Ansiedad e insomnio


Ansiedad e insomnio. Los niveles elevados de estrés y ansiedad pueden incidir negativamente en nuestro descanso, afectando la calidad y cantidad de horas de sueño. Mientras que durante el día nuestra mente puede estar ocupada con multitud de estímulos que nos distraen y mantienen ocupados, al llegar la noche desaparecen los distractores externos y la ansiedad puede hacerse más plausible.

ansiedad e insomnio

Cuando nos despertamos durante la noche somos más conscientes de los pensamientos que cruzan nuestra mente. Es fácil entonces desvelarnos y quedarnos enganchados en pensamientos que nos hacen sentir preocupados, y en consecuencia este enganche provoca más ansiedad. La ansiedad generada en estos casos es debido a diferentes factores, entre ellos; darle vueltas a sucesos que han pasado el día anterior, reviviendo aquello que se podía haber hecho y no se hizo, o bien plantearse si se hizo de forma adecuada; preocuparse por el futuro y aquello que está por venir, o bien agobiarse por la imposibilidad de volver a conciliar el sueño.

El silencio, la soledad y el aislamiento característicos de las horas nocturnas hacen que estas preocupaciones tomen más protagonismo que durante las horas diurnas, en las cuales fácilmente podemos distraer nuestra atención, rompiendo así el bucle de pensamiento.

Si tienes problemas de insomnio debido a la ansiedad, a continuación voy a darte algunas pautas que pueden ayudarte a recuperar tu descanso.

1. El primer paso si te despiertas durante la noche es evitar mirar el reloj. Confía en que la alarma de tu despertador hará su función e intenta volver a dormirte.

2. Si sientes que tu cabeza empieza a engancharse en los pensamientos, levántate y mira de hacer alguna actividad, no te quedes en la cama dándole vueltas a la cabeza o forzándote a dormir. Por ejemplo puedes ponerte a leer, cocinar, hacer estiramientos, etc…, no obstante evita todas aquellas actividades relacionadas con el uso del móvil o la Tablet. La luz azul emitida por el móvil incide reduciendo la secreción de melatonina, una hormona facilitadora del sueño. De hecho los expertos aconsejan dejar de usar el móvil dos horas antes de acostarse, debido a su efecto perjudicial en el inicio y la calidad del sueño.

3. Adopta unas buenas prácticas que faciliten el sueño, algunas de ellas son: evitar la ingesta de café o bebidas excitantes a partir de la tarde, darte un baño o ducha caliente antes de acostarte y mantener tu habitación ventilada, y a una temperatura y luz adecuadas.

4. Evita las comidas copiosas y la ingesta de alcohol ante de ir a dormir.

5. Si sientes que tu pensamiento entra en bucle, haz unos ejercicios de relajación que te permitan focalizar tu atención en la respiración y en la conciencia corporal, saliendo así de tu mente. Aquí te dejo el enlace con un ejercicio que puedes practicar:


6. Realiza ejercicio físico al menos tres veces por semana. Si llegas cansado a la hora de dormir te será más fácil conciliar y mantener el sueño durante la noche. Aún así evita realizar ejercicio físico antes de acostarte, pues el deporte genera endorfinas que pueden dificultarte conciliar el sueño.

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7. Si tus problemas de ansiedad perduran en el tiempo, sería aconsejable que pidieses ayuda terapéutica. La terapia es un espacio personal y confidencial que nos permite conocer las causas que motivan la ansiedad, así como también darnos herramientas de gestión emocional. Si estás interesado en la sesiones de terapia, PINCHA AQUÍ y te informaré sin compromiso. 

8. Evita la toma de fármacos como los somniferos o los ansiolíticos para dormir. Este tipo de medicación solo debe tomarse bajo prescripción médica y durante un tiempo limitado. No obstante puedes utilizar la fitoterapia, infusiones como la pasiflora o la valeriana pueden ayudarte a conciliar el sueño y a dormir mejor. Si quieres utilizar este tipo de remedios no dudes en consultar a tu farmacéutico, él te aconsejará sobre la mejor opción según cada caso.

Leslie Beebe
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Aprender a gestionar las emociones


Aprender a gestionar las emociones. En los últimos años se ha hablado de incluir la enseñanza de la gestión emocional en las escuelas, aunque hoy en día sigue siendo un tema pendiente en la mayoría de los centros de enseñanza. Aprender a identificar y gestionar nuestras emociones debería ser un tema prioritario en las escuelas, por delante de la enseñanza de valores y contenidos académicos. Sin duda, este tipo de aprendizaje nos ahorraría muchos de los problemas emocionales que sufrimos posteriormente en la edad adulta.

