Como Superar el Chantaje Emocional

Como superar el chantaje emocional. El chantaje emocional es una forma de manipulación que busca controlar y ganar poder sobre una persona con la cual mantenemos algún tipo de vínculo afectivo. El chantajista se vale de sus conocimientos sobre la otra persona para manipularla y que así acceda a sus deseos. La víctima del chantaje cede a las peticiones principalmente por el miedo y la culpa que se derivan de dicha manipulación.

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El chantajista emocional suele ser una persona insegura, con una baja autoestima, que necesita de la atención y el reconocimiento de la víctima. El chantaje emocional es una estrategia que el manipulador utiliza para mantener el control en la relación, y de esta forma evitar ser abandonado o rechazado por la otra persona. No importa cuánto acceda la víctima a las demandas del manipulador, éste nunca se dará por satisfecho y siempre querrá más. La estrategia del chantajista es crear malestar en la otra persona, a través de sentimientos como el miedo y la culpa, con el objetivo que acabe aceptando sus peticiones.

La víctima es también una persona con una baja autoestima, y con un gran miedo al abandono. Con frecuencia son individuos con un gran sentido del deber y que extienden su responsabilidad a la vida y las acciones del manipulador emocional. La víctima se siente culpable si no accede al chantaje emocional y tiene la creencia, más o menos consciente, que aquello que le sucede al chantajista es su responsabilidad. Es como una ley interna que le dice que si no acepta las demandas está siendo malo y en consecuencia está poniendo en riesgo el amor y el reconocimiento del manipulador. Por otra parte, si consiente el chantaje se siente enfadado y frustrado consigo mismo, y es normal, pues está haciendo algo que va en contra de sus deseos y necesidades.

Todos en algún momento de nuestra vida hemos sido víctimas del chantaje emocional, y en otros momentos también hemos manipulado para obtener aquello que queríamos. Una de las principales explicaciones para ello la encontramos en los primeros años de vida y en la educación recibida. El chantaje emocional es un mecanismo común utilizado por la mayoría de los padres para que los hijos obedezcan y hagan lo que ellos quieren. Es común que los padres utilicen con sus hijos frases del siguiente tipo: 

“Si no lo haces, mamá no te va a querer”, “Si te vas con papá es que no me quieres", “Con lo que yo hago por ti y mira como te comportas”... y frases por el estilo que buscan obtener aquello que desean a través de hacer sentir culpa y miedo al niño.  

De esta forma el chantaje se constituye como un modo de relación aprendido, en el cual el niño crece con la creencia que para obtener el amor familiar, y por tanto ser querido y aceptado, debe pagar un precio. Llegados a la edad adulta muchas personas siguen con esta distorsión del concepto de amor, y utilizan el chantaje emocional para conseguir aquello que quieren de su pareja y de sus hijos.

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Existen múltiples tipos de manipuladores emocionales, a continuación os comento los más comunes:

1. Los castigadores. Este tipo de chantaje va destinado a limitar la libertad de la víctima a través de la amenaza. El castigador amenaza con tomar represalias si la persona no accede a sus demandas. Ejemplo : ”Si no haces esto, te dejaré”, “Si te separas no verás a tus hijos”.

2. Los autoagresivos. En este caso el chantajista amenaza con hacerse daño a si mismo si la persona no cumple con sus peticiones. Ejemplo: ”Si me dejas me suicido”.

3. Los mártires. Son personas que asumen un rol de víctima, expresándose desde la impotencia y la debilidad. Quieren hacer creer al otro que son víctimas y que su bienestar depende de él. Ejemplo: ”Sin ti no podría hacerlo”, “No podría vivir sin ti”.

4. Los seductores. Estos individuos utilizan un tipo de psicología inversa, a través de la cual recuerdan constantemente a la víctima todo lo que hacen y como se sacrifican por ella. Ejemplo: ”Con lo que yo me sacrifico por esta familia”, “Con lo que yo te quiero y así me lo pagas”.

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Si quieres salir del chantaje emocional, la terapia puede ayudarte. Para más información contacta en el teléfono 645 368 714, llamada o whatsapp, o bien rellena el formulario de contacto.

Si te has identificado con alguno de estos tipos de manipulación, a continuación os dejo unas pautas que os ayudarán a no ceder al chantaje emocional.

El primer paso consiste en reconocer que estamos siendo manipulados. Si accedemos a peticiones externas, y después nos sentimos mal, enfadados o frustrados con nosotros mismos, es un claro síntoma de que sufrimos algún tipo de manipulación.

El reconocimiento de la manipulación pasa por mirar dentro de nosotros y preguntarnos qué debilidades propias utiliza el manipulador en su chantaje. Para ello nos podemos formular preguntas del siguiente tipo;

¿Tengo una pobre opinión de mí mismo?, ¿Tengo una gran necesidad de aprobación externa?, ¿Siento la necesidad de responsabilizarme de otra persona?, ¿Tengo tendencia a ocuparme de todo y no delegar?, ¿Siento un gran vacío de amor y reconocimiento en mi interior?, ¿Con frecuencia me culpo/me responsabilizo de todo?.

Debemos ser conscientes que no podemos cambiar al chantajista ni tampoco su actitud de manipulación, y por tanto es inútil negociar con él. El manipulador nunca va a quedarse satisfecho, por mucho que pongamos de nuestra parte por complacerle, y siempre nos va a pedir más. Por este motivo el trabajo para liberarse del chantaje emocional debe ser más interno que externo. Acceder a las demandas del chantajista está directamente relacionado con la opinión y valoración de nuestra persona, es decir con nuestra autoestima y el amor hacía nosotros mismos. Si trabajamos para ganar autoestima seremos menos susceptibles a caer en las redes del manipulador emocional.

