Como Enfrentarse al Estrés

Como enfrentarse al estrés. Uno de los principales motivos de consulta a psicólogos y terapeutas es el tema del estrés. El ritmo acelerado en el que vivimos en nuestra sociedad actual favorece a que nuestros niveles de estrés sean elevados. Sin embargo, aunque el entorno favorezca el estrés, nosotros como individuos tenemos mucho que decir al respecto, como más adelante explicaré.

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La palabra estrés se ha llegado a demonizar socialmente, sin embargo debemos tener en cuenta que el estrés por sí mismo no es nocivo. Un nivel moderado de estrés nos permite aumentar la capacidad de adaptación y la resistencia de nuestro organismo frente a las agresiones del entorno. Este tipo de estrés se conoce con el nombre de eustrés. El eustrés nos predispone para la acción, y ha sido un mecanismo de supervivencia de nuestra especie desde sus inicios para protegerse de peligros externos. Por ejemplo en la actividad de la caza que realizaban nuestros antepasados, el estrés aportaba la energía necesaria al cazador para poderse enfrentar o huir de su presa.

En la actualidad podemos ver ejemplos de eustrés en la práctica del deporte. El ejercicio físico somete nuestro cuerpo a un determinado nivel de estrés, sin embargo la práctica regular de ejercicio nos aporta múltiples beneficios para nuestra salud, favoreciendo nuestra resistencia y la capacidad de adaptación al medio. Otros casos en que se activa el eustrés es ante situaciones placenteras, que nos producen alegría y satisfacción, como aquellas relacionadas con nuestra creatividad, con el entusiasmo y con la iniciativa personal. En resumen, el eustrés nos aporta la energía necesaria para incrementar y mantener el rendimiento y la salud.

Sin embargo cuando la persona siente que debe enfrentarse a niveles de estrés constantes, que superan su capacidad de adaptación, estaríamos hablando de un tipo de estrés perjudicial para la salud denominado como distrés. El distrés es un tipo de estrés crónico que puede durar meses, e incluso años si no se actúa al respecto. El término distrés a veces se encuentra asociado al síndrome de Burnout, un trastorno de estrés crónico.

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¿Qué provoca que una persona sea más proclive a sufrir de estrés que otra? La respuesta suele encontrarse en el temperamento con el que nacemos, pero sobretodo en la historia personal de cada individuo. Dependiendo del entorno y las relaciones establecidas en los primeros años de vida, cuando se forma nuestro carácter, seremos más o menos proclives a sufrir de estrés. Por ejemplo si llegamos al mundo en un entorno inestable, donde no se estableció un apego seguro con nuestros padres, tenemos más números de aprender a relacionarnos con el mundo desde el miedo y la inseguridad. Esto significa que nuestra capacidad de adaptación al medio será menor, y por este motivo presentaremos una mayor tendencia a vivir los eventos externos como amenazantes, aumentado así nuestros niveles de estrés.

Llegados a la edad adulta es nuestra decisión si queremos seguir viviendo los eventos que nos rodean desde el distrés, o estrés negativo, o bien tomar acción al respecto. Debemos recordar un aspecto importante y es que aquello que nos estresa no es el hecho en sí, sino los pensamientos que relacionamos con esa situación. Si trabajamos para tomar conciencia que la mayoría de peligros que anticipamos, y que nos generan distrés, tienen su origen en nuestro pensamiento, y no en la realidad misma, podremos empezar a vivir aquello que nos sucede de una forma más tranquila. No es un camino rápido, ni tampoco fácil, sin embargo con constancia y trabajo llegaremos a encontrar el equilibrio emocional que buscamos.

A continuación, os voy a dar algunas pautas que os pueden ayudar a qué el estrés negativo tenga menos protagonismo en vuestra vida.

1. Toma conciencia de aquello que te genera estrés en tu vida.
Date cuenta de los momentos y las situaciones en que el estrés se activa. Escucha qué te dices a ti mismo al respecto. Quizás te des cuenta que son momentos en los que aparece tu autoexigencia por tener que hacerlo perfecto, por no fallar o bien por cumplir con las expectativas que tú crees que los otros tienen depositadas en ti. Date un tiempo para parar, toma conciencia de cómo te estás tratando en esos momentos, y si realmente es necesario que te pongas tanta presión ante esa circunstancia.
Muchas situaciones estresantes tienen su origen en el trabajo. Date cuenta de donde surge el estrés en ese ámbito; quizás sea porque llevas mucho tiempo en un trabajo que no te gusta, porque tomas responsabilidades que no te corresponden, o bien porque tienes dificultad para poner límites y decir no en tu entorno laboral.

Analiza los motivos que te llevan a sufrir estrés, así como aquello qué está en tu mano hacer para solucionarlo. Piensa que muchas veces el estrés funciona como un indicador de que algo no está bien en tu vida. Para hacer un símil, sería como esa luz que se enciende en el salpicadero de un coche indicándonos que le falta aceite al motor. Obviamente si no haces nada al respecto, y no añades aceite, la luz va a seguir advirtiéndote del peligro, hasta que un día el coche te deje tirado en la carretera. Pues lo mismo pasaría con el estrés, si no escuchas cúal es su  mensaje, el estrés va a seguir acompañándote allá donde vayas.

