Como superar una ruptura amorosa

Como superar una ruptura amorosa. En algún momento de nuestra vida, todos debemos enfrentarnos a la difícil situación que supone el fin de una relación amorosa. Ya sea porque un día nuestra pareja nos comunica la terrible noticia, como si somos nosotros, quién después de un tiempo meditándolo decidimos dar el paso y finalizar la relación, no hay duda que es una situación desagradable y dolorosa para ambas partes.

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En ambos casos, la terapia puede ser el apoyo recomendable para superar un momento tan complicado. Para la persona que decide tomar la decisión, a priori la terapia puede ayudarle a profundizar en los motivos y consecuencias de tomar una decisión de este tipo. También puede hacerle ver las diferentes opciones que tiene ante sí, así como la mejor forma de comunicar al otro su decisión respecto a la relación. Para el otro miembro de la pareja, aquel que recibe la noticia, la terapia puede ser la muleta que le acompañe en un primer momento, para así ayudarle a amortiguar el intenso dolor que produce recibir una noticia de este tipo. Sin duda para los dos miembros de la pareja la ruptura supone el inicio de un largo camino, denominado como proceso de duelo. En ambos casos la terapia puede ser el apoyo y el acompañamiento necesario para superar dicho proceso.

En mi experiencia, las personas que acuden a terapia y con las que trabajo procesos de duelo de este tipo, suelen cumplir generalmente dos tipos de perfiles; el primero son aquellas personas que han vivido una ruptura reciente y se encuentran, aparte de muy dolidos, tremendamente desorientados ante un trauma de este tipo. En estos casos, la terapia les acompaña y les orienta para empezar a vivir un proceso de duelo saludable. El segundo perfil de personas son aquellas que ya llevan un tiempo en el proceso de duelo, pero que sienten que no avanzan, pues se han quedado paralizadas en algún punto del proceso como puede ser la negación, la rabia o la melancolía, entre otros. Ante esta situación, el objetivo de la terapia es desbloquear el proceso para que así el duelo pueda desarrollarse con normalidad.

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Volviendo al momento presente, y si acabamos de vivir una ruptura amorosa reciente, a continuación os daré unas pautas generales que os ayuden a transitar estos duros momentos. No obstante quiero remarcar que en ningún caso estas recomendaciones sustituyen la terapia psicológica.

1. No te dé vergüenza llorar ni sentirte triste; de hecho debes reservarte momentos del día para estar en contacto con esta emoción y permitirte llorar tanto como te pida el cuerpo. Reprimir tus emociones o bien mantenerte activo todo el tiempo para evitar contactar con aquello que sientes, solo te provocará un mayor sufrimiento.

2. Busca vías de expresión; a parte de llorar, puedes manifestar tu dolor con la ayuda de otras vías como la escritura o el arte. En ambos casos, aparte de ser canales de expresión de tus emociones, también te permitirán racionalizar y estructurar la situación.

3. Comunícate con amigos y apóyate en tus seres queridos.; es importante que aparte de reservarte tus momentos de soledad, para estar en contacto contigo, también te abras a expresar aquello que sientes a amigos y familiares. No tengas vergüenza por hacerlo y déjate ayudar, piensa que  tú también darías tu apoyo a una persona cercana si lo estuviese pasando mal. Si con el tiempo sientes que no mejoras, o no te ves capaz de superar la ruptura por ti mismo, sería aconsejable que pidieses ayuda profesional.

4. No te culpabilices ni castigues por lo sucedido; piensa que ya no puedes cambiar el pasado, lo único que puedes hacer es aprender de la experiencia para que, en la medida de lo posible, no se vuelva a repetir con tus futuras parejas.  Es importante que distingas entre responsabilizarte y culpabilizarte. Responsabilizarte significar mirar hacia el futuro, con optimismo y aprendiendo de la experiencia vivida, tomando conciencia de la parte de responsabilidad que te corresponde en lo sucedido. Culpabilizarte significa castigarte por lo vivido, por ejemplo haciéndote  preguntas del tipo; “¿y si…?”, o bien diciéndote frases desvalorizadoras del tipo: “soy inútil”, “ya nadie me va a querer”, etc… Debes tener claro que este tipo de actitud solo te perjudica, pues añade un sufrimiento adicional e innecesario al dolor que ya estás viviendo por la pérdida.

5. Piensa en tu persona. Debes tener claro que en estos duros momentos no puedes descuidar tu cuidado personal; no olvides que tú eres lo más importante, independientemente de lo que haya sucedido con tu pareja. Los sucesos traumáticos como las rupturas amorosas suponen un duro golpe para nuestra autoestima y el autoconcepto que tenemos sobre nosotros mismos, por este motivo es muy importante que te quieras y te cuides; por ejemplo puedes ir a un centro de belleza para ponerte guapa, comprarte ropa nueva, plantearte un cambio de look, etc… todo ello te ayudará a que tu autoestima no se hunda en unos momentos tan vulnerables. Asimismo los duelos son una oportunidad para que retomes el contacto con antiguas amistades, así como también para que recuperes aficiones o actividades que quizás tenías olvidadas durante la relación.

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Si necesitas apoyo en tu proceso de duelo, la terapia puede ayudarte.

6. No tomes decisiones importantes. En estos duros momentos de crisis emocional evita tomar decisiones importantes como puede ser cambios de domicilio o de trabajo, pues estás confuso y tu mente no está clara. Más adelante, cuando las aguas estén más calmadas, entonces puedes plantearte este tipo de decisiones.