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Cuando alguien te pida algo, tómate tu tiempo para contestarle. Muchas veces actuamos de forma automática y decimos que sí a las peticiones externas en un afán de agradar y de ser aceptado por el otro, cuando quizás no nos va bien, no es nuestra responsabilidad o simplemente no queremos hacerlo. Darte un tiempo antes de responder te permitirá escucharte a ti mismo y valorar los pros y los contras de tu decisión.

En caso que te sientas incómodo con la petición, simplemente di no, sin dar demasiadas explicaciones. No te intentes justificar excesivamente, pues tu respuesta perderá fuerza. Recuerda que debes expresarte de forma directa y asertiva pues en caso contrario corres el peligro de caer en el discurso manipulador del chantajista.

Mira de poner unos límites claros respecto a aquello que vas a permitir y lo que no. En la mayoría de ocasiones la víctima acepta el chantaje sin rechistar. Si eres ese tipo de persona la próxima vez que te intenten manipular prueba a no quedarte callado y exprésale como te hacen sentir sus demandas. Puedes responderle con preguntas o afirmaciones del siguiente tipo:

“¿No crees que es tu responsabilidad y no la mía?”, ”No voy a permitir que me manipules más”, “No voy a acceder a tus peticiones, me siento utilizado “, “¿Crees que es justo lo que me pides?”,  “No dependo de ti y no voy a hacer lo que me dices”, “¿Te parece lógico y razonable lo que me pides?”, “No voy a permitir que me hagas sentir culpable”… y frases de este estilo. Puedes buscar cuáles se adecuan más a tu situación y utilizarlas cuando sea necesario.

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Obviamente reaccionar contra el chantaje y utilizar alguna de las expresiones anteriores no es fácil, sin embargo debemos escoger entre pasar un mal rato al tener que enfrentarnos al manipulador, o bien quedarnos con el enfado y la frustración durante horas o días por haber accedido a algo que no queríamos hacer.  Como nos dice el refrán: “Más vale una vez colorado que cien descolorido”.
Es muy importante que entendamos que es posible decir no, o poner un límite claro, aun sintiéndonos culpables por ello.

Por último quiero comentar que no es fácil cambiar las dinámicas de manipulación y chantaje emocional en las que uno puede estar inmerso. Por este motivo es recomendable que si sufres chantaje emocional busques ayuda profesional. La terapia es un trabajo personal que te permitirá ganar autoapoyo y te aportará herramientas de gestión emocional para que puedas enfrentar este tipo de situaciones desde una posición de presencia y fuerza, evitando caer de nuevo en el chantaje emocional.

"Somos fácilmente engañados por aquellos a quien amamos". Molière


Leslie Beebe



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Como Abandonar una Relación de Pareja Tóxica

Como abandonar una relación de pareja tóxica. Cuando buscamos el amor en una relación nos imaginamos una persona buena, respetuosa, con la que aprender y sentirnos bien a su lado. Sin embargo, en más ocasiones de las esperadas, caemos en lo que se denomina como relación de pareja tóxica; una relación que nos lastima física, emocional o psicológicamente. Vivir una relación tóxica es muy nocivo y si no lo remediamos puede derivar en problemas de salud como la depresión o los trastornos de ansiedad. Salir de una relación de este tipo no es fácil, y con frecuencia se necesita de ayuda terapéutica para ello, no obstante con esfuerzo y constancia la salida es posible.

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Por norma general la persona que se encuentra atrapada en este tipo de relación es incapaz de ver su estado hasta que la situación llega a un punto en que aparecen los síntomas de sufrimiento físico y/o psíquico.

A continuación voy a comentar algunos indicios que pueden indicar que se está viviendo una relación de pareja tóxica:

Desconfianza y miedo hacía la pareja.

Presencia de algún tipo de abuso, se suele empezar con gritos y faltas de respeto para ir evolucionando hacía situaciones más extremas como el abuso sexual o el maltrato físico.

Sentirse cohibido y sin libertad para expresar al otro emociones, sentimientos y opiniones.

Miedo a las reacciones de la pareja.

Actitud excesivamente complaciente hacía el otro.

Sentimientos habituales de ira y frustración.

Sentirse controlado por la pareja, sin libertad de movimientos.

Sentirse maltratado de alguna forma por la pareja (física, psíquica o emocionalmente).

Una vez la persona es consciente que puede estar viviendo una relación tóxica, también se da cuenta de su enorme dificultad para dar el paso y salir de ella. Los motivos para quedarse en una relación dañina pueden ser diversos, aunque generalmente están relacionados con alguno de estos miedos: el miedo a la soledad, el miedo al abandono o el miedo al rechazo. 

Un elemento común en las personas que sufren de una relación tóxica es una baja autoestima y una poca confianza en sí mismos, donde prevalece la creencia que es mejor vivir acompañados, aunque la relación les sea dañina, que enfrentarse a la idea de tener que vivir solos. Sería el mensaje opuesto a aquel proverbio que nos dice “Mejor solo que mal acompañado”.

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Si sientes que estás viviendo una relación de pareja tóxica y quieres salir de ella, la terapia puede ayudarte. Rellena el formulario de contacto o bien llama al 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

Este tipo de situaciones suelen complicarse con el paso del tiempo. La persona sometida a una relación tóxica minimiza el problema y se busca excusas a sí misma para no abandonar al otro, y de esta forma no tener que enfrentarse a sus propios miedos. Con frecuencia hasta que no se llega a una situación extrema, como una crisis de ansiedad o una depresión, la persona no empieza a tomar cartas en el asunto.

