. Sería discutible si el destino de cada uno se encuentra escrito en alguna parte o no, algunos pensadores como Karl Marx o Spinoza defienden el papel del libre albedrío, mientras que otras culturas como la griega argumentan que el destino de cada persona estaría regulado por tres divinidades denominadas Moiras (imagen superior), que controlan el destino de cada persona; la primera hila, la segunda enrolla y la tercera corta el hilo de la vida.

Yo personalmente prefiero referirme al hecho de que las actitudes propias de nuestro carácter incitan a un proceder determinado que nos llevan a actuar de una forma u otra según la circunstancia. Pongamos un ejemplo de la vida cotidiana; aquella mujer que siempre se queja de que no consigue una pareja estable. Sin embargo cuando aparece un posible candidato siempre le encuentra algún defecto que frustra cualquier posible relación. De esta forma la actitud adoptada le lleva a vivir el futuro que ella más teme, la soledad. Otro ejemplo podría ser el de aquel hombre que por miedo al rechazo no se abre a los demás, se aísla de la gente y de esta forma refuerza su sentimiento de ser rechazado por los demás.

En ambos casos vemos como lo más temido es finalmente lo vivido por el individuo, como una auto profecía que se acaba cumpliendo. Ante estas situaciones quizás la pregunta a hacernos es por qué nos boicoteamos de esta forma a nosotros mismos impidiendo satisfacer nuestras necesidades. La respuesta no es única, pues depende de la historia personal de cada uno, por tanto de las experiencias y vivencias adquiridas en el entorno en el que ha vivido dicha persona. Sin embargo yo creo que todas tienen un factor que suele ser común que es el miedo a vivir por nosotros mismos y a mostrarnos tal y como somos. La mayoría de nosotros actuamos según un papel, una máscara, pues tememos que nuestra forma de ser no sea aprobada al ser vista como inaceptable o inadecuada por el resto de personas. Seguramente si indagamos en la historia personal de la mujer que nunca encuentra pareja nos encontraremos con una niña a la que en su entorno familiar se le decían frases del tipo; “ningún hombre te va a querer” o bien “si te muestras así nunca encontrarás un hombre” y tantas otras que alimentarían su sentimiento de inseguridad a mostrarse tal y como es. Como niña sus opciones eran pocas; o bien acataba los mandatos parentales, para así ser aceptada y querida, o bien no los aceptaba bajo la posible amenaza de perder el amor y cariño de sus padres.


Si deseas recuperar el control de tu vida y encontrar tu camino, no lo dudes, llámame o WhatsApp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso. Si lo prefieres escribe a lesbcn13@gmail.com

De esta forma la persona crece más pendiente de mostrarse como los otros esperan, esforzándose por cumplir todas estas expectativas, que de dejarse la libertad de ser. Con los años la máscara pasa a formar parte de uno mismo mientras que la espontaneidad y la autenticidad de ser van quedando en un segundo plano. Cuando estamos más pendientes de cumplir con el papel y de ser aceptados por el mundo que de dejarnos ser caemos en la trampa de estar rechazándonos a nosotros mismos.
En el momento en que nos damos la libertad de parar y escucharnos podemos ser capaces de ir rascando esta capa superficial, que es la máscara, para llegar a nuestra autenticidad. No es un acto espontáneo ni una iluminación, pues suele requerir un trabajo personal que lleva su tiempo. La terapia es un proceso que facilita este camino, como una muleta que ayuda en los primeros pasos para que poco a poco la persona gane en auto confianza y se aventure a ir viviendo su propia vida.

Leslie Beebe
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Terapia Gestalt y Carácter




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La palabra "carácter" es habitual en las sesiones de Terapia Gestalt. La definición de carácter varía en función de la situación y el lugar en que dicho término es utilizado. Podemos estar hablando del “carácter hispano”, como un conjunto de cualidades psíquicas y afectivas comunes a un determinado pueblo, o bien de “una mujer con carácter” haciendo referencia a una mujer firme y enérgica en su forma de proceder.
No obstante en el mundo de la psicología (y yo personalmente como terapeuta gestalt) prefiero referirme al carácter como nuestro modo de funcionar en el mundo; es decir como nos relacionamos con el mundo y el resto de personas, pero también la forma como establecemos las relaciones con nosotros mismos.

