Como conseguir sentirse bien


Como conseguir sentirse bien. Ya en el siglo I d.c. el filósofo romano Epicteto dijo una frase que podríamos definir como una de las bases de la psicología moderna: “no nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede”. En otras palabras podríamos decir que aquello que pensamos afecta directamente a como nos sentimos, y en consecuencia, para estar sanos deberíamos cambiar los hábitos de pensamiento que nos perjudican.

conseguir sentirse bien


Existe una controversia en el mundo de la psicología sobre si las emociones afectan a los pensamientos, o si es a la inversa, es decir que los pensamientos son capaces de regular nuestras emociones. Yo personalmente soy más partidario de la segunda opción, es decir que los pensamientos afectan a nuestras emociones, con el matiz que para mí los pensamientos afectan a la forma como nos sentimos, y en ese caso, no siempre estaríamos hablando de emociones, sino también de sentimientos y afectos.

Voy a poner un ejemplo para explicarme. Si en la habitación donde nos encontramos ahora entrase alguien con un cuchillo y nos amenazase, la emoción del miedo dispararía todas las alertas de nuestro organismo, poniéndonos en guardia para huir o enfrentar dicha amenaza. En este caso el pensamiento no está influenciando las emociones, pues no hay tiempo material para que nuestro cerebro procese dicha información. Pongamos otro ejemplo; el miedo que sentimos ante un examen. Seguramente este es un miedo que ya se empieza a gestar horas (o incluso días) antes del examen; por lo que aquí no estaríamos hablando de una emoción del momento como la anterior, sino más bien de un estado de miedo (o estrés) que nos pone en alerta. En este caso todo aquello que pensamos horas antes de la prueba, tendrá una gran repercusión en el nivel de estrés con el que llegamos al examen, es decir que aquí el pensamiento sí afectaría a nuestras emociones.

Como la mayoría de nosotros no vivimos en ambientes donde nuestra vida peligre, podemos decir que la segunda de las opciones suele ser la más común, en consecuencia un gran porcentaje de pensamientos que tenemos durante el día sí que inciden en la forma como nos sentimos.

La clave para poder cambiar nuestros hábitos de pensamiento es lo que en terapia Gestalt se ha denominado el darse cuenta, o en otras palabras la toma de conciencia. Desde que recibimos un estímulo del exterior hasta que reaccionamos, existe un intervalo en el que tenemos la capacidad de decidir la forma como respondemos. Tomar conciencia de aquello que pasa en ese intervalo es fundamental para una correcta gestión emocional. De esta forma evitamos responder de manera impulsiva y reactiva ante las circunstancias, desde el piloto automático al que estamos conectados la mayoría de nosotros, y que muchas veces solo nos conduce a hacernos sentir mal posteriormente.

La toma de conciencia nos permite revisar patrones de funcionamiento, sistema de valores y creencias que son automáticos en nosotros y que puedan estar dañándonos, permitiendo que los sustituyamos por otros de más saludables a través de nuestros pensamientos.

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La mayoría de nosotros mantenemos pensamientos negativos y limitantes, que no hacen más que restringir nuestras posibilidades y alterarnos emocionalmente. A continuación voy a mencionar algunas de las formas más comunes que toman este tipo de pensamientos, para así poder cambiarlos por otros de más saludables.

1. Las quejas. Es habitual quejarse cuando las cosas no salen según nuestras expectativas. No obstante no debemos habituarnos a la queja y quedarnos anclados en la frustración o el resentimiento que ésta produce. Para avanzar es clave centrarse en aquello que está en nuestra mano hacer para salir de la negatividad (si es que podemos hacer algo), así como también preguntarnos qué es necesario mejorar o cambiar para obtener un resultado diferente en el futuro. Ante la queja también es importante valorar aquello que sí tenemos, y que muchas veces no le damos importancia.

2. Los miedos. Uno de los principales limitadores en nuestra vida son los miedos. Aquí no estamos hablando del miedo como una emoción básica que nos advierte de un peligro o amenaza, sino de aquellos miedos autolimitantes que nos paralizan y que habitualmente nacen de frases del tipo: “¿Y si…?”, “no voy a saber”, “no puedo”… Estos miedos nos llevan a la futurización catastrófica, perjudicando nuestra autoestima y limitando nuestras acciones. Es normal que las situaciones nuevas nos generen miedo, sin embargo si optamos por focalizarnos en todo aquello que podemos descubrir y aprender, será más fácil dar el paso.

3. Los juicios. Los juicios, ya sea hacia otras personas o hacia nosotros mismos, nos generan una pesada carga emocional. Es importante trabajar desde la máxima objetividad posible, tanto con nosotros mismos como con el mundo, transformando nuestros juicios en observaciones. Muchas veces nos auto boicoteamos o nos juzgamos muy duramente porque hemos fallado, o no hemos conseguido aquello que queríamos, cuando la realidad es que todas las experiencias nos ayudan a crecer. En la mayoría de casos nuestros errores no son atribuibles a una inaptitud personal, sino que en el proceso de aprendizaje es inherente el hecho de cometer errores. Aceptar esa premisa y no personalizar nuestros errores, manteniendo una actitud objetiva y realista, nos puede alejar de los juicios a través de los cuales nos culpabilizamos y castigamos.