7. No te aísles.  Sería recomendable que no dejases de ir a trabajar o abandonases tus actividades de ocio debido a tu ruptura amorosa. Aunque es cierto que en estos momentos difíciles tu cuerpo te pedirá estar más en soledad, en contacto contigo mismo, también es verdad que la soledad no significa aislamiento. En consecuencia debes estar atento y equilibrar tus momentos de soledad con aquellos en los que estés con gente. De modo que no te dejes llevar por los extremos, pues no son saludables.

8. No quieras correr. Después de una ruptura sentimental, se abre un proceso de duelo. La misma palabra lo dice, proceso, eso significa que es un camino, y que por tanto no debes ser impaciente y querer correr para sentirte bien, no existen atajos en este sentido. Hay personas que no sostienen el dolor por la pérdida y se ponen a buscar otra pareja desesperadamente, con el objetivo de estar bien lo antes posible. Debes tener en cuenta que actuar así es lo peor que puedes hacer en estos momentos de fragilidad emocional. El primer paso es sanar tu herida emocional y recuperar el amor por ti mismo, después del duro golpe que has sufrido. Con el tiempo, una vez pasado el dolor por la pérdida y ya recuperado emocionalmente, ya tendrás tiempo de encontrar nuevas parejas y seguro que el amor volverá a tu vida.

9. No idealices tu relación ni a la otra persona. Como todo en esta vida, nada ni nadie es perfecto, no obstante cuando sufrimos una ruptura amorosa parece que solo nos enfoquemos en lo bueno de la relación, y en lo estupendo que era la persona que hemos perdido.  Piensa que si la relación ha terminado es porque existían aspectos que ya no funcionaban, y en este sentido es preferible que la ruptura se haya producido ahora, que no dejar pasar más tiempo. Es posible que hasta que no has recibido la fatal noticia no eras consciente de todos aquellos elementos que no funcionaban en la pareja, o quizás los obviabas o simplemente mirabas en otra dirección porque no querías aceptar la realidad. Ahora es el momento para reflexionar sobre los motivos que han hecho que tu relación se terminase; piensa que la ruptura se ha producido porque dichos factores han pesado más que todo lo bueno que teníais como pareja. Cuando analices lo sucedido no te culpabilices, únicamente responsabilizándote por la parte que te toca. Debes tomarlo como un aprendizaje, para que así puedas mejorar como persona y en tu rol de pareja en futuras relaciones, dando lo mejor de ti mismo.

"Algunos finales son felices, otros tan solo necesarios"

Si quieres leer más sobre esta temática, aquí te dejo otros de mis artículos:



Si estás viviendo un proceso de duelo y necesitas orientación u apoyo, rellena el formulario de contacto y me pondré en contacto contigo lo más pronto posible, o si lo prefieres llama al 645 368 714


Leslie Beebe
Terapia Gestalt y Coaching Personal Barcelona 
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Como evitar la dependencia emocional

Como evitar la dependencia emocional. Depender emocionalmente de otra persona es uno de los problemas que surgen con más frecuencia en nuestra interacción social, principalmente en las relaciones de pareja. La dependencia emocional se origina por una baja autoestima y por una profunda creencia de desvalorización personal. La persona dependiente cree que sin su pareja no sería capaz de tirar hacia delante en la vida, y mucho menos ser feliz. Esta falta de confianza en sí misma supone que viva su relación con una gran ansiedad y un intenso miedo a la posible pérdida de la pareja. Este miedo se manifiesta en el día a día a través de una necesidad constante de control sobre la pareja, así como en una actitud de confluencia total con la otra persona, es decir que el dependiente se funde con su pareja, dejando de lado sus necesidades, deseos y preferencias.

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Las actitudes emocionalmente dependientes puede tener diversos orígenes, principalmente tienen que ver con el tipo de apego que la persona experimentó en los primeros años de vida con sus padres, pero también pueden estar relacionadas con otros sucesos que hayan marcado la historia personal del individuo, como por ejemplo relaciones pasadas en las que se vivieron engaños e infidelidades, o bien relaciones en las que se sufrió algún tipo de maltrato por parte de la pareja.

A continuación voy a comentar algunos de los indicios que nos pueden ayudar a identificar que estamos viviendo nuestra relación bajo la dependencia emocional.

1. Sensación de necesidad constante por estar con la pareja. La ausencia de la pareja es vivida desde la ansiedad y los pensamientos negativos. Se vive con la sensación que por mucho tiempo que se pase con la otra persona nunca es suficiente.

2. Un intenso miedo ante la posibilidad de que la relación se termine. En ocasiones surge en el dependiente emocional la incredulidad por si aquello que está viviendo es real, y por tanto la tendencia es a pensar que más pronto o más tarde el otro le abandonará.

3. Ante el intenso miedo a quedarse solos, el dependiente emocional elabora toda una serie de estrategias para tener controlada a la pareja; llamadas y mensajes continuos, reclamos de afecto y atención constantes, etc…

4. Falta de asertividad y de reafirmación personal en la relación. Esto se refleja en una confluencia total con el otro y en la consecuente desconexión de las necesidades propias.

5.Baja autoestima expresada a través de pensamientos críticos y de desvalorización personal, del tipo; “no soy nada sin el otro” o "si el/ella no me quiere, nadie lo hará".

6. Dificultad para sostener los momentos de soledad. Ausencia de disfrute del espacio personal y de las actividades propias.

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Si te sientes identificado/a con algunos de estos indicios, es posible que estés sufriendo de dependencia emocional hacia tu pareja; si éste es el caso, a continuación te dejo algunas pautas que pueden ayudarte a superarla.

