Atrévete a dar el salto (aprende a vivir de forma plena)

Atrévete a dar el salto y aprende a vivir de forma plena!!.

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Cuantas veces no hacemos algo por miedo, ya sea por temor a ser juzgados por el que dirán o bien por alguna de las creencias que nos acompañan y nos limitan. Todos estos miedos nos empobrecen emocionalmente hablando, y con frecuencia nos conducen a llevar una vida que no hemos elegido, sintiéndonos prisioneros de nuestra propia existencia.  

A cuantos de nosotros nos gustaría llevar a cabo proyectos que nos ilusionan, o bien alcanzar las metas deseadas, pero no lo conseguimos, pues siempre acaba saliendo aquella voz interna que nos dice “no vas a poder”, “tú no sabes suficiente” y frases similares que nos boicotean y nos frustran nuestro empeño.

Si quieres conocer y desarrollar tu proyecto de vida, así como superar aquellos miedos que te limitan, la terapia te ayuda a conseguirlo.

Ven y anímate a probar la terapia. La primera sesión es gratuita y sin compromiso.

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Como Encontrar Mi Camino

Como encontrar mi camino. Muchas personas que acuden a terapia me comentan en algún momento del proceso frases del tipo; “Me siento perdido”, “No sé qué hacer con mi vida”, “No sé qué he venido a hacer a este mundo”, y frases similares relacionadas con su propósito o vocación en esta vida.

También es verdad que la gran mayoría de las personas que me comentan estas inquietudes, viven su búsqueda personal desde la ansiedad y la presión por tener que encontrar aquello que les dé un significado a su vida; y no solo eso, sino que cuanto antes lo consigan mucho mejor, es como si se dijesen a sí mismos” “Ya es hora de saber lo que quiero hacer con mi vida”.

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Sin embargo desde esta auto exigencia y esta presión lo único que consiguen  es que un camino que debería ser estimulante, lleno de aprendizajes y descubrimientos personales, se convierta en una carrera angustiosa por obtener una respuesta. En este punto suelo preguntar a mis clientes qué creen ellos que van a conseguir una vez encuentren su vocación. Las respuestas siempre son las mismas, del tipo; “podré vivir en paz”, “Estaré tranquilo”, “Lo tendré todo más controlado”, “Seré alguien”…  

Ante esta situación de búsqueda desesperada de aquello que les ha de dar sentido a su vida, me gusta ponerme en el papel de abogado del diablo, poniendo en duda ciertos mitos, muy extendidos en la sociedad actual, sobre la búsqueda de esta vocación personal. De esta forma intento hacer ver a la persona que las respuestas anteriormente dadas tienen su origen más en su propio ego, que no en su verdadera esencia personal, y que por tanto tienen más que ver con una visión utópica de la vida, que no con la realidad misma.

1. El primer mito que suelo cuestionar es el hecho de por qué la pasión o el sueño de uno debe ser único e inmutable a lo largo de la vida.  De hecho nuestra sociedad actual se caracteriza por el cambio y la inestabilidad, un ejemplo es el entorno laboral. Hace años era frecuente que cada persona tuviese un único oficio a lo largo de su vida, ahora todo ha cambiado y es poco frecuente que la persona se quede en una misma empresa o incluso en el mismo sector laboral durante toda su vida. A mi entender el cambio es una actitud más natural, pues nosotros también cambiamos a lo largo de los años; nuestras necesidades y deseos varían en función de cómo se desarrolla nuestra vida y también según nuestras vivencias personales. Por tanto, ¿Quién nos dice que no podemos tener múltiples pasiones a lo largo de nuestra vida?, ¿O compatibilizar dos o más pasiones a la vez?. 

Con seguridad hay personas que tienen una vocación o un talento único y bien definido durante la mayor parte de su vida, sin embargo también existen muchas otras personas que vivirán diferentes pasiones a lo largo de su vida, y por tanto también debemos dar espacio a esa posibilidad.

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Si quieres encontrar tu vocación, la terapia puede ayudarte. LLama o Whatsapp al 645 368 714 o bien rellena el formulario de contacto

2. El segundo de los mitos es que todos deberíamos encontrar nuestra pasión cuando somos relativamente jóvenes, entre los 20 y los 30 años, y a partir de allí desarrollarla. Esta creencia sin sentido provoca que muchas personas al llegar a los 35 o 40, y sin haber descubierto su vocación sufran una crisis, y a raíz de ella aparezcan síntomas como la ansiedad, la depresión o la creencia que son inferiores al resto. Existen miles de casos de personas que al llegar a la mediana edad dieron un giro radical a su vida, encontrando su vocación pasados los 40. Encontrar una vocación cuando somos jóvenes sucede en algunos casos, pero no en todos. Presionarnos para encontrar nuestra pasión en la vida únicamente consigue el efecto contrario, sentirnos cada vez más ansiosos y menos válidos ante el mundo.

3. El tercero de los mitos es aquel que dice que supuestamente un día nos vamos a levantar y nuestra vocación va a llegar como una inspiración divina. Creemos que primero vamos a tener una idea sobre aquello que nos apasiona, y que a partir de allí vamos a desarrollar esa pasión. Esto no suele suceder así, sino todo lo contrario. Para encontrar algo que nos apasione es necesario probar cosas nuevas, experimentar multitud de actividades. Únicamente con la práctica y la constancia es posible que se despierte en nosotros la pasión por esa actividad, lo que nos puede llevar a concluir que esa es nuestra vocación. De esta forma y contrariamente a lo que el mito nos dice, raramente la vocación llega por el pensamiento, pues suele aparecer con la práctica y la dedicación a ello.

