Mens sana in corpore sano; estrés y hormonas




La cita “Mens sana in corpore sano” tiene su origen en la Grecia clásica, de hecho su sentido original era la necesidad de orar para disponer de un espíritu equilibrado. Actualmente la utilizamos como una expresión relativa a la necesidad del equilibrio entre cuerpo y mente, para así llevar una vida saludable. Si partimos de una visión holística del individuo, nuestro bienestar se encontraría condicionado por hallar un equilibrio entre nuestros tres centros; el centro mental, el emocional y el instintivo. Quizás la pregunta fundamental a hacernos sería como alcanzar este equilibrio, dentro de la realidad demandante en la que vivimos.

Nuestra rutina diaria nos impone un ritmo de vida acelerado y exigente. Todo debe ser hecho al instante, sin demora. Las múltiples obligaciones, las prisas, la conexión permanente que nos ha traído las nuevas tecnologías… todo ello afecta a cómo vivimos y cómo nos sentimos. Si nos dejamos llevar por este ritmo caótico, y hacemos de ello una forma de vida, podemos encontrarnos viviendo en una realidad dominada por el estrés.

Pero ¿qué es el estrés?, pese a que se lo juzga como algo negativo o perjudicial, el estrés es una reacción normal del organismo ante una situación de alerta, y por tanto indispensable para la supervivencia. En su momento y dosis justa, es el mecanismo que nos permite lidiar con aquellas situaciones que son susceptibles de poner en peligro nuestra integridad física. Por ejemplo si un león entrase en la habitación en la que nos encontramos, el estrés seria el mecanismo que nos permitiría activar la energía necesaria en nuestro cuerpo para huir e intentar salvar la vida. No obstante cuando la percepción de peligro no se desactiva y se prolonga en el tiempo, es cuando el estrés puede pasar de ser un mecanismo de supervivencia, a ser un obstáculo para nuestro bienestar personal.

La amígdala, una estructura del cerebro que procesa y se encarga de almacenar nuestras reacciones emocionales, es la responsable de lidiar con las situaciones que percibimos como peligrosas. A nivel físico, como respuesta al estrés generado por estas situaciones, las glándulas suprarrenales descargan una dosis de hormonas, principalmente cortisol y adrenalina. El objetivo es que el organismo disponga de toda la energía posible para hacer frente al peligro que le amenaza. Esta descarga tiene las siguientes repercusiones en el cuerpo; un aumento del azúcar en sangre, una aceleración del corazón, la inyección de una gran cantidad de oxígeno en los músculos, todo ello producido en breves instantes. 

Cuando la situación de estrés es puntual, y una vez superada la situación de amenaza, los niveles hormonales y los procesos biológicos vuelven a su ritmo de funcionamiento habitual. No obstante, debido a nuestro ritmo acelerado de vida y a la presión diaria a la que nos vemos sometidos, el cuerpo empieza a percibir que las situaciones de amenazan se generalizan y perduran en el tiempo.



Al cuerpo no le da tiempo de recuperarse de una situación de alerta, cuando ya surge otra de emergente que demanda una nueva movilización energética para hacerle frente. Ante esta situación el cuerpo sufre un gran desgaste energético y entra en una situación de desequilibrio metabólico. 

Cuando los niveles elevados de cortisol y adrenalina generados por situaciones de estrés perduran en el tiempo, pueden favorecer la aparición de trastornos y enfermedades en nuestro organismo. Aquí os menciono algunos de ellos: disminución de la respuesta inmunológica, por lo que somos más vulnerables a coger infecciones o enfermedades, hipertensión, trastornos digestivos, contracturas musculares, cansancio generalizado, perturbación del sueño, aumento de peso… A largo plazo estos trastornos pueden derivar en enfermedades más graves como la diabetes, enfermedades coronarias, aparición de alergias, incluso algunos estudios han relacionado los niveles altos de cortisol y adrenalina, mantenidos en el tiempo, como un factor de riesgo que contribuye al desarrollo de enfermedades cancerígenas.

Ante esta situación surge la duda de cómo evitar vivir con este estrés permanente, y en consecuencia, reducir los niveles de cortisol y adrenalina. Pues como dice el dicho el cuerpo es sabio, por lo que es el propio cuerpo el que genera un inhibidor de la segregación de cortisol denominado como oxitocina

La oxitocina (también llamada popularmente como la hormona del amor) es una hormona que se libera en grandes cantidades durante el parto. La oxitocina facilita la contracción uterina durante el parto, para así facilitar la salida del bebé. Posteriormente al parto y al empezar la lactancia es una hormona que se genera como respuesta a la estimulación del pezón por la succión del bebé, por lo que facilita la lactancia y fortalece la vinculación madre-hijo en estas primeras etapas de la vida del bebé. Según diversos estudios, la oxitocina también juega un papel importante como neurotransmisor, es decir facilita la comunicación neuronal y tiene efectos beneficiosos en nuestro sistema nervioso central, favoreciendo comportamientos relacionados con la confianza, el altruismo, la generosidad, la formación de vínculos, la empatía e incluso la fidelidad.

Después de conocer los beneficios de la oxitocina, sería interesante preguntarnos cómo aumentar la liberación de esta hormona en el cuerpo. Aquí os dejo un listado de situaciones susceptibles que nuestro organismo produzca mayores niveles de oxitocina, inhibiendo de esta forma la generación de cortisol.

