Miedo y Ansiedad


Miedo y Ansiedad. El miedo es una emoción básica y primaria que ha permitido la supervivencia y evolución del ser humano. Como toda emoción, el miedo funciona como una señal informativa sobre algo que está sucediendo en nuestra relación con el entorno; en este caso nos advierte de algún peligro que amenaza nuestra seguridad. La función del miedo es doble; en primer lugar conservar aquello a lo que damos valor en nuestra vida; por ejemplo el miedo que puede aparecer ante una posible pérdida de nuestro trabajo. En segundo lugar preservar nuestra integridad personal; por ejemplo el miedo que surge ante la posibilidad de recibir un daño externo. El miedo nos ayuda a ser precavidos, a actuar con cautela y a valorar los recursos de los que disponemos para enfrentar un posible peligro.

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Sin embargo el miedo también tiene otra cara, y es cuando se vuelve un mecanismo desadaptativo y limitante en nuestra vida. Es importante decir que el miedo no es el problema en sí, pues éste únicamente actúa como una señal informativa, sino que la dificultad reside en el mecanismo que nosotros utilizamos para relacionarnos con esta emoción, el cual da lugar a la aparición de sensaciones desagradables como la ansiedad y la angustia.

El principal problema que tenemos respecto a la relación con nuestros miedos es la tendencia a la evitación. Social y culturalmente el miedo se nos ha vendido como algo no deseable, y que por tanto no está bien sentir. Nadie quiere admitir que tiene miedo, pues supuestamente la imagen que debemos ofrecer a los demás es la de mostrarnos valientes y fuertes. En consecuencia cuando sentimos miedo nos obligamos a tener que estar tranquilos, culpabilizándonos y diciéndonos a nosotros mismos que no deberíamos sentirnos así. En esos momentos intentamos de todas las formas posibles controlar aquello que es incontrolable, nuestras emociones.

Aunque en un primer momento adoptar una actitud de evitación ante aquello que nos da miedo nos pueda aportar cierta calma, la verdad es que lo único que conseguimos actuando así es entrar en un bucle de “miedo al miedo”. En este bucle la persona se siente incapaz de controlar la ansiedad originada por la situación, inquietándose por un posible descontrol emocional en el futuro. De esta forma se estructura una dinámica en que como mayor es el grado de evitación, más grande es el miedo a la ansiedad, y mayor es el bloqueo ante la situación temida. Con el tiempo este bloqueo nos lleva a limitar casa vez más aspectos de nuestra vida, provocando en nosotros una sensación de incapacidad, lo que afecta negativamente a nuestra autoestima.

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Entonces ¿cómo debemos actuar ante nuestros miedos?

El primer punto a tener en cuenta es que debemos cambiar la perspectiva que tenemos respecto al miedo; en vez de percibirlo como un enemigo, debemos aprender a familiarizarnos con él, para así encontrar un equilibrio emocional cuando éste aparece. Para cambiar dicha percepción es importante tener en cuenta dos elementos básicos: el primero posicionarnos como simples espectadores de nuestros miedos, no identificándonos con ellos. Debemos tener claro que nosotros no somos nuestros pensamientos, y en consecuencia éstos no deben dominar nuestras acciones. El segundo elemento es que debemos aprender a sostener nuestros miedos, esto significa reconocer nuestros miedos, dándoles un espacio para su expresión. Es importante comprender que el miedo en sí no es perjudicial, todo depende de la forma como lo gestionemos. Si cuando aparece el miedo luchamos contra él para no sentirlo y nos juzgamos y culpabilizamos por ello, lo único que conseguiremos es sentir más ansiedad y un mayor grado de necesidad por tener que evitar la situación temida.

El segundo punto a destacar es no querer evitar aquello que tememos. Solo si aprendemos a enfrentar y transitar nuestros miedos podremos obtener las herramientas de gestión necesarias para superarlos, permitiendo así que nuestros miedos no nos limiten.

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El tercer y último punto es comprender que cambiar patrones de funcionamiento no es fácil, pues llevamos muchos años relacionándonos con nuestros miedos de una forma determinada, y en la mayoría de casos poco saludable. Este tipo de cambios suponen un camino de aprendizaje. Es por este motivo qué si sientes que tus miedos limitan tu vida, deberías pedir apoyo profesional, el cual te ayudará a encontrar nuevas y más saludables formas de gestión emocional. En este sentido la terapia puede ser el recurso que necesitas para superar tus miedos.

