Como mejorar la autoconfianza


Como mejorar la autoconfianza. La autoconfianza, también denominada como confianza en uno mismo, es la creencia que tenemos respecto a nuestra capacidad para enfrentar de forma exitosa aquellos obstáculos que aparecen en la vida. Diversos factores pueden influir en estas creencias, y en consecuencia alterar nuestros niveles de confianza, por ejemplo: fracasos vividos, críticas recibidas por el entorno o expectativas demasiado elevadas, entre otros.
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Aunque autoestima y autoconfianza son similares y suelen tener una relación directa, no deben confundirse entre sí. Mientras que la autoconfianza pone el acento en la idea que tenemos sobre nuestras capacidades, es decir nuestra creencia respecto a poder triunfar en un contexto determinado; la autoestima es un sentimiento general de valoración personal, y hace referencia a la visión general que tenemos sobre nosotros mismos. Por ejemplo un individuo puede poseer una elevada autoconfianza en un ámbito exclusivo de su vida, por ejemplo en el trabajo, sin embargo presentar una baja autoestima, es decir una imagen global negativa de su persona. Si quieres conocer más sobre la autoestima, aquí te dejo otro artículo:

Como aumentar tu autoestima

A continuación voy a proponeros algunas pautas para mejorar vuestra autoconfianza.

El primer paso es evitar compararte con el resto de personas. Normalmente la comparación siempre suele tener un efecto negativo en nosotros, resultando en pensamientos del tipo; “éste/a puede y yo no”, “tal persona sí que sabe (en cambio yo no)”, “él/ella sí que es feliz (no como yo)”… cabe decir que muchas de estas ideas que surgen en nuestra mente hacen referencia a fantasías e idealizaciones que nosotros hacemos del resto de personas, no correspondiéndose en la mayoría de casos con la realidad. Sin duda, este tipo de pensamientos afectan de forma negativa a la confianza en nuestras posibilidades, y nos hacen sentir inválidos e incapaces, provocando en la mayoría de casos un efecto de “autoprofecía cumplida”. Esta dinámica nos conduce al fracaso, pues de antemano ya damos por supuesto que no vamos a ser capaces de alcanzar nuestros objetivos.

Es importante que evites este tipo de comparaciones, date cuenta que todos somos seres únicos y particulares, con nuestras virtudes y defectos. El resto de personas pueden servirte como fuente de inspiración, pero no con el objetivo de que los imites y seas como ellos, sino para que tomes conciencia de qué aspectos de tu persona puedes trabajar para mejorar y estar mejor contigo mismo.

El segundo paso, relacionado con lo que acabamos de comentar, es trabajar en tu autoconocimiento. Este trabajo te permitirá tomar conciencia de tus fortalezas y tus debilidades, para de esta forma llegar a aceptarte tal y como eres. Debes evitar ponerte unas expectativas muy elevadas, que no se correspondan contigo, o bien expectativas que no sean realmente tuyas y que te planteas con la única finalidad de gustar y ser aceptado por el resto de personas.


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El tercer paso es tomar conciencia de cúal es tu diálogo interno, para ello mira de focalizar tu atención en tu voz crítica. Debes estar atento/a a frases del tipo; “No vas a poder”, “no sabes lo suficiente”, “no lo conseguirás” …y tantas otras frases que limitan el triunfo sobre aquellas metas que deseas alcanzar. Escúchate en este diálogo interno y fíjate en la forma como te estás tratando; ¿sientes que te lo mereces?, ¿crees que es un tono que favorece al cambio?, la respuesta obviamente es no. Es importante que empieces a tratarte con respeto, siendo razonable y consciente con aquello que te estás pidiendo, así como también poniendo límites a tus voces críticas.

El cuarto paso es valorar aquellas aptitudes que te han permitido conseguir éxitos en el pasado. Muchas veces únicamente nos fijamos en aquello que nos falta, y no apreciamos nuestras capacidades y puntos fuertes. Son estas habilidades las que debes utilizar y desarrollar para alcanzar tus objetivos.

El quinto y último paso es ser consciente de aquello que deseas en tu vida, y si realmente estás en el camino para conseguirlo. En ocasiones nos boicoteamos y mantenemos un nivel de autoconfianza bajo porque aquello que estamos persiguiendo no es lo que realmente deseamos. Otras veces no definimos de forma clara nuestros objetivos, o bien nos planteamos metas inalcanzables, lo que nos conduce a sentirnos frustrados.


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Una vez tomes conciencia del camino que deseas seguir es importante que te arriesgues con ello. Cuantas veces nuestro miedo a salir de la zona de confort nos lleva a limitarnos, pues creemos que no vamos a poder superar los retos que se nos presentan en nuestra vida. Este hábito de pensamiento nos conduce a sentirnos fracasados. En la mayoría de ocasiones esta sensación de fracaso no tiene tanto que ver con experiencias pasadas frustradas, sino más bien con la voz de nuestro crítico interno que nos hace creer que no vamos a alcanzar aquello que nos propongamos.