La pregunta que podemos plantearnos es;  “el carácter es una condición innata del ser humano o bien se forma durante los años de vida?”. La respuesta que yo daría es que ambas son ciertas y por tanto no se puede rechazar ninguna de ellas. Si bien nacemos con unas cualidades innatas,  presentes en nuestros genes por herencia familiar, los primeros 7-8 años de vida son básicos en la formación y desarrollo de nuestro carácter. De hecho está comprobado científicamente que la formación del carácter empieza antes, en la etapa intrauterina, cuando el niño aún es un feto y recibe los estímulos procedentes de la madre.  

Definimos carácter pues como una estructura defensiva, una forma de adaptarse al medio del niño que llevamos dentro. El niño llega al mundo con un instinto básico que es el de placer (Sigmund Freud lo denominó como Principio de Placer del Ello), aunque personalmente me gusta más denominarlo como el Principio de Satisfacción de Necesidades Básicas, nutrición y afecto, principalmente.  El recién nacido llega al nuevo mundo en un estado de vulnerabilidad máxima, abierto por completo a las nuevas experiencias de la vida. No obstante aunque tenga los mejores padres , que le quieran y le nutran, el niño pronto se da cuenta que cuando demanda amor de sus padres  éste no es siempre correspondido, y que cuando demanda comer o tiene sed tampoco sus demandas son siempre atendidas de inmediato. Empieza de esta forma a sentir emociones que le son incómodas; en una palabra, frustración, la cual deriva en un sentimiento desagradable para el niño como es el dolor. La reacción del niño ante tal frustración es la de desarrollar todo una serie de mecanismos de defensa para impedir el dolor que está sintiendo y volver así a recuperar su estado de bienestar.

Los mecanismos defensivos adoptados en esta primera etapa de la vida (desde el nacimiento hasta aproximadamente los 7-8 años de edad) definirán en gran medida el futuro carácter de la persona. Dependerá de que etapa del desarrollo haya sido más marcada para el niño durante estos primeros años lo que condicionará el tipo de carácter, así como el mecanismo de defensa característico del niño.
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Los mecanismos de defensa no son malos en sí, sino que en su justa medida son necesarios para que toda persona interactúe con el entorno en el que vive. No obstante cuando estos mecanismos de defensa se vuelven crónicos, es decir que no los utilizamos a nuestra voluntad, sino que son los mecanismos los que nos impulsan a repetir de forma compulsiva comportamientos que no nos son saludables, entonces es cuando hablamos de mecanismos de defensa patológicos.  

Un ejemplo de dichos mecanismos es el denominado como introyección. La introyección en su faceta saludable es la que permite al niño asimilar de forma indiscriminada toda la información que le llega del entorno; las costumbres, las tradiciones, las creencias, la lengua del país…, es la forma en que el niño entra en el proceso de socialización con el entorno.

En su faceta más neurótica, y al llegar a una edad más adulta, la introyección actúa como un mecanismo que nos limita y aleja de nuestra esencia; si tragamos toda la información sin digerirla, si aceptamos todo sin críticas, sin juicio propio, solo por buena educación o por satisfacer a las figuras de autoridad, entonces el mecanismo se vuelve en nuestra contra. Son las típicas frases que escuchamos en nuestra casa de pequeños y que ahora de adultos se han quedado en nuestro interior como dogmas : “Sólo las niñas lloran”, “Si no estudias no serás nadie”, “debes controlar tus emociones en público”…Frases que aunque a nivel consciente podemos afirmar estar en desacuerdo, a nivel inconsciente  actúan e influencian nuestra forma de movernos en el mundo.

Una vez el mecanismo de defensa se vuelve más patológico genera los siguientes efectos en la persona;
- Por un lado vuelve el carácter más rígido, menos espontáneo y más dependiente de la sensación de quererlo tener todo bajo control.