En todas las relaciones humanas, por lo que sería beneficioso quedar con gente, charlar, realizar actividades lúdicas con amigos…

Mantener relaciones sexuales. Se ha comprobado que durante el orgasmo los niveles de oxitocina se incrementan considerablemente.

Las muestras de afecto y contacto físico; abrazarse, besarse, una sesión de masaje, todas ellas favorecen la producción de esta hormona.

El contacto con una mascota. La sensación placentera que se produce al acariciar a una mascota favorece la subida de los niveles de oxitocina. Se ha comprobado que las personas que viven con animales domésticos en casa tienen más hormonas de este tipo.

El ejercicio físico y la práctica de la relajación. El yoga, la meditación, el ejercicio físico en general (siempre este último realizado según las posibilidades de cada uno), contribuyen a crear una sensación de bienestar, la cual va asociada a una mayor producción de oxitocina.


Es importante estar atentos y no dejarnos llevar por el ritmo frenético, derivado de nuestra rutina diaria. Es normal pasar por momentos de tensión y estrés en nuestra vida, pero también es aconsejable ser capaz de desconectar de ellos y volver a un estado de relajación. Es aconsejable adoptar una actitud de oposición si sentimos que nuestro estado de estrés se mantiene en el tiempo y por tanto nos cuesta desconectar. Debemos evitar no dejarnos llevar por la presión, que seamos nosotros quienes conduzcamos nuestra vida, y no el estrés

Por este motivo es importante expresar nuestra rebeldía ante estas situaciones de tensión, una forma es reservando momentos durante el día para disfrutar de aquello que nos gusta. No es necesario que sea mucho tiempo, lo importante es sentir que esos momentos son nuestros y que los dedicamos a aquello que queremos hacer, y no lo que debemos hacer. Es recomendable dar espacio en nuestra rutina diaria a actividades lúdicas y placenteras, que nos ayuden a desconectar de las obligaciones y debeísmos de nuestra vida, y de paso aumentar así nuestros niveles de oxitocina, con el beneficio que esto puede aportar a nuestro bienestar.

Si sientes que te cuesta desconectar de tus obligaciones y del estrés derivado de ellas, la terapia puede ser una solución para recuperar tu equilibrio.

Leslie Beebe





Terapia Gestalt y Adicción al Móvil

Terapia Gestalt Barcelona


En las sesiones de Terapia es cada vez más habitual tratar temas de adicciones; uno de ellos la adicción al móvil. En los últimos años ha surgido una tendencia creciente respecto al uso de los dispositivos móviles. Vayamos en metro, en el autobús, estemos con amigos o compañeros de trabajo, el  móvil siempre está presente. Según un estudio publicado por la empresa de teléfonos. The Phone House un porcentaje elevado de españoles no puede estar un lapso superior a 15 minutos sin consultar el móvil, lo que ya nos muestra la dependencia que tenemos a estos dispositivos. Países como el Reino Unido confirman esta dependencia, y advierten de la aparición de un nuevo tipo de fobia que han denominado como nomofobia.

El termino nomofobia proviene del anglicismo “no mobile phone phobia” y hace referencia a la ansiedad que sufren los usuarios del móvil cuando se quedan sin poder utilizar este dispositivo. Los motivos pueden ser diversos, aunque todos ellos llevan a la persona a sentir el miedo de no poder acceder a su móvil, ya sea por falta de cobertura, por no tener acceso a internet , porqué se lo han dejado en casa o bien porqué se han quedado sin batería. Independientemente de cual sea el motivo, el efecto siempre es el mismo, un sentimiento de incomunicación y soledad que provoca en la persona diversos tipos de síntomas como ansiedad, taquicardia, pensamientos obsesivos, dolor de cabeza y estómago, entre otros. 

Junto a la nomofobia también han aparecido otros trastornos emocionales relacionados con  esta dependencia como: “whatsapitis”, el uso constante de la aplicación Whatsapp, “phubbing”, la utilización enfermiza del smarthphone y la denominada como “Fomo”, que proviene de la expresión inglesa “fear of missing out”, es decir el miedo a estar perdiéndonos algo en la red (mayormente referido a los usuarios de Facebook).  El uso del móvil, concretamente la facilidad para acceder a internet desde cualquier lugar, también ha supuesto un aumento de casos en otro tipo de patologías como la adicción al juego vía on-line.

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Si sientes que te cuesta desconectar del móvil, te puedo ayudar. LLama o WhatsApp al 645 368 714 o bien escribe a lesbcn13@gmail.com

La adicción al móvil es un problema que afecta a los adultos, pero de forma preocupante también a los niños y sobre todo a los adolescentes. Por norma general la adolescencia es una época de inseguridad, de una gran dependencia al juicio externo y de una autoestima frágil. El uso indiscriminado de los dispositivos móviles provoca en el adolescente que estos aspectos puedan verse gravemente afectados, así como también puede repercutir negativamente en la formación y desarrollo de sus habilidades sociales.

Aunque no se llegue a los extremos que acabamos de comentar, es una realidad que la mayoría de nosotros nos sentimos en la necesidad de consultar el móvil con una elevada frecuencia. Ciertamente cuando focalizamos nuestra atención en el móvil, desconectamos de lo que pasa a nuestro alrededor, es como una vía de escape a lo que está pasando en nuestro presente. Ante esta situación quizás deberíamos preguntarnos, ¿Qué o a quien queremos evitar adoptando esta actitud ? . En mi opinión la respuesta sería que queremos escapar del contacto externo, con el resto de personas, pero a la vez también del contacto con nosotros mismos.

