Emociones (III) La Rabia

Emociones (III). La Rabia. Seguimos con el ciclo de artículos dedicado a las emociones, hoy nos toca la rabia. Al igual que la alegría, la rabia es una emoción explosiva, pues supone una liberación de energía al exterior. Sin embargo mientras que la alegría nos mueve a compartir, la rabia nos impulsa a apartar aquello que nos molesta.

terapia rabia

Corporalmente la rabia activa nuestro organismo y nos prepara para el enfrentamiento; los músculos de nuestras extremidades se activan, el pulso se acelera y nuestra mandíbula y rostro se tensan.

Generalmente sentimos rabia ante dos tipos de situaciones; la primera es cuando nos damos cuenta que algo o alguien no ha cumplido con nuestras expectativas. La segunda es una reacción de defensa cuando sentimos que no somos respetados. En este sentido la rabia nos ayuda a decir no, a poner límites y a defensar nuestros derechos e intereses ante el resto de personas.

En general existe una gran dificultad en poder gestionar la rabia de una forma saludable. En mi opinión el principal motivo de esta dificultad se origina en el miedo de muchas personas ante los efectos que puede producir la rabia una vez expresada. Estas personas tienen miedo a manifestar su rabia por la relación que establecen con el descontrol emocional; asocian sentir rabia con su miedo a hacer daño al otro, a hacerse daño a sí mismos, o a al juicio que puede despertar la expresión de dicha emoción.

terapia emociones barcelona

Respecto al juicio no debemos olvidar que la rabia es una de las emociones más rechazadas a nivel social, pues en general no está bien visto enfadarse. Uno de los principales motivos de este rechazo es que relacionamos la rabia con la agresividad o la violencia, cuando realmente no siempre es así. Dentro de la rabia existen múltiples formas de expresión, siendo la agresividad un polo extremo, pero no el único. Debemos entender que podemos manifestar nuestra rabia desde otros niveles no tan extremos, como son la asertividad y la firmeza, por tanto sin tener que llegar a la agresión verbal, ni mucho menos a la física. Sentirse enfadado no significa comportarse agresivamente.

El miedo a la rabia es lo que nos conduce a reprimirla, o bien a sustituirla por otra emoción más bien vista, como puede ser la tristeza. Sea cual sea el caso, no gestionamos correctamente la emoción, por lo que el malestar se va acumulando en nuestra "mochila emocional". Cuando esta carga se vuelve muy pesada, entonces es cuando es más susceptible que perdamos nuestro control emocional, y en consecuencia que la rabia se manifieste de forma dañina, tanto para nosotros como para el resto de personas.

La rabia sin control nos aleja de satisfacer nuestra verdadera necesidad;  por ejemplo la rabia puede surgir ante una situación en que sentimos que nuestra libertad es vulnerada por otra persona, en este caso nuestra necesidad es poner un límite claro y hacernos respetar ante el otro. Si nos dejamos llevar por la rabia, puede ser que acabemos insultando o faltando al respeto a la otra persona. Cuando este descontrol se produce nos quedamos con un mal sabor de boca, sintiéndonos culpables, al habernos dejado llevar por la emoción y sin haber satisfecho nuestra necesidad original.

La rabia también es una de las emociones más reprimidas a nivel cultural, sobretodo en determinadas sociedades, como la anglosajona. Cuando ejercemos una fuerte represión sobre una emoción lo que provocamos es que su sombra sea muy alargada, y por tanto que se acabe manifestando de la forma más dañina posible. Un claro ejemplo de ello lo tenemos en las visitas que realizan grupos de personas procedentes de estas culturas a nuestro país. Estos individuos, inhibidos por el alcohol, se dedican a provocar disturbios violentos, manifestando su rabia de la forma más dañina posible.

terapia en Barcelona emociones

Otra manifestación no saludable de esta emoción es cuando revertimos el sentido original de la rabia; es decir cuando la rabia pasa de ser una fuerza expansiva dirigida al exterior, a ser una fuerza retraída dirigida a nuestro interior. Un claro ejemplo de ello es cuando por miedo a expresar la rabia, lo que hacemos es tragárnosla y dañarnos a nosotros mismos, ya sea a través de pensamientos de desvalorización y falta de autoestima, o bien a partir de situaciones extremas en que podamos llegar a autolesionarnos.

Para una correcta gestión de la rabia el primer paso es darnos la libertad y el derecho para manifestar nuestro enfado. Debemos entender que como más reprimamos y censuremos nuestra rabia, más susceptible será que llegado el momento de manifestarla lo hagamos de una forma descontrolada y dañina.

terapia gestalt Barcelona


El segundo paso es romper con la creencia que la rabia es sinónimo de agresividad. Debemos entender que es factible demostrar enfado sin tener que recurrir a ningún tipo de agresión.

