Sobre la terapia y la labor del terapeuta

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Fuera del mundo de la terapia,  existen gran cantidad de prejuicios en torno a la labor que hacemos terapeutas y psicólogos. La mayoría de estos prejuicios giran en torno a unas creencias erróneas, respecto a la figura y la función que desempeñamos en la relación de ayuda con el cliente. Para aclarar dudas y disipar temores, he estimado oportuno escribir este artículo, con respuestas a algunas de las dudas y preguntas que me han hecho llegar personas no familiarizadas con el mundo terapéutico. Aquí os dejo algunas de estas aclaraciones:

“La terapia es algo que dura mucho y es muy caro”
Aunque un proceso de terapia puede alargarse años, no es lo más común. Una de las primeras cosas que comunico a las personas que vienen a verme es que no puedo decirles cuánto durará la terapia. La duración va a depender de múltiples factores que ni el cliente ni yo sabemos en ese momento; dependerá de diversas variables como la constancia de la persona en el proceso, el tema que traiga a la sesión, el ritmo personal de cada individuo, el grado de comodidad y confianza que se establezca en la relación terapéutica, etc…  Aunque como ya he dicho no es fácil precisar, y únicamente a modo orientativo, mi experiencia terapéutica me lleva a diferenciar entre aquellas terapias más breves; de 3 a 6 meses de duración y las de mayor duración, que se pueden alargar más allá de los 9 meses.
Respecto al dinero, me gusta comentar a mis clientes que es un aspecto que deben considerar como una inversión, y no como un gasto. Tomemos el caso de la inversión que hacemos en ocio, por ejemplo en comprarnos unas botas nuevas para esquiar. Muchos de nosotros no lo veremos como un gasto, como pagar la luz, sino como una inversión, pues es algo que nos va a generar una satisfacción en el futuro. Por tanto yo me pregunto, ¿podemos pensar en alguna inversión mejor que aquella que hacemos en nosotros mismos y en nuestro bienestar?. Desafortunadamente existen personas que por su precaria situación económica no pueden costearse un proceso de terapia. Asimismo los servicios de salud están saturados y los dispositivos de atención psicológica son escasos. Teniendo en cuenta ambos factores, ofrezco en estos casos de excepción un programa de terapia solidaria, el cual comprende un número de sesiones a un precio muy reducido.

“La terapia es para débiles”
No hay mayor fortaleza que admitir que somos humanos, vulnerables, que no somos máquinas y que todos pasamos por momentos difíciles en que necesitamos que nos echen un cable. Admitir esta imperfección en nosotros es el motor que nos va a permitir cambiar; un cambio que curiosamente nada tiene que ver con la debilidad, pues la terapia exige de una gran valentía y un grado elevado de compromiso personal con el proceso.

“Solo van a terapia los que están locos/enfermos”
Hay multitud de factores que influyen en que una persona decida empezar una terapia. Por norma general aquellos individuos que padecen un trastorno mental suponen un porcentaje muy minoritario de las personas que acuden a terapia. Personalmente soy contrario a diferenciar entre enfermos y no enfermos. No me gusta etiquetar a la persona, pues las enfermedades muchas veces actúan únicamente como un estigma, y en consecuencia obstaculizan el poder ver que detrás de la etiqueta simplemente se encuentra alguien que sufre.
En resumen puedo decir que la mayoría de clientes que solicitan terapia son personas que están pasando por un momento difícil, pueden ser personas que no se sienten bien con ellas mismas, con su vida o bien que están atravesando una crisis personal. Independientemente del motivo, hay un denominador común que ya he mencionado,  el sufrimiento que esta situación les provoca. El objetivo de la terapia es aliviar dicho sufrimiento y que la persona recupere su bienestar.

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“La terapia me va a cambiar”
Es indudable que la persona que acude a terapia es porque busca algún tipo de cambio en su vida. A veces incluso ni el cliente sabe qué le pasa, simplemente siente que no está bien y busca respuestas que le expliquen el motivo de su estado. La función del terapeuta es la de guiar a la persona para que encuentre sus propias respuestas, no las que le puede dar el profesional. Nadie mejor que uno mismo para saber lo que le conviene. El cliente debe tener claro que el terapeuta no es un consejero, tampoco un juez, ni un superior que le dice lo que debe hacer. Como profesionales de la ayuda entendemos que el cambio más eficaz y sincero es el que surge de uno mismo. El terapeuta únicamente facilitará, a través de su labor de acompañamiento y guía, la progresiva toma de conciencia del cliente respecto a aquello que le está pasando. Una vez la persona conozca más sobre su situación, también será capaz de tomar sus decisiones desde otro punto de vista, uno más responsable y sincero consigo mismo.

“No estoy tan mal, voy tirando”
No hace falta estar diagnosticado de un trastorno de ansiedad o un de un trastorno depresivo para decidirse a empezar la terapia. Prevenir es mejor que curar, de la misma forma que no esperamos a quedarnos sin dientes para ir al dentista. Si sentimos que no estamos bien, y que hay algo que no acaba de funcionar en nuestra vida, es importante poner atención en ello lo más pronto posible, así como pedir ayuda profesional si fuese necesario. Si obviamos estos mensajes, los reprimimos e ignoramos, lo único que vamos a conseguir es que con el tiempo el riesgo de padecer una enfermedad más grave sea mayor.

