La hipocondría o el miedo a enfermar


La hipocondría o el miedo a enfermar. La hipocondría es uno de los temas que en los últimos tiempos aparece con más frecuencia en las sesiones de terapia. Denominamos hipocondría a la preocupación excesiva por la salud, la cual se manifiesta en un miedo creciente a sufrir una enfermedad grave, con el aliciente que la persona hipocondríaca tiene la absoluta convicción que sufre esa enfermedad que tanto teme.


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El arquetipo del hipocondríaco nace en 1673, con la representación de la obra “El enfermo imaginario” de Molière. En esta obra el propio Molière interpretaba el personaje de un burgués (Monsieur Argan) que siempre creía estar enfermo , actitud con la cual conseguía la atención permanente de su familia, en particular de su esposa.

Cuando Molière representó la obra por cuarta vez, sintió que los síntomas del personaje le estaban llevando a la muerte. En esos momentos la función se canceló y Molière fue llevado a casa, donde murió horas más tarde. En dicha representación Molière vestía de amarillo, por lo que aún existe la superstición en el mundo artístico que vestir ropas amarillas en escena atrae la mala suerte.

Al igual que el papel representado por Molière en su obra, la persona hipocondríaca adopta una actitud de estar pendiente a todas horas de aquello que sucede en su organismo. Cualquier señal que emite su cuerpo, y que la persona juzga como anormal, es valorada de forma tremendista como un síntoma de que está padeciendo una enfermedad grave. De esta forma el hipocondríaco vive bajo un intenso y continuado miedo a estar enfermo.

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"Doctor's visit" de Jan Steen

Ante esta situación de miedo, el hipocondríaco reacciona buscando aquellos indicios que le corroboren su diagnóstico, para ello suele utilizar herramientas como internet. La información masiva que se encuentra en la red y la gran cantidad de valoraciones y opiniones sobre temas médicos facilitan que el hipocondríaco encuentre la confirmación a sus sospechas. Incluso a veces el hipocondríaco puede llegar a obsesionarse  tanto con una enfermedad, que pude llegar a somatizar otros síntomas relacionados con ella.

El trastorno de la hipocondría suele estar relacionado con otro tipo de problemas como estados de ansiedad, problemas obsesivos relacionados con el control, negación de algún tipo de dolor como el derivado de un duelo, o bien puede relacionarse también con una necesidad permanente por recibir atención de los demás. 

Sin embargo el origen de este trastorno suele derivarse de una resistencia a tomar conciencia de aquello que realmente está sucediendo en nuestra vida. Podríamos decir que es una distracción de aquello que es importante para nosotros y que preferimos obviar por algún motivo u otro.
Por ejemplo; quizás no estamos bien con nuestra pareja, con la cual hemos convivido muchos años y tenemos hijos en común. La dificultad para asumir esta realidad y tomar una decisión al respecto, hace que nos enfoquemos en buscar aquello que anda mal en nuestro cuerpo, distrayendo de esta forma nuestra atención del tema principal, en este caso la pareja. Así como más atención le pongo a mi obsesión por estar enfermo, menos me ocupo de lo que realmente me está preocupando.  

Asimismo, la hipocondría nos sirve para llamar la atención de las personas de nuestro entorno; pareja, familia o amigos… De nuevo el objetivo de esta actitud es evitar poner atención en nuestra situación, de esta forma evitamos responsabilizarnos de nuestra persona y de nuestra vida, esperando que sean otros quien lo hagan por nosotros.

El pensamiento obsesivo propio del hipocondríaco no parará hasta encontrar todas las pruebas y justificaciones que expliquen que realmente está padeciendo la enfermedad que él/ella ha elegido. No serán suficientes las pruebas clínicas o el criterio médico para disuadir al hipocondríaco del error en su diagnóstico. Las visitas médicas y los análisis únicamente funcionan como un refuerzo a la hipocondría, pues aunque proporcionan un alivio temporal a la persona, la obsesión vuelve a aparecer al cabo de poco tiempo, volviendo el bucle de pensamiento obsesivo.

Si sientes que puedes estar padeciendo un trastorno como la hipocondría, el primer paso es ir a tu médico de cabecera y explicarle tu situación. El médico te guiará en los siguientes pasos que debes dar y si es necesario te recetará algún tipo de  medicación. Si realmente se confirma el diagnóstico, debes acudir a un psicólogo o terapeuta que te ayude a recuperar tu equilibrio emocional.


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A continuación voy a comentar unas pautas que pueden ayudarte en tu camino de recuperación, aunque como ya he comentado son solo recomendaciones y no soluciones para el problema, el cual debe ser tratado en terapia.