El tercer paso para una correcta gestión emocional es reconocer la herida que se encuentra detrás de la rabia. En la mayoría de ocasiones el malestar originado por el enfado no reside tanto en aquello que otras personas pueden hacer o decir, sino en cómo nosotros lo percibimos y procesamos. En este sentido el motivo original del enfado lo podemos encontrar en un dolor o frustración procedente de una herida del pasado, la cual aún no hemos sanado. Reconocer y sanar el dolor que acompaña a nuestro enfado, nos puede ayudar a relacionarnos con nuestra rabia de una forma mucho más saludable.


"Todo lo que nos irrita de otros nos lleva al entendimiento de nosotros mismos" Carl Jung

Si quieres conocer más sobre la rabia, aquí te dejo un artículo de mi compañera terapeuta, Sandra Valent:
Como te llevas con la rabia

Si quieres conocer más sobre tus emociones, no dejes de leer los siguientes artículos:

El miedo.

La alegría.

La tristeza

Leslie Beebe
www.ansiedad.barcelona
https://www.facebook.com/TerapiaBcn/

Emociones (II) La Alegría

Emociones (II) La Alegría. Mientras que en el artículo anterior hablábamos sobre la tristeza como una emoción de recogimiento, que busca la aceptación de una pérdida, hoy trataremos su polo opuesto, la alegría.

terapia emociones

La alegría produce una energía expansiva, cálida, la cual nos genera una sensación placentera que nos invita a abrirnos y a compartir esa vivencia de bienestar con el resto del mundo. Es fácil ver la alegría en otras personas a través de señales tan características como son las risas, los abrazos, el contacto físico, los saltos, etc…

Social y culturalmente existe una presión para mostrarnos siempre alegres a ojos del resto de personas, confundiendo ser feliz con estar alegre. La alegría es una emoción, por tanto temporal y no duradera, mientras que la felicidad es un estado. Tener momentos de alegría no implica ser feliz. Tampoco la felicidad conlleva permanecer en una situación de alegría constante, sino más bien encontrar un estado de equilibrio y paz con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea. La persona feliz es aquella que acepta su existencia como un cúmulo de momentos, tanto tristes como alegres.

Desafortunadamente existen múltiples corrientes positivistas que nos venden la idea de que es posible vivir en un mundo de felicidad constante. Son escuelas que promueven el concepto de que si pensamos en positivo todo aquello que deseamos se materializará ante nosotros. Aunque estoy de acuerdo que la actitud personal para conseguir alcanzar una meta es fundamental, tampoco lo es todo, pues existen multitud de factores en nuestra vida que escapan de nuestro control. La verdadera realidad es que deberemos enfrentarnos a la decepción en más ocasiones de las esperadas, alejándonos así del ideal de felicidad.

Otras fuentes como la publicidad también buscan vendernos la idea engañosa de que comprando un determinado producto llegaremos a ser felices. Existen multitud de personas que pasan la vida esperando alcanzar aquello que supuestamente les ha de hacer feliz; un trabajo, una casa, un coche, una pareja… sin embargo cuando consiguen aquello que tanto desean se dan cuenta que siguen siendo infelices, y reaccionan proyectando su deseo de felicidad en otra meta, pasando así los años . La única forma de romper con esta tendencia es tomar conciencia que la verdadera felicidad solo puede encontrarse en uno mismo, y no en el exterior.

terapia emociones Barcelona

Volviendo a la emoción de la alegría, y como he dicho anteriormente, debido al imperativo social que nos alienta a vivir en un mundo en que debemos mostrarnos alegres a todas horas, se produce toda una serie de efectos negativos en las personas.

En primer lugar porque por más esfuerzos que la persona haga por querer mostrarse siempre feliz, no puede dar la espalda a una realidad, y es que vivimos en un mundo cambiante, que nos demanda adaptación. Este sobreesfuerzo por actuar desde una máscara de felicidad, para así ser aceptado y querido por el resto, lo único que provoca es cansancio y frustración ante la imposibilidad de alcanzar una meta tan deseada, pero a la vez tan irreal. En estos casos es habitual utilizar la alegría en sustitución de otra emoción, como puede ser la tristeza o el miedo, generándonos malestar al no ser consecuentes con nosotros mismos.

En segundo lugar la idea de una felicidad perpetua favorece a que cada vez nos cueste más aceptar que la realidad no siempre se adecua a nuestras expectativas, lo que deriva en una baja tolerancia a la frustración
Cuando la realidad o las personas no se corresponden con lo que nosotros esperamos de ellas, reaccionamos enfadándonos con el mundo y diciéndonos a nosotros mismos que no es justo, como si existiese una justicia divina, que curiosamente siempre debería estar de nuestro lado.

