Como Superar el Miedo a la Soledad

Como superar el miedo a la soledad. Uno de los principales miedos que me comentan las personas que acuden a terapia es su miedo a estar solos. Existen momentos en la vida en que ese miedo se manifiesta con más fuerza, momentos como rupturas sentimentales, separaciones matrimoniales o la muerte de un ser querido.

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En el ámbito cultural y educativo la soledad siempre ha tenido mala prensa. Desde pequeños se nos enseña que la soledad es algo malo, que debemos evitar. De esta forma crecemos pensando que necesitamos encontrar a alguien para compartir la vida, y así no quedarnos solos. Algunos clientes me comentan que para ellos la soledad es sinónimo de haber fracasado; otros que no tener pareja significa que algo deben estar haciendo mal, o bien que algo defectuoso deben tener que no encuentran a nadie para compartir su vida.

El miedo a la soledad está muy generalizado y es muy común, pues está íntimamente ligado a la evolución del hombre como especie. El hombre es un ser social por naturaleza que necesita de la comunicación con otros para su desarrollo. Asimismo el hombre nace en una total fragilidad y desprotección, lo que supone que debe depender de los padres durante un largo periodo de tiempo, mucho mayor que el resto de especies que habitan en el planeta. Estos factores condicionan nuestra vida y también nuestros miedos.

A nivel social, vivimos en una sociedad que se mueve a un ritmo trepidante. Cada vez existen más estímulos externos que nos aíslan de nosotros mismos para entrar en una vorágine de hacer constante. La tecnología actual nos permite conectar con cientos de personas de todo el mundo; en consecuencia, sería lógico pensar que deberíamos sentirnos menos solos, sin embargo los estudios demuestran todo lo contrario. Sentirse solo es uno de los principales males que manifiesta la sociedad actual.

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Creo que es importante distinguir entre estar solos y sentirnos solos. Como resultado de la vinculación que establecemos entre soledad con aquello que es desagradable o negativo, sentirnos solos es una sensación que deseamos evitar a toda costa. Sin embargo, estar en soledad no debería significar sentirnos solos; cuando establecemos esa relación estamos obviando un aspecto importante de la soledad, que es la soledad como un espacio íntimo, de introspección y reflexión. Como seres humanos necesitamos del contacto con el resto de personas y con el mundo, no obstante también necesitamos de esos momentos de soledad para conectar con nosotros mismos, simplemente dejándonos estar en el silencio. Una soledad que es elegida y que por tanto no debe ser desagradable, pero que en el mundo vertiginoso en el que vivimos cada vez parece más difícil de conseguir.

A continuación os planteo algunas recomendaciones para vivir la soledad de una forma diferente y más saludable:

Es importante que tomes conciencia de aquello que te dices sobre la soledad y escuchar cuales son tus pensamientos al respecto. No debes olvidar que aquello que sientes deriva en gran parte de la actitud y los pensamientos que tengas. Si piensas que la soledad es negativa y desagradable, las emociones que experimentes y tu estado de ánimo van a ir en la misma dirección.

Relacionado con el punto anterior, una vez tomes conciencia de tu actitud y tus pensamientos respecto a la soledad, debes intentar cambiarlos por otros de más positivos y que favorezcan tu autoestima.

Un gran porcentaje de personas vinculan sentirse solos con sentimientos de abandono y de desvalorización personal. Si te mantienes en una posición de víctima, difícilmente conseguirás cambiar tu concepción negativa sobre la soledad. Es importante que adoptes una actitud activa y te hagas preguntas que sumen y que no resten, del tipo;

“¿Qué está en mi mano hacer para no sentirme solo?, ¿Estar solo me impide hacer aquello que yo quiero o deseo?, ¿Sentir la soledad significa que no puedo hacer cosas valiosas para mí o para los demás?, “¿Qué beneficios y qué perjuicios me aporta seguir quejándome por mi soledad?” .

Debes enfocarte en el presente y en proyectos futuros, para así no quedarte anclado en el pasado. Existen personas que viven en el rencor por situaciones pasadas, lo que les lleva a recluirse y a sentirse solas y abandonadas. Un ejemplo son aquellas personas que han sufrido un desengaño amoroso y que se niegan a mantener nuevas relaciones. En estos casos es necesario aprender de las experiencias pasadas, pasar página  y seguir con nuestro camino. Por mucho que nos duela el pasado no está en nuestra mano cambiarlo, pero sí podemos aprender de ello para vivir las situaciones que nos plantee el futuro de una forma diferente.

Es importante que desidentifiques el tener una relación con ser feliz. Aunque las películas de Hollywood nos muestren lo contrario, todos aquellos que tenemos o hemos tenido una relación sabemos que no es un camino de rosas, y como en la vida existen momentos felicidad, pero también momentos de tristeza o de enfado en la relación. No obstante debemos recordar que siempre es preferible estar en soledad que mantener una relación tóxica por el miedo a estar solo. 

En este sentido es importante que tengas en cuenta que tu idea sobre estar solo, suele ser mucho peor que lo que acaba sucediendo en la realidad. Una vez te dejes la libertad de contactar con tu soledad, también tomarás conciencia que no es tan mala como habías imaginado, e incluso con el tiempo aprenderás a disfrutar de tus momentos de soledad.