Evitamos el contacto con los otros, pues solemos proyectar nuestros juicios, miedos y temores en las 
otras personas. Cuando establecemos relaciones nuestro ego se mantiene en alerta, pues únicamente deseamos mostrar determinados aspectos de nuestra personalidad al otro, los cuales consideramos apropiados para ese momento , mientras otros aspectos preferimos que queden ocultos, por considerar que no son adecuados o suficientemente buenos según nuestro criterio. Cuando establecemos relaciones suele aparecer el miedo al juicio, expresándose en mensajes como: “lo que van a pensar de mi”, “ lo que van a decir de mi”, “no me van a aceptar si me muestro como soy” y mensajes similares.  Por tanto resulta mucho más fácil cuando estamos en un acontecimiento social evadirnos con el móvil, para así no mostrarnos debido a todos estos miedos, perdiendo no obstante la oportunidad que nos brinda el contacto con el otro en el momento presente

Esta  forma de actuar está directamente relacionada con nuestra autoestima y la seguridad que tenemos en nosotros mismos. Cuando tenemos una autoestima baja y no disponemos de una seguridad propia, la buscamos en el contacto con el otro, en este caso a través del móvil. Como producto de esta inseguridad si la persona no contesta, esto genera en nosotros toda una serie de pensamientos distorsionados que ponen en duda la confianza y seguridad en nuestra persona. Pensamientos del tipo; “Está enfadado/a conmigo”, “Debo haber hecho algo mal”, “Quizás no he actuado como el/ella esperaba”, “Quizás le he fallado” etc… 

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En mi opinión también existe otro tipo de acción evasiva que buscamos refugiándonos en el móvil, y es el contacto con uno mismo, con lo que nos pasa en el aquí y el ahora. Vivimos en un mundo acelerado, estresados por “tener que hacer”, futurizando en lo próximo que debemos hacer, sin tiempo a ser conscientes de cómo vivimos esta aceleración y de lo que nos pasa viviendo bajo este ritmo frenético. Quizás si nos damos la oportunidad de parar y contactar con la respiración y el cuerpo, nos daremos cuenta de los mensajes que nos estamos enviando. No es extraño que cuando la falta de contacto con uno mismo se prolonga en el tiempo, aparezcan problemas de salud, como tensión muscular, dolor de cabeza o estómago, insomnio, etc… 

Deberíamos preguntarnos el motivo por el cual nos cuidamos tan poco en ese sentido. Yo creo que tiene que ver con dos aspectos fundamentales, el primero como ya he mencionado, es el ritmo acelerado en el que vivimos y en consecuencia la presión que nos ponemos por hacer el máximo de cosas en el menor tiempo posible. Nuestro “juez interior” nos urge a estar ocupados, a no parar, a no perder un minuto en aquello que estamos obligados a hacer, a frecuentemente  priorizar las necesidades de otros antes que las nuestras, a actuar de una forma determinada según la circunstancia. Un perfeccionismo excesivo que nos lleva a querer tenerlo todo seguro y controlado, pero que por el cual pagamos un elevado precio.

El segundo aspecto se refiere a que existe una parte de nosotros, más inconsciente pero no por ello menos sabia, que sabe que si focalizamos la atención en nosotros, en vez de en el exterior, con seguridad contactaremos con emociones y sentimientos que quizás no nos resulten tan agradables; el sentirnos vulnerables, el poder reconocer nuestros miedos, el dejarnos sentir la tristeza o el dolor, etc…  Por este motivo entendemos que es mejor continuar con este ritmo frenético y no atender a lo que nos pasa, reprimiendo así nuestras necesidades y cargando más nuestra mochila emocional.  

Si sentimos que somos una de esas personas que no puede vivir sin el móvil, existen diferentes técnicas que permiten revertir la situación de dependencia, como las que menciono a continuación: 

Si salimos a dar un paseo o hacer cualquier actividad de ocio dejar el móvil en casa. 
Establecer una frecuencia para mirar el móvil, por ejemplo cada hora. 
Apagar el móvil cuando estemos en reuniones sociales o con amigos. 
Limitar nuestra tarifa y de esta forma el acceso a internet.
Dejar el móvil en otra habitación y no tenerlo al alcance de la mano.                                   

Sin embargo si estos sencillos trucos no dan resultado, lo mejor es consultar con un profesional de la ayuda, pues como ya hemos mencionado debajo del síntoma, que es mirar compulsivamente el móvil, puede existir un desequilibrio emocional, como una baja autoestima, un perfeccionismo excesivo,o una necesidad constante de atención, entre otras. En estos casos la terapia es una oportunidad única que nos permite tomar conciencia de lo que nos está pasando, para así emprender el camino hacía la recuperación de nuestro equilibrio emocional.

Leslie Beebe


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El ego, ángel o demonio?


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“Recortas y moldeas tu pelo pero casi siempre olvidas recortar y moldear tu ego” AlbertEinstein

Existen corrientes de pensamiento espiritual, “new age” como algunos las denominan, que afirman que si queremos crecer como personas y elevar nuestro nivel de conciencia es necesario liberarnos de nuestro ego. Por tanto el ego es visto como una parte de nosotros que de alguna forma debemos suprimir si queremos contactar con nuestra esencia. Este es un discurso atractivo y recurrente para muchos libros de auto ayuda, aunque en mi opinión se encuentre muy alejado de la realidad que comporta un proceso de crecimiento personal.