1. Reconoce y responsabilízate de tu problema
Tomar conciencia que uno es dependiente de su pareja no es tarea fácil, y mucho menos responsabilizarse por ello y pedir ayuda, no obstante éste es el primer paso que debes dar en el camino hacia tu sanación emocional. En múltiples ocasiones el dependiente emocional culpa al entorno de su problemática, pues no quiere aceptar como suyo el problema. En estos casos puede ser que culpabilice a otras personas de su situación (a la pareja principalmente, pero también a otros familiares), o bien que proyecte la culpa en circunstancias externas como el elevado volumen de trabajo, o el ambiente laboral conflictivo al que se ve sometido, entre otras.

2. Date un espacio propio en la relación
Aunque es saludable compartir actividades con la pareja, también lo es reservar un tiempo y un espacio para otras actividades propias. La distancia física con la otra persona y la satisfacción de realizar actividades con las que uno disfruta, favorecen un aumento de la autoestima y a ganar seguridad en uno mismo. Puede ser que en este proceso de recuperación del espacio propio, te des cuenta que has dejado de lado aspectos que eran importantes para ti en el pasado en favor de tu relación de pareja como amigos, aficiones, trabajos, etc…. Si éste es tu caso, sería aconsejable que te plantearas recuperarlos.

3. Empieza a escucharte
Es importante que te dejes un espacio y un tiempo para tomar conciencia de tus necesidades, y por tanto de aquello que quieres y no quieres en tu relación. Por ejemplo si tu pareja te hace alguna proposición, evita contestar automáticamente y de forma favorable, para así complacerle. Déjate unos instantes para mirar en tu interior y escúchate antes de dar una respuesta. Cuando vivimos bajo la dependencia emocional ponemos nuestro foco de atención exclusivamente en el otro, olvidándonos de nuestra persona, pues nuestro mayor miedo es que si no satisfacemos las demandas de la pareja ésta nos abandonará.

4. Pon límites y empieza a decir No
La sinceridad y la libertad de poderte expresar ante el otro son las bases de un buen funcionamiento en la pareja. En este sentido es importante que empieces a fijar límites en tu relación. Aunque en tu cabeza surja el miedo al abandono, debes permitirte la libertad de decir no, así como ser capaz de fijar unos límites determinados según sea el caso. Verás como al principio te puede resultar difícil hacerlo, y más si llevas tiempo viviendo tu relación desde la dependencia emocional, no obstante si te permites hacerlo, pronto te darás cuenta que a largo plazo es preferible pasar por unos momentos difíciles, que no tener que “tragar” con algo con lo que no estás de acuerdo. Como dice el refrán “mas vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo”.

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5. Exprésate desde la asertividad
Empieza a expresarte desde la asertividad. Ser asertivo/a significa ser capaz de manifestar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás. Podríamos decir que la asertividad es el punto medio entre la sumisión (es la tendencia propia de las personas con dependencia emocional) y la agresividad. Utilizar la asertividad te ayudará a expresarte de una forma libre y te permitirá posicionarte ante un tema determinado desde una postura propia, favoreciendo a que ganes seguridad y confianza en ti mismo/a.

6. Mentalízate que tú eres lo más importante
Las relaciones van y vienen durante nuestra vida, sin embargo nosotros permanecemos en el tiempo. Por este motivo es muy importante que antepongas el cuidado de tu persona al de la relación y al de tu pareja. Esto no significa que te conviertas en una persona insensible y egoísta, simplemente que respetes a tu pareja a la vez que te respetas a ti mismo. Repitiendo lo que hemos dicho anteriormente, para que este respecto hacia tu persona se materialice debes aprender a decir No, debes poder fijar límites, así como también permitirte expresar abiertamente a tu pareja cuáles son tus necesidades en cada momento. Si actúas de esta forma, verás como el autoconcepto que tienes sobre ti mismo/a también se verá favorecido, aumentando tu autoestima y bienestar.

7. Revisa tus valores y creencias
En ocasiones experimentamos la relación de pareja desde unos valores y creencias que hemos aprendido durante nuestra vida; sin embargo muchas veces estas creencias no las hemos escogido, ni tampoco son representativas de lo que realmente somos, simplemente las hemos integrado sin cuestionarnos su naturaleza. Muchas de estas creencias tienen su origen en la familia de procedencia, aunque también influyen otros factores como la cultura o el entorno en el que hayamos crecido. Estas creencias se pueden manifestar en multitud de mensajes, todos ellos diferentes según cada persona, sin embargo suelen existir ideas comunes del tipo; “una mujer necesita a un hombre”, “te vas a quedar para vestir santos”, “siendo así nadie te va a querer”, “te vas a quedar solo/a”, “vas a ser el solterón del grupo”… y tantas otras frases que llegamos a creer a pies juntillas.
Debido al efecto limitante y perjudicial que estas creencias nos pueden provocar, es importante que las revisemos y las confrontemos, para así adecuarlas a nuestra persona y al momento presente en el que vivimos.

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8. Busca ayuda profesional
Si sientes que la dependencia emocional es un problema en tu vida, lo aconsejable es que pidas ayuda profesional. Muchas veces no es fácil tomar conciencia por nosotros mismos de aquello que nos pasa, y menos aún encauzar el tema para poder resolverlo; por este motivo es necesario una mirada profesional, externa y objetiva que nos ayude a recuperar nuestro equilibrio emocional.

A continuación te dejo otro artículo relacionado con este tema:

Dependencia emocional y terapia

"Hay que amar siendo libre; Yo no te necesito, te prefiero, te elijo" Walter Riso

Leslie Beebe
Terapia Gestalt y Coaching Personal Barcelona

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La hipocondría o el miedo a enfermar


La hipocondría o el miedo a enfermar. La hipocondría es uno de los temas que en los últimos tiempos aparece con más frecuencia en las sesiones de terapia. Denominamos hipocondría a la preocupación excesiva por la salud, la cual se manifiesta en un miedo creciente a sufrir una enfermedad grave, con el aliciente que la persona hipocondríaca tiene la absoluta convicción que sufre esa enfermedad que tanto teme.


