Como Superar Los Celos

Como Superar Los Celos. Cuando hablamos de celos nos referimos a una respuesta emocional que surge ante una amenaza que percibimos pone en peligro algo o alguien que consideramos de nuestra propiedad. Si nos focalizamos en los celos que aparecen en el ámbito de la pareja, estaríamos hablando de toda una serie de miedos que aparecen relacionados con la posibilidad de que la relación se acabe, principalmente, perder a nuestra pareja. Derivado de este miedo, aparecen otros como el miedo a que mi pareja me sea infiel, miedo a ser engañado o traicionado por la pareja, miedo a ser substituido por otra persona en la relación, etc…
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El problema de los celos no reside tanto en sentirlos, pues en toda relación pueden aparecer en algún momento, sino en la intensidad como se viven y en la forma como influyen en nuestra conducta. También es importante tener en cuenta si los celos aparecen por un motivo justificado o no.

Cuando los celos pasan a ser un tema obsesivo, que genera ansiedad y que deriva en querer mantener bajo control a la pareja, entonces tenemos un problema; es lo que denominamos como celos patológicos. En estos casos lo más recomendable es acudir a un profesional de la terapia que nos ayude a recuperar la confianza y el equilibrio emocional perdido.

A continuación os comento un poco más sobre el funcionamiento de los celos:

Es importante entender que los celos están directamente relacionados con una baja autoestima, lo que deriva en una elevada inseguridad personal. La persona insegura empieza a pensar que otras personas, que están en la órbita de su pareja, pueden ser candidatos más idóneos que él o ella en el rol de pareja. Este pensamiento provoca que la persona celosa empiece a interpretar las acciones de su pareja de una forma distorsionada e irracional. Por ejemplo que la pareja asista a una cena con amigos o una llamada telefónica que pueda recibir al llegar del trabajo hacen saltar todas las alarmas.

Con el objetivo de mitigar estas dudas y reducir su ansiedad, la persona celosa empieza a poner en marcha toda una serie de conductas de vigilancia hacía su pareja, con la finalidad de controlar todo lo que ésta hace, y así reducir sus temores y su ansiedad. Aunque en un primer momento el celoso cree que su actitud de supervisión y control va a funcionar, al poco tiempo descubre que únicamente le sirve para generarle más dudas respecto a la fidelidad de su pareja.  Desde esta actitud de incertidumbre y suspicacia la persona celosa nunca puede encontrar respuestas definitivas que le satisfagan, pues debido a su inseguridad personal, vuelven a surgirle más dudas y nuevos motivos de sospecha, por lo acaba sumido en un bucle, donde inseguridad y deseos de control van en aumento.

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Si sientes que los celos son un obstáculo en tu vida de pareja, la terapia puede ayudarte. LLama o Whatsapp al 645 368 714 o bien rellena el formulario de contacto.

El comportamiento celoso  tiene graves repercusiones en diferentes ámbitos, primero para la persona que lo vive, después para la persona que recibe esta conducta, y por último para la relación de pareja como tal.  Aunque la percepción que tiene el celoso sobre la realidad es distorsionada, la persona lo vive como algo muy real. La persona celosa cree erróneamente que llegará un punto en que el control sobre el otro le proporcionará una seguridad total, la cual le permitirá por fin quedarse tranquilo. Nada más lejos de la realidad, pues como más control ejerce sobre su pareja, más dudas le surgen. Este anhelo nunca satisfecho genera en la persona mucha ansiedad, también cansancio por la cantidad de energía invertida,  a la vez que malestar, el cual se suele manifestar a través del enfado y la irritabilidad.

Para la pareja, aunque en un primer momento la atención recibida por el celoso pueda ser recibida como una muestra de amor, e incluso hacerle cierta gracia, al poco tiempo se da cuenta de qué le supone vivir la relación desde una conducta cada vez más opresiva. Los intentos permanentes de control de la persona celosa generan en la pareja una sensación de agobio, al verse obligada a dar toda una serie de explicaciones sin ningún motivo aparente. Esta presión por estar siempre en el punto de mira, por tener que ser cuestionado y controlado en todo momento, provocan en la pareja un gran malestar que suele derivar en trastornos de salud como nerviosismo y ansiedad.

La relación de pareja también se ve perjudicada cuando uno de los miembros adopta una actitud celosa hacía el otro, deteriorándose la relación con el paso del tiempo si no se toman medidas. Desde la desconfianza y el estado de vigilancia constante la persona celosa empieza a relacionarse con la pareja desde una actitud de censura y control, muy alejada del amor y la confianza propia de una relación saludable. De esta forma el celoso empieza a pedir explicaciones, a prohibir cosas y a interrogar a la pareja sobre sus acciones, buscando pruebas de su infidelidad. Esta actitud crea un ambiente de tensión, discusiones y desconfianza que alejan cada vez más a la pareja.

Finalmente, y si no se toman medidas, los pronósticos que hace la persona celosa de que la pareja terminará por dejarle se convierten en realidad, como una auto profecía que se acaba cumpliendo. Contrariamente a las ideas irracionales de la persona celosa, la pareja no se rompe por la aparición de una tercera persona, sino porque sus propios miedos le llevan a actuar de tal forma que la situación más temida se acaba cumpliendo.

¿Cómo podemos gestionar los celos y salir de este bucle de desconfianza y destrucción de la pareja?. 

Como hemos comentado anteriormente si estamos viviendo una situación de celos patológicos, la mejor opción es recurrir a la ayuda terapéutica. No obstante aquí os dejo algunos consejos que os permitirán reflexionar sobre los celos:

1. Debemos pensar que nuestra pareja nos quiere tal y como somos, con nuestras virtudes y nuestros defectos, al igual que nosotros a ella. Sin embargo no debemos mezclar dos aspectos que habitualmente son fuente de confusión; el primero es el amor que sentimos por nosotros mismos y la valoración que hacemos de nuestra persona. Esto tendría que ver con nuestra autoestima, y podríamos decir que es la base que posibilita que después pueda surgir el amor hacía nuestra pareja.  

