Como ayudar a alguien con ansiedad

Como ayudar a alguien con ansiedad. Los diferentes trastornos de ansiedad requieren de un apoyo terapéutico, y en ocasiones también de un tratamiento farmacológico. Superar un trastorno de ansiedad es un proceso, y como tal los familiares y amigos que acompañan a la persona que sufre este tipo de trastorno se convierten en una pieza clave en su recuperación.

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Si eres familiar, amigo o acompañante de una persona que sufre de ansiedad, puede ser que te encuentres ante situaciones que no sabes cómo gestionar, o bien desconozcas como actuar ante determinadas circunstancias. A continuación de dejo algunas claves que pueden ayudarte.

1. Aprende sobre la ansiedad. La ansiedad es un trastorno que comprende una complejidad mucho mayor que el simple hecho de estar nervioso o bien estresado. En este sentido no hay consejos milagrosos ni estrategias de efecto inmediato que eliminen la ansiedad. Por este motivo si alguien de tu entorno próximo sufre de ansiedad evita hacer comentarios del tipo; “tú mira de relajarte”, “no te agobies”, “no pienses en ello”, “no le des importancia”, etc…

Cuando realizas este tipo de comentarios, aunque son hechos desde la mejor de las intenciones, la persona que sufre de ansiedad los recibe como un reproche, y no como un apoyo. En estas circunstancias la persona ansiosa se va a sentir incomprendida, a la vez que culpable por sentirse así. Si realmente quieres conocer más sobre la ansiedad, recaba información; lee y documéntate sobre el tema, para así saber la mejor aproximación ante este tipo de trastorno.

2. Acepta el sufrimiento. Es normal que cuando estamos ante una persona que padece de ansiedad nuestra primera reacción sea querer evitarle el sufrimiento, es decir querer sacarlo de allí cuanto antes. No obstante, muchas veces esta actitud tiene más que ver con nuestra incapacidad de sostener el sufrimiento, que no que la persona ansiosa nos pida ayuda para salir. La persona que padece de ansiedad tiene su derecho a sufrir y a expresarnos su dolor, y nosotros no podemos negárselo. Es importante que entendamos que sufrir es parte del proceso de recuperación para superar la ansiedad. Cuando negamos el sufrimiento a la persona que padece de ansiedad, lo que hacemos es favorecer en ella la aparición de sentimientos como la culpa, que no ayudan en su recuperación.

3. Cambia el foco de atención. Aunque es importante darle un espacio a la ansiedad y a las preocupaciones relacionadas con ella, éstas no deberían ocupar todo el día de la persona que la sufre, ni tampoco de la familia acompañante. Aunque para la persona que está sufriendo de un trastorno ansioso, la ansiedad se convierte en el foco de atención principal, como acompañantes nuestra labor es distraer su atención y hacerle ver que existen otras áreas en su vida, a parte de la ansiedad. Es importante que como acompañantes normalicemos la situación, pues un trastorno de ansiedad no debe ser visto como un estigma.

En consecuencia es recomendable proponer actividades y planes para hacer a la persona que sufre de ansiedad. Esta actitud promueve que la persona ansiosa se sienta parte de la familia, haciéndole entender que no se la excluye por estar sufriendo este trastorno. Actitudes de este tipo favorecen a que la persona ansiosa no se sienta como un bicho raro, y se evita la aparición de sentimientos de culpabilidad del tipo; “mi familia no puede hacer vida normal por mi culpa”.

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4. Adopta una actitud de escucha y presencia. Es normal que como acompañantes surja en nosotros el impulso de decirle a la persona que sufre de ansiedad lo que debe o no debe hacer. Debemos entender que aquello que nosotros consideramos como apropiado o beneficioso, puede no serlo para otra persona, por lo que es importante no emitir juicios al respecto. En la gran mayoría de ocasiones la persona que padece un trastorno de ansiedad sabe que requiere de un esfuerzo y un tiempo salir de ella, y por tanto no está pidiendo soluciones rápidas, sino simplemente ser escuchada, apoyada y abrazada en su proceso. 

La escucha significa estar presente al lado de la persona y en la medida de lo posible no interferir en su proceso. Algunas frases que pueden ayudarte en el acompañamiento son; “Cuando me necesites estoy aquí”, “Si necesitas hablar estoy contigo”, “Te apoyo y te quiero”, “Sabes que puedes contar conmigo, estoy a tu lado”.

Como acompañantes debemos saber hasta dónde podemos ayudar, y en qué punto debemos aceptar el sufrimiento que lleva implícito el proceso de la persona. Para ello es importante no emitir juicios, evitar culpabilizar al otro, ni tampoco querer forzar nada.

El acompañamiento como su nombre indica es estar al lado de la persona y ayudarlo a avanzar, a que poco a poco, y con la ayuda de la terapia, vaya responsabilizándose de su propio camino, entendiendo que está en su mano salir de esta situación. Como acompañantes debemos trabajar la paciencia y no esperar resultados rápidos, pues no los hay. Así mismo la ayuda terapéutica es fundamental es estos casos, pues permitirá a la persona conocer cómo es su ansiedad, descubrir su origen, así como aprender formas más saludables de relacionarse con ella.

