Como Relacionarte con tu Critico Interior

Tu Crítico Interior. Seguro que en algún medio de comunicación has oído el término de “gente tóxica”, ya hablé de ellos en un artículo anterior. Describimos como gente tóxica aquellas personas que influyen negativamente en nuestro estado de ánimo; algunas de las manifestaciones más frecuentes en este tipo de personas son la manipulación, la intimidación, el chantaje emocional y la negatividad, entre otros aspectos.  En definitiva, son personas de las que hay que alejarse y a ser posible mantener el mínimo contacto posible.

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Sin embargo como dice el refranero: “es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, que no la viga en el nuestro”. Con este dicho quiero decir que aunque ciertamente existen personas tóxicas, la mayoría de nosotros también llevamos un crítico interior, mucho más dañino que el resto de personas. Este crítico interior son aquellas voces que diariamente se comunican con nosotros desde el victimismo, la vanidad, el miedo, la exigencia o la baja autoestima, entre otros. Seguro que os suena familiar alguna de estas expresiones;

“Nadie me entiende”, “para qué esforzarme si total no voy a conseguirlo”, “no puedo fallar”, “mis opiniones no son importantes”, “debo hacerlo mucho mejor”, “si no destaco no valgo”, “todavía no estoy preparado”, “No sé lo suficiente”…

Si tenemos en cuenta que por nuestra mente pasan miles de pensamientos durante el día, y que la forma como nos hablamos afecta directamente a nuestra autoestima y el concepto que tenemos de nosotros mismos, podemos concluir que tomar conciencia de los pensamientos que nos dañan es fundamental para mantener un equilibrio emocional saludable.

Derivado de este tipo de pensamiento, también nosotros adoptamos con nuestra persona o con el mundo que nos rodea actitudes tóxicas; como la manipulación, la queja, el victimismo o la agresividad. De esta forma nos focalizamos en buscar culpables externos de todos nuestros males, culpabilizando a las circunstancias o a las otras personas de aquello que nos pasa.

Es común ver este tipo de actitudes en las personas que empiezan terapia, las cuales ven en los otros o en el mundo que les rodea la fuente de todos sus males, como si ellos no jugasen ningún papel en su vida. Frases identificativas de este tipo de actitud son: “mi marido no me entiende”, “todas las mujeres son iguales”, “me insulta y me recrimina la relación con mi familia”, “mi jefe me grita”…

Sin duda el camino fácil es culpabilizar al otro o a las circunstancias de todos nuestros males, esto nos sitúa en una posición pasiva, de no responsabilidad y de queja continua, bajo la creencia que son los otros los que lo hacen mal y por este motivo los que deben cambiar.
Lo difícil es responsabilizarnos y admitir que nosotros también jugamos un papel importante en aquello que nos sucede, pues eso nos posiciona en un rol en el cual debemos admitir la posibilidad de cambiar. El cambio suele generar en la mayoría de nosotros sensaciones desagradables como incertidumbre, culpa, miedo y descontrol, por lo que preferimos focalizarnos en lo que les falta a los otros que desarrollar aquello que se encuentra en nuestro interior.

Retomando el tema de los pensamientos, debemos tener en cuenta que la mayoría de nuestros pensamientos negativos pertenecen a actitudes y conductas aprendidas durante nuestra vida, creencias que hemos ido adoptando a lo largo de los años, y que en algún momento de nuestra vida quizás resultasen útiles, pero que actualmente han quedado desfasadas y únicamente nos generan malestar

Podríamos equipararlo a programas informáticos que metafóricamente se encuentran instalados en nuestra mente, y que actualmente han quedado obsoletos, afectando negativamente el funcionamiento del ordenador central que somos nosotros.

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Si necesitas ayuda con tu crítico interior la terapia puede ayudarte. LLama o Whatsapp al 645 368 714 o bien rellena el formulario de contacto para más información.

Por ejemplo quizás en nuestra niñez adoptamos un rol de víctima para así obtener aquello que queríamos del mundo, y realmente nos funcionó con nuestros padres o las figuras de autoridad. Sin embargo, llegados a la edad adulta vemos que esa actitud se ha convertido en un peso dentro de nuestra mochila emocional, una forma de funcionar que actualmente nos daña emocionalmente, pues nos inhabilita para satisfacer nuestras necesidades y nos genera sufrimiento.

Para poder liberarnos de esta carga emocional lo primero que debemos hacer es escuchar aquello que nos decimos y tomar conciencia de como nos hace sentir. Debemos distinguir entre aquellas voces sanas de las que no lo son. Una vez identificados estos mensajes debemos empezar a cuestionarlos, preguntándonos sobre la veracidad de su mensaje, a dónde nos conduce este tipo de pensamientos y si realmente nos sirven para algo.

Un principio fundamental a la hora de cuestionar los mensajes de nuestra mente es tener en cuenta que los pensamientos son solo una parte de nosotros, pero no son el todo. La realidad es que somos más que esa voz neurótica que nos habla y por tanto no debemos creer a pies juntillas todo aquello que nos dice nuestro pensamiento, pues como vemos no siempre es saludable.

En la medida que seamos capaces de coger distancia de nuestros pensamientos, e ir sustituyendo aquellos mensajes nocivos por otros de más saludables, podremos también recuperar nuestro equilibrio emocional

Por último os dejo algunas actitudes que podemos adoptar para ir responsabilizándonos más de nuestra persona e ir tomando distancia de nuestros pensamientos tóxicos:

- Identificar nuestra toxicidad y la forma como la proyectamos en el mundo o en las otras personas.