4. Los problemas. Muchas veces las palabras que utilizamos inciden directamente en la forma como nos sentimos; no es lo mismo hablar de problemas que de retos. La palabra problema nos predispone a una actitud negativa, de pasividad ante las circunstancias. En cambio si hablamos de retos conectamos con una energía que nos impulsa a ir hacia delante, para así superar los obstáculos que se nos presentan en el futuro.

5. Las exigencias. Dentro de nuestro dialogo interior tenemos una entidad que es el juez interno, el cual como su nombre indica juzga todos nuestros actos, justificándose en un supuesto código moral y ético que debemos mantener ante el mundo y ante nosotros mismos. Esta entidad se manifiesta a través de frases del tipo; “debes hacer/ser”, “no debes”, “no puedes”, etc…. Es sin duda una entidad muy estricta e inflexible, que basa su poder en mecanismos como la culpa y el autocastigo. 

Personalmente me gusta llamarlo como “El Ojo de Sauron”, en alusión a la película de El Señor de los Anillos”, es decir, aquel que todo lo ve y que no nos deja pasar ni una. Su actitud aparte de controladora es crítica, e incluso déspota con nosotros mismos, haciéndonos ver que no lo hacemos bien, o que no somos suficiente ante el resto del mundo. Cuando nos posicionamos desde esa voz interna nos maltratamos y menospreciamos a nosotros mismos, perjudicando nuestra autoestima y nuestro autoconcepto.
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El juez interno se alimenta de estructuras mentales y creencias que muchas veces no se corresponden con nuestra genuina forma de ser; son herencias de sistemas aprendidos, pero que han dejado de ser funcionales para nosotros, y que se han vuelto tóxicos en la actualidad. No obstante su poder en nosotros es muy grande, y ese es el motivo por el cual estas estructuras suelen ser fuente de problemas de estrés y ansiedad.

El primer paso para liberarnos del poder opresor de nuestro juez interno es poner en duda sus exigencias, planteándonos si realmente estamos de acuerdo con ellas, para así poder contradecir esos mandatos. El segundo paso es cambiar las exigencias (aquello que tengo que hacer), por preferencias (aquello que yo quiero hacer). Cambiar el “tengo que”, por el “quiero” nos habilitará a vivir la experiencia de una forma diferente. En el “quiero” tenemos la facultad de elegir, nos libera y empodera, en cambio en el “tengo que” nos posicionamos bajo una actitud sumisa, estando a merced de nuestro juez interno.

6. La ira. No es fácil lidiar con la ira. Cuando la ira se expresa como emoción básica nos ayuda a posicionarnos y a poner límites. Sin embargo cuando la ira es producto de la frustración porque las cosas no son como nosotros queremos, quedándonos anclados en el rencor y el resentimiento, es cuando esta emoción se convierte en tóxica. En estos casos es fundamental trabajar con el perdón, pues nos aporta liberación al dejar ir ese estado de ira interna.

7. La culpa. Cuando la culpa está enfocada en la mejora personal, podemos hablar de una culpa sanadora o adaptativa. No obstante cuando utilizamos la culpa como un mecanismo de crítica y desvalorización personal, entonces hablamos de una culpa desadaptativa. La culpa nos ayuda en nuestro proceso de aprendizaje, al decirnos aquello que hemos hecho mal y cómo podemos mejorar en un futuro. Sin embargo cuando la culpa nos conduce a mantener un estado de crítica y boicot hacia nuestra persona, es cuando este sentimiento se vuelve insano. Para huir de la culpa desadaptativa no debemos personalizar nuestros errores; es importante preguntarnos aquello que podemos aprender de la experiencia y seguir adelante, diciéndonos a nosotros mismos que pasase lo que pasase en el pasado, ya no lo podemos cambiar. Así mismo es importante no solo focalizarnos en nuestros errores, sino también en los logros conseguidos, que seguramente también están presentes, pero que muchas veces obviamos.

Estas son algunas de las formas más habituales que toman nuestros pensamientos y que afectan a nuestro estado físico y emocional. Aprender a regular este tipo de pensamientos es fundamental para recuperar nuestro bienestar.

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La terapia es una oportunidad única para conocernos y aprender a relacionarnos con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea de una forma beneficiosa, aprendiendo así a gestionar nuestros pensamientos y emociones

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Ansiedad e insomnio


Ansiedad e insomnio. Los niveles elevados de estrés y ansiedad pueden incidir negativamente en nuestro descanso, afectando la calidad y cantidad de horas de sueño. Mientras que durante el día nuestra mente puede estar ocupada con multitud de estímulos que nos distraen y mantienen ocupados, al llegar la noche desaparecen los distractores externos y la ansiedad puede hacerse más plausible.

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Cuando nos despertamos durante la noche somos más conscientes de los pensamientos que cruzan nuestra mente. Es fácil entonces desvelarnos y quedarnos enganchados en pensamientos que nos hacen sentir preocupados, y en consecuencia este enganche provoca más ansiedad. La ansiedad generada en estos casos es debido a diferentes factores, entre ellos; darle vueltas a sucesos que han pasado el día anterior, reviviendo aquello que se podía haber hecho y no se hizo, o bien plantearse si se hizo de forma adecuada; preocuparse por el futuro y aquello que está por venir, o bien agobiarse por la imposibilidad de volver a conciliar el sueño.