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El arquetipo del hipocondríaco nace en 1673, con la representación de la obra “El enfermo imaginario” de Molière. En esta obra el propio Molière interpretaba el personaje de un burgués (Monsieur Argan) que siempre creía estar enfermo , actitud con la cual conseguía la atención permanente de su familia, en particular de su esposa.

Cuando Molière representó la obra por cuarta vez, sintió que los síntomas del personaje le estaban llevando a la muerte. En esos momentos la función se canceló y Molière fue llevado a casa, donde murió horas más tarde. En dicha representación Molière vestía de amarillo, por lo que aún existe la superstición en el mundo artístico que vestir ropas amarillas en escena atrae la mala suerte.

Al igual que el papel representado por Molière en su obra, la persona hipocondríaca adopta una actitud de estar pendiente a todas horas de aquello que sucede en su organismo. Cualquier señal que emite su cuerpo, y que la persona juzga como anormal, es valorada de forma tremendista como un síntoma de que está padeciendo una enfermedad grave. De esta forma el hipocondríaco vive bajo un intenso y continuado miedo a estar enfermo.

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"Doctor's visit" de Jan Steen

Ante esta situación de miedo, el hipocondríaco reacciona buscando aquellos indicios que le corroboren su diagnóstico, para ello suele utilizar herramientas como internet. La información masiva que se encuentra en la red y la gran cantidad de valoraciones y opiniones sobre temas médicos facilitan que el hipocondríaco encuentre la confirmación a sus sospechas. Incluso a veces el hipocondríaco puede llegar a obsesionarse  tanto con una enfermedad, que pude llegar a somatizar otros síntomas relacionados con ella.

El trastorno de la hipocondría suele estar relacionado con otro tipo de problemas como estados de ansiedad, problemas obsesivos relacionados con el control, negación de algún tipo de dolor como el derivado de un duelo, o bien puede relacionarse también con una necesidad permanente por recibir atención de los demás. 

Sin embargo el origen de este trastorno suele derivarse de una resistencia a tomar conciencia de aquello que realmente está sucediendo en nuestra vida. Podríamos decir que es una distracción de aquello que es importante para nosotros y que preferimos obviar por algún motivo u otro.
Por ejemplo; quizás no estamos bien con nuestra pareja, con la cual hemos convivido muchos años y tenemos hijos en común. La dificultad para asumir esta realidad y tomar una decisión al respecto, hace que nos enfoquemos en buscar aquello que anda mal en nuestro cuerpo, distrayendo de esta forma nuestra atención del tema principal, en este caso la pareja. Así como más atención le pongo a mi obsesión por estar enfermo, menos me ocupo de lo que realmente me está preocupando.  

Asimismo, la hipocondría nos sirve para llamar la atención de las personas de nuestro entorno; pareja, familia o amigos… De nuevo el objetivo de esta actitud es evitar poner atención en nuestra situación, de esta forma evitamos responsabilizarnos de nuestra persona y de nuestra vida, esperando que sean otros quien lo hagan por nosotros.

El pensamiento obsesivo propio del hipocondríaco no parará hasta encontrar todas las pruebas y justificaciones que expliquen que realmente está padeciendo la enfermedad que él/ella ha elegido. No serán suficientes las pruebas clínicas o el criterio médico para disuadir al hipocondríaco del error en su diagnóstico. Las visitas médicas y los análisis únicamente funcionan como un refuerzo a la hipocondría, pues aunque proporcionan un alivio temporal a la persona, la obsesión vuelve a aparecer al cabo de poco tiempo, volviendo el bucle de pensamiento obsesivo.

Si sientes que puedes estar padeciendo un trastorno como la hipocondría, el primer paso es ir a tu médico de cabecera y explicarle tu situación. El médico te guiará en los siguientes pasos que debes dar y si es necesario te recetará algún tipo de  medicación. Si realmente se confirma el diagnóstico, debes acudir a un psicólogo o terapeuta que te ayude a recuperar tu equilibrio emocional.


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A continuación voy a comentar unas pautas que pueden ayudarte en tu camino de recuperación, aunque como ya he comentado son solo recomendaciones y no soluciones para el problema, el cual debe ser tratado en terapia.

1. Hazte las preguntas adecuadas
Pregúntate que pasaría si realmente sufrieses esa enfermedad incurable que tanto te preocupa. Quizás te des cuenta que estar enfermo te permitiría eludir responsabilidades en un trabajo que no te gusta (pero que no te atreves a dejar) o quizás conseguirías que tu pareja estuviese más por ti (cuando hace tiempo que vivís una crisis que ninguno de los dos queréis enfrentar), o bien que no tendrías que pasar tanto tiempo en casa de tus suegros con los que te llevas fatal (y con los que no te atreves a poner límites).
Hazte esta pregunta y quizás encuentres la respuesta a aquello que realmente necesitas hacer. Plantéate cómo actuar de una forma adulta y responsable, aunque tengas miedo o sea difícil enfrentar aquello que realmente te preocupa, piensa que taparlo con tu obsesión no te solucionará el problema, sino que puede acabar agravándolo.