- Reducir la crítica hacia el exterior e ir fijando la mirada en nuestro interior. Como decía el psiquiatra Carl Jung:"Todo lo que nos irrita de los demás, nos puede ayudar a entendernos a nosotros mismos".

- Poner atención en el mensaje de nuestro crítico interior, y en la forma como nos hacen sentir, para así no alimentar su discurso.

- Conocer y responsabilizarnos de nuestro crítico interior, tomando conciencia del daño que nos causa. 

- No creer todo aquello que nos dicen nuestros pensamientos, ponerlo en duda, adoptando una actitud crítica y fijando límites al respecto. Evitar actuar de forma automática, siguiendo su mensaje.

- Responder a los mensajes de nuestro crítico interior desde una evaluación realista y honesta de la situación y de nosotros mismos.

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- Reapropiarnos de las proyecciones sobre lo negativo o lo no reconocido que hacemos en los otros; ver qué nos despierta la actitud del otro, reconocer cómo nos hace sentir e investigar que tiene eso que ver con nosotros y con nuestra historia personal.

- Progresivamente ir cambiando aquellos pensamientos negativos y que afectan nuestra autoestima por otros de más positivos.

- Salir del modo automático en el que nos encontramos la mayoría para tomar un tiempo de calma y escucha con nosotros mismos. En este sentido la meditación es una fórmula idónea para calmar las voces que nos mantienen atrapado en un círculo vicioso.

- Para terminar recuerda que en la mayoría de ocasiones el peor enemigo no se encuentra fuera, sino dentro de nosotros mismos.
Como dijo Buda: “Ni tus peores enemigos pueden hacerte tanto daño como tus propios pensamientos”.

Leslie Beebe
Terapia y Coaching Personal Barcelona
www.ansiedad.barcelona
https://www.saludterapia.com/terapeutas/t/f/4685-leslie-beebe-rodriguez.html


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Crisis de Ansiedad. Qué hacer.

Crisis de ansiedad. Qué hacer. Las crisis de ansiedad y angustia, también denominadas como ataques de pánico, son un tema frecuente en las consultas de terapia.

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Las crisis de ansiedad pueden tener su origen en un periodo de estrés continuado, pero también pueden aparecer tras un hecho puntual, caracterizado por una fuerte carga emocional, como puede ser un accidente de tráfico o la repentina pérdida del trabajo.

Los síntomas físicos que acompañan la crisis de ansiedad pueden variar según la persona, no obstante suelen presentar alguna de estas formas:

Sudoración, temblores o sacudidas, frecuencia cardíaca alta, sensación de ahogo o falta de aire, opresión en el pecho, náuseas o dolores estomacales y sensación de mareo.

A estos síntomas físicos se le debe añadir un componente fundamental que lo acompaña, que es un nivel de miedo muy elevado. Ante una crisis de ansiedad suelen aparecer en la persona dos tipos de pensamientos que disparan el miedo; el pensar que va a morir, o bien el temor a que va a perder el control y volverse loco.

El miedo acrecienta aún más los síntomas fisiológicos; por ejemplo si la persona siente taquicardia su pensamiento se focalizará en este síntoma, enviándose mensajes que está sufriendo un ataque al corazón y por tanto que su vida se encuentra en peligro. De esta forma la persona se autosugestiona de tal manera que hace aumentar el síntoma hasta niveles muy elevados.

Los humanos podemos sentir miedo hacía multitud de estímulos externos; por ejemplo el miedo a las serpientes o el miedo a las alturas. Sin embargo el miedo vinculado a un ataque de ansiedad se relaciona más con un miedo a un estímulo interno, relacionado con un órgano del cuerpo o una función fisiológica. En este caso evitarlo es mucho más difícil. Por ejemplo si tenemos miedo a las serpientes quizás no nos crucemos nunca con ellas si vivimos en una ciudad, o bien si tenemos miedo a las alturas probablemente evitaremos ir a lugares altos. Sin embargo cuando el estímulo es interno, como una frecuencia cardíaca alta, la evitación no es posible y en estos casos el miedo acentúa aún más los síntomas que acompañan la crisis.

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Si hemos pasado por una crisis de ansiedad, o bien la ansiedad se encuentra presente en nuestra vida, la solución es buscar ayuda terapéutica, para así encontrar los motivos que la generan. La ansiedad actúa como un indicador de que algo no va bien en nuestra vida. Su función es la de avisarnos de este mal funcionamiento y requerir nuestra atención para que pongamos remedio lo más pronto posible.

Como ya he comentado la crisis de ansiedad no supone un peligro de muerte para el que la sufre, sin embargo si no se pone atención y se busca ayuda, el problema pude derivar en un trastorno más grave como la agorafobia o la depresión.

A continuación voy a comentaros algunas de las pautas de actuación ante una crisis de ansiedad, las cuales únicamente tienen como objetivo ayudaros a enfrentar este tipo de situaciones. Como ya he comentado, si queremos curar la ansiedad, y evitar volver a padecer un ataque, la solución pasa por conseguir ayuda terapéutica que nos permita, no solo a gestionar estas crisis, sino también entender el origen de la ansiedad

1. Perder el miedo al ataque
Siempre comento a las personas que han pasado por un episodio de ansiedad que deben tomar conciencia que no se enfrentan a un problema físico, sino a uno emocional. En este sentido recomiendo a la persona que se diga a sí mismo que no le va a pasar nada grave por tener esos síntomas; por ejemplo que no está sufriendo un infarto, y por tanto su vida no se encuentra en peligro. Si siente taquicardia le animo a que se imagine que está haciendo un ejercicio intenso.