1. Hazte las preguntas adecuadas
Pregúntate que pasaría si realmente sufrieses esa enfermedad incurable que tanto te preocupa. Quizás te des cuenta que estar enfermo te permitiría eludir responsabilidades en un trabajo que no te gusta (pero que no te atreves a dejar) o quizás conseguirías que tu pareja estuviese más por ti (cuando hace tiempo que vivís una crisis que ninguno de los dos queréis enfrentar), o bien que no tendrías que pasar tanto tiempo en casa de tus suegros con los que te llevas fatal (y con los que no te atreves a poner límites).
Hazte esta pregunta y quizás encuentres la respuesta a aquello que realmente necesitas hacer. Plantéate cómo actuar de una forma adulta y responsable, aunque tengas miedo o sea difícil enfrentar aquello que realmente te preocupa, piensa que taparlo con tu obsesión no te solucionará el problema, sino que puede acabar agravándolo.

2. Deja de quejarte
Quejarte significa que tu atención está focalizada en la sintomatología que te causa malestar. Como más focalices tu atención en ella, mayor sufrimiento y ansiedad. Aunque un cierto grado de expresión puede darte alivio en un primer momento, recrearte en ese pensamiento únicamente va a generarte más malestar. Piensa que cuando pones atención en tus síntomas los magnificas. Cuando detectes que estás en la queja constante y repetitiva, focaliza tu atención en otros temas, distráete con actividades de ocio u otros intereses que te permitan estar centrado en el exterior, y no en aquello que le pasa a tu organismo.
Asimismo deja de analizarte, piensa que la mayoría de sensaciones corporales son normales, eres tú que al estar tan pendiente de tu organismo encuentras anomalías donde no las hay. La mayoría de personas no sienten su conciencia corporal como un problema, simplemente no le dan importancia, y siguen con su vida diaria, y ese es el camino que tú también debes tomar.


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3. Abandona las búsquedas por internet
Deja de hacerte el médico buscando explicaciones a tus síntomas. Internet es una herramienta que nos permite acceder a una gran cantidad de información, sin embargo eso es un arma de doble filo. Internet responde a las búsquedas que tu realizas, es decir si buscas: “síntomas de cáncer de pulmón” lo que internet te devolverá será una larga lista de síntomas, que tú relacionarás con aquello que te sucede, generándote aún más ansiedad.  Debes entender que la sintomatología no significa estar padeciendo de ninguna enfermedad, pues aparte de los síntomas, para padecer una enfermedad se deben dar otros factores, que únicamente un profesional médico conoce y por tanto puede diagnosticar.
Un ejercicio que puedes probar la próxima vez que busques en internet es realizar una búsqueda diferente, del tipo “síntomas de una vida saludable”, a ver cuáles son los resultados.

4. Confía en tu cuerpo
El cuerpo humano es un organismo extraordinario, producto de la evolución de millones de años. Su tendencia natural es buscar el equilibrio para así estar sano. No obstante cuando la mente interviene con pensamientos intrusivos y obsesivos este equilibrio puede verse afectado. Por este motivo es muy importante que te enfoques en tu equilibrio mental, en especial en tu gestión emocional, pues seguramente allí está el origen de tus problemas, y no en un mal funcionamiento de tu organismo.
Por desgracia nuestra educación emocional suele ser una asignatura pendiente cuando llegamos a adultos, lo que con el tiempo nos lleva a sufrir alguna crisis personal derivada de este desconocimiento emocional. Para ello es recomendable ponernos manos a la obra, por ejemplo empezando un proceso terapéutico de crecimiento personal y gestión emocional, el cual nos permitirá recuperar nuestro bienestar.

5. Pon atención en tus necesidades
Como hemos dicho anteriormente, la hipocondría suele ser una señal de unas necesidades no satisfechas. Por este motivo es importante que te centres en ti, y no me refiero a que te centres en escuchar qué le pasa a tu organismo, sino en cuidarte y en hacer actividades que te hagan sentir bien y que disfrutes. Además es importante que tomes un tiempo para estar en contacto contigo mismo, para escuchar tus necesidades. Para ello reserva unos minutos al día, con 10 es suficiente, para estar en silencio y en contacto contigo mismo. Puedes hacerlo utilizando la meditación o ejercicios de relajación que te ayuden a centrarte en el aquí y ahora.

6. Revisa tu historial
Enumera cuantas veces has ido al médico en el último año, quizás te sorprendas al ver el resultado. Revisa los motivos que te llevaron a la consulta, y si finalmente tus mayores temores se acabaron cumpliendo. Si actualmente sientes algún dolor o malestar, el primer pensamiento que debes tener es que no te pasa nada, deja que pasen unos días, sin estar pendiente de ello, a ver como evoluciona. La mayoría de males desaparecen cuando nuestra conciencia está ocupada en otros asuntos.
Si quieres prueba a cambiar tu foco de atención, en vez de tomar conciencia de aquello que no funciona bien, anota todo aquello que sí funciona bien en tu organismo, y verás el resultado de ese cambio de actitud.