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Reconoce que tienes miedo a la soledad, exponte a ella y analiza qué aspectos te dan miedo de estar solo. Bajo la soledad suelen existir miedos más instintivos y primarios como el miedo al abandono. La terapia es una oportunidad única para poder analizar estos miedos y llegar a superarlos.

Analiza como son tus relaciones y pregúntate si realmente estás con gente por miedo a quedarte solo. Si te dejas llevar por tu miedo estarás actuando desde una máscara para querer complacer y evitar así que los otros te abandonen, lo que afecta negativamente tu dignidad y tu autoestima. Distingue entre las relaciones sinceras, que se mueven desde tu deseo por compartir, de aquellas más neuróticas que surgen de tu miedo a la soledad.

Elabora una lista con los aspectos positivos de la soledad. Algunos de ellos pueden ser: contactar contigo mismo, dar un espacio a tus deseos y necesidades, parar el ritmo frenético en el que vives, etc...

Trabaja con la visión que tienes de ti mismo; piensa que tú eres lo más importante. La soledad puede estar relacionada con tu deseo de encontrar otra persona para que te complete y llene el vacío que sientes. Es importante que comprendas que si no consigues ser feliz por ti mismo, nunca podrás serlo en compañía. La necesidad del otro para ser feliz es un claro síntoma de una baja autoestima y una poca valoración de tu persona. Si te sientes así, quizás sea un buen momento para empezar una terapia que te ayude a recuperar tu autoestima.

Para terminar os dejo con unas palabras del escritor Carlo Dossi sobre la soledad:

“¿Por qué, en general, se rehuye la soledad?, porque son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos”


Leslie Beebe
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Estrategias Para La Ansiedad

Estrategias para la ansiedad. La ansiedad se ha convertido en un trastorno habitual entre nosotros, así como un tema frecuente en las consultas de terapia, donde cada vez hay más personas que buscan estrategias para superarla. Las causas que generan la ansiedad son diversas, no obstante podemos destacar algunas comunes como el ritmo acelerado en el que vivimos, la crisis económica que hace algunos unos años que nos acompaña y nuestra falta de aprendizaje a la hora de gestionar nuestras emociones. Obviamente la intensidad, la situación y la forma como es vivida la ansiedad es diferente según cada persona, por tanto no podemos generalizar. Una situación que a una persona le pueden pasar inadvertida, para otra persona puede ser generadora de una fuerte ansiedad.

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Definimos como ansiedad una respuesta adaptativa del ser humano ante un estímulo que la persona percibe e interpreta como peligroso. Ante dicha amenaza nuestro organismo responde para protegernos de la amenaza; ya sea evitando el peligro, enfrentándonos a él o bien escapando. Sin embargo esta función protectora pierde su razón de ser cuando el peligro del que quiere protegernos no está presente o bien no es real. En estos casos nuestra imaginación empieza a trabajar, fantaseando y anticipando peligros, cuando en una elevado porcentaje de los casos lo temido nunca llega a suceder, o al menos en el grado en que lo imaginamos.

Puede ser que la ansiedad surja por una situación sobre la que no tenemos una experiencia previa, y por tanto tememos, sensación lógica ante lo nuevo y desconocido. En estos momentos es habitual que nuestra mente empieza a fantasear con toda una serie de pensamientos catastróficos, limitantes y negativos sobre el resultado de la experiencia. Si no paramos este tipo de pensamiento lo que conseguimos es ponernos cada vez más nerviosos, y que nuestros niveles de ansiedad vayan en aumento. 

Otras veces la ansiedad se puede manifestar al revivir una experiencia pasada de la que no guardamos un buen recuerdo, que no pudimos superar o bien que nos afectó emocionalmente. En este caso también nuestro pensamiento se dispara, recordando lo mal que lo pasamos la última vez y anticipando un nuevo desastre, por lo que la sensación de ansiedad va en aumento. En todos estos casos la ansiedad pasa de ser un mecanismo anticipatorio que nos permite defendernos de un peligro presente, a ser un mecanismo limitante, que nos abruma y paraliza.

La ansiedad consta de tres elementos; el físico, el cognitivo y el conductual.

Cuando hablamos del elemento físico de la ansiedad nos referimos a los cambios físicos que se producen en nuestro cuerpo al activarse la ansiedad, por ejemplo la tensión muscular, la respiración rápida, el aumento de la presión sanguínea, la sudoración, así como la liberación de distintas hormonas como la adrenalina. La adrenalina provoca que nuestro corazón lata más rápido para llevar sangre allá donde es más necesaria. En esos momentos nuestro ritmo respiratorio se acelera para obtener el oxígeno necesario, sudamos para evitar el sobrecalentamiento y nuestro sistema digestivo se ralentiza para llevar más sangre a los músculos. Nuestro cerebro se encuentra en total alerta y nuestros sentidos se agudizan. Todo nuestro cuerpo está a punto para enfrentar la amenaza, sin embargo como hemos dicho anteriormente la amenaza no está presente ni es real, respondiendo a una fantasía de nuestra mente. En estos casos nuestro cuerpo se queda con toda la energía acumulada para la acción al no poder descargarla. 