Asimismo también es erróneo pensar que cuando hablamos de vocación únicamente nos referimos al terreno laboral o profesional. Una vocación puede ser todo aquello que nos llena, que nos apasiona hacer, y por tanto no debe estar estrictamente relacionada con el trabajo que realizamos.

4. El último de los mitos es aquel que relaciona la vocación con algo que debe ser muy grande, por ejemplo que sea algo que nos aporte mucho dinero, o bien que despierte la fama y el reconocimiento de la sociedad. En mi opinión la vocación tiene más que ver con hacer algo que nos llene a nosotros y no a nuestro ego. Cuando hablamos de vocación nos referimos a cualquier actividad que partiendo de nuestros valores nos haga sentir plenos, una actividad hecha desde el cariño y con la voluntad de no solo servirnos a nosotros, sino también a otras personas, contribuyendo así a hacer un mundo mejor.

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Una vez comentados estos mitos que circulan sobre la vocación personal, creo importante definir lo que a mi entender es la búsqueda del propósito de vida. En este sentido me gusta el término utilizado por la sociedad japonesa que denomina a nuestra razón de ser, o nuestro motivo vital con el término de IKIGAI.
Según la cultura japonesa cada uno de nosotros tenemos un IKIGAI, y nuestra misión durante la vida es descubrirlo. Según esta cultura tener un IKIGAI definido nos da felicidad y satisfacción, pues aporta un sentido a nuestra vida.

Para la cultura japonesa la importancia de encontrar nuestro motivo vital no reside tanto en alcanzar una determinada meta, sino en el propio proceso de búsqueda. Se trata de vivir el proceso como un camino alegre, lleno de experiencias, y no como lo vivimos en la sociedad occidental, como una angustia vital por encontrar aquello que debe llenar nuestro vacío existencial. 

La sociedad japonesa comprende el IKIGAI como una actitud ante la vida; vivir cada actividad, cada momento y cada relación con pasión, ese es el verdadero trabajo. Según algunos expertos el IKIGAI,  junto con una alimentación equilibrada, una vida social activa y un ejercicio moderado, contribuyen todos ellos a explicar el elevado índice de longevidad de la población japonesa.

Pero, ¿Cómo encontrar nuestro IKIGAI?

Para encontrar nuestro IKIGAI debemos tener en cuenta dos principios clave; el primero es que no debemos tener prisa en encontrarlo. No debemos dejarnos llevar por la presión de tener que encontrar aquello que ha de llenar nuestra vida, pues quizás aún no hayamos alcanzado ese momento. Es importante tomar una actitud abierta y curiosa ante la vida; experimentar, investigar, descubrir nuevas actividades y sobretodo disfrutar del camino. De esta forma la vocación llegará por sí misma, sin tener que forzar nada.

El segundo de los principios es descubrir cuáles son nuestros valores, centrarnos en aquello que es importante y valioso para nosotros y actuar acorde con aquello en lo que creemos. Existen multitud de valores; la honestidad, la amistad, la perseverancia, la generosidad, el orden… es cuestión de conocer cuáles son importantes para nosotros y como los priorizamos. Nuestros valores nos ayudan a crecer, son los guías de nuestro camino. Cuando no actuamos de acuerdo a ellos sentimos que nos engañamos, pues no estamos siendo sinceros con nosotros mismos. Para conocer si estamos actuando de acuerdo a nuestros valores, podemos hacernos preguntas como las siguientes:

 “¿Hago las cosas para mí o para cumplir con una determinada imagen que me han impuesto?”, “¿Siento que hago cosas en mi vida que no me hacen sentir bien conmigo mismo?, ¿cuáles son?, ¿Qué motivo tengo para hacerlas?, ¿Qué puedo hacer para cambiarlo?”.

Una vez tenemos en cuenta estos dos principios, pasemos a ver con más detalle cómo descubrir nuestro IKIGAI.


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Para los japoneses el IKIGAI, el sentirnos plenos y valiosos con aquello que hacemos, está formado por cuatro aspectos básicos; aquello que uno ama, aquello para lo que uno es bueno, aquello por lo que pueden pagarte, y finalmente aquella contribución que cada uno puede hacer por el mundo.  Vamos a analizar cada uno de estos factores:

Aquello que uno ama. Aquí es donde encontramos aquellas cosas con las que disfrutamos, son actividades con las que podemos pasar horas y no nos damos cuenta de ello, fluyendo con la experiencia. Las preguntas que pueden llevarte a conocer aquello que amas son las siguientes:

¿A qué dedicaría mi tiempo si el dinero no fuese un problema?, ¿Qué cosas me gusta hacer?, ¿Cuáles son mis intereses?, ¿Qué arriesgaría hacer si supiese que no voy a fracasar?.

Aquello para lo que uno es bueno. Comprendería las habilidades, las aptitudes y las fortalezas de cada uno de nosotros. Para conocerlas puedes hacerte las siguientes preguntas:

“¿Qué se me da bien hacer?”, “Qué aspectos destacan los otros de mí?, “Cúales son mis puntos fuertes/destrezas?” “¿De qué me siento orgulloso?.