El segundo aspecto es el amor que recibimos de nuestra pareja, el cual tendría más que ver con elementos como el cariño, la ternura, la tolerancia, el respeto y la comprensión mutua. Un aspecto no debe confundirse con el otro, es decir no podemos esperar que nuestra pareja nos dé el amor que nosotros debemos sentir hacía nosotros mismos. Asimismo cuando la persona no se valora ni se quiere a sí misma, difícilmente puede dar y compartir el amor con su pareja. En estos casos es frecuente la aparición de una dinámica de dependencia emocional, donde la relación se establece desde la dependencia y no desde la libertad.

En casos de dependencia emocional uno de los miembros vive por y para su pareja, sin ella se encuentra perdido, y la simple idea de poder perder al otro le provoca una gran angustia. El dependiente emocional no puede poner límites, está en total confluencia con el otro, hasta llegar al punto que su equilibrio emocional, así como su valoración personal y autoestima dependen totalmente de la otra persona. En estos casos es frecuente la aparición de celos patológicos, para así tener controlada en todo momento a la pareja, creyendo que así evita aquello que más teme, que el otro le abandone. 

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2. La persona celosa tiene tendencia a creer que su pareja es la culpable de aquello que le sucede. Es importante entender que yo soy el único responsable de mis emociones y sentimientos; no es mi pareja quien me pone celoso, soy yo quien no gestiono bien mis emociones. Cuando culpamos a otra persona de lo que nos pasa evitamos responsabilizarnos y cerramos así la oportunidad del cambio.

3. Si aparecen dudas respecto a nuestra pareja, es importante compartirlas y hablar con ella sobre el tema. Si identificamos que existen pruebas razonables que puedan hacernos sentir inquietos sobre el papel de nuestra pareja en la relación, debemos comunicárselo, siempre desde el respeto y con un tono conciliador, evitando los reproches y las malas formas. Se trata de conocer cómo está la realidad de la situación, dando a conocer al otro como nos ha hecho sentir su conducta, y aclarando posibles malentendidos que pudiese haber.

4. Debemos entender que nadie nace celoso, y tampoco se trata de una enfermedad, sino que en mi opinión estamos hablando de un patrón de comportamiento disfuncional, una forma no adecuada de gestionar la relación de pareja, la cual ha sido aprendida. Los motivos por los cuales la persona puede haber llegado a esta situación son múltiples; puede ser que los celos hayan surgido a raíz de una experiencia con una ex pareja que no se acabó de sanar, por un hecho traumático ocurrido en la infancia o bien por algún suceso reciente que ha afectado la autoestima de la persona, como la pérdida del trabajo. Sea cual sea el desencadenante, es importante entender que los intentos de querer tener controlada a la pareja únicamente nos llevará a la ruptura de la relación. 

Si queremos recuperar nuestro equilibrio emocional, a la vez que salvar nuestra relación, debemos empezar a implementar formas de relación más saludables, basadas en el amor, el respeto y la confianza, alejándonos así de la inseguridad, la desconfianza y la infelicidad que generan los celos.

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5. Si sentimos que los celos toman protagonismo en nuestra persona, es recomendable analizar cómo se encuentran nuestros niveles de autoestima. Para ello es importante tomar conciencia de cuáles son los pensamientos respecto a nuestra persona; por ejemplo, si son pensamientos positivos, que valoran nuestras aptitudes, y nos empujan a conseguir aquello que deseamos; o bien son pensamientos que nos desvalorizan y que maltratan nuestra imagen personal, llevándonos a una posición victimista y de bloqueo para pasar a la acción. También es importante que estemos atentos a posibles señales de alarma, que nos indiquen que los celos están tomando relevancia en la relación, para ello podemos hacernos preguntas del siguiente tipo; 

¿Siento cada vez más la necesidad de controlar a mi pareja?, ¿Últimamente me siento más a disgusto con las amistades de mi pareja?, ¿Son habituales los reproches y las exigencias hacía mi pareja?, ¿Cada vez siento más inseguridad respecto a mi pareja?. 

Los pensamientos tóxicos y de desvalorización respecto a nosotros mismos afectan nuestra autoestima y nos conducen a la comparación con el resto de personas, lo que deriva en el surgimiento de un sentimiento de inferioridad y de inseguridad personal, un entorno muy propicio para que surjan los celos patológicos. En estos casos un trabajo terapéutico para mejorar los niveles de autoestima es muy recomendable, tanto a nivel personal como para recuperar la salud emocional de la pareja.

6. La persona que vive los celos patológicos se encuentra en una situación de vigilancia constante, donde la mayoría de estímulos externos son percibidos como una amenaza. Esta situación provoca que la persona tenga pensamientos automáticos en los que la fantasía y la irracionalidad toman protagonismo. En estos casos es importante que la persona analice la situación y compruebe cuanto de realidad hay en esa interpretación; preguntas del tipo:  

¿Esta inseguridad que siento respecto a mi pareja qué tiene que ver conmigo?¿Qué pruebas reales tengo que lo que pienso es una realidad?, ¿qué utilidad tiene seguir dando vueltas al tema?, ¿puedo hacer algo sobre esto que me preocupa?, etc..  todas ellas son preguntas que nos centran en el presente, para así no dejarnos llevar por la fantasía catastrófica de nuestra mente.

7. Un antídoto eficaz para los celos es fomentar la propia vida personal, asegurándose que cada uno de los miembros de la pareja tenga su propio espacio. De esta forma se favorece a no estar tan pendiente de qué hace o deja de hacer la pareja. Esto significa emprender nuevos proyectos o empezar nuevas aficiones que permitan a la persona conectar con la creatividad y las ganas por hacer cosas nuevas. En este estado la persona gana en autonomía y seguridad, reduciéndose así la posibilidad de que los celos tomen protagonismo en la relación.

Por último decir que los celos patológicos generan en la persona un gran sufrimiento, no obstante en un gran número de ocasiones la persona celosa no admite ese problema, proyectándolo en su pareja, o bien no queriéndole dar importancia al tema. Desde la dificultad de aceptar ese problema, es muy improbable que la persona tome acción para resolverlo. 