2. Entender que no es una debilidad
Existen personas a quienes les da vergüenza explicar que han sufrido un ataque de pánico, incluso muchos al sufrirlo intentan luchar contra aquello que están sintiendo a toda costa, provocando el efecto contrario, al aumentar aún más la intensidad de los síntomas. Debemos entender que todos estamos expuestos a este tipo de ataque, no tiene nada que ver con ser débil o cobarde. De hecho en muchas ocasiones el ataque surge como la gota que colma el vaso, por haber mantenido una posición de resistencia y lucha durante un largo periodo de tiempo. En este sentido ánimo a la persona a no esconderse por ello y a explicarlo a otras personas.

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Si has sufrido algún ataque de pánico, o bien la ansiedad controla tu vida, la terapia puede ayudarte. Para más información llama o Whatsapp al 645 368 714 o bien sigue el enlace de contacto.

3. Dejar de evitar
Uno de los problemas derivados de este tipo de crisis es la tendencia a la evitación que con frecuencia adopta la persona. En ocasiones el intenso miedo vivido bajo estas situaciones provoca que la persona empiece a evitar todo tipo de actividades o lugares que ella considera como susceptibles para que se desarrolle una nueva crisis. Esta actitud provoca que la persona se encierre cada vez más en sí misma y vaya limitando progresivamente el número de actividades en su vida, perdiendo de esta forma su libertad y creando un mundo controlado por el miedo. 
En estos casos lo aconsejable es retomar las situaciones o actividades en las que se dio la crisis lo antes posible. Por ejemplo si sufrimos un ataque conduciendo, el mejor remedio es coger el coche de nuevo. En estos casos el temor aparecerá, no obstante el ver que somos capaces de hacerlo, incluso sintiendo miedo, nos ayudará a coger confianza en nosotros mismos y en nuestras posibilidades.

4. Mantener la actitud y focalizarse en otras actividades
Como ya he comentado uno de los factores que mantiene y desarrolla un ataque de ansiedad es la autosugestión a través del pensamiento. Si la persona dirige su atención hacía los síntomas y sus posibles efectos, la probabilidad de sufrir y mantener una crisis es mucho mayor que si miramos de distraer nuestra atención hacía otra actividad diferente. Existen multitud de actividades que podemos realizar en este sentido; desde ponernos a escribir o limpiar la casa hasta lavar los platos.

Relacionado con focalizar nuestra atención en otra actividad, surge también la importancia de mantener una actitud firme ante la crisis. En este sentido podemos optar por hablar al ataque como si fuese algo externo a nosotros diciéndole frases del tipo: “no te voy a hacer caso”, “no tienes ningún poder sobre mí”, “no voy a ceder a aquello que me dices”. Cuando hablamos a la crisis lo que hacemos es despersonalizarla, tomando conciencia que únicamente son pensamientos en nuestra cabeza, y por tanto que somos nosotros quién tenemos el poder de decidir en qué medida vamos a dejar que éstos nos afecten.

5. Evitar la ayuda
Otra de las tendencias que aparece en la persona al haber sufrido un ataque de pánico es la de asegurarse de tener siempre alguien al lado por si vuelve a sufrir otra crisis. De esta forma los acompañantes funcionan como una muleta para prevenir un nuevo ataque, o bien en caso de producirse serían los encargados de buscar ayuda. Es muy importante evitar la ayuda en estos casos y entender que somos nosotros quién debemos enfrentar la situación solos. Sin duda la ayuda es una muestra del amor de familiares o amigos que se prestan a ello, sin embargo también nos envían el mensaje que somos incapaces de hacerlo solos, afectando negativamente nuestra autoestima y la confianza en nosotros mismos.

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6. Ir dejando la medicación
Como en el caso anterior, la medicación también puede utilizarse como una muleta que nos dificulte aún más volver a la normalidad. Muchas personas que sufren de un ataque de pánico son llevadas a urgencias. En urgencias, una vez pasados los protocolos de otras enfermedades como un posible infarto, se les suele recetar algún ansiolítico. El ansiolítico funciona muy bien para reducir los niveles elevados de ansiedad y así evitar que se vuelva a producir otro ataque de pánico, no obstante no es la salida. El ansiolítico únicamente es un remedio para el síntoma, pero nunca debe concebirse como una solución definitiva al problema. Como ya he comentado si queremos conocer el motivo que origina el síntoma es necesario acudir a terapia.

7. Preveer las recaídas
Siempre que trabajo con personas que han sufrido una crisis de ansiedad les comento que durante la terapia es posible que se produzca alguna recaída. Para mi es importante que entiendan que en el proceso habrá subidas y bajadas, y que un día puede que padezcan otra crisis, sin embargo con lo que iremos viendo en la terapia les aseguro que ésta será más pequeña y de menor duración que la que ya han sufrido. También les comento que es importante que si se produce una posible recaída no se desesperen, ni se dejen llevar por el pesimismo. Les digo que la terapia es un camino de constancia, y en consecuencia la guerra contra la ansiedad se gana con pequeñas batallas, en el día a día, y no de golpe, como yo les digo “Roma no se hizo en un día”.

