Terapia Gestalt en Barcelona

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En muchas ocasiones mis conocidos y amigos me preguntan qué es eso de la Terapia Gestalt y cuál es el papel de un Terapeuta Gestalt. La verdad es que ante estas preguntas me surgen dos opciones, o bien darles una charla sobre la Terapia Gestalt; características, orígenes, técnicas y tantos otros aspectos relativos a la terapia, los cuales están seguramente mejor resumidos en la Wikipedia; o bien simplemente les digo que la Terapia Gestalt es básicamente un camino que una persona decide tomar en un punto de su vida. Dicho momento suele ir antecedido por algún suceso crítico de la vida; una ruptura sentimental, la muerte de un ser querido y tantas otras situaciones de crisis personal que nos conectan con emociones desagradables como la tristeza y sensaciones incómodas como el dolor. Este dolor, aunque molesto y fuente de sufrimiento, también nos recuerda que estamos vivos, y suele hacer surgir en nuestro interior una voz que nos hace replantear aspectos vitales de nuestra existencia, como el trabajo, la relación de pareja o bien simplemente nos motiva a querer conocer más sobre nosotros mismos.
La Terapia Gestalt apoya y acompaña a la persona en este proceso personal, con el objetivo que encuentre las respuestas a todas sus preguntas. El camino conduce a la persona a ampliar su visión respecto a las relaciones que mantiene consigo mismo y con su entorno. Cuando la persona se abre a este abanico de posibilidades también toma conciencia de como se bloquea y daña a sí mismo, por tanto a partir de ese punto puede decidir si seguir sufriendo o bien tomar la responsabilidad sobre su vida. La responsabilidad personal significa contactar con aquello que uno necesita, ser consciente de las necesidades propias y tomar las acciones oportunas para satisfacerlas. El camino fluye haciendo que poco a poco el individuo se permita la libertad de dejarse ser.
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Siguiendo esta filosofía, el terapeuta adopta un papel de guía en el camino, su labor es hacer que la persona se formule aquellas preguntas que hasta ahora no se había planteado por sí mismo. El profesional de la Terapia Gestalt ejerce su labor terapéutica desde los principios de confidencialidad, respeto y no juicio en el trato con el cliente. El terapeuta Gestalt no es una figura de autoridad, tampoco es un consejero ni un juez.
Si actualmente te encuentras en un punto de tu vida en el que sientes que hay algo que no acaba de funcionar, te sientes perdido o bien te encuentras atravesando una época de crisis personal, puede ser un buen momento para empezar un proceso individual de Terapia Gestalt.

Leslie Beebe

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El tarot Terapéutico y la Terapia Gestalt


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El Tarot Terapéutico o Psicotarot, también conocido como tarot evolutivo, se basa en la lectura del tarot desde un abordaje terapéutico. El significado de las cartas, su simbología, su color, su número y la posición en que aparecen, funcionan como un soporte de aquello que denominamos proyecciones arquetípicas. La proyección es un proceso inconsciente a través del cual nosotros observamos en otras personas aspectos y características que realmente nos pertenecen a nosotros. Es decir que cada carta refleja situaciones o imágenes de nuestro inconsciente y las pone sobre la mesa, para que quien consulte tome conciencia del mensaje de las cartas.  Arquetípicas hace referencia a una serie de patrones humanos, los cuales se repiten a lo largo del tiempo y del espacio, comunes a la especie humana, y que conforman el inconsciente colectivo.

Si a menudo nos sentimos tristes, si simplemente sentimos que algo falta en nuestra vida y no sabemos determinar qué es, si nos sentimos estancados… todas ellas son situaciones que el tarot puede ayudar a desbloquear. Una vez la persona toma conciencia del mensaje del tarot, puede también tomar decisiones desde un punto más sincero e íntegro consigo mismo. El trabajo con el tarot permite averiguar qué es lo que realmente nos obstaculiza, así como descubrir todas aquellas capacidades con las que contamos y que hasta ahora no éramos conscientes. El objetivo es seguir creciendo y avanzando en nuestra vida, para de esta forma encontrarnos mejor con nosotros mismos y con nuestro entorno.

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El tarot llevado al mundo de la terapia no pretende leer el futuro, pues para conocer el mañana primero es necesario tomar conciencia de nuestro presente. No obstante, aunque no es una herramienta predictiva, hemos de tener en cuenta que las consecuencias de nuestros actos futuros, sí están condicionadas por las decisiones que tomemos en el presente.