Como he dicho anteriormente, cuando tomes conciencia de cómo te relacionas contigo mismo, detectando las voces críticas que te limitan, es posible empezar a cambiar hábitos no saludables, por otros que te conduzcan al crecimiento personal y al desarrollo de tus capacidades. Para ello el trabajo personal que se realiza en terapia puede ayudarte a cambiar esos patrones de pensamiento limitantes y caducos, por otros que te proporcionen equilibrio y bienestar.

Leslie Beebe

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Como Superar el Pensamiento Obsesivo


Como superar el pensamiento obsesivo. Todos hemos pasado por épocas difíciles en nuestra vida, momentos en que nuestra mente se encuentra inquieta y no para ni un segundo de pensar en el problema que nos preocupa. Son instantes en que multitud de ideas aparecen en nuestra mente, y desafortunadamente, la mayoría son de tipo negativo, limitante o bien crítico respecto a nuestra persona. Cuando estos pensamientos son recurrentes e invasivos, y nos bloquean o nos producen malestar de forma continuada, entonces estaríamos hablando de lo que denominamos como pensamientos obsesivos.

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Dentro de los que denominamos como pensamientos obsesivos, personalmente distingo dos grandes grupos;

El primer grupo son aquellos pensamientos que hacen referencia a algún hecho o circunstancia de la realidad que nos está preocupando en el presente. Por ejemplo imaginemos que acabamos de perder nuestro trabajo. Ante la desafortunada noticia, seguro que van a aparecer multitud de miedos e incertidumbres respecto al futuro y la forma como vamos a poder superar esta dificultad. Son momentos en que nuestra mente empieza a ser invadida por una gran cantidad de pensamientos, la mayoría de ellos negativos, catastrofistas o bien limitantes respecto a nuestra persona del tipo; “No voy a encontrar trabajo”, “La he fastidiado”, “Nadie va a querer contratarme”, etc… Es normal que este tipo de pensamientos afloren ante este tipo de situaciones, no obstante no podemos dejar que tomen el control. Seguirle la corriente a estos pensamientos significa adoptar una actitud pasiva ante aquello que nos está pasando. Con una actitud pasiva lo único que conseguimos es dañar nuestra autoestima y perjudicar nuestra salud física y emocional. Si por el contrario, adoptamos una actitud activa, a través de pensamientos del tipo; “¿Qué está en mis manos hacer para solucionar aquello que me preocupa?, “Voy a utilizar todos mis recursos y contactos para encontrar un nuevo trabajo”, “Revisaré mi CV y empezaré a buscar nuevas oportunidades”, etc…, seguro que nuestro estado emocional, dentro de la difícil situación que estamos atravesando, no se verá tan alterado.

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El segundo grupo de pensamientos obsesivos son aquellos de tipo recurrente, que nos invaden sin tener, aparentemente, un motivo para ello. Normalmente son pensamientos que no hacen referencia a ningún acontecimiento o circunstancia de nuestra realidad, sino que más bien son fantasías catastrofistas que afloran en nuestra mente. Muchos de estos pensamientos suelen conllevar ideas que la persona considera como “locas”, o que no pertenecen a una persona mentalmente sana. En estos casos es frecuente que aparezcan ideas relacionadas con la posibilidad de dañar a otros o asimismo, por ejemplo; “Y si cojo este cuchillo y hago daño a alguien”, “Qué pasaría si empujo a una persona delante del metro”, “Y si me tiro por el balcón y me suicido” … en estos casos, y si la persona no padece de ningún trastorno mental, este tipo de pensamientos suelen ser un síntoma de algún desequilibrio emocional que la persona está viviendo en su vida. Estos pensamientos suelen tener su origen en una parte más inconsciente de nuestra mente, y su objetivo es enviarnos un mensaje. No obstante los mecanismos de defensa de nuestra psique, como la represión o la deflexión, nos impiden tomar conciencia del significado de ese mensaje. En estos casos es recomendable ayuda terapéutica, la cual nos permitirá desvelar aquello que se oculta detrás de estas ideas.

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A continuación voy a comentaros algunas pautas que podéis utilizar para enfrentar los pensamientos obsesivos. No obstante, y como he comentado anteriormente, si este tipo de pensamientos persisten en el tiempo, generando cada vez más malestar, es recomendable acudir a un profesional de la ayuda.

La primera pauta a seguir es entender que nosotros no podemos controlar aquello que pensamos, de hecho como más queremos controlar nuestros pensamientos más presentes se hacen en nuestra mente. Como más nos enfocamos en un pensamiento para eliminarlo, mayor importancia le estamos dando y por tanto más conflicto nos va a generar. Paradójicamente actuando así obtenemos el resultado que queremos evitar, que el pensamiento se quede en nuestra mente y aumente su efecto perjudicial.

La segunda pauta es no juzgar aquello que pensamos. Muchas veces cuando los pensamientos obsesivos se quedan instalados en nuestra mente empezamos a juzgarnos, sobre todo en lo que hace referencia al segundo grupo de pensamientos. En estas circunstancias es habitual decirnos frases del tipo; “yo no puedo estar pensando eso”, “qué tipo de persona soy si pienso algo así”, “si alguien supiese lo que pienso me rechazaría”, “este no soy yo”... El juicio únicamente funciona para desestabilizarnos aún más ante este tipo de pensamientos, y nos conduce a adoptar una actitud de resistencia ante el pensamiento. Con esta lucha lo que conseguimos es dar más protagonismo a este tipo de ideas y en consecuencia evitar que se marchen de nuestra mente, sintiéndonos cada vez peor.