La terapia es un instrumento ideal para resolver los problemas de ansiedad y los ataques de pánico. A través de la terapia la persona es capaz de descubrir las causas de la ansiedad y resolver el problema en su origen, obteniendo también herramientas de gestión de la ansiedad que le permitan superar sus miedos y recuperar la estabilidad en su vida.

Leslie Beebe


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7 Pautas para Reducir el Estrés y la Ansiedad

7 pautas para reducir el estrés y la ansiedad. En nuestra sociedad actual vivimos a un ritmo vertiginoso, rodeados de estímulos por todas partes. Este ritmo de vida nos conduce a un estado de distracción constante; multitud de incentivos distraen nuestra atención y por este motivo cada vez nos cuesta más estar enfocados en hacer una sola cosa a la vez. Esta necesidad por hacer varias cosas a la vez, y por tener que estar atentos a todos aquellos estímulos que recibimos del exterior, tiene sus efectos perjudiciales en nuestro equilibrio, tanto físico como emocional.

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Aunque en las últimas décadas los avances científicos para ahorrar tiempo y facilitarnos la vida han sido múltiples; internet, móviles, tabletas, etc… la mayoría de nosotros vive con la sensación de que cada vez disponemos de menos tiempo para cumplir con todo aquello que nos proponemos hacer. Vivir bajo esta sensación nos genera angustia pues nos damos cuenta que no llegamos a todo. Si a esta presión por hacer le añadimos que nuestra sociedad nos educa desde la competencia y la competitividad desde muy pequeños, tenemos todos los números de sufrir problemas de estrés y ansiedad en algún momento de nuestra vida.

Según un estudio de la Consultora Oracle Marketing Cloud los españoles miramos el móvil una media de 150 veces diarias. El estudio además concluye que un elevado porcentaje de la población no puede estar más de 60 minutos sin consultar el Whatsapp.  Estos datos son un claro ejemplo de como un uso no adecuado de las nuevas tecnologías, nos puede llevar a estar conectados al mundo virtual prácticamente en todo momento. Este hecho provoca que cada vez estemos menos en contacto con el mundo real, con el presente y con aquello que nos pasa en el aquí y ahora. 

En mi opinión desde esta necesidad de estar conectados en todo momento se derivan dos consecuencias; la primera que la necesidad de conexión casi permanente con el mundo genera una progresiva desconexión de nosotros mismos, de aquello que sentimos y necesitamos. La segunda es la perdida de nuestra capacidad para vivir el momento presente. Cuando nos encontramos pendientes del móvil perdemos la vivencia del presente, de aquello que está pasando a nuestro alrededor y de cómo lo vivenciamos nosotros, para estar únicamente pendientes de la pantalla, anclados exclusivamente en nuestro pensamiento.
Estar conectados únicamente con nuestra mente supone que hay otras partes de nuestro ser que dejamos de lado, como nuestro centro emocional y nuestro centro instintivo. Este abandono deriva en un progresivo malestar, el cual se puede manifestar de múltiples formas como tensión corporal, estrés, ansiedad y dolores musculares, entre otros.

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A continuación voy a daros algunas pautas para recuperar el contacto con vosotros mismos y así poder vivir de una forma más consciente.

1.  La primera pauta consiste en pararse; detente por un momento y déjate unos instantes para preguntarte como te sientes, como estás en el presente. Por multitud de mensajes que te estén bombardeando desde tu interior con todo aquello que tienes por hacer, haz oídos sordos, y dedica unos minutos a estar parado, sin hacer nada.

2. Una vez consigas parar tu ritmo acelerado puedes focalizarte en cómo se encuentra tu respiración. En momentos de estrés seguramente te darás cuenta que tu respiración es acelerada y poco profunda. Una vez tomes conciencia de ella, mira de cerrar los ojos y hacer 4 o 5 respiraciones profundas, asegurándote que el aire llega hasta el abdomen. Cuando inhales hazlo despacio, luego contén la respiración un par de segundos y exhala de forma progresiva el aire. Procura que el tiempo de la exhalación sea prácticamente el doble que al inhalar.

3. Cuando finalices las 4 o 5 respiraciones profundas, toma conciencia de cómo se encuentra tu cuerpo. Haz un escaneo de tu cuerpo, desde los dedos de tus pies hasta la cabeza, si sientes alguna tensión mira de liberarla a través de la respiración. Visualiza en tu mente la tensión como algo negro y desagradable que sientes en tu cuerpo de la que puedes liberarte a través de la respiración. Inhala aire y visualízalo como si fuese energía blanca y limpia que va a regenerarte. Lleva esta energía hasta el punto donde se encuentra tu malestar y libera esa tensión a través de la exhalación.Repite las veces que creas necesario.

Estos ejercicios de respiración y toma de conciencia corporal no te llevarán más de unos minutos; no obstante si eres constante en su práctica verás cómo los beneficios en tu estado emocional y físico no tardarán en aparecer. Un buen momento para realizar estas prácticas es al despertarte, ponte el despertador 10 minutos antes de lo habitual y dedícalos a hacer estos ejercicios y a estar en contacto contigo mismo, comprobarás el beneficio que te aportan durante el día.