Algunas de las justificaciones que adoptan las personas que mantienen este tipo de relaciones es decirse a sí mismas que la situación no está tan mal, o bien se explican la historia que su pareja va a cambiar. En este sentido tampoco ayuda el hecho que la persona tóxica actúe de una forma diferente y errática según el momento, es decir que en ocasiones humille a la pareja, y en otras le exprese su amor a través de regalos y promesas futuras. Esta actitud provoca en la persona mucha inestabilidad y dudas, alimentando sus falsas esperanzas de que el otro cambiará para cumplir su ideal de pareja.

La posibilidad de abandonar la relación puede conectar a la persona con otros aspectos de sí mismo; el primero es su miedo a cómo reaccionará su pareja ante la noticia, y las consecuencias que supondrá esta decisión. En casos donde existe violencia física este tipo de miedo se encuentra muy presente. Otros aspectos habituales pueden ser la aparición del sentimiento de culpa por dejar la relación, y el miedo al juicio externo de amigos y familiares si se toma la decisión de abandonar a la pareja.

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A continuación os dejo algunas estrategias que os pueden ayudar a salir de una relación tóxica:

El primer paso es preguntarnos dos cuestiones que yo considero fundamentales,  primero; “¿Soy feliz con mi pareja? y segundo; ¿ Le quiero y me siento querido por mi pareja?.  No debemos tener miedo a admitir que no somos felices y que no nos sentimos queridos. Cuando antes admitamos esta realidad, mucho mejor para nuestra salud física y emocional. Es importante diferenciar entre fantasía y realidad, es decir entre aquello que habíamos imaginado sobre nuestra pareja, y lo que ha acabado sucediendo en la realidad. Aunque nos cueste, debemos sostener la frustración y aceptar que la realidad no siempre coincide con aquello que nosotros queremos o deseamos, y no porque hayamos hecho algo mal, sino porque no disponemos del control total sobre nuestra vida. 

En esta linea es importante que entendamos que por mucho que lo intentemos, tampoco tenemos la facultad de cambiar a la otra persona, y moldearla a nuestro gusto. Debemos pues aceptar lo que hay, para lo bueno y para lo malo, y a partir de aquí decidir si realmente queremos seguir al lado de esa persona. Es importante entender que el cambio suele surgir de la voluntad propia por cambiar, es decir cuando uno siente la necesidad, y no por influencias o presiones de otras personas.

Llegados a este punto debemos decidir si realmente vale la pena luchar por nuestra relación. Si queremos seguir con esa persona lo fundamental es hablar de la situación con ella y poner las cartas encima de la mesa. En este punto puede plantearse a la pareja algún tipo de ayuda, como la terapia individual o de pareja, para reconducir la situación y recuperar el equilibrio en la relación.En estos casos no valen las simples promesas por parte de la persona tóxica del tipo: "te aseguro que cambiaré", sino que el compromiso de cambio debe ir ligado a algún tipo de acción, como la búsqueda de ayuda profesional.

En caso que decidamos dejar a nuestra pareja nos enfrentaremos a una situación muy difícil, en la que se abren muchas incógnitas y se despiertan multitud de miedos. En estas circunstancias puede ser aconsejable no enfrentarse a esta situación solos y pedir ayuda a amigos, familiares, o bien ayuda terapéutica. No obstante si decidimos abandonar la pareja nuestra decisión debe ser firme. Es importante que se produzca la separación física y no dar pie a posibles reconciliaciones o esperanzas futuras.

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Otra idea que deberíamos adoptar ante este tipo de circunstancias es que el amor no es unidireccional, es decir que el amor no sucede porque uno lo desee y se esfuerce al máximo para conseguirlo, sino que es cosa de dos. Los dos miembros de la pareja deben ir en una misma dirección, y aunque en ocasiones existan disputas, lo más importante es la voluntad de ambos para transitar el camino juntos, sintiendo que el otro nos importa y que importamos al otro. Nunca se deben justificar, ni tampoco aceptar,  manifestaciones como las faltas de respeto, el menosprecio y la indiferencia hacía nuestra persona, claros síntomas de una relación de pareja tóxica.

Es importante empezar a pensar más en uno mismo y menos en el otro. Un claro síntoma de una relación tóxica es haber pasado mucho tiempo pendiente exclusivamente de la pareja, olvidando nuestras necesidades y deseos. Por este motivo ha llegado el momento de empezar a cuidarnos y reencontrar nuestro camino; recuperando ilusiones y proyectos que teníamos olvidados. No debemos quedarnos anclados en ideas como la búsqueda de culpables por la situación vivida, la autoculpabilización o la desvalorización personal, pues no conducen a buen puerto. En la medida de lo posible debemos focalizar nuestros esfuerzos en el cuidado de nuestra persona y en el futuro prometedor que nos espera.

Como hemos comentado anteriormente, los principales obstáculos que nos pueden impedir abandonar a nuestra pareja son nuestros miedos más profundos. Ante ellos lo importante es no dejar que tomen el control y nos paralicen. Debemos tener claro que es posible dar el paso, incluso con miedo. Asimismo debemos pensar que los miedos suelen ser mucho más terroríficos en nuestra mente, como fantasía, que no lo que verdaderamente acaba sucediendo en la realidad.

Por último quiero decir que si nos sentimos inmersos en una relación de pareja tóxica debemos pensar que no estamos solos; disponemos de amigos, familiares y compañeros de trabajo que nos pueden ayudar. Asimismo la terapia también puede ser de gran ayuda en estos casos, actuando como una muleta que nos apoye en estos duros momentos y nos acompañe para dar el tan temido paso. 

¡Adelante, tú puedes!.

A continuación os dejo un par de artículos relacionados con esta temática:

Como terminar mi relación de pareja

Como tratar con personas tóxicas


Leslie Beebe
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Como Superar el Miedo a la Soledad

Como superar el miedo a la soledad. Uno de los principales miedos que me comentan las personas que acuden a terapia es su miedo a estar solos. Existen momentos en la vida en que ese miedo se manifiesta con más fuerza, momentos como rupturas sentimentales, separaciones matrimoniales o la muerte de un ser querido.