Aquello por lo que pueden pagarte. Encontramos aquellas actividades que podemos calcular de forma monetaria y que disponen de un mercado. Para conocerlas puedes hacerte preguntas del siguiente tipo:

“¿Como podría ser pagado por hacer algo que me gusta?, ¿Cúal es mi formación y experiencia profesional y como puedo aplicarlo a algo que me guste?, ¿Existiría una demanda en el mercado para ello?.

Aquello con lo que puedo contribuir al mundo. Este grupo comprendería aquello que podemos aportar a los demás para hacer un mundo mejor. Son contribuciones acorde a nuestros valores y que pueden ayudar de alguna forma a mejorar nuestra comunidad. Para conocer estas contribuciones puedes hacerte preguntas como las siguientes:

“¿Qué cosas me preocupan de mi entorno social?”, “Qué conocimientos tengo y que podrían interesar a otros?, ¿Cómo podría yo ayudar a mejorar mi comunidad?

Las respuestas que obtengas de estas preguntas seguramente podrán darte una buena orientación de donde se encuentra tu IKIGAI. No es necesario que las cuatro confluyan en un mismo punto, pues no siempre es así, pero las respuestas que obtengas serán de gran ayuda para que encuentres tu vocación. A partir de aquí es cuestión de pasar a la acción, de no dejarte llevar por los fantasmas de tus miedos y empezar a probar cosas nuevas en tu vida.

Si actualmente te sientes perdido  y desorientado, sin saber bien cuales son tus valores y como encontrarlos, la terapia es una herramienta ideal para conocerte mejor y encontrar así la pasión en tu vida. Puedes contactar conmigo en el 645 368 714, llamada o Whatsapp, o bien rellenar el formulario de contacto y estaré encantado de darte más información al respecto.

Leslie Beebe

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Como Superar Los Celos

Como Superar Los Celos. Cuando hablamos de celos nos referimos a una respuesta emocional que surge ante una amenaza que percibimos pone en peligro algo o alguien que consideramos de nuestra propiedad. Si nos focalizamos en los celos que aparecen en el ámbito de la pareja, estaríamos hablando de toda una serie de miedos que aparecen relacionados con la posibilidad de que la relación se acabe, principalmente, perder a nuestra pareja. Derivado de este miedo, aparecen otros como el miedo a que mi pareja me sea infiel, miedo a ser engañado o traicionado por la pareja, miedo a ser substituido por otra persona en la relación, etc…
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El problema de los celos no reside tanto en sentirlos, pues en toda relación pueden aparecer en algún momento, sino en la intensidad como se viven y en la forma como influyen en nuestra conducta. También es importante tener en cuenta si los celos aparecen por un motivo justificado o no.

Cuando los celos pasan a ser un tema obsesivo, que genera ansiedad y que deriva en querer mantener bajo control a la pareja, entonces tenemos un problema; es lo que denominamos como celos patológicos. En estos casos lo más recomendable es acudir a un profesional de la terapia que nos ayude a recuperar la confianza y el equilibrio emocional perdido.

A continuación os comento un poco más sobre el funcionamiento de los celos:

Es importante entender que los celos están directamente relacionados con una baja autoestima, lo que deriva en una elevada inseguridad personal. La persona insegura empieza a pensar que otras personas, que están en la órbita de su pareja, pueden ser candidatos más idóneos que él o ella en el rol de pareja. Este pensamiento provoca que la persona celosa empiece a interpretar las acciones de su pareja de una forma distorsionada e irracional. Por ejemplo que la pareja asista a una cena con amigos o una llamada telefónica que pueda recibir al llegar del trabajo hacen saltar todas las alarmas.

Con el objetivo de mitigar estas dudas y reducir su ansiedad, la persona celosa empieza a poner en marcha toda una serie de conductas de vigilancia hacía su pareja, con la finalidad de controlar todo lo que ésta hace, y así reducir sus temores y su ansiedad. Aunque en un primer momento el celoso cree que su actitud de supervisión y control va a funcionar, al poco tiempo descubre que únicamente le sirve para generarle más dudas respecto a la fidelidad de su pareja.  Desde esta actitud de incertidumbre y suspicacia la persona celosa nunca puede encontrar respuestas definitivas que le satisfagan, pues debido a su inseguridad personal, vuelven a surgirle más dudas y nuevos motivos de sospecha, por lo acaba sumido en un bucle, donde inseguridad y deseos de control van en aumento.

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Si sientes que los celos son un obstáculo en tu vida de pareja, la terapia puede ayudarte. LLama o Whatsapp al 645 368 714 o bien rellena el formulario de contacto.

El comportamiento celoso  tiene graves repercusiones en diferentes ámbitos, primero para la persona que lo vive, después para la persona que recibe esta conducta, y por último para la relación de pareja como tal.  Aunque la percepción que tiene el celoso sobre la realidad es distorsionada, la persona lo vive como algo muy real. La persona celosa cree erróneamente que llegará un punto en que el control sobre el otro le proporcionará una seguridad total, la cual le permitirá por fin quedarse tranquilo. Nada más lejos de la realidad, pues como más control ejerce sobre su pareja, más dudas le surgen. Este anhelo nunca satisfecho genera en la persona mucha ansiedad, también cansancio por la cantidad de energía invertida,  a la vez que malestar, el cual se suele manifestar a través del enfado y la irritabilidad.