El “ego”, palabra que proviene del latín y significa “Yo”, podría ser definido como la carta de presentación de nuestra persona ante el mundo, la cual viene condicionada según la circunstancia en la que nos encontremos. El ego no deja de ser un reflejo de la opinión que los otros tienen de nosotros, no es por tanto nuestro verdadero ser. El ego vendría condicionado por el entorno en el que hemos crecido y nos hemos educado, funcionando a partir de una serie de estrategias que la persona adopta para sobrevivir emocionalmente en el mundo que le rodea. Sin el ego no nos hubiese sido posible organizar nuestra personalidad de forma que pudiésemos integrarnos en el mundo, ser parte de él, interactuar con el entorno y desenvolvernos con soltura. El ego que aparece primero es el relacionado con el entorno materno y paterno, con aquella imagen que los padres piensan que debe ser su hijo y que proyectan en él. El niño introyecta esta forma de ser bajo la amenaza subyacente que si no se comporta y actúa según la imagen de buen hijo, sus padres no le van a querer. Cuando el niño crece y sale al mundo aparecen nuevas formas de “deber ser” pues las opiniones de otras figuras; como profesores, tutores y amigos, van sumándose a la imagen reflejada de como uno debe mostrarse y comportarse en las relaciones humanas

Cuando la persona llega a la edad adulta, y si no se produce una toma de conciencia de las propias máscaras, ni de responsabilización de la propia vida, entonces se corre el peligro que el ego haya pasado de ser una estrategia a una creencia. Es decir que el ego controle a la persona de tal forma que éste ya no sabe quién es él realmente. Estrategias que la persona ha utilizado a su favor en la infancia y que han tenido buen resultado, por ejemplo posicionarse en un rol de víctima para atraer la atención de la madre, tienen un efecto contrario o nulo si quieren ser utilizadas en la edad adulta. El conflicto en el adulto surge cuando se resiste a abandonar estas estrategias y es en este momento cuando se vuelven tóxicas, emocionalmente hablando. No obstante lo habitual es que el adulto no se replantee estas estrategias y se resista al cambio bajo el mensaje “es que yo soy así”. El motivo es que a la persona le es más fácil quedarse en el no saber, pues el querer saber más sobre si mismo supondría tener que contactar con aquellas partes de su ser que no le gustan, y que obviamente no quiere mostrar al resto del mundo. Asimismo este replanteamiento también le supondría tener que contactar con su humildad, con el hecho de poner en duda todas aquellas creencias que  hasta ahora habían sustentado su vida. 

Si te gustaría empezar un proceso de autoconocimiento, te puedo ayudar. LLámame o WhatsApp al 645 368 714 o bien escribe a lesbcn13@gmail.com


Respecto a este tema Jung afirmaba: “No es posible despertar la conciencia sin dolor. La gente es capaz de hacer cualquier cosa, por absurda que parezca, para evitar enfrentarse a su propia alma”.

Estos aspectos más desagradables de la personalidad de uno mismo Jung los denominó como sombra. La sombra comprende aquellas formas de ser que la persona teme mostrar al mundo por miedo a que el auto concepto que uno tiene de sí mismo se rompa, comprende nuestros miedos, frustraciones, fragilidades, complejos, etc…

Como advertía el propio Jung a mediados de la vida se suele producir una crisis de un fuerte carácter existencial, con preguntas del tipo; “¿Cúal es el sentido de mi vida?”, “¿Hacía donde quiero ir?”, “¿Realmente estoy viviendo mi vida o la de otros?”. Estas preguntas aparecen no por casualidad, sino que son un indicio de que a un nivel inconsciente la esencia personal está empujando por salir y de esta forma romper con la identificación del individuo con sus máscaras. Empieza así un proceso de crecimiento personal que no trata tanto de una ascensión espiritual a un nivel superior, como algunas teorías defienden, sino de transitar por todas aquellas zonas oscuras de nuestro ser que hasta ahora estaban ocultas. Solo conociendo la sombra y trascendiéndola es posible vislumbrar la esencia. Lo real en nosotros no puede ser conocido directamente, únicamente conociendo primero aquello que es falso uno puede conocer la verdad que guarda en su interior.

Es por este motivo que en mi opinión el ego no debería ser considerado como algo a eliminar de nuestra persona, sino que debería concebirse como una estrategia que nos ha permitido relacionarnos y vivir en sociedad, como un paso previo a un conocimiento de nosotros más profundo y auténtico a la vez. El trabajo de crecimiento personal comporta por tanto dos direcciones, una ascendente hacía lo espiritual, pero también una de descendente hacía lo material y mundano; como mayor sea el trabajo de base, el reconocimiento y desidentificación con nuestras máscaras, mayor será el acercamiento a nuestro espíritu. Jung definía muy acertadamente este proceso en esta frase: “Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad”.
Es en este camino de auto conocimiento que la terapia juega un papel fundamental, siendo una herramienta de gran apoyo en el propio proceso de crecimiento personal.