Muchas personas ante situaciones que exigen un esfuerzo, escogen no actuar, pues su miedo al cambio es mayor que su malestar. Por este motivo prefieren quedarse en la queja, culpando al resto del mundo o a la vida por su situación. Si este es tu caso, lo único que conseguirás con este tipo de actitud es que el estrés no desaparezca de tu vida, pudiendo derivar en problemas de salud más graves.

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Si vives con estrés y quieres recuperar la tranquilidad, la terapia te ayuda. Para más información rellena el formulario de contacto o bien llama o whatsapp al 645 368 714.

2. Aprende a no hacer nada.
En nuestra sociedad existe la creencia generalizada que cuando no estamos haciendo, es decir cuando no somos productivos en algún sentido, estamos perdiendo el tiempo. Estar tan conectados al “tener que hacer” favorece a que nuestros niveles de estrés sean elevados. Por este motivo es importante que dediques unos minutos al día a no hacer nada que consideres como productivo. En este sentido existen multitud de actividades de ocio que puedes poner en práctica, algunas de las que te sugiero son: hacer deporte, tocar un instrumento, o pintar, entre otros. No importa cúal sea la actividad, sin embargo recuerda que cuando la escojas debes hacerlo motivado por tu deseo de pasarlo bien y disfrutar, y no desde la exigencia por obtener resultados.

3. Conecta con tu ser.
Cuando hablamos de conectar con nuestro ser, nos referimos a salir del discurso constante de nuestra mente para tomar conciencia de cómo nos encontramos en el momento presente. Es habitual que el ritmo acelerado en el que vivimos nos lleve a vivir la vida únicamente a través de la mente y de nuestros pensamientos, descuidando otros centros de nuestro ser, como el centro emocional y el instintivo. Racionalizar tanto nuestra vida provoca que perdamos la experiencia del momento presente, viviendo la mayor parte de nuestro tiempo desde recuerdos del pasado, o bien imaginando el futuro.  En palabras del escritor Eckhart Tolle:

El estrés es causado por estar “aquí”, queriendo estar “allá” “

Por  este motivo es importante que cada día te dejes unos momentos para estar en contacto contigo mismo, experimentando el momento presente. Para ello puedes utilizar diferentes técnicas, una de ellas es tomar conciencia de tu respiración. A continuación te dejo con un ejercicio que te puede ayudar en ese sentido:

“En un sitio cómodo, sin ruido ni distracciones, túmbate o siéntate con la espalda recta. Cierra los ojos e inspira por la nariz.  Aguanta el aire en los pulmones unos instantes, suelta el aire por la nariz de forma lenta y retén unos instantes los pulmones vacíos. Asegúrate que la expiración (salida del aire) sea prácticamente el doble que la inspiración (entrada de aire). El ejercicio debe durar unos 5 minutos. Una vez realizado el ejercicio quédate con los ojos cerrados y déjate estar unos minutos más en contacto contigo mismo y con tu cuerpo.”

Asimismo también puedes practicar actividades que te ayuden a desconectar de tus pensamientos y conectar con el presente como son; la meditación, el Mindfulness, el Chi-Kung o el yoga, entre otros.

4. Cuida tu cuerpo.
Vivir un estilo de vida saludable es básico para tu salud física y emocional. Es  importante que mantengas hábitos saludables en lo que se refiere a la alimentación y a las horas de sueño, así como que practiques algún tipo de ejercicio de forma regular. Todos estos factores favorecerán la reducción de tus niveles de estrés y mejorarán tu estado emocional y tu autoestima.

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5. Aléjate de las personas tóxicas.
Las personas tóxicas son aquellas personas que influyen negativamente en nuestro estado de ánimo, siendo una fuente importante de estrés. Es importante detectar este tipo de personas y mantenerse alejado de ellas en la medida posible. Si tienes personas tóxicas a tu alrededor aléjate de ellas, y si no puedes, establece unos límites claros y no aceptes entrar en su juego. Si quieres saber más sobre las personas tóxicas, aquí te dejo un anterior artículo sobre el tema.



6. Organiza tu vida y administra tu tiempo.
En ocasiones el estrés surge por una falta de organización y por no saber administrar nuestro tiempo de una forma eficiente. Si este es tu caso prioriza las acciones más importantes, haz las cosas de una en una, distribuye tu tiempo según aquello que puedes hacer y no intentes llegar a todo tu solo. Aunque te cueste, prueba a delegar responsabilidades y tareas a otras personas, de esta forma dispondrás de más tiempo para ti y evitarás saturarte.

Por último comentarte que si hasta ahora has vivido con estrés, prescindir de él no te va a ser tarea fácil, y más si lo quieres hacer por tu cuenta. En estos casos la terapia puede ser el acompañamiento ideal para que empieces a cambiar formas de funcionar obsoletas y que te hacen sufrir, por otras de más saludables.
Si quieres conocer más sobre el estrés, aquí te dejo otro artículo relacionado con el tema:



Leslie Beebe
Terapia y Coaching Personal Barcelona
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Perdonar una Infidelidad

Perdonar una infidelidad. La infidelidad es una de las principales causas de separación en las parejas. Los motivos que la persona infiel justifica para tal acto son diversos; el aburrimiento, la curiosidad, o simplemente que se dieron las circunstancias propicias para ello. Sin embargo, en mi opinión, un gran porcentaje de las infidelidades son síntoma de algún tipo de insatisfacción que la persona siente respecto a la relación o bien consigo mismo.