“Mis amigos van a pensar que estoy loco”
Aunque en algunas sociedades la terapia está socialmente mejor aceptada, en otras aún se relaciona estrictamente con padecer algún trastorno mental. Por tanto sigue existiendo un porcentaje de la población que aún mantiene falsas ideas, así como creencias erróneas, sobre la psicoterapia. Por este motivo mientras la persona esté en terapia le recomiendo que no lo comunique a nadie más que no sea las personas más allegadas. Como terapeuta también aconsejo que aquello de lo que se hable en la sesión se quede allí, y no se explique a terceras personas. En la terapia surgen temas muy personales e íntimos, que sacados del contexto de la terapia, podrían ser objeto de simplificaciones y burlas por parte de otros colectivos.

“Ir a terapia significa profundizar y remover el pasado
Esta afirmación es una herencia del concepto de psicoanálisis original, el cual afirmaba que la curación del individuo pasaba por indagar en el pasado, concretamente en ir hacía la escena en que sucedió el evento traumático. A través de rememorar esta escena se producía una catarsis donde el individuo podía liberar toda la carga emocional que había reprimido hasta el momento. De esta forma los síntomas que la persona manifestaba en el presente quedaban reducidos. Como terapeuta mi objetivo se focaliza en trabajar con el presente del cliente, más que con el pasado. Lo importante es preguntarnos como vivimos nuestra vida actual, en vez de buscar los porqués que expliquen nuestro presente. Seguramente que durante el proceso de terapia habrá momentos que tendremos que revivir el pasado, no tanto como una vía de catarsis y liberación emocional, sino como una herramienta que nos va a permitir entender mejor nuestro presente.

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“Nadie me conoce mejor que yo mismo”
La labor de un terapeuta no es conseguir un conocimiento superior del que tiene la persona sobre sí mismo, sino acompañar al cliente en el proceso de autoconocimiento y crecimiento personal que va a darse en la terapia.

“Me produce vergüenza abrirme a extraños”
Es normal que en un primer momento la persona sienta dificultad para abrirse al terapeuta. Estamos en una sociedad poco acostumbrada a poder hablar libremente sobre emociones y sentimientos, principalmente por el temor a ser juzgados por el resto. La terapia como todo proceso requiere un tiempo, durante el cual cliente y profesional van a ir forjando una relación terapéutica y una confianza mutua. Me gusta decir que mi labor como terapeuta se rige por tres principios básicos; el no juicio, la confidencialidad y el respeto mutuo. El cliente puede estar tranquilo que estos principios van a acompañarlo durante el proceso de terapia.

Espero que estas respuestas sean de utilidad para aquellas personas no familiarizadas con la Terapia, no obstante, si quieres conocer más sobre los beneficios de la Terapia y el Coaching, aquí te dejo un enlace explicativo:

Terapia y Coaching

Leslie Beebe


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Terapia Gestalt y Tristeza


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En mis sesiones de Terapia Gestalt me encuentro habitualmente con la tristeza, una de las cuatro emociones básicas.Todos en algún momento de nuestra vida pasamos por una época de tristeza. La tristeza es una emoción que la mayoría calificamos como desagradable, no obstante opino que el motivo de ello no es exclusivamente por lo que nos hace sentir, sino por el juicio respecto a ella que hacemos ya desde una edad muy temprana.

¿Recordáis vuestra infancia?, seguro que muchos de vosotros vivíais la tristeza de forma clandestina, escondiéndola del resto de los mayores, pues el simple hecho de mostrarse triste, e incluso de llegar a expresar esa tristeza, no era bien recibido por el mundo de los adultos.

Como niños, los mayores siempre nos animaban a estar alegres, a no poner cara triste ni menos aún romper a llorar. Nuestra tristeza no era en la mayoría de ocasiones bien recibida por los adultos. Siendo niños sentíamos que hacíamos algo mal si nos permitíamos expresar el llanto, (aquí no me estoy refiriendo al llanto como instrumento de manipulación del niño hacía el adulto, que también existe, sino al simple contacto del niño con un hecho o situación que le genera tristeza). Cuantas veces habíamos oído frases del tipo: “Esto es una tontería, no hay motivo para llorar”, “no debes estar triste, pon buena cara”, “Los niños no lloran”, “Eres un llorica”, “Sólo las niñas lloran”… y tantas otras frases desvalorizadoras respecto a una emoción tan humana como es la tristeza. Ante estas frases demoledoras nosotros como niños poco podíamos hacer, nos encontrábamos ante una situación límite; entendíamos que sentir y expresar libremente nuestra tristeza, comportaba asimismo poner en riesgo el amor que recibíamos de nuestros padres.

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En la madurez entendemos que el reinado de alegría permanente que nos querían hacer vivir los adultos, es solo una fantasía. Por el camino hasta llegar a este punto, seguro que habremos reprimido nuestra tristeza en más de una ocasión, en favor de que nuestra autoimagen no se viese perjudicada, y así no poner en riesgo el amor y la aceptación del entorno. Primero con los padres, después en la escuela con los maestros, también en la adolescencia con los propios compañeros, posteriormente en el trabajo con nuestro jefe e incluso puede ser que en el presente con nuestra pareja.