4. Como he comentado anteriormente, estar pendientes del móvil es una fuente importante de estrés. Por este motivo es importante  que organices y limites el tiempo de uso del móvil. Por ejemplo si eres una persona que lo primero que haces al despertarte es mirar el teléfono, prueba de no hacerlo hasta haber desayunado. En caso de que vayas al trabajo en metro o bus, llévate algo para leer o bien simplemente observa lo que sucede a tu alrededor, en vez  de estar mirando el móvil en el trayecto. Si tienes un móvil de empresa mira de no utilizarlo una vez finalices tu jornada laboral, así como tampoco los fines de semana. Asimismo en tus horas de ocio procura dejar el móvil en casa, por ejemplo si sales a pasear o a hacer ejercicio. Debemos tener claro que el móvil debe ser un aparato a nuestro servicio, y no a la inversa, pues sino podemos acabar siendo unos esclavos de aquella tecnología que hemos creado. Si quieres saber más sobre el uso excesivo del móvil, aquí te dejo un antiguo artículo que escribí al respecto:

La adicción al móvil

5. Dedica un mayor tiempo a las comidas, mira de comer más despacio y saborear aquello que comes, en vez de compartir tu comida conectado con el móvil o bien mirando la televisión. No hace falta ir a un restaurante caro, ni comer grandes manjares para encontrar placer en la comida, simplemente debes tomar una mayor conciencia en el acto de comer. Prueba a oler los alimentos, date tu tiempo para observar sus colores, una vez en la boca siente la textura, pregúntate cómo te sientes al hacerlo. Deja los cubiertos de lado entre bocado y bocado y dedícate a saborear la comida.

Al igual que la comida, también puedes  hacer otras de tus actividades diarias de una forma más consciente, como cuando te duchas o bien lavas los platos. Como en el caso anterior, debes procurar focalizarte en la actividad que estás haciendo, en tu momento presente, y evitar que tu pensamiento se vaya hacía lo que debes hacer después, o que se centre en preocupaciones de tu vida diaria. Procura centrarte en tus sensaciones físicas y en la información que recibes de tus sentidos. Si te desconcentras, no te preocupes, simplemente vuelve tu atención a la actividad que estás haciendo en el presente.

Las actividades sobre la toma de conciencia del momento presente forman parte de lo que actualmente se denomina Mindfulness o atención plena. El Mindfuldness o atención plena es un concepto que se refiere a la capacidad de atender de forma consciente y sin juicio a aquello que está sucediendo en el aquí y ahora. Sus orígenes se encuentran en la meditación Vipassana practicada en la India y fue popularizado en occidente por el profesor de medicina Jon Kabat –Zinn;  si quereis más información sobre el Mindfulness, aquí os dejo una entrevista con él.



6. Actividades como la meditación, el yoga y el ejercicio físico en general son muy beneficiosas para aliviar el estrés y la ansiedad. Todas ellas nos ayudan a tomar un mayor conciencia de nuestro cuerpo y favorecen a que estemos más centrados en el momento presente.

7. El humor y las risas también son dos elementos que favorecen la reducción de nuestros niveles de estrés y ansiedad. Pregúntate sobre la importancia que tiene eso que te preocupa en tu vida y si está en tu mano hacer algo al respecto. Seguramente en muchas ocasiones te darás cuenta que no vale la pena preocuparse por ello, o al menos no en la medida que lo estás haciendo. Por este motivo date el espacio y la libertad para hacer broma sobre ello, verás cómo tu malestar se reduce.

Nuestro cerebro asocia nuestras expresiones faciales, como la sonrisa, con las emociones que sentimos; alegría, tristeza, ira…, pero también a la inversa, es decir que podemos cambiar nuestro estado de ánimo si cambiamos nuestra expresión. Por tanto si ante una situación de estrés sonríes le estarás enviando una señal de tranquilidad y paz a tu cerebro, por lo que tu cerebro responderá con el bienestar asociado a tu sonrisa.

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Espero que estas pautas os ayuden a estar más conectados con el presente y a reducir vuestros niveles de estrés y ansiedad. Si queréis saber más sobre este tema la terapia puede ayudarte a enfocar la vida desde una posición más consciente y relajada, aprendiendo técnicas que te permitirán recuperar tu equilibrio físico y emocional. Para más información puedes llamar o Whatsapp al 645 368 714 o bien rellenar el formulario de contacto y me pondré en contacto contigo lo más pronto posible.

Si queréis leer más sobre como reducir el estrés y la ansiedad en vuestra vida, aquí os dejo otro de mis artículos sobre este tema. Espero os sea de utilidad!.

Pasos para vivir menos estresado

Leslie Beebe


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Como Mejorar la Comunicación en Pareja

Como mejorar la comunicación en pareja. Uno de las bases fundamentales para que una relación de pareja funcione es mantener una buena comunicación. Comunicarse va más allá de hablar, significa plantear lo que uno siente y necesita, a la vez que también escucha las necesidades de su pareja. 
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Cuando la comunicación se realiza desde la empatía y el respeto, con la finalidad de construir y no de dañar a la pareja, entonces estamos hablando de una comunicación saludable. En cambio cuando uno se aferra a su ego para tener la razón, sin escuchar al otro, en una posición de enfrentamiento caracterizada por el ataque personal y el juicio hacía la pareja, entonces estamos hablando de una comunicación deficiente, la cúal con el tiempo puede conducirnos a una ruptura.