En tercer lugar, porque vivir en una alegría constante significaría permanecer en un estado de euforia. La euforia es una manifestación extrema de la alegría, un estado egoísta, donde no vemos ni empatizamos con el resto de personas, lo que nos puede conducir al aislamiento del mundo.  

Barcelona terapia

Una correcta gestión de la alegría pasa por disfrutar de ella cuando emerge, aceptando que alegría y tristeza son dos polos de una misma realidad, y que por tanto la vida nos exige transitar por la distancia que las separa. Existirán momentos en que las circunstancias de la vida nos llevaran a la tristeza, y otros a la alegría, sin embargo lo importante es no quedarse anclados a ellas. Hay personas que desean vivir en una alegría permanente, como una forma evasiva para no contactar con el dolor o la tristeza. Otras personas adoptan el rol contrario, viviendo en una tristeza constante porque no se creen merecedoras de sentirse alegres en sus vidas. En ambos casos estas actitudes derivan en sufrimiento. 

Para alcanzar nuestro equilibrio emocional debemos encontrar el punto medio de la polaridad, que en este caso lo denominamos como serenidad. La serenidad es una actitud que nos permite fluir con libertad entre la alegría y la tristeza, lo que nos conduce a una gestión emocional saludable.

"Las emociones y los sentimientos son el lenguaje universal que debe ser honrado.Son la expresión auténtica de quiénes somos". Judith Wright 

Si quieres conocer más sobre las emociones, aquí te dejo otros artículos relacionados con el tema:

La tristeza.

La rabia.

El miedo.

Leslie Beebe

CONTACTO:





Emociones (I) La Tristeza

Emociones (I) La Tristeza. En nuestra sociedad occidental un gran porcentaje de la población recibe una amplia formación intelectual y académica, sin embargo no ocurre lo mismo con nuestras emociones y sentimientos. Llegamos a la edad adulta con una profunda carencia en lo que se refiere al conocimiento y gestión de nuestras emociones, básicamente porque ni en el ámbito escolar ni en el familiar se nos ha educado para ello. Aunque actualmente existen proyectos escolares y padres que empiezan a valorar la importancia de las emociones en la educación de los niños, aún queda mucho camino por hacer en este sentido.

terapia tristeza

“Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto” Aristóteles

Este desconocimiento de nuestras emociones lleva implícito la desconexión de nuestro centro emocional, por este motivo en más de una ocasión las emociones nos desbordan, nos paralizan o incluso nos conducen a perder el control ante una situación determinada, lo que nos produce sufrimiento y malestar.

Con el objetivo de saber un poco más sobre las emociones y descubrir la mejor forma de relacionarnos con ellas, empiezo una serie de artículos sobre las cuatro emociones básicas; miedo, tristeza, alegría e ira. Hoy veremos la tristeza.

La tristeza es una emoción de intimidad, recogimiento e introspección y está relacionada con la pérdida. Gestionar correctamente la tristeza significa  poder llegar a la aceptación de una situación nueva y diferente, después de haber sufrido una pérdida o haber experimentado un fracaso en nuestra vida. La tristeza nos permite desapegarnos y soltar aquello con lo que manteníamos un vínculo, pero que en el momento actual ya no se encuentra presente.

La tristeza, junto con el miedo, son dos de las emociones más demonizadas y por ello más rechazadas por nuestra sociedad. Los motivos de esta mala imagen son principalmente dos; en primer lugar la sensación desagradable que nos provoca la tristeza. En segundo lugar el posicionamiento de la sociedad respecto a esta emoción, que nos alienta para estar siempre positivos y felices, lo que significa no dar espacio a la tristeza.

Esta actitud de rechazo ante la tristeza provoca que cuando la sentimos, nuestra reacción automática sea querer huir de ella. La realidad es que tenemos una gran dificultad para dejarnos sentir la tristeza, aspecto que deriva en nuestra resistencia para acompañar a otras personas en sus momentos tristes. En este sentido es común decir u oir frases del tipo; “tranquilo, esto se pasará rápido”, “piensa en positivo”, “no es para tanto”, “sé feliz”, etc…

La realidad es que debemos tener la libertad, así como el derecho, de estar tristes, y esto significa abrirnos a la tristeza sin enjuiciarla ni criminalizarla. La tristeza está relacionada con el dolor, por eso nos disgusta, no obstante cuando la reprimimos y la rechazamos el sufrimiento se hace mucho mayor. Dar un espacio y contactar con nuestra tristeza nos permitirá ver que no es tan mala como habíamos imaginado.