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Si quieres conocer más sobre el miedo, también puedes leer otros de mis artículos:




"No hay cosa de la que tenga tanto miedo como del miedo" Michel de Montaigne


Leslie Beebe








La ansiedad por comer


La ansiedad por comer. Con frecuencia en las sesiones de terapia aparece la relación entre ansiedad y el acto de comer, en este sentido es frecuente escuchar la frase “cuando estoy ansioso/a me da por comer”. Si éste es tu caso, el primer paso es conocer qué se esconde detrás de esa actitud. Nadie niega que el comer puede resultar un placer, o bien que después de un día de trabajo nos recompensemos con una buena cena, no obstante el comer de forma compulsiva nada tiene que ver con obtener momentos de placer, o la satisfacción de una necesidad fisiológica, sino más bien con una estrategia de evitación de estados que nos resultan desagradables.

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La evitación que manifestamos comiendo está relacionada con la búsqueda de un alivio frente a estados como la ansiedad, el aburrimiento o la angustia, entre otros. En este caso el comer se presenta como un síntoma de que existe un estado de ansiedad o insatisfacción de fondo al que debemos prestar atención; es decir que el problema no es la comida en sí, sino la ansiedad que se esconde detrás de ella. Al comer de forma compulsiva lo que hacemos es tapar con la comida el mensaje que nos trae nuestra ansiedad.   

Es importante comprender que en ningún caso la comida debería ser un calmante para los estados de ansiedad, pues aunque en un primer momento podamos sentirnos aliviados (debido a que al comer se liberan una serie de neurotransmisores como la dopamina que nos relajan), la realidad es que esta actitud va a derivar en otros problemas como son:

1- A la ansiedad original se le va a sumar otra, que es nuestra angustia por no poder controlar aquello que comemos.

2- Un aumento de peso y los problemas de salud derivados de comer comidas poco saludables.

3- Las emociones resultantes de esta actitud que suelen aparecer con posterioridad al acto de comer, como son la culpabilidad, la vergüenza y el arrepentimiento, y que van a agravar más la sensación de agobio y ansiedad en la persona.

Y entonces, ¿cómo controlamos la ansiedad por comer?; la respuesta es que debemos liberarnos de las tensiones y enfrentar aquellas situaciones que nos puedan estar generando ansiedad y agobio en el presente. La ansiedad no deja de ser un mensaje que nos envía nuestro cuerpo para ponernos en alerta, avisándonos que hay algo en nuestra vida con lo que no estamos satisfechos y que por tanto deberíamos atender lo antes posible.

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El primer paso si estás atravesando una situación de este tipo es acudir a un profesional de la terapia para que te ayude a reducir tu ansiedad, y en consecuencia tu impulso por comer. La terapia te permitirá una mejor gestión de tu ansiedad, así como un mayor conocimiento sobre cómo regular tus emociones, lo que favorecerá tu relación con la comida.
Seguidamente te dejo otras pautas, que juntamente con la terapia, pueden ayudarte a salir del acto de comer compulsivamente.

1. Identifica las situaciones o los momentos en que aparecen las ganas de picar
Puede ser que la ansiedad por comer sea algo pasajero, desatado por algún suceso que te haya afectado emocionalmente de forma reciente; por ejemplo un examen, una discusión con la pareja, unos días de más estrés en el trabajo… Si es así identifica el origen y toma conciencia de cómo has reaccionado ante la situación, para de esta forma actuar de forma diferente en el futuro, sin tener que recurrir a la comida.

2. Realiza ejercicios de relajación
Cuando estamos ansiosos nuestro ritmo de respiración se ve alterado, respirando muy rápido y pudiendo llegar al estado de hiperventilación, lo que favorece los síntomas de la ansiedad. Si nos sentimos ansiosos, en vez de ir a la nevera a buscar algo de picar, podemos optar por dejarnos unos minutos (de 10 a 15 será suficiente), para entrar en contacto con nuestra respiración y relajarnos. Este ejercicio nos ayudará a cortar el impulso por comer. Una de las técnicas de relajación que podemos utilizar es la respiración abdominal, la cual explico en este artículo.