Es importante recordar que socialmente la tristeza no ha tenido nunca buena prensa, no obstante junto con otras emociones más aceptadas como la alegría, cumplen todas ellas una función en nuestra vida. Ante situaciones de pérdida, desamparo y decepción por las que atravesamos, es natural y humano sentir que la tristeza nos invade.  La tristeza nos lleva a contactar con el dolor de la pérdida, entrando en un estado de introspección y reflexión. Contactar con la tristeza nos permite prepararnos para los cambios que va a suponer para nosotros seguir viviendo en una nueva realidad. En la medida que vamos aceptando la situación por la pérdida, la tristeza dejará paso a otras emociones, para de esta forma ir sanando nuestra herida.

Si no damos espacio a aquellas emociones que juzgamos como desagradables; por ejemplo miedo y tristeza, lo único que conseguimos es que la represión sea cada vez mayor. Si esta represión perdura en el tiempo, más pronto o más tarde la emoción encontrará otra vía de salida, menos saludable para nosotros. Trastornos de ansiedad, trastornos depresivos, úlceras de estómago,  jaquecas, y tantos otros síntomas pueden aparecer como señales de esta represión y generarnos malestar.

En las sesiones de Terapia Gestalt, el objetivo es que progresivamente vayamos aceptando la tristeza, como algo necesario y natural en determinados momentos de nuestra vida, sin juzgar esta emoción, ni juzgarnos a nosotros por sentirla, dándonos permiso para expresarla, sin temor a la opinión de otros,  Únicamente a partir de la aceptación, podremos vivir la tristeza de una forma saludable.

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Por este motivo, la próxima vez que os encontréis ante el llanto de un niño, preguntaros que os incomoda de esta situación, seguramente estará relacionado con el espacio que habéis dado a la tristeza en vuestras vidas. Acompañar al niño en su dolor, no juzgar su emoción, no recriminarle ni reprenderle por ello, es la mejor forma de enseñar a nuestros niños a vivir las emociones de una forma sanadora, muy diferente a como muchos de nosotros las vivimos en nuestra infancia.

Si quieres saber más sobre gestión emocional y Terapia Gestalt, aquí te dejo otro de mis artículos:

como gestionar mis emociones

Leslie Beebe


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Como gestionar mejor mi ansiedad





Un porcentaje elevado de personas que vienen a verme dicen sufrir de estrés y ansiedad. Lo primero que les digo es que es importante diferenciar entre qué entendemos por estrés y qué por ansiedad. En la sociedad en que vivimos un cierto grado de estrés nos permite estar alerta, estar motivados y reaccionar ante los sucesos cambiantes que se producen en nuestro entorno. No obstante, cuando estos niveles de estrés se elevan a un grado en que nos paralizan y surgen toda una serie de manifestaciones a nivel físico, mental y fisiológico, entonces estaríamos hablando de ansiedad.

Podemos reconocer la ansiedad porqué va ligada a toda una serie de síntomas que afectan a nuestro cuerpo en mayor o menor grado, los cuáles también  varían según la persona. Algunos de estos síntomas son: estado de nervios continuado, problemas de estómago, sudoración en exceso, palpitaciones, tensión en las mandíbulas, respiración acelerada, sensación de agobio, etc... Por norma general la ansiedad se caracteriza también por traer consigo un componente importante de miedo. Este miedo nos posiciona en un estado permanente de paralización y tensión, donde empezamos a desconectarnos del presente para instalarnos o bien en un pasado traumático, o bien en un futuro catastrófico que nos está esperando.
A continuación os comento algunos recursos que podemos utilizar para gestionar mejor nuestros niveles de ansiedad;

Explorar que circunstancia o aspecto de nosotros mismos no acaba de funcionar, no nos gusta o bien nos gustaría modificar en nuestra vida. En la mayoría de ocasiones la ansiedad procede de nuestra resistencia a conectar con el presente y escuchar los mensajes que nos enviamos. Cuando pasamos un largo periodo de tiempo obviando los mensajes de nuestro cuerpo, y por tanto no atendiendo a nuestras necesidades, es cuando aparece la ansiedad.

Es aconsejable realizar algún tipo de ejercicio físico un par o tres de días por semana. El ejercicio físico permite relajar la tensión acumulada y liberar endorfinas, las cuales tienen un efecto sedante en nuestro organismo.

Reservar un espacio diario para nosotros, ya sea para realizar alguna actividad de ocio con la que disfrutemos, o bien simplemente dedicando un espacio de tiempo para relajarnos y estar en contacto con nosotros mismos.


Planificar las tareas diarias, no intentar hacer más actividades de las posibles, delegar y posponer cuando sea necesario. Reducir en lo posible el número de actividades y poner conciencia en ellas. Centrarse en la actividad presente y no querer atender más de una a la vez, es preferible acabar una actividad antes de empezar otra.

Regular horarios por lo que respecta a comidas y a horas de sueño, evitar el consumo de bebidas excitantes y alimentos con alto contenido en azúcar.