Las sesiones de Tarot Terapéutico se ofrecen a nivel individual y en talleres grupales que se organizan periódicamente tanto en Barcelona como en Sant Cugat del Vallés.

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Leslie Beebe
Terapia Gestalt y Life Coaching Barcelona

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La ansiedad por tener que hacer

Terapia Gestalt Barcelona
La ansiedad es un tema que es susceptible de aparecer en diferentes épocas del año, una de ellas, septiembre. Muchos de nosotros, después de unas vacaciones de desconexión y relax, volvemos a la rutina diaria. Momento en que surge en nuestra mente aquella voz que nos invade con mensajes relacionados con las obligaciones y deberes que supuestamente “debemos cumplir” en este inicio de etapa. Frases del tipo: “debo de acabar esto para mañana”, ”no puedo perder tiempo”,”tengo que ponerme al día”, “empieza un nuevo curso y debo hacer todas estas cosas”. “Debería estar haciendo más”… 

Cada uno tiene sus  propios mensajes, que conoce bien y que son diferentes en cuanto a forma, pero comunes en cuanto a su finalidad, pues todos ellos nos empujan a “tener que hacer”. Asimismo suelen ser mensajes que también nos presionan para hacerlo todo perfecto, y de la forma más eficiente y rápida posible, como si en vez de seres humanos fuésemos robots sin margen de error. Es lógico que si nos dejamos llevar por estos mensajes y accedemos a cumplir el mandato, empecemos también a sentir que la ansiedad se apodera de nosotros, alterando nuestro ritmo de vida y bienestar.

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Por este motivo es aconsejable que en estos primeros días de vuelta al trabajo nos tomemos las cosas con calma, como si se tratase de hacer el rodaje de nuestro coche nuevo.  Empezar con un ritmo acelerado, queriendo ocuparnos de todo, y diciendo que sí a todas las demandas que nos llegan, puede llevarnos en pocos días a estar saturados y a sentirnos igual de estresados que antes de marcharnos de vacaciones. Es importante en estos primeros días priorizar nuestras obligaciones y saber decir no ante la multitud de exigencias que nos llegan. También es beneficioso guardar momentos de ocio durante el día; ya sea para ir al gimnasio, dar un paseo o jugar con nuestros hijos… Actividades que favorezcan a no estar conectados al trabajo y a las obligaciones todo el tiempo. No debemos olvidar que  nosotros somos los que conducimos nuestra vida, ningún objeto o meta debería ser más importante que uno mismo, evitando así que la ansiedad acabe por controlarnos.

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Seguidamente os dejo un Koan sobre la temática que os acabo de comentar. El koan es una fórmula utilizada normalmente por los maestros budistas zen para despertar la consciencia de sus discípulos a través del pensamiento lateral y la intuición. De hecho un Koan es un problema que no puede ser resuelto a través del pensamiento lógico.

“Había una vez un monje zen que siempre andaba con mucha prisa. Se trataba de un alumno muy conocido por su esfuerzo y celo. Meditaba día y noche, sin detenerse si tan siquiera para comer, ni dormir. A medida que pasaba el tiempo, fue adelgazando y agotándose más. El superior del templo le aconsejó que fuese más lentamente y se cuidase más. Pero el alumno no hizo caso a su consejo.
¿Por qué corres tanto, qué prisa tienes?- preguntó el superior.
Busco el conocimiento, no puedo perder tiempo- respondió el alumno.
¿Y cómo sabes que el conocimiento va por delante de ti, de modo que tengas que correr muy deprisa detrás de él?... Quizá va detrás de ti, y todo lo que necesitas para encontrarlo es quedarte quieto. -Contestó el superior. “

Leslie Beebe



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El proceso de duelo


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Cuando escuchamos la palabra duelo, a la mayoría de nosotros nos viene a la mente el fallecimiento de un ser querido. Sin embargo la palabra duelo, cuyo significado es dolor, es extensible a cualquier proceso derivado de una pérdida en nuestra vida, ya sea la muerte de un ser querido, una ruptura de pareja, el fallecimiento de una mascota, o incluso la separación de un objeto al cual nos sentimos emocionalmente apegados como una casa. En este artículo voy a focalizarme en el duelo derivado de una ruptura sentimental.