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3. Prográmate un horario para el ejercicio físico
Uno de los mejores antídotos para la ansiedad es el ejercicio físico. El ejercicio físico nos permite liberar tensiones, pues al practicarlo liberamos una serie de hormonas, como la serotonina y las endorfinas, que nos ayudan a reducir nuestros niveles de estrés y ansiedad.

4. Organízate y planifica tu día
Si sientes que el estrés y la ansiedad se están apoderando de ti y estás recurriendo a la comida, es conveniente que organices tu tiempo y planifiques tu día de una forma diferente, para así no sentirte sobrepasado por las obligaciones y responsabilidades. Si es necesario delega tareas, prioriza actividades y pide ayuda si lo necesitas.

5. Evita las dietas restrictivas
Uno de los orígenes de comer compulsivamente son las dietas excesivamente restrictivas, en que el acto de comer pasa de ser un placer a ser vivido con frustración, culpa o remordimientos. En estos casos la ansiedad aumenta, por lo que es más fácil utilizar la comida como un refugio ante estas emociones. Lo primero que debes hacer si quieres empezar una dieta es acudir a un profesional de la nutrición, que te asesore en este tema, pues cada uno de nosotros tenemos un organismo único y con diferentes necesidades nutricionales.

6. Reserva un tiempo para el placer
Comer de forma compulsiva puede ser un indicador que no estamos dejando espacio para el placer en nuestra vida. En ocasiones las obligaciones laborales y familiares pueden acaparar todo nuestro tiempo, no dejando espacio al cuidado de nuestra persona. Si éste es tu caso, es importante que reserves un tiempo exclusivo para ti, que te permita disfrutar de aquellas actividades que te aportan placer como pueden ser; la lectura, la música o el deporte, entre otras.

7. Sigue unas pautas de nutrición saludables
Existen toda una serie de pautas nutricionales que pueden favorecer a reducir tu tendencia a comer de forma compulsiva, algunas de ellas son:

- Reducir los alimentos excitantes como el café y el chocolate.
- Comer con más frecuencia pero en menos cantidad, así como comer despacio, sin prisas.
- No tener en la nevera o en la despensa alimentos procesados, sustituyéndolos por alimentos naturales.
- Seguir un horario regular de comidas y planificar en la medida de lo posible aquello que vamos a comer.
- Cuando surge el impulso por picar, evitar los alimentos ricos en azúcares y en grasas.

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Para terminar, únicamente comentar que la mayoría de casos en que aparece la ansiedad por comer son causados por una falta de regulación emocional. Los orígenes pueden ser variados y diferentes según cada persona; una dificultad para expresar emociones y necesidades, una deficiente relación con uno mismo, una insatisfacción vital, etc… En este sentido, y como he comentado anteriormente, la terapia se presenta como la alternativa más recomendable para reducir la ansiedad, y en consecuencia la tendencia a comer compulsivamente.

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¿Sufro de manipulación emocional?


¿Sufro de manipulación emocional?. La manipulación es una estrategia que ya sea de forma consciente, o inconsciente, todos hemos utilizado en algún momento de nuestra vida para obtener aquello que queríamos. No obstante cuando hablamos de la figura del manipulador emocional, hacemos referencia a aquellos individuos que utilizan la manipulación como una forma habitual de relacionarse con el resto de personas.
Definimos manipulación emocional como una o varias estrategias que una persona emplea para conseguir un objetivo, utilizando en su beneficio la vulnerabilidad y la sensibilidad de otras personas. La manipulación emocional es un acto que no debe ser tomado a la ligera, de hecho puede considerarse un acto de violencia psicológica, pues anula a la otra persona perjudicando su bienestar emocional y psicológico.

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El manipulador emocional jugará con las emociones y sentimientos de la otra persona para conseguir una posición de dominio y superioridad, obteniendo de esta forma aquello que desea de ella. Así mismo el manipulador suele ser un individuo muy hábil detectando el punto débil de las otras personas, por lo que no dudará en utilizarlo en su beneficio propio. La realidad es que es muy difícil reconocer a los manipuladores emocionales, pues normalmente se trata de personas cercanas, con las que se mantiene un estrecho vínculo afectivo y emocional.