Al sentir que la ansiedad nos empieza a invadir, adoptar en lo posible una actitud de no lucha, de sostenimiento y observación. La voluntad de no querer sentir nos provoca más tensión y aumenta el grado de ansiedad. Es aconsejable evitar decirnos mensajes del tipo; “no debo estar ansioso, no puedo estar así”, “no quiero que los otros me vean así”, “me va a dar algo”, “no puedo respirar”, “el corazón me va a explotar”,etc…

Es recomendable transformar estos mensajes en otros más beneficiosos del tipo: “ La ansiedad no es peligrosa, solo incómoda”, “puedo estar ansioso y seguir con lo que estoy haciendo”, “la ansiedad es un estado, ni bueno ni malo”, “no me importa lo que piensen los otros, debo cuidar de mi y de mis necesidades”, etc…

Realizar ejercicios de relajación y centramiento en lo corporal y en la respiración, ya sea dedicando unos minutos diarios durante el día o bien antes de ir a dormir.

Las actividades artísticas también son una fuente eficiente en la canalización de la ansiedad; pintura, escritura, teatro, etc… Algunas personas les ayuda empezar un diario personal o simplemente practicar la escritura automática. También las actividades sociales son un buen sistema para desconectar de nuestra mente y relajarnos.

Centrarse en el bienestar propio, poner límites y saber decir no cuando convenga.


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Por último, si todo esto no funciona, sería conveniente pedir ayuda, para de esta forma conocer cúal es el motivo que genera la ansiedad. A veces es difícil ver por uno mismo lo que no funciona, por este motivo es recomendable ayuda profesional que nos aporte una visión externa y objetiva de lo que nos está pasando.

La terapia es un servicio a tu disposición para ayudarte a superar los momentos difíciles que todos pasamos en nuestra vida. Un proceso de terapia te permite aprender sobre ti mismo y sobre los recursos de los que dispones, para enfrentarte a situaciones que te provocan sufrimiento, como la ansiedad, de una forma más saludable. 

Leslie Beebe

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Bases Fundamentales de la Terapia Gestalt


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Los creadores de la Terapia Gestalt fueron el matrimonio de psicoterapeutas Laura y Fritz Perls. Ambos enriquecieron el conocido Psicoanálisis Freudiano con otras disciplinas como la Filosofía Existencialista de Kierkegaard, el Pensamiento Diferencial de Friedlander, el Zen Oriental, el Psicodrama de Jakob Levy Moreno y el Análisis del Carácter de Wilhelm Reich, entre otras fuentes.

La Terapia Gestalt cree firmemente en la capacidad humana de la autorregulación organísmica, es decir, la fe en la capacidad biológica del ser humano para tomar conciencia de la necesidad pendiente de satisfacción. El término “Gestalt” es una palabra alemana, sin traducción directa al castellano, pero que aproximadamente significa "forma", "totalidad", "configuración". La forma o configuración de cualquier cosa está compuesta por una "figura" y un "fondo". Por ejemplo, si tomamos como ejemplo este artículo, las letras que estamos leyendo constituyen la figura y los espacios en blanco forman el fondo; aunque esta situación puede invertirse y lo que es figura puede pasar a convertirse en fondo. 

Perls toma esta  idea de la Psicología de la Gestalt sobre la figura y el fondo, para relacionarla con el ciclo de satisfacción de necesidades. En este sentido, la figura se entiende como aquella necesidad que aparece en la conciencia para ser satisfecha. Mientras que el fondo se define como aquella fuente de necesidades que se encuentran en un segundo plano, fuera de nuestra conciencia presente. Perls orientará su terapia a la detección y resolución en el presente de las situaciones inacabadas, es decir, aquellas necesidades que toman forma en la conciencia, pero que por múltiples motivos y a causa de diferentes mecanismos de defensa neuróticos, el individuo no acaba de cerrar, por lo que éstas vuelven a aparecer sucesivamente en su vida. Esta no resolución de las necesidades que toman forma, produce un estancamiento de la energía, por tanto un aumento del estado neurótico de la persona.

La imagen que inicia este artículo nos muestra esta relación entre figura-fondo. Únicamente una de las imagenes aparece como figura, mientras que la otra permanece en el fondo. En la medida que satisfacemos la necesidad (en términos gestálticos, “cerramos la Gestalt”), ésta vuelve al fondo, para emerger una nueva necesidad que debe ser tomada en cuenta y cerrada por el individuo. Cuantas más necesidades no atendemos ni cerramos, más aumenta el nivel de neurosis, al tener cada vez más gestalts inconclusas o temas por cerrar. El Enfoque Gestáltico es un enfoque holístico; es decir, que percibe a los objetos, y en especial a los seres vivos, como totalidades. En Terapia Gestalt decimos que "el todo es más que la suma de las partes". Todo existe y adquiere un significado en un contexto específico; nada existe por sí solo, aislado.

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El foco del proceso terapéutico en la Gestalt gira en torno a lo que el cliente hace en su vida presente, en como lo hace y para qué lo hace, en vez de querer responder al por qué de sus acciones. Únicamente tomando conciencia de estos aspectos, abriéndose al denominado “darse cuenta gestáltico”, el individuo podrá producir cambios en su vida.