Es por este motivo que la persona que padece ansiedad sufre de malestar la mayor parte del tiempo, pues aunque en ese preciso momento su pensamiento no esté focalizado en aquello que le hace sentirse ansioso, la energía se encuentra en su cuerpo dispuesta a ser liberada. Este malestar se puede manifestar a través de síntomas como tensión en el cuerpo, migrañas, dolor articular, mareos o sensación de nudo en el estómago, entre otros. Es por este motivo que si sufrimos de ansiedad es importante hacer algún tipo de ejercicio físico, para ayudarnos a descargar toda la energía que no hemos liberado.
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Respecto al elemento físico quiero acabar diciendo que es muy común que nos asustemos por los síntomas que nos provoca la ansiedad, pensando que cuando éstos aparecen sufrimos de alguna enfermedad más grave, cuando en realidad no es así. Cuando nos asustamos ante los síntomas lo que hacemos es focalizar nuestra atención en ellos, dándoles un mayor protagonismo y haciendo que estos aumenten. Cuando nos dejamos llevar por el miedo y luchamos a toda costa por no sentirnos mal, lo único que conseguimos es favorecer a que los síntomas de la ansiedad aumenten, pudiendo llegar a sufrir lo que denominamos como crisis de ansiedad o ataque de pánico.

Por este motivo la próxima vez que sufras de síntomas asociados a la ansiedad, piensa que solo es eso, ansiedad, y que por tanto no sufres de ninguna enfermedad grave, ni mucho menos vas a morir o perder el control. Sobretodo intenta no luchar contra la ansiedad ni quieras controlarla, pues el efecto va a ser el opuesto al esperado. En estos desagradables momentos simplemente focaliza tu atención en la respiración, inhalando y exhalando profundamente durante unos minutos y verás como tu ansiedad se reduce.

El segundo elemento que conforma la ansiedad es el elemento cognitivo. El elemento cognitivo son los pensamientos, creencias, percepciones e interpretaciones que aparecen cuando anticipamos un determinado peligro. Cuando la ansiedad toma el control vivimos estos pensamientos como si fuesen una certeza, sin ápice de duda. Por ejemplo ante un examen es diferente pensar “Puedo suspender el examen, pero he estudiado y quiero aprobar” que “No hay nada que hacer, voy a suspender el examen”. Si nos decantamos por la segunda opción estamos activando la ansiedad. A medida que seguimos pensando así la ansiedad va en aumento y nuestras posibilidades de suspender el examen también. Por este motivo la próxima vez que te enfrentes a una situación que te genere ansiedad, toma nota de cuáles son los pensamientos que la alimentan y pónlos en duda. Las siguientes preguntas te pueden ayudar a que no aceptes incondicionalmente todo lo que te dicen tus pensamientos:  

¿Qué indicios o experiencia previa tengo para creer que eso va a ser así?, ¿En qué me ayuda tener este tipo de pensamientos?, ¿Qué es lo peor que me puede pasar si sucede aquello que tanto temo, y qué pasaría conmigo entonces?, ¿Qué es lo más probable que me pase?... preguntas de este tipo te ayudaran a contactar con la realidad y evitaran que tu imaginación se dispare con pensamientos catastróficos y negativos.

Una vez tengas anotado tus pensamientos te darás cuenta que la mayoría de ellos son pensamientos pesimistas, limitantes y de desconfianza sobre ti mismo y sobre tus aptitudes. Una vez tomes conciencia de ellos, mira de cambiarlos por otros de positivos, que favorezcan la seguridad en ti mismo. Al principio quizás los encuentres extraños y poco creíbles, sin embargo si eres constante con ellos y te los repites diariamente, al cabo de un tiempo verás que se han convertido en un hábito y que surgen de ti de forma espontánea.

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El último de los aspectos que conforma la ansiedad es el aspecto conductual. El aspecto conductual son las acciones que tomamos o evitamos tomar a causa de la ansiedad. Por ejemplo si nos sentimos nerviosos ante un examen, podemos empezar a mordernos las uñas o a caminar de un lado a otro de la habitación. La forma como cada uno de nosotros actuamos ante situaciones que nos generan ansiedad depende de múltiples variables, algunas de ellas son: el detonante que ha activado la ansiedad, nuestra habilidad de manejar la situación o bien la relación que establecemos con alguna experiencia pasada.

No obstante quizás el punto más importante a tener en cuenta son aquellas acciones que evitamos hacer a causa del miedo generado por la ansiedad. Cuando nos sentimos bloqueados por el miedo una de las reacciones más comunes es evitar la situación que ha generado dicho miedo. Lo que en un principio parecería una solución rápida para el problema, con el tiempo se convierte en una trampa, pues la evitación pasa a ser en un mecanismo defensivo que vamos a ir generalizando a más actividades y situaciones de nuestra vida. 

Huir y querer evitar las situaciones por miedo a sentir ansiedad lo que provocará es una clara limitación de nuestra libertad personal, así como una reducción en la confianza que tenemos sobre nosotros mismos. El único antídoto ante la actitud evitativa es la confrontación con la situación generadora de miedo. Enfrentar aquello que tememos nos ayudará a ganar confianza en nosotros mismos y nos permitirá tomar conciencia que aunque el miedo esté presente no debe ser un impedimento para realizar aquello que queremos. En palabras del escritor norteamericano Jack Canfield: “ Todo aquello que deseas está al otro lado del miedo”.

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Para terminar te dejo un ejercicio para tomes conciencia de cómo se activa la ansiedad en ti.