Con el tiempo la persona manipulada acaba siendo un títere en las manos del manipulador, sintiendo que sus necesidades y deseos no cuentan, pues están a expensas de la voluntad del manipulador. Este tipo de situaciones genera un profundo dolor emocional, afectando negativamente la autoestima, la autoconfianza y la dignidad de la persona manipulada. Si la dinámica de manipulación se mantiene en el tiempo, los sentimientos de tristeza, apatía y culpabilidad irán en aumento, lo que puede derivar en un trastorno de salud como la depresión.

El manipulador emocional se caracteriza por ser una persona egoísta y con una baja autoestima, sin embargo encubre su inseguridad bajo una apariencia de ser una persona con un carácter fuerte y dominante. Por norma general son individuos con pocas habilidades sociales y de comunicación, a la vez que presentan un déficit de empatía y asertividad. También suelen mostrar una baja tolerancia a la frustración. Cuando se sienten frustrados suelen conectar con el enfado, el cual expresan a través de la crítica o siendo agresivos verbalmente. En los casos más extremos incluso pueden llegar a la agresión física.

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Las formas de manipulación son extensas, y variadas, según el tipo de manipulador emocional, no obstante la mayoría de técnicas se basan en el chantaje emocional, haciendo sentir a la otra persona culpable y responsable de la situación que el manipulador emocional está viviendo.
Algunas de las formas más comunes de chantaje emocional utilizadas por el manipulador son las de posicionarse en el rol de víctima, o bien en el de dependiente emocional, para así despertar sentimientos de pena y culpa en la persona manipulada. A partir de estos sentimientos, y con el fin de sentirse mejor, la persona manipulada acaba accediendo a las peticiones del manipulador emocional.

Una película que hace referencia a la manipulación emocional es la denominada “gaslight (1940/1944)”, en español “luz que agoniza” de la cual surgió el término inglés gaslighting o “hacer luz de gas”. En esta película el marido de la protagonista quiere quedarse con su fortuna, por este motivo manipula su realidad, cambiando cosas de sitio y asegurando no acordarse de haber mantenido conversaciones con ella, para que de esta forma la protagonista crea que padece un trastorno mental. El término hace referencia a las lámparas de gas (gas light) que el marido usa en el ático mientras busca la fortuna escondida. La mujer avista dichas luces, y él le insiste en que no son más que delirios. Sin duda, un claro ejemplo de manipulación emocional.

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Como ya he comentado, es habitual que cuando una persona sufre de manipulación emocional no sea consciente de ello. Por este motivo a continuación te presento toda una serie de preguntas que pueden ayudarte a descubrirlo:

¿Me siento escuchado y tratado con respeto?

¿Siento que la otra persona tiene en cuenta mis intereses y necesidades?

¿Con frecuencia me comparo y me siento inferior?

¿Me siento culpable de forma habitual?

¿Aquello que me pide la otra persona es razonable?

¿Siento que doy mucho a la relación sin obtener nada a cambio?

¿Me siento feliz en esta relación?

¿Me dejo ser yo en esta relación, o bien finjo para estar bien con el otro y que no se enfade?

¿Acepto hacer cosas por el otro y después me doy cuenta qué realmente no deseaba hacerlas?

Una vez contestadas y viendo tus respuestas, analiza si realmente estás viviendo una relación que te hace crecer, o bien es una relación tóxica y perjudicial para tu bienestar.
Si estás viviendo una relación de manipulación emocional, lo mejor sería que pusieses distancia con esa persona lo antes posible. No obstante, y como ya hemos comentado anteriormente, esto no es tan fácil, pues suele existir un estrecho vínculo emocional con el manipulador. Si éste es tu caso, a continuación te dejo algunas pautas que pueden ayudarte a no caer en la manipulación emocional.

1. El primer paso es darte cuenta que estás siendo víctima de una manipulación emocional. En este sentido debes asegurarte que tus derechos como persona no están siendo vulnerados. Algunos de los derechos que debes revisar son:

Tienes derecho a ser escuchado y a dar tu opinión en todo momento, ten en cuenta que ninguna opinión tiene más valor que otra.

Tienes derecho a ser tratado con respeto y dignidad en todo momento.

Tienes derecho a decir no sin tener que sentirte culpable por ello.