Una separación es una experiencia emocionalmente traumática, y por este motivo es necesario que las partes involucradas pasen un proceso de duelo. El objetivo del duelo es asimilar el impacto emocional de la ruptura, sanar la herida emocional y adaptarse a la nueva vida sin la persona amada. Aunque soy contrario a establecer normas respecto a la duración de un duelo, pues es un aspecto que varía según cada persona, se estima que un  duelo causado por una separación de pareja puede prolongarse entre seis meses y un año.

Todos en algún momento de nuestras vidas pasamos por una ruptura sentimental, ya sea porque nosotros decidimos tomar la iniciativa y dejar la relación, o bien porqué un día nos levantamos y nuestra pareja nos anuncia que nos deja. Cada ruptura es diferente, según la persona y las circunstancias que la rodean, pues influyen multitud de factores. Por ejemplo no es lo mismo que una de las partes se levante un día y anuncie de forma inesperada que deja a la pareja, que si se trata de una decisión tomada de forma conjunta por una convivencia deteriorada, o bien porque existen terceras personas en la relación. Tampoco la vivencia de la ruptura es igual si se produce a los 20 que a los 50, ni tampoco es igual el efecto para cada una de las partes, siendo la parte dejada la más afectada en un primer momento por el impacto de la noticia.

El proceso del duelo se caracteriza por una serie de fases por las que la persona va a ir transitando durante este periodo. No obstante, al igual que lo comentado respecto a la duración del duelo, estas fases pueden variar también en orden y alternarse, dependiendo del carácter de cada persona y de las circunstancias del entorno, y por tanto no se puede generalizar. Sin embargo podemos enumerar unas etapas que suelen ser comunes en todo proceso de duelo:

1.Impacto Inicial. Cuando nuestra pareja nos anuncia su deseo de separación, se produce en nosotros una primera reacción de incredulidad e irrealidad, un impacto ante el cual nos quedamos paralizados y nos sentimos incapaces de reaccionar.

2. Negación. Esta etapa se caracteriza porque no queremos aceptar que la relación ha terminado. Intentamos negar lo ocurrido y vivimos con la esperanza de recuperar  la pareja. Es habitual en esta etapa estar pendiente de lo que hace la otra persona, idealizando la relación. Todo ello como un intento de no contactar con el dolor que nos produce la ruptura. En ocasiones es común en esta etapa no informar a familiares y amigos sobre la ruptura, como una forma de auto convencernos que la ruptura será algo pasajero y todo volverá a la “normalidad pasada”. Nos cerramos pues a sentir lo que estamos viviendo.

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    3.Tristeza/Rabia. Esta fase se caracteriza por la alternancia de dos estados; uno, podemos conectar con un sentimiento de tristeza, o dos, podemos contactar con el enfado y la rabia. Una suele preceder a la otra y a la inversa. En caso que conectemos con la tristeza, es característico durante este estado que nos encontremos deprimidos, apáticos, sin energías y nostálgicos por aquello que fue y que ya no volverá. Aparece una sensación de vacío y pensamientos de desvalorización y falta de confianza en uno mismo del tipo; “nunca voy a recuperarme de esto”, “Para qué levantarme y hacer cosas”, “Yo no sirvo para estar en pareja”, “No me voy a volver a enamorar”, etc…. En el supuesto que la emoción que emerja sea la rabia, contactamos con el enfado de la situación vivida. Por lo general esta rabia se proyecta en el otro, responsabilizándole y culpándole por lo sucedido. Frases del tipo; “todo es culpa tuya”, “me has hecho daño y te odio”, “Por tu forma de ser todo ha ido mal”…  Es habitual que en esta etapa aparezcan sentimientos de resentimiento y rencor hacía la pareja. En ocasiones esta rabia puede dirigirse hacia nosotros mismos, culpándonos de lo sucedido y por no haberlo “sabido hacer bien”.

4.Dolor. En esta etapa nos abrimos al dolor de la perdida. Aparecen emociones como el dolor, la angustia, así como sentimientos de vacío y soledad. En esta etapa es importante no reprimir estas emociones, permitirnos sentir y expresar, tratando de no enjuiciar aquello que sentimos.

5.Aceptación. Poco a poco el dolor va a ir remitiendo para dejar paso a una progresiva aceptación de la ruptura. En esta etapa damos un espacio a la experiencia vivida, podemos tomar una distancia del trauma emocional, por tanto es posible percibir la experiencia con una mayor objetividad, así como aceptar que lo que pasó no fue todo culpa del otro, para de esta forma aceptar nuestra responsabilidad en la ruptura. Es una etapa en que también es posible tomar conciencia de todo aquello que hemos aprendido de dicha experiencia. La aceptación no supone renunciar o negar la relación pasada, sino encontrar un lugar adecuado para esta experiencia en nuestra vida emocional.
   