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En el ámbito cultural y educativo la soledad siempre ha tenido mala prensa. Desde pequeños se nos enseña que la soledad es algo malo, que debemos evitar. De esta forma crecemos pensando que necesitamos encontrar a alguien para compartir la vida, y así no quedarnos solos. Algunos clientes me comentan que para ellos la soledad es sinónimo de haber fracasado; otros que no tener pareja significa que algo deben estar haciendo mal, o bien que algo defectuoso deben tener que no encuentran a nadie para compartir su vida.

El miedo a la soledad está muy generalizado y es muy común, pues está íntimamente ligado a la evolución del hombre como especie. El hombre es un ser social por naturaleza que necesita de la comunicación con otros para su desarrollo. Asimismo el hombre nace en una total fragilidad y desprotección, lo que supone que debe depender de los padres durante un largo periodo de tiempo, mucho mayor que el resto de especies que habitan en el planeta. Estos factores condicionan nuestra vida y también nuestros miedos.

A nivel social, vivimos en una sociedad que se mueve a un ritmo trepidante. Cada vez existen más estímulos externos que nos aíslan de nosotros mismos para entrar en una vorágine de hacer constante. La tecnología actual nos permite conectar con cientos de personas de todo el mundo; en consecuencia, sería lógico pensar que deberíamos sentirnos menos solos, sin embargo los estudios demuestran todo lo contrario. Sentirse solo es uno de los principales males que manifiesta la sociedad actual.

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Si sientes que sufres por tu soledad, la terapia puede ayudarte. Rellena el formulario de contacto o bien llama al 645 368 714

Creo que es importante distinguir entre estar solos y sentirnos solos. Como resultado de la vinculación que establecemos entre soledad con aquello que es desagradable o negativo, sentirnos solos es una sensación que deseamos evitar a toda costa. Sin embargo, estar en soledad no debería significar sentirnos solos; cuando establecemos esa relación estamos obviando un aspecto importante de la soledad, que es la soledad como un espacio íntimo, de introspección y reflexión. Como seres humanos necesitamos del contacto con el resto de personas y con el mundo, no obstante también necesitamos de esos momentos de soledad para conectar con nosotros mismos, simplemente dejándonos estar en el silencio. Una soledad que es elegida y que por tanto no debe ser desagradable, pero que en el mundo vertiginoso en el que vivimos cada vez parece más difícil de conseguir.

A continuación os planteo algunas recomendaciones para vivir la soledad de una forma diferente y más saludable:

Es importante que tomes conciencia de aquello que te dices sobre la soledad y escuchar cuales son tus pensamientos al respecto. No debes olvidar que aquello que sientes deriva en gran parte de la actitud y los pensamientos que tengas. Si piensas que la soledad es negativa y desagradable, las emociones que experimentes y tu estado de ánimo van a ir en la misma dirección.

Relacionado con el punto anterior, una vez tomes conciencia de tu actitud y tus pensamientos respecto a la soledad, debes intentar cambiarlos por otros de más positivos y que favorezcan tu autoestima.

Un gran porcentaje de personas vinculan sentirse solos con sentimientos de abandono y de desvalorización personal. Si te mantienes en una posición de víctima, difícilmente conseguirás cambiar tu concepción negativa sobre la soledad. Es importante que adoptes una actitud activa y te hagas preguntas que sumen y que no resten, del tipo;

“¿Qué está en mi mano hacer para no sentirme solo?, ¿Estar solo me impide hacer aquello que yo quiero o deseo?, ¿Sentir la soledad significa que no puedo hacer cosas valiosas para mí o para los demás?, “¿Qué beneficios y qué perjuicios me aporta seguir quejándome por mi soledad?” .

Debes enfocarte en el presente y en proyectos futuros, para así no quedarte anclado en el pasado. Existen personas que viven en el rencor por situaciones pasadas, lo que les lleva a recluirse y a sentirse solas y abandonadas. Un ejemplo son aquellas personas que han sufrido un desengaño amoroso y que se niegan a mantener nuevas relaciones. En estos casos es necesario aprender de las experiencias pasadas, pasar página  y seguir con nuestro camino. Por mucho que nos duela el pasado no está en nuestra mano cambiarlo, pero sí podemos aprender de ello para vivir las situaciones que nos plantee el futuro de una forma diferente.

Es importante que desidentifiques el tener una relación con ser feliz. Aunque las películas de Hollywood nos muestren lo contrario, todos aquellos que tenemos o hemos tenido una relación sabemos que no es un camino de rosas, y como en la vida existen momentos felicidad, pero también momentos de tristeza o de enfado en la relación. No obstante debemos recordar que siempre es preferible estar en soledad que mantener una relación tóxica por el miedo a estar solo. 

En este sentido es importante que tengas en cuenta que tu idea sobre estar solo, suele ser mucho peor que lo que acaba sucediendo en la realidad. Una vez te dejes la libertad de contactar con tu soledad, también tomarás conciencia que no es tan mala como habías imaginado, e incluso con el tiempo aprenderás a disfrutar de tus momentos de soledad.

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Reconoce que tienes miedo a la soledad, exponte a ella y analiza qué aspectos te dan miedo de estar solo. Bajo la soledad suelen existir miedos más instintivos y primarios como el miedo al abandono. La terapia es una oportunidad única para poder analizar estos miedos y llegar a superarlos.