Para la pareja, aunque en un primer momento la atención recibida por el celoso pueda ser recibida como una muestra de amor, e incluso hacerle cierta gracia, al poco tiempo se da cuenta de qué le supone vivir la relación desde una conducta cada vez más opresiva. Los intentos permanentes de control de la persona celosa generan en la pareja una sensación de agobio, al verse obligada a dar toda una serie de explicaciones sin ningún motivo aparente. Esta presión por estar siempre en el punto de mira, por tener que ser cuestionado y controlado en todo momento, provocan en la pareja un gran malestar que suele derivar en trastornos de salud como nerviosismo y ansiedad.

La relación de pareja también se ve perjudicada cuando uno de los miembros adopta una actitud celosa hacía el otro, deteriorándose la relación con el paso del tiempo si no se toman medidas. Desde la desconfianza y el estado de vigilancia constante la persona celosa empieza a relacionarse con la pareja desde una actitud de censura y control, muy alejada del amor y la confianza propia de una relación saludable. De esta forma el celoso empieza a pedir explicaciones, a prohibir cosas y a interrogar a la pareja sobre sus acciones, buscando pruebas de su infidelidad. Esta actitud crea un ambiente de tensión, discusiones y desconfianza que alejan cada vez más a la pareja.

Finalmente, y si no se toman medidas, los pronósticos que hace la persona celosa de que la pareja terminará por dejarle se convierten en realidad, como una auto profecía que se acaba cumpliendo. Contrariamente a las ideas irracionales de la persona celosa, la pareja no se rompe por la aparición de una tercera persona, sino porque sus propios miedos le llevan a actuar de tal forma que la situación más temida se acaba cumpliendo.

¿Cómo podemos gestionar los celos y salir de este bucle de desconfianza y destrucción de la pareja?

Como hemos comentado anteriormente si estamos viviendo una situación de celos patológicos, la mejor opción es recurrir a la ayuda terapéutica. No obstante aquí os dejo algunos consejos que os permitirán reflexionar sobre los celos:

1. Debemos pensar que nuestra pareja nos quiere tal y como somos, con nuestras virtudes y nuestros defectos, al igual que nosotros a ella. Sin embargo no debemos mezclar dos aspectos que habitualmente son fuente de confusión; el primero es el amor que sentimos por nosotros mismos y la valoración que hacemos de nuestra persona. Esto tendría que ver con nuestra autoestima, y podríamos decir que es la base que posibilita que después pueda surgir el amor hacía nuestra pareja.  

El segundo aspecto es el amor que recibimos de nuestra pareja, el cual tendría más que ver con elementos como el cariño, la ternura, la tolerancia, el respeto y la comprensión mutua. Un aspecto no debe confundirse con el otro, es decir no podemos esperar que nuestra pareja nos dé el amor que nosotros debemos sentir hacía nosotros mismos. Asimismo cuando la persona no se valora ni se quiere a sí misma, difícilmente puede dar y compartir el amor con su pareja. En estos casos es frecuente la aparición de una dinámica de dependencia emocional, donde la relación se establece desde la dependencia y no desde la libertad.

En casos de dependencia emocional uno de los miembros vive por y para su pareja, sin ella se encuentra perdido, y la simple idea de poder perder al otro le provoca una gran angustia. El dependiente emocional no puede poner límites, está en total confluencia con el otro, hasta llegar al punto que su equilibrio emocional, así como su valoración personal y autoestima dependen totalmente de la otra persona. En estos casos es frecuente la aparición de celos patológicos, para así tener controlada en todo momento a la pareja, creyendo que así evita aquello que más teme, que el otro le abandone. 

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2. La persona celosa tiene tendencia a creer que su pareja es la culpable de aquello que le sucede. Es importante entender que yo soy el único responsable de mis emociones y sentimientos; no es mi pareja quien me pone celoso, soy yo quien no gestiono bien mis emociones. Cuando culpamos a otra persona de lo que nos pasa evitamos responsabilizarnos y cerramos así la oportunidad del cambio.

3. Si aparecen dudas respecto a nuestra pareja, es importante compartirlas y hablar con ella sobre el tema. Si identificamos que existen pruebas razonables que puedan hacernos sentir inquietos sobre el papel de nuestra pareja en la relación, debemos comunicárselo, siempre desde el respeto y con un tono conciliador, evitando los reproches y las malas formas. Se trata de conocer cómo está la realidad de la situación, dando a conocer al otro como nos ha hecho sentir su conducta, y aclarando posibles malentendidos que pudiese haber.

4. Debemos entender que nadie nace celoso, y tampoco se trata de una enfermedad, sino que en mi opinión estamos hablando de un patrón de comportamiento disfuncional, una forma no adecuada de gestionar la relación de pareja, la cual ha sido aprendida. Los motivos por los cuales la persona puede haber llegado a esta situación son múltiples; puede ser que los celos hayan surgido a raíz de una experiencia con una ex pareja que no se acabó de sanar, por un hecho traumático ocurrido en la infancia o bien por algún suceso reciente que ha afectado la autoestima de la persona, como la pérdida del trabajo. Sea cual sea el desencadenante, es importante entender que los intentos de querer tener controlada a la pareja únicamente nos llevará a la ruptura de la relación. 

Si queremos recuperar nuestro equilibrio emocional, a la vez que salvar nuestra relación, debemos empezar a implementar formas de relación más saludables, basadas en el amor, el respeto y la confianza, alejándonos así de la inseguridad, la desconfianza y la infelicidad que generan los celos.