    
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   Como he comentado anteriormente estas fases y su duración son variables según cada caso. No obstante si percibimos que el proceso de duelo se estanca y no hay avance, si sentimos que cada vez estamos más tristes y desesperanzados, entonces podemos estar hablando de lo que se denomina como duelo patológico, el cual si se prolonga en el tiempo puede acabar provocando un trastorno de ansiedad o un trastorno depresivo. En estos casos es aconsejable que pidamos ayuda profesional para que nos acompañe en el proceso y así poder superar la ruptura.
      
  Leslie Beebe
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Mens sana in corpore sano; estrés y hormonas




La cita “Mens sana in corpore sano” tiene su origen en la Grecia clásica, de hecho su sentido original era la necesidad de orar para disponer de un espíritu equilibrado. Actualmente la utilizamos como una expresión relativa a la necesidad del equilibrio entre cuerpo y mente, para así llevar una vida saludable. Si partimos de una visión holística del individuo, nuestro bienestar se encontraría condicionado por hallar un equilibrio entre nuestros tres centros; el centro mental, el emocional y el instintivo. Quizás la pregunta fundamental a hacernos sería como alcanzar este equilibrio, dentro de la realidad demandante en la que vivimos.

Nuestra rutina diaria nos impone un ritmo de vida acelerado y exigente. Todo debe ser hecho al instante, sin demora. Las múltiples obligaciones, las prisas, la conexión permanente que nos ha traído las nuevas tecnologías… todo ello afecta a cómo vivimos y cómo nos sentimos. Si nos dejamos llevar por este ritmo caótico, y hacemos de ello una forma de vida, podemos encontrarnos viviendo en una realidad dominada por el estrés.

Pero ¿qué es el estrés?, pese a que se lo juzga como algo negativo o perjudicial, el estrés es una reacción normal del organismo ante una situación de alerta, y por tanto indispensable para la supervivencia. En su momento y dosis justa, es el mecanismo que nos permite lidiar con aquellas situaciones que son susceptibles de poner en peligro nuestra integridad física. Por ejemplo si un león entrase en la habitación en la que nos encontramos, el estrés seria el mecanismo que nos permitiría activar la energía necesaria en nuestro cuerpo para huir e intentar salvar la vida. No obstante cuando la percepción de peligro no se desactiva y se prolonga en el tiempo, es cuando el estrés puede pasar de ser un mecanismo de supervivencia, a ser un obstáculo para nuestro bienestar personal.

La amígdala, una estructura del cerebro que procesa y se encarga de almacenar nuestras reacciones emocionales, es la responsable de lidiar con las situaciones que percibimos como peligrosas. A nivel físico, como respuesta al estrés generado por estas situaciones, las glándulas suprarrenales descargan una dosis de hormonas, principalmente cortisol y adrenalina. El objetivo es que el organismo disponga de toda la energía posible para hacer frente al peligro que le amenaza. Esta descarga tiene las siguientes repercusiones en el cuerpo; un aumento del azúcar en sangre, una aceleración del corazón, la inyección de una gran cantidad de oxígeno en los músculos, todo ello producido en breves instantes. 

Cuando la situación de estrés es puntual, y una vez superada la situación de amenaza, los niveles hormonales y los procesos biológicos vuelven a su ritmo de funcionamiento habitual. No obstante, debido a nuestro ritmo acelerado de vida y a la presión diaria a la que nos vemos sometidos, el cuerpo empieza a percibir que las situaciones de amenazan se generalizan y perduran en el tiempo.



Al cuerpo no le da tiempo de recuperarse de una situación de alerta, cuando ya surge otra de emergente que demanda una nueva movilización energética para hacerle frente. Ante esta situación el cuerpo sufre un gran desgaste energético y entra en una situación de desequilibrio metabólico. 

Cuando los niveles elevados de cortisol y adrenalina generados por situaciones de estrés perduran en el tiempo, pueden favorecer la aparición de trastornos y enfermedades en nuestro organismo. Aquí os menciono algunos de ellos: disminución de la respuesta inmunológica, por lo que somos más vulnerables a coger infecciones o enfermedades, hipertensión, trastornos digestivos, contracturas musculares, cansancio generalizado, perturbación del sueño, aumento de peso… A largo plazo estos trastornos pueden derivar en enfermedades más graves como la diabetes, enfermedades coronarias, aparición de alergias, incluso algunos estudios han relacionado los niveles altos de cortisol y adrenalina, mantenidos en el tiempo, como un factor de riesgo que contribuye al desarrollo de enfermedades cancerígenas.