- Por otro lado hace que vivamos la vida de una forma cada vez más neurótica, más desconectada de nosotros. Ya no sabemos si hacemos las cosas porque sentimos la necesidad o bien porque en ese momento es lo que toca hacer. Esta forma de interactuar con el mundo nos lleva a estar cada vez más alejados de aquello que somos y de aquello que queremos llegar a ser, en definitiva a estar más alienados de nuestra esencia. En muchos casos aún como adultos seguimos viviendo desde el niño que desea complacer a papá y mamá en busca del amor y reconocimiento del resto de personas. Pagamos el precio de vivir una vida desde las máscaras que aprendimos  a ponernos de niños para así no ser rechazados, para recibir el amor incondicional en vez de la frustración y el dolor. Paradójicamente cuando nos escondemos detrás de estas máscaras lo que hacemos es alejarnos más del amor que sentimos hacía nosotros y hacía la vida misma. Como cada vez estamos más alejados de nuestro ser, también lo estamos de la confianza en nuestras capacidades y en nosotros mismos, por lo que el nivel de insatisfacción con nuestra vida va en aumento.

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Como Terapeuta Gestalt mi objetivo es que la persona recupere el bienestar en su vida; para ello es básico que  contacte con su esencia, con aquello que es y aquello que le gustaría ser. Alejándose así de las máscaras y los hábitos de vida neuróticos que ha ido adoptando a lo largo de su vida. Como terapeuta me gusta llamarlo el punto del camino en el que nos encontramos. A partir de aquí el trabajo es que el cliente se empiece a formular  preguntas del tipo; “ Es este el camino en el que verdaderamente quiero estar o es un camino impuesto?, Si este es mi camino en que lugar estoy ahora?, Hacía donde me gustaría dirigir mis pasos?..”.
Estas y otras preguntas hacen a la persona consciente de como está viviendo su vida presente y le ofrecen la posibilidad de preguntarse como le gustaría que fuese su vida.
Por tanto la persona toma conciencia de cuales son los obstáculos que a día de hoy le impiden llevar una vida plena y emocionalmente sana, así como las acciones que debería emprender para cambiar dicha situación.

A partir de este descubrimiento personal el cliente puede empezar a dar los pasos hacía la consecución de sus objetivos. Una acción basada en la responsabilidad personal, en el autoapoyo y en la focalización en el tiempo presente.
Mi labor como terapeuta es acompañar a la persona en su proceso, apoyándole y guiándole para que encuentre su propio camino en la vida.

Leslie Beebe.
Terapia Gestalt y Life Coaching Barcelona

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Como combatir el insomnio


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El insomnio es uno de los principales motivos de consulta tanto en los centros de atención primaria como en las consultas de psicólogos y terapeutas. La mayoría de nosotros en mayor o menor grado hemos pasado por una situación de insomnio y conocemos sus efectos en nuestro organismo al día siguiente; dificultad para concentrarnos, cansancio, somnolencia, mal humor y tantos otros síntomas que pueden aparecer y que nos hacen pasar un mal día. 

Aunque es verdad que tampoco hemos de darle una excesiva importancia al hecho de pasar una noche en vela, no por ello debemos despreciar la importancia de un sueño reparador. No olvidemos que pasamos un tercio de nuestra vida en este estado. Cuando dormimos se produce una puesta a punto del cerebro; aunque algunas funciones de nuestro cuerpo se ralentizan, como la respiración y el ritmo cardíaco, otras como la actividad cerebral siguen funcionando. Las neuronas que han estado trabajando durante el día descansan y se produce el nacimiento de nuevas neuronas. El cerebro procesa la información obtenida durante el día, almacenando aquella que considera como relevante y desechando aquella que no es de utilidad. Un descanso reparador nos permite empezar el nuevo día llenos de energía, manteniendo nuestro equilibrio físico y psicológico.