2. Deja de quejarte
Quejarte significa que tu atención está focalizada en la sintomatología que te causa malestar. Como más focalices tu atención en ella, mayor sufrimiento y ansiedad. Aunque un cierto grado de expresión puede darte alivio en un primer momento, recrearte en ese pensamiento únicamente va a generarte más malestar. Piensa que cuando pones atención en tus síntomas los magnificas. Cuando detectes que estás en la queja constante y repetitiva, focaliza tu atención en otros temas, distráete con actividades de ocio u otros intereses que te permitan estar centrado en el exterior, y no en aquello que le pasa a tu organismo.
Asimismo deja de analizarte, piensa que la mayoría de sensaciones corporales son normales, eres tú que al estar tan pendiente de tu organismo encuentras anomalías donde no las hay. La mayoría de personas no sienten su conciencia corporal como un problema, simplemente no le dan importancia, y siguen con su vida diaria, y ese es el camino que tú también debes tomar.


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3. Abandona las búsquedas por internet
Deja de hacerte el médico buscando explicaciones a tus síntomas. Internet es una herramienta que nos permite acceder a una gran cantidad de información, sin embargo eso es un arma de doble filo. Internet responde a las búsquedas que tu realizas, es decir si buscas: “síntomas de cáncer de pulmón” lo que internet te devolverá será una larga lista de síntomas, que tú relacionarás con aquello que te sucede, generándote aún más ansiedad.  Debes entender que la sintomatología no significa estar padeciendo de ninguna enfermedad, pues aparte de los síntomas, para padecer una enfermedad se deben dar otros factores, que únicamente un profesional médico conoce y por tanto puede diagnosticar.
Un ejercicio que puedes probar la próxima vez que busques en internet es realizar una búsqueda diferente, del tipo “síntomas de una vida saludable”, a ver cuáles son los resultados.

4. Confía en tu cuerpo
El cuerpo humano es un organismo extraordinario, producto de la evolución de millones de años. Su tendencia natural es buscar el equilibrio para así estar sano. No obstante cuando la mente interviene con pensamientos intrusivos y obsesivos este equilibrio puede verse afectado. Por este motivo es muy importante que te enfoques en tu equilibrio mental, en especial en tu gestión emocional, pues seguramente allí está el origen de tus problemas, y no en un mal funcionamiento de tu organismo.
Por desgracia nuestra educación emocional suele ser una asignatura pendiente cuando llegamos a adultos, lo que con el tiempo nos lleva a sufrir alguna crisis personal derivada de este desconocimiento emocional. Para ello es recomendable ponernos manos a la obra, por ejemplo empezando un proceso terapéutico de crecimiento personal y gestión emocional, el cual nos permitirá recuperar nuestro bienestar.

5. Pon atención en tus necesidades
Como hemos dicho anteriormente, la hipocondría suele ser una señal de unas necesidades no satisfechas. Por este motivo es importante que te centres en ti, y no me refiero a que te centres en escuchar qué le pasa a tu organismo, sino en cuidarte y en hacer actividades que te hagan sentir bien y que disfrutes. Además es importante que tomes un tiempo para estar en contacto contigo mismo, para escuchar tus necesidades. Para ello reserva unos minutos al día, con 10 es suficiente, para estar en silencio y en contacto contigo mismo. Puedes hacerlo utilizando la meditación o ejercicios de relajación que te ayuden a centrarte en el aquí y ahora.

6. Revisa tu historial
Enumera cuantas veces has ido al médico en el último año, quizás te sorprendas al ver el resultado. Revisa los motivos que te llevaron a la consulta, y si finalmente tus mayores temores se acabaron cumpliendo. Si actualmente sientes algún dolor o malestar, el primer pensamiento que debes tener es que no te pasa nada, deja que pasen unos días, sin estar pendiente de ello, a ver como evoluciona. La mayoría de males desaparecen cuando nuestra conciencia está ocupada en otros asuntos.
Si quieres prueba a cambiar tu foco de atención, en vez de tomar conciencia de aquello que no funciona bien, anota todo aquello que sí funciona bien en tu organismo, y verás el resultado de ese cambio de actitud.

7. Practica la relajación
En el momento que sientas que tu mente se acelera con pensamientos catastróficos y obsesivos, mira de tumbarte y practicar ejercicios de respiración, como la respiración abdominal (aquí tienes algunos ejercicios que pueden ayudarte).

Puedes practicar un ejercicio que es el siguiente: visualiza en tu mente un gran cielo azul, e imagina tus pensamientos como nubes que van pasando por él. Procura  no quedarte enganchado a ninguno de ellos, simplemente déjalos marchar. Tampoco los valores ni luches contra ellos, acéptalos y admite el hecho que no puedes controlar aquello que piensas, pero sí la forma como reaccionas ante ello. Prueba también a describir las sensaciones que percibes, pero sin enjuiciarlas, por ejemplo: “noto que mi corazón late deprisa”, en vez de “siento taquicardia, algo no va bien”. Realiza estos ejercicios unos minutos al día, y después sigue con tu rutina habitual.

En resumen, la hipocondría  es una fantasía que crea tu mente para distraerte de aquello que realmente necesitas atender. Como más te centres en tus pensamientos obsesivos, mayor será el miedo y la ansiedad, por este motivo es importante que busques aquello que tu obsesión quiere ocultar. Debes focalizarte en descubrir aquellas necesidades que no han sido atendidas, así como aquellas emociones que quizás has reprimido o no gestionado correctamente y que ahora piden ser escuchadas.

"El hombre que tiene miedo sin peligro inventa el peligro para justificar su miedo" Alain

Leslie Beebe

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Como enfrentar una crisis de ansiedad


Como enfrentar una crisis de ansiedad. El estrés y la ansiedad son respuestas de nuestro cuerpo ante situaciones que percibimos como amenazantes. Este tipo de respuestas se caracterizan por la sensación de miedo, el cual puede ser vivenciado de diferentes formas y en distintas magnitudes, según cada persona y situación.