El silencio, la soledad y el aislamiento característicos de las horas nocturnas hacen que estas preocupaciones tomen más protagonismo que durante las horas diurnas, en las cuales fácilmente podemos distraer nuestra atención, rompiendo así el bucle de pensamiento.

Si tienes problemas de insomnio debido a la ansiedad, a continuación voy a darte algunas pautas que pueden ayudarte a recuperar tu descanso.

1. El primer paso si te despiertas durante la noche es evitar mirar el reloj. Confía en que la alarma de tu despertador hará su función e intenta volver a dormirte.

2. Si sientes que tu cabeza empieza a engancharse en los pensamientos, levántate y mira de hacer alguna actividad, no te quedes en la cama dándole vueltas a la cabeza o forzándote a dormir. Por ejemplo puedes ponerte a leer, cocinar, hacer estiramientos, etc…, no obstante evita todas aquellas actividades relacionadas con el uso del móvil o la Tablet. La luz azul emitida por el móvil incide reduciendo la secreción de melatonina, una hormona facilitadora del sueño. De hecho los expertos aconsejan dejar de usar el móvil dos horas antes de acostarse, debido a su efecto perjudicial en el inicio y la calidad del sueño.

3. Adopta unas buenas prácticas que faciliten el sueño, algunas de ellas son: evitar la ingesta de café o bebidas excitantes a partir de la tarde, darte un baño o ducha caliente antes de acostarte y mantener tu habitación ventilada, y a una temperatura y luz adecuadas.

4. Evita las comidas copiosas y la ingesta de alcohol ante de ir a dormir.

5. Si sientes que tu pensamiento entra en bucle, haz unos ejercicios de relajación que te permitan focalizar tu atención en la respiración y en la conciencia corporal, saliendo así de tu mente. Aquí te dejo el enlace con un ejercicio que puedes practicar:


6. Realiza ejercicio físico al menos tres veces por semana. Si llegas cansado a la hora de dormir te será más fácil conciliar y mantener el sueño durante la noche. Aún así evita realizar ejercicio físico antes de acostarte, pues el deporte genera endorfinas que pueden dificultarte conciliar el sueño.

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7. Si tus problemas de ansiedad perduran en el tiempo, sería aconsejable que pidieses ayuda terapéutica. La terapia es un espacio personal y confidencial que nos permite conocer las causas que motivan la ansiedad, así como también darnos herramientas de gestión emocional. Si estás interesado en la sesiones de terapia, PINCHA AQUÍ y te informaré sin compromiso. 

8. Evita la toma de fármacos como los somniferos o los ansiolíticos para dormir. Este tipo de medicación solo debe tomarse bajo prescripción médica y durante un tiempo limitado. No obstante puedes utilizar la fitoterapia, infusiones como la pasiflora o la valeriana pueden ayudarte a conciliar el sueño y a dormir mejor. Si quieres utilizar este tipo de remedios no dudes en consultar a tu farmacéutico, él te aconsejará sobre la mejor opción según cada caso.

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Aprender a gestionar las emociones


Aprender a gestionar las emociones. En los últimos años se ha hablado de incluir la enseñanza de la gestión emocional en las escuelas, aunque hoy en día sigue siendo un tema pendiente en la mayoría de los centros de enseñanza. Aprender a identificar y gestionar nuestras emociones debería ser un tema prioritario en las escuelas, por delante de la enseñanza de valores y contenidos académicos. Sin duda, este tipo de aprendizaje nos ahorraría muchos de los problemas emocionales que sufrimos posteriormente en la edad adulta.

APRENDER A GESTIONAR LAS EMOCIONES

Sin embargo, se ha comprobado que nuestro aprendizaje emocional empieza mucho antes de ir a la escuela; en los primeros instantes de vida ya empezamos a aprender sobre el mundo y sobre las emociones. De hecho algunos estudios afirman que este aprendizaje emocional empieza antes, en el útero materno. La psicobióloga Vivette Glover, del Imperial College de Londres, ha realizado estudios en los que constata que los niveles prenatales de ansiedad en la mujer embarazada afectan al bebé. La forma como se desarrolla el bebé en la matriz no solo está influenciada por la alimentación y los factores ambientales, sino también por las emociones maternas. De estos estudios se desprende que sufrir de ansiedad y estrés durante el embarazo duplica el riesgo de que el niño manifieste problemas de atención y trastornos como la hiperactividad.

En los estudios llevados a cabo por la doctora Glover se descubrió que las mujeres que sufren de ansiedad reducen el flujo sanguíneo que llega al bebé. Así mismo se ha comprobado que como más elevado es el nivel de cortisol en el líquido amniótico que rodea al bebé, más bajo es el nivel del coeficiente intelectual del niño después. Es decir que niveles altos de cortisol pueden afectar al cerebro, y por tanto al aprendizaje.

Los primeros años de vida van a ser decisivos para nuestra salud emocional. Hasta los cinco años de vida, aproximadamente, es cuando se conforman los grandes patrones emocionales que van a formar la base de nuestra personalidad futura. Durante estos primeros años aprendemos si somos dignos de ser amados, si podemos confiar en el entorno que nos rodea pues nos da protección y seguridad. Por el contrario puede ser que nos encontremos con ambientes hostiles, fríos, percibiendo el mundo como un lugar peligroso, donde es mejor esconderse y en el cual el miedo prevalece por encima del amor.