Por este motivo las personas del entorno, como la pareja, familiares o amigos adoptan un papel muy importante en hacerle ver a la persona celosa las consecuencias que tiene para él vivir desde la inseguridad y la desconfianza que despiertan los celos. Obviamente no se trata de responsabilizarse de su problema, ni tampoco de tomar ninguna decisión por él, pues la última palabra la tiene la persona celosa, simplemente de hacerle de espejo para que tome conciencia de la magnitud de su problema y así se decida a buscar ayuda.

Si quieres saber más sobre los celos, aquí te dejo otro de mis artículos sobre este tema:

Como gestionar los celos





Como Ser Menos Autoexigente

Como ser menos autoexigente. En mi opinión cuando hablamos de autoexigencia podemos diferenciar dos tipos. El primer tipo es el que denominamos como autoexigencia saludable.

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La autoexigencia saludable es aquella que nos ayuda a alcanzar nuestros objetivos, nos incentiva a superarnos, así como a aprender de nuestros errores. Es una exigencia que nos impulsa para avanzar y crecer en la vida, no solo profesionalmente, sino también como personas. En su forma saludable la autoexigencia es la que nos saca del punto donde nos encontramos ahora, y nos acompaña para alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto en nuestra vida.

Sin embargo, cuando las metas que nos fijamos son inalcanzables, o únicamente pueden conseguirse pagando un elevado precio por ellas, entonces estaríamos hablando del segundo tipo de autoexigencia, el que denominamos como autoexigencia dañina.

La autoexigencia dañina como su nombre indica perjudica nuestra salud física y emocional, pues afecta negativamente a nuestra autoestima y a la confianza que tenemos depositada en nuestra persona. Este tipo de autoexigencia se encuentra relacionada con la búsqueda del perfeccionismo, por este motivo la vivimos desde un estado de ansiedad, frustración permanente y miedo desproporcionado.  

Definimos como perfeccionismo una excesiva presión para rendir y obtener resultados, así como una nula tolerancia a ser frustrados por la vida. El perfeccionismo también nos conduce a negar la posibilidad de podernos equivocar, y por tanto nos cierra la oportunidad de aprender del error cometido.

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Una de las principales causas porqué el perfeccionismo nos perjudica es por la asociación que hacemos entre resultados obtenidos y autoestima; es decir, creemos que una vez cumplamos con nuestro ideal de perfección, mayor será la valoración de nosotros mismos y mejor considerados estaremos por el resto de personas.

Con frecuencia el perfeccionismo nos lleva a focalizarnos únicamente en nuestros fallos y defectos, mientras olvidamos nuestras virtudes y puntos fuertes. Asimismo el querer ser perfectos nos impulsa a perseguir un ideal que únicamente se encuentra en nuestras mentes, pero no en la vida real. El perfeccionismo deriva también en un afán por querer controlar todos los aspectos de nuestra vida, por lo que nuestros niveles de ansiedad van a ir en aumento. Entramos así en un bucle de exigencia , culpabilización y castigo hacía nosotros mismos del cual es difícil salir si no tomamos conciencia de ello.

“La perfección es un ideal del ser humano que nunca llegará a alcanzar, porque el mismo es imperfecto” Ismael Díaz Lázaro

No obstante, ¿Por qué el ideal de perfección está tan presente en la mayoría de nosotros?. Una de las principales explicaciones se encuentra en nuestros primeros años de vida.
Como niños recibimos mucha información procedente de los adultos y del entorno en el que crecemos; patrones de conducta, valores, creencias y normas, entre otras. En esos momentos de nuestra vida, como niños, no cuestionamos lo aprendido, pues hacerlo significaría poner en peligro el amor de nuestros padres, y por tanto arriesgarnos a ser abandonados, rechazados o no queridos por ellos. Por este motivo aceptamos de forma incuestionable aquello que se nos enseña.

No obstante llegados a la edad adulta seguimos aceptando lo aprendido sin cuestionarlo ni actualizarlo a las necesidades o a las circunstancias del presente, aunque esto suponga un daño hacía nuestra persona. De esta forma hacemos grandes esfuerzos para vivir nuestra vida desde los debeísmos heredados de la infancia, olvidándonos de nuestras necesidades o deseos presentes. Asimismo cuando pensamos que hemos traicionado algunas de estas leyes aprendidas, entonces nos sentimos culpables, al no haber cumplido con aquello que se esperaba de nosotros, y nos enfadamos con nosotros mismos por haber fallado.

Aunque ya no somos aquellos niños a los que nuestros padres educaban, los mandatos familiares siguen muy presentes en nuestro interior, como una voz que nos recuerda imperativos de aquel tiempo como: “debo escoger siempre la mejor opción”, “no puedo fallar” “tengo que hacerlo bien”,  “debo ser fuerte”, “no debo tener miedo”… 

Frases que nos presionan para conseguir una quimera, la perfección. Una autoexigencia que en vez de llevarnos a la libertad de ser  nos conduce a la autotortura. No conseguir el ideal deseado nos conecta con la idea que nunca somos suficiente. No hemos cambiado mucho respecto aquellos niños que fuimos en el pasado y que buscábamos obtener de nuestros padres el amor incondicional y perfecto; de alguna forma lo seguimos haciendo ahora, buscando la aprobación permanente en el resto de personas.
En la búsqueda de esta perfección nos olvidamos de algo muy importante, nuestras necesidades, lo que nos conduce a un estado de estrés e insatisfacción con nuestra persona.  

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Si sientes que eres demasiado perfeccionista y eso te hace sufrir, la terapia puede ayudarte. Contacta conmigo en el teléfono 645 368 714 llamada o Whatsapp, o bien rellena el formulario de contacto.

Para salir de este bucle ansioso es necesario empezar a relacionarnos con nosotros mismos de forma diferente,  tomando conciencia de cuáles son nuestros valores, así como escuchando nuestras necesidades. En definitiva tomar un camino que nos conduzca a  tratarnos con autocompasión, amor y tolerancia. En definitiva se trata de entender que no es cuestión de ser perfectos, sino  de dejarnos la libertad para ser y para mostrarnos tal y como somos, con nuestras virtudes y defectos.