Las causas del insomnio pueden ser múltiples y variadas; una época de más presión en el trabajo o la víspera de un examen final. Sin embargo si la tendencia se repite en el tiempo podemos pensar que existe algún asunto personal que no estamos gestionando de una forma saludable, por tanto la causa no viene de fuera sino de nosotros mismos. En estos casos el insomnio actúa como un mensaje de alerta que nuestro cuerpo nos envía con el objetivo que tomemos conciencia de nuestra situación y de lo que nos está pasando. Es como si nuestro cuerpo nos dijese que ya es hora de actuar respecto a un tema determinado. En la mayoría de ocasiones estos mensajes hacen referencia a temas personales que preferimos evitar y no tocar por miedo a contactar con emociones desagradables. Ante estas situaciones nos podemos plantear preguntas del siguiente tipo: ¿Qué es lo que no está funcionando en mi vida actualmente?, “¿Qué aspectos de mi vida o de mi persona desearía cambiar?, ¿Cúal es mi mayor miedo ahora?”, “¿Qué intento evitar de la vida o de mí mismo?.

Responder a estas preguntas puede funcionar como una brújula que nos indique en que situación nos encontramos actualmente, no obstante en ocasiones encontrar respuestas a nuestras propias preguntas no es tan fácil, por lo que en estos casos la mirada externa y objetiva de la terapia nos puede ayudar en esta tarea. La función del terapeuta no es la de ser un consejero que ofrezca respuestas, sino ser el guía que ayude a la persona a encontrar las respuestas por sí mismo. Como decía el psiquiatra Fritz Perls; "Sólo aprendemos realmente lo que aprendemos por nosotros mismos". La terapia es la mejor forma de aprender a escucharnos y por tanto de poder atender de una forma eficaz a los mensajes que nuestro cuerpo nos envía.



Si sientes que el insomnio es un problema en tu vida, te puedo ayudar. Contacta conmigo y hablamos. 645 368 714 / lesbcn13@gmail.com

A continuación os dejo unos consejos útiles para combatir el insomnio, ya sea motivado por un suceso del que tenemos conocimiento, o bien por aquél que deriva de una causa que aún desconocemos:

Adoptar medidas correctas de higiene del sueño; es decir mantener unos horarios regulares, mantener una temperatura agradable, así como unos niveles mínimos de luz y ruido en el dormitorio, evitar utilizar el dormitorio para trabajar, ver la tele, conectarse a internet, etc…, evitar las siestas largas, así como repetir una rutina de acciones que nos preparen para ir a la cama como lavarse los dientes, ponerse el pijama, etc...

Si no puedes conciliar el sueño o bien te despiertas y no puedes volverte a dormir evita quedarte en la cama dando vueltas y repitiéndote “debo dormir”, pues el sueño es un proceso fisiológico que no podemos controlar. En estos casos es mejor salir de la cama y hacer algo relajado, por ejemplo leer, hasta sentir que nos vuelve el sueño.

Es recomendable practicar deporte o ejercicio físico de forma regular siempre que se haga antes del anochecer. Hacer ejercicio, al igual que dedicar las horas previas a dormir al trabajo activa el cerebro y nos puede dificultar conciliar el sueño.

En caso de tener dificultad para dormir evitar los excitantes como el café, té, chocolate y alcohol las horas previas a acostarse. Si nos cuesta relajarnos podemos probar con alguna técnica de relajación que nos induzca al sueño.

No darle excesiva importancia al hecho de no dormir una noche. De esta forma evitamos que la causa del insomnio sea el propio miedo a padecerlo. Debemos evitar que una situación de estrés puntual se convierta en un insomnio mantenido. Frecuentemente cuando pasamos temporadas durmiendo mal la tendencia es un estado de alerta antes de acostarnos. De esta forma se produce una ansiedad anticipatória que dificultará quedarnos dormidos, es la auto profecía que se cumple.  Sería conveniente evitar decirnos frases del tipo; “debería dormir bien esta noche”, “llevo media hora y aún no me he dormido”, “me quedan sólo x horas de sueño”, “otra noche sin pegar ojo” y otras similares pues lo único que conseguimos de esta forma es aumentar la presión y ponernos aún más nerviosos.  Es aconsejable substituirlas por frases más optimistas y a la vez más beneficiosas para nosotros mismos del tipo; “esta noche voy a dormir bien”, “no pasa nada si no duermo, simplemente voy a relajarme”.