Busca una situación susceptible de generarte ansiedad y contesta a las siguientes preguntas:

       ¿Cómo me siento corporalmente?
       ¿Cúales son mis pensamientos?
       ¿Cómo reacciono, qué hago o qué evito hacer?

Este ejercicio te permitirá conocer un poco más sobre tus reacciones ante la ansiedad, viendo cómo están conectados los tres elementos que hemos comentado y en qué medida te afectan.
  
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Asimismo si quieres conocer más sobre la ansiedad, aquí te dejo otros de mis artículos sobre el tema:

Crisis de ansiedad, qué hacer.
Como vencer la ansiedad social
Como gestionar mejor mi ansiedad

Leslie Beebe



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Terapia para Agorafobia

Terapia para agorafobia. La agorafobia es un trastorno de ansiedad que consiste en un intenso miedo a lugares o situaciones en los cuales la persona percibe que va a sufrir una crisis de ansiedad. En esos momentos la persona experimenta una gran inseguridad y se siente incapaz de superar la situación sola.

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La agorafobia está estrechamente relacionada con el trastorno de pánico, el cual se caracteriza por la manifestación de ataques de pánico o crisis de angustia.

Cuando una persona sufre una crisis de angustia experimenta síntomas físiológicos (como palpitaciones, sudoración, náuseas, mareos y molestias abdominales, entre otros), así como síntomas cognitivos (pensamientos de que va a perder el control, volverse loco o que va a morir). El miedo que la persona percibe en esos momentos queda fijado en su memoria, por lo que empieza a temer que un ataque similar lo pueda volver a afectar y que sea incapaz de controlarlo. De esta forma la persona adopta una tendencia que es evitar el lugar o situación en la que se produjo el ataque, e incluso aquellas que se le parecen. Es a partir de ese momento donde puede desarrollarse un trastorno de agorafobia.

La tendencia a la evitación como respuesta al miedo, provoca que progresivamente la persona vea más fantasmas allí donde no los hay, es decir que empiece a evitar un mayor número de lugares y situaciones en los que teme que el ataque pueda volver a repetirse. Asimismo la persona se hace gradualmente más dependiente de la ayuda de otros para poder salir de casa. Esta dependencia supone que la persona se sienta cada vez más insegura, afectando negativamente su autoestima y derivando en un posible trastorno depresivo, si no se toman medidas a tiempo.

Se estima que un 4% de la población sufre de agorafobia, con una edad promedio entre 20 y 40 años, y lo podemos definir como un trastorno del sistema cognitivo-conductual de la persona, el cual se desarrolla de la siguiente forma:

Primero, se reacciona de una forma desmesurada ante situaciones normales, los motivos a esta hipersensibilidad son múltiples y varían según cada persona, por mencionar algunos podemos destacar dos de comunes como ser el producto de un trauma emocional vivido en el pasado, o bien como consecuencia de una época de estrés continuado. No obstante en todas ellas la reacción de la persona es la misma,  sentir un elevado miedo cuando en realidad no hay motivo para ello.

Posteriormente esta percepción de intenso miedo queda grabada en la persona como un recuerdo muy vivido de las sensaciones y pensamientos desagradables experimentados en ese momento. La persona hace una asociación de la reacción sentida con el momento o lugar en qué sintió el miedo. De esta forma se desarrolla un condicionamiento en la mente de la persona entre sensación y circunstancia vivida. 

Progresivamente el miedo que siente la persona a volver a pasar por una situación similar se va ampliando a más circunstancias de su vida, y en consecuencia la persona actúa evitando cada vez más lugares que relaciona con su miedo. A mayor evitación más fuerte se hace el miedo, también mayores son los lugares peligrosos y más limitada se vuelve la vida de la persona.

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En la agorafobia hablamos de un bucle de ” miedo al miedo”, es decir que aunque el detonante que despertó el intenso miedo en un primer momento ya no exista, o la situación haya cambiado, la persona sigue sintiendo miedo. En este caso el miedo ya no es una respuesta al estímulo inicial que lo activó, sino un intenso miedo a que vuelva a repetirse una crisis de angustia como la vivida con anterioridad. Por ejemplo la persona no teme al espacio concurrido en sí mismo, sino que tiene miedo a que el ataque de pánico vuelva a repetirse en ese lugar.

¿Qué hacer en caso de sufrir de agorafobia?. A continuación os voy a dar unas pautas que os pueden ayudar en el proceso de superación de este trastorno. Sin embargo algo muy importante que quiero destacar es que la agorafobia es un trastorno de salud, y por tanto debe ser diagnosticado por un médico y posteriormente tratado por un profesional de la terapia. Si sentimos que podemos estar padeciendo este tipo de trastorno el primer paso es acudir a un profesional médico para que realice el diagnóstico pertinente. Asimismo y dependiendo del caso será necesario medicación para tratarlo. Una vez diagnosticado es importante acudir a un profesional para empezar el proceso de terapia que nos ayude a superarlo.