Ante esta situación surge la duda de cómo evitar vivir con este estrés permanente, y en consecuencia, reducir los niveles de cortisol y adrenalina. Pues como dice el dicho el cuerpo es sabio, por lo que es el propio cuerpo el que genera un inhibidor de la segregación de cortisol denominado como oxitocina

La oxitocina (también llamada popularmente como la hormona del amor) es una hormona que se libera en grandes cantidades durante el parto. La oxitocina facilita la contracción uterina durante el parto, para así facilitar la salida del bebé. Posteriormente al parto y al empezar la lactancia es una hormona que se genera como respuesta a la estimulación del pezón por la succión del bebé, por lo que facilita la lactancia y fortalece la vinculación madre-hijo en estas primeras etapas de la vida del bebé. Según diversos estudios, la oxitocina también juega un papel importante como neurotransmisor, es decir facilita la comunicación neuronal y tiene efectos beneficiosos en nuestro sistema nervioso central, favoreciendo comportamientos relacionados con la confianza, el altruismo, la generosidad, la formación de vínculos, la empatía e incluso la fidelidad.

Después de conocer los beneficios de la oxitocina, sería interesante preguntarnos cómo aumentar la liberación de esta hormona en el cuerpo. Aquí os dejo un listado de situaciones susceptibles que nuestro organismo produzca mayores niveles de oxitocina, inhibiendo de esta forma la generación de cortisol.

En todas las relaciones humanas, por lo que sería beneficioso quedar con gente, charlar, realizar actividades lúdicas con amigos…

Mantener relaciones sexuales. Se ha comprobado que durante el orgasmo los niveles de oxitocina se incrementan considerablemente.

Las muestras de afecto y contacto físico; abrazarse, besarse, una sesión de masaje, todas ellas favorecen la producción de esta hormona.

El contacto con una mascota. La sensación placentera que se produce al acariciar a una mascota favorece la subida de los niveles de oxitocina. Se ha comprobado que las personas que viven con animales domésticos en casa tienen más hormonas de este tipo.

El ejercicio físico y la práctica de la relajación. El yoga, la meditación, el ejercicio físico en general (siempre este último realizado según las posibilidades de cada uno), contribuyen a crear una sensación de bienestar, la cual va asociada a una mayor producción de oxitocina.


Es importante estar atentos y no dejarnos llevar por el ritmo frenético, derivado de nuestra rutina diaria. Es normal pasar por momentos de tensión y estrés en nuestra vida, pero también es aconsejable ser capaz de desconectar de ellos y volver a un estado de relajación. Es aconsejable adoptar una actitud de oposición si sentimos que nuestro estado de estrés se mantiene en el tiempo y por tanto nos cuesta desconectar. Debemos evitar no dejarnos llevar por la presión, que seamos nosotros quienes conduzcamos nuestra vida, y no el estrés

Por este motivo es importante expresar nuestra rebeldía ante estas situaciones de tensión, una forma es reservando momentos durante el día para disfrutar de aquello que nos gusta. No es necesario que sea mucho tiempo, lo importante es sentir que esos momentos son nuestros y que los dedicamos a aquello que queremos hacer, y no lo que debemos hacer. Es recomendable dar espacio en nuestra rutina diaria a actividades lúdicas y placenteras, que nos ayuden a desconectar de las obligaciones y debeísmos de nuestra vida, y de paso aumentar así nuestros niveles de oxitocina, con el beneficio que esto puede aportar a nuestro bienestar.

Si sientes que te cuesta desconectar de tus obligaciones y del estrés derivado de ellas, la terapia puede ser una solución para recuperar tu equilibrio.

Leslie Beebe





Terapia Gestalt y Adicción al Móvil

Terapia Gestalt Barcelona


En las sesiones de Terapia es cada vez más habitual tratar temas de adicciones; uno de ellos la adicción al móvil. En los últimos años ha surgido una tendencia creciente respecto al uso de los dispositivos móviles. Vayamos en metro, en el autobús, estemos con amigos o compañeros de trabajo, el  móvil siempre está presente. Según un estudio publicado por la empresa de teléfonos. The Phone House un porcentaje elevado de españoles no puede estar un lapso superior a 15 minutos sin consultar el móvil, lo que ya nos muestra la dependencia que tenemos a estos dispositivos. Países como el Reino Unido confirman esta dependencia, y advierten de la aparición de un nuevo tipo de fobia que han denominado como nomofobia.