Es obvio que toda pareja debe lidiar con momentos difíciles y de conflicto, no obstante este tipo de circunstancias son las que ponen a prueba la unión de la pareja. En estos casos la pareja debe actuar como un equipo y no enfrentándose entre sí.

Los problemas de comunicación que pueden aparecer en la pareja son múltiples; dificultad para expresar emociones al otro, malentendidos, sentirnos juzgados por nuestra pareja, sentir que nuestra pareja no nos escucha o uno de muy común que es partiendo de la base que nuestra pareja nos conoce muy bien, pretender que adivine aquello que nosotros queremos o necesitamos sin tener que decírselo.

A continuación os dejo algunos consejos para mejorar la comunicación con la pareja:

1. Cuando aparecen diferencias de opiniones es básico no entrar en juicios hacía el otro, simplemente exponer como nos sentimos al respecto, y expresar aquello que queremos y necesitamos, básicamente. De esta forma evitamos entrar en la acusación y el reproche hacía el otro. Podemos optar por frases del tipo: “Cuando tú haces esto, a mí me hace sentir…” o bien “Yo necesito… de ti en esos momentos”, en vez de “Tú eres…”, o “La culpa es tuya porque…”. En esta línea es importante no tan solo lo que decimos al otro, sino también la forma como se lo decimos. Si optamos por comunicarnos desde un tono agresivo o amenazador, difícilmente llegaremos a un entendimiento con nuestra pareja.

2. Es importante despersonalizar al máximo cuando hablamos de hechos concretos, en estos casos es preferible utilizar el verbo “hacer” que el “ser”. Por ejemplo es aconsejable cambiar frases del tipo “Has vuelto a dejarte la luz del baño abierta, eres un desastre" por otras como“¿podrías asegurarte de cerrar la luz del baño cuando te marches?". Etiquetar a la persona no le va ayudar a cambiar, todo lo contrario. Cuando la persona recibe este tipo de comentarios se siente herida y atacada, al sentir que se la está juzgando, y su primera reacción va a ser ponerse a la defensiva, empezando así lo que puede ser una discusión en toda regla para ver quién tiene razón. Este tipo de actitudes dificultan enormemente el entendimiento y una posible predisposición por parte de la persona a cambiar su actitud en el futuro. 

3. Relacionado con el punto anterior, siempre es más apropiado dirigirse al otro haciendo peticiones o sugerencias, que no dando órdenes o formulando críticas. Por ejemplo: en vez de decir “cállate y déjame hablar”, sustituirlo por “me gustaría acabar de decirte esto sin que me interrumpas”. También es preferible hacer preguntas en vez de reproches, las preguntas abren al diálogo, mientras que los reproches llevan a la confrontación. Por ejemplo “como siempre, no me escuchas” sustituirlo por “¿me estás escuchando?.

En esta línea es importante que en el proceso de comunicación no monopolicemos el rol de emisor. Por este motivo debemos expresar al otro lo que necesitamos o deseamos cuando estamos en el rol de emisor, pero después también debemos dejar tiempo a nuestra pareja para que exprese como ha recibido nuestro mensaje, situándonos nosotros en el rol de receptor. Cuando nos situamos como receptores practicamos una escucha activa, al hacerlo la otra persona se va a sentir vista y validada, por lo que va a ser más fácil llegar a un entendimiento mutuo.

Lamentablemente en múltiples ocasiones nos centramos únicamente en querer tener la razón sobre el otro, adoptando así un rol de emisor permanente. En estos momentos olvidamos que no estamos en una competición sino en una colaboración mutua que nos ha de permitir un entendimiento con la pareja; por tanto el objetivo debe ser resolver conjuntamente y no ofender al otro. En este sentido debemos remarcar que cuando actuamos como emisores debemos hacerlo desde la asertividad y el respeto, evitando los gritos y las descalificaciones personales, los cuales suelen ser habituales cuando entramos en dinámicas competitivas.

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Si quieres ayuda para mejorar la comunicación con tu pareja, la terapia puede ayudarte. Llama o Whatsapp al 645 368 714 o bien rellena el formulario de contacto y te informaré sin compromiso.

4. Siguiendo el punto anterior es importante ser empático/a con la pareja. Ser empático significa ponerse en el lugar del otro, teniendo en cuenta su opinión y comprendiendo su posición. Este es un aspecto fundamental para llegar a un entendimiento, pues tenemos en cuenta las necesidades y opiniones del otro y no solo las nuestras.

5. Es preferible que nos focalicemos en el tema en cuestión que queremos discutir, así como en encontrar una solución. En este sentido es conveniente ceñirnos a ese tema, y no sacar otros temas de discusión, o bien referirnos a temas del pasado en forma de reproche, pues lo único que vamos a conseguir con ello es un mayor distanciamiento. Si aparecen temas del pasado lo apropiado sería aparcarlos para otro momento.

6. Es aconsejable evitar las generalizaciones pues éstas no suelen ser siempre ciertas y tienden a etiquetar, por ejemplo términos como “nunca”, “siempre” pueden sustituirse por otros como “recientemente”, “últimamente”, “con frecuencia”… Por ejemplo. “siempre estás en tus cosas” sustituirlo por “con frecuencia te noto ausente”.