1. En primer  lugar es importante que la persona que sufre de agorafobia defina cual es su miedo y las consecuencias temidas. Por este motivo si sufres este tipo de trastorno sería interesante  que apuntases en una lista los siguientes parámetros; las situaciones en que surge el miedo,  las consecuencias más temidas, los síntomas fisiológicos y los pensamientos relacionados con la situación. Una vez apuntados puedes plantearte la veracidad de esos pensamientos, por ejemplo si piensas “me va a dar un ataque al corazón”, las cuestiones a preguntarte serían del tipo:¿Cómo sé que me va a pasar eso?, ¿Qué experiencia previa o datos tengo sobre ello?, ¿Es algo que puedo comprobar en mi realidad presente, o bien surge de mi fantasía?. Este trabajo es lo que en terapia se denomina reestructuración cognitiva.

2. El segundo paso es realizar una lista donde escribas qué te gustaría hacer si no sufrieses agorafobia  y qué metas deseas alcanzar. Debe ser una lista de propósitos lo más específica posible. Ordénalas de menor a mayor dificultad. Esta lista te clarificará el camino a seguir.

3. El tercer paso sería que tomases conciencia de las técnicas que has utilizado hasta el momento para solucionar el problema y que no han funcionado. Seguramente estará relacionado con la evitación de lugares o actividades que asocias a tu miedo. Debes entender que la única forma de vencer tus miedos es enfrentándote a ellos; no obstante también debes tener en cuenta que la superación de tus miedos es un proceso gradual, que lleva su tiempo. Para ello puedes utilizar la lista mencionada anteriormente.

Por ejemplo fíjate un objetivo como “salir sola para hacer la compra en el supermercado de la esquina”. Cada día debes salir e intentarlo, no importa  si al principio no llegas. Repite este ejercicio los días que sea necesario y valora tu progresión. Una vez alcances tu meta, repítela varias veces para ganar confianza en ti mismo y en tus posibilidades. Es importante que sobre todo no huyas de la situación y vuelvas a casa inmediatamente. Si en algún momento te sientes superado por el miedo,  simplemente párate, conecta con la respiración, apóyate o siéntate si lo necesitas, pero no intentes escapar del lugar. Debes darte cuenta que eres tú quién a través del pensamiento alimentas tus miedos. Contactar con el cuerpo y la respiración pueden ayudarte en los momentos que te sientas sobrepasado por el miedo.

Si sientes que no avanzas en tu progreso, revisa tu lista de objetivos, quizás en un punto sean demasiado ambiciosos por el momento. En este caso fíjate un objetivo intermedio, por ejemplo salir hasta el supermercado y volver a casa, sin pararte a hacer la compra. Después puedes optar por ir subiendo la dificultad, como ir al supermercado y comprar una única cosa solamente, hasta alcanzar tu objetivo final de hacer toda la compra.

4. En cuarto lugar debes tener en cuenta que enfrentar tus miedos no significa que no vayas a sentir miedo alguno, seguramente enfrentarte a aquello que temes te va a producir miedo, no obstante una cosa es sentir miedo y la otra dejar que el miedo te paralice. El mejor consejo en estos casos es dejarte estar con el miedo y no huir, aceptándolo tal y como es aunque no sea de tu agrado.  Aceptar las sensaciones desagradables que te puede provocar el miedo, sin rendirte ni escapar, es un punto clave en la recuperación de la agorafobia.

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Cuando te enfrentes a tus miedos te ayudará recordar los siguientes puntos:

Recuerda que las sensaciones que sientes en tu organismo por el miedo simplemente son una reacción exagerada del organismo ante el estrés.  Aunque sean sensaciones desagradables piensa que no son peligrosas para tu salud, ni tampoco son síntoma de ninguna enfermedad grave.

Evita aumentar tu sensación de pánico con pensamientos atemorizadores sobre lo que te está pasando y respecto todo lo malo que te puede ocurrir. Limítate a contactar con tu cuerpo y tu respiración dejándote estar en esa sensación desagradable. Observa como si te dejas estar con el miedo, aceptándolo, sin luchar ni queriendo escapar de él, su intensidad se reducirá al cabo de un rato. Es importante que evites querer controlar aquello que estás sintiendo.

Cambia tus pensamientos negativos y catastrofistas por otros que te produzcan calma y bienestar. Por ejemplo intenta cambiar frases como “me voy a morir”, por “es solo una reacción desproporcionada, pronto pasará”. La combinación entre los pensamientos positivos y la conexión con tu cuerpo y tu respiración te ayudarán notablemente a reducir la ansiedad del momento.

Trata de estar lo más cómodo posible ante la situación de pánico, pero no escapes de ella. Si la sensación de miedo intenso te sucede en la calle, prueba a encontrar una pared o lugar para apoyarte. 
Si estás en una tienda mira de encontrar un asiento cerca donde sentarte. Por ningún motivo salgas corriendo o huyas de la situación para volver a casa.

En esos momentos de elevado miedo procura distraerte. No prestes atención a lo que está sucediendo en tu interior y tampoco alimentes tu pensamiento catastrofista. Focaliza tu atención hacia fuera, en quienes te rodean y en el lugar donde te encuentras.

Recuerda que el objetivo de practicar ante situaciones amenazantes es poder superar tu miedo, es por tanto una oportunidad para progresar. No pienses en todo aquello que aún no puedes hacer por culpa de la agorafobia, o te preguntes repetidamente porque te pasa esto a ti. Cambia esos pensamientos por otros como pensar  en todo lo que llevas conseguido hasta el momento, y en cómo te vas a sentir cuando alcances aquello que te has propuesto.