terapia emociones Barcelona

Contrariamente a lo que mucha gente opina, cuando nos sentimos tristes, por ejemplo ante la muerte de un ser querido, o la pérdida de un trabajo, no necesitamos a nadie que nos anime a salir de esa situación, que nos diga que no hay para tanto, o bien que nos intente distraer con actividades varias. En los momentos de fragilidad en los que nos sentimos tristes, únicamente necesitamos tener a alguien al lado que nos escuche, y que nos ofrezca su apoyo y compañía. La presencia del otro, así como sentirnos libres para expresar el dolor vinculado a la tristeza, son dos elementos claves para poder transitar esa emoción y llegar así a la aceptación de una nueva realidad.

Admitir la pérdida vinculada a la tristeza nos permite aflojarnos, soltar lo que ya no tenemos, así como reconocer lo que sí tenemos. Cuando nos resistimos a reconocer la pérdida nos quedamos anclados en el pasado, nos negamos a aceptar la nueva realidad, y es entonces cuando pueden aparecer otras manifestaciones menos saludables de la tristeza como la nostalgia, la apatía el resentimiento y la culpa. Si nos quedamos fijados en la tristeza, podemos acabar sufriendo los denominados duelos patológicos, así como ciertos trastornos de tipo depresivo.


Existen también otros ejemplos que demuestran una gestión incorrecta de la tristeza, por ejemplo: cuando nos recreamos en la tristeza y la utilizamos de forma instrumental para conseguir algo del resto de personas, o bien cuando la usamos en sustitución de otra emoción que mantenemos reprimida, como la ira. En todos estos casos la tristeza nos conduce al aislamiento y la desconexión emocional, no sólo con el resto de personas, sino también con nosotros mismos.

A continuación os dejo un video sobre uno de los proyectos educativos que utilizan las emociones como un elemento básico en la formación de los niños.


Si quieres conocer más sobre la tristeza y las emociones, aquí te dejo otros de mis artículos.



Leslie Beebe

CONTACTO:















Si quieres estar al día de los artículos que voy publicando, házte seguidor de mi página en Facebook.                      https://www.facebook.com/TerapiaBcn/

Como Vencer el Victimismo

Como Vencer el Victimismo. ¿Te quejas por todo?, ¿tu discurso interno es pesimista?, ¿culpas al mundo de tu mala suerte?, ¿utilizas la queja como una forma de reclamar la atención de los otros? ¿te sientes rodeado de injusticias? ¿te enfadas y te encierras en ti mismo cuando no recibes la atención deseada?, ¿proyectas la responsabilidad de aquello que te pasa en los otros?... si has contestado que sí a una o más de estas preguntas, puede ser que vivas tu vida desde el victimismo.

vencer el victimismo


Es importante diferenciar entre dos términos; el de víctima y el de victimismo. Todos en algún momento de nuestra vida podemos ser víctimas de algún suceso o acto externo que nos perjudique. Ante el daño recibido lo más saludable es la queja, para así poder expresar el dolor sufrido. Sin embargo, una vez expresado el dolor, y si decidimos quedarnos en la posición de víctima, estamos cayendo en el denominado victimismo.

La posición victimista es muy común en las relaciones humanas, seguramente por la rentabilidad que en algún momento de nuestra vida hemos obtenido de ello. Por ejemplo puede ser que de niños adoptásemos esa actitud para influir en la conducta de nuestros padres, y ¡oh sorpresa!, la cuestión es que nos dio resultado. Quizás en la infancia aprendimos que tomando esa actitud, obteníamos aquello que queríamos del mundo, por ejemplo más atención, más comprensión, más consuelo, más privilegios, etc… Llegados a la edad adulta persistimos con el mismo patrón de funcionamiento, aunque éste se haya vuelto disfuncional y no obtengamos los mismos resultados que cuando éramos niños.

En nuestra sociedad, mostrarse como víctima es un papel que en un principio puede despertar la empatía y el apoyo de las personas de alrededor. Sin embargo, cuando la persona utiliza su posición de víctima como un hábito, intentando que los otros se sientan culpables por su situación, la reacción del entorno puede ser totalmente opuesta a la que la persona victimista está buscando, apareciendo entonces aspectos como el rechazo, el distanciamiento y la confrontación, entre otros.Curiosamente el victimismo es una actitud que fácilmente identificamos en los demás, provocándonos rechazo, pero que sin embargo nos cuesta mucho reconocer en nosotros mismos.