Analiza como son tus relaciones y pregúntate si realmente estás con gente por miedo a quedarte solo. Si te dejas llevar por tu miedo estarás actuando desde una máscara para querer complacer y evitar así que los otros te abandonen, lo que afecta negativamente tu dignidad y tu autoestima. Distingue entre las relaciones sinceras, que se mueven desde tu deseo por compartir, de aquellas más neuróticas que surgen de tu miedo a la soledad.

Elabora una lista con los aspectos positivos de la soledad. Algunos de ellos pueden ser: contactar contigo mismo, dar un espacio a tus deseos y necesidades, parar el ritmo frenético en el que vives, etc...

Trabaja con la visión que tienes de ti mismo; piensa que tú eres lo más importante. La soledad puede estar relacionada con tu deseo de encontrar otra persona para que te complete y llene el vacío que sientes. Es importante que comprendas que si no consigues ser feliz por ti mismo, nunca podrás serlo en compañía. La necesidad del otro para ser feliz es un claro síntoma de una baja autoestima y una poca valoración de tu persona. Si te sientes así, quizás sea un buen momento para empezar una terapia que te ayude a recuperar tu autoestima.

Para terminar os dejo con unas palabras del escritor Carlo Dossi sobre la soledad:

“¿Por qué, en general, se rehuye la soledad?, porque son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos”


Leslie Beebe
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Estrategias Para La Ansiedad

Estrategias para la ansiedad. La ansiedad se ha convertido en un trastorno habitual entre nosotros, así como un tema frecuente en las consultas de terapia, donde cada vez hay más personas que buscan estrategias para superarla. Las causas que generan la ansiedad son diversas, no obstante podemos destacar algunas comunes como el ritmo acelerado en el que vivimos, la crisis económica que hace algunos unos años que nos acompaña y nuestra falta de aprendizaje a la hora de gestionar nuestras emociones. Obviamente la intensidad, la situación y la forma como es vivida la ansiedad es diferente según cada persona, por tanto no podemos generalizar. Una situación que a una persona le pueden pasar inadvertida, para otra persona puede ser generadora de una fuerte ansiedad.

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Definimos como ansiedad una respuesta adaptativa del ser humano ante un estímulo que la persona percibe e interpreta como peligroso. Ante dicha amenaza nuestro organismo responde para protegernos de la amenaza; ya sea evitando el peligro, enfrentándonos a él o bien escapando. Sin embargo esta función protectora pierde su razón de ser cuando el peligro del que quiere protegernos no está presente o bien no es real. En estos casos nuestra imaginación empieza a trabajar, fantaseando y anticipando peligros, cuando en una elevado porcentaje de los casos lo temido nunca llega a suceder, o al menos en el grado en que lo imaginamos.

Puede ser que la ansiedad surja por una situación sobre la que no tenemos una experiencia previa, y por tanto tememos, sensación lógica ante lo nuevo y desconocido. En estos momentos es habitual que nuestra mente empieza a fantasear con toda una serie de pensamientos catastróficos, limitantes y negativos sobre el resultado de la experiencia. Si no paramos este tipo de pensamiento lo que conseguimos es ponernos cada vez más nerviosos, y que nuestros niveles de ansiedad vayan en aumento. 

Otras veces la ansiedad se puede manifestar al revivir una experiencia pasada de la que no guardamos un buen recuerdo, que no pudimos superar o bien que nos afectó emocionalmente. En este caso también nuestro pensamiento se dispara, recordando lo mal que lo pasamos la última vez y anticipando un nuevo desastre, por lo que la sensación de ansiedad va en aumento. En todos estos casos la ansiedad pasa de ser un mecanismo anticipatorio que nos permite defendernos de un peligro presente, a ser un mecanismo limitante, que nos abruma y paraliza.

La ansiedad consta de tres elementos; el físico, el cognitivo y el conductual.

Cuando hablamos del elemento físico de la ansiedad nos referimos a los cambios físicos que se producen en nuestro cuerpo al activarse la ansiedad, por ejemplo la tensión muscular, la respiración rápida, el aumento de la presión sanguínea, la sudoración, así como la liberación de distintas hormonas como la adrenalina. La adrenalina provoca que nuestro corazón lata más rápido para llevar sangre allá donde es más necesaria. En esos momentos nuestro ritmo respiratorio se acelera para obtener el oxígeno necesario, sudamos para evitar el sobrecalentamiento y nuestro sistema digestivo se ralentiza para llevar más sangre a los músculos. Nuestro cerebro se encuentra en total alerta y nuestros sentidos se agudizan. Todo nuestro cuerpo está a punto para enfrentar la amenaza, sin embargo como hemos dicho anteriormente la amenaza no está presente ni es real, respondiendo a una fantasía de nuestra mente. En estos casos nuestro cuerpo se queda con toda la energía acumulada para la acción al no poder descargarla. 

Es por este motivo que la persona que padece ansiedad sufre de malestar la mayor parte del tiempo, pues aunque en ese preciso momento su pensamiento no esté focalizado en aquello que le hace sentirse ansioso, la energía se encuentra en su cuerpo dispuesta a ser liberada. Este malestar se puede manifestar a través de síntomas como tensión en el cuerpo, migrañas, dolor articular, mareos o sensación de nudo en el estómago, entre otros. Es por este motivo que si sufrimos de ansiedad es importante hacer algún tipo de ejercicio físico, para ayudarnos a descargar toda la energía que no hemos liberado.
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Si quieres aprender estratégias para tolerar mejor tu ansiedad, la terapia puede ayudarte. Infórmate sin compromiso en el teléfono 645 368 714 o bien rellena el formulario de contacto.