5. Superar un trastorno de agorafobia es un largo camino, por lo que debes tener en cuenta las posibles recaídas. Lo importante es adoptar una actitud positiva, de que no vas a abandonar. Debes seguir adelante, aunque no avances en el proceso cada día, e incluso haya días en que sientas que has fracasado. A veces, puede parecerte que durante el proceso no estás avanzando tanto como a ti te gustaría, sin embargo no te preocupes, con la práctica llegarán los resultados.

6. Si padeces de agorafobia seguramente has dejado de lado actividades sociales y lúdicas que antes hacías, para centrarte únicamente en tu miedo a salir solo de casa. No obstante es importante que cambies la rutina de estar en casa por otra que sea salir y desarrollar actividades fuera de ella, por ejemplo; quedar con la familia y amigos para hacer alguna actividad en el exterior, apuntarte a clases de algún tema que te interese o ir al gimnasio. Debes tener presente que como más pospongas hacer actividades, más te va a costar recuperar tu vida, por tanto aunque sea de forma progresiva y lenta la cuestión es empezar e ir avanzando para recuperar tu vida.

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Si sufres de agorafobia la terapia puede ser el acompañamiento perfecto para ayudarte a salir de ella. Contacta conmigo en el 645 368 714 o bien rellena el formulario de contacto y te informaré sin compromiso


Espero que estos consejos te ayuden en la superación de la agorafobia. No obstante me remito a lo anteriormente dicho, en caso de que  creas que puedes estar sufriendo este tipo de trastorno, el primer paso es acudir cuanto antes a tu médico para que realice el diagnóstico pertinente. La agorafobia es un trastorno serio, que no puede ser tratado por uno mismo o simplemente siguiendo los consejos dados en este artículo.

Os dejo con el siguiente video, donde podemos ver un fragmento de la película “Copycat”, en que Sigourney Weaver padece este tipo de trastorno.



Si quieres conocer más sobre los trastornos de ansiedad, y como superarlos, aquí te dejo otros de mis artículos sobre el tema:




Leslie Beebe
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Como Superar el Miedo a la Muerte

Esta carta del Tarot es el arcano número XIII, La Muerte. Es una carta que tiene número pero no tiene nombre, pues antiguamente existía la creencia que nombrar la muerte significaba atraerla. Curiosamente no es la última carta del tarot, por lo que ya nos revela que la muerte tiene más que ver con la conclusión de un ciclo, que no un final definitivo. Multitud de creencias y religiones han adoptado esta idea para dar una explicación sobre la muerte. No obstante, el hecho que nadie haya vuelto de ella genera en nosotros una elevada incertidumbre por saber qué nos va a pasar una vez muertos, así como un gran temor ante la idea de morir.
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La relación que nuestra cultura occidental ha tenido con la muerte ha cambiado sustancialmente a lo largo de los años. Antiguamente la muerte era algo respetado y honrado, mientras que en la actualidad se ha convertido en un tema tabú del que es mejor no hablar. En el pasado cuando alguien moría su cadáver era velado en casa, todos los familiares, incluso los niños, despedían al difunto y honraban su presencia. Actualmente todo ha cambiado. Nadie quiere hablar sobre la muerte, los adultos protegemos a los niños de su presencia, no queremos hablar de ella para no sobresaltarles, haciéndoles creer que viven en un mundo en que no hay dolor, evitando así que contacten con la fragilidad y la vulnerabilidad propia de esos duros momentos.

Como adultos nos posicionamos ante la muerte desde una posición infantil, para no reconocer lo obvio, y es que todos tenemos un final. La sociedad tecnológica y avanzada en la que vivimos nos estimula a no pensar en la muerte, como si existiese una fórmula para evitarla.

El mercado de consumo nos vende multitud de productos con el mensaje que lo deseable es vivir eternamente jóvenes. Mantenemos la creencia que si disimulamos lo suficiente quizás la muerte no nos llegue a afectar, y en consecuencia podamos vivir para siempre. Esta actitud de no querer admitir la muerte como algo natural, nos conduce a vivir el miedo que produce la muerte con una mayor resistencia, y por tanto con un mayor sufrimiento hacía ella. La muerte se encuentra más presente en nuestra vida de lo que muchas veces pensamos, de hecho células de nuestro cuerpo mueren cada día en nuestro organismo, mientras otras nacen; es parte de la vida, pero también de la muerte.

Pero, ¿qué nos asusta de la muerte?. Para contestar a esta pregunta primero quiero comentar que el miedo a morir es lógico y normal, a la vez que necesario. El miedo como emoción nos advierte de un peligro externo que nos puede dañar, en consecuencia qué mayor peligro que el dejar de existir.  No podemos vivir sin miedo a la muerte, es inherente a estar vivos. No sentir ese miedo nos convertiría en personas temerarias y extremadamente osadas ante los peligros del entorno, por lo que nuestro tiempo de vida sería muy limitado.

Otra cosa distinta son aquellas personas que viven el miedo a la muerte como una fobia, es lo que se denomina como tanatofobia. La tanatofobia es el miedo anormal e injustificado a la muerte. En estos casos el miedo a morir puede derivar en otras fobias, como la hipocondría, y supone grandes limitaciones en la vida de la persona, como puede ser la incapacidad para salir de viaje, el sentirse impedido para conducir e incluso el ser incapaz de salir de salir de casa por miedo a los espacios públicos (como es el caso de la agorafobia).