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No debemos juzgar de forma negativa al estrés y la ansiedad, pues son respuestas de nuestro organismo ante circunstancias que nos ponen en alerta. Su objetivo es protegernos de posibles daños o amenazas.

Sin embargo cuando el estrés y la ansiedad permanecen en el tiempo, y aparecen miedos irracionales e infundados que nos hacen vivir en un estado de alerta constante, entonces es cuando estos mecanismos pueden ser perjudiciales para nuestra salud. Una de las situaciones extremas que puede llegar a vivenciarse si la ansiedad se mantiene en el tiempo es la denominada crisis de ansiedad, también llamada ataque de pánico.

La sintomatología de una crisis de ansiedad es variable según cada persona, pero se considera que se ha vivido una crisis de ansiedad cuando se producen cuatro o más de los siguientes síntomas:

Sensación de ahogo y respiración rápida.
Presión en el pecho.
Miedo muy intenso relacionado con la idea de poder volverse loco o poder morir.
Temblores, sudoración y escalofríos.
Ritmo cardíaco elevado.
Sensación de mareo.
Sensación de entumecimiento u hormigueo.
Molestias digestivas y náuseas.
Sensación de irrealidad.

Los motivos por los que puede aparecer una crisis de ansiedad  pueden ser físicos, como los relacionados con el consumo de drogas, o bien mentales, originados por un trastorno como la agorafobia, no obstante la mayoría de casos suelen tener su origen en un desequilibrio emocional. Si has vivido recientemente una crisis de ansiedad, sería recomendable que buscases ayuda psicológica; en este sentido la terapia puede ayudarte a conocer qué la ha motivado, así como también ayudarte a gestionar tus niveles de ansiedad.

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"La ansiedad, la depresión, los ataques de pánico, no son signos de debilidad, son signos de haber tratado de permanecer fuerte por mucho tiempo"

A continuación voy a comentar algunas pautas que te ayudarán a enfrentarte a los momentos en que te sientas invadido por la ansiedad. Como he mencionado anteriormente, estas pautas no sustituyen el diagnóstico médico pertinente, ni tampoco el apoyo terapéutico necesario en la mayoría de estos casos.

Cuando sientas que la ansiedad quiere tomar el control de la situación, ten en cuenta las siguientes premisas:

Las sensaciones desagradables que sientes no son más que una exageración de las reacciones corporales normales al estrés. Aunque desagradable piensa que la ansiedad no es peligrosa, no vas a morir ni a perder el control, ni tampoco sufres de ninguna enfermedad grave como un ataque al corazón.

Adopta una actitud de no lucha ante la sensación, céntrate en aceptar la situación /sensación por desagradable que sea y piensa que su intensidad se reducirá  al cabo de un rato si la dejas quedarse contigo.

Los pensamientos futuristas y catastrofistas son como combustible para tu ansiedad. No te dejes llevar por este tipo de pensamientos, para ello, céntrate en sentir tu respiración. Haz unas respiraciones profundas (respiración abdominal), acompañándolas con tu mano. Si sientes que tus pensamientos quieren tomar el control, vuelve a focalizar tu atención en la respiración.

Si tienes dificultad para desconectar de tus pensamientos y centrarte en la respiración, puedes realizar algún ejercicio de relajación como el 6-3-9, el cual te ayudará a desviar tu atención de los pensamientos (puedes ver alguno de estos ejercicios en este artículo).

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Toma conciencia de qué te sucede en el momento que te invade la ansiedad y como reaccionas ante ella. Seguramente te darás cuenta que reaccionas ante la ansiedad queriendo controlar la situación, buscando porques, culpabilizándote… en definitiva negándote a aceptar lo que te está pasando. Ante esta situación intenta adoptar una actitud de escucha y permite que la ansiedad se quede contigo, para ello simplemente déjate fluir con la sensación en el aquí y ahora.

Encuentra pensamientos sustitutivos a los que te auguran un futuro catastrófico, algunos de ellos pueden ser del tipo; “la ansiedad no es mala”, “si no lucho, la ansiedad disminuirá de aquí  a poco”, “me dejo fluir, sin controlar”, “no pasa nada por expresar lo que me está pasando”.

No tengas miedo a expresar a otras personas lo que te pasa, ni tengas miedo a ser juzgado por ello, no debes avergonzarte de tu ansiedad. Muchas personas han sufrido de problemas de ansiedad, o bien tienen algún familiar que los ha padecido y por tanto son capaces de comprender tu estado. Tampoco te juzgues ni culpabilices por sentir ansiedad, pues son actitudes que favorecen a aumentar tu malestar.

Cuando empieces a sentir alivio, mira a tu alrededor y toma conciencia de aquello que te rodea, en el aquí y ahora. Sigue en contacto con tu respiración, vuelve a la realidad del momento presente de forma tranquila, no quieras correr.

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La ansiedad es una señal de advertencia ante un peligro; su función es avisarte que existe algún aspecto de tu vida o de tu persona que no está funcionando, o bien que requiere de tu atención. Una vez tu ansiedad se haya reducido, pregúntate cúal puede ser el mensaje que quiere transmitirte tu ansiedad.

Por último recuerda que la medicación puede ser una muleta para ayudarte a superar la ansiedad, pero nunca una solución al problema. 

Si quieres conocer más sobre como vencer tu ansiedad, a continuación te dejo algunos artículos relacionados con el tema.