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La persona infiel, en vez de expresar ese malestar a su pareja, lo que hace es desviar la atención, buscando una solución fuera de la relación. La infidelidad es una vía para no enfrentarse a una realidad, que en la mayoría de ocasiones, se presenta como desagradable.

Por norma general la infidelidad es un acto que no tiene una salida exitosa; en primer lugar porque la pareja se suele acabar enterando, con el impacto emocional y las repercusiones negativas que esto provoca en la relación y en la vida de la persona. En segundo lugar, y como hemos dicho anteriormente, muchas infidelidades son producto de la evitación por no querer enfrentarse a un problema determinado. Cuando evitamos lo único que conseguimos es que la situación se enquiste, manteniendo el malestar hasta que nos decidamos a abordar el tema.

Para el agraviado enterarse de que su pareja le ha sido infiel representa un shock, con el consecuente dolor emocional. Multitud de emociones desagradables van a aflorar en esos difíciles momentos, como la sensación de sentirse traicionado, humillado, engañado o utilizado, entre otros.

Cuando se descubre una infidelidad la ilusión de la “media naranja” se rompe, la imagen de la pareja cambia, y la confianza en el otro se pierde. Volver a recuperar la confianza en la pareja no es imposible, pero va a ser una tarea que requerirá de tiempo y de un esfuerzo conjunto, si es que ambos miembros desean seguir con la relación. En un gran número de ocasiones al agraviado le es imposible perdonar y olvidar lo sucedido, por lo que la relación acaba terminando.

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Es habitual que el descubrimiento de la infidelidad afecte la autoestima del que ha sido engañado, aun más cuando los niveles de autoestima de esa persona son bajos. La pareja engañada se pregunta qué ha debido hacer mal para que la infidelidad se haya producido. Piensa que quizás no ha estado a la altura, y que no ha dado al otro aquello que necesitaba. En muchos casos estas ideas derivan en un intenso sentimiento de culpa, que dificulta enormemente la posibilidad de restablecer la relación.

Si este es el caso, debemos tener claro que el único culpable de la situación es la persona que ha cometido la infidelidad, el que ha traicionado el acuerdo de pareja, y no el que la ha sufrido. La infidelidad nunca puede ser una justificación por los posibles problemas que esté atravesando la pareja, simplemente es un acto de irresponsabilidad por parte de quien la comete.

Una vez descubierta una infidelidad aparecen en la persona traicionada multitud de preguntas; ¿Debo perdonarle?, ¿Es posible volver a confiar en el/ella?, ¿Es mejor acabar la relación o luchar por ella?, ¿Cómo perdono esta traición?, etc…

La primera pauta a seguir en esos duros momentos es no querer correr en decidir nada, son momentos de un gran dolor emocional y por este motivo es necesario dejarse un tiempo prudencial para ver cómo nos sentimos al respecto. Es importante evitar que otras personas como la propia pareja, amigos o la familia presionen para que se tome una decisión. Debemos tener claro que es nuestra decisión, y en este sentido también deberíamos alejarnos de creencias familiares auto impuestas relacionadas con el tema, como aquellas que nos lanzan mensajes del tipo: “la familia debe permanecer unida”, ”una mujer necesita a un hombre”, y otras de similares.  

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Una vez pasado un tiempo prudencial, algunos aspectos que podemos considerar a la hora de tomar una decisión son los siguientes:

Como ha sido la infidelidad; ¿Fue una relación sexual esporádica o ha sido una relación duradera?, ¿Cómo te sientes al respecto?, ¿Pasado un tiempo cómo crees que te sentirás si lo perdonas?. Existen personas, sobre todo mujeres, a las que les es más fácil perdonar un desliz sexual que una relación sentimental, mientras que en los hombres la tendencia suele ser la inversa.

Causas que han motivado la infidelidad. Es aconsejable que una vez pasado el primer momento de ira y enfado, te puedas sentar con la pareja para así poner las cartas encima de la mesa. La persona infiel debería decirte cuales han sido las motivaciones que le han llevado a actuar así, y si cree que existen carencias en la relación. Sería importante revisar entre ambos aspectos de peso en la pareja, y que pueden haber influenciado en la situación actual como;  la comunicación, la sexualidad, el grado de confianza en el otro y el cariño en la relación.

El daño causado. Existen personas a las que les es más fácil pasar página después de una infidelidad y otras no tanto. Puedes preguntarte si te ves capaz de seguir adelante con la relación, dando una oportunidad a un nuevo inicio, o bien crees que te va a ser imposible perdonarlo. Quedarse con la ira y el reproche hacía el otro no son buenos ingredientes para continuar la relación.

La confianza dañada. Plantéate si después de todo lo que ha sucedido crees que puedes volver a confiar en tu pareja y tener una relación satisfactoria con ella.

Tus sentimientos hacía la otra persona. Los años juntos, los momentos felices y los proyectos conjuntos son aspectos a tener en cuenta a la hora de tomar una decisión. Como hemos dicho perdonar al otro y abrir la posibilidad de continuar la relación debe ser una decisión meditada, y por ello no debería ser tomada en los primeros momentos de ira y dolor.