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A continuación voy a comentar algunas pautas que te pueden ayudar a relacionarte de una forma diferente con el miedo a la muerte.

1. Vida y muerte son dos caras de la misma moneda, una no puede existir sin la otra. Saber que existe un límite te permitirá tomar conciencia del don de la vida, por tanto te habilitará para empezar a valorar cada momento que vives, así como apreciar aquello que realmente es importante en tu vida; familia, salud, amigos…

2. Comprende que no tienes ningún control sobre el tiempo ni tampoco sobre el momento que vas a morir. La incertidumbre de no saber qué nos va a pasar una vez muertos parte de nuestro anhelo de querer controlar la situación, el miedo a lo desconocido que tan presente está en nuestras vidas. No obstante es importante que entiendas que querer controlar aquello sobre lo que no tienes control únicamente te va a generar más ansiedad.

Para evitar el impulso por controlar es importante que tomes una mayor conciencia del momento presente. Seguramente si analizas tus pensamientos te darás cuenta que una mínima parte de ellos se refieren al presente, pues se focalizan más en tu pasado y en tu futuro.

Aunque el pasado nos permite aprender de las experiencias de la vida, no es bueno quedarse anclado a él de forma melancólica, o bien culpabilizándonos por algo que hicimos o dejamos de hacer en su momento. De la misma forma, aunque es importante tener cierta previsión de futuro, para marcarnos objetivos y enfocarnos en el camino a seguir, no es saludable estar viviendo pendientes de un futuro que aún no ha llegado, en la mayoría de ocasiones con pensamientos negativos o catastrofistas.  Focalizarnos demasiado en nuestro pasado o en nuestro futuro únicamente nos conduce a perder la vivencia del momento presente. Para aprender a tomar una mayor conciencia de tu presente puedes practicar meditación o ciertas técnicas de Mindfulness que te ayuden a contactar con el aquí y ahora.

3. Tomar conciencia de la finitud de la vida nos pone de relevancia aquello importante en nuestra vida, por este motivo es importante que respondas a preguntas del siguiente tipo; “¿Qué es importante en tu vida?, “¿Qué valores y creencias son importantes para ti?, ¿Estás haciendo realmente lo que quieres con tu vida, y si no es así cúal es el motivo?, ¿Con qué aspectos de tu vida no estás satisfecho, qué te impide cambiarlo?”. Responder a estas preguntas te puede ayudar a tomar conciencia de cómo se encuentra tu vida actual, para así darte cuenta de aquellos aspectos que te gustaría cambiar.  En palabras del filósofo Osho:

“La verdadera pregunta no es si existe la vida después de la muerte. La verdadera pregunta es si estás viviendo antes de morir”

4. Revisa si tu miedo a la muerte puede tener alguna relación con alguna experiencia traumática que hayas vivido en el pasado, o bien si es un miedo que aparece en determinadas circunstancias de tu vida; por ejemplo puede ser que lo relaciones con situaciones donde te sientes frustrado porqué la vida no es como tú quieres, momentos en los que sientes que no controlas algún aspecto de tu vida, o bien circunstancias en las que te culpabilizas por algo.

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5. Analiza cúal es tu mayor temor ante la muerte. Algunas personas comentan al respecto su miedo a perder la consciencia, otros su temor al sufrimiento y hay quién lo expresa como su miedo a abandonar a sus seres queridos. Conocer cúal es el mayor miedo a la muerte te dará pistas sobre cómo gestionar mejor ese miedo. Por ejemplo si tu mayor miedo es dejar a tus seres queridos puedes revisar cómo se encuentran tus relaciones actuales, y así tomar conciencia de qué podrías hacer para mejorarlas. Si tu miedo se relaciona con el deterioro físico puedes analizar como cuidas de tu cuerpo, revisar tu alimentación y plantearte hacer más ejercicio.

6. Recuerda que vivir en consonancia con aquello que eres, según tus deseos y necesidades, te permitirá vivir de una forma más plena, por lo que tu miedo a la muerte se reducirá. Plantéate si estás viviendo la vida qué quieres vivir o bien si estás más pendiente de vivir la vida según lo que los otros opinen o piensen de ti. No hay mejor antídoto para superar el miedo a la muerte que ser consciente que vives la vida que deseas vivir.  En palabras de la escritora Anaïs Nin:

“Las personas que viven profundamente no tienen miedo a la muerte”

7. Tomar conciencia de la finitud de la vida también te permite preguntarte como te gustaría ser recordado y qué deseas dejar en esta vida para contribuir a hacer del mundo un lugar mejor. Si ya has respondido a la pregunta plantéate qué camino debes seguir para conseguirlo, recuerda que nunca es tarde mientras estés vivo. Hace un tiempo leí una frase al respecto que creo describe este aspecto a la perfección:

“Recuerda que no puedes llevarte nada de lo que recibiste en esta vida, solo lo que diste”

Leslie Beebe
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Como Relacionarte con tus Miedos

Como relacionarte con tus miedos. Uno de los principales factores que nos limita en nuestra vida es el miedo. Existen multitud de miedos; miedo al fracaso, miedo al juicio, miedo a equivocarse, miedo a la soledad, miedo a la muerte, etc… seguramente todos nos podemos reconocer en más de uno y podemos recordar alguna ocasión en que el miedo nos ha impedido hacer aquello que queríamos. En este sentido seguro que también podéis identificar algún momento en que habéis actuado por miedo, y no desde vuestro deseo o necesidad genuina.