Ejercicios para reducir la ansiedad

Estratégias para combatir la ansiedad

Leslie Beebe
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Como Enfrentarse al Duelo


Como enfrentarse al duelo. Una de las situaciones más dolorosas que tenemos que enfrentar en nuestra vida es la pérdida de un ser querido. Cuando perdemos a alguien las reacciones ante esa situación son diversas según cada persona, no obstante existe un denominador común que es el dolor por la ausencia. Ese dolor es el síntoma que indica el inicio de un proceso denominado como duelo, de hecho, la palabra duelo significa dolor en latín.

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El proceso de duelo tiene como finalidad reconocer y asimilar la pérdida del ser querido, así como aprender a vivir sin ésa persona, lo que permite adaptarnos a una nueva realidad. Durante el duelo pasaremos por diferentes etapas, las cuáles variarán en intensidad y duración según cada persona. No son etapas lineales, lo que significa que las iremos visitando a lo largo del  proceso de duelo. Las principales etapas del duelo son: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Vamos a verlas con más detalle:

La negación es una primera etapa de desconcierto ante la pérdida. Durante esta fase la persona es incapaz de aceptar la realidad, negándose a la evidencia. En estos momentos hay personas que reaccionan ante la noticia como si nada hubiese pasado, intentando aparentar ante otros y ante sí mismos que todo continúa igual. La negación es una fase necesaria en el duelo, pues nos permite integrar la información recibida de forma progresiva, amortiguando el shock por la pérdida.

La segunda etapa es la ira. La ira es una de las emociones más presentes en el proceso de duelo, sin embargo en esta etapa es cuando aparece con más intensidad. La frustración y la impotencia ante la pérdida provocan que la persona busque culpables externos o causas que expliquen racionalmente el suceso traumático. A veces esta etapa se vive desde el resentimiento hacia el ser fallecido por el dolor que nos ha causado su muerte. Este resentimiento con la persona fallecida se vive con culpa, lo que provoca que los niveles de enfado aún aumenten más. En esta etapa la persona se hace preguntas relacionadas con la búsqueda de justicia, del tipo; “¿Por qué yo?”, “No es justo”, “¿Por qué me ha sucedido esto a mí?”.

La tercera etapa es la denominada como negociación, en la cual la persona busca alguna estrategia o solución que le permita revertir lo ocurrido. Aunque una parte de nosotros sabe que el ser querido ya no volverá, existe otra que aún siente la necesidad de retornar a la vida pasada, antes del fallecimiento. En esta etapa aparece la intención de retroceder en el tiempo, para así evitar de una forma u otra el hecho traumático. Es frecuente en esta etapa frases del tipo: “Si yo hubiese…”, “Qué hubiese pasado si…”, “Y si…” Aparece así una voluntad de quedarnos fijados en el pasado para intentar curar el dolor que estamos sintiendo, a la vez que fantaseamos con una vida alternativa en la que el fallecido aún se encuentra entre nosotros.

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La cuarta etapa es la depresión. En esta etapa la persona toma conciencia de lo irreversible de la situación y contacta con el vacío y el dolor que el fallecimiento ha provocado en su vida. En esta etapa son frecuentes los estados de tristeza y melancolía, así como la sensación que no vamos a poder tirar adelante con nuestra vida sin la persona fallecida. La frase característica de esta etapa sería; “Si ya no está para qué seguir?” . Aunque esta etapa puede presentar síntomas como la necesidad de aislarse socialmente o los estados depresivos, si percibimos que éstos perduran en el tiempo, sería aconsejable consultar con un profesional de la terapia para que nos ayude en el proceso.

La quinta y última etapa es la aceptación. En esta fase la persona acepta la pérdida, dándose la oportunidad de una nueva vida sin el ser querido. Es una etapa de reflexión y toma de conciencia donde podemos reflexionar sobre el sentido de la vida y aquello que esperamos de ella. La frase que resume esta etapa sería: “Todo va a ir bien (incluso sin esa persona)”. En esta etapa la persona comprende que la muerte no es un castigo, sino parte de la vida misma. Las emociones de culpabilidad y rencor por lo ocurrido se transforman en aceptación y aprendizaje de la experiencia vivida.

Si actualmente estás atravesando por un duelo, o conoces de alguna persona que se encuentre en esa circunstancia, a continuación voy a comentar algunas estrategias que pueden ayudarte en la transición del proceso.

1. Acepta el proceso de duelo. El duelo es un proceso necesario que nos permite curar la herida que se produce por la pérdida de algo o alguien en nuestra vida. Por este motivo, aunque pasemos por momentos de profunda tristeza e ira (emociones típicamente desagradables que no nos gusta sentir), debemos tener claro que transitarlas es el único camino para alcanzar la sanación emocional. En este sentido no es aconsejable adoptar estrategias para reprimir o desviar las emociones asociadas al duelo, algunas de las más características son; ocupar el día con multitud de actividades para no estar en contacto con nosotros mismos, o bien insensibilizarnos y decirnos que somos fuertes, que no pasa nada y que todo está bien. Este tipo de actitudes son contraproducentes, pues provocarán que el duelo se alargue en el tiempo y corremos el peligro de que se quede enquistado, manteniendo de esta forma la herida abierta.

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2. Acepta tus sentimientos. No todo el mundo reacciona igual ante una pérdida; hay personas que tienen facilidad para identificar y expresar sus emociones, mientras que otras tienen más dificultad para ello. Asimismo hay personas que les cuesta lidiar más con un tipo de emoción que con otra. Independientemente del tipo de relación que mantengas con tus emociones, lo importante es que las aceptes cuando aparezcan, sin juzgarlas ni culpabilizarte por ellas. Tampoco creas que existe un manual que té explica cómo vivir el duelo y cómo debes sentirte en cada momento; el duelo es un proceso muy personal y diferente según cada persona y situación.  Aunque antes he comentado las fases del duelo, debes tener claro que es simplemente una orientación, un mapa del proceso, y por tanto no debe ser tomado como un manual de instrucciones.