Leslie Beebe


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Consejos para reducir la ansiedad

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En este inicio de 2015 es un buen momento para tomar nota de unos consejos para reducir la ansiedad. El principal objetivo es tomarnos la vida de una forma diferente, menos estresada. Para ello es importante la voluntad de parar y conectar con nosotros mismos, con el objetivo de tomar conciencia de cuáles son nuestras necesidades y las acciones oportunas para satisfacerlas. También para conocer donde estamos en el presente y hacía dónde queremos dirigir nuestros pasos este próximo año. Para conseguir esta conexión con nuestra persona es importante evitar estar tan pendientes de cumplir con las exigencias y presiones, tanto las que derivan de nosotros mismos, como aquellas procedentes del entorno. El objetivo es darnos un espacio y un tiempo a nosotros mismos, que nos permita conectar con lo que nos pasa en el momento presente. Como decía el psiquiatra F.Perls, fundador de la Terapia Gestalt: “Deja tu mente y vuelve a tus sentidos”.

Si nos dejamos llevar por las exigencias, los juicios, el enganche en el futuro o en el pasado y las presiones, podemos caer en una espiral neurótica que nos aleja cada vez más de nosotros mismos. Este hecho puede derivar en diversos tipos de malestar, uno de ellos puede ser la ansiedad. La ansiedad puede reflejarse en multitud de síntomas como nerviosismo, cansancio, dificultad para concentrarnos, irritabilidad, tensión corporal e insomnio, entre otros, los cuales perjudican nuestra calidad de vida. Con el objetivo de reducir vuestros niveles de ansiedad, aquí os dejo unos consejos útiles que os pueden ayudar en vuestro día a día:

Reserva unos momentos durante el día para estar en contacto contigo mismo. Deja por un momento de estar pendiente de la multitud de pensamientos que invaden tu mente y céntrate en tu respiración y en tu cuerpo. Pregúntate qué es lo que necesitas, qué quieres hacer en este momento, en vez de que es lo que deberías estar haciendo.

Duerme lo suficiente y aliméntate bien. Es importante que duermas las horas suficientes y no tengas la mente concentrada en trabajo o en obligaciones los momentos previos a acostarte. Lleva una alimentación equilibrada y un orden en las comidas, evita tomar bebidas estimulantes las horas previas al descanso y reduce el consumo de alcohol y tabaco. Todas ellas son buenas prácticas que contribuyen a reducir los niveles de ansiedad.

Es importante que mantengas un equilibrio entre el contacto con el mundo y la retirada para estar contigo mismo. Aunque es importante conectar con otras personas y hacer actividades sociales, también lo es reservar un tiempo para estar en contacto contigo mismo y dedicarlo a tu persona.

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El contacto con la naturaleza y la práctica regular de algún deporte son también muy beneficiosos para mantener nuestro bienestar. El contacto con la naturaleza nos ayuda a estar conectados con la tierra y con nuestro cuerpo. El aire puro oxigena nuestra sangre y nos provoca una sensación de paz y relajación. El ejercicio físico nos ayuda a estar en forma y contribuye a liberar endorfinas en el organismo, las cuales nos aportan una agradable sensación de bienestar.

Intenta llevar una agenda realista. Planea el día y no intentes hacer más actividades de las posibles. Prioriza tus obligaciones. No te agobies con exigencias y responsabilidades imposibles de cumplir en un mismo día, o bien con problemas que no están a tu alcance de poder ser solucionados.

Cuando sientas que te invade la ansiedad toma nota de los pensamientos que han originado esta sensación. Por norma general son pensamientos negativos e incluso muchas veces irracionales que nos llevan a sentirnos así. Si podemos cambiar dichos pensamientos por otros más positivos favorecemos a controlar los niveles de ansiedad.  

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Estos simples consejos pueden ser de gran ayuda para llevar una vida menos estresada y mejorar nuestra calidad de vida. No obstante si los síntomas propios de la ansiedad se generalizan y mantienen en el tiempo, o bien llegan a niveles elevados, como puede ser un trastorno de ansiedad generalizada, o bien un ataque de ansiedad, es importante acudir a un profesional para que nos acompañe y ayude a salir de esta difícil situación.

Leslie Beebe
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Terapia con sueños

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El hombre siempre ha deseado conocer el significado de sus sueños y el papel que éstos ejercen en su vida. En la cultura griega los sueños eran considerados como mensajes que los dioses enviaban a los mortales para guiarlos en su vida diaria. Los griegos acudían al templo de Delfos con la finalidad que el oráculo les interpretase el significado de sus sueños y les indicara qué camino debían tomar.

A principios del siglo XX, con la publicación de la obra “La interpretación de los sueños” de Freud y su teoría del inconsciente, los sueños pasan a tener una gran relevancia en la sesión de terapia. Para Freud los sueños son mensajes enviados por el inconsciente a nuestra parte consciente, relacionados mayoritariamente con deseos sexuales instintivos que han sido reprimidos o bien no satisfechos. Como Freud argumenta: “Los sueños son la manifestación oculta de un deseo”.
No obstante según Freud el mensaje de los sueños no es directo, sino que se encuentra censurado por nuestro consciente, el cual codifica el mensaje a partir de imágenes más aceptables para la conciencia del soñante, a la vez que le protege de un súbito despertar. La función del terapeuta es ayudar al paciente a interpretar todas estas imágenes oníricas y descodificarlas, a través del método terapéutico de la asociación libre. Para Freud una vez la persona es capaz de descifrar el mensaje del sueño, y por tanto el material reprimido sale a la luz, se produce un cambio súbito en el individuo, como un click que favorece a que la persona se relacione de una forma más saludable con el suceso traumático.