En caso de tomar algo para dormir empezar por remedios naturales, tipo plantas o infusiones relajantes. La melatonina puede también ser un remedio efectivo en algunas ocasiones como cambios de horarios y problemas de jet-lag. Los somníferos y ansiolíticos únicamente deben ser tomados en casos agudos de insomnio y bajo prescripción médica. No es recomendable tomar este tipo de medicamentos  más de 1 mes seguido, pues esto aumenta considerablemente el riesgo de dependencia y siempre deben dejarse de forma gradual.

Leslie Beebe
Terapia Gestalt y Life Coaching Barcelona



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Piel con piel


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Hace unos días leí una entrevista con el Doctor Nils Bergman, un experto en neurociencia perinatal. El título de la entrevista era el siguiente: “Los mil primeros minutos de vida determinan la existencia”. Según el Dr. Bergman durante estas primeras horas de vida  el contacto del bebé con la madre es de vital importancia para su desarrollo emocional y cognitivo. Separar al bebé de su madre después del parto y durante las primeras horas de vida crea un estrés tóxico en el bebé que produce cambios hormonales, metabólicos y cognitivos que pueden afectar a su salud y condicionar la duración y calidad de su vida.

Un claro ejemplo lo encontramos en los bebés prematuros, los cuáles son separados de sus madres y puestos en una incubadora. En este estado el bebé percibe el mundo como un lugar difícil e inseguro en el que debe permanecer en constante alerta. Mientras que su ADN espera el contacto con la piel de la madre, su olor corporal y su mirada lo que se encuentra es un ambiente totalmente opuesto, un ambiente frío y hostil. Ante esta situación el bebé reacciona cambiando su metabolismo y se pone en alerta, activándose la hormona del cortisol, también denominada hormona del estrés. Esta hormona eleva el estrés y la presión en el niño, movilizando las reservas de energía y produciendo un desgaste que incide negativamente en la expectativa de vida del bebé.

Cuando el bebé encuentra un ambiente seguro, donde recibe el calor, la mirada y el contacto de la madre, se activa el denominado circuito de la oxitocina. La oxitocina es una hormona que produce una sensación de seguridad y confianza en el bebé. El contacto piel con piel favorece que se consoliden las conexiones neuronales del cerebro del bebé, conectando el cerebro emocional con el cerebro social. Asimismo este contacto produce un efecto beneficioso en el vínculo que establece la madre con su hijo, favoreciendo también las conexiones neuronales de la madre y la adaptación del bebé a la lactancia materna. A largo plazo el contacto piel con piel también favorece al niño una vez éste se hace mayor. Niños separados prematuramente de la madre y aislados de ella los primeros días de vida son más proclives a sufrir problemas de ansiedad, depresión o inestabilidad emocional en el futuro.

El Dr. Bergman estuvo varios años comprobando la eficacia de este método en África donde los niños no disponían de incubadoras y eran puestos en contacto directo con la madre. Aunque muchos médicos dudaban de su eficacia el  porcentaje de bebés que sobrevivían superaba ampliamente las expectativas de estos profesionales.

Personalmente estoy de acuerdo con la teoría del Dr. Bergman, no obstante yo también considero de gran relevancia el antes y el después de estos mil minutos. El antes me refiero a las condiciones en las que ha vivido el bebé durante su etapa intrauterina, así como el momento en que se produce el nacimiento. Si la madre ha vivido el embarazo con unos niveles de estrés importantes o desde una posición de rechazo hacía el hijo que espera seguramente el bebé también haya vivido esta situación de estrés y rechazo en su propia piel. Existen también otras situaciones que pueden afectar al bebé durante este período prenatal, como las vinculadas a adicciones que pueden afectar a la madre como drogas o alcohol. Todas ellas pueden incidir directamente y de forma negativa en el desarrollo posterior del bebé. Dentro de este período de influencia también es importante destacar los derivados de las intervenciones médicas que se realizan en el parto, los cuales también pueden suponer un trauma importante para el niño.