Respecto al elemento físico quiero acabar diciendo que es muy común que nos asustemos por los síntomas que nos provoca la ansiedad, pensando que cuando éstos aparecen sufrimos de alguna enfermedad más grave, cuando en realidad no es así. Cuando nos asustamos ante los síntomas lo que hacemos es focalizar nuestra atención en ellos, dándoles un mayor protagonismo y haciendo que estos aumenten. Cuando nos dejamos llevar por el miedo y luchamos a toda costa por no sentirnos mal, lo único que conseguimos es favorecer a que los síntomas de la ansiedad aumenten, pudiendo llegar a sufrir lo que denominamos como crisis de ansiedad o ataque de pánico.

Por este motivo la próxima vez que sufras de síntomas asociados a la ansiedad, piensa que solo es eso, ansiedad, y que por tanto no sufres de ninguna enfermedad grave, ni mucho menos vas a morir o perder el control. Sobretodo intenta no luchar contra la ansiedad ni quieras controlarla, pues el efecto va a ser el opuesto al esperado. En estos desagradables momentos simplemente focaliza tu atención en la respiración, inhalando y exhalando profundamente durante unos minutos y verás como tu ansiedad se reduce.

El segundo elemento que conforma la ansiedad es el elemento cognitivo. El elemento cognitivo son los pensamientos, creencias, percepciones e interpretaciones que aparecen cuando anticipamos un determinado peligro. Cuando la ansiedad toma el control vivimos estos pensamientos como si fuesen una certeza, sin ápice de duda. Por ejemplo ante un examen es diferente pensar “Puedo suspender el examen, pero he estudiado y quiero aprobar” que “No hay nada que hacer, voy a suspender el examen”. Si nos decantamos por la segunda opción estamos activando la ansiedad. A medida que seguimos pensando así la ansiedad va en aumento y nuestras posibilidades de suspender el examen también. Por este motivo la próxima vez que te enfrentes a una situación que te genere ansiedad, toma nota de cuáles son los pensamientos que la alimentan y pónlos en duda. Las siguientes preguntas te pueden ayudar a que no aceptes incondicionalmente todo lo que te dicen tus pensamientos:  

¿Qué indicios o experiencia previa tengo para creer que eso va a ser así?, ¿En qué me ayuda tener este tipo de pensamientos?, ¿Qué es lo peor que me puede pasar si sucede aquello que tanto temo, y qué pasaría conmigo entonces?, ¿Qué es lo más probable que me pase?... preguntas de este tipo te ayudaran a contactar con la realidad y evitaran que tu imaginación se dispare con pensamientos catastróficos y negativos.

Una vez tengas anotado tus pensamientos te darás cuenta que la mayoría de ellos son pensamientos pesimistas, limitantes y de desconfianza sobre ti mismo y sobre tus aptitudes. Una vez tomes conciencia de ellos, mira de cambiarlos por otros de positivos, que favorezcan la seguridad en ti mismo. Al principio quizás los encuentres extraños y poco creíbles, sin embargo si eres constante con ellos y te los repites diariamente, al cabo de un tiempo verás que se han convertido en un hábito y que surgen de ti de forma espontánea.

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El último de los aspectos que conforma la ansiedad es el aspecto conductual. El aspecto conductual son las acciones que tomamos o evitamos tomar a causa de la ansiedad. Por ejemplo si nos sentimos nerviosos ante un examen, podemos empezar a mordernos las uñas o a caminar de un lado a otro de la habitación. La forma como cada uno de nosotros actuamos ante situaciones que nos generan ansiedad depende de múltiples variables, algunas de ellas son: el detonante que ha activado la ansiedad, nuestra habilidad de manejar la situación o bien la relación que establecemos con alguna experiencia pasada.

No obstante quizás el punto más importante a tener en cuenta son aquellas acciones que evitamos hacer a causa del miedo generado por la ansiedad. Cuando nos sentimos bloqueados por el miedo una de las reacciones más comunes es evitar la situación que ha generado dicho miedo. Lo que en un principio parecería una solución rápida para el problema, con el tiempo se convierte en una trampa, pues la evitación pasa a ser en un mecanismo defensivo que vamos a ir generalizando a más actividades y situaciones de nuestra vida. 

Huir y querer evitar las situaciones por miedo a sentir ansiedad lo que provocará es una clara limitación de nuestra libertad personal, así como una reducción en la confianza que tenemos sobre nosotros mismos. El único antídoto ante la actitud evitativa es la confrontación con la situación generadora de miedo. Enfrentar aquello que tememos nos ayudará a ganar confianza en nosotros mismos y nos permitirá tomar conciencia que aunque el miedo esté presente no debe ser un impedimento para realizar aquello que queremos. En palabras del escritor norteamericano Jack Canfield: “ Todo aquello que deseas está al otro lado del miedo”.

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Para terminar te dejo un ejercicio para tomes conciencia de cómo se activa la ansiedad en ti.

Busca una situación susceptible de generarte ansiedad y contesta a las siguientes preguntas:

       ¿Cómo me siento corporalmente?
       ¿Cúales son mis pensamientos?
       ¿Cómo reacciono, qué hago o qué evito hacer?

Este ejercicio te permitirá conocer un poco más sobre tus reacciones ante la ansiedad, viendo cómo están conectados los tres elementos que hemos comentado y en qué medida te afectan.
  
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Asimismo si quieres conocer más sobre la ansiedad, aquí te dejo otros de mis artículos sobre el tema:

Crisis de ansiedad, qué hacer.
Como vencer la ansiedad social
Como gestionar mejor mi ansiedad

Leslie Beebe



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Terapia para Agorafobia

Terapia para agorafobia. La agorafobia es un trastorno de ansiedad que consiste en un intenso miedo a lugares o situaciones en los cuales la persona percibe que va a sufrir una crisis de ansiedad. En esos momentos la persona experimenta una gran inseguridad y se siente incapaz de superar la situación sola.

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La agorafobia está estrechamente relacionada con el trastorno de pánico, el cual se caracteriza por la manifestación de ataques de pánico o crisis de angustia.