El termino nomofobia proviene del anglicismo “no mobile phone phobia” y hace referencia a la ansiedad que sufren los usuarios del móvil cuando se quedan sin poder utilizar este dispositivo. Los motivos pueden ser diversos, aunque todos ellos llevan a la persona a sentir el miedo de no poder acceder a su móvil, ya sea por falta de cobertura, por no tener acceso a internet , porqué se lo han dejado en casa o bien porqué se han quedado sin batería. Independientemente de cual sea el motivo, el efecto siempre es el mismo, un sentimiento de incomunicación y soledad que provoca en la persona diversos tipos de síntomas como ansiedad, taquicardia, pensamientos obsesivos, dolor de cabeza y estómago, entre otros. 

Junto a la nomofobia también han aparecido otros trastornos emocionales relacionados con  esta dependencia como: “whatsapitis”, el uso constante de la aplicación Whatsapp, “phubbing”, la utilización enfermiza del smarthphone y la denominada como “Fomo”, que proviene de la expresión inglesa “fear of missing out”, es decir el miedo a estar perdiéndonos algo en la red (mayormente referido a los usuarios de Facebook).  El uso del móvil, concretamente la facilidad para acceder a internet desde cualquier lugar, también ha supuesto un aumento de casos en otro tipo de patologías como la adicción al juego vía on-line.

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Si sientes que te cuesta desconectar del móvil, te puedo ayudar. LLama o WhatsApp al 645 368 714 o bien escribe a lesbcn13@gmail.com

La adicción al móvil es un problema que afecta a los adultos, pero de forma preocupante también a los niños y sobre todo a los adolescentes. Por norma general la adolescencia es una época de inseguridad, de una gran dependencia al juicio externo y de una autoestima frágil. El uso indiscriminado de los dispositivos móviles provoca en el adolescente que estos aspectos puedan verse gravemente afectados, así como también puede repercutir negativamente en la formación y desarrollo de sus habilidades sociales.

Aunque no se llegue a los extremos que acabamos de comentar, es una realidad que la mayoría de nosotros nos sentimos en la necesidad de consultar el móvil con una elevada frecuencia. Ciertamente cuando focalizamos nuestra atención en el móvil, desconectamos de lo que pasa a nuestro alrededor, es como una vía de escape a lo que está pasando en nuestro presente. Ante esta situación quizás deberíamos preguntarnos, ¿Qué o a quien queremos evitar adoptando esta actitud ? . En mi opinión la respuesta sería que queremos escapar del contacto externo, con el resto de personas, pero a la vez también del contacto con nosotros mismos.

Evitamos el contacto con los otros, pues solemos proyectar nuestros juicios, miedos y temores en las 
otras personas. Cuando establecemos relaciones nuestro ego se mantiene en alerta, pues únicamente deseamos mostrar determinados aspectos de nuestra personalidad al otro, los cuales consideramos apropiados para ese momento , mientras otros aspectos preferimos que queden ocultos, por considerar que no son adecuados o suficientemente buenos según nuestro criterio. Cuando establecemos relaciones suele aparecer el miedo al juicio, expresándose en mensajes como: “lo que van a pensar de mi”, “ lo que van a decir de mi”, “no me van a aceptar si me muestro como soy” y mensajes similares.  Por tanto resulta mucho más fácil cuando estamos en un acontecimiento social evadirnos con el móvil, para así no mostrarnos debido a todos estos miedos, perdiendo no obstante la oportunidad que nos brinda el contacto con el otro en el momento presente

Esta  forma de actuar está directamente relacionada con nuestra autoestima y la seguridad que tenemos en nosotros mismos. Cuando tenemos una autoestima baja y no disponemos de una seguridad propia, la buscamos en el contacto con el otro, en este caso a través del móvil. Como producto de esta inseguridad si la persona no contesta, esto genera en nosotros toda una serie de pensamientos distorsionados que ponen en duda la confianza y seguridad en nuestra persona. Pensamientos del tipo; “Está enfadado/a conmigo”, “Debo haber hecho algo mal”, “Quizás no he actuado como el/ella esperaba”, “Quizás le he fallado” etc… 