7. Practica la relajación
En el momento que sientas que tu mente se acelera con pensamientos catastróficos y obsesivos, mira de tumbarte y practicar ejercicios de respiración, como la respiración abdominal (aquí tienes algunos ejercicios que pueden ayudarte).

Puedes practicar un ejercicio que es el siguiente: visualiza en tu mente un gran cielo azul, e imagina tus pensamientos como nubes que van pasando por él. Procura  no quedarte enganchado a ninguno de ellos, simplemente déjalos marchar. Tampoco los valores ni luches contra ellos, acéptalos y admite el hecho que no puedes controlar aquello que piensas, pero sí la forma como reaccionas ante ello. Prueba también a describir las sensaciones que percibes, pero sin enjuiciarlas, por ejemplo: “noto que mi corazón late deprisa”, en vez de “siento taquicardia, algo no va bien”. Realiza estos ejercicios unos minutos al día, y después sigue con tu rutina habitual.

En resumen, la hipocondría  es una fantasía que crea tu mente para distraerte de aquello que realmente necesitas atender. Como más te centres en tus pensamientos obsesivos, mayor será el miedo y la ansiedad, por este motivo es importante que busques aquello que tu obsesión quiere ocultar. Debes focalizarte en descubrir aquellas necesidades que no han sido atendidas, así como aquellas emociones que quizás has reprimido o no gestionado correctamente y que ahora piden ser escuchadas.

"El hombre que tiene miedo sin peligro inventa el peligro para justificar su miedo" Alain

Leslie Beebe

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Como enfrentar una crisis de ansiedad


Como enfrentar una crisis de ansiedad. El estrés y la ansiedad son respuestas de nuestro cuerpo ante situaciones que percibimos como amenazantes. Este tipo de respuestas se caracterizan por la sensación de miedo, el cual puede ser vivenciado de diferentes formas y en distintas magnitudes, según cada persona y situación.

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No debemos juzgar de forma negativa al estrés y la ansiedad, pues son respuestas de nuestro organismo ante circunstancias que nos ponen en alerta. Su objetivo es protegernos de posibles daños o amenazas.

Sin embargo cuando el estrés y la ansiedad permanecen en el tiempo, y aparecen miedos irracionales e infundados que nos hacen vivir en un estado de alerta constante, entonces es cuando estos mecanismos pueden ser perjudiciales para nuestra salud. Una de las situaciones extremas que puede llegar a vivenciarse si la ansiedad se mantiene en el tiempo es la denominada crisis de ansiedad, también llamada ataque de pánico.

La sintomatología de una crisis de ansiedad es variable según cada persona, pero se considera que se ha vivido una crisis de ansiedad cuando se producen cuatro o más de los siguientes síntomas:

Sensación de ahogo y respiración rápida.
Presión en el pecho.
Miedo muy intenso relacionado con la idea de poder volverse loco o poder morir.
Temblores, sudoración y escalofríos.
Ritmo cardíaco elevado.
Sensación de mareo.
Sensación de entumecimiento u hormigueo.
Molestias digestivas y náuseas.
Sensación de irrealidad.

Los motivos por los que puede aparecer una crisis de ansiedad  pueden ser físicos, como los relacionados con el consumo de drogas, o bien mentales, originados por un trastorno como la agorafobia, no obstante la mayoría de casos suelen tener su origen en un desequilibrio emocional. Si has vivido recientemente una crisis de ansiedad, sería recomendable que buscases ayuda psicológica; en este sentido la terapia puede ayudarte a conocer qué la ha motivado, así como también ayudarte a gestionar tus niveles de ansiedad.

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"La ansiedad, la depresión, los ataques de pánico, no son signos de debilidad, son signos de haber tratado de permanecer fuerte por mucho tiempo"

A continuación voy a comentar algunas pautas que te ayudarán a enfrentarte a los momentos en que te sientas invadido por la ansiedad. Como he mencionado anteriormente, estas pautas no sustituyen el diagnóstico médico pertinente, ni tampoco el apoyo terapéutico necesario en la mayoría de estos casos.

Cuando sientas que la ansiedad quiere tomar el control de la situación, ten en cuenta las siguientes premisas:

Las sensaciones desagradables que sientes no son más que una exageración de las reacciones corporales normales al estrés. Aunque desagradable piensa que la ansiedad no es peligrosa, no vas a morir ni a perder el control, ni tampoco sufres de ninguna enfermedad grave como un ataque al corazón.

Adopta una actitud de no lucha ante la sensación, céntrate en aceptar la situación /sensación por desagradable que sea y piensa que su intensidad se reducirá  al cabo de un rato si la dejas quedarse contigo.