La Terapia Gestalt aboga por un equilibrio entre los tres centros de la persona; el centro emocional, el mental y el corporal. En otras palabras, su finalidad es que aquello que la persona piensa, su discurso ante el mundo y sus acciones sean lo más armónicas posible.
El objetivo de la terapia es que la persona adopte un rol activo en su vida, es decir una progresiva responsabilización de su persona y de su vida. Este aspecto conduce también a pasar de la búsqueda de un apoyo exterior, propio del estado neurótico, a un apoyo personal y una confianza en sí mismo. Una vez el individuo gana en autoapoyo, también favorece a aumentar el amor hacía su persona y hacía su propia vida. Aquí os dejo una enseñanza Zen relacionada con el tema de adoptar un rol activo y de responsabilización de la propia vida:

“ Relata un cuento Zen que en un monasterio había un discípulo que desafiaba siempre a su maestro. Cierta vez, ocultando a sus espaldas a un pájaro que sostenía en las manos, el discípulo se paró desafiante ante el maestro y le preguntó: “Maestro, aquí detrás de mí tengo un pájaro. Dígame usted que lo sabe todo; ¿está vivo o está muerto?.” (De tal modo, si decía que el pájaro estaba vivo lo ahogaba y si decía que estaba muerto abriría sus manos y lo dejaría volar). El maestro lo miró a los ojos con respeto y compasión, respiró profundamente y con mucho amor le respondió: “Eso depende de ti. La solución… está en tus manos!”.

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Pautas que nos ayudan a reducir la ansiedad




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Pautas que nos ayudan a reducir la ansiedadEn la actualidad los trastornos de ansiedad son cada vez más habituales en las consultas de psicoterapia. La sociedad occidental en la que vivimos se caracteriza por una elevada exigencia, una impaciencia en la obtención de resultados y un bajo nivel de frustración; por este motivo no nos debería extrañar que cada vez aparezcan más casos de personas aquejadas de ansiedad en las consultas médicas. En este artículo voy a mencionar algunas pautas básicas para enfrentar este tipo de trastornos. Como digo son únicamente recomendaciones, por tanto en ningún caso pretenden reemplazar un proceso de psicoterapia, ni ser sustitutos de la medicación en los casos que ésta se haya prescrito.

Ganar en asertividad. Un elevado porcentaje de individuos que sufren ansiedad son personas que llenan su agenda de actividades y compromisos. Uno de los motivos por lo que esto sucede es la incapacidad que tienen estas personas para poner límites, y así poder decir no a las exigencias externas. En consecuencia son individuos que se sienten superados por las necesidades procedentes del entorno, en detrimento de las suyas propias, lo que favorece la aparición de la ansiedad.

Una herramienta que nos ayuda a poner límites ante las demandas externas es entrenar una actitud asertiva de comunicación. Mediante la asertividad expresemos de forma directa, honesta y respetuosa lo que pensamos, sentimos o deseamos ante el resto de personas. La asertividad es una habilidad fundamental para romper con la sensación de tener que cumplir siempre con las exigencias externas.

Optimizar la gestión del tiempo. Con frecuencia, la persona ansiosa siente que no llega a todo, al ser individuos que viven con la sensación de que van corriendo todo el día, y aun así perciben que no hacen todo aquello que se habían propuesto. Son personas que gestionan y planifican mal su tiempo, aspecto que contribuye a que aumenten sus niveles de ansiedad. Una óptima gestión del tiempo pasa por llevar una agenda que se corresponda con la realidad personal de cada uno, es decir, debemos ser coherentes con el número de actividades que podemos hacer en un día. Por este motivo es importante aprender a priorizar, posponer y delegar según sea el caso. En este sentido es aconsejable no acelerarse, entendiendo que hacer las cosas con más rapidez no nos convierte en más eficaces, sino que el resultado final suele ser todo lo contrario.

Regalarse unos momentos de placer. Experimentar sensaciones placenteras provoca que nuestro cuerpo segregue las denominadas hormonas del placer; serotonina, dopamina y endorfinas, las cuales presentan efectos contrarios a la ansiedad. Para conseguir estas sensaciones es importante reservarse un espacio para la planificación diaria de aquellas actividades que nos resulten placenteras y agradables; tocar un instrumento, pasear, leer o mantener relaciones sexuales pueden ser algunas de ellas. Como hemos dicho vivimos en una sociedad muy demandante, por lo que es necesario estos momentos para recargar pilas y recuperar energía.

Aprendizaje emocional. En la medida de lo posible deberíamos evitar los pensamientos negativos y de desvalorización personal, y sustituirlos por pensamientos positivos. Pensar de forma positiva tiene un efecto beneficioso en nuestro estado de ánimo y nos ayuda a controlar la ansiedad. En consecuencia es aconsejable que reconozcamos aquellos pensamientos que favorecen la ansiedad, para así reemplazarlos por otro tipo de mensajes más positivos. Por ejemplo transformar el sentido de las frases, pasando de negativo a positivo; cambiar “seguro que voy a fallar”, por “lo haré lo mejor posible”. Otra herramienta es sustituir aquellos términos más subjetivos de nuestro vocabulario del tipo “nada”, “todo”, “siempre”… por otros más objetivos, del tipo “alguno”, “algo”, “a veces”. Por ejemplo; “lo hago todo mal” sustituirlo por “a veces cometo errores”. Todas estas herramientas de gestión emocional favorecen a reducir la auto presión y en consecuencia también los niveles de ansiedad.