Para conseguir ser más humanos, y menos perfectos, aquí os dejo algunas recomendaciones al respecto:

1. Debemos tratarnos con cariño y con respeto. Cuando fallamos o cometemos algún error no debemos culpabilizarnos y autocastigarnos con mensajes desvalorizadores y despectivos del tipo; “no sirvo para nada”, “no valgo”, “soy un inútil”… En estos casos debemos tomar conciencia de nuestros errores y tomarlos como un aprendizaje. Es importante entender que los errores forman parte de nuestro proceso de crecimiento, sin error no hay aprendizaje, por este motivo sería aconsejable cambiar los mensajes anteriores por los siguientes:

“aprenderé de este error para mejorar”, “pondré más atención la próxima vez y lo haré mejor”, “me he equivocado pero no pasa nada, lo haré mejor la próxima vez”, “el error es necesario para seguir aprendiendo”.

2. Tendríamos que escuchar nuestras auténticas necesidades y nuestros deseos más genuinos. Cuando en nuestra mente surge algún debeísmo tenemos que preguntarnos si dicha obligación parte de una necesidad propia, o por el contrario tiene su origen en querer contentar al resto de personas, para así mantener una determinada imagen ante ellos.

3. Es necesario responsabilizarnos de nuestra existencia, es decir de nuestra vida, eso significa responsabilizarnos de nuestros pensamientos, palabras y acciones. Quizás actualmente vivimos aún sometidos a unas normas pasadas, que ya quedaron obsoletas y que seguramente no nos pertenecen en el presente. No obstante  muchas veces utilizamos el estar ligados a ellas como una excusa, culpando a nuestros padres o a nuestro pasado de nuestra situación actual, sumiéndonos así en un rol de víctima, y utilizando este hecho como una justificación para no pasar a la acción y cambiar las cosas.

4. Es importante empezar a tomar conciencia de nuestros logros y de nuestras virtudes. Muchas veces no prestamos atención a lo positivo y menospreciamos aquello que hemos logrado. Tenemos tendencia a centrarnos únicamente en lo negativo, y no solo eso, sino que a menudo magnificamos un simple error para tirar por tierra todo lo conseguido hasta el momento.

Desde esa negatividad  nos hablamos de una forma muy crítica y a la vez destructiva, provocando que nos sintamos realmente mal con nosotros mismos. Ante esta situación  debemos reaccionar y valorar aquello que hacemos bien, así como trabajar para potenciar nuestras habilidades. De igual forma debemos adoptar una actitud abierta emocionalmente hablando, para así dejarnos llegar los halagos y felicitaciones que otras personas puedan hacer de nuestros talentos y virtudes.

5. Es aconsejable distinguir entre automotivación y autoexigencia. La automotivación se origina en el deseo y nos incita a querer superarnos. Es una actitud que trae consigo la voluntad de aprender y de llevar a cabo nuevos proyectos; de hecho es muy beneficiosa para traer cambios a nuestra vida y evolucionar. La autoexigencia en cambio se origina en la presión y en la obligación por tener que hacer, así como en la amenaza de que si no conseguimos aquello que nos hemos propuesto, esto afectará negativamente a la valoración que hacemos de nuestra persona. Por este motivo es importante cambiar nuestro vocabulario de “tengo que” y “debo” por otras expresiones menos demandantes como “me gustaría” y “quiero”.

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6. Es importante aprender a sostener la frustración y tomar conciencia que nosotros no podemos controlar todo aquello que sucede a nuestro alrededor. En ocasiones la vida no sale como habíamos previsto, no por inaptitud o falta de conocimiento , sino simplemente porque existen multitud de variables de nuestra vida que no controlamos. Por este motivo es importante que conectemos con la serenidad, con la aceptación que la realidad no siempre se adecúa al plan que teníamos previsto en nuestra mente, y no por ello somos peores personas.

7. Debemos fijarnos unas expectativas y unas metas realistas, según nuestras posibilidades, y no focalizarnos en ideales de perfección. Vivir en un ideal de que todo debe ser perfecto únicamente nos conduce a la desmotivación y a la frustración. En esta línea es aconsejable fijarnos unos objetivos que nos supongan una cierta dificultad, que nos permitan estar motivados y no aburrirnos, pero sin llegar a ser objetivos inalcanzables que nos lleven a desmoralizarnos. En un gran número de situaciones no conseguimos aquello que deseamos, no por falta de aptitudes, o por no haberlo hecho bien, simplemente porque el objetivo que nos habíamos propuesto no era realista desde un primer momento.

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8. Tenemos que ser justos y ecuánimes con nosotros mismos. Para sacar lo mejor de nosotros mismos debemos valorar nuestras aptitudes y nuestros puntos fuertes, perfeccionado nuestros talentos. Para ello es importante conocer nuestros límites, así como también nuestras carencias.

9. Es recomendable evitar la comparación con otras personas. La comparación siempre nos lleva a sentirnos defraudados y desilusionados. Podemos inspirarnos en aquellas personas que admiramos para ir creando nuestro propio camino, como un proceso de aprendizaje, pero no con el objetivo de llegar a ser como la persona admirada. No olvidemos que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles.

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10. Por último decir que sería aconsejable dar más importancia al proceso y no tanto a las metas. En múltiples ocasiones nos enfocamos exclusivamente en conseguir una determinada meta, centrándonos en el futuro, mientras olvidamos lo que podemos aprender durante el camino, en el presente. El poeta griego Constantino Cavafis nos lo recuerda en un fragmento de su poema “Viaje a Itaca”

“Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.”

Leslie Beebe
Terapia y Coaching en Barcelona
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Como Cambiar el Pensamiento Negativo

Como Cambiar el Pensamiento Negativo. Se estima que por nuestra cabeza pasan unos 60.000 pensamientos al día. Un elevado porcentaje de estos pensamientos son negativos, automáticos e irracionales, del tipo; “Soy tonto”, “No voy a poder”, “He hecho el ridículo”,  “Debería hacer más”, etc…

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Sin lugar a dudas este tipo de pensamiento nos limita, nos bloquea e interfiere en la satisfacción de nuestras necesidades y en el cumplimiento de nuestros objetivos. Asimismo y a nivel emocional nos perjudica y nos genera malestar, alterando nuestro equilibrio emocional.