Cuando una persona sufre una crisis de angustia experimenta síntomas físiológicos (como palpitaciones, sudoración, náuseas, mareos y molestias abdominales, entre otros), así como síntomas cognitivos (pensamientos de que va a perder el control, volverse loco o que va a morir). El miedo que la persona percibe en esos momentos queda fijado en su memoria, por lo que empieza a temer que un ataque similar lo pueda volver a afectar y que sea incapaz de controlarlo. De esta forma la persona adopta una tendencia que es evitar el lugar o situación en la que se produjo el ataque, e incluso aquellas que se le parecen. Es a partir de ese momento donde puede desarrollarse un trastorno de agorafobia.

La tendencia a la evitación como respuesta al miedo, provoca que progresivamente la persona vea más fantasmas allí donde no los hay, es decir que empiece a evitar un mayor número de lugares y situaciones en los que teme que el ataque pueda volver a repetirse. Asimismo la persona se hace gradualmente más dependiente de la ayuda de otros para poder salir de casa. Esta dependencia supone que la persona se sienta cada vez más insegura, afectando negativamente su autoestima y derivando en un posible trastorno depresivo, si no se toman medidas a tiempo.

Se estima que un 4% de la población sufre de agorafobia, con una edad promedio entre 20 y 40 años, y lo podemos definir como un trastorno del sistema cognitivo-conductual de la persona, el cual se desarrolla de la siguiente forma:

Primero, se reacciona de una forma desmesurada ante situaciones normales, los motivos a esta hipersensibilidad son múltiples y varían según cada persona, por mencionar algunos podemos destacar dos de comunes como ser el producto de un trauma emocional vivido en el pasado, o bien como consecuencia de una época de estrés continuado. No obstante en todas ellas la reacción de la persona es la misma,  sentir un elevado miedo cuando en realidad no hay motivo para ello.

Posteriormente esta percepción de intenso miedo queda grabada en la persona como un recuerdo muy vivido de las sensaciones y pensamientos desagradables experimentados en ese momento. La persona hace una asociación de la reacción sentida con el momento o lugar en qué sintió el miedo. De esta forma se desarrolla un condicionamiento en la mente de la persona entre sensación y circunstancia vivida. 

Progresivamente el miedo que siente la persona a volver a pasar por una situación similar se va ampliando a más circunstancias de su vida, y en consecuencia la persona actúa evitando cada vez más lugares que relaciona con su miedo. A mayor evitación más fuerte se hace el miedo, también mayores son los lugares peligrosos y más limitada se vuelve la vida de la persona.

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En la agorafobia hablamos de un bucle de ” miedo al miedo”, es decir que aunque el detonante que despertó el intenso miedo en un primer momento ya no exista, o la situación haya cambiado, la persona sigue sintiendo miedo. En este caso el miedo ya no es una respuesta al estímulo inicial que lo activó, sino un intenso miedo a que vuelva a repetirse una crisis de angustia como la vivida con anterioridad. Por ejemplo la persona no teme al espacio concurrido en sí mismo, sino que tiene miedo a que el ataque de pánico vuelva a repetirse en ese lugar.

¿Qué hacer en caso de sufrir de agorafobia?. A continuación os voy a dar unas pautas que os pueden ayudar en el proceso de superación de este trastorno. Sin embargo algo muy importante que quiero destacar es que la agorafobia es un trastorno de salud, y por tanto debe ser diagnosticado por un médico y posteriormente tratado por un profesional de la terapia. Si sentimos que podemos estar padeciendo este tipo de trastorno el primer paso es acudir a un profesional médico para que realice el diagnóstico pertinente. Asimismo y dependiendo del caso será necesario medicación para tratarlo. Una vez diagnosticado es importante acudir a un profesional para empezar el proceso de terapia que nos ayude a superarlo.

1. En primer  lugar es importante que la persona que sufre de agorafobia defina cual es su miedo y las consecuencias temidas. Por este motivo si sufres este tipo de trastorno sería interesante  que apuntases en una lista los siguientes parámetros; las situaciones en que surge el miedo,  las consecuencias más temidas, los síntomas fisiológicos y los pensamientos relacionados con la situación. Una vez apuntados puedes plantearte la veracidad de esos pensamientos, por ejemplo si piensas “me va a dar un ataque al corazón”, las cuestiones a preguntarte serían del tipo:¿Cómo sé que me va a pasar eso?, ¿Qué experiencia previa o datos tengo sobre ello?, ¿Es algo que puedo comprobar en mi realidad presente, o bien surge de mi fantasía?. Este trabajo es lo que en terapia se denomina reestructuración cognitiva.

2. El segundo paso es realizar una lista donde escribas qué te gustaría hacer si no sufrieses agorafobia  y qué metas deseas alcanzar. Debe ser una lista de propósitos lo más específica posible. Ordénalas de menor a mayor dificultad. Esta lista te clarificará el camino a seguir.

3. El tercer paso sería que tomases conciencia de las técnicas que has utilizado hasta el momento para solucionar el problema y que no han funcionado. Seguramente estará relacionado con la evitación de lugares o actividades que asocias a tu miedo. Debes entender que la única forma de vencer tus miedos es enfrentándote a ellos; no obstante también debes tener en cuenta que la superación de tus miedos es un proceso gradual, que lleva su tiempo. Para ello puedes utilizar la lista mencionada anteriormente.