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5. Si sentimos que los celos toman protagonismo en nuestra persona, es recomendable analizar cómo se encuentran nuestros niveles de autoestima. Para ello es importante tomar conciencia de cuáles son los pensamientos respecto a nuestra persona; por ejemplo, si son pensamientos positivos, que valoran nuestras aptitudes, y nos empujan a conseguir aquello que deseamos; o bien son pensamientos que nos desvalorizan y que maltratan nuestra imagen personal, llevándonos a una posición victimista y de bloqueo para pasar a la acción. También es importante que estemos atentos a posibles señales de alarma, que nos indiquen que los celos están tomando relevancia en la relación, para ello podemos hacernos preguntas del siguiente tipo; 

¿Siento cada vez más la necesidad de controlar a mi pareja?, ¿Últimamente me siento más a disgusto con las amistades de mi pareja?, ¿Son habituales los reproches y las exigencias hacía mi pareja?, ¿Cada vez siento más inseguridad respecto a mi pareja?

Los pensamientos tóxicos y de desvalorización respecto a nosotros mismos afectan nuestra autoestima y nos conducen a la comparación con el resto de personas, lo que deriva en el surgimiento de un sentimiento de inferioridad y de inseguridad personal, un entorno muy propicio para que surjan los celos patológicos. En estos casos un trabajo terapéutico para mejorar los niveles de autoestima es muy recomendable, tanto a nivel personal como para recuperar la salud emocional de la pareja.

6. La persona que vive los celos patológicos se encuentra en una situación de vigilancia constante, donde la mayoría de estímulos externos son percibidos como una amenaza. Esta situación provoca que la persona tenga pensamientos automáticos en los que la fantasía y la irracionalidad toman protagonismo. En estos casos es importante que la persona analice la situación y compruebe cuanto de realidad hay en esa interpretación; preguntas del tipo:  

¿Esta inseguridad que siento respecto a mi pareja qué tiene que ver conmigo?¿Qué pruebas reales tengo que lo que pienso es una realidad?, ¿qué utilidad tiene seguir dando vueltas al tema?, ¿puedo hacer algo sobre esto que me preocupa?, etc..  todas ellas son preguntas que nos centran en el presente, para así no dejarnos llevar por la fantasía catastrófica de nuestra mente.

7. Un antídoto eficaz para los celos es fomentar la propia vida personal, asegurándose que cada uno de los miembros de la pareja tenga su propio espacio. De esta forma se favorece a no estar tan pendiente de qué hace o deja de hacer la pareja. Esto significa emprender nuevos proyectos o empezar nuevas aficiones que permitan a la persona conectar con la creatividad y las ganas por hacer cosas nuevas. En este estado la persona gana en autonomía y seguridad, reduciéndose así la posibilidad de que los celos tomen protagonismo en la relación.

Por último decir que los celos patológicos generan en la persona un gran sufrimiento, no obstante en un gran número de ocasiones la persona celosa no admite ese problema, proyectándolo en su pareja, o bien no queriéndole dar importancia al tema. Desde la dificultad de aceptar ese problema, es muy improbable que la persona tome acción para resolverlo. 

Por este motivo las personas del entorno, como la pareja, familiares o amigos adoptan un papel muy importante en hacerle ver a la persona celosa las consecuencias que tiene para él vivir desde la inseguridad y la desconfianza que despiertan los celos. Obviamente no se trata de responsabilizarse de su problema, ni tampoco de tomar ninguna decisión por él, pues la última palabra la tiene la persona celosa, simplemente de hacerle de espejo para que tome conciencia de la magnitud de su problema y así se decida a buscar ayuda.

Si quieres saber más sobre los celos, aquí te dejo otro de mis artículos sobre este tema:

Como gestionar los celos





Como Ser Menos Autoexigente

Como ser menos autoexigente. En mi opinión cuando hablamos de autoexigencia podemos diferenciar dos tipos. El primer tipo es el que denominamos como autoexigencia saludable.

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La autoexigencia saludable es aquella que nos ayuda a alcanzar nuestros objetivos, nos incentiva a superarnos, así como a aprender de nuestros errores. Es una exigencia que nos impulsa para avanzar y crecer en la vida, no solo profesionalmente, sino también como personas. En su forma saludable la autoexigencia es la que nos saca del punto donde nos encontramos ahora, y nos acompaña para alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto en nuestra vida.

Sin embargo, cuando las metas que nos fijamos son inalcanzables, o únicamente pueden conseguirse pagando un elevado precio por ellas, entonces estaríamos hablando del segundo tipo de autoexigencia, el que denominamos como autoexigencia dañina.

La autoexigencia dañina como su nombre indica perjudica nuestra salud física y emocional, pues afecta negativamente a nuestra autoestima y a la confianza que tenemos depositada en nuestra persona. Este tipo de autoexigencia se encuentra relacionada con la búsqueda del perfeccionismo, por este motivo la vivimos desde un estado de ansiedad, frustración permanente y miedo desproporcionado.  

Definimos como perfeccionismo una excesiva presión para rendir y obtener resultados, así como una nula tolerancia a ser frustrados por la vida. El perfeccionismo también nos conduce a negar la posibilidad de podernos equivocar, y por tanto nos cierra la oportunidad de aprender del error cometido.