Si durante estos primeros años de nuestra infancia el entorno es agresivo o inseguro, entramos en el modo de supervivencia, donde tendemos a reducir energías, cerrándonos al amor y desconfiando del mundo. De esta forma se pierde la ilusión, lo que nos afectará física y mentalmente, condicionando los patrones de relación y conducta futuras.

Como niños necesitamos sentirnos seguros, protegidos y arropados en conexión con los demás y con el mundo que nos rodea. En este sentido, no solo la educación emocional en la escuela juega un papel fundamental, sino que los padres, desde la llegada al mundo del niño, pueden contribuir al desarrollo de una buena salud emocional. Es importante que los padres aseguren a sus hijos este espacio seguro, para que así los niños se sientan en confianza para abrirse al mundo.

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Es una realidad que la mayoría de los adultos carecemos de una gestión emocional saludable, por este motivo, es improbable que tengamos las herramientas para transmitir ese conocimiento a nuestros hijos. En consecuencia muchas veces repetimos patrones y dinámicas familiares heredadas, que no contribuyen a una buena salud emocional.

Aprender a gestionar nuestras emociones en la edad adulta no es tarea sencilla ni rápida, requiere de tiempo y compromiso, el cual muchos de nosotros no estamos dispuestos a invertir. La terapia y el acompañamiento emocional son servicios que nos ayudan en el aprendizaje de nuestro campo emocional, pues solo de esta forma podremos dejar esa herencia a nuestros hijos.

Realizar un proceso de autoconocimiento, aprendiendo a identificar y regular nuestras emociones, no solo aportará un beneficio a nuestra salud física y emocional, sino que también nos habilitará para romper patrones de relación con nuestros hijos que no son saludables.

Si quieres empezar un camino de autodescubrimiento personal y mejora en la gestión de tus emociones, la terapia puede ayudarte. Para más información puedes seguir ESTE ENLACE  o bien contactar conmigo en el teléfono 645 368 714.

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La relación mente-cuerpo


La relación mente-cuerpo. En la actualidad pocos dudan que un gran número de enfermedades físicas tienen su origen en el campo emocional. Por tanto, es una realidad que mente y cuerpo se encuentran conectados. 
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De esta forma al igual que muchas enfermedades físicas nos afectan a nivel emocional, provocándonos miedo, tristeza o preocupación, los problemas psicológicos también nos pueden afectar a nivel físico. Un ejemplo puede ser el estrés y la ansiedadSi los niveles de estrés y ansiedad perduran en el tiempo pueden provocar la aparición de una gastritis o una úlcera de estómago. Cuando los desequilibrios emocionales afectan al cuerpo, estamos hablando de las denominadas enfermedades psicosomáticas.

Los profesionales médicos estiman que una cuarta parte de las personas que acuden a consulta sufren de una enfermedad psicosomática. Esto significa que su origen no se encuentra en algún problema físico, sino en una alteración emocional.

Como consecuencia de la falta de recursos y tiempo de los profesionales médicos, en un gran número de ocasiones no se diagnostican las enfermedades psicosomáticas, siendo tratadas con medicación como si su origen fuese físico, cuando realmente el tratamiento debería focalizarse en el campo emocional. En este sentido es habitual encontrarse con personas que han pasado por diferentes médicos, sin que ninguno de ellos haya sido capaz de encontrar la causa de su sufrimiento. Un gran porcentaje de estos pacientes han sido tratados con ansiolíticos o antidepresivos para aliviar su malestar, no obstante estos problemas vuelven a aparecer con el tiempo, pues aunque los síntomas son tratados, los desequilibrios emocionales que los sustentan siguen en activo.

Como terapeuta, es frecuente que personas con este tipo de problemas acudan a terapia. Muchas de ellas toman algún tipo de medicación, sin embargo el denominador común es el malestar que sienten y que no han podido superar hasta el momento. A medida que la terapia avanza y se va trabajando con el campo emocional, podemos ver como el nivel de malestar se reduce progresivamente, haciendo que muchas personas disminuyan también la toma de medicación, hasta el punto de poder llegar a dejarla.

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Sin lugar a dudas las emociones influyen de forma directa en nuestra salud. Por ejemplo el miedo es una emoción básica, que nos ayuda a ser precavidos y prudentes ante un posible peligro. Sin embargo cuando el miedo se convierte en un estado, entonces órganos como los riñones o la vejiga pueden verse afectados. Otro ejemplo lo tenemos en la ira, como emoción básica la ira nos permite fijar límites y autoafirmarnos, no obstante cuando reprimimos nuestra ira, o la convertimos en resentimiento u odio, órganos como la vesícula o el riñón pueden verse afectados.

El estrés, la ansiedad y la depresión pueden actuar sobre distintas hormonas, provocando cambios en nuestro organismo, por ejemplo la producción de cortisol en nuestro organismo puede verse afectada por cambios emocionales, o cuando mantenemos situaciones de estrés en el tiempo. Niveles de cortisol elevados en nuestro organismo pueden conducir a un aumento de peso, problemas digestivos o insomnio, entre otros.