Por ejemplo fíjate un objetivo como “salir sola para hacer la compra en el supermercado de la esquina”. Cada día debes salir e intentarlo, no importa  si al principio no llegas. Repite este ejercicio los días que sea necesario y valora tu progresión. Una vez alcances tu meta, repítela varias veces para ganar confianza en ti mismo y en tus posibilidades. Es importante que sobre todo no huyas de la situación y vuelvas a casa inmediatamente. Si en algún momento te sientes superado por el miedo,  simplemente párate, conecta con la respiración, apóyate o siéntate si lo necesitas, pero no intentes escapar del lugar. Debes darte cuenta que eres tú quién a través del pensamiento alimentas tus miedos. Contactar con el cuerpo y la respiración pueden ayudarte en los momentos que te sientas sobrepasado por el miedo.

Si sientes que no avanzas en tu progreso, revisa tu lista de objetivos, quizás en un punto sean demasiado ambiciosos por el momento. En este caso fíjate un objetivo intermedio, por ejemplo salir hasta el supermercado y volver a casa, sin pararte a hacer la compra. Después puedes optar por ir subiendo la dificultad, como ir al supermercado y comprar una única cosa solamente, hasta alcanzar tu objetivo final de hacer toda la compra.

4. En cuarto lugar debes tener en cuenta que enfrentar tus miedos no significa que no vayas a sentir miedo alguno, seguramente enfrentarte a aquello que temes te va a producir miedo, no obstante una cosa es sentir miedo y la otra dejar que el miedo te paralice. El mejor consejo en estos casos es dejarte estar con el miedo y no huir, aceptándolo tal y como es aunque no sea de tu agrado.  Aceptar las sensaciones desagradables que te puede provocar el miedo, sin rendirte ni escapar, es un punto clave en la recuperación de la agorafobia.

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Cuando te enfrentes a tus miedos te ayudará recordar los siguientes puntos:

Recuerda que las sensaciones que sientes en tu organismo por el miedo simplemente son una reacción exagerada del organismo ante el estrés.  Aunque sean sensaciones desagradables piensa que no son peligrosas para tu salud, ni tampoco son síntoma de ninguna enfermedad grave.

Evita aumentar tu sensación de pánico con pensamientos atemorizadores sobre lo que te está pasando y respecto todo lo malo que te puede ocurrir. Limítate a contactar con tu cuerpo y tu respiración dejándote estar en esa sensación desagradable. Observa como si te dejas estar con el miedo, aceptándolo, sin luchar ni queriendo escapar de él, su intensidad se reducirá al cabo de un rato. Es importante que evites querer controlar aquello que estás sintiendo.

Cambia tus pensamientos negativos y catastrofistas por otros que te produzcan calma y bienestar. Por ejemplo intenta cambiar frases como “me voy a morir”, por “es solo una reacción desproporcionada, pronto pasará”. La combinación entre los pensamientos positivos y la conexión con tu cuerpo y tu respiración te ayudarán notablemente a reducir la ansiedad del momento.

Trata de estar lo más cómodo posible ante la situación de pánico, pero no escapes de ella. Si la sensación de miedo intenso te sucede en la calle, prueba a encontrar una pared o lugar para apoyarte. 
Si estás en una tienda mira de encontrar un asiento cerca donde sentarte. Por ningún motivo salgas corriendo o huyas de la situación para volver a casa.

En esos momentos de elevado miedo procura distraerte. No prestes atención a lo que está sucediendo en tu interior y tampoco alimentes tu pensamiento catastrofista. Focaliza tu atención hacia fuera, en quienes te rodean y en el lugar donde te encuentras.

Recuerda que el objetivo de practicar ante situaciones amenazantes es poder superar tu miedo, es por tanto una oportunidad para progresar. No pienses en todo aquello que aún no puedes hacer por culpa de la agorafobia, o te preguntes repetidamente porque te pasa esto a ti. Cambia esos pensamientos por otros como pensar  en todo lo que llevas conseguido hasta el momento, y en cómo te vas a sentir cuando alcances aquello que te has propuesto.

5. Superar un trastorno de agorafobia es un largo camino, por lo que debes tener en cuenta las posibles recaídas. Lo importante es adoptar una actitud positiva, de que no vas a abandonar. Debes seguir adelante, aunque no avances en el proceso cada día, e incluso haya días en que sientas que has fracasado. A veces, puede parecerte que durante el proceso no estás avanzando tanto como a ti te gustaría, sin embargo no te preocupes, con la práctica llegarán los resultados.

6. Si padeces de agorafobia seguramente has dejado de lado actividades sociales y lúdicas que antes hacías, para centrarte únicamente en tu miedo a salir solo de casa. No obstante es importante que cambies la rutina de estar en casa por otra que sea salir y desarrollar actividades fuera de ella, por ejemplo; quedar con la familia y amigos para hacer alguna actividad en el exterior, apuntarte a clases de algún tema que te interese o ir al gimnasio. Debes tener presente que como más pospongas hacer actividades, más te va a costar recuperar tu vida, por tanto aunque sea de forma progresiva y lenta la cuestión es empezar e ir avanzando para recuperar tu vida.

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Si sufres de agorafobia la terapia puede ser el acompañamiento perfecto para ayudarte a salir de ella. Contacta conmigo en el 645 368 714 o bien rellena el formulario de contacto y te informaré sin compromiso


Espero que estos consejos te ayuden en la superación de la agorafobia. No obstante me remito a lo anteriormente dicho, en caso de que  creas que puedes estar sufriendo este tipo de trastorno, el primer paso es acudir cuanto antes a tu médico para que realice el diagnóstico pertinente. La agorafobia es un trastorno serio, que no puede ser tratado por uno mismo o simplemente siguiendo los consejos dados en este artículo.

Os dejo con el siguiente video, donde podemos ver un fragmento de la película “Copycat”, en que Sigourney Weaver padece este tipo de trastorno.



Si quieres conocer más sobre los trastornos de ansiedad, y como superarlos, aquí te dejo otros de mis artículos sobre el tema:




Leslie Beebe
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