Lo que yo denomino después sería el periodo de vida hasta aproximadamente los tres años de edad.  El primer año de vida es fundamental en el desarrollo del cerebro del bebé, pues es cuando se establecen el mayor número de interconexiones neuronales de toda su vida. Si el niño recibe amor, afecto y cuidado por parte de los padres se fomenta la formación y estabilización de sus redes neuronales. Podríamos decir que a más amor y contacto más potencial de inteligencia en un futuro, no únicamente inteligencia cognitiva sino también emocional y social. En estos primeros años de vida es importante que los padres transmitan seguridad y acompañen a sus hijos en el proceso de crecimiento, haciéndoles ver que son respetados y apreciados. Es el denominado apego entre padres e hijos, el cual favorece un desarrollo social, emocional y cognitivo más fuerte en el niño, por lo que éste dispondrá de más recursos para enfrentarse a los obstáculos y las situaciones difíciles que se le puedan presentar durante su vida.

Personalmente considero que si en estas primeras etapas tan vulnerables de la vida hubiese una mayor conciencia y respeto por el desarrollo humano, seguramente los servicios de psicoterapia no serían tan necesarios como lo son en la actualidad. Tomando una conocida frase de Evânia Reichert, una reconocida psicoterapeuta familiar, “La paz en el mundo empieza en el vientre materno”, a la que yo añadiría, “La paz en el mundo y con nosotros mismos empieza en el vientre materno”.

Para terminar os dejo un video del Dr.Bergman el cual habla sobre la vulnerabilidad en estas primeras etapas de la vida:






Leslie Beebe
Terapia Gestalt y Life Coaching Barcelona



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Pensar y pensar


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Intente imponerse la tarea de no pensar en un oso polar y verá al maldito animal a cada minuto”.

Estas palabras son del escritor ruso Fiodor Dostoievsky y pertenecen a su obra “Notas de invierno sobre impresiones de verano”. Un siglo más tarde el Doctor Daniel Wegner, un investigador de la Universidad de Harvard, utilizó dichas palabras para llevar a cabo un experimento relacionado con la supresión del pensamiento. El Dr. Wegner pidió a los participantes en el experimento que pensasen conscientemente en lo que quisieran durante cinco minutos, con la única condición de no pensar en un oso polar. Cada vez que visualizasen en su pensamiento al oso debían tocar una campana. El resultado fue que la mayoría de los participantes pensaron en el oso polar más de una vez por minuto.

Posteriormente se pidió al grupo que había realizado el experimento que pensase de forma consciente en el oso polar. Paralelamente se dio a un segundo grupo, que no había participado en la primera parte del experimento, la misma consigna. El resultado obtenido fue claro; los participantes del primer grupo pensaron muchas más veces en el oso polar que los del segundo grupo.

Este experimento nos pone de manifiesto la imposibilidad de controlar nuestros pensamientos. Cuanto más intentamos evitar un pensamiento más se repite en nuestra conciencia, provocando de esta forma un efecto contrario al esperado. La explicación es la siguiente; al emitir la orden de no pensar en algo una parte de nuestro cerebro se focaliza en evitar tal pensamiento. No obstante otra parte se encarga de comprobar periódicamente que estamos siguiendo las órdenes que se nos han dado y por tanto que el pensamiento no salga a la luz, paradójicamente volviendo a hacer consciente el pensamiento en nuestra mente. En este sentido estudios similares se realizaron con personas que querían dejar de fumar, las personas a las que se les asignaba la consigna de no pensar en el hábito eran más proclives a fracasar en su intento que el resto.