Los pensamientos futuristas y catastrofistas son como combustible para tu ansiedad. No te dejes llevar por este tipo de pensamientos, para ello, céntrate en sentir tu respiración. Haz unas respiraciones profundas (respiración abdominal), acompañándolas con tu mano. Si sientes que tus pensamientos quieren tomar el control, vuelve a focalizar tu atención en la respiración.

Si tienes dificultad para desconectar de tus pensamientos y centrarte en la respiración, puedes realizar algún ejercicio de relajación como el 6-3-9, el cual te ayudará a desviar tu atención de los pensamientos (puedes ver alguno de estos ejercicios en este artículo).

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Toma conciencia de qué te sucede en el momento que te invade la ansiedad y como reaccionas ante ella. Seguramente te darás cuenta que reaccionas ante la ansiedad queriendo controlar la situación, buscando porques, culpabilizándote… en definitiva negándote a aceptar lo que te está pasando. Ante esta situación intenta adoptar una actitud de escucha y permite que la ansiedad se quede contigo, para ello simplemente déjate fluir con la sensación en el aquí y ahora.

Encuentra pensamientos sustitutivos a los que te auguran un futuro catastrófico, algunos de ellos pueden ser del tipo; “la ansiedad no es mala”, “si no lucho, la ansiedad disminuirá de aquí  a poco”, “me dejo fluir, sin controlar”, “no pasa nada por expresar lo que me está pasando”.

No tengas miedo a expresar a otras personas lo que te pasa, ni tengas miedo a ser juzgado por ello, no debes avergonzarte de tu ansiedad. Muchas personas han sufrido de problemas de ansiedad, o bien tienen algún familiar que los ha padecido y por tanto son capaces de comprender tu estado. Tampoco te juzgues ni culpabilices por sentir ansiedad, pues son actitudes que favorecen a aumentar tu malestar.

Cuando empieces a sentir alivio, mira a tu alrededor y toma conciencia de aquello que te rodea, en el aquí y ahora. Sigue en contacto con tu respiración, vuelve a la realidad del momento presente de forma tranquila, no quieras correr.

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La ansiedad es una señal de advertencia ante un peligro; su función es avisarte que existe algún aspecto de tu vida o de tu persona que no está funcionando, o bien que requiere de tu atención. Una vez tu ansiedad se haya reducido, pregúntate cúal puede ser el mensaje que quiere transmitirte tu ansiedad.

Por último recuerda que la medicación puede ser una muleta para ayudarte a superar la ansiedad, pero nunca una solución al problema. 

Si quieres conocer más sobre como vencer tu ansiedad, a continuación te dejo algunos artículos relacionados con el tema.

Ejercicios para reducir la ansiedad

Estratégias para combatir la ansiedad

Leslie Beebe
https://www.saludterapia.com/terapeutas/t/f/4685-leslie-beebe-rodriguez.html

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Como Enfrentarse al Duelo


Como enfrentarse al duelo. Una de las situaciones más dolorosas que tenemos que enfrentar en nuestra vida es la pérdida de un ser querido. Cuando perdemos a alguien las reacciones ante esa situación son diversas según cada persona, no obstante existe un denominador común que es el dolor por la ausencia. Ese dolor es el síntoma que indica el inicio de un proceso denominado como duelo, de hecho, la palabra duelo significa dolor en latín.

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El proceso de duelo tiene como finalidad reconocer y asimilar la pérdida del ser querido, así como aprender a vivir sin ésa persona, lo que permite adaptarnos a una nueva realidad. Durante el duelo pasaremos por diferentes etapas, las cuáles variarán en intensidad y duración según cada persona. No son etapas lineales, lo que significa que las iremos visitando a lo largo del  proceso de duelo. Las principales etapas del duelo son: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Vamos a verlas con más detalle:

La negación es una primera etapa de desconcierto ante la pérdida. Durante esta fase la persona es incapaz de aceptar la realidad, negándose a la evidencia. En estos momentos hay personas que reaccionan ante la noticia como si nada hubiese pasado, intentando aparentar ante otros y ante sí mismos que todo continúa igual. La negación es una fase necesaria en el duelo, pues nos permite integrar la información recibida de forma progresiva, amortiguando el shock por la pérdida.

La segunda etapa es la ira. La ira es una de las emociones más presentes en el proceso de duelo, sin embargo en esta etapa es cuando aparece con más intensidad. La frustración y la impotencia ante la pérdida provocan que la persona busque culpables externos o causas que expliquen racionalmente el suceso traumático. A veces esta etapa se vive desde el resentimiento hacia el ser fallecido por el dolor que nos ha causado su muerte. Este resentimiento con la persona fallecida se vive con culpa, lo que provoca que los niveles de enfado aún aumenten más. En esta etapa la persona se hace preguntas relacionadas con la búsqueda de justicia, del tipo; “¿Por qué yo?”, “No es justo”, “¿Por qué me ha sucedido esto a mí?”.