APRENDER A GESTIONAR LAS EMOCIONES

Sin embargo, se ha comprobado que nuestro aprendizaje emocional empieza mucho antes de ir a la escuela; en los primeros instantes de vida ya empezamos a aprender sobre el mundo y sobre las emociones. De hecho algunos estudios afirman que este aprendizaje emocional empieza antes, en el útero materno. La psicobióloga Vivette Glover, del Imperial College de Londres, ha realizado estudios en los que constata que los niveles prenatales de ansiedad en la mujer embarazada afectan al bebé. La forma como se desarrolla el bebé en la matriz no solo está influenciada por la alimentación y los factores ambientales, sino también por las emociones maternas. De estos estudios se desprende que sufrir de ansiedad y estrés durante el embarazo duplica el riesgo de que el niño manifieste problemas de atención y trastornos como la hiperactividad.

En los estudios llevados a cabo por la doctora Glover se descubrió que las mujeres que sufren de ansiedad reducen el flujo sanguíneo que llega al bebé. Así mismo se ha comprobado que como más elevado es el nivel de cortisol en el líquido amniótico que rodea al bebé, más bajo es el nivel del coeficiente intelectual del niño después. Es decir que niveles altos de cortisol pueden afectar al cerebro, y por tanto al aprendizaje.

Los primeros años de vida van a ser decisivos para nuestra salud emocional. Hasta los cinco años de vida, aproximadamente, es cuando se conforman los grandes patrones emocionales que van a formar la base de nuestra personalidad futura. Durante estos primeros años aprendemos si somos dignos de ser amados, si podemos confiar en el entorno que nos rodea pues nos da protección y seguridad. Por el contrario puede ser que nos encontremos con ambientes hostiles, fríos, percibiendo el mundo como un lugar peligroso, donde es mejor esconderse y en el cual el miedo prevalece por encima del amor.

Si durante estos primeros años de nuestra infancia el entorno es agresivo o inseguro, entramos en el modo de supervivencia, donde tendemos a reducir energías, cerrándonos al amor y desconfiando del mundo. De esta forma se pierde la ilusión, lo que nos afectará física y mentalmente, condicionando los patrones de relación y conducta futuras.

Como niños necesitamos sentirnos seguros, protegidos y arropados en conexión con los demás y con el mundo que nos rodea. En este sentido, no solo la educación emocional en la escuela juega un papel fundamental, sino que los padres, desde la llegada al mundo del niño, pueden contribuir al desarrollo de una buena salud emocional. Es importante que los padres aseguren a sus hijos este espacio seguro, para que así los niños se sientan en confianza para abrirse al mundo.

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Es una realidad que la mayoría de los adultos carecemos de una gestión emocional saludable, por este motivo, es improbable que tengamos las herramientas para transmitir ese conocimiento a nuestros hijos. En consecuencia muchas veces repetimos patrones y dinámicas familiares heredadas, que no contribuyen a una buena salud emocional.

Aprender a gestionar nuestras emociones en la edad adulta no es tarea sencilla ni rápida, requiere de tiempo y compromiso, el cual muchos de nosotros no estamos dispuestos a invertir. La terapia y el acompañamiento emocional son servicios que nos ayudan en el aprendizaje de nuestro campo emocional, pues solo de esta forma podremos dejar esa herencia a nuestros hijos.

Realizar un proceso de autoconocimiento, aprendiendo a identificar y regular nuestras emociones, no solo aportará un beneficio a nuestra salud física y emocional, sino que también nos habilitará para romper patrones de relación con nuestros hijos que no son saludables.

Si quieres empezar un camino de autodescubrimiento personal y mejora en la gestión de tus emociones, la terapia puede ayudarte. Para más información puedes seguir ESTE ENLACE  o bien contactar conmigo en el teléfono 645 368 714.

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La relación mente-cuerpo


La relación mente-cuerpo. En la actualidad pocos dudan que un gran número de enfermedades físicas tienen su origen en el campo emocional. Por tanto, es una realidad que mente y cuerpo se encuentran conectados. 
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De esta forma al igual que muchas enfermedades físicas nos afectan a nivel emocional, provocándonos miedo, tristeza o preocupación, los problemas psicológicos también nos pueden afectar a nivel físico. Un ejemplo puede ser el estrés y la ansiedadSi los niveles de estrés y ansiedad perduran en el tiempo pueden provocar la aparición de una gastritis o una úlcera de estómago. Cuando los desequilibrios emocionales afectan al cuerpo, estamos hablando de las denominadas enfermedades psicosomáticas.

Los profesionales médicos estiman que una cuarta parte de las personas que acuden a consulta sufren de una enfermedad psicosomática. Esto significa que su origen no se encuentra en algún problema físico, sino en una alteración emocional.