Generalmente la mayoría de nosotros no nos quedamos enganchados con la imagen de un oso polar en nuestra mente. No obstante sí que lo hacemos con ideas que se repiten en nuestra mente y que no nos resultan tan inofensivas como la idea del oso. Todas estas ideas, a las que denominamos como pensamiento obsesivo, suelen tener connotaciones negativas para nuestra persona; pensamientos de impotencia sobre nosotros mismos, recuerdos dolorosos, futurizaciones negativas, frustraciones, desvalorización propia y tantos otros pensamientos que nos generan malestar y sufrimiento y que pueden provocar problemas de salud como la ansiedad y el insomnio. Si estos problemas permanecen en el tiempo pueden desembocar en problemas más graves de salud como el Transtorno Obsesivo Compulsivo (TOC).

El pensamiento obsesivo es un pensamiento excesivo que suele surgir de una pequeña idea o problema y que nosotros vamos alimentando con ideas negativas, con un mayor o menor denominador común, pero que acaban por expandirse y ocupar la mayor parte de nuestro tiempo y nuestro pensamiento.
El resultado no cabe decirlo es agotador, pues nos demanda una gran cantidad de energía y por tanto nos limita el resto de actividades de nuestra vida.

¿Qué podemos hacer pues para no engancharnos a este tipo de pensamientos?. La respuesta no pasa por querer controlar nuestro pensamiento a través de mecanismos como la evitación o la represión, pues como hemos visto el control tiene un efecto contrario al esperado. 

En mi opinión la clave es adoptar una actitud de observación, parecida a la adoptada por los practicantes del Zazen (meditación Zen). El Zazen defiende el libre fluir de los pensamientos y el no quedarse enganchado a ellos durante la practica de la meditación. La actitud que adoptamos ante los pensamientos repetitivos sería la de dejárlos pasar en nuestra mente sin detenernos en ellos, permitiendo que aparezcan y se marchen, como si nosotros fuésemos un simple observador externo. Una actitud que obviamente no se consigue de la noche a la mañana, pero que si se cultiva y practica da sus resultados con el tiempo. A parte de la practica regular de la meditación y los estados de relajación también podemos adoptar otras técnicas que nos permitan gestionar de una forma más eficiente este tipo de pensamientos, aquí os dejo algunas de ellas:



Si sientes que el pensamiento te controla, la terapia puede ayudarte. Infórmate sin compromiso. 645 36 87 14 / lesbcn13@gmail.com

Cuando sentimos que el pensamiento obsesivo aparece en nuestra mente colocar un “cortafuegos” que rompa con la dinámica repetitiva. Por ejemplo ponernos a escribir sobre lo que sentimos (no lo que pensamos) y sobre como está nuestro cuerpo en ese momento. Esta maniobra de distracción permite fijar nuestra atención en otro punto y no alimentar al pensamiento. 

Otra fórmula ante la aparición del pensamiento obsesivo es darnos unos instantes para preguntarnos si está en nuestras manos resolver esta problemática, o bien si dicho pensamiento hace referencia a un factor externo sobre el cual nosotros no tenemos control. Como dice un proverbio chino; “Si tienes un problema que no tiene solución ¿Para qué te preocupas? Y si tiene solución ¿Para qué te preocupas?”. Asimismo trata de hacerte las siguientes preguntas; “¿Si realmente sucede esta situación que me preocupa, qué es lo peor que puede pasarme, y si es así qué voy a hacer al respecto?, ¿Vale la pena que dedique tanto esfuerzo en pensar en ello?, ¿Pensar más en ello me ayuda realmente a solucionar la situación o bien me estresa más?. Por norma general cuando aparece el pensamiento obsesivo uno tiende a retroalimentarlo y termina creando una situación más grande de la que es en realidad.

También es importante que trates de reservar tiempo para ti durante el día para realizar actividades que te generen placer; escuchar música, quedar con amigos, realizar ejercicio físico, etc… de esta forma la mente se mantendrá ocupada en otras cosas.

Si sientes que los pensamientos obsesivos dificultan tu día a día, te generan malestar y percibes que estás perdiendo calidad de vida, quizás sea un buen momento para consultar con un profesional de la terapia para ayudarte a salir de esta situación.

Leslie Beebe
Terapia Gestalt y Life Coaching Barcelona



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