7. Como ya he comentado anteriormente, uno de los síntomas de que existe poca comunicación en la relación es dar por supuesto que nuestra pareja por el simple hecho de serlo, debe saber aquello que pensamos y sentimos, sin nosotros tener que decírselo. Esta actitud es la fuente de muchos problemas y malentendidos en la relación. Por este motivo es muy importante expresar de forma clara nuestras necesidades y sentimientos, así como aquello que esperamos de nuestra pareja, para así evitar confusiones.

Asimismo cuando no sabemos o tenemos dudas respecto a algún tema, también es recomendable abrirlo y expresarlo a la pareja, pues cada uno percibimos la realidad desde unas lentes diferentes. Si no entendemos, tenemos dudas o simplemente empezamos a darle vueltas a la cabeza sobre un determinado tema, lo mejor es comunicárselo a la pareja, para así disipar todas nuestras dudas. De la misma forma si sentimos que tenemos alguna queja o malestar respecto a nuestra pareja, también es recomendable expresárselo lo antes posible. A veces por miedo a expresar vamos guardando en la recámara una lista de agravios y quejas hasta que un día salen de forma explosiva y poco saludable para ambos.

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8. No solo es importante aquello que decimos al otro y como se lo decimos, sino también el momento y el lugar que escogemos para hacerlo. Si queremos comunicar algo de relevancia a la pareja es recomendable buscar el momento y el lugar adecuado para ello. Por ejemplo es aconsejable evitar ciertos temas si sentimos que nuestra pareja no está receptiva o bien el ambiente es de tensión. Tampoco es aconsejable hacerlo de noche cuando llegamos a casa cansados del trabajo, ni en el coche, pues podría ser peligroso. Debemos buscar un momento de relativa tranquilidad, donde nos aseguremos de no ser molestados y podamos hablar sin prisas.

9. Por último, pero quizás lo más importante es nuestra intención a la hora de comunicar. No obtenemos el mismo resultado si nos movemos desde el deseo de construir y mejorar, que si lo hacemos desde el rencor o el enfado hacia el otro. Si sentimos que estamos enojados quizás no sea el momento apropiado para empezar una conversación, pues podemos dejarnos llevar por la impulsividad del momento y decir cosas que después lamentaremos. En estos casos lo aconsejable sería dejar la conversación para otra ocasión en que nos encontremos más serenos y calmados, una vez hayamos meditado con calma aquello que queremos decir al otro.

Leslie Beebe


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Como Desarrollar la Automotivación (para conseguir tus objetivos)

Como desarrollar la automotivación. Cuantas veces cuando nos proponemos conseguir algo aparece aquella voz interior que nos boicotea con mensajes de desgana y desmotivación, los cuales acaban frustrando todos nuestros deseos. Una actitud que suele ser común con los propósitos que nos hacemos al volver de vacaciones o por año nuevo. En estos casos nos fijamos unos objetivos pero por alguna razón u otra no los acabamos cumpliendo; por ejemplo comprometerse a ir al gimnasio regularmente o hacer dieta, son dos de los propósitos más habituales. El motivo de no poder cumplir con estos objetivos suele originarse en nuestra falta de automotivación.

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Automotivarse consiste en darse toda una serie de razones que nos permitan mantener un estado de ánimo elevado, obteniendo así una energía, un compromiso y una disciplina que nos habiliten a conseguir nuestras metas.

Cuando estamos motivados realmente nos interesamos por conseguir algo, nos focalizamos y comprometemos en obtener aquello que deseamos, realizando las acciones necesarias para conseguirlo.
A continuación os detallo algunos consejos que nos pueden ayudar a no perder la motivación y así conseguir nuestros objetivos:

1. Escuchar tu diálogo interno
Todos mantenemos un diálogo interno, dependiendo de qué nos digamos y como lo expresemos estamos limitando nuestras posibilidades de conseguir nuestros objetivos. Por este motivo es importante que escuches tu diálogo interno, así como los mensajes que te dices a ti mismo. Puedes hacerte preguntas del siguiente tipo:

“¿Qué me digo a mí mismo y cómo me lo digo?, ¿Cómo recibo el mensaje y qué me hace sentir? “¿Cuáles de estos pensamientos me impiden avanzar?”, “¿Qué excusas me pongo para no realizar aquello que quiero?”, ¿Qué miedos aparecen en mi mente?, “¿Como me voy a sentir si no doy el paso para actuar?”.

Puedes anotar aquellos impedimentos y limitaciones que te pones a ti mismo para no actuar, y en consecuencia conseguir aquello que deseas. Al lado de estos pensamientos escribe otros de positivos, que te motiven para alcanzar tu objetivo, por ejemplo:

“No llego a hacer todo” – “tengo que planificar mi tiempo”
“No voy a saber hacerlo, me voy a equivocar” – “Puedo hacerlo, equivocarse es necesario para aprender y mejorar”
“Mi meta está muy lejos, no lo conseguiré” – “Si me esfuerzo a diario, paso a paso lo conseguiré”

2. Tener claro para qué lo estás haciendo
Como todos seguramente hemos experimentado, no es fácil mantener el compromiso con los objetivos marcados. Es muy fácil bajarse del tren de la automotivación y que la desgana y la postergación tomen el control de la situación, llevándonos a abandonar nuestros proyectos. En estos duros momentos es cuando debemos tener más presente los motivos que nos llevan a querer conseguir nuestro objetivo, es decir para qué hacemos ese esfuerzo. No podemos dejarnos llevar por el cansancio, la apatía o la desgana, y debemos intentar mantenernos firmes con nuestro propósito. La constancia y la paciencia son elementos clave para llegar con éxito a la meta. 