Por el contrario hormonas como la serotonina, que nos aporta una sensación de bienestar, aumenta su presencia cuando vivimos situaciones de equilibrio emocional a través del amor y la compasión, lo que hace que experimentemos sensaciones agradables y que nos sintamos llenos de energía. Otros estudios relacionan los estados de ansiedad y estrés como un factor facilitador en los casos de cáncer, tanto en su aparición como en el curso de la enfermedad. Finalmente, también se ha comprobado que estados depresivos favorecen la debilitación de nuestro sistema inmunitario, siendo más proclives a poder coger enfermedades, o bien retrasando los procesos de sanación.

El estrés, la ansiedad y la depresión son los tres principales protagonistas en las sesiones de terapia, pues cada vez son más personas que los sufren como consecuencia de una falta de regulación emocional. Algunos de los síntomas físicos que podemos asociar a este tipo de trastornos son: mareos, sensación de ahogo u opresión en el pecho, náuseas, taquicardias, diarrea, tensión muscular, etc….todos estos síntomas los podemos vincular a diferentes sistemas de nuestro organismo como el sistema respiratorio, el sistema digestivo, el sistema nervioso o el circulatorio entre otros. Muchas personas asocian estos síntomas a algún malfuncionamiento físico, por ejemplo las taquicardias a estar padeciendo de algún problema coronario, cuando en realidad el origen se encuentra en un desequilibrio emocional.

De la misma forma, muchas enfermedades médicas que son diagnosticadas por el médico, están relacionadas con el estrés y la ansiedad; ya sea porque éstos influyen en su origen, en el mantenimiento o en la evolución de diversas patologías físicas. Algunas de estas enfermedades son: el hiper y hipotiroidismo, las ulceras estomacales, el síndrome del intestino irritable, la hipertensión, la impotencia, las contracturas musculares o las cefaleas, entre otros.

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Si hace tiempo que sufres de malestar, has ido a diferentes profesionales médicos y has realizado múltiples pruebas médicas sin que haya sido posible encontrar la explicación de tu malestar, es posible que su origen no se encuentre en tu cuerpo, sino en tu corazón.

"El cuerpo sano es producto de una mente sana" George Bernard Shaw

En este sentido la terapia puede ayudarte a recuperar tu equilibrio emocional y tu bienestar. Puedes pedir información en ESTE ENLACE o bien llamar o whatsapp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

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El Síndrome del Pensamiento Acelerado


El Síndrome del Pensamiento Acelerado. El Síndrome del Pensamiento Acelerado (SPA) es un tipo de ansiedad descubierto por Augusto Cury, un psiquiatra brasileño que ha atendido más de 20.000 citas durante su carrera. Según Cury esta dolencia afecta actualmente a un número tan elevado de personas que podría considerarse el mal de este siglo, por encima de la depresión.

El sindrome del pensamiento acelerado


Cury define el SPA como una nueva forma de ansiedad, causada por el exceso de estímulos a los que nos vemos expuestos en la era digital en la que vivimos. Esta hiperestimulación conduce a aumentar la velocidad del pensamiento hasta niveles extremadamente elevados.

Al contrario de lo que podríamos llegar a pensar, la sobreestimulación no significa que nos volvamos más rápidos mentalmente, sino más ansiosos, pues pasamos de un estímulo a otro sin tiempo de procesar nada. Esta actividad frenética nos vuelve incapaces de anclar nuestros pensamientos a la memoria, y por tanto reducimos notablemente nuestra capacidad de almacenar información. La realidad es que estamos recibiendo más estímulos por minuto de los que somos capaces de procesar y almacenar en nuestra memoria.

El exceso de estímulos recibidos supone que se pierda el foco de concentración; la persona dispone de multitud de pensamientos, la mayoría de ellos inútiles y se ve incapaz de que éstos permanezcan en su memoria. Así, podemos estar leyendo una página de un libro o de un periódico y no ser capaces de recordar nada de lo leído.

La mayoría de trastornos de ansiedad, como el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno obsesivo compulsivo, o la agorafobia, se desarrollan como consecuencia de dificultades en el desarrollo de la personalidad, momentos de crisis vividos, pérdidas importantes o traumas no resueltos, sin embargo en el SPA no es así, pues su origen procede del actual estilo de vida frenético en el que vivimos.

Según Cury los principales síntomas psíquicos del SPA son la precipitación de pensamiento, es decir la tendencia a sufrir por algo antes de que suceda (si es que acaba sucediendo), la dificultad para concentrarse y el déficit de memoria. Otros síntomas que pueden aparecer son: una baja tolerancia al estrés y a la frustración, irritabilidad, una infantilización de las emociones, la imposibilidad de sostener la soledad creativa y una baja tolerancia a vivir con personas más lentas.

Algunos de los síntomas físicos que se asocian al SPA son; trastornos del sueño (dificultad para dormir o despertarse cansado), trastornos intestinales, fatiga, irritabilidad, dolores de cabeza y musculares, y a veces incluso aumento de la presión arterial.

Un gran porcentaje de los síntomas asociados al SPA son comunes a otros tipos de trastornos de ansiedad, pero lo que le hace diferente al SPA es la ausencia de traumas.

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A pesar de que actualmente no se cuenta con estadísticas, el doctor Cury afirma, según su experiencia terapéutica, que entre el 70-80% de la población, incluidos los niños, podría estar empezando a padecer de este síndrome, lo cual no es de extrañar en una sociedad cada vez más intoxicada por la era digital.