La tercera pauta es aceptar que todos en algún momento podemos tener este tipo de pensamientos, el motivo o la causa no nos debe importar ahora, simplemente los tenemos. La diferencia es que mientras que la mayoría de nosotros deja pasar estos pensamientos, sin darles una mayor importancia, la persona que sufre de pensamientos obsesivos se queda enganchada a ellos.

Aunque como he dicho no podemos evitar que los pensamientos obsesivos surjan en nuestra mente, sí podemos gestionarlos de forma que su impacto en nuestra persona sea menor. Para ello podemos realizar diferentes ejercicios como apuntar estos pensamientos y mirar de sustituirlos por otros de más saludables.

La cuarta y última pauta sería la focalización en el momento presente. Si te sientes desbordado por tus pensamientos obsesivos, busca un espacio y un tiempo para focalizarte en tu cuerpo y en el momento presente. Durante este espacio de tiempo practica ejercicios de respiración o de meditación que te ayuden a salir de tu pensamiento (aquí te dejo un enlace con algunos de estos ejercicios). Estas prácticas te permitirán conectar con tu cuerpo y con el momento presente, favoreciendo a que puedas desconectar de tus pensamientos. En un gran número de casos no es tan problemático el tipo de pensamiento que aparece en nuestra mente, como la rumiación que nosotros hacemos una vez la idea ha aparecido en nuestra conciencia. En definitiva, que es nuestra atención continuada en estas ideas o pensamientos lo que provoca que éstos adopten un carácter obsesivo. A continuación te dejo un enlace a una meditación guiada, la cual puede ayudarte a conectar con tu presente.



Si crees que puedes estar sufriendo de pensamientos obsesivos, no dudes en pedir ayuda, la terapia te permitirá superar este tipo de pensamiento y te ayudará a recuperar tu equilibrio emocional. Puedes contactar conmigo en el siguiente enlace, o bien en el teléfono 645 368 714, llamada o whatsapp y te informaré sin compromiso. 
La primera sesión de consulta es gratuita.

Si quieres leer más sobre esta temática, aquí te dejo otro de mis artículos:

Sobre el pensamiento obsesivo

Leslie Beebe

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Como superar una ruptura amorosa

Como superar una ruptura amorosa. En algún momento de nuestra vida, todos debemos enfrentarnos a la difícil situación que supone el fin de una relación amorosa. Ya sea porque un día nuestra pareja nos comunica la terrible noticia, como si somos nosotros, quién después de un tiempo meditándolo decidimos dar el paso y finalizar la relación, no hay duda que es una situación desagradable y dolorosa para ambas partes.

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En ambos casos, la terapia puede ser el apoyo recomendable para superar un momento tan complicado. Para la persona que decide tomar la decisión, a priori la terapia puede ayudarle a profundizar en los motivos y consecuencias de tomar una decisión de este tipo. También puede hacerle ver las diferentes opciones que tiene ante sí, así como la mejor forma de comunicar al otro su decisión respecto a la relación. Para el otro miembro de la pareja, aquel que recibe la noticia, la terapia puede ser la muleta que le acompañe en un primer momento, para así ayudarle a amortiguar el intenso dolor que produce recibir una noticia de este tipo. Sin duda para los dos miembros de la pareja la ruptura supone el inicio de un largo camino, denominado como proceso de duelo. En ambos casos la terapia puede ser el apoyo y el acompañamiento necesario para superar dicho proceso.

En mi experiencia, las personas que acuden a terapia y con las que trabajo procesos de duelo de este tipo, suelen cumplir generalmente dos tipos de perfiles; el primero son aquellas personas que han vivido una ruptura reciente y se encuentran, aparte de muy dolidos, tremendamente desorientados ante un trauma de este tipo. En estos casos, la terapia les acompaña y les orienta para empezar a vivir un proceso de duelo saludable. El segundo perfil de personas son aquellas que ya llevan un tiempo en el proceso de duelo, pero que sienten que no avanzan, pues se han quedado paralizadas en algún punto del proceso como puede ser la negación, la rabia o la melancolía, entre otros. Ante esta situación, el objetivo de la terapia es desbloquear el proceso para que así el duelo pueda desarrollarse con normalidad.

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Volviendo al momento presente, y si acabamos de vivir una ruptura amorosa reciente, a continuación os daré unas pautas generales que os ayuden a transitar estos duros momentos. No obstante quiero remarcar que en ningún caso estas recomendaciones sustituyen la terapia psicológica.

1. No te dé vergüenza llorar ni sentirte triste; de hecho debes reservarte momentos del día para estar en contacto con esta emoción y permitirte llorar tanto como te pida el cuerpo. Reprimir tus emociones o bien mantenerte activo todo el tiempo para evitar contactar con aquello que sientes, solo te provocará un mayor sufrimiento.