Una vez consideradas estas cuestiones quizás quieras dar una oportunidad a la relación, o bien desees terminar con ella. Date cuenta que no es fácil perdonar, pero si lo haces debes hacerlo con conciencia, es decir haciendo borrón y cuenta nueva. No se vale decir al otro que le perdonas, para después en cualquier discusión futura volverle a sacar el tema a relucir, o bien convertirte en una persona desconfiada y celosa dentro de la relación.

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Si has vivido una infidelidad en tu pareja, la terapia puede ayudarte. Rellena el formulario de contacto, o bien llama o whatsapp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

En lo que respecta al perdón debes tener claro lo siguiente:

El perdón no significa olvidar lo ocurrido. De hecho tener la capacidad de recordar lo ocurrido, desde la aceptación y no el rencor, puede ser una forma de crecimiento y aprendizaje para la pareja. Si se llega al compromiso mutuo de seguir con la relación y se perdona de forma sincera, la crisis vivida puede ser el punto de inflexión hacía una unión más fuerte y sincera con la pareja.

Perdonar no es siempre sinónimo de reconciliación. Reconciliarse con el otro va más allá del simple perdón. Tampoco perdonar significa necesariamente retomar la relación. El perdón es un paso necesario, pero se requieren de otros elementos para continuar con la relación como el compromiso, la constancia, la sinceridad y la responsabilidad personal, entre otros.

Perdonar no es signo de debilidad. A veces creemos de forma errónea que si nos quedamos en el enfado, el rencor y las ganas de venganza hacia el otro seremos más fuertes y no sentiremos tanto el dolor por lo sucedido, cuando realmente no es así. Aunque es normal conectar con el enfado en esos momentos, y por tanto es necesario y saludable dejarnos la libertad para expresarlo, también es verdad que quedarse con el enfado no nos ayudará ni a recuperar la relación, ni a seguir nuestro camino solos. Perdonar es un paso difícil y valiente para el que ha sido traicionado, por lo que la persona que ha sido infiel deberá ponerse manos a la obra para recuperar la confianza perdida, demostrando que realmente desea, al igual que el agraviado, continuar con la relación.

El perdón tampoco debe ser minimizado. No es suficiente un “te perdono y ya está”, sino que el perdón ha de llevar consigo cambios en la pareja para así adaptarse a una nueva realidad. En estos cambios el trabajo y el compromiso de los dos miembros de la pareja es fundamental.

Si acabas de vivir una situación de infidelidad, o bien tu pareja y tú deseáis darle una nueva oportunidad a vuestra relación, la terapia, ya sea individual o de pareja, puede ser de gran ayuda en estos momentos.


"Perdonar no es olvidar el daño, es recordarlo sin odio ni rencor". Walter Riso


Leslie Beebe
Terapia y Coaching Barcelona
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Como Superar el Chantaje Emocional

Como superar el chantaje emocional. El chantaje emocional es una forma de manipulación que busca controlar y ganar poder sobre una persona con la cual mantenemos algún tipo de vínculo afectivo. El chantajista se vale de sus conocimientos sobre la otra persona para manipularla y que así acceda a sus deseos. La víctima del chantaje cede a las peticiones principalmente por el miedo y la culpa que se derivan de dicha manipulación.

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El chantajista emocional suele ser una persona insegura, con una baja autoestima, que necesita de la atención y el reconocimiento de la víctima. El chantaje emocional es una estrategia que el manipulador utiliza para mantener el control en la relación, y de esta forma evitar ser abandonado o rechazado por la otra persona. No importa cuánto acceda la víctima a las demandas del manipulador, éste nunca se dará por satisfecho y siempre querrá más. La estrategia del chantajista es crear malestar en la otra persona, a través de sentimientos como el miedo y la culpa, con el objetivo que acabe aceptando sus peticiones.

La víctima es también una persona con una baja autoestima, y con un gran miedo al abandono. Con frecuencia son individuos con un gran sentido del deber y que extienden su responsabilidad a la vida y las acciones del manipulador emocional. La víctima se siente culpable si no accede al chantaje emocional y tiene la creencia, más o menos consciente, que aquello que le sucede al chantajista es su responsabilidad. Es como una ley interna que le dice que si no acepta las demandas está siendo malo y en consecuencia está poniendo en riesgo el amor y el reconocimiento del manipulador. Por otra parte, si consiente el chantaje se siente enfadado y frustrado consigo mismo, y es normal, pues está haciendo algo que va en contra de sus deseos y necesidades.

Todos en algún momento de nuestra vida hemos sido víctimas del chantaje emocional, y en otros momentos también hemos manipulado para obtener aquello que queríamos. Una de las principales explicaciones para ello la encontramos en los primeros años de vida y en la educación recibida. El chantaje emocional es un mecanismo común utilizado por la mayoría de los padres para que los hijos obedezcan y hagan lo que ellos quieren. Es común que los padres utilicen con sus hijos frases del siguiente tipo: 

“Si no lo haces, mamá no te va a querer”, “Si te vas con papá es que no me quieres", “Con lo que yo hago por ti y mira como te comportas”... y frases por el estilo que buscan obtener aquello que desean a través de hacer sentir culpa y miedo al niño.  

De esta forma el chantaje se constituye como un modo de relación aprendido, en el cual el niño crece con la creencia que para obtener el amor familiar, y por tanto ser querido y aceptado, debe pagar un precio. Llegados a la edad adulta muchas personas siguen con esta distorsión del concepto de amor, y utilizan el chantaje emocional para conseguir aquello que quieren de su pareja y de sus hijos.