Como consecuencia de la falta de recursos y tiempo de los profesionales médicos, en un gran número de ocasiones no se diagnostican las enfermedades psicosomáticas, siendo tratadas con medicación como si su origen fuese físico, cuando realmente el tratamiento debería focalizarse en el campo emocional. En este sentido es habitual encontrarse con personas que han pasado por diferentes médicos, sin que ninguno de ellos haya sido capaz de encontrar la causa de su sufrimiento. Un gran porcentaje de estos pacientes han sido tratados con ansiolíticos o antidepresivos para aliviar su malestar, no obstante estos problemas vuelven a aparecer con el tiempo, pues aunque los síntomas son tratados, los desequilibrios emocionales que los sustentan siguen en activo.

Como terapeuta, es frecuente que personas con este tipo de problemas acudan a terapia. Muchas de ellas toman algún tipo de medicación, sin embargo el denominador común es el malestar que sienten y que no han podido superar hasta el momento. A medida que la terapia avanza y se va trabajando con el campo emocional, podemos ver como el nivel de malestar se reduce progresivamente, haciendo que muchas personas disminuyan también la toma de medicación, hasta el punto de poder llegar a dejarla.

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Sin lugar a dudas las emociones influyen de forma directa en nuestra salud. Por ejemplo el miedo es una emoción básica, que nos ayuda a ser precavidos y prudentes ante un posible peligro. Sin embargo cuando el miedo se convierte en un estado, entonces órganos como los riñones o la vejiga pueden verse afectados. Otro ejemplo lo tenemos en la ira, como emoción básica la ira nos permite fijar límites y autoafirmarnos, no obstante cuando reprimimos nuestra ira, o la convertimos en resentimiento u odio, órganos como la vesícula o el riñón pueden verse afectados.

El estrés, la ansiedad y la depresión pueden actuar sobre distintas hormonas, provocando cambios en nuestro organismo, por ejemplo la producción de cortisol en nuestro organismo puede verse afectada por cambios emocionales, o cuando mantenemos situaciones de estrés en el tiempo. Niveles de cortisol elevados en nuestro organismo pueden conducir a un aumento de peso, problemas digestivos o insomnio, entre otros.

Por el contrario hormonas como la serotonina, que nos aporta una sensación de bienestar, aumenta su presencia cuando vivimos situaciones de equilibrio emocional a través del amor y la compasión, lo que hace que experimentemos sensaciones agradables y que nos sintamos llenos de energía. Otros estudios relacionan los estados de ansiedad y estrés como un factor facilitador en los casos de cáncer, tanto en su aparición como en el curso de la enfermedad. Finalmente, también se ha comprobado que estados depresivos favorecen la debilitación de nuestro sistema inmunitario, siendo más proclives a poder coger enfermedades, o bien retrasando los procesos de sanación.

El estrés, la ansiedad y la depresión son los tres principales protagonistas en las sesiones de terapia, pues cada vez son más personas que los sufren como consecuencia de una falta de regulación emocional. Algunos de los síntomas físicos que podemos asociar a este tipo de trastornos son: mareos, sensación de ahogo u opresión en el pecho, náuseas, taquicardias, diarrea, tensión muscular, etc….todos estos síntomas los podemos vincular a diferentes sistemas de nuestro organismo como el sistema respiratorio, el sistema digestivo, el sistema nervioso o el circulatorio entre otros. Muchas personas asocian estos síntomas a algún malfuncionamiento físico, por ejemplo las taquicardias a estar padeciendo de algún problema coronario, cuando en realidad el origen se encuentra en un desequilibrio emocional.

De la misma forma, muchas enfermedades médicas que son diagnosticadas por el médico, están relacionadas con el estrés y la ansiedad; ya sea porque éstos influyen en su origen, en el mantenimiento o en la evolución de diversas patologías físicas. Algunas de estas enfermedades son: el hiper y hipotiroidismo, las ulceras estomacales, el síndrome del intestino irritable, la hipertensión, la impotencia, las contracturas musculares o las cefaleas, entre otros.

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Si hace tiempo que sufres de malestar, has ido a diferentes profesionales médicos y has realizado múltiples pruebas médicas sin que haya sido posible encontrar la explicación de tu malestar, es posible que su origen no se encuentre en tu cuerpo, sino en tu corazón.

"El cuerpo sano es producto de una mente sana" George Bernard Shaw

En este sentido la terapia puede ayudarte a recuperar tu equilibrio emocional y tu bienestar. Puedes pedir información en ESTE ENLACE o bien llamar o whatsapp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

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El Síndrome del Pensamiento Acelerado


El Síndrome del Pensamiento Acelerado. El Síndrome del Pensamiento Acelerado (SPA) es un tipo de ansiedad descubierto por Augusto Cury, un psiquiatra brasileño que ha atendido más de 20.000 citas durante su carrera. Según Cury esta dolencia afecta actualmente a un número tan elevado de personas que podría considerarse el mal de este siglo, por encima de la depresión.