2. Busca vías de expresión; a parte de llorar, puedes manifestar tu dolor con la ayuda de otras vías como la escritura o el arte. En ambos casos, aparte de ser canales de expresión de tus emociones, también te permitirán racionalizar y estructurar la situación.

3. Comunícate con amigos y apóyate en tus seres queridos.; es importante que aparte de reservarte tus momentos de soledad, para estar en contacto contigo, también te abras a expresar aquello que sientes a amigos y familiares. No tengas vergüenza por hacerlo y déjate ayudar, piensa que  tú también darías tu apoyo a una persona cercana si lo estuviese pasando mal. Si con el tiempo sientes que no mejoras, o no te ves capaz de superar la ruptura por ti mismo, sería aconsejable que pidieses ayuda profesional.

4. No te culpabilices ni castigues por lo sucedido; piensa que ya no puedes cambiar el pasado, lo único que puedes hacer es aprender de la experiencia para que, en la medida de lo posible, no se vuelva a repetir con tus futuras parejas.  Es importante que distingas entre responsabilizarte y culpabilizarte. Responsabilizarte significar mirar hacia el futuro, con optimismo y aprendiendo de la experiencia vivida, tomando conciencia de la parte de responsabilidad que te corresponde en lo sucedido. Culpabilizarte significa castigarte por lo vivido, por ejemplo haciéndote  preguntas del tipo; “¿y si…?”, o bien diciéndote frases desvalorizadoras del tipo: “soy inútil”, “ya nadie me va a querer”, etc… Debes tener claro que este tipo de actitud solo te perjudica, pues añade un sufrimiento adicional e innecesario al dolor que ya estás viviendo por la pérdida.

5. Piensa en tu persona. Debes tener claro que en estos duros momentos no puedes descuidar tu cuidado personal; no olvides que tú eres lo más importante, independientemente de lo que haya sucedido con tu pareja. Los sucesos traumáticos como las rupturas amorosas suponen un duro golpe para nuestra autoestima y el autoconcepto que tenemos sobre nosotros mismos, por este motivo es muy importante que te quieras y te cuides; por ejemplo puedes ir a un centro de belleza para ponerte guapa, comprarte ropa nueva, plantearte un cambio de look, etc… todo ello te ayudará a que tu autoestima no se hunda en unos momentos tan vulnerables. Asimismo los duelos son una oportunidad para que retomes el contacto con antiguas amistades, así como también para que recuperes aficiones o actividades que quizás tenías olvidadas durante la relación.

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Si necesitas apoyo en tu proceso de duelo, la terapia puede ayudarte.

6. No tomes decisiones importantes. En estos duros momentos de crisis emocional evita tomar decisiones importantes como puede ser cambios de domicilio o de trabajo, pues estás confuso y tu mente no está clara. Más adelante, cuando las aguas estén más calmadas, entonces puedes plantearte este tipo de decisiones.

7. No te aísles.  Sería recomendable que no dejases de ir a trabajar o abandonases tus actividades de ocio debido a tu ruptura amorosa. Aunque es cierto que en estos momentos difíciles tu cuerpo te pedirá estar más en soledad, en contacto contigo mismo, también es verdad que la soledad no significa aislamiento. En consecuencia debes estar atento y equilibrar tus momentos de soledad con aquellos en los que estés con gente. De modo que no te dejes llevar por los extremos, pues no son saludables.

8. No quieras correr. Después de una ruptura sentimental, se abre un proceso de duelo. La misma palabra lo dice, proceso, eso significa que es un camino, y que por tanto no debes ser impaciente y querer correr para sentirte bien, no existen atajos en este sentido. Hay personas que no sostienen el dolor por la pérdida y se ponen a buscar otra pareja desesperadamente, con el objetivo de estar bien lo antes posible. Debes tener en cuenta que actuar así es lo peor que puedes hacer en estos momentos de fragilidad emocional. El primer paso es sanar tu herida emocional y recuperar el amor por ti mismo, después del duro golpe que has sufrido. Con el tiempo, una vez pasado el dolor por la pérdida y ya recuperado emocionalmente, ya tendrás tiempo de encontrar nuevas parejas y seguro que el amor volverá a tu vida.

9. No idealices tu relación ni a la otra persona. Como todo en esta vida, nada ni nadie es perfecto, no obstante cuando sufrimos una ruptura amorosa parece que solo nos enfoquemos en lo bueno de la relación, y en lo estupendo que era la persona que hemos perdido.  Piensa que si la relación ha terminado es porque existían aspectos que ya no funcionaban, y en este sentido es preferible que la ruptura se haya producido ahora, que no dejar pasar más tiempo. Es posible que hasta que no has recibido la fatal noticia no eras consciente de todos aquellos elementos que no funcionaban en la pareja, o quizás los obviabas o simplemente mirabas en otra dirección porque no querías aceptar la realidad. Ahora es el momento para reflexionar sobre los motivos que han hecho que tu relación se terminase; piensa que la ruptura se ha producido porque dichos factores han pesado más que todo lo bueno que teníais como pareja. Cuando analices lo sucedido no te culpabilices, únicamente responsabilizándote por la parte que te toca. Debes tomarlo como un aprendizaje, para que así puedas mejorar como persona y en tu rol de pareja en futuras relaciones, dando lo mejor de ti mismo.