Las consecuencias de sufrir este trastorno es la insatisfacción crónica. Disponemos de tantos estímulos que es difícil poder sentir placer. Así mismo el SPA aumenta los conflictos personales y sociales enormemente, pues nos encontramos con personas altamente reactivas, irritables, tensas y que les cuesta tolerar la frustración.

En el trabajo nos encontramos con personas con una baja productividad, con menos iniciativa y faltos de ideas, y con unas respuestas menos inteligentes. A los trabajadores les falta asertividad y conexión consigo mismos. En las escuelas y universidades encontramos estudiantes que presentan una dificultad para razonar y pensar por sí mismos, apareciendo también problemas para concentrarse y memorizar contenidos.

El mejor camino para combatir el SPA es aprender a conectarse con el presente, apreciando la belleza que nos rodea. La era digital nos aísla del momento presente, entrando en un mundo virtual focalizado en el futuro y en la búsqueda de un constante placer, cuando paradójicamente este síndrome lo que acaba provocando es insatisfacción crónica.

Actividades como el Mindfulness, la meditación o los ejercicios de relajación pueden ayudar a fomentar el contacto con el presente. Otra de las propuestas que nos puede ayudar a superar el SPA es reducir y limitar el tiempo de uso de las nuevas tecnologías, sobre todo en los más jóvenes, fomentando entre ellos otro tipo de actividades, como los juegos al aire libre y el deporte.

“Hay que aprender a contemplar lo bello, que es rendirse y quedar extasiado mientras uno observa cosas bellas, como la naturaleza de las flores…” Augusto Cury

Si sientes que puedes estar sufriendo de SPA, o bien otro tipo de trastorno de ansiedad, la terapia puede orientarte y ayudarte a superarlo. Puedes pedir más información en ESTE ENLACE, o bien en el teléfono 645 368 714.

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Aprende a gestionar tu tiempo


Aprende a gestionar tu tiempo. Una de las frases más comunes en nuestro entorno es “no tengo tiempo para nada”. Es una realidad que la mayoría de nosotros vamos corriendo de un lado a otro, haciendo las cosas con prisas y con la sensación de que no damos abasto con todo. La buena noticia es que podemos sentirnos más tranquilos si planificamos y organizamos nuestro tiempo de forma eficiente. Aunque nos parezca una ficción, es posible atender nuestras tareas y responsabilidades sin tener que sentirnos presionados y agobiados por ello.

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Lo más recomendable para gestionar de una forma óptima el tiempo es priorizar nuestras tareas, pues no siempre lo que nosotros consideramos urgente es lo más importante.

A continuación voy a comentar algunas pautas que pueden ayudarte a gestionar tu tiempo de forma eficaz y eficiente.

1. Revisa tu rutina diaria. El primer paso que debes hacer es formular una lista de todas aquellas tareas que tienes que realizar al día siguiente. Una vez hecha esta lista, priorízalas de mayor a menor importancia, enuméralas de 0 (menos importante) a 10 (más importante). A partir de este punto házte las siguientes preguntas: ¿Qué actividades podría posponer, o cuales son aquellas actividades que no es estrictamente necesario que finalice durante el día?, ¿Qué actividades podría delegar en otra persona?, ¿En qué actividades me disperso o paso más tiempo de lo necesario?.

Una vez te pongas con el trabajo evita la multi tarea, es decir empieza con una de las tareas y acábala, antes de seguir con la siguiente. Mantener nuestra atención focalizada en más de un tema nos vuelve ineficientes y aumenta la posibilidad de poder cometer errores.

2. Establece tus tiempos. Una vez tengas la lista de tareas, anota el tiempo que pasas realizando cada una de ellas. Pregúntate si hay alguna forma de reducir tiempos; por ejemplo que tengas dos tareas geográficamente cerca y puedas hacer una después de la otra, ahorrando así tiempo en los desplazamientos.

3. Detecta los malos hábitos. Es importante analizar como perdemos el tiempo, para así tomar medidas al respecto. Una vez sabemos qué falla, podremos implementar las soluciones. Por ejemplo en el entorno laboral algunos de estos malos hábitos son: llamadas constantes que nos interrumpen, estar conectados al correo electrónico todo el día, o bien prestar una atención excesiva al teléfono móvil.

4. Toma conciencia de tus pensamientos. Pensamientos apremiantes del tipo; “no tengo tiempo”, “no voy a llegar”, “debo acabar todo”… solo nos generan estrés y ansiedad, reduciendo nuestra eficiencia a la hora de realizar nuestro trabajo. El estrés nos lleva a querer hacer más de una tarea a la vez, nos impide focalizar nuestra atención y en consecuencia nos hace menos aptos y eficientes para completar nuestra labor. Por este motivo ten en cuenta aquello que te dices y la forma como lo haces, pues en gran medida tu sensación de malestar y agobio proviene de estos mensajes internos que nos enviamos.

En este sentido aprende a ser más benevolente contigo mismo, háblate con respeto y toma conciencia si aquello que te estás diciendo tiene algún efecto positivo en tu vida. Si no es así, mira de descartarlo y sustituirlo por un pensamiento más realista, y a la vez más beneficioso para tu persona.

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5. Lleva una agenda. Uno de los pasos más importantes para planificar tu tiempo es apuntarte las cosas, no intentes llevarlo todo de cabeza, pues eso te conduce a saturarte y a sentirte agobiado. Cuando estamos estresados, es fácil que se nos olvide algún tema importante si no lo llevamos apuntado en nuestra agenda.