El sindrome del pensamiento acelerado


Cury define el SPA como una nueva forma de ansiedad, causada por el exceso de estímulos a los que nos vemos expuestos en la era digital en la que vivimos. Esta hiperestimulación conduce a aumentar la velocidad del pensamiento hasta niveles extremadamente elevados.

Al contrario de lo que podríamos llegar a pensar, la sobreestimulación no significa que nos volvamos más rápidos mentalmente, sino más ansiosos, pues pasamos de un estímulo a otro sin tiempo de procesar nada. Esta actividad frenética nos vuelve incapaces de anclar nuestros pensamientos a la memoria, y por tanto reducimos notablemente nuestra capacidad de almacenar información. La realidad es que estamos recibiendo más estímulos por minuto de los que somos capaces de procesar y almacenar en nuestra memoria.

El exceso de estímulos recibidos supone que se pierda el foco de concentración; la persona dispone de multitud de pensamientos, la mayoría de ellos inútiles y se ve incapaz de que éstos permanezcan en su memoria. Así, podemos estar leyendo una página de un libro o de un periódico y no ser capaces de recordar nada de lo leído.

La mayoría de trastornos de ansiedad, como el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno obsesivo compulsivo, o la agorafobia, se desarrollan como consecuencia de dificultades en el desarrollo de la personalidad, momentos de crisis vividos, pérdidas importantes o traumas no resueltos, sin embargo en el SPA no es así, pues su origen procede del actual estilo de vida frenético en el que vivimos.

Según Cury los principales síntomas psíquicos del SPA son la precipitación de pensamiento, es decir la tendencia a sufrir por algo antes de que suceda (si es que acaba sucediendo), la dificultad para concentrarse y el déficit de memoria. Otros síntomas que pueden aparecer son: una baja tolerancia al estrés y a la frustración, irritabilidad, una infantilización de las emociones, la imposibilidad de sostener la soledad creativa y una baja tolerancia a vivir con personas más lentas.

Algunos de los síntomas físicos que se asocian al SPA son; trastornos del sueño (dificultad para dormir o despertarse cansado), trastornos intestinales, fatiga, irritabilidad, dolores de cabeza y musculares, y a veces incluso aumento de la presión arterial.

Un gran porcentaje de los síntomas asociados al SPA son comunes a otros tipos de trastornos de ansiedad, pero lo que le hace diferente al SPA es la ausencia de traumas.

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A pesar de que actualmente no se cuenta con estadísticas, el doctor Cury afirma, según su experiencia terapéutica, que entre el 70-80% de la población, incluidos los niños, podría estar empezando a padecer de este síndrome, lo cual no es de extrañar en una sociedad cada vez más intoxicada por la era digital.

Las consecuencias de sufrir este trastorno es la insatisfacción crónica. Disponemos de tantos estímulos que es difícil poder sentir placer. Así mismo el SPA aumenta los conflictos personales y sociales enormemente, pues nos encontramos con personas altamente reactivas, irritables, tensas y que les cuesta tolerar la frustración.

En el trabajo nos encontramos con personas con una baja productividad, con menos iniciativa y faltos de ideas, y con unas respuestas menos inteligentes. A los trabajadores les falta asertividad y conexión consigo mismos. En las escuelas y universidades encontramos estudiantes que presentan una dificultad para razonar y pensar por sí mismos, apareciendo también problemas para concentrarse y memorizar contenidos.

El mejor camino para combatir el SPA es aprender a conectarse con el presente, apreciando la belleza que nos rodea. La era digital nos aísla del momento presente, entrando en un mundo virtual focalizado en el futuro y en la búsqueda de un constante placer, cuando paradójicamente este síndrome lo que acaba provocando es insatisfacción crónica.

Actividades como el Mindfulness, la meditación o los ejercicios de relajación pueden ayudar a fomentar el contacto con el presente. Otra de las propuestas que nos puede ayudar a superar el SPA es reducir y limitar el tiempo de uso de las nuevas tecnologías, sobre todo en los más jóvenes, fomentando entre ellos otro tipo de actividades, como los juegos al aire libre y el deporte.

“Hay que aprender a contemplar lo bello, que es rendirse y quedar extasiado mientras uno observa cosas bellas, como la naturaleza de las flores…” Augusto Cury

Si sientes que puedes estar sufriendo de SPA, o bien otro tipo de trastorno de ansiedad, la terapia puede orientarte y ayudarte a superarlo. Puedes pedir más información en ESTE ENLACE, o bien en el teléfono 645 368 714.

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Aprende a gestionar tu tiempo


Aprende a gestionar tu tiempo. Una de las frases más comunes en nuestro entorno es “no tengo tiempo para nada”. Es una realidad que la mayoría de nosotros vamos corriendo de un lado a otro, haciendo las cosas con prisas y con la sensación de que no damos abasto con todo. La buena noticia es que podemos sentirnos más tranquilos si planificamos y organizamos nuestro tiempo de forma eficiente. Aunque nos parezca una ficción, es posible atender nuestras tareas y responsabilidades sin tener que sentirnos presionados y agobiados por ello.

gestionar tiempo


Lo más recomendable para gestionar de una forma óptima el tiempo es priorizar nuestras tareas, pues no siempre lo que nosotros consideramos urgente es lo más importante.