En mi opinión cuando hablamos de pensamientos debemos tener en cuenta un par de conceptos: el primero de ellos es que no son los sucesos de la realidad los que nos provocan emociones, sensaciones y sentimientos, sino que mayoritariamente son los pensamientos que tenemos acerca de esos sucesos lo que nos condiciona. Por este motivo una misma realidad es percibida y vivida de una forma diferente según cada persona.

El segundo concepto es que no podemos controlar aquello que pensamos. Los pensamientos van apareciendo en nuestra mente al igual que una serie de fotogramas lo hacen en una película. Nosotros únicamente somos los espectadores de dichos pensamientos. Por este motivo es inútil que intentemos controlar o evitar nuestros pensamientos, pues van a seguir apareciendo. Paradójicamente como más intentemos no pensar en ellos, más presentes van a estar en nuestra mente, y mayor va a ser su efecto en nosotros.

A partir de estos conceptos básicos, podemos determinar que el camino para cambiar nuestros pensamientos negativos no se basa en reprimirlos, evitarlos ni luchar contra ellos, sino en racionalizar y poner en duda el mensaje que llevan consigo. 
El trabajo para recuperar nuestro bienestar consiste en no caer en la trampa de unos pensamientos que en la mayoría de ocasiones son irracionales, automáticos y dramáticos. Debemos pues empezar a cuestionar aquellos pensamientos que nos generan malestar. Este cuestionamiento empieza por no aceptar el pensamiento como algo propio, sobre el cual no tenemos ni voz ni voto; todo lo contrario, pues es importante entender que somos nosotros los que tenemos pensamientos y no al revés. No olvidemos que cuando nos dejamos llevar por el pensamiento también estamos perdiendo parte de nuestra libertad.

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A continuación os voy a poner un ejemplo de un pensamiento negativo. Imaginemos una persona que empieza un trabajo nuevo y desconocido. Uno de los pensamientos que pueden aparecer en este individuo es  “no voy a saber hacerlo”. Si la persona acepta este pensamiento limitante como una creencia, como algo inamovible, sin racionalizarla ni ponerla en duda, los efectos de este pensamiento en su nuevo trabajo van a ser muy negativos. De esta forma el pensamiento funciona como una profecía que acaba sucediendo en la realidad. Al cumplirse la profecía la persona evalúa la experiencia y saca como conclusión que obviamente no sabe hacer el nuevo trabajo, dándole así la razón a su pensamiento y generando en él un sentimiento de inutilidad e incapacidad personal.

Este es solo un ejemplo de como un pensamiento nos puede limitar y bloquear; ahora imagina como nos afecta a nivel emocional tener multitud de pensamientos de este tipo ¡en un solo día!.
Con el objetivo de no caer en las trampas del pensamiento aquí os dejo algunas recomendaciones:

1. Estamos tan acostumbrados a actuar de forma automática cuando aparecen nuestros pensamientos que raramente nos paramos para tomar conciencia de su mensaje. Por este motivo el primer paso es que tomes nota de aquellos pensamientos negativos más recurrentes e intentes responder a las siguientes preguntas: ¿Qué te dices?, ¿Cómo te lo dices?, ¿Para qué te lo dices?, ¿A dónde te lleva este tipo de pensamiento?.

2. Toma conciencia que tú no eres quién habla en tu cabeza, sino más bien el que escucha la multitud de pensamientos que van pasando por tu mente. Observa a tu pensamiento como si de un observador externo se tratase. Házte la idea que tú no eres únicamente tu pensamiento, pues eres mucho más que eso. En palabras del sabio Jiddu Krishnamurti:

“No eres la charla que oyes en tu cabeza. Eres el ser que escucha esa charla”.

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Si quieres cambiar tus pensamientos negativos, la terapia puede ayudarte. Más información llamando o Whatsapp al 645 368 714 o bien rellena el formulario de contacto.

3. Procura racionalizar y relativizar la importancia de tus pensamientos negativos. Piensa que la mayoría de estos pensamientos son irracionales, pues no dejan de ser futurizaciones catastrofistas e ideas limitantes que únicamente se encuentran en tu mente, y no en la realidad actual. Para racionalizar tus pensamientos puedes hacerte preguntas del siguiente tipo:

“¿En qué evidencias baso mi pensamiento?, ¿Cómo de importante es esto en mi vida?,¿Puedo controlar las consecuencias de este pensamiento?, ¿Qué es lo peor que me puede pasar si finalmente se cumple mi pensamiento?, ¿Cambio algo pensando en ello?, ¿Qué utilidad tiene pensar en ello?.

Estas preguntas te ayudaran a focalizarte en el presente, evitando que te dejes llevar por la corriente negativa de tus pensamientos. Otro ejercicio que puedes hacer es imaginarte que estos pensamientos no son tuyos, sino de un amigo/a, y plantearte qué le dirías y cómo le aconsejarías al respecto.

4. Toma conciencia de como reaccionas ante tus pensamientos y como éstos te hacen sentir. Si reaccionas ante su mensaje dándole la razón y bajando la cabeza es normal que te sientas disgustado. Prueba pues a cuestionar y poner en duda el mensaje de tus pensamientos con preguntas del tipo; 

¿Quién lo dice?, ¿A dónde me lleva este pensamiento?, ¿Para qué tengo este pensamiento?, ¿Voy a permitir que este pensamiento me haga sentir mal?.

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5. Una vez tengas una lista con tus pensamientos negativos, haz otra en la que incluyas otras opciones de pensamiento, más lógicas y positivas. Deja esta lista en un lugar visible para que puedas ir asimilando estos nuevos pensamientos. No olvides que los pensamientos son los causantes de cómo nos sentimos, no obstante tú eres el responsable de conseguir que pensamientos tóxicos, que hasta ahora te podían hacer sentir incapaz, insuficiente o ridículo, pasen a ser pensamientos positivos y más congruentes con la realidad y contigo mismo.

Leslie Beebe


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Como Vencer la Ansiedad Social

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La ansiedad social es uno de los trastornos que con mayor frecuencia me encuentro en mi labor terapéutica. La ansiedad social se origina por una serie de miedos relacionados con nuestra facultad de relacionarnos con el mundo; miedo a hablar en público, miedo a pedir o preguntar, miedo a los acontecimientos sociales, y tantos otros miedos que nos limitan y reducen nuestra libertad. Todos estos miedos si no son tratados, pueden  derivar en trastornos más severos como la fobia social y la agorafobia, entre otros.