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Una de las principales causas porqué el perfeccionismo nos perjudica es por la asociación que hacemos entre resultados obtenidos y autoestima; es decir, creemos que una vez cumplamos con nuestro ideal de perfección, mayor será la valoración de nosotros mismos y mejor considerados estaremos por el resto de personas.

Con frecuencia el perfeccionismo nos lleva a focalizarnos únicamente en nuestros fallos y defectos, mientras olvidamos nuestras virtudes y puntos fuertes. Asimismo el querer ser perfectos nos impulsa a perseguir un ideal que únicamente se encuentra en nuestras mentes, pero no en la vida real. El perfeccionismo deriva también en un afán por querer controlar todos los aspectos de nuestra vida, por lo que nuestros niveles de ansiedad van a ir en aumento. Entramos así en un bucle de exigencia , culpabilización y castigo hacía nosotros mismos del cual es difícil salir si no tomamos conciencia de ello.

“La perfección es un ideal del ser humano que nunca llegará a alcanzar, porque el mismo es imperfecto” Ismael Díaz Lázaro

No obstante, ¿Por qué el ideal de perfección está tan presente en la mayoría de nosotros?. Una de las principales explicaciones se encuentra en nuestros primeros años de vida.
Como niños recibimos mucha información procedente de los adultos y del entorno en el que crecemos; patrones de conducta, valores, creencias y normas, entre otras. En esos momentos de nuestra vida, como niños, no cuestionamos lo aprendido, pues hacerlo significaría poner en peligro el amor de nuestros padres, y por tanto arriesgarnos a ser abandonados, rechazados o no queridos por ellos. Por este motivo aceptamos de forma incuestionable aquello que se nos enseña.

No obstante llegados a la edad adulta seguimos aceptando lo aprendido sin cuestionarlo ni actualizarlo a las necesidades o a las circunstancias del presente, aunque esto suponga un daño hacía nuestra persona. De esta forma hacemos grandes esfuerzos para vivir nuestra vida desde los debeísmos heredados de la infancia, olvidándonos de nuestras necesidades o deseos presentes. Asimismo cuando pensamos que hemos traicionado algunas de estas leyes aprendidas, entonces nos sentimos culpables, al no haber cumplido con aquello que se esperaba de nosotros, y nos enfadamos con nosotros mismos por haber fallado.

Aunque ya no somos aquellos niños a los que nuestros padres educaban, los mandatos familiares siguen muy presentes en nuestro interior, como una voz que nos recuerda imperativos de aquel tiempo como: “debo escoger siempre la mejor opción”, “no puedo fallar” “tengo que hacerlo bien”,  “debo ser fuerte”, “no debo tener miedo”… 

Frases que nos presionan para conseguir una quimera, la perfección. Una autoexigencia que en vez de llevarnos a la libertad de ser  nos conduce a la autotortura. No conseguir el ideal deseado nos conecta con la idea que nunca somos suficiente. No hemos cambiado mucho respecto aquellos niños que fuimos en el pasado y que buscábamos obtener de nuestros padres el amor incondicional y perfecto; de alguna forma lo seguimos haciendo ahora, buscando la aprobación permanente en el resto de personas.
En la búsqueda de esta perfección nos olvidamos de algo muy importante, nuestras necesidades, lo que nos conduce a un estado de estrés e insatisfacción con nuestra persona.  

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Si sientes que eres demasiado perfeccionista y eso te hace sufrir, la terapia puede ayudarte. Contacta conmigo en el teléfono 645 368 714 llamada o Whatsapp, o bien rellena el formulario de contacto.

Para salir de este bucle ansioso es necesario empezar a relacionarnos con nosotros mismos de forma diferente,  tomando conciencia de cuáles son nuestros valores, así como escuchando nuestras necesidades. En definitiva tomar un camino que nos conduzca a  tratarnos con autocompasión, amor y tolerancia. En definitiva se trata de entender que no es cuestión de ser perfectos, sino  de dejarnos la libertad para ser y para mostrarnos tal y como somos, con nuestras virtudes y defectos.

Para conseguir ser más humanos, y menos perfectos, aquí os dejo algunas recomendaciones al respecto:

1. Debemos tratarnos con cariño y con respeto. Cuando fallamos o cometemos algún error no debemos culpabilizarnos y autocastigarnos con mensajes desvalorizadores y despectivos del tipo; “no sirvo para nada”, “no valgo”, “soy un inútil”… En estos casos debemos tomar conciencia de nuestros errores y tomarlos como un aprendizaje. Es importante entender que los errores forman parte de nuestro proceso de crecimiento, sin error no hay aprendizaje, por este motivo sería aconsejable cambiar los mensajes anteriores por los siguientes:

“aprenderé de este error para mejorar”, “pondré más atención la próxima vez y lo haré mejor”, “me he equivocado pero no pasa nada, lo haré mejor la próxima vez”, “el error es necesario para seguir aprendiendo”.

2. Tendríamos que escuchar nuestras auténticas necesidades y nuestros deseos más genuinos. Cuando en nuestra mente surge algún debeísmo tenemos que preguntarnos si dicha obligación parte de una necesidad propia, o por el contrario tiene su origen en querer contentar al resto de personas, para así mantener una determinada imagen ante ellos.