Con Carl Jung y su Psicología Analítica los sueños pasan a tener una mayor relevancia si cabe, en el proceso terapéutico. Al igual que Freud, Jung considera que los sueños son mensajes procedentes de nuestro inconsciente, no obstante éstos no hacen referencia a traumas sexuales o instintos reprimidos, al menos no en su totalidad. Para Jung los sueños cumplen más con una función finalista, es decir la de guiar al soñante respecto a qué dirección debe tomar en su vida. Se aleja así de una perspectiva más causal, propia del Psicoanálisis, donde prevalece la reproducción del deseo insatisfecho, Mientras que para un analista freudiano la importancia recae en el porqué del sueño, el analista junguiano se pregunta para qué sirve o qué intención tiene el sueño.

Según la Psicología Analítica el inconsciente propone temas de trabajo a la persona a través de los sueños, los sueños funcionan como un estímulo para la creatividad y la creación, son asimismo una forma de auto regulación de la psique humana. Los sueños nos permiten saber más sobre uno mismo, es una forma de enriquecer y ampliar nuestro nivel de conciencia. A diferencia de Freud, Jung argumenta que el sueño no enmascara nada, simplemente las imágenes oníricas son el lenguaje que utiliza nuestro inconsciente para comunicarse y llegar a nuestra conciencia. Estas manifestaciones pueden hacer referencia a la historia personal de cada individuo o bien al inconsciente colectivo, a partir del cual unos mismos esquemas se repiten en todas las culturas a través de las diferentes sociedades y de la historia.

La Psicoterapia Gestalt tomó influencias de estas dos corrientes anteriormente citadas, sobretodo de Jung y su función finalista, no obstante la Gestalt pone más énfasis en el sueño como un mensaje existencial, sin dar tanta importancia a la diferenciación entre consciente-inconsciente. Para Fritz Perls el sueño cumple con dos objetivos fundamentales; el primero ser un mensaje existencial que tiene como finalidad que aprendamos sobre nosotros mismos. Existencial porque nos aporta información de gran relevancia sobre nuestras vidas (cómo vivimos, qué necesitamos, qué evitamos, a qué tememos, etc…). El segundo objetivo del sueño es la recuperación de aquellas partes alienadas de nuestra personalidad. Para Perls los elementos del sueño se presentan como proyecciones de nuestra personalidad, son partes de nosotros mismos y de nuestra historia que preferimos no ver en nosotros y que expulsamos de nuestra persona atribuyéndolas a elementos externos. El principal mecanismo de defensa utilizado en estos casos es la proyección. Este “Yo alienado” favorece un empobrecimiento de nuestra personalidad y a un mayor grado de neurosis. El objetivo del trabajo con sueños es que nos re-apropiemos de nuestra parte alienada y nos responsabilicemos de ella. Solo de esta forma podremos acercarnos a nuestra verdadera esencia personal. Como decía F.Perls;

“Creo que el sueño es realmente el camino regio hacía la integración de la personalidad, los sueños son los grandes informadores de lo que está pasando dentro de nosotros, descifrarlo y comprenderlo es tarea nuestra”.

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Si deseas conocer más sobre como los sueños pueden ayudarte en tu vida, no lo dudes, llámame o WhatsApp al 645 368 714 o bien escribe a lesbcn13@gmail.com

En Gestalt los objetivos del trabajo terapéutico con sueños los podríamos resumir en dos; el primero, facilitar que el soñante tome conciencia de cual es el mensaje del sueño, el segundo, posibilitar que reincorpore la experiencia alienada a su personalidad.

Por último es importante destacar que el Terapeuta Gestalt no trabaja los sueños desde una posición interpretativa, no los analiza. Con el objetivo que el soñante llegue a comprender el mensaje del sueño y su significado, se trabaja desde una perspectiva vivencial, trayendo el sueño al presente para volver a revivirlo. Es lo que en Gestalt se denomina reactualización del sueño. Asimismo el terapeuta no se posiciona como el interpretador de sueños, simplemente su rol es acompañar la persona para qué tome conciencia del mensaje por sí mismo.

El trabajo con sueños es una oportunidad única de conocer más sobre tu persona y sobre tu vida. Si te encuentras indeciso respecto a qué camino quieres tomar, conocer el significado de tus sueños puede ayudarte a tomar la decisión adecuada. Los sueños nos permiten tomar conciencia del punto en el que nos encontramos y hacía donde nos queremos dirigir.

Leslie Beebe
Terapia Gestalt y Life Coaching Barcelona


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carácter y destino

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“Un sirviente fue enviado por su amo a comprar provisiones en el mercado de Bagdad. Volvió de allí en un estado de gran agitación. Alguien de la multitud lo había empujado y al volverse vio que era la Muerte y que tenía un gesto amenazador. El sirviente rogó al amo que le diera un caballo para huir a Samarra y evitar su destino. El amo se lo dio, y el sirviente partió al galope. Luego el amo fue al mercado y también se encontró con la Muerte. Se acercó a ella y le preguntó por qué había amenazado a su sirviente. –“No lo hice-dijo la Muerte-. Levanté el brazo en un gesto de sorpresa al verlo aquí en Bagdad, pues tengo cita con él esta noche en Samarra”.”