Si somos seres que nacemos y vivimos en sociedad, la cuestión sería preguntarnos porqué surgen estas dificultades en la interacción que mantenemos con el resto del mundo. No hay una respuesta única y absoluta, depende de cada individuo, sin embargo en mi opinión existe un denominador común; el denominado autoconcepto. El autoconcepto es la opinión y el juicio que una persona hace sobre sí misma, en definitiva es la forma como nos percibimos. Dicha imagen no es innata, sino que se va formando con la experiencia, y evoluciona a partir de la relación que establecemos con el entorno. Este autoconcepto nace de la imagen que proyectamos en los otros, así como de aquella visión personal que recibimos del exterior. Con los años vamos aprendiendo que existen unas determinadas formas de ser y comportarnos mayormente aceptadas por la sociedad. Asimismo también existen otras imágenes que no están tan bien consideradas, y que por tanto optamos por no mostrar al resto. El motivo de esta evitación es el riesgo que sentimos que las otras personas nos puedan juzgar como no aptos o no suficientemente buenos. Por este motivo, desde muy pequeños invertimos gran parte de nuestro tiempo y recursos en adaptarnos a estos cánones sociales aceptables, para de esta forma evitar aquello que más tememos; el rechazo, aunque esto suponga mostrarnos al mundo desde una máscara, desde una identidad falsa. Con el tiempo, mostrarnos desde máscaras al mundo nos genera malestar, pues esto supone que no estamos siendo sinceros con el mundo ni con nosotros mismos. Este malestar nos provoca una tendencia a eludir, a no querer ver esa falsedad en nuestra persona, por este motivo empezamos a evitar todas aquellas situaciones susceptibles de que aparezca el temido rechazo. Cuando cogemos el camino de la evitación es cuando aparece la ansiedad social.

La ansiedad social surge por el miedo y la preocupación de no ser aceptados, de no ser queridos tal y como somos por el resto de personas.  Por este motivo empezamos a evitar entornos sociales, susceptibles de ponernos en una situación en que potencialmente podemos ser evaluados y juzgados por el resto de personas. Tememos que ante una situación social, el resto de personas se den cuenta de nuestro miedo, de nuestro nerviosismo, pues eso significaría mostrar nuestra debilidad, nuestro descontrol y nuestra fragilidad ante el resto, lo que imaginamos nos conduciría a ser rechazados.
Si nos dejamos llevar por este miedo, y empezamos a  evitar situaciones sociales, acabamos cumpliendo con aquello que más tememos; el ser rechazados, en definitiva es la autoprofecía que se acaba cumpliendo.



Si sufres de ansiedad social, te puedo ayudar. Llámame o WhatsApp al 645 368 714 o bien escribe a lesbcn13@gmail.com


A parte de la evitación, el miedo social también conlleva un elevado grado de ansiedad; una ansiedad derivada del intento de control de todos aquellos síntomas que no deseamos que los otros vean en nosotros. Como más intentamos controlar, más aumenta la ansiedad y menos disponibles estamos para mostrarnos de una forma natural y sincera ante los otros, por lo que en la mayoría de casos optamos por evitar la situación que nos genera sufrimiento. Esta actitud evitativa, aunque a corto plazo nos genera una calma, con el tiempo provoca que nos vayamos encerrando más en nosotros mismos, acrecentando nuestros miedos, y afectando de forma negativa nuestra autoestima. Progresivamente el miedo se va haciendo más grande, y nosotros nos vamos sintiendo más pequeños ante él.

Si sientes que el miedo y la ansiedad social están presentes en tu vida y limitan tú día a día, la terapia puede ser de gran ayuda. La única forma de vencer estos miedos y la ansiedad que generan es enfrentarse a ellos, experienciando aquellas situaciones que te provocan malestar. Sin embargo, en la mayoría de casos es difícil por uno mismo superar estas situaciones, y por este motivo  es conveniente recurrir a un apoyo externo. La sesión de terapia es un espacio de seguridad, en el que podrás poner en práctica otras formas más saludables de enfrentar las situaciones sociales que te generan miedo y ansiedad. 

Con el acompañamiento del terapeuta, y en un entorno de confidencialidad y respeto, poco a poco irás encontrando nuevas formas de vencer tus miedos y recuperar tu bienestar. A través de diferentes técnicas procedentes de la Terapia Gestalt, el Coaching y el Mindfulness aprenderás a superar tu ansiedad y tus miedos.



Si quieres liberarte de tu ansiedad y tus miedos, puedes contactar conmigo y te informaré sin compromiso. Así mismo, si estás interesado en estos temas, aquí te dejo otros artículos sobre esta temática:

El miedo escénico

Ansiedad y Terapia

Consejos para reducir la ansiedad



Leslie Beebe

CONTACTO:




8 Consejos Para Aumentar Tu Autoestima

8 Consejos para aumentar la autoestima. La autoestima es una de las bases de nuestro bienestar emocional. La autoestima no significa únicamente quererse a uno mismo, sino que comprende todos aquellos sentimientos, creencias, percepciones, evaluaciones y pensamientos que tenemos sobre nuestra persona; los cuales hemos ido acumulando a lo largo de la vida. Disponer de un elevado grado de autoestima nos predispone a contar con un sentimiento de capacidad personal, de confianza en nuestras aptitudes, para así sentir que podemos enfrentar los obstáculos de la vida y conseguir aquellas metas que nos propongamos.
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Asimismo la autoestima nos dota de un sentimiento de valía personal, una visión de nosotros mismos como una persona única e irrepetible, que como tal tiene el derecho de vivir la vida y ser feliz. Autoestima no significa actuar con prepotencia ni arrogancia, al contrario, significa respetar nuestras necesidades, así como también respetar el mundo que nos rodea.

Como he comentado anteriormente la autoestima es un pilar fundamental en nuestro equilibrio emocional, sin embargo también es un aspecto de nosotros mismo que solemos tener olvidado, hasta que un día algún síntoma físico o psíquico nos recuerda que deberíamos poner atención en como se encuentra nuestra autoestima. Estos avisos toman diversas formas como; dolores musculares, tensión cervical, ansiedad, estados depresivos, migraña y nerviosismo, entre otros.