Reconexión con el presente. Un denominador común que encontramos entre aquellas personas que padecen ansiedad, es que son individuos que destinan gran parte de su tiempo a estar en su cabeza, en su pensamiento. Son individuos que escapan del presente ocupándolo con fantasías catastrofistas sobre el futuro, o bien se encuentran anclados en pensamientos nostálgicos sobre el pasado. En ambos casos el resultado es el mismo; una desconexión con el presente y un aumento de la ansiedad.

Para salir de este atolladero es necesario volver a contactar de nuevo con el momento presente. Para ello es recomendable prácticas como la meditación o el Mindfulness. Tanto la meditación como el Minfulness nos permiten conectar con nuestra respiración y nuestro cuerpo, para así tomar conciencia de que es lo que nos está pasando en el aquí y ahora. La práctica de ambas favorece a tomar conciencia de nuestra respiración superficial y nuestras tensiones corporales, las cuales son características de un estado ansioso. Si nos mantenemos constantes con la práctica meditativa, vamos a poder recuperar nuestro ritmo natural de respiración, liberándonos así de bloqueos y de tensiones corporales, lo cual reducirá  también nuestros niveles de ansiedad. 

Cuidar el cuerpo. Es importante que cuidemos nuestra alimentación. La ansiedad induce a comer rápido y mal. Por este motivo deberíamos mantener un horario uniforme en las comidas, evitando saltar alguna de las comidas principales del día. Es también recomendable dejarse el tiempo suficiente para comer, haciéndolo de una forma pausada y relajada, sin prisas. También es importante seguir una dieta equilibrada, eliminando o reduciendo aquellas sustancias perjudiciales para controlar la ansiedad, como pueden ser la cafeína, el azúcar y las bebidas estimulantes. Asimismo el ritmo de vida estresado influye negativamente en la obtención de un buen descanso. Según lo dicho, es necesario dormir las horas suficientes y evitar irnos a la cama con pensamientos que nos puedan agobiar. Por último, es aconsejable practicar ejercicio físico de tres a cuatro veces por semana, pues ésta es una de las mejores formas de aliviar tensiones y reducir la ansiedad.

Si sientes que la ansiedad no es un tema puntual en tu vida, sino que se mantiene en el tiempo, sería recomendable que buscases ayuda profesional. En estos casos la psicoterapia puede ser una gran aliada para que aprendas a gestionar tu ansiedad de una forma saludable.

Leslie Beebe

Terapia Gestalt y Coaching Personal

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Convivir con la depresión

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La depresión es un trastorno difícil de explicar para aquel que la sufre. La pena, la desesperanza, la angustia, la baja energía y la sensación de impotencia en las que se encuentra inmersa la persona deprimida, difícilmente son comprensibles para familiares y parejas que conviven con ellos. Sin embargo ante una situación de depresión, la familia adopta un papel fundamental como apoyo y acompañamiento para la persona que sufre este trastorno. Como es un tema que habitualmente trato en mis sesiones de Terapia Gestalt, mencionaré algunas de las pautas que la familia puede adoptar en su rol de acompañamiento de la persona depresiva.

Ponerse en manos de profesionales. La depresión es un trastorno grave que no debe menospreciarse y por tanto debe ser tomado en serio.  Cuando estados como la tristeza y la melancolía perduran en el tiempo, afectando la capacidad para relacionarse con otros, trabajar o simplemente afrontar el día, pueden ser síntomas de la aparición de un trastorno depresivo. Ante estos indicios, los familiares deben de actuar expresando al deprimido la necesidad que pida ayuda y se ponga en manos de profesionales de la terapia. Convencer a una persona en este estado no va a ser fácil, pero es imprescindible que la familia mantenga una actitud firme y persistente al respecto, acompañándole si fuese necesario al terapeuta o profesional en cuestión.

Ayudarle a aceptar la depresión. La familia debe transmitir a la persona que nadie es culpable de padecer depresión. Es muy importante que la persona depresiva reconozca y asuma la situación que está atravesando, así como las limitaciones que de ésta puedan derivarse. No es tarea fácil, tanto para uno mismo como para la familia que le acompaña, pues antes del reconocimiento aparecerán otras etapas de difícil gestión, como la negación, el enfado, la rabia y la tristeza. En este proceso de integración es recomendable que la familia reevalúe la relación emocional con la persona, modifique las expectativas que pudieran tener en él y le ayude en su progresiva aceptación de la nueva situación. Si eso se consigue, y se mantiene a la vez el propósito de colaborar con el terapeuta, será un paso importante para reducir las consecuencias de la enfermedad.

Estar a su lado y respetar sus silencios. Para aquellos que nunca han experimentado un episodio de depresión les es difícil entender el grado de sufrimiento y desamparo en que queda sumido el depresivo. Sin embargo es importante que ante esta dificultad, la familia adopte un rol de acompañamiento y respeto. Es importante que la familia entienda que el depresivo no necesita de recomendaciones piadosas, ni invitaciones a hacer cosas o a levantar el ánimo, pues no es una cuestión de falta de voluntad por su parte. También es absurdo presionarle para que se muestre sociable, como si eso fuese algo que estuviese a su alcance. Estas actitudes contribuyen negativamente en el proceso, pues el depresivo se siente presionado a estar bien y aumenta su sensación de que los que le rodean no comprenden su situación. La familia debe respetar los silencios y los momentos de solitud que acompañan al proceso depresivo, y simplemente hacerle llegar que se está dispuesto a ayudarle, a escucharle y a hablar de ello cuando la persona así lo estime oportuno.