6. Establece límites. Muchas veces nos agobiamos nosotros mismos haciendo tareas que quizás no nos corresponden. La dificultad para poner límites y poder decir no a las peticiones externas son algunas de las principales fuentes de estrés y ansiedad en nuestros días. Darse la libertad para decir no a lo que otros nos piden es fundamental para una correcta gestión emocional.

En ocasiones accedemos a las peticiones de otros para no quedar mal, para que el otro no se enfade o para no entrar en un supuesto conflicto, cuando la realidad es que no queremos hacer aquello que nos piden. Esta confrontación entre lo que supuestamente debemos hacer y aquello que deseamos nos conduce a vivir un conflicto interno que deriva en inestabilidad emocional.

7. Aprende a delegar. Al igual que es importante negarnos a hacer aquello que no deseamos, también lo es tomar conciencia de la importancia de repartir las tareas, en particular aquellas que hacen referencia a la familia y el hogar. Para ello es importante empezar a delegar. Delegar significa confiar que el otro realizará la tarea que le encomendamos, aunque sea de una forma diferente a como nosotros lo haríamos. Así mismo también es importante tomar conciencia que es necesario renunciar a querer tenerlo todo bajo control. Cuando adoptamos una actitud controladora, nuestra eficiencia se reduce y nos sentimos frustrados al ver que hay cosas que escapan a nuestro control.

8. Olvídate del perfeccionismo. No va a pasar nada si no llegas a todo, aunque tu juez interno te diga que no es así y que debes cumplir con todo de una forma perfecta. No tienes que ser perfecto (nadie lo es), ni exigirte más allá de tus posibilidades. Piensa que es preferible hacer las cosas de una en una, y de forma eficiente, que no querer hacer muchas y frustrarte por no avanzar al ritmo que te has impuesto. Prográmate aquellas tareas que objetivamente puedas completar en tu día, no más, y el resto déjalas para el día siguiente.

9. Reserva un tiempo para ti. Para una correcta gestión emocional es fundamental aprender a escucharnos y dejarnos un espacio para el cuidado personal. Reservar un tiempo para las actividades de ocio y diversión nos ayudará a no sentirnos agobiados ante las exigencias y responsabilidades de nuestro día a día. Cuando nos enfocamos exclusivamente en aquello que “tenemos que hacer”, y olvidamos lo que “nos gusta hacer”, nos estresamos y actuamos de una forma mucho más reactiva ante las circunstancias de la vida, perdiendo nuestro equilibrio emocional.

10. Programa tiempos de descanso. Es necesario que dentro de la rutina diaria tengas previsto unas horas para descansar y hacer una desconexión del trabajo. Al contrario de lo que muchos piensan, descansar no es perder el tiempo, sino una necesidad para poder seguir siendo eficientes con nuestras tareas.

“El tiempo es algo creado, decir -no tengo tiempo- es como decir -no quiero-“ Lao Tse

Leslie Beebe
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La libertad de ser


La libertad de ser. Uno de los principales motivos para acudir a terapia es el sufrimiento, el cual adopta multitud de formas y manifestaciones. Es inherente a la vida que todos atravesemos por momentos de dolor como puede ser la muerte de un familiar, una separación de pareja o la pérdida de trabajo, sin embargo estos son momentos puntuales en nuestra vida. Si nos fijamos en nuestro día a día, veremos que existe otro tipo de sufrimiento, que está vinculado a la forma como nos relacionamos con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea, y que tiene que ver con la forma cómo nos impedimos dejarnos ser.

LA LIBERTAD DE SER

Desde pequeños se nos enseña a ser y a actuar de una forma determinada, la cual es producto de toda una serie de mandatos sociales, familiares y culturales. Con los años nos damos cuenta qué aunque la educación recibida nos ha ayudado a encajar en el mundo, también nos ha separado de nuestra esencia. La esencia nos da la libertad para ser y mostrarnos tal y como somos ante nosotros mismos, y ante el resto del mundo.

El psiquiatra Carl Jung en su teoría sobre el proceso de individuación, mencionaba dos grandes fases en el desarrollo humano. La primera sería una fase Yang, más activa, que tendría que ver con los primeros años de vida, en la cual obtenemos el conocimiento del exterior, a través de los mandatos familiares y sociales ya comentados, y que culmina con la formación de una personalidad que nos permite interactuar y sobrevivir en el mundo. Posteriormente, a medida que nos acercamos a la mediana edad, tendríamos una segunda fase más Ying o receptiva, donde la energía cambia de dirección hacia un estado de interiorización, análisis y autoevaluación de lo vivido. Esta fase conduce a una conexión con una parte más sincera y auténtica en nosotros mismos, denominada como esencia.

Cuando hablamos de esencia hacemos referencia a contactar con aspectos tan importantes en el ser humano como aceptarnos tal y como somos, o bien sentir la libertad para dejarnos ser. La psicoterapeuta estadounidense Virginia Satir consideraba que todo ser humano debía manifestar su esencia desde 5 libertades fundamentales. Según Satir la expresión de estas libertades era fundamental para el desarrollo de una sana autoestima.

1. La libertad de ser

“La libertad para ser lo que soy ahora, de ver y oír lo que hay, en vez de lo que fue, lo que será o lo que debería ser”.