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Existen múltiples tipos de manipuladores emocionales, a continuación os comento los más comunes:

1. Los castigadores. Este tipo de chantaje va destinado a limitar la libertad de la víctima a través de la amenaza. El castigador amenaza con tomar represalias si la persona no accede a sus demandas. Ejemplo : ”Si no haces esto, te dejaré”, “Si te separas no verás a tus hijos”.

2. Los autoagresivos. En este caso el chantajista amenaza con hacerse daño a si mismo si la persona no cumple con sus peticiones. Ejemplo: ”Si me dejas me suicido”.

3. Los mártires. Son personas que asumen un rol de víctima, expresándose desde la impotencia y la debilidad. Quieren hacer creer al otro que son víctimas y que su bienestar depende de él. Ejemplo: ”Sin ti no podría hacerlo”, “No podría vivir sin ti”.

4. Los seductores. Estos individuos utilizan un tipo de psicología inversa, a través de la cual recuerdan constantemente a la víctima todo lo que hacen y como se sacrifican por ella. Ejemplo: ”Con lo que yo me sacrifico por esta familia”, “Con lo que yo te quiero y así me lo pagas”.

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Si quieres salir del chantaje emocional, la terapia puede ayudarte. Para más información contacta en el teléfono 645 368 714, llamada o whatsapp, o bien rellena el formulario de contacto.

Si te has identificado con alguno de estos tipos de manipulación, a continuación os dejo unas pautas que os ayudarán a no ceder al chantaje emocional.

El primer paso consiste en reconocer que estamos siendo manipulados. Si accedemos a peticiones externas, y después nos sentimos mal, enfadados o frustrados con nosotros mismos, es un claro síntoma de que sufrimos algún tipo de manipulación.

El reconocimiento de la manipulación pasa por mirar dentro de nosotros y preguntarnos qué debilidades propias utiliza el manipulador en su chantaje. Para ello nos podemos formular preguntas del siguiente tipo;

¿Tengo una pobre opinión de mí mismo?, ¿Tengo una gran necesidad de aprobación externa?, ¿Siento la necesidad de responsabilizarme de otra persona?, ¿Tengo tendencia a ocuparme de todo y no delegar?, ¿Siento un gran vacío de amor y reconocimiento en mi interior?, ¿Con frecuencia me culpo/me responsabilizo de todo?.

Debemos ser conscientes que no podemos cambiar al chantajista ni tampoco su actitud de manipulación, y por tanto es inútil negociar con él. El manipulador nunca va a quedarse satisfecho, por mucho que pongamos de nuestra parte por complacerle, y siempre nos va a pedir más. Por este motivo el trabajo para liberarse del chantaje emocional debe ser más interno que externo. Acceder a las demandas del chantajista está directamente relacionado con la opinión y valoración de nuestra persona, es decir con nuestra autoestima y el amor hacía nosotros mismos. Si trabajamos para ganar autoestima seremos menos susceptibles a caer en las redes del manipulador emocional.

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Cuando alguien te pida algo, tómate tu tiempo para contestarle. Muchas veces actuamos de forma automática y decimos que sí a las peticiones externas en un afán de agradar y de ser aceptado por el otro, cuando quizás no nos va bien, no es nuestra responsabilidad o simplemente no queremos hacerlo. Darte un tiempo antes de responder te permitirá escucharte a ti mismo y valorar los pros y los contras de tu decisión.

En caso que te sientas incómodo con la petición, simplemente di no, sin dar demasiadas explicaciones. No te intentes justificar excesivamente, pues tu respuesta perderá fuerza. Recuerda que debes expresarte de forma directa y asertiva pues en caso contrario corres el peligro de caer en el discurso manipulador del chantajista.

Mira de poner unos límites claros respecto a aquello que vas a permitir y lo que no. En la mayoría de ocasiones la víctima acepta el chantaje sin rechistar. Si eres ese tipo de persona la próxima vez que te intenten manipular prueba a no quedarte callado y exprésale como te hacen sentir sus demandas. Puedes responderle con preguntas o afirmaciones del siguiente tipo:

“¿No crees que es tu responsabilidad y no la mía?”, ”No voy a permitir que me manipules más”, “No voy a acceder a tus peticiones, me siento utilizado “, “¿Crees que es justo lo que me pides?”,  “No dependo de ti y no voy a hacer lo que me dices”, “¿Te parece lógico y razonable lo que me pides?”, “No voy a permitir que me hagas sentir culpable”… y frases de este estilo. Puedes buscar cuáles se adecuan más a tu situación y utilizarlas cuando sea necesario.

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Obviamente reaccionar contra el chantaje y utilizar alguna de las expresiones anteriores no es fácil, sin embargo debemos escoger entre pasar un mal rato al tener que enfrentarnos al manipulador, o bien quedarnos con el enfado y la frustración durante horas o días por haber accedido a algo que no queríamos hacer.  Como nos dice el refrán: “Más vale una vez colorado que cien descolorido”.
Es muy importante que entendamos que es posible decir no, o poner un límite claro, aun sintiéndonos culpables por ello.

Por último quiero comentar que no es fácil cambiar las dinámicas de manipulación y chantaje emocional en las que uno puede estar inmerso. Por este motivo es recomendable que si sufres chantaje emocional busques ayuda profesional. La terapia es un trabajo personal que te permitirá ganar autoapoyo y te aportará herramientas de gestión emocional para que puedas enfrentar este tipo de situaciones desde una posición de presencia y fuerza, evitando caer de nuevo en el chantaje emocional.