Un ejercicio que podemos hacer en este sentido es visualizar el futuro, hazlo de la siguiente forma: imagínate que has conseguido aquello que te proponías, visualiza todos los detalles de la situación soñada. A partir de aquí y desde ese momento futuro contesta a las siguientes preguntas:

¿Cómo me siento en mi yo futuro?
¿Cómo soy yo ahora que he conseguido lo que quería?,
¿Cómo me veo a mi mismo?
¿Cómo me ven los otros?
¿Cúal ha sido el proceso que me ha llevado hasta aquí?
¿Qué consejos darías a tu yo pasado para poder llegar hasta aquí?

Una vez tengas la descripción detallada de este futuro, busca una imagen o un objeto que lo represente; puede ser un amuleto, una foto, un dibujo, etc…algo que puedas llevar encima. Cuando sientas que tu motivación pasa por momentos bajos contacta con el objeto y todo su significado, para así obtener la energía necesaria para continuar.

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3. Formular debidamente tus objetivos
Ser claro con aquello que deseas conseguir puede significar la diferencia entre el éxito o el fracaso en la consecución de tu objetivo. Para formular debidamente tus objetivos puedes llevar a cabo dos acciones principales; la primera es formular tus propósitos siempre en positivo, nunca en negativo. Por ejemplo en vez de decirte “No quiero estar gorda” sustituirlo por ”Quiero perder x kilos”. La segunda de las acciones es que midas el tamaño de tu objetivo, si consideras que es demasiado grande, divídelo en objetivos más pequeños, los cuáles puedas alcanzar más fácilmente.

4. Seguir el Método SMART de consecución de objetivos
El Método SMART es un método procedente del Coaching que establece una serie de principios para formular correctamente tus objetivos. Este método fija unas características que todo objetivo debería tener para aumentar al máximo las posibilidades de éxito. Estas características son las siguientes: Específico (specific en inglés), Medible, Alcanzable, Realista y Temporizado. Seguidamente voy a describir con más detalle estos parámetros:

Específico: Tu objetivo debe ser lo más detallado posible. Debes huir de las generalidades y ambigüedades para concretar al máximo tu objetivo. Por ejemplo no es suficiente decir “Quiero perder peso”, sino que lo apropiado seria decir “Quiero perder 15 kilos en los próximos 6 meses, perdiendo x peso cada semana”.

Medible: Es importante que establezcas unos parámetros de supervisión que te permitan controlar que los objetivos se van cumpliendo en el tiempo, así como una vez alcanzado el objetivo final poder medir su resultado.

Alcanzable: Al fijarte un objetivo debes buscar evidencias que aquello que deseas se ajusta a la realidad y a tus posibilidades presentes. Si te fijas metas muy difíciles es probable que tus expectativas sean demasiado altas y en consecuencia te desmotives a las primeras de cambio, apareciendo sentimientos de frustración y enfado por ello. En este sentido es también muy importante que creas en tus posibilidades para conseguirlo. Si tienes dudas sobre tus posibilidades es muy probable que tú mismo te boicotees de forma inconsciente la consecución de tus objetivos.

Realista: Relacionado con el punto anterior, es importante que al medir tu objetivo analices cuál es tu situación actual, es decir que seas consciente de los recursos de los que dispones en el presente, así como también aquellos recursos que necesitarás para alcanzar tu objetivo.

Temporizado: El objetivo que te fijes debe estar marcado en el tiempo. Por este motivo es prioritario que  establezcas un plan de acción que fije paso a paso como conseguir tus metas, así como la fecha final en que deseas haber alcanzado el objetivo. En este sentido es importante que te marques unos hitos temporales hasta conseguir aquello que deseas. Por ejemplo si fijamos nuestro objetivo a un año vista, lo aconsejable sería medir mensualmente como está progresando el proyecto, para así aplicar las medidas correctoras que fuesen necesarias.

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5. Buscar el equilibrio
Aunque conseguir tu objetivo puede ser un tema prioritario, no permitas que acapare todo tu tiempo, tu vida es mucho más que eso. Por este motivo, y para evitar que te sobresatures con el tema, también debes dedicar tiempo a otras áreas de tu vida; como la familia, los amigos o tus aficiones. Busca el equilibrio, cuídate y lleva un estilo de vida saludable.

Espero que estas recomendaciones te sean útiles para mantener tus niveles de automotivación elevados. No conseguir nuestros objetivos puede estar causado por múltiples motivos; pensamientos negativos, mala planificación, objetivos no específicos, o simplemente el acto de dejarnos llevar por el cansancio y la apatía. Sin embargo también es cierto que no conseguir aquello que nos proponemos nos conduce a sentirnos insatisfechos con nosotros mismos, provocándonos sentimientos de frustración y de desvalorización personal por ello.

Si quieres aumentar tus niveles de automotivación y aprender cómo ser más constante con tus propósitos, la Terapia y el Coaching pueden ayudarte. Puedes ponerte en contacto conmigo en el teléfono 645 368 714 (llamada o Whatsapp) o bien rellenar el formulario de contacto del enlace y te informaré sin ningún compromiso.


Leslie Beebe
Terapia Gestalt en Barcelona

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