Este relato de John O’Hara nos muestra como a veces por mucho que intentemos evitar un destino lo único que conseguimos es crear las condiciones favorables para que éste se acabe cumpliendo. Sería discutible si el destino de cada uno se encuentra escrito en alguna parte o no, algunos pensadores como Karl Marx o Spinoza defienden el papel del libre albedrío, mientras que otras culturas como la griega argumentan que el destino de cada persona estaría regulado por tres divinidades denominadas Moiras (imagen superior), que controlan el destino de cada persona; la primera hila, la segunda enrolla y la tercera corta el hilo de la vida.

Yo personalmente prefiero referirme al hecho de que las actitudes propias de nuestro carácter incitan a un proceder determinado que nos llevan a actuar de una forma u otra según la circunstancia. Pongamos un ejemplo de la vida cotidiana; aquella mujer que siempre se queja de que no consigue una pareja estable. Sin embargo cuando aparece un posible candidato siempre le encuentra algún defecto que frustra cualquier posible relación. De esta forma la actitud adoptada le lleva a vivir el futuro que ella más teme, la soledad. Otro ejemplo podría ser el de aquel hombre que por miedo al rechazo no se abre a los demás, se aísla de la gente y de esta forma refuerza su sentimiento de ser rechazado por los demás.

En ambos casos vemos como lo más temido es finalmente lo vivido por el individuo, como una auto profecía que se acaba cumpliendo. Ante estas situaciones quizás la pregunta a hacernos es por qué nos boicoteamos de esta forma a nosotros mismos impidiendo satisfacer nuestras necesidades. La respuesta no es única, pues depende de la historia personal de cada uno, por tanto de las experiencias y vivencias adquiridas en el entorno en el que ha vivido dicha persona. Sin embargo yo creo que todas tienen un factor que suele ser común que es el miedo a vivir por nosotros mismos y a mostrarnos tal y como somos. La mayoría de nosotros actuamos según un papel, una máscara, pues tememos que nuestra forma de ser no sea aprobada al ser vista como inaceptable o inadecuada por el resto de personas. Seguramente si indagamos en la historia personal de la mujer que nunca encuentra pareja nos encontraremos con una niña a la que en su entorno familiar se le decían frases del tipo; “ningún hombre te va a querer” o bien “si te muestras así nunca encontrarás un hombre” y tantas otras que alimentarían su sentimiento de inseguridad a mostrarse tal y como es. Como niña sus opciones eran pocas; o bien acataba los mandatos parentales, para así ser aceptada y querida, o bien no los aceptaba bajo la posible amenaza de perder el amor y cariño de sus padres.


Si deseas recuperar el control de tu vida y encontrar tu camino, no lo dudes, llámame o WhatsApp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso. Si lo prefieres escribe a lesbcn13@gmail.com

De esta forma la persona crece más pendiente de mostrarse como los otros esperan, esforzándose por cumplir todas estas expectativas, que de dejarse la libertad de ser. Con los años la máscara pasa a formar parte de uno mismo mientras que la espontaneidad y la autenticidad de ser van quedando en un segundo plano. Cuando estamos más pendientes de cumplir con el papel y de ser aceptados por el mundo que de dejarnos ser caemos en la trampa de estar rechazándonos a nosotros mismos.
En el momento en que nos damos la libertad de parar y escucharnos podemos ser capaces de ir rascando esta capa superficial, que es la máscara, para llegar a nuestra autenticidad. No es un acto espontáneo ni una iluminación, pues suele requerir un trabajo personal que lleva su tiempo. La terapia es un proceso que facilita este camino, como una muleta que ayuda en los primeros pasos para que poco a poco la persona gane en auto confianza y se aventure a ir viviendo su propia vida.

Leslie Beebe
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Terapia Gestalt y Carácter




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La palabra "carácter" es habitual en las sesiones de Terapia Gestalt. La definición de carácter varía en función de la situación y el lugar en que dicho término es utilizado. Podemos estar hablando del “carácter hispano”, como un conjunto de cualidades psíquicas y afectivas comunes a un determinado pueblo, o bien de “una mujer con carácter” haciendo referencia a una mujer firme y enérgica en su forma de proceder.
No obstante en el mundo de la psicología (y yo personalmente como terapeuta gestalt) prefiero referirme al carácter como nuestro modo de funcionar en el mundo; es decir como nos relacionamos con el mundo y el resto de personas, pero también la forma como establecemos las relaciones con nosotros mismos.

La pregunta que podemos plantearnos es;  “el carácter es una condición innata del ser humano o bien se forma durante los años de vida?”. La respuesta que yo daría es que ambas son ciertas y por tanto no se puede rechazar ninguna de ellas. Si bien nacemos con unas cualidades innatas,  presentes en nuestros genes por herencia familiar, los primeros 7-8 años de vida son básicos en la formación y desarrollo de nuestro carácter. De hecho está comprobado científicamente que la formación del carácter empieza antes, en la etapa intrauterina, cuando el niño aún es un feto y recibe los estímulos procedentes de la madre.  