"Somos fácilmente engañados por aquellos a quien amamos". Molière


Leslie Beebe



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Como Abandonar una Relación de Pareja Tóxica

Como abandonar una relación de pareja tóxica. Cuando buscamos el amor en una relación nos imaginamos una persona buena, respetuosa, con la que aprender y sentirnos bien a su lado. Sin embargo, en más ocasiones de las esperadas, caemos en lo que se denomina como relación de pareja tóxica; una relación que nos lastima física, emocional o psicológicamente. Vivir una relación tóxica es muy nocivo y si no lo remediamos puede derivar en problemas de salud como la depresión o los trastornos de ansiedad. Salir de una relación de este tipo no es fácil, y con frecuencia se necesita de ayuda terapéutica para ello, no obstante con esfuerzo y constancia la salida es posible.

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Por norma general la persona que se encuentra atrapada en este tipo de relación es incapaz de ver su estado hasta que la situación llega a un punto en que aparecen los síntomas de sufrimiento físico y/o psíquico.

A continuación voy a comentar algunos indicios que pueden indicar que se está viviendo una relación de pareja tóxica:

Desconfianza y miedo hacía la pareja.

Presencia de algún tipo de abuso, se suele empezar con gritos y faltas de respeto para ir evolucionando hacía situaciones más extremas como el abuso sexual o el maltrato físico.

Sentirse cohibido y sin libertad para expresar al otro emociones, sentimientos y opiniones.

Miedo a las reacciones de la pareja.

Actitud excesivamente complaciente hacía el otro.

Sentimientos habituales de ira y frustración.

Sentirse controlado por la pareja, sin libertad de movimientos.

Sentirse maltratado de alguna forma por la pareja (física, psíquica o emocionalmente).

Una vez la persona es consciente que puede estar viviendo una relación tóxica, también se da cuenta de su enorme dificultad para dar el paso y salir de ella. Los motivos para quedarse en una relación dañina pueden ser diversos, aunque generalmente están relacionados con alguno de estos miedos: el miedo a la soledad, el miedo al abandono o el miedo al rechazo. 

Un elemento común en las personas que sufren de una relación tóxica es una baja autoestima y una poca confianza en sí mismos, donde prevalece la creencia que es mejor vivir acompañados, aunque la relación les sea dañina, que enfrentarse a la idea de tener que vivir solos. Sería el mensaje opuesto a aquel proverbio que nos dice “Mejor solo que mal acompañado”.

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Si sientes que estás viviendo una relación de pareja tóxica y quieres salir de ella, la terapia puede ayudarte. Rellena el formulario de contacto o bien llama al 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

Este tipo de situaciones suelen complicarse con el paso del tiempo. La persona sometida a una relación tóxica minimiza el problema y se busca excusas a sí misma para no abandonar al otro, y de esta forma no tener que enfrentarse a sus propios miedos. Con frecuencia hasta que no se llega a una situación extrema, como una crisis de ansiedad o una depresión, la persona no empieza a tomar cartas en el asunto.

Algunas de las justificaciones que adoptan las personas que mantienen este tipo de relaciones es decirse a sí mismas que la situación no está tan mal, o bien se explican la historia que su pareja va a cambiar. En este sentido tampoco ayuda el hecho que la persona tóxica actúe de una forma diferente y errática según el momento, es decir que en ocasiones humille a la pareja, y en otras le exprese su amor a través de regalos y promesas futuras. Esta actitud provoca en la persona mucha inestabilidad y dudas, alimentando sus falsas esperanzas de que el otro cambiará para cumplir su ideal de pareja.

La posibilidad de abandonar la relación puede conectar a la persona con otros aspectos de sí mismo; el primero es su miedo a cómo reaccionará su pareja ante la noticia, y las consecuencias que supondrá esta decisión. En casos donde existe violencia física este tipo de miedo se encuentra muy presente. Otros aspectos habituales pueden ser la aparición del sentimiento de culpa por dejar la relación, y el miedo al juicio externo de amigos y familiares si se toma la decisión de abandonar a la pareja.

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A continuación os dejo algunas estrategias que os pueden ayudar a salir de una relación tóxica:

El primer paso es preguntarnos dos cuestiones que yo considero fundamentales,  primero; “¿Soy feliz con mi pareja? y segundo; ¿ Le quiero y me siento querido por mi pareja?.  No debemos tener miedo a admitir que no somos felices y que no nos sentimos queridos. Cuando antes admitamos esta realidad, mucho mejor para nuestra salud física y emocional. Es importante diferenciar entre fantasía y realidad, es decir entre aquello que habíamos imaginado sobre nuestra pareja, y lo que ha acabado sucediendo en la realidad. Aunque nos cueste, debemos sostener la frustración y aceptar que la realidad no siempre coincide con aquello que nosotros queremos o deseamos, y no porque hayamos hecho algo mal, sino porque no disponemos del control total sobre nuestra vida. 

En esta linea es importante que entendamos que por mucho que lo intentemos, tampoco tenemos la facultad de cambiar a la otra persona, y moldearla a nuestro gusto. Debemos pues aceptar lo que hay, para lo bueno y para lo malo, y a partir de aquí decidir si realmente queremos seguir al lado de esa persona. Es importante entender que el cambio suele surgir de la voluntad propia por cambiar, es decir cuando uno siente la necesidad, y no por influencias o presiones de otras personas.