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Si alguien de tu entorno o tu mismo sufres de depresión, puedo ayudarte. LLámame o WhatsApp al 645 368 714 o escribe a lesbcn13@gmail.com


No pedirle explicaciones ni presionarle. Exigir explicaciones a una persona que está sufriendo este trastorno únicamente va a provocarle irritación, malestar e incluso culpa, así como aumentar su sensación de que aquellos a los que quiere no le entienden. Es imposible que el depresivo de explicaciones sobre su estado, pues muchas veces ni el mismo sabe lo que le pasa, y el porqué ha llegado a quedar sumido en este estado. La depresión es algo que uno no elige y su superación no depende de la libre voluntad. Presionarle para que realice actividades con las que no se siente cómodo en este momento, como salir y sociabilizar más, son contraproducentes. Pues en estos casos el efecto va a ser totalmente el opuesto. Por ejemplo si se le obliga a salir con amigos, la percepción del deprimido va a ser la dificultad que siente a salir de casa y a interactuar con los demás. El depresivo va a estar comparándose con el resto, focalizándose en aspectos negativos, como lo mal que está él y lo bien que se lo está pasando el resto del grupo.

Transmitirle esperanza. Como ya hemos dicho es importante que la familia acompañe al deprimido en este duro proceso. La familia puede comunicarle que aunque ahora está pasando por un duro trance, y le sea difícil entenderlo, hay una salida a esta situación, y por tanto luz al final del túnel. También es importante hacerle ver que no está solo en este proceso, y que cuenta con el amor de la familia. Finalmente es recomendable hacerle entender que si es constante con el proceso terapéutico, la mejora llegará en el futuro.

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Reforzar su autoestima. Un rasgo característico de la depresión es el déficit de autoestima. La persona tiende a no ver sus logros y únicamente enfocarse en sus aspectos negativos, recreándose en sus fracasos y pasando por alto sus aptitudes y los buenos momentos vividos. En estas circunstancias es clave el papel de la familia para hacerle ver sus cualidades, dar valor a sus capacidades y, por encima de todo, que a pesar de las dificultades del presente, transmitir lo mucho que la persona significa para quienes tanto le quieren.

Cuidarse a uno mismo. Convivir con una persona depresiva no es fácil, es difícil vivir con una persona instalada en la tristeza, que puede tener comportamientos difíciles de entender y con quién la comunicación es complicada. Asimismo los estados anímicos que se generan en esta situación pueden llegar a ser contagiosos. Es por este motivo que la familia debe tener claro que la atención y ayuda al depresivo no puede absorber todo los recursos afectivos del entorno familiar. En este sentido es importante no descuidar el cuidado de los otros miembros de la familia, estando atento a las preocupaciones y sentimientos del resto. Es muy importante prestarse apoyo mutuo y gestionar las situaciones difíciles que van apareciendo de forma conjunta, todos a una. Asimismo en el camino de acompañamiento es también importante no descuidar el cuidado propio y las necesidades de uno. Quien no sabe atender sus necesidades, difícilmente podrá cuidar al otro de una forma saludable para sí mismo.

Leslie Beebe


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El Diablo y la Sombra

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“Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma” C.Jung.

El Arcano Número XV del tarot corresponde a la figura del Diablo, junto con la Muerte, son dos de las cartas más temidas en el tarot. Pero ¿quién es este personaje?.  La idea del diablo se remonta a los comienzos de la humanidad. En un principio partía de una concepción que se alejaba de la personificación, involucrando a los buenos y malos espíritus que convivían en la naturaleza. El primer Diablo, personificado en este caso, parece ser el que aparece en la India como Mara, la tentadora de Buda. Posteriormente en los escritos del Viejo Testamento, Satán (adversario en hebreo),  aparece como un sirviente de Dios, y no como un adversario, castigando a la humanidad en nombre del todopoderoso. El concepto de Diablo como el ángel expulsado por Dios es una creación del cristianismo, que se fue configurando en los primeros siglos de existencia.

Carl Jung argumentaba que el bien y el mal son pares de opuestos, uno no puede existir sin el otro, como la noche no se concibe sin la existencia del día. Por este motivo concluyó que Dios debía también tener su opuesto, su alter ego, por tanto su lado oscuro. A partir de esta idea de dualidad Jung relacionó el Diablo con el arquetipo de la Sombra, y por tanto con el aspecto oscuro de nuestra personalidad. Esta idea entiende lo oscuro como aquellos aspectos de uno mismo que la persona ha alienado y proyectado en el mundo exterior,  los cuales no son aceptables para nuestro ego. Jung concebía a la Sombra como la clave dentro del proceso de individuación. Únicamente cuando los contenidos de la Sombra que habitan en el inconsciente son traídos a la conciencia para ser reconocidos e integrados, entonces el individuo puede alcanzar la totalidad.