A continuación voy a comentar algunas pautas que pueden ayudarte a gestionar tu tiempo de forma eficaz y eficiente.

1. Revisa tu rutina diaria. El primer paso que debes hacer es formular una lista de todas aquellas tareas que tienes que realizar al día siguiente. Una vez hecha esta lista, priorízalas de mayor a menor importancia, enuméralas de 0 (menos importante) a 10 (más importante). A partir de este punto házte las siguientes preguntas: ¿Qué actividades podría posponer, o cuales son aquellas actividades que no es estrictamente necesario que finalice durante el día?, ¿Qué actividades podría delegar en otra persona?, ¿En qué actividades me disperso o paso más tiempo de lo necesario?.

Una vez te pongas con el trabajo evita la multi tarea, es decir empieza con una de las tareas y acábala, antes de seguir con la siguiente. Mantener nuestra atención focalizada en más de un tema nos vuelve ineficientes y aumenta la posibilidad de poder cometer errores.

2. Establece tus tiempos. Una vez tengas la lista de tareas, anota el tiempo que pasas realizando cada una de ellas. Pregúntate si hay alguna forma de reducir tiempos; por ejemplo que tengas dos tareas geográficamente cerca y puedas hacer una después de la otra, ahorrando así tiempo en los desplazamientos.

3. Detecta los malos hábitos. Es importante analizar como perdemos el tiempo, para así tomar medidas al respecto. Una vez sabemos qué falla, podremos implementar las soluciones. Por ejemplo en el entorno laboral algunos de estos malos hábitos son: llamadas constantes que nos interrumpen, estar conectados al correo electrónico todo el día, o bien prestar una atención excesiva al teléfono móvil.

4. Toma conciencia de tus pensamientos. Pensamientos apremiantes del tipo; “no tengo tiempo”, “no voy a llegar”, “debo acabar todo”… solo nos generan estrés y ansiedad, reduciendo nuestra eficiencia a la hora de realizar nuestro trabajo. El estrés nos lleva a querer hacer más de una tarea a la vez, nos impide focalizar nuestra atención y en consecuencia nos hace menos aptos y eficientes para completar nuestra labor. Por este motivo ten en cuenta aquello que te dices y la forma como lo haces, pues en gran medida tu sensación de malestar y agobio proviene de estos mensajes internos que nos enviamos.

En este sentido aprende a ser más benevolente contigo mismo, háblate con respeto y toma conciencia si aquello que te estás diciendo tiene algún efecto positivo en tu vida. Si no es así, mira de descartarlo y sustituirlo por un pensamiento más realista, y a la vez más beneficioso para tu persona.

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5. Lleva una agenda. Uno de los pasos más importantes para planificar tu tiempo es apuntarte las cosas, no intentes llevarlo todo de cabeza, pues eso te conduce a saturarte y a sentirte agobiado. Cuando estamos estresados, es fácil que se nos olvide algún tema importante si no lo llevamos apuntado en nuestra agenda.

6. Establece límites. Muchas veces nos agobiamos nosotros mismos haciendo tareas que quizás no nos corresponden. La dificultad para poner límites y poder decir no a las peticiones externas son algunas de las principales fuentes de estrés y ansiedad en nuestros días. Darse la libertad para decir no a lo que otros nos piden es fundamental para una correcta gestión emocional.

En ocasiones accedemos a las peticiones de otros para no quedar mal, para que el otro no se enfade o para no entrar en un supuesto conflicto, cuando la realidad es que no queremos hacer aquello que nos piden. Esta confrontación entre lo que supuestamente debemos hacer y aquello que deseamos nos conduce a vivir un conflicto interno que deriva en inestabilidad emocional.

7. Aprende a delegar. Al igual que es importante negarnos a hacer aquello que no deseamos, también lo es tomar conciencia de la importancia de repartir las tareas, en particular aquellas que hacen referencia a la familia y el hogar. Para ello es importante empezar a delegar. Delegar significa confiar que el otro realizará la tarea que le encomendamos, aunque sea de una forma diferente a como nosotros lo haríamos. Así mismo también es importante tomar conciencia que es necesario renunciar a querer tenerlo todo bajo control. Cuando adoptamos una actitud controladora, nuestra eficiencia se reduce y nos sentimos frustrados al ver que hay cosas que escapan a nuestro control.