Todos en mayor o menor medida utilizamos, o hemos utilizado, nuestro sufrimiento como una herramienta para manipular y obtener aquello que deseamos de los otros; por ejemplo; ¿Quién no ha intentado generar lástima y hacer sentir culpable al otro para obtener aquello que desea?, o bien ¿Quién no ha utilizado el victimismo como una técnica para no responsabilizarse ante una situación determinada que queríamos evitar?.

terapia Barcelona


El problema de la manipulación victimista es que llega un día en que se convierte en una costumbre, una forma automática e inconsciente de funcionar por la vida. El victimismo nos lleva a pensamientos tóxicos, de autocrítica, lo que deriva en una sensación de frustración e ira porque el mundo y el resto de personas no se adecuan a nuestras expectativas. Adoptamos la creencia que nuestro malestar es fruto del exterior, pero raramente nos paramos a pensar en qué medida nosotros somos responsables de aquello que nos sucede en nuestra vida.

Llegamos hasta tal punto que damos por supuesto que todo lo malo que nos pasa es por culpa del resto del mundo; ya sea nuestra familia, el Karma o la mala suerte, entre otros culpables. Cuando proyectamos la responsabilidad de aquello que nos pasa en el exterior, difícilmente podemos ser críticos con nosotros mismos. De esta forma llegamos a creer que son los otros quienes deben cambiar, y no nosotros, para así adaptarse a nuestras exigencias.

Con el objetivo de que puedas vencer tu actitud victimista, a continuación te dejo algunas pautas que pueden ayudarte:

1. Escucha tus quejas y desahogos, y toma conciencia de como éstos te hacen sentir. Acepta que únicamente tú tienes la llave para salir de esa situación que te provoca malestar. Ten presente que los otros no van a cambiar para cumplir tus expectativas.

2. No esperes que los otros se hagan cargo de ti. Debes expresar directamente  tu necesidad y no esperar que los otros la adivinen por ti. Cuando detectes la queja, no tengas miedo a pedir, tradúcela en primera persona, expresando así de forma clara tu necesidad.

3. Plantéate si realmente obtienes aquello que quieres cuando adoptas una actitud victimista en tu vida. Pregúntate qué utilidad tiene y cuáles son los beneficios que consigues al relacionarte de esa forma contigo mismo y con el mundo.

terapia ansiedad Barcelona

4. Busca la motivación que te lleva a actuar así. Quizás te des cuenta que actuando desde el victimismo buscas el reconocimiento y la aceptación de los demás, o bien puede ser que lo utilices como una forma de mantener a las personas de tu entorno controladas, o incluso una vía de escape para eludir responsabilidades que no deseas tomar.

Cuando encuentres dicha motivación toma conciencia del precio que pagas por actuar de forma victimista, por ejemplo; quizás te des cuenta que siempre acabas reprimiendo tus verdaderas necesidades, o bien que nunca te sientes libre para mostrarte tal y como eres ante el resto de personas.

terapia gestalt Barcelona

5. Cambia tu actitud ante la crítica; cuando surja un pensamiento negativo y destructivo hacía ti mismo adopta un actitud activa, nunca pasiva. Pregúntate qué está en tu mano hacer para cambiar eso que tanto te disgusta. Si hay algo que está a tu alcance hacer, por pequeño que sea, ponte manos a la obra con ello. Mentalízate que si adoptas una actitud derrotista y pasiva ante lo que te sucede nunca conseguirás aquello que te propongas.

6. Evita dejarte llevar por el victimismo y la crítica. Obviamente todos pasamos por momentos bajos en que nos sentimos víctimas de las circunstancias. Son circunstancias en las que expresamos desde el victimismo, buscando el apoyo y el cariño de los seres queridos. No obstante debemos tener claro que ese estado de ánimo debe ser pasajero y nunca puede ser tomado como un hábito o una actitud ante la vida.

7. Por último piensa que tú tienes el poder de decisión. Cuando caemos en el victimismo pensamos que aquello que nos ocurre es irremediable y que no se puede cambiar, adoptando una actitud pasiva ante la vida, lo que se traduce en pensamientos negativos que dañan nuestra autoestima. Debemos mentalizarnos que somos los únicos responsables de cambiar actitudes, formas de proceder y de funcionar en nuestra vida, pues nadie va a hacerlo por nosotros. Cuando adoptamos un actitud activa y de responsabilidad, nuestra autoestima también resulta favorecida.