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En mi opinión también existe otro tipo de acción evasiva que buscamos refugiándonos en el móvil, y es el contacto con uno mismo, con lo que nos pasa en el aquí y el ahora. Vivimos en un mundo acelerado, estresados por “tener que hacer”, futurizando en lo próximo que debemos hacer, sin tiempo a ser conscientes de cómo vivimos esta aceleración y de lo que nos pasa viviendo bajo este ritmo frenético. Quizás si nos damos la oportunidad de parar y contactar con la respiración y el cuerpo, nos daremos cuenta de los mensajes que nos estamos enviando. No es extraño que cuando la falta de contacto con uno mismo se prolonga en el tiempo, aparezcan problemas de salud, como tensión muscular, dolor de cabeza o estómago, insomnio, etc… 

Deberíamos preguntarnos el motivo por el cual nos cuidamos tan poco en ese sentido. Yo creo que tiene que ver con dos aspectos fundamentales, el primero como ya he mencionado, es el ritmo acelerado en el que vivimos y en consecuencia la presión que nos ponemos por hacer el máximo de cosas en el menor tiempo posible. Nuestro “juez interior” nos urge a estar ocupados, a no parar, a no perder un minuto en aquello que estamos obligados a hacer, a frecuentemente  priorizar las necesidades de otros antes que las nuestras, a actuar de una forma determinada según la circunstancia. Un perfeccionismo excesivo que nos lleva a querer tenerlo todo seguro y controlado, pero que por el cual pagamos un elevado precio.

El segundo aspecto se refiere a que existe una parte de nosotros, más inconsciente pero no por ello menos sabia, que sabe que si focalizamos la atención en nosotros, en vez de en el exterior, con seguridad contactaremos con emociones y sentimientos que quizás no nos resulten tan agradables; el sentirnos vulnerables, el poder reconocer nuestros miedos, el dejarnos sentir la tristeza o el dolor, etc…  Por este motivo entendemos que es mejor continuar con este ritmo frenético y no atender a lo que nos pasa, reprimiendo así nuestras necesidades y cargando más nuestra mochila emocional.  

Si sentimos que somos una de esas personas que no puede vivir sin el móvil, existen diferentes técnicas que permiten revertir la situación de dependencia, como las que menciono a continuación: 

Si salimos a dar un paseo o hacer cualquier actividad de ocio dejar el móvil en casa. 
Establecer una frecuencia para mirar el móvil, por ejemplo cada hora. 
Apagar el móvil cuando estemos en reuniones sociales o con amigos. 
Limitar nuestra tarifa y de esta forma el acceso a internet.
Dejar el móvil en otra habitación y no tenerlo al alcance de la mano.                                   

Sin embargo si estos sencillos trucos no dan resultado, lo mejor es consultar con un profesional de la ayuda, pues como ya hemos mencionado debajo del síntoma, que es mirar compulsivamente el móvil, puede existir un desequilibrio emocional, como una baja autoestima, un perfeccionismo excesivo,o una necesidad constante de atención, entre otras. En estos casos la terapia es una oportunidad única que nos permite tomar conciencia de lo que nos está pasando, para así emprender el camino hacía la recuperación de nuestro equilibrio emocional.

Leslie Beebe


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El ego, ángel o demonio?


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“Recortas y moldeas tu pelo pero casi siempre olvidas recortar y moldear tu ego” AlbertEinstein

Existen corrientes de pensamiento espiritual, “new age” como algunos las denominan, que afirman que si queremos crecer como personas y elevar nuestro nivel de conciencia es necesario liberarnos de nuestro ego. Por tanto el ego es visto como una parte de nosotros que de alguna forma debemos suprimir si queremos contactar con nuestra esencia. Este es un discurso atractivo y recurrente para muchos libros de auto ayuda, aunque en mi opinión se encuentre muy alejado de la realidad que comporta un proceso de crecimiento personal.