Asimismo tener un nivel bajo de autoestima también nos predispone a una larga lista de factores que afectan negativamente nuestro bienestar como son; la inseguridad, los celos, la envidia, la desconfianza en nuestras posibilidades, el pensamiento negativo, la necesidad de aprobación por los otros, la frustración, el rencor o los miedos, entre otros.

Los motivos por los que un gran porcentaje de la población sufre de una baja autoestima son múltiples y diversos según cada caso, sin embargo podríamos citar como aspectos más comunes; el sistema educativo recibido, el tipo de relación con los padres y las figuras de autoridad en la infancia, la historia personal y el entorno social y familiar en que la persona haya crecido. En un futuro artículo comentaré con más detalle estos aspectos.

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Muchas de las personas que acuden a terapia me preguntan si existe alguna forma de mejorar su autoestima. Siempre les digo que yo no poseo ninguna varita mágica ni ninguna pastilla como remedio, ni conozco de nadie que la tenga. Básicamente les comento que una vez detectado como se manifiesta la baja autoestima, la solución pasa por ser constante y trabajar para conseguir recuperar la autoestima perdida. Siempre les pongo el ejemplo de aquella persona que quiere ponerse en forma o bien perder unos kilos; no existe un camino rápido ni fácil, la solución pasa por ser constante en el trabajo en el gimnasio, una dieta adecuada y seguramente algún que otro sacrificio; pues lo mismo pasa con la autoestima, les digo.

A continuación os dejo algunas recomendaciones que tanto personalmente, como a mis clientes en terapia, les ha funcionado, eso sí, siempre con trabajo y constancia, como hemos comentado.

1. Deja de quejarte y de culpabilizar al mundo de lo que te pasa.
Una gran mayoría de nosotros tenemos tendencia a quejarnos, a culpar a otros o a la vida de aquello que nos sucede, adoptando un rol pasivo, de víctima ante las circunstancias. Existe una idea bastante generalizada en la sociedad de creer que cuando sufrimos o estamos atravesando un momento difícil, alguien vendrá para salvarnos y hacernos sentir mejor; como una justicia divina que debería recompensarnos por el sufrimiento vivido. Cuando la verdad es que si nos fijamos en nuestra experiencia de vida adulta veremos que la realidad nunca ha funcionado así.

Esta actitud pasiva ante los sucesos de la vida afecta negativamente nuestra autoestima. Cuando tomamos un rol activo y nos responsabilizamos de nuestras acciones nos sentimos más conectados con nuestra esencia personal. Esto significa sentir que vivimos una vida propia, de acuerdo a nuestros objetivos y valores; aspecto que favorece nuestra autoestima. Cuando vemos que las cosas no salen como nosotros queríamos, o nos sentimos mal con nosotros mismos por algo que no hemos conseguido, podemos plantearnos preguntas que nos conduzcan hacía la actividad y no a la pasividad o la culpabilización. 

Algunas de las preguntas que puedes plantearte  en estos casos pueden ser del siguiente tipo:  ¿Qué puedo hacer yo para cambiar aquello que no me gusta?, ¿Qué tiene que ver esta situación conmigo?, ¿Está en mi mano cambiar esta situación?, ¿Cómo he llegado al momento actual y cómo me he posicionado al respecto?, ¿Qué puedo aprender de la experiencia para actuar de forma diferente en el futuro?.

2. Toma la iniciativa.
Relacionado con el punto anterior, cuando tomamos un rol activo empezamos a tomar decisiones. Al tomar la iniciativa tomamos el control de nuestra vida, dejamos pues de navegar a la deriva, a expensas de las opiniones ajenas, para empezar a tomar nuestras propias decisiones. Tomar decisiones nos conduce a sentir  una mayor confianza en nosotros mismos y en nuestras posibilidades, por lo que en consecuencia los niveles de autoestima también se ven favorecidos. Si eres una persona con tendencia a la confluencia, es decir que se deja llevar por las decisiones de los otros, prueba la próxima vez a tomar tú la iniciativa y a decidir por ti mismo. Por ejemplo si siempre vas de invitado a las fiestas, ¿por qué no propones hacer tú la próxima fiesta?, o bien si siempre vas a cenar donde los otros dicen, ¿por qué esta vez no propones tú el restaurante ?.

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Si quieres aumentar tu autoestima, la terapia es una forma ideal de conseguirlo. Llama o Whatsapp al 645 368 714 o si lo prefieres rellena el formulario de contacto.

3. Deja de machacarte y empieza a pensar en positivo.
Existe una tendencia generalizada a machacarnos; a culpabilizarnos y castigarnos por multitud de motivos, como si nuestra meta en esta vida fuese ser perfectos, cuando en realidad si nos paramos a analizarlo nos daremos cuenta que es una meta imposible de conseguir, pues todos contamos con nuestras virtudes y nuestros defectos. No obstante, y por norma general únicamente nos focalizamos en nuestros defectos, dejando de lado nuestras virtudes. Si paramos un momento podemos preguntarnos; ¿A dónde me ha llevado pensar que no valgo o que soy un desastre…?, seguramente la respuesta será a ningún lugar beneficioso para nuestro equilibrio emocional.  

Recordemos que nosotros somos los que cocreamos nuestra realidad a través de nuestro pensamiento. La realidad no deja de ser una visión interna y particular sobre el mundo y sobre nosotros mismos; por este motivo si conseguimos cambiar nuestros pensamientos negativos por otros más positivos, y tomamos una mayor conciencia de nuestras aptitudes, en vez de focalizarnos solo en nuestros defectos, nuestra autoestima aumentará.

Un ejercicio que te propongo es que hagas una lista de todos tus pensamientos negativos y limitantes, mientras que al lado escribas otra lista cambiando el sentido de tus pensamientos, de negativo a positivo. Puedes probar a cambiar pensamientos del tipo; “no puedo”, “no valgo”, por otros del tipo “voy a intentarlo”, “me va a ir bien”. Cuando hayas realizado la lista, ponla en un lugar visible para así recordarla durante el día y repetirte estos pensamientos positivos.