"Detesto el victimismo y pago sin vacilaciones el peaje de la independencia". Antonio Escohotado

Leslie Beebe
Terapia Gestalt en Barcelona


CONTACTO:




Autoconcepto y Creencias Limitantes

Autoconcepto y creencias limitantes. Una gran parte de nuestro sufrimiento y malestar deriva de nuestros pensamientos. Según la escritora Sharon M. Koenig, durante el día pasan unos 60.000 pensamientos por nuestra mente, gran parte de ellos negativos. El origen de la mayoría de este tipo de pensamientos se encuentra en nuestras creencias, así como en lo que se denomina como autoconcepto personal.

terapia Barcelona


El autoconcepto es la opinión que tenemos sobre nuestra persona. El autoconcepto comprende todas aquellas ideas, hipótesis y creencias que tenemos sobre nosotros mismos, es decir, la forma en la que nos percibimos y tratamos. Nuestro autoconcepto tiene su origen en el momento que tomamos conciencia que somos una entidad separada de nuestra madre, es decir a partir del año de vida aproximadamente. 

Aunque a esas edades el darse cuenta sobre nosotros mismos es muy primario, con el paso del tiempo y de las experiencias vividas nuestro autoconcepto se irá desarrollando.
El autoconcepto se inicia a los 12 meses de vida aproximadamente, sin embargo serán los primeros 7 /8 años (cuando se forma el carácter), y en la época de la adolescencia, cuando estos cambios en el autoconcepto serán más significativos.

Desde pequeños somos moldeados por la forma de ver el mundo que tienen nuestros padres. Los padres son el espejo en el cual como niños nos miramos, una imagen que determina como supuestamente debemos ser y como tenemos que actuar ante el mundo. Como niños lo que más deseamos es ser queridos y aceptados por los padres, y cumpliendo ese anhelo sacrificamos gran parte de nuestra esencia personal para encajar con la imagen que nuestros padres tienen de nosotros.

Vivimos nuestra infancia condicionados por multitud de creencias y valoraciones sobre el mundo y sobre nosotros mismos. Llegamos a escuchar tanto las ideas y creencias de nuestros padres, que acabamos creyendo a pies juntillas aquello que nos han enseñado. Damos por hecho que existe una única forma de ver el mundo y que nosotros somos de una forma determinada. No obstante lo peor de todo es que en muchas ocasiones repetimos ese modelo único el resto de nuestra vida. En este sentido no es casualidad encontrar en terapia personas que se ven a sí mismos repitiendo roles familiares nocivos, los cuales has sido heredados de sus padres y antepasados.

terapia emociones

De adultos seguimos creyendo que la realidad es única y universal, actuamos como si todas esas creencias aprendidas de niños fuesen ciertas y por este motivo jamás las cuestionamos. De esta forma vivimos en modo automático y de forma inconsciente, propiciando situaciones que nos confirmen que aquellas creencias son ciertas.

Esta forma inconsciente y automática de funcionar nos suele poner en situaciones en las que nos convertimos en nuestro propio enemigo, desvalorizándonos y criticándonos por no cumplir con unas expectativas que poco tienen que ver con nuestra esencia, y sí más con esa imagen que supuestamente debemos cumplir.

Cuando no cuestionamos nuestras creencias, perdemos nuestra libertad, como nos explica Jorge Bucay en su cuento del elefante amarrado. El cuento explica que un elefante es amarrado de pequeño a una estaca con una fuerte cadena. De mayor el elefante podría liberarse sin ningún problema de la cadena que lo ata, sin embargo como siempre ha vivido amarrado no se plantea liberarse. Una clara metáfora de como nuestras creencias inconscientes nos limitan para conseguir la libertad de ser y de mostrarnos tal y como somos.

De todas estas creencias adquiridas surge una pobre imagen de nosotros mismos, una baja autoestima que se alimenta de expresiones del tipo:

“No valgo”, “No soy suficiente”, “No me lo merezco”, “No puedo”, “No lo conseguiré”, “Soy feo, bajo…”, etc…

Esta autocrítica y desvalorización constante provoca que aparezcan en nosotros multitud de pensamientos de rechazo, los cuales derivan en un malestar emocional e incluso físico. Dentro de nosotros experimentamos una contrariedad constante, entre aquello que supuestamente deberíamos ser, y aquello que en esencia somos. Como consecuencia de estas creencias limitantes vivimos una vida en que no somos quienes realmente somos, y en que constantemente nos estamos criticando por no ser lo suficientemente buenos o válidos. De adultos, ya no nos hace falta el condicionamiento de nuestros padres, sino que ya llevamos un “padre interiorizado” que se encarga de recordarnos todas esas creencias.
Ante ese malestar con nosotros mismos las reacciones que habitualmente adoptamos son diversas. 