En las cartas del tarot el Diablo hace referencia a Lucifer, al que “trae la luz”. De hecho en la imagen de la carta aparece con una antorcha en sus manos. Por tanto ya nos advierte que va a ser el propio Diablo quién ponga luz en aquellas zonas oscuras de nuestra personalidad, a nuestra Sombra. Las dos personas que aparecen en la carta también nos hacen referencia a la dualidad, a los opuestos, luz y sombra, bien y mal, hombre y mujer, uno no se comprende sin la existencia del otro. 
En nuestra sociedad se ha hecho un culto al bien, hasta tal extremo que cuando tenemos un sentimiento oscuro nos sentimos culpables, nos avergonzamos y buscamos ser castigados de alguna forma. Sin embargo, negar el mal no hace que éste desaparezca, pues necesita también de su espacio. Al negarlo lo que hacemos es proyectarlo en el exterior, en el otro, nos victimizamos y sentimos que todo lo malo que nos pasa es por culpa del otro, evitando así asumir la responsabilidad en nuestra vida.

“En la medida que descubramos los secretos del arquetipo de la sombra y nos apropiemos de cada proyección, nos hallaremos en mejores condiciones, necesarias para ver sus tesoros. El hecho de abrazar el lado oscuro de la realidad nos convierte al igual que Lucifer en portadores de luz. Así cuando nos abrimos al otro, al extraño, al rechazado, el débil, el despreciado, donde su aceptación nos permitirá transmutarlo y despertar a una vida superior. Entonces será cuando empecemos a escuchar la voz del sí mismo (el Self) y ya no tendremos que creer en la magia porque esta se hallará a nuestro alcance”. (Zweig&Wolf, 1999, p 68).




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El analista junguiano R. Wang argumenta que el encuentro con la Sombra, y su posterior aceptación e integración, es un proceso que muy pocos logran porqué además de ser una experiencia desagradable, la mayoría de las personas no son conscientes de ella y viven únicamente bajo la buena luz que proyecta su ego. Los dos personajes que aparecen en la carta del Diablo nos remiten a este significado, son Adán y Eva. Los dos se encuentran de espaldas al Diablo y están atados por unas cadenas; son como dos títeres manipulados por el Diablo, inconscientes de lo que pasa en su vida. Aunque atados por las cadenas, éstas no les oprimen, seguramente si los dos personajes tomasen conciencia de esta manipulación, serían capaces de liberarse de ellas, pero para ello sería necesario que se diesen la vuelta, mirasen al Diablo de frente y tomasen conciencia que se encuentran atados. Este encuentro implicaría encontrarse con aquellos aspectos que más nos asustan de nosotros mismos, aquellos instintos primarios que la sociedad nos ha enseñado que no son aceptables y que no debemos mostrar al mundo por el miedo a perder nuestra buena imagen. Aceptar que hasta ese momento no hemos sido libres, es un acto aterrador para la persona.

Es curioso que el Diablo sea la carta que abre el último septemário del tarot, el denominado nivel transpersonal o de iluminación del alma. La carta ya nos advierte que uno no conseguirá la iluminación únicamente practicando la meditación, viajando al Tibet o volviéndose vegano, sino que será necesario superar la tentación del diablo, una prueba totalmente mundana, con aquello material que nos envuelve en el día a día; el dinero, el poder, el sexo, la imagen, y como nos relacionamos con ellos.  Si somos capaces de tomar conciencia de aquello que nos ata en nuestra vida, de aquellos aspectos que no aceptamos en nosotros, podremos llegar a un nivel de conciencia superior.

“Cuando se integra a la Sombra el mundo deja de aparecer lleno de adversarios que son productos del inconsciente, y las personas que discrepan de nosotros ya se pueden ver como individuos. La mayor parte de los problemas de la sombra son problemas personales y la solución al problema se alcanza aceptando las partes de nuestra personalidad única que con anterioridad han sido rechazadas o ignoradas.” (Robertson, 1998, p 205)


Según Jung una forma de conectar con nuestra sombra es a través de los sueños. Para Jung la sombra puede tomar múltiples formas, se puede manifestar en animales como arañas, murciélagos y ratas. En la misma carta del Diablo, ya nos hace referencia a distintos símbolos relacionados con los animales; el Diablo se representa con alas de murciélago, cuernos, cabeza y pelaje de un macho cabrío. Los dos personajes masculino y femenino (Adán y Eva) también aparecen con cuernos y rabos animales, simbolizando el mundo instintivo. La antorcha que lleva el diablo aparece como la puerta para iluminar la oscuridad de la carta y como una forma de poner luz a un mundo instintivo que permanece en la sombra. Otros símbolos como la estrella de cinco puntos invertida, las cadenas, la mano extendida y el cajón en el que están atados Adán y Eva, nos remiten a las fuerzas destructivas y a la cruda realidad terrenal a la que estamos de alguna forma esclavizados. El mensaje es claro; no va existir un fondo trascendental o una profundidad espiritual  si no tomamos conciencia y miramos aquello que nos esclaviza en nuestra vida. El diablo nos dice:

“Encuentra tu lado oscuro, lleva a la luz tu oscuridad. Toma conciencia de tus dependencias y ataduras, para así poder decidir libremente. Observa en qué situaciones abusas de tu poder y manipulas, o bien dejas que lo hagan contigo. Si aprendes a vivir conscientemente a este lado, dando a tu Sombra una forma creativa, podrás liberarte de tu atadura”.

Leslie Beebe

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