Tienes derecho a expresar y anteponer tus necesidades frente a las de la otra persona.

Tienes derecho a hacer valer tu persona y a no sentirte en inferioridad respecto al otro.

Debes tener claro que ninguna actitud ni forma de ser justifica recibir un maltrato verbal, psicológico ni físico.

2. Debes poner límites y aprender a decir no. Quizás al principio te cueste, y puedas escuchar a tu juez interno culpabilizándote por ello, no obstante como dice el refrán “mas vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo”. Si no lo haces, y te dejas llevar por la culpa, accediendo al chantaje emocional, vas a acabar sintiéndote peor contigo mismo por haber aceptado, y más difícil te será establecer límites en el futuro. Aceptar aquello que realmente no deseas también afectará negativamente el autoconcepto que tienes de ti, por lo que tu autoestima y la confianza que tienes en ti mismo también se verán perjudicadas.

3. Es recomendable que no entres en discusiones con el manipulador emocional, pues por su condición son muy hábiles en el arte de embaucarte, y que acabes accediendo a su chantaje. Tampoco debes intentar razonar con ellos por el mismo motivo, pues en este sentido también tienes las de perder. Lo más importante es que te mantengas firme con tu discurso, repitiendo tu postura una y otra vez, como un disco rayado. Otra técnica que puedes utilizar si te sientes muy presionado por el manipulador, es aplazar tu respuesta hasta que la situación esté más calmada, y así darte tu tiempo para analizar su petición y saber si realmente quieres acceder o no a ella.

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4. Es importante que no aceptes de forma impulsiva e inmediata las peticiones del manipulador emocional, a parte de darte tu tiempo, como hemos comentado anteriormente, también puedes utilizar toda una serie de preguntas que te permitan conocer mejor y aclarar las intenciones de la otra persona. Algunas de estas preguntas serían del siguiente tipo:

- ¿Qué se supone según tú que debo responder a eso?

- Puedes aclararme un poco mejor ese punto de vista tuyo

- ¿Es una petición que me haces o simplemente es un comentario?

- Me sabe mal por ti, pero entiende que no va conmigo, ¿no crees que es tu responsabilidad?

- ¿Realmente crees que yo soy la persona adecuada para pedirle algo así?

- Ya que dices eso de mí, ¿En qué crees tú que me podrías ayudar para mejorarlo?

5. En caso que la manipulación emocional se manifieste a través de un enfrentamiento directo, en el que pueden aparecer críticas o desvalorizaciones personales, lo importante es fijar un límite claro, para así asegurar el respeto y la dignidad hacia tu persona. Algunas de las expresiones que puedes utilizar para ello son:

- Eso que dices de mi me duele, te pido lo retires

- De esta forma no resolvemos nada, te ruego bajes el tono y lo hablemos con calma

- No voy a seguir con la conversación si me faltas al respeto

- O me tratas con educación o me veré obligado a dejar la conversación

-Veo que estás muy alterado, cuando estés más tranquilo ya lo hablaremos

Si todos los intentos por fijar límites y la comunicación asertiva no funcionan, lo mejor es poner tierra de por medio y alejarse de esa relación. Si no es posible poner distancia con la otra persona, lo recomendable sería que ésta pidiese ayuda profesional para así poder salir de su rol manipulador.

Si quieres conocer más sobre esta temática, te invito a que leas otros de mis artículos:




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Como enfrentar los pensamientos obsesivos


Como enfrentar los pensamientos obsesivos. Todos en algún momento de nuestra vida hemos pasado por situaciones difíciles, en que ha surgido una preocupación que ha ocupado gran parte de nuestros pensamientos. Este tipo de pensamientos se repiten en nuestra mente, dándonos la sensación qué no nos los podemos quitar de la cabeza, y peor aún, sentimos que no tenemos ningún control sobre ellos.
Estos pensamientos se caracterizan por ser intrusivos y repetitivos, nos agotan y nos dejan sin energía; no obstante debemos distinguir entre dos tipos de pensamientos dependiendo del tipo de preocupación. 

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El primer tipo son aquellos pensamientos que hacen referencia a una preocupación relacionada con un hecho actual de nuestra vida, o que quizás vaya a suceder en un corto espacio de tiempo. Por ejemplo un examen importante que debamos pasar la semana próxima.