Por un lado podemos responsabilizarnos de aquello que nos pasa, iniciando así un camino de crecimiento personal que nos permita conocer cómo hemos llegado hasta aquí y tomar conciencia de las creencias que nos atan y nos hacen sufrir. A partir de esta toma de responsabilidad personal podemos empezar el camino del cambio, sustituyendo patrones de funcionamiento caducos, por otros de más saludables, que nos permitan vivir de una forma más auténtica y sincera con nosotros mismos.

terapia en Barcelona

Por otro lado podemos seguir viviendo en automático, anestesiados, viviendo un conflicto interno pero sin querer replantearnos nuestras creencias. Cuando no nos responsabilizamos de nosotros y de nuestra vida la tendencia es culpar al resto de personas, a nuestros padres y al mundo entero del sufrimiento en el que vivimos.

Es habitual cuando tomamos el camino de la pasividad y la victimización que alimentamos un autoconcepto negativo de nosotros mismos, lo que perjudica seriamente nuestra autoestima. Como consecuencia de esta baja autoestima es habitual establecer relaciones de dependencia, ya sea con drogas u otro tipo de adicciones, o bien mantener relaciones con pareja tóxicas que nos hacen sufrir, entrando así en un bucle del que es difícil escapar por uno mismo.

Si quieres enfrentarte a tus creencias limitantes y salir del funcionamiento automático en el que vives, así como tomar conciencia de quién eres y lo que realmente quieres en tu vida, la terapia puede ayudarte a encontrar el camino.

A continuación te dejo con otro de mis antiguos artículos sobre los pensamientos negativos y las creencias limitantes:

Como cambiar los pensamientos negativos


Leslie Beebe
Terapia Gestalt en Barcelona

CONTACTO:





Como Relacionarte con el Miedo

Como relacionarte con el miedo Seguramente que en más de una ocasión has sido consciente de como el miedo y las inseguridades te han impedido conseguir aquello que querías. En la vida hacemos múltiples cosas por miedo, y dejamos de hacer muchas otras también por el mismo motivo. En este artículo explicaré con más detalle cómo mejorar nuestra relación con el miedo.

terapia miedo


El miedo es una de las 4 emociones básicas, junto con la alegría, la tristeza y la rabia. La función del miedo es adaptativa pues busca protegernos de los peligros del entorno que nos pueden dañar. El miedo ha permitido que el hombre haya evolucionado como especie, dándole la opción de enfrentarse, o bien escapar, de los peligros que le amenazaban. Sin el miedo nos volveríamos unas personas inconscientes y temerarias, poniendo en peligro nuestra integridad, por lo que el miedo es inherente a nuestro instinto de supervivencia.

El miedo actúa como una señal de alarma que nos avisa de posibles peligros y nos invita a ser precavidos. Además nos permite valorar los riesgos y actuar en consecuencia. Cuando sentimos miedo hacemos un balance de los recursos de los que disponemos para enfrentarnos al peligro. Si por ejemplo tenemos un tigre delante, el balance será desfavorable, y en consecuencia el nivel de miedo será elevado. Si nos enfrentamos con una amenaza menor, como un mosquito, el balance será favorable, y por tanto el nivel de miedo será mínimo.

Sin embargo, en la sociedad en la que vivimos, los peligros “reales” son escasos, por ejemplo no tenemos que enfrentarnos a animales salvajes para poder comer, o a enemigos en una batalla para sobrevivir, sino que muchos de nuestros miedos proceden de fantasías que suelen tener su origen en nuestra baja autoestima y en múltiples inseguridades que nos afectan.

terapia barcelona

Algunos de los pensamientos que nos despiertan miedo tienen que ver con pensamientos irracionales sobre nosotros mismos, y sobre el mundo que nos rodea, del tipo: “No voy a poder hacerlo”, “Me va a salir mal”, “Si no lo hago bien no me van a querer”, “Van a pensar que no valgo”, etc… Todos estos pensamientos difieren según cada persona, sin embargo en la mayoría de ocasiones están relacionados con nuestra historia y evolución personal, así como con posibles traumas que hayamos vivido en el pasado. Estos pensamientos limitantes son los que provocan que el miedo actúe de forma sobreprotectora con nosotros. En estos casos el miedo en lugar de alertarnos y prevenirnos ante posibles peligros, lo que hace es restringir nuestra libertad. Como una madre sobreprotectora actúa con su hijo, lo mismo hace el miedo con nosotros; nos vuelve unas personas más inseguras y más dependientes, lo que supone un duro golpe para nuestra autoestima.

De esta forma entramos en un bucle tóxico que se retroalimenta; como más pensamientos negativos y de inseguridad, mayor son las circunstancias de la vida susceptibles de que surja el miedo, como mayor es el sentimiento de miedo en nuestra vida, más inseguridad, lo cual vuelve a generar  más pensamientos limitantes.