Llegados a este punto debemos decidir si realmente vale la pena luchar por nuestra relación. Si queremos seguir con esa persona lo fundamental es hablar de la situación con ella y poner las cartas encima de la mesa. En este punto puede plantearse a la pareja algún tipo de ayuda, como la terapia individual o de pareja, para reconducir la situación y recuperar el equilibrio en la relación.En estos casos no valen las simples promesas por parte de la persona tóxica del tipo: "te aseguro que cambiaré", sino que el compromiso de cambio debe ir ligado a algún tipo de acción, como la búsqueda de ayuda profesional.

En caso que decidamos dejar a nuestra pareja nos enfrentaremos a una situación muy difícil, en la que se abren muchas incógnitas y se despiertan multitud de miedos. En estas circunstancias puede ser aconsejable no enfrentarse a esta situación solos y pedir ayuda a amigos, familiares, o bien ayuda terapéutica. No obstante si decidimos abandonar la pareja nuestra decisión debe ser firme. Es importante que se produzca la separación física y no dar pie a posibles reconciliaciones o esperanzas futuras.

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Otra idea que deberíamos adoptar ante este tipo de circunstancias es que el amor no es unidireccional, es decir que el amor no sucede porque uno lo desee y se esfuerce al máximo para conseguirlo, sino que es cosa de dos. Los dos miembros de la pareja deben ir en una misma dirección, y aunque en ocasiones existan disputas, lo más importante es la voluntad de ambos para transitar el camino juntos, sintiendo que el otro nos importa y que importamos al otro. Nunca se deben justificar, ni tampoco aceptar,  manifestaciones como las faltas de respeto, el menosprecio y la indiferencia hacía nuestra persona, claros síntomas de una relación de pareja tóxica.

Es importante empezar a pensar más en uno mismo y menos en el otro. Un claro síntoma de una relación tóxica es haber pasado mucho tiempo pendiente exclusivamente de la pareja, olvidando nuestras necesidades y deseos. Por este motivo ha llegado el momento de empezar a cuidarnos y reencontrar nuestro camino; recuperando ilusiones y proyectos que teníamos olvidados. No debemos quedarnos anclados en ideas como la búsqueda de culpables por la situación vivida, la autoculpabilización o la desvalorización personal, pues no conducen a buen puerto. En la medida de lo posible debemos focalizar nuestros esfuerzos en el cuidado de nuestra persona y en el futuro prometedor que nos espera.

Como hemos comentado anteriormente, los principales obstáculos que nos pueden impedir abandonar a nuestra pareja son nuestros miedos más profundos. Ante ellos lo importante es no dejar que tomen el control y nos paralicen. Debemos tener claro que es posible dar el paso, incluso con miedo. Asimismo debemos pensar que los miedos suelen ser mucho más terroríficos en nuestra mente, como fantasía, que no lo que verdaderamente acaba sucediendo en la realidad.

Por último quiero decir que si nos sentimos inmersos en una relación de pareja tóxica debemos pensar que no estamos solos; disponemos de amigos, familiares y compañeros de trabajo que nos pueden ayudar. Asimismo la terapia también puede ser de gran ayuda en estos casos, actuando como una muleta que nos apoye en estos duros momentos y nos acompañe para dar el tan temido paso. 

¡Adelante, tú puedes!.

A continuación os dejo un par de artículos relacionados con esta temática:

Como terminar mi relación de pareja

Como tratar con personas tóxicas


Leslie Beebe
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Como Superar el Miedo a la Soledad

Como superar el miedo a la soledad. Uno de los principales miedos que me comentan las personas que acuden a terapia es su miedo a estar solos. Existen momentos en la vida en que ese miedo se manifiesta con más fuerza, momentos como rupturas sentimentales, separaciones matrimoniales o la muerte de un ser querido.

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En el ámbito cultural y educativo la soledad siempre ha tenido mala prensa. Desde pequeños se nos enseña que la soledad es algo malo, que debemos evitar. De esta forma crecemos pensando que necesitamos encontrar a alguien para compartir la vida, y así no quedarnos solos. Algunos clientes me comentan que para ellos la soledad es sinónimo de haber fracasado; otros que no tener pareja significa que algo deben estar haciendo mal, o bien que algo defectuoso deben tener que no encuentran a nadie para compartir su vida.

El miedo a la soledad está muy generalizado y es muy común, pues está íntimamente ligado a la evolución del hombre como especie. El hombre es un ser social por naturaleza que necesita de la comunicación con otros para su desarrollo. Asimismo el hombre nace en una total fragilidad y desprotección, lo que supone que debe depender de los padres durante un largo periodo de tiempo, mucho mayor que el resto de especies que habitan en el planeta. Estos factores condicionan nuestra vida y también nuestros miedos.

A nivel social, vivimos en una sociedad que se mueve a un ritmo trepidante. Cada vez existen más estímulos externos que nos aíslan de nosotros mismos para entrar en una vorágine de hacer constante. La tecnología actual nos permite conectar con cientos de personas de todo el mundo; en consecuencia, sería lógico pensar que deberíamos sentirnos menos solos, sin embargo los estudios demuestran todo lo contrario. Sentirse solo es uno de los principales males que manifiesta la sociedad actual.