El “ego”, palabra que proviene del latín y significa “Yo”, podría ser definido como la carta de presentación de nuestra persona ante el mundo, la cual viene condicionada según la circunstancia en la que nos encontremos. El ego no deja de ser un reflejo de la opinión que los otros tienen de nosotros, no es por tanto nuestro verdadero ser. El ego vendría condicionado por el entorno en el que hemos crecido y nos hemos educado, funcionando a partir de una serie de estrategias que la persona adopta para sobrevivir emocionalmente en el mundo que le rodea. Sin el ego no nos hubiese sido posible organizar nuestra personalidad de forma que pudiésemos integrarnos en el mundo, ser parte de él, interactuar con el entorno y desenvolvernos con soltura. El ego que aparece primero es el relacionado con el entorno materno y paterno, con aquella imagen que los padres piensan que debe ser su hijo y que proyectan en él. El niño introyecta esta forma de ser bajo la amenaza subyacente que si no se comporta y actúa según la imagen de buen hijo, sus padres no le van a querer. Cuando el niño crece y sale al mundo aparecen nuevas formas de “deber ser” pues las opiniones de otras figuras; como profesores, tutores y amigos, van sumándose a la imagen reflejada de como uno debe mostrarse y comportarse en las relaciones humanas

Cuando la persona llega a la edad adulta, y si no se produce una toma de conciencia de las propias máscaras, ni de responsabilización de la propia vida, entonces se corre el peligro que el ego haya pasado de ser una estrategia a una creencia. Es decir que el ego controle a la persona de tal forma que éste ya no sabe quién es él realmente. Estrategias que la persona ha utilizado a su favor en la infancia y que han tenido buen resultado, por ejemplo posicionarse en un rol de víctima para atraer la atención de la madre, tienen un efecto contrario o nulo si quieren ser utilizadas en la edad adulta. El conflicto en el adulto surge cuando se resiste a abandonar estas estrategias y es en este momento cuando se vuelven tóxicas, emocionalmente hablando. No obstante lo habitual es que el adulto no se replantee estas estrategias y se resista al cambio bajo el mensaje “es que yo soy así”. El motivo es que a la persona le es más fácil quedarse en el no saber, pues el querer saber más sobre si mismo supondría tener que contactar con aquellas partes de su ser que no le gustan, y que obviamente no quiere mostrar al resto del mundo. Asimismo este replanteamiento también le supondría tener que contactar con su humildad, con el hecho de poner en duda todas aquellas creencias que  hasta ahora habían sustentado su vida. 

Si te gustaría empezar un proceso de autoconocimiento, te puedo ayudar. LLámame o WhatsApp al 645 368 714 o bien escribe a lesbcn13@gmail.com


Respecto a este tema Jung afirmaba: “No es posible despertar la conciencia sin dolor. La gente es capaz de hacer cualquier cosa, por absurda que parezca, para evitar enfrentarse a su propia alma”.

Estos aspectos más desagradables de la personalidad de uno mismo Jung los denominó como sombra. La sombra comprende aquellas formas de ser que la persona teme mostrar al mundo por miedo a que el auto concepto que uno tiene de sí mismo se rompa, comprende nuestros miedos, frustraciones, fragilidades, complejos, etc…

Como advertía el propio Jung a mediados de la vida se suele producir una crisis de un fuerte carácter existencial, con preguntas del tipo; “¿Cúal es el sentido de mi vida?”, “¿Hacía donde quiero ir?”, “¿Realmente estoy viviendo mi vida o la de otros?”. Estas preguntas aparecen no por casualidad, sino que son un indicio de que a un nivel inconsciente la esencia personal está empujando por salir y de esta forma romper con la identificación del individuo con sus máscaras. Empieza así un proceso de crecimiento personal que no trata tanto de una ascensión espiritual a un nivel superior, como algunas teorías defienden, sino de transitar por todas aquellas zonas oscuras de nuestro ser que hasta ahora estaban ocultas. Solo conociendo la sombra y trascendiéndola es posible vislumbrar la esencia. Lo real en nosotros no puede ser conocido directamente, únicamente conociendo primero aquello que es falso uno puede conocer la verdad que guarda en su interior.

Es por este motivo que en mi opinión el ego no debería ser considerado como algo a eliminar de nuestra persona, sino que debería concebirse como una estrategia que nos ha permitido relacionarnos y vivir en sociedad, como un paso previo a un conocimiento de nosotros más profundo y auténtico a la vez. El trabajo de crecimiento personal comporta por tanto dos direcciones, una ascendente hacía lo espiritual, pero también una de descendente hacía lo material y mundano; como mayor sea el trabajo de base, el reconocimiento y desidentificación con nuestras máscaras, mayor será el acercamiento a nuestro espíritu. Jung definía muy acertadamente este proceso en esta frase: “Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad”.
Es en este camino de auto conocimiento que la terapia juega un papel fundamental, siendo una herramienta de gran apoyo en el propio proceso de crecimiento personal.

Leslie Beebe


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