8. Olvídate del perfeccionismo. No va a pasar nada si no llegas a todo, aunque tu juez interno te diga que no es así y que debes cumplir con todo de una forma perfecta. No tienes que ser perfecto (nadie lo es), ni exigirte más allá de tus posibilidades. Piensa que es preferible hacer las cosas de una en una, y de forma eficiente, que no querer hacer muchas y frustrarte por no avanzar al ritmo que te has impuesto. Prográmate aquellas tareas que objetivamente puedas completar en tu día, no más, y el resto déjalas para el día siguiente.

9. Reserva un tiempo para ti. Para una correcta gestión emocional es fundamental aprender a escucharnos y dejarnos un espacio para el cuidado personal. Reservar un tiempo para las actividades de ocio y diversión nos ayudará a no sentirnos agobiados ante las exigencias y responsabilidades de nuestro día a día. Cuando nos enfocamos exclusivamente en aquello que “tenemos que hacer”, y olvidamos lo que “nos gusta hacer”, nos estresamos y actuamos de una forma mucho más reactiva ante las circunstancias de la vida, perdiendo nuestro equilibrio emocional.

10. Programa tiempos de descanso. Es necesario que dentro de la rutina diaria tengas previsto unas horas para descansar y hacer una desconexión del trabajo. Al contrario de lo que muchos piensan, descansar no es perder el tiempo, sino una necesidad para poder seguir siendo eficientes con nuestras tareas.

“El tiempo es algo creado, decir -no tengo tiempo- es como decir -no quiero-“ Lao Tse

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La libertad de ser


La libertad de ser. Uno de los principales motivos para acudir a terapia es el sufrimiento, el cual adopta multitud de formas y manifestaciones. Es inherente a la vida que todos atravesemos por momentos de dolor como puede ser la muerte de un familiar, una separación de pareja o la pérdida de trabajo, sin embargo estos son momentos puntuales en nuestra vida. Si nos fijamos en nuestro día a día, veremos que existe otro tipo de sufrimiento, que está vinculado a la forma como nos relacionamos con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea, y que tiene que ver con la forma cómo nos impedimos dejarnos ser.

LA LIBERTAD DE SER

Desde pequeños se nos enseña a ser y a actuar de una forma determinada, la cual es producto de toda una serie de mandatos sociales, familiares y culturales. Con los años nos damos cuenta qué aunque la educación recibida nos ha ayudado a encajar en el mundo, también nos ha separado de nuestra esencia. La esencia nos da la libertad para ser y mostrarnos tal y como somos ante nosotros mismos, y ante el resto del mundo.

El psiquiatra Carl Jung en su teoría sobre el proceso de individuación, mencionaba dos grandes fases en el desarrollo humano. La primera sería una fase Yang, más activa, que tendría que ver con los primeros años de vida, en la cual obtenemos el conocimiento del exterior, a través de los mandatos familiares y sociales ya comentados, y que culmina con la formación de una personalidad que nos permite interactuar y sobrevivir en el mundo. Posteriormente, a medida que nos acercamos a la mediana edad, tendríamos una segunda fase más Ying o receptiva, donde la energía cambia de dirección hacia un estado de interiorización, análisis y autoevaluación de lo vivido. Esta fase conduce a una conexión con una parte más sincera y auténtica en nosotros mismos, denominada como esencia.

Cuando hablamos de esencia hacemos referencia a contactar con aspectos tan importantes en el ser humano como aceptarnos tal y como somos, o bien sentir la libertad para dejarnos ser. La psicoterapeuta estadounidense Virginia Satir consideraba que todo ser humano debía manifestar su esencia desde 5 libertades fundamentales. Según Satir la expresión de estas libertades era fundamental para el desarrollo de una sana autoestima.

1. La libertad de ser

“La libertad para ser lo que soy ahora, de ver y oír lo que hay, en vez de lo que fue, lo que será o lo que debería ser”.

La libertad de ser tiene que ver con la libertad de vivir el momento presente, en el aquí y ahora. Todo lo que se da en el momento actual y como nosotros somos ahora está bien. No necesitamos ser diferentes para ser felices. Quedarnos en la melancolía del pasado, o bien en la ansiedad del futuro nos aísla del momento presente, y nos conduce a sufrir frustración y malestar.

2. La libertad de sentir

“La libertad para sentir lo que siento, en lugar de sentir lo que creo que debería sentir, lo que se supone que debería sentir”.

Las emociones nos aportan información de nuestro entorno que nos ayudan a tomar decisiones. No obstante a veces censuramos o reprimimos nuestras emociones por miedo al juicio externo, o simplemente porque en nuestro interior existe una voz que nos dice que no son emociones adecuadas. 

De esta forma muchas veces falseamos, reprimimos y sustituimos nuestras emociones más sinceras, por otras que consideramos más adecuadas. Seguramente de pequeños se nos enseñó que había emociones más tolerables y que era lícito expresar, como la alegría, y otras más penalizadas que era necesario esconder, como la tristeza o el miedo. En la actualidad, como adultos responsables, debemos tener la libertad de sentir, reconocer y expresar nuestras emociones, sin miedo a ser juzgados por ello, ni tampoco culpabilizarnos por aquello que sentimos.