Por último destacar que no machacarnos también implica otras acciones relacionadas como tratarnos con cariño y respeto, tomar una actitud positiva frente a nuestros errores y sostener la frustración que provoca que las cosas no siempre son como nosotros queremos.

4. No actúes de forma reactiva, tómate tu tiempo
La mayoría de nosotros actuamos en una gran variedad de situaciones cotidianas de una forma automática y reactiva; es decir no escogemos como reaccionamos ante un estímulo externo, sobre todo ante aquellas situaciones susceptibles de perturbarnos emocionalmente. El resultado es que vamos acumulando un malestar interior, el cual se suele manifestar en estados como el enfado, la frustración o el miedo, entre otras.

Asimismo esta reacción automática nos lleva a magnificar aquellas situaciones en las que nos podemos sentir presionados o frustrados por el entorno.  Por este motivo la próxima vez que te sientas perturbado por una persona o una situación, para y piensa como quieres reaccionar ante ello. Las situaciones de la vida y las acciones de otras personas nos pueden hacer daño, obviamente somos humanos, sin embargo el sufrimiento derivado de ello es una creación propia, y en consecuencia es nuestra responsabilidad poner los límites de hasta donde vamos a permitir que llegue. En palabras del sabio Buda:

“Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos” Buda

Por este motivo antes de reaccionar ante un estímulo de forma impulsiva céntrate en ti, en como te sientes, tómate tu tiempo para hacer respiraciones profundas y decidir la forma como vas a reaccionar ante ello. Como decía el psiquiatra Viktor Frankl el periodo que transcurre entre el estímulo recibido y nuestra respuesta es donde reside nuestra libertad. Esta libertad es la que contribuirá a sentirnos con una mayor autoestima.


5. No te compares ni busques la aprobación ajena
La comparación únicamente nos lleva por el camino de la amargura, pues habitualmente no nos comparamos con personas que creemos están en una situación peor a la nuestra, sino con aquellos que imaginamos viven en un mundo mejor. Este tipo de comparación nos lleva a sentirnos víctimas de las circunstancias, y por tanto a adoptar una actitud pasiva ante la vida. Cada persona somos un mundo y debemos centrarnos cada uno en el nuestro. Envidiar e idealizar la vida de otras personas a lo único que nos conduce es a sentirnos desgraciados, perjudicando nuestra autoestima.

Respecto a focalizarnos en nuestra vida, también se deriva el hecho de abandonar la búsqueda de aprobación por parte del resto de personas. Cuando buscamos la aprobación externa nos posicionamos en un rol pasivo ante la vida, pues vivimos más pendientes de complacer las demandas externas que de satisfacer nuestras necesidades y deseos. De la misma forma si dejamos que sean los otros quien decidan por nosotros, les estamos dando un control de nuestra vida que realmente no poseen.  

Si sientes que tus acciones se encuentran condicionadas por el juicio externo, puedes hacer el siguiente ejercicio; Antes de ir a dormir piensa si durante el día has tomado alguna decisión para satisfacer el juicio externo. Si es así ¿Cómo te has sentido al haberlo hecho?, ¿Qué crees que habría pasado si no lo hubieses hecho, cómo crees que te sentirías ahora?.

6. Atrévete a salir de tu zona de confort
Confianza en uno mismo y autoestima van unidas de la mano, no obstante es necesario cultivar ambas. Para ello es necesario salir de nuestra zona de confort, de aquello que nos resulta conocido, para así experienciar estados y sensaciones nuevas. Os pongo un ejemplo; aquella persona que tiene miedo a hablar en público. Cuando esta persona se aventura a enfrentarse a su miedo y ofrece una charla en público la confianza en sí mismo y en sus posibilidades aumentan, al igual que lo hace su autoestima; sus pensamientos cambian del tipo “no puedo, tengo miedo” a “aunque tengo miedo puedo hacerlo”, generando una sensación de capacidad y valía personal. Atrévete pues a salir de tu zona de confort, piensa en alguna actividad que te atraiga o bien con la que sientas una dificultad y lánzate a hacerla, las posibilidades son múltiples; hacer un viaje solo, probar un deporte nuevo, apuntarte a un curso, etc…

7. Actúa más y piensa menos
Otra recomendación para mejorar la autoestima y la confianza en uno mismo es pasar a la acción rápidamente, sin pensarlo demasiado. No se trata de ser temerario ni actuar como un loco, simplemente decidir más rápido. Al decidir más rápido no nos quedamos anclados en el pensamiento y así evitamos que empiecen a aparecer pensamientos limitantes y dudas al respecto. Un ejercicio que puedes hacer es no dejar pasar más de 5 segundos entre el pensamiento y la acción. Cuando surge el impulso de hacer algo, no lo pienses más de ese tiempo, y no te dejes llevar por el mensaje del pensamiento. Puedes agradecer a tu pensamiento que se preocupe por tu bienestar, pero eso no significa que debas hacer caso a su mensaje. Puedes decirte frases del tipo; “gracias pensamiento por preocuparte por mí, pero esta vez voy a hacer lo que siento”.

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8. Tomáte tiempo libre y haz ejercicio físico
Es importante que encuentres un momento para hacer alguna actividad que te resulte gratificante; una actividad que quieras hacer, y que no te sientas obligado a hacer. El ejercicio físico es un claro ejemplo de ello, así como un gran aliado para aumentar los niveles de autoestima y bienestar con uno mismo.Puedes apuntarte a un gimnasio, o bien si te es imposible por temas económicos, sal a correr o camina rápidamente durante 30 minutos diarios.


Estas son algunas indicaciones sobre como puedes mejorar la autoestima. Si practicas estos ejercicios durante unas semanas y no obtienes resultado, sería aconsejable acudir a un profesional de la terapia.  En estos casos, la terapia es una herramienta muy eficaz que te ayudará a recuperar tu autoestima y el amor hacía ti mismo. Si estás interesado puedes contactar conmigo en el teléfono 645 368 714 o bien rellenar el formulario de contacto y te informaré sin compromiso.

Leslie Beebe
Terapia Gestalt y Life Coaching Barcelona


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