"Algunos finales son felices, otros tan solo necesarios"

Si quieres leer más sobre esta temática, aquí te dejo otros de mis artículos:



Si estás viviendo un proceso de duelo y necesitas orientación u apoyo, rellena el formulario de contacto y me pondré en contacto contigo lo más pronto posible, o si lo prefieres llama al 645 368 714


Leslie Beebe
Terapia Gestalt y Coaching Personal Barcelona 
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https://www.saludterapia.com/terapeutas/t/f/4685-leslie-beebe-rodriguez.html

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Como evitar la dependencia emocional

Como evitar la dependencia emocional. Depender emocionalmente de otra persona es uno de los problemas que surgen con más frecuencia en nuestra interacción social, principalmente en las relaciones de pareja. La dependencia emocional se origina por una baja autoestima y por una profunda creencia de desvalorización personal. La persona dependiente cree que sin su pareja no sería capaz de tirar hacia delante en la vida, y mucho menos ser feliz. Esta falta de confianza en sí misma supone que viva su relación con una gran ansiedad y un intenso miedo a la posible pérdida de la pareja. Este miedo se manifiesta en el día a día a través de una necesidad constante de control sobre la pareja, así como en una actitud de confluencia total con la otra persona, es decir que el dependiente se funde con su pareja, dejando de lado sus necesidades, deseos y preferencias.

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Las actitudes emocionalmente dependientes puede tener diversos orígenes, principalmente tienen que ver con el tipo de apego que la persona experimentó en los primeros años de vida con sus padres, pero también pueden estar relacionadas con otros sucesos que hayan marcado la historia personal del individuo, como por ejemplo relaciones pasadas en las que se vivieron engaños e infidelidades, o bien relaciones en las que se sufrió algún tipo de maltrato por parte de la pareja.

A continuación voy a comentar algunos de los indicios que nos pueden ayudar a identificar que estamos viviendo nuestra relación bajo la dependencia emocional.

1. Sensación de necesidad constante por estar con la pareja. La ausencia de la pareja es vivida desde la ansiedad y los pensamientos negativos. Se vive con la sensación que por mucho tiempo que se pase con la otra persona nunca es suficiente.

2. Un intenso miedo ante la posibilidad de que la relación se termine. En ocasiones surge en el dependiente emocional la incredulidad por si aquello que está viviendo es real, y por tanto la tendencia es a pensar que más pronto o más tarde el otro le abandonará.

3. Ante el intenso miedo a quedarse solos, el dependiente emocional elabora toda una serie de estrategias para tener controlada a la pareja; llamadas y mensajes continuos, reclamos de afecto y atención constantes, etc…

4. Falta de asertividad y de reafirmación personal en la relación. Esto se refleja en una confluencia total con el otro y en la consecuente desconexión de las necesidades propias.

5.Baja autoestima expresada a través de pensamientos críticos y de desvalorización personal, del tipo; “no soy nada sin el otro” o "si el/ella no me quiere, nadie lo hará".

6. Dificultad para sostener los momentos de soledad. Ausencia de disfrute del espacio personal y de las actividades propias.

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Si te sientes identificado/a con algunos de estos indicios, es posible que estés sufriendo de dependencia emocional hacia tu pareja; si éste es el caso, a continuación te dejo algunas pautas que pueden ayudarte a superarla.

1. Reconoce y responsabilízate de tu problema
Tomar conciencia que uno es dependiente de su pareja no es tarea fácil, y mucho menos responsabilizarse por ello y pedir ayuda, no obstante éste es el primer paso que debes dar en el camino hacia tu sanación emocional. En múltiples ocasiones el dependiente emocional culpa al entorno de su problemática, pues no quiere aceptar como suyo el problema. En estos casos puede ser que culpabilice a otras personas de su situación (a la pareja principalmente, pero también a otros familiares), o bien que proyecte la culpa en circunstancias externas como el elevado volumen de trabajo, o el ambiente laboral conflictivo al que se ve sometido, entre otras.

2. Date un espacio propio en la relación
Aunque es saludable compartir actividades con la pareja, también lo es reservar un tiempo y un espacio para otras actividades propias. La distancia física con la otra persona y la satisfacción de realizar actividades con las que uno disfruta, favorecen un aumento de la autoestima y a ganar seguridad en uno mismo. Puede ser que en este proceso de recuperación del espacio propio, te des cuenta que has dejado de lado aspectos que eran importantes para ti en el pasado en favor de tu relación de pareja como amigos, aficiones, trabajos, etc…. Si éste es tu caso, sería aconsejable que te plantearas recuperarlos.