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3. La libertad de decir

“La libertad para decir lo que siento y pienso, en vez de decir lo que se supone que debería sentir y pensar”.

Debemos tener la libertad de expresarnos y mostrarnos tal y como somos. No debemos compararnos con otras personas, ni desvalorizarnos, aceptando que como todo ser humano tenemos nuestras potencialidades, pero también nuestros defectos. De esta forma debemos aceptar una verdad universal, y es que no vamos a gustar a todo el mundo.

Como he comentado anteriormente, en ocasiones falseamos nuestras verdaderas emociones, remplazándolas por otras que consideramos más aceptables. Aunque somos conscientes de aquello que sentimos, es habitual que nos traicionemos a nosotros mismos, comunicando algo diferente con la finalidad de contentar al resto de personas, intentando así manipular la opinión externa. El objetivo de falsearnos es evitar miedos tan básicos como el miedo a no ser querido o el miedo al abandono.

Es también habitual que callemos nuestras emociones y sentimientos, por multitud de creencias limitantes y miedos, como que aquello que deseamos expresar no es interesante para el resto de personas, que puedo molestar a otros con mis comentarios, o bien que voy a ser rechazado si me doy la libertad de expresar lo que siento. De esta forma lo que conseguimos es invalidarnos, creando una imagen muy pobre sobre nosotros mismos y perjudicando nuestra autoestima.

Cuando falseamos nuestras emociones y sentimientos no solo estamos mintiendo al resto de personas, sino lo más importante, a nosotros mismos.

4. La libertad de pedir

“La libertad para pedir lo que quiero, en lugar de esperar el consentimiento ajeno”.

Debemos ser libres para reconocer nuestras necesidades y deseos, y en consecuencia, pedir lo que queremos. En esta línea debemos tomar conciencia que no todo aquello que pidamos se nos va a dar, por tanto es importante saber tolerar y gestionar la frustración, así como también el hecho de no tomarnos de forma personal la negativa del otro.

Otro aspecto importante a la hora de pedir es que debemos ser nosotros quien así lo expresemos, de una forma clara y asertiva. En ocasiones esperamos la aprobación externa antes de pedir, o bien creemos que la otra persona adivinará nuestros deseos sin necesidad de que tener que comunicar nuestra necesidad. Estas conductas erróneas conducen a limitar la expresión de nuestra necesidad más genuina.

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5. La libertad de arriesgarse

“La libertad de correr mis propios riesgos, en vez de conformarme con la seguridad y no perturbar la tranquilidad”.

Muchas veces el miedo a lo que los otros vayan a pensar de mí, el miedo al fracaso, o el miedo a ser rechazado limitan la ejecución de nuestras acciones. Sin embargo si no somos capaces de arriesgarnos, difícilmente llegaremos a conseguir aquello que deseamos. Muchas veces nos apegamos a lo que consideramos seguro por temor a fracasar, a perder lo que tenemos, o a sentir dolor; en definitiva tenemos un gran miedo a lo desconocido.

Para superar nuestros miedos es necesario arriesgarse a salir de nuestra zona de confort, solo así podremos crecer y avanzar. En este sentido debemos lidiar con aspectos que a la mayoría de nosotros nos resultan incómodos como la incertidumbre futura, o el no control de la situación.

Una vez nos aventuramos a tomar riesgos conectamos con nuestro poder personal, aumentando nuestra autoestima y la confianza en nuestras posibilidades.

Integrar estas libertades nos conecta con nuestra esencia personal, nos empodera y eleva nuestra autoestima. A la vez, nos permite ser auténticos y congruentes con nosotros mismos; es decir que aquello que pensamos, las palabras que decimos y la forma como actuamos mantienen una coherencia.

La mejor forma de conectar con nuestra esencia personal, con lo auténtico en nosotros, es realizar un proceso de autoconocimiento. En esta línea la terapia es el acompañamiento más adecuado para transitar este camino.

Si estás interesado/a en las sesiones de terapia SIGUE ESTE ENLACE o bien llama al teléfono 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

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Síntomas de trastornos ansiosos


Síntomas de trastornos ansiosos. En artículos anteriores ya hablé de algunos de los trastornos de ansiedad más habituales, como el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno obsesivo compulsivo y el trastorno de ansiedad con agorafobia.

TRASTORNOS ANSIOSOS

En el artículo de hoy comentaré algunos síntomas asociados a los trastornos de ansiedad como son: desrealización, despersonalización y fobias de impulsión. Estos tres síntomas se caracterizan por provocar un intenso miedo, pues la persona que los sufre empieza a creer que puede estar volviéndose loca.