La tercera etapa es la denominada como negociación, en la cual la persona busca alguna estrategia o solución que le permita revertir lo ocurrido. Aunque una parte de nosotros sabe que el ser querido ya no volverá, existe otra que aún siente la necesidad de retornar a la vida pasada, antes del fallecimiento. En esta etapa aparece la intención de retroceder en el tiempo, para así evitar de una forma u otra el hecho traumático. Es frecuente en esta etapa frases del tipo: “Si yo hubiese…”, “Qué hubiese pasado si…”, “Y si…” Aparece así una voluntad de quedarnos fijados en el pasado para intentar curar el dolor que estamos sintiendo, a la vez que fantaseamos con una vida alternativa en la que el fallecido aún se encuentra entre nosotros.

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La cuarta etapa es la depresión. En esta etapa la persona toma conciencia de lo irreversible de la situación y contacta con el vacío y el dolor que el fallecimiento ha provocado en su vida. En esta etapa son frecuentes los estados de tristeza y melancolía, así como la sensación que no vamos a poder tirar adelante con nuestra vida sin la persona fallecida. La frase característica de esta etapa sería; “Si ya no está para qué seguir?” . Aunque esta etapa puede presentar síntomas como la necesidad de aislarse socialmente o los estados depresivos, si percibimos que éstos perduran en el tiempo, sería aconsejable consultar con un profesional de la terapia para que nos ayude en el proceso.

La quinta y última etapa es la aceptación. En esta fase la persona acepta la pérdida, dándose la oportunidad de una nueva vida sin el ser querido. Es una etapa de reflexión y toma de conciencia donde podemos reflexionar sobre el sentido de la vida y aquello que esperamos de ella. La frase que resume esta etapa sería: “Todo va a ir bien (incluso sin esa persona)”. En esta etapa la persona comprende que la muerte no es un castigo, sino parte de la vida misma. Las emociones de culpabilidad y rencor por lo ocurrido se transforman en aceptación y aprendizaje de la experiencia vivida.

Si actualmente estás atravesando por un duelo, o conoces de alguna persona que se encuentre en esa circunstancia, a continuación voy a comentar algunas estrategias que pueden ayudarte en la transición del proceso.

1. Acepta el proceso de duelo. El duelo es un proceso necesario que nos permite curar la herida que se produce por la pérdida de algo o alguien en nuestra vida. Por este motivo, aunque pasemos por momentos de profunda tristeza e ira (emociones típicamente desagradables que no nos gusta sentir), debemos tener claro que transitarlas es el único camino para alcanzar la sanación emocional. En este sentido no es aconsejable adoptar estrategias para reprimir o desviar las emociones asociadas al duelo, algunas de las más características son; ocupar el día con multitud de actividades para no estar en contacto con nosotros mismos, o bien insensibilizarnos y decirnos que somos fuertes, que no pasa nada y que todo está bien. Este tipo de actitudes son contraproducentes, pues provocarán que el duelo se alargue en el tiempo y corremos el peligro de que se quede enquistado, manteniendo de esta forma la herida abierta.

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2. Acepta tus sentimientos. No todo el mundo reacciona igual ante una pérdida; hay personas que tienen facilidad para identificar y expresar sus emociones, mientras que otras tienen más dificultad para ello. Asimismo hay personas que les cuesta lidiar más con un tipo de emoción que con otra. Independientemente del tipo de relación que mantengas con tus emociones, lo importante es que las aceptes cuando aparezcan, sin juzgarlas ni culpabilizarte por ellas. Tampoco creas que existe un manual que té explica cómo vivir el duelo y cómo debes sentirte en cada momento; el duelo es un proceso muy personal y diferente según cada persona y situación.  Aunque antes he comentado las fases del duelo, debes tener claro que es simplemente una orientación, un mapa del proceso, y por tanto no debe ser tomado como un manual de instrucciones.

3. No descuides tu persona. Ante un proceso de duelo, debes priorizar tu bienestar. Esto significa respetarte y estar atento a cuáles son tus necesidades en cada momento, dejando de lado exigencias propias y ajenas. Debes tener claro que en estos momentos lo más importante es tu recuperación emocional, por este motivo evita hacer las cosas porque te sientas en la obligación o para quedar bien con el resto de personas. En este sentido también es importante que cuides de tu salud física; es recomendable que mantengas unos horarios regulares en las comidas, cuides tu alimentación, practiques ejercicio y duermas las horas necesarias. Estos hábitos saludables contribuyen positivamente en el proceso de duelo.