3. Empieza a escucharte
Es importante que te dejes un espacio y un tiempo para tomar conciencia de tus necesidades, y por tanto de aquello que quieres y no quieres en tu relación. Por ejemplo si tu pareja te hace alguna proposición, evita contestar automáticamente y de forma favorable, para así complacerle. Déjate unos instantes para mirar en tu interior y escúchate antes de dar una respuesta. Cuando vivimos bajo la dependencia emocional ponemos nuestro foco de atención exclusivamente en el otro, olvidándonos de nuestra persona, pues nuestro mayor miedo es que si no satisfacemos las demandas de la pareja ésta nos abandonará.

4. Pon límites y empieza a decir No
La sinceridad y la libertad de poderte expresar ante el otro son las bases de un buen funcionamiento en la pareja. En este sentido es importante que empieces a fijar límites en tu relación. Aunque en tu cabeza surja el miedo al abandono, debes permitirte la libertad de decir no, así como ser capaz de fijar unos límites determinados según sea el caso. Verás como al principio te puede resultar difícil hacerlo, y más si llevas tiempo viviendo tu relación desde la dependencia emocional, no obstante si te permites hacerlo, pronto te darás cuenta que a largo plazo es preferible pasar por unos momentos difíciles, que no tener que “tragar” con algo con lo que no estás de acuerdo. Como dice el refrán “mas vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo”.

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5. Exprésate desde la asertividad
Empieza a expresarte desde la asertividad. Ser asertivo/a significa ser capaz de manifestar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás. Podríamos decir que la asertividad es el punto medio entre la sumisión (es la tendencia propia de las personas con dependencia emocional) y la agresividad. Utilizar la asertividad te ayudará a expresarte de una forma libre y te permitirá posicionarte ante un tema determinado desde una postura propia, favoreciendo a que ganes seguridad y confianza en ti mismo/a.

6. Mentalízate que tú eres lo más importante
Las relaciones van y vienen durante nuestra vida, sin embargo nosotros permanecemos en el tiempo. Por este motivo es muy importante que antepongas el cuidado de tu persona al de la relación y al de tu pareja. Esto no significa que te conviertas en una persona insensible y egoísta, simplemente que respetes a tu pareja a la vez que te respetas a ti mismo. Repitiendo lo que hemos dicho anteriormente, para que este respecto hacia tu persona se materialice debes aprender a decir No, debes poder fijar límites, así como también permitirte expresar abiertamente a tu pareja cuáles son tus necesidades en cada momento. Si actúas de esta forma, verás como el autoconcepto que tienes sobre ti mismo/a también se verá favorecido, aumentando tu autoestima y bienestar.

7. Revisa tus valores y creencias
En ocasiones experimentamos la relación de pareja desde unos valores y creencias que hemos aprendido durante nuestra vida; sin embargo muchas veces estas creencias no las hemos escogido, ni tampoco son representativas de lo que realmente somos, simplemente las hemos integrado sin cuestionarnos su naturaleza. Muchas de estas creencias tienen su origen en la familia de procedencia, aunque también influyen otros factores como la cultura o el entorno en el que hayamos crecido. Estas creencias se pueden manifestar en multitud de mensajes, todos ellos diferentes según cada persona, sin embargo suelen existir ideas comunes del tipo; “una mujer necesita a un hombre”, “te vas a quedar para vestir santos”, “siendo así nadie te va a querer”, “te vas a quedar solo/a”, “vas a ser el solterón del grupo”… y tantas otras frases que llegamos a creer a pies juntillas.
Debido al efecto limitante y perjudicial que estas creencias nos pueden provocar, es importante que las revisemos y las confrontemos, para así adecuarlas a nuestra persona y al momento presente en el que vivimos.

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8. Busca ayuda profesional
Si sientes que la dependencia emocional es un problema en tu vida, lo aconsejable es que pidas ayuda profesional. Muchas veces no es fácil tomar conciencia por nosotros mismos de aquello que nos pasa, y menos aún encauzar el tema para poder resolverlo; por este motivo es necesario una mirada profesional, externa y objetiva que nos ayude a recuperar nuestro equilibrio emocional.

A continuación te dejo otro artículo relacionado con este tema:

Dependencia emocional y terapia

"Hay que amar siendo libre; Yo no te necesito, te prefiero, te elijo" Walter Riso

Leslie Beebe
Terapia Gestalt y Coaching Personal Barcelona

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La hipocondría o el miedo a enfermar


La hipocondría o el miedo a enfermar. La hipocondría es uno de los temas que en los últimos tiempos aparece con más frecuencia en las sesiones de terapia. Denominamos hipocondría a la preocupación excesiva por la salud, la cual se manifiesta en un miedo creciente a sufrir una enfermedad grave, con el aliciente que la persona hipocondríaca tiene la absoluta convicción que sufre esa enfermedad que tanto teme.


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El arquetipo del hipocondríaco nace en 1673, con la representación de la obra “El enfermo imaginario” de Molière. En esta obra el propio Molière interpretaba el personaje de un burgués (Monsieur Argan) que siempre creía estar enfermo , actitud con la cual conseguía la atención permanente de su familia, en particular de su esposa.

Cuando Molière representó la obra por cuarta vez, sintió que los síntomas del personaje le estaban llevando a la muerte. En esos momentos la función se canceló y Molière fue llevado a casa, donde murió horas más tarde. En dicha representación Molière vestía de amarillo, por lo que aún existe la superstición en el mundo artístico que vestir ropas amarillas en escena atrae la mala suerte.