En este caso la preocupación nos sirve como un estímulo para estudiar y prepararnos para pasar la prueba, siendo un problema respecto al cual existe una solución. Cuando surge la preocupación podemos actuar, y tomar cartas en el asunto; por ejemplo planificarnos las horas de estudio, buscar a alguien que nos ayude con posibles dudas que nos surjan, o bien asegurarnos de obtener un buen descanso y comer bien los días anteriores a la prueba, para así lograr el mejor resultado posible. En este caso tenemos la posibilidad de ocuparnos de dicha preocupación, para que así ésta disminuya.

El segundo tipo de pensamiento no hace referencia a un hecho de la realidad, sino a preocupaciones que aparecen y que están relacionadas con fantasías que emergen en nuestra mente. Mientras que en el primer tipo nos preocupamos por un hecho real, en el segundo caso nuestra preocupación se centra en un pensamiento. En este caso, no tenemos la oportunidad de tomar acción y ocuparnos de la preocupación, pues ésta no se encuentra en nuestra realidad, sino solo en nuestra imaginación.

Este tipo de pensamientos son los más problemáticos, pues si no se gestionan correctamente pueden acabar ocupando gran parte de nuestro tiempo y energía, desembocando en el peor de los casos en un trastorno obsesivo. Son pensamientos que suelen ir acompañados de síntomas como el estrés o la ansiedad, y con frecuencia se centran en asuntos que perturban a la persona. Algunos de estos pensamientos pueden estar relacionados con aspectos íntimos como la sexualidad, la violencia o la religión, entre otros. Por ejemplo puede ser que la persona empiece a cuestionarse su identidad sexual, tener pensamientos blasfemos sobre sus creencias religiosas o bien experimentar pensamientos violentos sobre hacerse daño a sí mismo, o bien hacer daño a un miembro de la familia.

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Cuando la persona toma conciencia de este tipo de pensamientos suele empezar a preocuparse sobre su significado, a la vez que también empieza a juzgarse y a culpabilizarse por tenerlos. Así mismo es habitual que aparezca la creencia que quizás se esté sufriendo de algún tipo de trastorno mental, lo que aún acrecienta más la preocupación por tener este tipo de pensamientos. Algunos de los mensajes que pueden aparecer en estos casos son del tipo:

 “¿Cómo puedo estar pensando algo tan terrible?”, “creo que me estoy volviendo loco”, “no puedo pensar eso, yo no soy así”, “qué pensaría mi familia si supiese lo que pienso”, “esto no es propio de mi”, etc…

Con el objetivo de poder gestionar este tipo de pensamientos, a continuación te dejo unas pautas que pueden ayudarte:

1. En la gran mayoría de situaciones este tipo de pensamiento no es síntoma de padecer ningún trastorno mental, por lo que puedes quedarte tranquilo en este sentido, simplemente es un indicador de una gestión emocional deficiente. En estos casos la terapia puede ayudarte a conocer aquello que se esconde detrás de estos pensamientos, lo que te permitirá recuperar tu equilibrio emocional.

2. Es importante que tomes conciencia que los pensamientos son solo eso, pensamientos, y por tanto no son la realidad. En este sentido piensa que tú no eres tus pensamientos, sino únicamente la conciencia que los observa. Debes tener claro que el pensamiento no define quien eres, mentalízate de lo siguiente: “el pensamiento simplemente sucede, pero no es quien yo soy”.

3. Todo el mundo tenemos multitud de pensamientos a lo largo del día, muchos de ellos negativos y perturbadores, sin embargo la diferencia es que la mayoría de nosotros los dejamos pasar, sin darle mayor importancia a aquello que pensamos. Cuando nos focalizamos en pensamientos inquietantes y no los dejamos ir, lo que hacemos es cargar más la negatividad que éstos llevan consigo, por lo que nuestros niveles de estrés y ansiedad aumentan. Piensa que tú eres el único responsable de darles una importancia que no merecen.

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4. Adopta una actitud asertiva y a la vez más flexible respecto a tus pensamientos; cuando aparezcan puedes responderles con frases del tipo: “¿Y qué?”, “No eres importante” o “Ya te escuché, ahora seguiré con lo mío”. No debes juzgarte ni sentirte mal por tener este tipo de pensamientos, pues como hemos dicho todos en mayor o menor medida los tenemos. No eres ni mejor ni peor persona por ello.