4. Expresa lo que sientes. Es importante que te permitas expresar tus emociones, sobretodo la tristeza, y que no sientas vergüenza por compartirla con el resto de personas. No hace falta que comuniques lo que te pasa a todo el mundo, pero sí a una o dos personas de tu confianza, con las que te sientas a gusto y que te puedan aportar el apoyo y comprensión que necesitas. Debes evitar esconder tu dolor, no sientas miedo ni vergüenza por ello, es natural y a la vez sanador expresarlo. En este sentido date permiso para llorar, el llanto es la expresión directa de la tristeza, es un mecanismo liberador y sanador a la vez. Reprimir el llanto para mostrarte fuerte solo te conducirá a estar más triste y ansioso.

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5. Normaliza la muerte. Existen casos en que una vez producido el fallecimiento, la familia firma un pacto de silencio para no hablar del difunto ni de los recuerdos asociados a él. Esta actitud es nociva para la familia, pues lo único que se consigue es reprimir y esconder el dolor que todos los familiares sienten por la pérdida. Lo aconsejable en estos casos es poder hablar libremente sobre la persona fallecida y compartir historias y anécdotas. Esta actitud es un  bálsamo reparador que ayudará a todos los familiares a lidiar con la muerte, fomentando elementos como el amor, la empatía y la comprensión en el ámbito familiar.

6. No te deshagas de los objetos que te recuerdan a la persona fallecida. Durante el proceso de duelo, cuando nos sentimos extremadamente vulnerables, no es el mejor momento para tomar decisiones importantes. En este sentido es aconsejable que no te deshagas de aquellos objetos que te recuerdan a la persona fallecida. Aunque en un primer momento pueda parecerte una buena idea, seguramente acabarás arrepintiéndote por ello. No es necesario, ni aconsejable, tener todos los objetos a la vista, pero sí guardarlos en una caja o en un lugar que no esté a la vista, y de aquí un tiempo, una vez superado el duelo, decidir qué hacer con ellos. Siguiendo esta premisa, el duelo tampoco es un buen momento para tomar decisiones importantes como cambios de domicilio, de trabajo, etc... en estos casos la inestabilidad emocional nos puede impulsar a tomar decisiones precipitadas que después podemos lamentar.

7. Despídete del ser querido. En ocasiones cuando alguien fallece no tenemos la oportunidad de despedirnos, o bien nos vemos obligados a hacerlo de forma rápida e imprevista. Por este motivo es importante que te des la oportunidad de despedirte de tu ser querido, aunque esta persona ya no esté presente. Una de las opciones es escribir una carta de despedida, expresando todo aquello que necesitas decirle y que no tuviste oportunidad de comunicar en vida. Si es posible puedes visitar el cementerio donde esté esa persona y leérsela una vez finalizada. Otra opción es escribir durante el proceso de duelo un diario donde vayas expresando tus emociones, sensaciones y pensamientos. Un última opción es crear un “espacio de recuerdos” (por ejemplo un álbum o una caja), donde depositar aquellas fotos y objetos que te recuerden  a esa persona. Cuando lo consideres oportuno puedes revivir esos momentos y situaciones. Esta última opción la suelo recomendar a mis clientes una vez el duelo está encarrilado, pues en caso contrario puede tener los efectos contrarios a los buscados, aumentando los estados de tristeza y melancolía.

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8. No seas exigente contigo mismo. El duelo es un proceso lento pero progresivo, y como tal dura un tiempo, aproximadamente entre 1,5 y 2 años. Por este motivo no quieras correr, sé paciente y toma conciencia que no es un proceso lineal, lo que significa que un día puedes sentirte muy animado y alegre, y al día siguiente volver a conectar con el llanto y la tristeza. Piensa que es absolutamente normal, y no significa de ninguna manera un retroceso en el proceso. No te castigues ni culpabilices por ello.

Se considera que se ha llegado al final del duelo cuando somos capaces de recolocar emocionalmente a nuestro ser querido, aceptando que aunque esa persona ya no está presente, una parte de ella sigue viviendo en nosotros. Esta aceptación de la nueva realidad nos permite seguir nuestro camino, aprendiendo de lo vivido junto a esa persona y aceptando que la vida ha cambiado, lo que nos lleva a abrirnos a nuevas experiencias y relaciones.

Por último es importante que tengas en cuenta que a medida que pase el tiempo debes ir sintiéndote mejor respecto a la pérdida. Aunque al inicio del proceso de duelo la mayoría de tus pensamientos estarán focalizados en el hecho traumático, a medida que pasen los días, otros aspectos como el ámbito social, laboral y familiar irán ocupando el sitio que les corresponde en tu vida. Si no es así, y sientes que tu dolor y las emociones derivadas de la pérdida ocupan la mayor parte de tus energías y de tu tiempo, entonces sería aconsejable que buscases ayuda profesional para elaborar el duelo de una forma saludable. 