Al igual que el papel representado por Molière en su obra, la persona hipocondríaca adopta una actitud de estar pendiente a todas horas de aquello que sucede en su organismo. Cualquier señal que emite su cuerpo, y que la persona juzga como anormal, es valorada de forma tremendista como un síntoma de que está padeciendo una enfermedad grave. De esta forma el hipocondríaco vive bajo un intenso y continuado miedo a estar enfermo.

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"Doctor's visit" de Jan Steen

Ante esta situación de miedo, el hipocondríaco reacciona buscando aquellos indicios que le corroboren su diagnóstico, para ello suele utilizar herramientas como internet. La información masiva que se encuentra en la red y la gran cantidad de valoraciones y opiniones sobre temas médicos facilitan que el hipocondríaco encuentre la confirmación a sus sospechas. Incluso a veces el hipocondríaco puede llegar a obsesionarse  tanto con una enfermedad, que pude llegar a somatizar otros síntomas relacionados con ella.

El trastorno de la hipocondría suele estar relacionado con otro tipo de problemas como estados de ansiedad, problemas obsesivos relacionados con el control, negación de algún tipo de dolor como el derivado de un duelo, o bien puede relacionarse también con una necesidad permanente por recibir atención de los demás. 

Sin embargo el origen de este trastorno suele derivarse de una resistencia a tomar conciencia de aquello que realmente está sucediendo en nuestra vida. Podríamos decir que es una distracción de aquello que es importante para nosotros y que preferimos obviar por algún motivo u otro.
Por ejemplo; quizás no estamos bien con nuestra pareja, con la cual hemos convivido muchos años y tenemos hijos en común. La dificultad para asumir esta realidad y tomar una decisión al respecto, hace que nos enfoquemos en buscar aquello que anda mal en nuestro cuerpo, distrayendo de esta forma nuestra atención del tema principal, en este caso la pareja. Así como más atención le pongo a mi obsesión por estar enfermo, menos me ocupo de lo que realmente me está preocupando.  

Asimismo, la hipocondría nos sirve para llamar la atención de las personas de nuestro entorno; pareja, familia o amigos… De nuevo el objetivo de esta actitud es evitar poner atención en nuestra situación, de esta forma evitamos responsabilizarnos de nuestra persona y de nuestra vida, esperando que sean otros quien lo hagan por nosotros.

El pensamiento obsesivo propio del hipocondríaco no parará hasta encontrar todas las pruebas y justificaciones que expliquen que realmente está padeciendo la enfermedad que él/ella ha elegido. No serán suficientes las pruebas clínicas o el criterio médico para disuadir al hipocondríaco del error en su diagnóstico. Las visitas médicas y los análisis únicamente funcionan como un refuerzo a la hipocondría, pues aunque proporcionan un alivio temporal a la persona, la obsesión vuelve a aparecer al cabo de poco tiempo, volviendo el bucle de pensamiento obsesivo.

Si sientes que puedes estar padeciendo un trastorno como la hipocondría, el primer paso es ir a tu médico de cabecera y explicarle tu situación. El médico te guiará en los siguientes pasos que debes dar y si es necesario te recetará algún tipo de  medicación. Si realmente se confirma el diagnóstico, debes acudir a un psicólogo o terapeuta que te ayude a recuperar tu equilibrio emocional.


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A continuación voy a comentar unas pautas que pueden ayudarte en tu camino de recuperación, aunque como ya he comentado son solo recomendaciones y no soluciones para el problema, el cual debe ser tratado en terapia.

1. Hazte las preguntas adecuadas
Pregúntate que pasaría si realmente sufrieses esa enfermedad incurable que tanto te preocupa. Quizás te des cuenta que estar enfermo te permitiría eludir responsabilidades en un trabajo que no te gusta (pero que no te atreves a dejar) o quizás conseguirías que tu pareja estuviese más por ti (cuando hace tiempo que vivís una crisis que ninguno de los dos queréis enfrentar), o bien que no tendrías que pasar tanto tiempo en casa de tus suegros con los que te llevas fatal (y con los que no te atreves a poner límites).
Hazte esta pregunta y quizás encuentres la respuesta a aquello que realmente necesitas hacer. Plantéate cómo actuar de una forma adulta y responsable, aunque tengas miedo o sea difícil enfrentar aquello que realmente te preocupa, piensa que taparlo con tu obsesión no te solucionará el problema, sino que puede acabar agravándolo.

2. Deja de quejarte
Quejarte significa que tu atención está focalizada en la sintomatología que te causa malestar. Como más focalices tu atención en ella, mayor sufrimiento y ansiedad. Aunque un cierto grado de expresión puede darte alivio en un primer momento, recrearte en ese pensamiento únicamente va a generarte más malestar. Piensa que cuando pones atención en tus síntomas los magnificas. Cuando detectes que estás en la queja constante y repetitiva, focaliza tu atención en otros temas, distráete con actividades de ocio u otros intereses que te permitan estar centrado en el exterior, y no en aquello que le pasa a tu organismo.
Asimismo deja de analizarte, piensa que la mayoría de sensaciones corporales son normales, eres tú que al estar tan pendiente de tu organismo encuentras anomalías donde no las hay. La mayoría de personas no sienten su conciencia corporal como un problema, simplemente no le dan importancia, y siguen con su vida diaria, y ese es el camino que tú también debes tomar.