3. Es necesario responsabilizarnos de nuestra existencia, es decir de nuestra vida, eso significa responsabilizarnos de nuestros pensamientos, palabras y acciones. Quizás actualmente vivimos aún sometidos a unas normas pasadas, que ya quedaron obsoletas y que seguramente no nos pertenecen en el presente. No obstante  muchas veces utilizamos el estar ligados a ellas como una excusa, culpando a nuestros padres o a nuestro pasado de nuestra situación actual, sumiéndonos así en un rol de víctima, y utilizando este hecho como una justificación para no pasar a la acción y cambiar las cosas.

4. Es importante empezar a tomar conciencia de nuestros logros y de nuestras virtudes. Muchas veces no prestamos atención a lo positivo y menospreciamos aquello que hemos logrado. Tenemos tendencia a centrarnos únicamente en lo negativo, y no solo eso, sino que a menudo magnificamos un simple error para tirar por tierra todo lo conseguido hasta el momento.

Desde esa negatividad  nos hablamos de una forma muy crítica y a la vez destructiva, provocando que nos sintamos realmente mal con nosotros mismos. Ante esta situación  debemos reaccionar y valorar aquello que hacemos bien, así como trabajar para potenciar nuestras habilidades. De igual forma debemos adoptar una actitud abierta emocionalmente hablando, para así dejarnos llegar los halagos y felicitaciones que otras personas puedan hacer de nuestros talentos y virtudes.

5. Es aconsejable distinguir entre automotivación y autoexigencia. La automotivación se origina en el deseo y nos incita a querer superarnos. Es una actitud que trae consigo la voluntad de aprender y de llevar a cabo nuevos proyectos; de hecho es muy beneficiosa para traer cambios a nuestra vida y evolucionar. La autoexigencia en cambio se origina en la presión y en la obligación por tener que hacer, así como en la amenaza de que si no conseguimos aquello que nos hemos propuesto, esto afectará negativamente a la valoración que hacemos de nuestra persona. Por este motivo es importante cambiar nuestro vocabulario de “tengo que” y “debo” por otras expresiones menos demandantes como “me gustaría” y “quiero”.

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6. Es importante aprender a sostener la frustración y tomar conciencia que nosotros no podemos controlar todo aquello que sucede a nuestro alrededor. En ocasiones la vida no sale como habíamos previsto, no por inaptitud o falta de conocimiento , sino simplemente porque existen multitud de variables de nuestra vida que no controlamos. Por este motivo es importante que conectemos con la serenidad, con la aceptación que la realidad no siempre se adecúa al plan que teníamos previsto en nuestra mente, y no por ello somos peores personas.

7. Debemos fijarnos unas expectativas y unas metas realistas, según nuestras posibilidades, y no focalizarnos en ideales de perfección. Vivir en un ideal de que todo debe ser perfecto únicamente nos conduce a la desmotivación y a la frustración. En esta línea es aconsejable fijarnos unos objetivos que nos supongan una cierta dificultad, que nos permitan estar motivados y no aburrirnos, pero sin llegar a ser objetivos inalcanzables que nos lleven a desmoralizarnos. En un gran número de situaciones no conseguimos aquello que deseamos, no por falta de aptitudes, o por no haberlo hecho bien, simplemente porque el objetivo que nos habíamos propuesto no era realista desde un primer momento.

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8. Tenemos que ser justos y ecuánimes con nosotros mismos. Para sacar lo mejor de nosotros mismos debemos valorar nuestras aptitudes y nuestros puntos fuertes, perfeccionado nuestros talentos. Para ello es importante conocer nuestros límites, así como también nuestras carencias.

9. Es recomendable evitar la comparación con otras personas. La comparación siempre nos lleva a sentirnos defraudados y desilusionados. Podemos inspirarnos en aquellas personas que admiramos para ir creando nuestro propio camino, como un proceso de aprendizaje, pero no con el objetivo de llegar a ser como la persona admirada. No olvidemos que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles.

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10. Por último decir que sería aconsejable dar más importancia al proceso y no tanto a las metas. En múltiples ocasiones nos enfocamos exclusivamente en conseguir una determinada meta, centrándonos en el futuro, mientras olvidamos lo que podemos aprender durante el camino, en el presente. El poeta griego Constantino Cavafis nos lo recuerda en un fragmento de su poema “Viaje a Itaca”

“Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.”

Leslie Beebe
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Como Cambiar el Pensamiento Negativo

Como Cambiar el Pensamiento Negativo. Se estima que por nuestra cabeza pasan unos 60.000 pensamientos al día. Un elevado porcentaje de estos pensamientos son negativos, automáticos e irracionales, del tipo; “Soy tonto”, “No voy a poder”, “He hecho el ridículo”,  “Debería hacer más”, etc…

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Sin lugar a dudas este tipo de pensamiento nos limita, nos bloquea e interfiere en la satisfacción de nuestras necesidades y en el cumplimiento de nuestros objetivos. Asimismo y a nivel emocional nos perjudica y nos genera malestar, alterando nuestro equilibrio emocional.

En mi opinión cuando hablamos de pensamientos debemos tener en cuenta un par de conceptos: el primero de ellos es que no son los sucesos de la realidad los que nos provocan emociones, sensaciones y sentimientos, sino que mayoritariamente son los pensamientos que tenemos acerca de esos sucesos lo que nos condiciona. Por este motivo una misma realidad es percibida y vivida de una forma diferente según cada persona.