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Es importante diferenciar entre el miedo como instinto primario de supervivencia y el miedo neurótico. El primero es aquel miedo que nos pone en alerta ante un posible peligro externo, por ejemplo si alguien nos amenaza con una arma.  El segundo miedo es aquel que parte de nuestra imaginación. En esta línea el miedo neurótico ha sido, y es, ampliamente promovido por los diferentes sectores de la sociedad como el ámbito político, religioso e incluso el familiar. En este sentido los medios de comunicación juegan un papel fundamental en la difusión de este tipo de miedo como un instrumento de control y homogeneización de la sociedad.

A continuación os voy a dar unas pautas para relacionaros de una forma más saludable con vuestros miedos neuróticos:

1. “No es valiente aquel que no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo”. Esta frase atribuida a Nelson Mandela ya nos advierte que no se trata de erradicar el miedo de nuestra vida, sino más bien aprender a relacionarlos con él de una forma diferente a como lo hacemos. Como hemos dicho el miedo es una emoción que nos protege cuando funciona como una alerta ante peligros presentes y reales. Sin embargo la mayoría de miedos que sentimos están más relacionados con nuestras fantasías, por tanto están vinculados a objetos o circunstancias que no se encuentran presentes en el momento actual. Estamos hablando por ejemplo del típico pensamiento catastrofista del tipo; “y si…” que tanto nos limita a la hora de tomar decisiones. El primer paso cuando nos relacionamos con nuestros miedos es reconocerlos, no querer esconderlos ni evitarlos. El reconocimiento de nuestros miedos es un acto de madurez y honestidad con nosotros mismos.

2. “Todo lo que siempre has querido está al otro lado del miedo”. Una frase de George Addair que nos refleja el efecto paralizante que tiene el miedo en nuestra vida. Sentir miedo no debe suponer dejarse llevar por él y por sus limitaciones. Si hacemos caso a nuestro diálogo interno, que nos llena de miedo y limitaciones, nunca podremos superar nuestros miedos.

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3. “Tu miedo termina cuando tu mente se da cuenta que es ella la que crea ese miedo” Alejandro Jodorowsky.  Cuando sentimos miedo debemos diferenciar  si es un miedo a algo real (por ejemplo un tigre que acaba de entrar en la habitación), o bien es un miedo a algo imaginario como un pensamiento (por ejemplo no voy a poder hablar en público). Estos últimos miedos únicamente están en nuestra cabeza, y a menudo son miedos que tampoco se justifican por ninguna experiencia traumática previa, sino más bien por patrones de pensamiento disfuncionales y limitantes, los cuales suelen estar relacionados con una baja autoestima y una baja confianza en nuestras posibilidades.

4.”La huida no ha llevado a nadie a ningún sitio”. Antoine de Saint-Exupery. Estas palabras hacen referencia a nuestra tendencia a evitar o huir de aquello que nos produce miedo. Se produce así un bucle de miedo-evitación-más miedo del que es difícil salir y que nos mantiene paralizados. Nuestra reacción ante el miedo suele seguir uno de estos tres caminos; evitar aquello que nos genera miedo, luchar contra el miedo para no sentirlo o bien rendirnos ante él y acceder a sus demandas. En todos los casos el resultado es el mismo, la perdida de libertad personal, una sensación de parálisis y una progresiva pérdida de confianza en uno mismo.

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La mala prensa que social y culturalmente se le ha dado al miedo como una emoción negativa, así como la desagradable sensación que nos genera, son los principales responsables de nuestra dificultad a relacionarnos con nuestros miedos de una forma saludable. La forma óptima de gestionar nuestros miedos es transitarlos.

Pero ¿qué significa transitar nuestros miedos?, pues simplemente aceptar que el miedo nos acompaña en nuestra vida, que es una parte de nosotros y que por desagradable que sea no nos va a dañar, ni limitar, si nosotros no se lo permitimos.

La próxima vez que sientas miedo para un momento. Identifica donde sientes el miedo en tu cuerpo, por ejemplo en el pecho. Pon tu mano donde sientas el miedo y déjate estar en contacto con él unos minutos, simplemente no haciendo nada, solo tomando conciencia de tu respiración y del mensaje de tu miedo. Una vez aceptes el miedo como una parte de ti, y no como un enemigo, pasa a la acción, no te dejes llevar por su discurso limitante. Dite a ti mismo que es posible hacer aquello que tanto temes aún sintiendo miedo, recuerda que tú eres el que tiene la decisión final. Seguramente cuando pases a la acción te darás cuenta que todos aquellos miedos que imaginabas no son tan terribles en la realidad.

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Cuando  te des la libertad de experienciar aquello que tanto temes te darás cuenta que cuanto más repitas la experiencia, menos miedo vas a sentir, y por tanto más seguridad en ti mismo vas a conseguir.

Si quieres saber más sobre el miedo, aquí te dejo otros de mis artículos relacionados con el tema:





Leslie Beebe
Terapia y Coaching Personal Barcelona

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