Leslie Beebe

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Como Reducir la Ansiedad


Como reducir la ansiedad. La ansiedad es un trastorno que nos puede afectar en cualquier momento de nuestra vida. Se estima que alrededor del 50% de la población mundial sufrirá de ansiedad en algún momento de su vida. La ansiedad tiene como eje central el miedo; no obstante mientras que el miedo es una emoción puntual que nos pone en alerta ante una amenaza presente, la ansiedad es un estado de intranquilidad y nerviosismo que perdura en el tiempo, y que principalmente procede de nuestra voluntad de querer controlar alguna circunstancia futura.

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A continuación voy a comentar algunos consejos que os pueden ayudar a superar la ansiedad. No obstante soy de la opinión que si sentimos que la ansiedad está presente en nuestra vida, lo recomendable es buscar aquello que la motiva. La ansiedad se presenta como un síntoma derivado de algún aspecto de nuestra vida que no está funcionando, o bien con el que estamos en desacuerdo, siendo esta insatisfacción la responsable de nuestro desequilibrio emocional.

Aunque existen técnicas como la meditación o el Mindfulness que funcionan muy bien en lo que respecta a reducir los síntomas relacionados con la ansiedad, debemos tener claro que esta reducción será temporal mientras no descubramos aquello que la motiva, y por tanto nos pongamos manos a la obra para solucionarlo. En este sentido la terapia se presenta como el camino más adecuado para tomar conciencia y llegar a sanar nuestros problemas de ansiedad.

1.  La ansiedad no es mala. Lo primero que debes hacer es cambiar tu foco de atención respecto a la ansiedad. En vez de concebir la ansiedad como algo malo y desagradable, debes verla como una señal de alarma que indica que algo no está funcionando en tu vida. Los intentos por querer evitar la ansiedad, luchando contra ella y juzgándote por sentirla, lo único que te conducirán es a sentirte cada vez más ansioso/a. Para ello piensa en aquellos aspectos de tu vida con los cuales estás en desacuerdo, o bien no acabas de estar satisfecho/a, seguramente te darán una pista importante sobre los motivos que causan tu ansiedad.

2. Toma conciencia de tus pensamientos. Podemos imaginar a la ansiedad como un monstruo que se alimenta de nuestros pensamientos. Como más pensamientos negativos y de oposición tengas respecto a la ansiedad, mayor será el tamaño de tu monstruo interno, y en consecuencia más ansiedad vas a sentir. Por este motivo es importante que revises tus pensamientos y las creencias que llevan consigo. Es importante que anotes todo aquello que te dices y escuches la forma cómo te lo dices. Una vez anotados cuestiónate el mensaje, por ejemplo debes evitar palabras como “nunca”, “siempre”, “nada”, “todo”…, pues  estas palabras son típicas de un pensamiento polarizado que únicamente contribuye a sentirte más presionado/a y a aumentar tu ansiedad.

Respecto a tus pensamientos puedes plantearte diversos aspectos como son: si realmente las cosas son blanco o negro como tus pensamientos te dicen, qué pruebas tienes de que estos mensajes que te  envías son reales, y si de alguna forma estos pensamientos contribuyen a que te sientas mejor. Una vez hayas tomado conciencia de tus pensamientos y la forma cómo éstos te hacen sentir, mira de cambiarlos por otros de más positivos y saludables. Pregúntate cómo crees que te vas a sentir si te habitúas a utilizar estos pensamientos alternativos, en vez de utilizar los antiguos.

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3. No te avergüences ni te sientas culpable por sentir ansiedad. Como hemos comentado la ansiedad es un trastorno más común de lo que nos pensamos. Existe la idea generalizada que mostrarnos vulnerables por la ansiedad es sinónimo de ser débiles o cobardes; nada más lejos de la realidad. Si te dejas la libertad de expresar y hablar con otras personas sobre tu ansiedad, seguramente te darás cuenta que encontrarás más apoyo y empatía del que te imaginas. Debes tener claro que querer esconder tu estado ante los otros solo te provocará más tensión, y en consecuencia más ansiedad.

4. No huyas de tu ansiedad. Acepta lo que te está pasando. Obviamente a nadie nos gusta los síntomas asociados a la ansiedad, no obstante debemos tener claro que querer evitar o reprimir aquello que estamos sintiendo solo nos conducirá a sentirnos peor. Asimismo culpabilizarnos o sentirnos mal por tener ansiedad tampoco nos ayudará a reducirla. El primer paso es aceptar la ansiedad como viene. Para ello lo recomendable es conectar con el momento presente. Una de las mejores formas de conexión con el presente es dejarnos unos minutos para tomar conciencia de nuestra respiración, de esta forma conseguimos parar el pensamiento futurista y catastrófico característico de la ansiedad.