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3. Abandona las búsquedas por internet
Deja de hacerte el médico buscando explicaciones a tus síntomas. Internet es una herramienta que nos permite acceder a una gran cantidad de información, sin embargo eso es un arma de doble filo. Internet responde a las búsquedas que tu realizas, es decir si buscas: “síntomas de cáncer de pulmón” lo que internet te devolverá será una larga lista de síntomas, que tú relacionarás con aquello que te sucede, generándote aún más ansiedad.  Debes entender que la sintomatología no significa estar padeciendo de ninguna enfermedad, pues aparte de los síntomas, para padecer una enfermedad se deben dar otros factores, que únicamente un profesional médico conoce y por tanto puede diagnosticar.
Un ejercicio que puedes probar la próxima vez que busques en internet es realizar una búsqueda diferente, del tipo “síntomas de una vida saludable”, a ver cuáles son los resultados.

4. Confía en tu cuerpo
El cuerpo humano es un organismo extraordinario, producto de la evolución de millones de años. Su tendencia natural es buscar el equilibrio para así estar sano. No obstante cuando la mente interviene con pensamientos intrusivos y obsesivos este equilibrio puede verse afectado. Por este motivo es muy importante que te enfoques en tu equilibrio mental, en especial en tu gestión emocional, pues seguramente allí está el origen de tus problemas, y no en un mal funcionamiento de tu organismo.
Por desgracia nuestra educación emocional suele ser una asignatura pendiente cuando llegamos a adultos, lo que con el tiempo nos lleva a sufrir alguna crisis personal derivada de este desconocimiento emocional. Para ello es recomendable ponernos manos a la obra, por ejemplo empezando un proceso terapéutico de crecimiento personal y gestión emocional, el cual nos permitirá recuperar nuestro bienestar.

5. Pon atención en tus necesidades
Como hemos dicho anteriormente, la hipocondría suele ser una señal de unas necesidades no satisfechas. Por este motivo es importante que te centres en ti, y no me refiero a que te centres en escuchar qué le pasa a tu organismo, sino en cuidarte y en hacer actividades que te hagan sentir bien y que disfrutes. Además es importante que tomes un tiempo para estar en contacto contigo mismo, para escuchar tus necesidades. Para ello reserva unos minutos al día, con 10 es suficiente, para estar en silencio y en contacto contigo mismo. Puedes hacerlo utilizando la meditación o ejercicios de relajación que te ayuden a centrarte en el aquí y ahora.

6. Revisa tu historial
Enumera cuantas veces has ido al médico en el último año, quizás te sorprendas al ver el resultado. Revisa los motivos que te llevaron a la consulta, y si finalmente tus mayores temores se acabaron cumpliendo. Si actualmente sientes algún dolor o malestar, el primer pensamiento que debes tener es que no te pasa nada, deja que pasen unos días, sin estar pendiente de ello, a ver como evoluciona. La mayoría de males desaparecen cuando nuestra conciencia está ocupada en otros asuntos.
Si quieres prueba a cambiar tu foco de atención, en vez de tomar conciencia de aquello que no funciona bien, anota todo aquello que sí funciona bien en tu organismo, y verás el resultado de ese cambio de actitud.

7. Practica la relajación
En el momento que sientas que tu mente se acelera con pensamientos catastróficos y obsesivos, mira de tumbarte y practicar ejercicios de respiración, como la respiración abdominal (aquí tienes algunos ejercicios que pueden ayudarte).

Puedes practicar un ejercicio que es el siguiente: visualiza en tu mente un gran cielo azul, e imagina tus pensamientos como nubes que van pasando por él. Procura  no quedarte enganchado a ninguno de ellos, simplemente déjalos marchar. Tampoco los valores ni luches contra ellos, acéptalos y admite el hecho que no puedes controlar aquello que piensas, pero sí la forma como reaccionas ante ello. Prueba también a describir las sensaciones que percibes, pero sin enjuiciarlas, por ejemplo: “noto que mi corazón late deprisa”, en vez de “siento taquicardia, algo no va bien”. Realiza estos ejercicios unos minutos al día, y después sigue con tu rutina habitual.

En resumen, la hipocondría  es una fantasía que crea tu mente para distraerte de aquello que realmente necesitas atender. Como más te centres en tus pensamientos obsesivos, mayor será el miedo y la ansiedad, por este motivo es importante que busques aquello que tu obsesión quiere ocultar. Debes focalizarte en descubrir aquellas necesidades que no han sido atendidas, así como aquellas emociones que quizás has reprimido o no gestionado correctamente y que ahora piden ser escuchadas.

"El hombre que tiene miedo sin peligro inventa el peligro para justificar su miedo" Alain

Leslie Beebe

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