El segundo concepto es que no podemos controlar aquello que pensamos. Los pensamientos van apareciendo en nuestra mente al igual que una serie de fotogramas lo hacen en una película. Nosotros únicamente somos los espectadores de dichos pensamientos. Por este motivo es inútil que intentemos controlar o evitar nuestros pensamientos, pues van a seguir apareciendo. Paradójicamente como más intentemos no pensar en ellos, más presentes van a estar en nuestra mente, y mayor va a ser su efecto en nosotros.

A partir de estos conceptos básicos, podemos determinar que el camino para cambiar nuestros pensamientos negativos no se basa en reprimirlos, evitarlos ni luchar contra ellos, sino en racionalizar y poner en duda el mensaje que llevan consigo. 
El trabajo para recuperar nuestro bienestar consiste en no caer en la trampa de unos pensamientos que en la mayoría de ocasiones son irracionales, automáticos y dramáticos. Debemos pues empezar a cuestionar aquellos pensamientos que nos generan malestar. Este cuestionamiento empieza por no aceptar el pensamiento como algo propio, sobre el cual no tenemos ni voz ni voto; todo lo contrario, pues es importante entender que somos nosotros los que tenemos pensamientos y no al revés. No olvidemos que cuando nos dejamos llevar por el pensamiento también estamos perdiendo parte de nuestra libertad.

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A continuación os voy a poner un ejemplo de un pensamiento negativo. Imaginemos una persona que empieza un trabajo nuevo y desconocido. Uno de los pensamientos que pueden aparecer en este individuo es  “no voy a saber hacerlo”. Si la persona acepta este pensamiento limitante como una creencia, como algo inamovible, sin racionalizarla ni ponerla en duda, los efectos de este pensamiento en su nuevo trabajo van a ser muy negativos. De esta forma el pensamiento funciona como una profecía que acaba sucediendo en la realidad. Al cumplirse la profecía la persona evalúa la experiencia y saca como conclusión que obviamente no sabe hacer el nuevo trabajo, dándole así la razón a su pensamiento y generando en él un sentimiento de inutilidad e incapacidad personal.

Este es solo un ejemplo de como un pensamiento nos puede limitar y bloquear; ahora imagina como nos afecta a nivel emocional tener multitud de pensamientos de este tipo ¡en un solo día!.
Con el objetivo de no caer en las trampas del pensamiento aquí os dejo algunas recomendaciones:

1. Estamos tan acostumbrados a actuar de forma automática cuando aparecen nuestros pensamientos que raramente nos paramos para tomar conciencia de su mensaje. Por este motivo el primer paso es que tomes nota de aquellos pensamientos negativos más recurrentes e intentes responder a las siguientes preguntas: ¿Qué te dices?, ¿Cómo te lo dices?, ¿Para qué te lo dices?, ¿A dónde te lleva este tipo de pensamiento?.

2. Toma conciencia que tú no eres quién habla en tu cabeza, sino más bien el que escucha la multitud de pensamientos que van pasando por tu mente. Observa a tu pensamiento como si de un observador externo se tratase. Házte la idea que tú no eres únicamente tu pensamiento, pues eres mucho más que eso. En palabras del sabio Jiddu Krishnamurti:

“No eres la charla que oyes en tu cabeza. Eres el ser que escucha esa charla”.

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Si quieres cambiar tus pensamientos negativos, la terapia puede ayudarte. Más información llamando o Whatsapp al 645 368 714 o bien rellena el formulario de contacto.

3. Procura racionalizar y relativizar la importancia de tus pensamientos negativos. Piensa que la mayoría de estos pensamientos son irracionales, pues no dejan de ser futurizaciones catastrofistas e ideas limitantes que únicamente se encuentran en tu mente, y no en la realidad actual. Para racionalizar tus pensamientos puedes hacerte preguntas del siguiente tipo:

“¿En qué evidencias baso mi pensamiento?, ¿Cómo de importante es esto en mi vida?,¿Puedo controlar las consecuencias de este pensamiento?, ¿Qué es lo peor que me puede pasar si finalmente se cumple mi pensamiento?, ¿Cambio algo pensando en ello?, ¿Qué utilidad tiene pensar en ello?.

Estas preguntas te ayudaran a focalizarte en el presente, evitando que te dejes llevar por la corriente negativa de tus pensamientos. Otro ejercicio que puedes hacer es imaginarte que estos pensamientos no son tuyos, sino de un amigo/a, y plantearte qué le dirías y cómo le aconsejarías al respecto.

4. Toma conciencia de como reaccionas ante tus pensamientos y como éstos te hacen sentir. Si reaccionas ante su mensaje dándole la razón y bajando la cabeza es normal que te sientas disgustado. Prueba pues a cuestionar y poner en duda el mensaje de tus pensamientos con preguntas del tipo; 

¿Quién lo dice?, ¿A dónde me lleva este pensamiento?, ¿Para qué tengo este pensamiento?, ¿Voy a permitir que este pensamiento me haga sentir mal?.

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5. Una vez tengas una lista con tus pensamientos negativos, haz otra en la que incluyas otras opciones de pensamiento, más lógicas y positivas. Deja esta lista en un lugar visible para que puedas ir asimilando estos nuevos pensamientos. No olvides que los pensamientos son los causantes de cómo nos sentimos, no obstante tú eres el responsable de conseguir que pensamientos tóxicos, que hasta ahora te podían hacer sentir incapaz, insuficiente o ridículo, pasen a ser pensamientos positivos y más congruentes con la realidad y contigo mismo.

Leslie Beebe


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