El miedo sobreprotector tiene las siguientes consecuencias en nuestra vida: 

1. Limita nuestra libertad de acción y decisión.

2. Sobredimensiona la reacción ante el miedo y altera la percepción sobre las consecuencias negativas que puede tener un determinado acontecimiento o situación en nuestra vida.

3. Nos presiona para que evitemos enfrentarnos a nuestros miedos; ya sea procastinando o bien no actuando ante una determinada situación.

Debemos tener claro que la única forma de superar nuestros miedos es cambiar la percepción sobre ellos, eso significa poder vivir nuestros miedos de una forma más objetiva y realista, y para ello el único camino es enfrentarnos a aquello que nos da miedo. 

Con el objetivo de que puedas gestionar tus miedos de una forma más saludable, a continuación te dejo unas pautas que pueden ayudarte.

1. Debes tener en cuenta que para avanzar hay que correr riesgos, no podemos tenerlo todo controlado, ni tampoco la certeza que todo va a salir siempre como nosotros esperamos. Cuando algo sale mal no debe ser motivo para desvalorizarnos, ni creer que no somos válidos, sino que debemos pensar que forma parte del proceso de aprendizaje en nuestra vida. Si nos quedamos anclados en nuestras dudas y miedos no avanzaremos, en cambio si experimentamos y nos abrimos a la posibilidad de equivocarnos podremos aprender.

2. Diferencia entre tus miedos sobreprotectores y aquellos que no lo son. Para ello debes tomar conciencia de tu diálogo interno. Si en tu discurso hay ideas irracionales o creencias limitantes sobre tu persona mira de cambiarlas por otras más realistas y positivas. Aunque al principio te cueste incluir estas nuevas afirmaciones y creencias en tu diálogo, si eres persistente verás cómo pronto tu estado emocional se beneficia de ellas.

3. Pon tu miedo en palabras. Escucha el mensaje de tu miedo y házte preguntas del siguiente  tipo:

” ¿Cúal es el mayor de mis temores?”, “¿Realmente sus consecuencias  son  tan terribles cómo imagino?”, “¿Qué probabilidad tengo que mi miedo se convierta en realidad?”, “¿Qué experiencias del pasado sustentan mi miedo?”,” ¿Si mi miedo es fundado, qué podría hacer yo de diferente para que no volviese a suceder lo mismo?”.

Todas estas preguntas te ayudarán a enfrentarte a tus miedos. Cuando optamos por confrontar nuestros miedos, en vez de huir de ellos, su intensidad se reduce, pues constatamos que muchos de estos miedos únicamente se encuentran en nuestra mente, y no en la realidad presente.

terapia superar miedo

4. Recuerda que la intención de tu miedo no es hacerte la vida imposible, ni tampoco que te enfades con él. En este sentido es importante que dialogues con tu miedo desde el cariño. Muchos de nuestros miedos proceden de nuestro niño herido, por lo que deben ser tratados desde la comprensión y el apoyo, y no desde el enfado y la frustración. Como más oposición presentemos a nuestros miedos, mayor bloqueo y sufrimiento viviremos. Ante todo recuerda que no debes tener miedo al miedo.

5. Enfréntate a tus miedos. No hace falta que sea de una vez, puedes hacerlo de forma progresiva, exponiéndote a tus miedos de forma gradual. Puedes elaborar una lista con diferentes pasos que aumenten progresivamente en dificultad, hasta que puedas superar tus miedos.

6. Por último es aconsejable la práctica de ejercicio físico, así como la meditación y el Mindfulness. El ejercicio físico favorecerá a que te sientas mejor contigo mismo, aumentando tu autoestima, mientras que el Mindfulness  te permitirá abrir un espacio diario para calmar tu mente y focalizarte en el momento presente. Todos ellos te ayudarán a centrarte en el aquí y ahora, tomar contacto con tu cuerpo y reducir los pensamientos negativos y limitantes que alimentan tus miedos.

terapia gestalt barcelona

Si sientes que los miedos te limitan, la terapia puede facilitarte las herramientas para que aprendas a superarlos. Llama o whatsapp al 645 368 714, o bien rellena el formulario de contacto, y te informaré sin compromiso.

“Todo lo que siempre has querido, está al otro lado del miedo” George Addair

Si quieres conocer más sobre los miedos y como superarlos, aquí te dejo otros de mis artículos sobre el tema:





Leslie Beebe


CONTACTO:





Entrada destacada

Pautas que nos ayudan a reducir la ansiedad

Pautas que nos ayudan a reducir la ansiedad .  En la actualidad los trastornos de ansiedad son cada vez más habituales en las consultas de...