5. Acepta que no podemos escoger aquello que pensamos, los pensamientos emergen por sí mismos. Querer controlarlos o bien reprimirlos únicamente resultará en el efecto contrario al esperado. Cuando aceptas el pensamiento, no le estás dando la atención ni la energía que necesita para que pueda afectarte negativamente.

6. Cuando aparezcan este tipo de pensamientos debes evitar focalizarte en ellos, pues como hemos comentado anteriormente la continua atención en éstos es lo que acrecienta el efecto perjudicial que tienen en tu persona. De esta forma es importante que cuando aparezcan dejes tu mente y te focalices en la actividad que estés haciendo en el momento presente. No se trata de evitar o reprimir el pensamiento, sino que únicamente debes decirte a ti mismo que no vas a malgastar tu precioso tiempo dándole importancia a este tipo de pensamientos.

7. Es importante que tomes conciencia que en última instancia eres tú quien decide qué hacer con tus pensamientos, y si llevar a cabo o no aquello que te dicen, ten claro que tú tienes el poder para actuar, no ellos. Si revisas tu pasado con toda seguridad te darás cuenta que nunca has hecho aquello tan terrible que tus pensamientos te dicen, y que por tanto siempre has actuado de acuerdo a tu forma de ser en todo momento, entonces ¿Por qué debería ser diferente esta vez?.

Para terminar, y como hemos mencionado anteriormente, este tipo de pensamientos son un síntoma indicativo que tenemos algún asunto emocional que no estamos gestionando correctamente. De esta forma, acudir a terapia permite conocer el origen de estos pensamientos y reducir la importancia que éstos tienen en nuestra vida, permitiéndonos recuperar nuestro equilibrio emocional y bienestar.

Si quieres conocer más sobre los pensamientos obsesivos, aquí te dejo otro de mis artículos sobre el tema:


"Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su cerebro" Santiago Ramón y Cajal

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¿Estás en una relación tóxica?


¿Estás en una relación tóxica?. Las relaciones de pareja no son tan sencillas como los cuentos y las películas nos han hecho creer. Las personas, como las relaciones, cambian a medida que pasa el tiempo, y esto supone un esfuerzo por parte de ambos miembros de la pareja por atender y cuidar de la relación. El respeto, la confianza, la cohesión, el cariño, el crecimiento mutuo y la buena comunicación son algunos de los elementos que deben ser tenidos en cuenta si queremos afianzar una relación saludable en el tiempo.

relación tóxica

En las consultas de terapia, nos encontramos con un gran número de personas que se encuentran muy alejadas de esta realidad, pues viven su relación de pareja desde el conflicto y el malestar, es lo que denominamos como relaciones tóxicas. Dentro de este tipo de relaciones se generan unas dinámicas altamente peligrosas entre la pareja, que incluso pueden llegar a situaciones de maltrato psicológico y físico si no se le pone límite.

Las relaciones tóxicas se caracterizan porque al menos uno de los miembros de la pareja mantiene un comportamiento y unas actitudes de conflicto y falta de respeto hacia el otro, lo que genera en la pareja un estado de vulnerabilidad psicológica y emocional.

En un gran número de ocasiones, la persona que está inmersa en este tipo de relación tóxica no se da cuenta de las situaciones de abuso a las que se ve sometida por parte de su pareja. Muchas veces la familia y los amigos son los que dan la voz de alarma, sin embargo en pocas ocasiones ésto sirve para que la persona pueda abrir los ojos y darse cuenta de la realidad que está viviendo.

A continuación voy a comentar algunos indicios que nos pueden indicar que nos encontramos ante una relación de pareja tóxica. Es importante tener en cuenta que para considerar que estamos ante una relación tóxica, deberían darse más de uno de estos indicadores, a la vez que también debería mantenerse en el tiempo.

1. Te das cuenta que no eres feliz con tu pareja. La relación ha dejado de aportarte ilusión y alegría, para pasar a sentirte infeliz, quizás triste, irritado/a o apático/a. Así mismo sientes incomodidad o nerviosismo al estar con tu pareja.