Como he comentado tanto la desrealización, como la despersonalización y las fobias de impulsión son síntomas de trastornos ansiosos, aunque también pueden ser indicativos de trastornos de personalidad, pero no son enfermedades en sí, por lo que no pueden asociarse a una sola patología clínica, sino a diversas. En este sentido es necesario que el síntoma sea tratado dentro de la enfermedad que lo engloba.

A continuación comentaré los síntomas antes mencionados. Antes de eso, me gustaría dejar claro dos aspectos. 

El primero es que no soy profesional médico, y que las explicaciones que yo puedo dar sobre este tipo de trastornos se fundamentan en el testimonio de clientes que acuden a terapia y que me explican sus vivencias. Estas personas han sido diagnosticadas de algún trastorno de ansiedad y sufren de estos síntomas. Por este motivo en ningún caso estas explicaciones deben de ser tomadas como referencia para emitir un diagnóstico clínico. Una vez leídos, y en caso de sentir que estos síntomas son persistentes en nuestra vida, y nos alteran emocionalmente, el primer paso sería acudir al médico para que realizase el diagnóstico pertinente.

El segundo aspecto es que por mi experiencia como terapeuta, tanto desrealización como despersonalización son síntomas difíciles de explicar para la persona que los sufre, y también difíciles de entender para las personas del entorno que reciben el relato de esa vivencia.

La desrealización se fundamenta en una sensación de extrañeza que vive la persona cuando toma conciencia de que no acaba de reconocer con claridad aquello que percibe del exterior. Los clientes me describen que experimentan la percepción del entorno como un sueño o una película, donde los límites de la realidad están difusos, como si un velo les tapase parte de la visión. Así mismo me comentan que se sienten muy desapegados a nivel emocional de aquello que está sucediendo, como si viviesen desde un cristal que los separa de la realidad. Algunos me han comentado que perciben ciertas distorsiones con el tamaño, la forma y la distancia de los objetos que ven en la realidad.

La despersonalización es una variante de la desrealización, pero en este caso la persona siente que es un observador externo de aquello que le está pasando, es como si se viese a sí mismo desde fuera de su cuerpo. Algunas personas me comentan que viven la despersonalización con la sensación de ser como un robot, y que notan cierta dificultad para poder controlar el movimiento o el habla. También me comentan que tienen la percepción que les cuesta reaccionar emocional y físicamente a los estímulos externos.

TRATAMIENTO ANSIEDAD

Es importante decir qué en ambos casos, tanto en la desrealización como en la despersonalización, la persona mantiene el juicio de realidad.

Las fobias de impulsión son pensamientos muy intensos e intrusivos que afectan la vida diaria de la persona. Se caracterizan por ser pensamientos muy radicales e ilógicos, y la consecuencia es que generan un intenso miedo debido a la posibilidad que uno mismo acabe descontrolándose, llevando a cabo el mensaje de estos pensamientos.

Curiosamente aunque cada persona es diferente, este tipo de pensamientos suelen estar relacionados con la posibilidad de hacerse daño a sí mismo, o  bien dañar a un familiar o persona querida. Algunos de estos pensamientos son: el miedo a coger un cuchillo y matar a alguien o autolesionarse, el miedo a tirarse o a empujar a alguien desde un sitio elevado, como un edificio, la posibilidad de poderse tirar a la vía del metro, o bien la idea de empujar a alguien cuando el metro pasa. Estos son algunas de las fobias de impulsión más comunes. 

Los pensamientos relacionados con las fobias de impulsión son tan intensos, que la persona reacciona de tres formas; la primera es que empieza a dudar de su persona, y que realmente pueda llegar a controlarse para no acabar haciendo aquello que su pensamiento le dice. La segunda es que la persona no encuentra lógica ni racionalidad a sus pensamientos, por lo que empieza a pensar en la posibilidad de estar volviéndose loco/a. La tercera es que la persona se culpa y se autocastiga a sí misma por tener este tipo de pensamientos, los cuales son totalmente opuestos a su ética y a su moral.

TERAPIA ANSIEDAD
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La realidad es que las fobias de impulsión nunca llegan a hacerse realidad, el motivo es que la persona que las sufre no pierde la coherencia y la lógica propia del principio de realidad. La fobia como su nombre indica es el “miedo a”, no el acto en si mismo, pues éste nunca llega a cometerse.

Si quieres saber más sobre las fobias de impulsión, puedes leer ESTE ARTÍCULO.

Para terminar solo indicar que los síntomas comentados son característicos de múltiples trastornos de ansiedad y también de personalidad, por lo que si aparecen en nuestra vida, lo recomendable es acudir al médico. Por norma general los síntomas mencionados son tratados en psicoterapia, y dependiendo del caso, también apoyados por un tratamiento farmacológico.

Leslie Beebe
Tel. 645 368 714
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