Definimos carácter pues como una estructura defensiva, una forma de adaptarse al medio del niño que llevamos dentro. El niño llega al mundo con un instinto básico que es el de placer (Sigmund Freud lo denominó como Principio de Placer del Ello), aunque personalmente me gusta más denominarlo como el Principio de Satisfacción de Necesidades Básicas, nutrición y afecto, principalmente.  El recién nacido llega al nuevo mundo en un estado de vulnerabilidad máxima, abierto por completo a las nuevas experiencias de la vida. No obstante aunque tenga los mejores padres , que le quieran y le nutran, el niño pronto se da cuenta que cuando demanda amor de sus padres  éste no es siempre correspondido, y que cuando demanda comer o tiene sed tampoco sus demandas son siempre atendidas de inmediato. Empieza de esta forma a sentir emociones que le son incómodas; en una palabra, frustración, la cual deriva en un sentimiento desagradable para el niño como es el dolor. La reacción del niño ante tal frustración es la de desarrollar todo una serie de mecanismos de defensa para impedir el dolor que está sintiendo y volver así a recuperar su estado de bienestar.

Los mecanismos defensivos adoptados en esta primera etapa de la vida (desde el nacimiento hasta aproximadamente los 7-8 años de edad) definirán en gran medida el futuro carácter de la persona. Dependerá de que etapa del desarrollo haya sido más marcada para el niño durante estos primeros años lo que condicionará el tipo de carácter, así como el mecanismo de defensa característico del niño.
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Los mecanismos de defensa no son malos en sí, sino que en su justa medida son necesarios para que toda persona interactúe con el entorno en el que vive. No obstante cuando estos mecanismos de defensa se vuelven crónicos, es decir que no los utilizamos a nuestra voluntad, sino que son los mecanismos los que nos impulsan a repetir de forma compulsiva comportamientos que no nos son saludables, entonces es cuando hablamos de mecanismos de defensa patológicos.  

Un ejemplo de dichos mecanismos es el denominado como introyección. La introyección en su faceta saludable es la que permite al niño asimilar de forma indiscriminada toda la información que le llega del entorno; las costumbres, las tradiciones, las creencias, la lengua del país…, es la forma en que el niño entra en el proceso de socialización con el entorno.

En su faceta más neurótica, y al llegar a una edad más adulta, la introyección actúa como un mecanismo que nos limita y aleja de nuestra esencia; si tragamos toda la información sin digerirla, si aceptamos todo sin críticas, sin juicio propio, solo por buena educación o por satisfacer a las figuras de autoridad, entonces el mecanismo se vuelve en nuestra contra. Son las típicas frases que escuchamos en nuestra casa de pequeños y que ahora de adultos se han quedado en nuestro interior como dogmas : “Sólo las niñas lloran”, “Si no estudias no serás nadie”, “debes controlar tus emociones en público”…Frases que aunque a nivel consciente podemos afirmar estar en desacuerdo, a nivel inconsciente  actúan e influencian nuestra forma de movernos en el mundo.

Una vez el mecanismo de defensa se vuelve más patológico genera los siguientes efectos en la persona;
- Por un lado vuelve el carácter más rígido, menos espontáneo y más dependiente de la sensación de quererlo tener todo bajo control.

- Por otro lado hace que vivamos la vida de una forma cada vez más neurótica, más desconectada de nosotros. Ya no sabemos si hacemos las cosas porque sentimos la necesidad o bien porque en ese momento es lo que toca hacer. Esta forma de interactuar con el mundo nos lleva a estar cada vez más alejados de aquello que somos y de aquello que queremos llegar a ser, en definitiva a estar más alienados de nuestra esencia. En muchos casos aún como adultos seguimos viviendo desde el niño que desea complacer a papá y mamá en busca del amor y reconocimiento del resto de personas. Pagamos el precio de vivir una vida desde las máscaras que aprendimos  a ponernos de niños para así no ser rechazados, para recibir el amor incondicional en vez de la frustración y el dolor. Paradójicamente cuando nos escondemos detrás de estas máscaras lo que hacemos es alejarnos más del amor que sentimos hacía nosotros y hacía la vida misma. Como cada vez estamos más alejados de nuestro ser, también lo estamos de la confianza en nuestras capacidades y en nosotros mismos, por lo que el nivel de insatisfacción con nuestra vida va en aumento.

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Como Terapeuta Gestalt mi objetivo es que la persona recupere el bienestar en su vida; para ello es básico que  contacte con su esencia, con aquello que es y aquello que le gustaría ser. Alejándose así de las máscaras y los hábitos de vida neuróticos que ha ido adoptando a lo largo de su vida. Como terapeuta me gusta llamarlo el punto del camino en el que nos encontramos. A partir de aquí el trabajo es que el cliente se empiece a formular  preguntas del tipo; “ Es este el camino en el que verdaderamente quiero estar o es un camino impuesto?, Si este es mi camino en que lugar estoy ahora?, Hacía donde me gustaría dirigir mis pasos?..”.
Estas y otras preguntas hacen a la persona consciente de como está viviendo su vida presente y le ofrecen la posibilidad de preguntarse como le gustaría que fuese su vida.
Por tanto la persona toma conciencia de cuales son los obstáculos que a día de hoy le impiden llevar una vida plena y emocionalmente sana, así como las acciones que debería emprender para cambiar dicha situación.

A partir de este descubrimiento personal el cliente puede empezar a dar los pasos hacía la consecución de sus objetivos. Una acción basada en la responsabilidad personal, en el autoapoyo y en la focalización en el tiempo presente.
Mi labor como terapeuta es acompañar a la persona en su proceso, apoyándole y guiándole para que encuentre su propio camino en la vida.

Leslie Beebe.
Terapia Gestalt y Life Coaching Barcelona

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