2. Has sufrido cambios en tu personalidad. Te das cuenta que la valoración que tienes de tu persona es pobre, y cada vez te sientes menos capaz para hacer cosas por ti mismo/a. Te invaden con frecuencia pensamientos del tipo; “no sirvo”, “no valgo”, “merezco lo que me pasa”, etc… También puede ser que hayas sufrido cambios drásticos en tu personalidad; quizás antes te mostrases como una persona abierta, sociable y optimista, y ahora te comportes de una forma totalmente opuesta.

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3. Trastornos de salud. A menudo sufres de malestar; puede ser que tengas dolores físicos, te sientas agotado/a al final del día sin motivo aparente, también que hayan aparecido pensamientos invasivos y recurrentes en los últimos tiempos, o bien sientas que tienes problemas para dormir o comer.

4. Sensación de pérdida de libertad y de confianza en la relación. Tu pareja quiere controlarte en todo momento, preguntándote donde y con quien estás. También te sientes vigilado/a en aspectos como el vestir, tu apariencia física… Poco a poco sientes que te vas alejando más de amigos y familiares, y que mantienes menos contacto con ellos. Incluso tienes conocimiento de la invasión de tu intimidad, pues sabes que tu pareja espía tu móvil y tus redes sociales.

5. Faltas de respeto continuas por parte de la pareja. Tu opinión ha dejado de tener interés y valor en la relación, tu pareja no te escucha, e incluso te acusa de no hacer nada bien. Son frecuentes los comentarios despectivos, de desvalorización y desprecio hacia tu persona por parte de tu pareja, incluso pudiendo llegar al insulto. Sientes que cedes en la mayoría de discusiones, dándole así la razón para no crear conflicto.

6. Resignación y servidumbre. Sientes que haces las cosas no por ti mismo/a, según tus deseos y necesidades, sino únicamente para contentar los gustos y demandas de la otra persona.

7. Justificación. Te ves justificándote ante ti mismo/a, o ante otras personas por el comportamiento abusivo de tu pareja. Tu actitud es no darle una mayor importancia al tema, o bien culpabilizarte de que eres tú quien no hace las cosas correctamente.

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8. Culpabilización. Tu pareja te echa la culpa de todo lo que está sucediendo entre vosotros, y tu acabas por creerte que es así, y que por tanto hay algo malo o erróneo en tu persona que te hace responsable de la situación. Esta culpabilización conduce a que con frecuencia aceptes los chantajes emocionales característicos de una pareja tóxica.

9. Autoengaño. Te dices a ti mismo/a que la otra persona cambiará y buscas razones que apoyen esa teoría. Puede ser que también creas que la relación es sagrada, y que por tanto debe mantenerse pese al sufrimiento que eso te comporta.

10. Consentimiento. En el terreno íntimo puede que consientas mantener relaciones sexuales con tu pareja, a pesar de que no tienes ganas, solo para complacerle o evitar que se enfade. También puede ser que aceptes prácticas sexuales con las que no estás de acuerdo, o bien que tu pareja te desprecie en este terreno, comparándote con otras parejas anteriores.

Si te encuentras viviendo una relación tóxica lo primero es tomar conciencia si tu integridad física corre peligro; si es así, debes pedir ayuda a las autoridades lo antes posible. Si te sientes perdido/a, puedes llamar al teléfono del maltrato, el 016, y allí te informarán sobre cómo proceder. Si quieres conocer más sobre este servicio, aquí te dejo un artículo:


En caso que ésta no sea tu situación, la terapia de pareja puede ser una vía de solución al problema. La terapia de pareja permite replantearse las dinámicas relacionales para así poder recuperar la comunicación y el equilibrio emocional dentro de la relación. En estos casos, y para que la terapia de pareja tenga éxito, es imprescindible que ambos miembros de la pareja se comprometan con el proceso de terapia, cosa que no siempre es posible. En otras ocasiones simplemente deberemos aceptar que no hay marcha atrás, y que la mejor opción es terminar con la relación si no queremos salir más perjudicados.

A continuación te dejo otro de mis artículos referente a las personas tóxicas.

Como tratar con personas tóxicas


"Si amarte significa hacer a un lado mi amor propio, mi vínculo contigo es tóxico, no me interesa" Walter Riso


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