Otro aspecto que debemos evitar en nuestra relación con la ansiedad es querer huir de las situaciones que nos generan ansiedad. Cuando eludimos las situaciones que nos producen ansiedad, lo que conseguimos es un alivio momentáneo, sin embargo esta huida únicamente nos conduce a un futuro más limitado. Como más evitemos las situaciones propicias a generar ansiedad, menos capaces nos sentiremos para enfrentar este tipo de situaciones en el futuro. En resumen, la evitación nos llevará a estar presos de nuestra ansiedad, limitando nuestra libertad personal y perjudicando nuestra autoestima.

5. Date la libertad para hablar y expresar tus emociones y sentimientos. Uno de los caminos que nos conduce a reducir nuestros niveles de ansiedad es expresar nuestras sensaciones y miedos. En estos casos el dicho de “yo me lo guiso, yo me lo como”, no suele dar buenos resultados. En primer lugar expresar a otros aquello que nos sucede nos ayudará a encontrar  puntos de vista alternativos de la situación, así como también el apoyo y acompañamiento necesario en momentos vulnerables que podemos estar atravesando. En segundo lugar, expresar nos ayuda a liberar la tensión propia de la ansiedad. Como ocurre con una olla a presión, necesitamos válvulas de escape que liberen la tensión acumulada a causa de la ansiedad, pues si no es así llega un momento en que acabamos explotando, pudiendo llegar a sufrir un trastorno de salud más grave, como un ataque de pánico.

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6. Procura ocuparte y no preocuparte. Toma conciencia de aquello que te genera ansiedad. Las preocupaciones excesivas respecto a temas futuros, sobre los cuales no tenemos el control, suelen ser uno de los principales orígenes de la ansiedad. Plantéate si tienes algún tipo de control sobre la situación, y si puedes hacer algo en tu presente para solucionar o encauzar aquello que te preocupa. Si éste no es el caso, y tu preocupación se sustenta en inseguridades sobre aquello que vendrá, o en tus deseos de controlar un futuro incierto, acepta que a veces es necesario tener paciencia y aprender a sostener la incertidumbre respecto aquello que nos depara la vida.

"A cada día le bastan sus temores, y no hay porqué anticipar los de mañana" Charles Péguy

7. Adopta unos hábitos de vida saludables. Cuando hablamos de hábitos de vida saludables nos referimos a aspectos como llevar una dieta regular y saludable, realizar ejercicio físico de 2 a 3 veces por semana y dormir las horas necesarias. Todos estos factores tienen una gran influencia en el grado de ansiedad; no cumplir con estos hábitos puede favorecer de forma significativa el aumento de nuestros niveles de ansiedad.

8. Aprende a ser asertivo y a poner límites. Una de las causas que motiva la ansiedad es nuestra creencia que no vamos a poder enfrentar un acontecimiento futuro. A veces este miedo procede de una inseguridad personal y una falta de valía personal, lo que contribuye a reforzar nuestra idea de que no vamos a poder lidiar con aquello que nos depara el futuro. Algunos indicios de esta inseguridad es nuestra dificultad para poner límites, o poder decir no a los otros sin tener que sentirnos culpables por ello.

Por todos estos motivos es importante que busques un equilibrio entre el entorno y tú; no es saludable ser una persona que sólo piensa en sí misma y en sus necesidades, pero eso tampoco significa que debas estar al servicio de las necesidades de otros, descuidando las tuyas propias. En este sentido, olvídate del juicio externo y céntrate en tus necesidades, date la libertad para ser tú mismo, y en caso que quieras dar a los otros que sea por generosidad y amor, y no por miedo o dependencia.


"Todo estrés, ansiedad y depresión, son causados cuando vivimos para complacer a los demás". Paulo Coelho

9. Deja que el humor entre en tu vida y toma perspectiva de la situación que te preocupa. Muchas veces aquellas situaciones  que nos provocan ansiedad no son tan tremendas ni tan graves cuando suceden, como nos habíamos imaginado previamente. Toma distancia de la situación y plantéate si realmente aquello que te preocupa es un tema tan importante en tu vida. Pregúntate que es lo peor que imaginas puede pasarte, y si así fuese como te sentirías. Intenta ver la situación con algo de humor y ríete de ella y de ti mismo si es preciso. Si observas la situación con humor, sin darle mucha relevancia al tema, seguramente te darás cuenta que no es el fin del mundo, y que por tanto esta preocupación que tienes en tu cabeza quizás no requiera de tanta energía ni tanto tiempo como el que le estás dedicando. Piensa que en un gran número de ocasiones somos nosotros mismos, quienes a través de darle vueltas y más vueltas al tema, hacemos una montaña de un grano de arena, provocándonos un mayor grado de ansiedad.

Si la ansiedad limita tu vida, la terapia puede ayudarte, pide información sin compromiso. 

Si te interesa leer más sobre el tema, aquí te dejo otros de mis artículos.







Leslie Beebe
www.ansiedad.barcelona
https://www.saludterapia.com/terapeutas/t/f/4685-leslie-beebe-rodriguez.html
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