3. No descuides tu persona. Ante un proceso de duelo, debes priorizar tu bienestar. Esto significa respetarte y estar atento a cuáles son tus necesidades en cada momento, dejando de lado exigencias propias y ajenas. Debes tener claro que en estos momentos lo más importante es tu recuperación emocional, por este motivo evita hacer las cosas porque te sientas en la obligación o para quedar bien con el resto de personas. En este sentido también es importante que cuides de tu salud física; es recomendable que mantengas unos horarios regulares en las comidas, cuides tu alimentación, practiques ejercicio y duermas las horas necesarias. Estos hábitos saludables contribuyen positivamente en el proceso de duelo.

4. Expresa lo que sientes. Es importante que te permitas expresar tus emociones, sobretodo la tristeza, y que no sientas vergüenza por compartirla con el resto de personas. No hace falta que comuniques lo que te pasa a todo el mundo, pero sí a una o dos personas de tu confianza, con las que te sientas a gusto y que te puedan aportar el apoyo y comprensión que necesitas. Debes evitar esconder tu dolor, no sientas miedo ni vergüenza por ello, es natural y a la vez sanador expresarlo. En este sentido date permiso para llorar, el llanto es la expresión directa de la tristeza, es un mecanismo liberador y sanador a la vez. Reprimir el llanto para mostrarte fuerte solo te conducirá a estar más triste y ansioso.

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5. Normaliza la muerte. Existen casos en que una vez producido el fallecimiento, la familia firma un pacto de silencio para no hablar del difunto ni de los recuerdos asociados a él. Esta actitud es nociva para la familia, pues lo único que se consigue es reprimir y esconder el dolor que todos los familiares sienten por la pérdida. Lo aconsejable en estos casos es poder hablar libremente sobre la persona fallecida y compartir historias y anécdotas. Esta actitud es un  bálsamo reparador que ayudará a todos los familiares a lidiar con la muerte, fomentando elementos como el amor, la empatía y la comprensión en el ámbito familiar.

6. No te deshagas de los objetos que te recuerdan a la persona fallecida. Durante el proceso de duelo, cuando nos sentimos extremadamente vulnerables, no es el mejor momento para tomar decisiones importantes. En este sentido es aconsejable que no te deshagas de aquellos objetos que te recuerdan a la persona fallecida. Aunque en un primer momento pueda parecerte una buena idea, seguramente acabarás arrepintiéndote por ello. No es necesario, ni aconsejable, tener todos los objetos a la vista, pero sí guardarlos en una caja o en un lugar que no esté a la vista, y de aquí un tiempo, una vez superado el duelo, decidir qué hacer con ellos. Siguiendo esta premisa, el duelo tampoco es un buen momento para tomar decisiones importantes como cambios de domicilio, de trabajo, etc... en estos casos la inestabilidad emocional nos puede impulsar a tomar decisiones precipitadas que después podemos lamentar.

7. Despídete del ser querido. En ocasiones cuando alguien fallece no tenemos la oportunidad de despedirnos, o bien nos vemos obligados a hacerlo de forma rápida e imprevista. Por este motivo es importante que te des la oportunidad de despedirte de tu ser querido, aunque esta persona ya no esté presente. Una de las opciones es escribir una carta de despedida, expresando todo aquello que necesitas decirle y que no tuviste oportunidad de comunicar en vida. Si es posible puedes visitar el cementerio donde esté esa persona y leérsela una vez finalizada. Otra opción es escribir durante el proceso de duelo un diario donde vayas expresando tus emociones, sensaciones y pensamientos. Un última opción es crear un “espacio de recuerdos” (por ejemplo un álbum o una caja), donde depositar aquellas fotos y objetos que te recuerden  a esa persona. Cuando lo consideres oportuno puedes revivir esos momentos y situaciones. Esta última opción la suelo recomendar a mis clientes una vez el duelo está encarrilado, pues en caso contrario puede tener los efectos contrarios a los buscados, aumentando los estados de tristeza y melancolía.

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8. No seas exigente contigo mismo. El duelo es un proceso lento pero progresivo, y como tal dura un tiempo, aproximadamente entre 1,5 y 2 años. Por este motivo no quieras correr, sé paciente y toma conciencia que no es un proceso lineal, lo que significa que un día puedes sentirte muy animado y alegre, y al día siguiente volver a conectar con el llanto y la tristeza. Piensa que es absolutamente normal, y no significa de ninguna manera un retroceso en el proceso. No te castigues ni culpabilices por ello.

Se considera que se ha llegado al final del duelo cuando somos capaces de recolocar emocionalmente a nuestro ser querido, aceptando que aunque esa persona ya no está presente, una parte de ella sigue viviendo en nosotros. Esta aceptación de la nueva realidad nos permite seguir nuestro camino, aprendiendo de lo vivido junto a esa persona y aceptando que la vida ha cambiado, lo que nos lleva a abrirnos a nuevas experiencias y relaciones.

Por último es importante que tengas en cuenta que a medida que pase el tiempo debes ir sintiéndote mejor respecto a la pérdida. Aunque al inicio del proceso de duelo la mayoría de tus pensamientos estarán focalizados en el hecho traumático, a medida que pasen los días, otros aspectos como el ámbito social, laboral y familiar irán ocupando el sitio que les corresponde en tu vida. Si no es así, y sientes que tu dolor y las emociones derivadas de la pérdida ocupan la mayor parte de tus energías y de tu tiempo, entonces sería aconsejable que buscases ayuda profesional para elaborar el duelo de una forma saludable. 

Leslie Beebe

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