La libertad de ser tiene que ver con la libertad de vivir el momento presente, en el aquí y ahora. Todo lo que se da en el momento actual y como nosotros somos ahora está bien. No necesitamos ser diferentes para ser felices. Quedarnos en la melancolía del pasado, o bien en la ansiedad del futuro nos aísla del momento presente, y nos conduce a sufrir frustración y malestar.

2. La libertad de sentir

“La libertad para sentir lo que siento, en lugar de sentir lo que creo que debería sentir, lo que se supone que debería sentir”.

Las emociones nos aportan información de nuestro entorno que nos ayudan a tomar decisiones. No obstante a veces censuramos o reprimimos nuestras emociones por miedo al juicio externo, o simplemente porque en nuestro interior existe una voz que nos dice que no son emociones adecuadas. 

De esta forma muchas veces falseamos, reprimimos y sustituimos nuestras emociones más sinceras, por otras que consideramos más adecuadas. Seguramente de pequeños se nos enseñó que había emociones más tolerables y que era lícito expresar, como la alegría, y otras más penalizadas que era necesario esconder, como la tristeza o el miedo. En la actualidad, como adultos responsables, debemos tener la libertad de sentir, reconocer y expresar nuestras emociones, sin miedo a ser juzgados por ello, ni tampoco culpabilizarnos por aquello que sentimos.

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3. La libertad de decir

“La libertad para decir lo que siento y pienso, en vez de decir lo que se supone que debería sentir y pensar”.

Debemos tener la libertad de expresarnos y mostrarnos tal y como somos. No debemos compararnos con otras personas, ni desvalorizarnos, aceptando que como todo ser humano tenemos nuestras potencialidades, pero también nuestros defectos. De esta forma debemos aceptar una verdad universal, y es que no vamos a gustar a todo el mundo.

Como he comentado anteriormente, en ocasiones falseamos nuestras verdaderas emociones, remplazándolas por otras que consideramos más aceptables. Aunque somos conscientes de aquello que sentimos, es habitual que nos traicionemos a nosotros mismos, comunicando algo diferente con la finalidad de contentar al resto de personas, intentando así manipular la opinión externa. El objetivo de falsearnos es evitar miedos tan básicos como el miedo a no ser querido o el miedo al abandono.

Es también habitual que callemos nuestras emociones y sentimientos, por multitud de creencias limitantes y miedos, como que aquello que deseamos expresar no es interesante para el resto de personas, que puedo molestar a otros con mis comentarios, o bien que voy a ser rechazado si me doy la libertad de expresar lo que siento. De esta forma lo que conseguimos es invalidarnos, creando una imagen muy pobre sobre nosotros mismos y perjudicando nuestra autoestima.

Cuando falseamos nuestras emociones y sentimientos no solo estamos mintiendo al resto de personas, sino lo más importante, a nosotros mismos.

4. La libertad de pedir

“La libertad para pedir lo que quiero, en lugar de esperar el consentimiento ajeno”.

Debemos ser libres para reconocer nuestras necesidades y deseos, y en consecuencia, pedir lo que queremos. En esta línea debemos tomar conciencia que no todo aquello que pidamos se nos va a dar, por tanto es importante saber tolerar y gestionar la frustración, así como también el hecho de no tomarnos de forma personal la negativa del otro.

Otro aspecto importante a la hora de pedir es que debemos ser nosotros quien así lo expresemos, de una forma clara y asertiva. En ocasiones esperamos la aprobación externa antes de pedir, o bien creemos que la otra persona adivinará nuestros deseos sin necesidad de que tener que comunicar nuestra necesidad. Estas conductas erróneas conducen a limitar la expresión de nuestra necesidad más genuina.

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5. La libertad de arriesgarse

“La libertad de correr mis propios riesgos, en vez de conformarme con la seguridad y no perturbar la tranquilidad”.

Muchas veces el miedo a lo que los otros vayan a pensar de mí, el miedo al fracaso, o el miedo a ser rechazado limitan la ejecución de nuestras acciones. Sin embargo si no somos capaces de arriesgarnos, difícilmente llegaremos a conseguir aquello que deseamos. Muchas veces nos apegamos a lo que consideramos seguro por temor a fracasar, a perder lo que tenemos, o a sentir dolor; en definitiva tenemos un gran miedo a lo desconocido.

Para superar nuestros miedos es necesario arriesgarse a salir de nuestra zona de confort, solo así podremos crecer y avanzar. En este sentido debemos lidiar con aspectos que a la mayoría de nosotros nos resultan incómodos como la incertidumbre futura, o el no control de la situación.

Una vez nos aventuramos a tomar riesgos conectamos con nuestro poder personal, aumentando nuestra autoestima y la confianza en nuestras posibilidades.

Integrar estas libertades nos conecta con nuestra esencia personal, nos empodera y eleva nuestra autoestima. A la vez, nos permite ser auténticos y congruentes con nosotros mismos; es decir que aquello que pensamos, las palabras que decimos y la forma como actuamos mantienen una coherencia.

La mejor forma de conectar con nuestra esencia personal, con lo auténtico en nosotros, es realizar un proceso de autoconocimiento. En esta línea la terapia es el acompañamiento más adecuado para transitar este camino.

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Leslie Beebe
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