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Si sientes que sufres por tu soledad, la terapia puede ayudarte. Rellena el formulario de contacto o bien llama al 645 368 714

Creo que es importante distinguir entre estar solos y sentirnos solos. Como resultado de la vinculación que establecemos entre soledad con aquello que es desagradable o negativo, sentirnos solos es una sensación que deseamos evitar a toda costa. Sin embargo, estar en soledad no debería significar sentirnos solos; cuando establecemos esa relación estamos obviando un aspecto importante de la soledad, que es la soledad como un espacio íntimo, de introspección y reflexión. Como seres humanos necesitamos del contacto con el resto de personas y con el mundo, no obstante también necesitamos de esos momentos de soledad para conectar con nosotros mismos, simplemente dejándonos estar en el silencio. Una soledad que es elegida y que por tanto no debe ser desagradable, pero que en el mundo vertiginoso en el que vivimos cada vez parece más difícil de conseguir.

A continuación os planteo algunas recomendaciones para vivir la soledad de una forma diferente y más saludable:

Es importante que tomes conciencia de aquello que te dices sobre la soledad y escuchar cuales son tus pensamientos al respecto. No debes olvidar que aquello que sientes deriva en gran parte de la actitud y los pensamientos que tengas. Si piensas que la soledad es negativa y desagradable, las emociones que experimentes y tu estado de ánimo van a ir en la misma dirección.

Relacionado con el punto anterior, una vez tomes conciencia de tu actitud y tus pensamientos respecto a la soledad, debes intentar cambiarlos por otros de más positivos y que favorezcan tu autoestima.

Un gran porcentaje de personas vinculan sentirse solos con sentimientos de abandono y de desvalorización personal. Si te mantienes en una posición de víctima, difícilmente conseguirás cambiar tu concepción negativa sobre la soledad. Es importante que adoptes una actitud activa y te hagas preguntas que sumen y que no resten, del tipo;

“¿Qué está en mi mano hacer para no sentirme solo?, ¿Estar solo me impide hacer aquello que yo quiero o deseo?, ¿Sentir la soledad significa que no puedo hacer cosas valiosas para mí o para los demás?, “¿Qué beneficios y qué perjuicios me aporta seguir quejándome por mi soledad?” .

Debes enfocarte en el presente y en proyectos futuros, para así no quedarte anclado en el pasado. Existen personas que viven en el rencor por situaciones pasadas, lo que les lleva a recluirse y a sentirse solas y abandonadas. Un ejemplo son aquellas personas que han sufrido un desengaño amoroso y que se niegan a mantener nuevas relaciones. En estos casos es necesario aprender de las experiencias pasadas, pasar página  y seguir con nuestro camino. Por mucho que nos duela el pasado no está en nuestra mano cambiarlo, pero sí podemos aprender de ello para vivir las situaciones que nos plantee el futuro de una forma diferente.

Es importante que desidentifiques el tener una relación con ser feliz. Aunque las películas de Hollywood nos muestren lo contrario, todos aquellos que tenemos o hemos tenido una relación sabemos que no es un camino de rosas, y como en la vida existen momentos felicidad, pero también momentos de tristeza o de enfado en la relación. No obstante debemos recordar que siempre es preferible estar en soledad que mantener una relación tóxica por el miedo a estar solo. 

En este sentido es importante que tengas en cuenta que tu idea sobre estar solo, suele ser mucho peor que lo que acaba sucediendo en la realidad. Una vez te dejes la libertad de contactar con tu soledad, también tomarás conciencia que no es tan mala como habías imaginado, e incluso con el tiempo aprenderás a disfrutar de tus momentos de soledad.

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Reconoce que tienes miedo a la soledad, exponte a ella y analiza qué aspectos te dan miedo de estar solo. Bajo la soledad suelen existir miedos más instintivos y primarios como el miedo al abandono. La terapia es una oportunidad única para poder analizar estos miedos y llegar a superarlos.

Analiza como son tus relaciones y pregúntate si realmente estás con gente por miedo a quedarte solo. Si te dejas llevar por tu miedo estarás actuando desde una máscara para querer complacer y evitar así que los otros te abandonen, lo que afecta negativamente tu dignidad y tu autoestima. Distingue entre las relaciones sinceras, que se mueven desde tu deseo por compartir, de aquellas más neuróticas que surgen de tu miedo a la soledad.

Elabora una lista con los aspectos positivos de la soledad. Algunos de ellos pueden ser: contactar contigo mismo, dar un espacio a tus deseos y necesidades, parar el ritmo frenético en el que vives, etc...

Trabaja con la visión que tienes de ti mismo; piensa que tú eres lo más importante. La soledad puede estar relacionada con tu deseo de encontrar otra persona para que te complete y llene el vacío que sientes. Es importante que comprendas que si no consigues ser feliz por ti mismo, nunca podrás serlo en compañía. La necesidad del otro para ser feliz es un claro síntoma de una baja autoestima y una poca valoración de tu persona. Si te sientes así, quizás sea un buen momento para empezar una terapia que te ayude a recuperar tu autoestima.

Para terminar os dejo con unas palabras del escritor Carlo Dossi sobre la soledad:

“¿Por qué, en general, se rehuye la soledad?, porque son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos”


Leslie Beebe
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