5. Evita caer en la sobreprotección. Es difícil cuando una persona de nuestro entorno sufre de ansiedad, como por ejemplo nuestro hijo/a, no caer en actitudes de sobreprotección. Sin embargo debemos tener presentes que no todas las acciones hechas con amor son las más saludables en estos casos. Las conductas de sobreprotección no ayudan en el proceso de recuperación de la persona. En primer lugar, porque ocuparnos nosotros de la persona con ansiedad supone enviarle un mensaje de que por si solo/a no puede hacerlo. 

La sobreprotección puede derivar en que la persona con ansiedad adopte una posición indiferente respecto a su trastorno, esperando que los otros le resuelvan la situación, y por tanto no responsabilizándose de ella. Esta actitud de sobreprotección fomenta la sensación de víctima en la persona con ansiedad, lo que deriva en una actitud pasiva ante la situación.

6. Aprende a leer las señales de la persona con ansiedad. Durante el proceso de recuperación de un trastorno de ansiedad aparecen momentos en que la persona que lo sufre necesita su espacio, para así estar sola y en contacto consigo misma. Como acompañantes debemos percibir cuando aparecen estos momentos, para así retirarnos y dejar espacio a la persona. Debemos entender que nuestra ayuda no siempre es necesaria ni requerida, y a veces la mejor forma de ayudar es no actuar, respetando sus necesidades y dándole un espacio y un tiempo para sí misma.

7. Reconoce los avances. Cuando acompañamos a una persona con ansiedad es importante reconocer y comunicar a la persona los avances que hace en su proceso, por pequeños que éstos sean. Es importante remarcar a la persona que no es tan importante los logros que consiga, pues al principio son pocos, sino que la intención es lo que cuenta. De esta forma reforzamos una actitud activa en la persona y evitamos que caiga en la victimización y la pasividad.

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8. Cuida de tu persona. Es habitual cuando acompañamos a una persona con ansiedad que nos olvidemos de nosotros mismos y de nuestro cuidado. Como cuidadores debemos aprender a tomarnos nuestros espacios, un tiempo para nosotros mismos, para descansar, recuperar fuerzas y atender nuestras necesidades. Solo si cuidamos de nuestra persona podremos llevar a cabo una eficiente labor de cuidador.

Espero que estas pautas te ayuden en el acompañamiento de una persona que sufre de ansiedad. No obstante no olvides que es fundamental que la persona que sufre de ansiedad reciba ayuda terapéutica, y en ocasiones también farmacológica, por lo que consultar a un profesional médico es fundamental.

En Terapia Gestalt Vivir Mejor nos especializamos en el acompañamiento terapéutico de personas que sufren algún trastorno de ansiedad. Si has sido diagnosticado de algún trastorno de ansiedad, y necesitas apoyo, la terapia puede ayudarte en tu proceso de recuperación.

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Si quieres leer más sobre los trastornos de ansiedad, seguidamente te dejo con otros artículos sobre el tema.

La fobia social o ansiedad social
Toc y pensamiento obsesivo
Leslie Beebe
Terapia y Coaching Personal Barcelona
Tel. 645 368 714


La Fobia Social


La Fobia social. Un gran número de nosotros tenemos dificultad a la hora de lidiar con las situaciones sociales. Éstos son momentos en los que aparece nuestra vergüenza, y podemos sentirnos incómodos al tener que interactuar con otras personas. Esto no es nada raro, sobre todo si nuestro carácter es de tipo introvertido, no obstante no representa una limitación importante en nuestra vida.

La Fobia Social

Sin embargo cuando hablamos de fobia social, o ansiedad social, estamos hablando de circunstancias en que esa incomodidad se transforma en pánico, por tanto la persona que la sufre se siente superada por sus miedos, y en consecuencia totalmente incapaz de enfrentarse a este tipo de situaciones sociales.

Circunstancias que a todos nos pueden generar cierto miedo, como hablar en público o conocer a gente nueva, no son las únicas situaciones que desatan el pánico en las personas que sufren de ansiedad social, sino que actividades diarias como comer en público, o pedir un café en un bar pueden despertar en ellas los miedos más profundos.

La fobia social parte de unos principios fundamentales; el primero es un pensamiento negativo y desvalorizador que las personas que lo sufren tienen sobre sí mismas. Estos individuos se sienten inhábiles e inferiores al resto de personas, lo que les incapacita para lidiar con un gran número de situaciones sociales.

El segundo principio es la proyección que estas personas hacen de su pensamiento negativo en el resto de individuos; es decir adoptan la creencia que el resto de personas van a juzgarles negativamente por su inaptitud, aún sin existir ninguna evidencia de ello.

El tercer aspecto importante en la fobia social es que la persona que la sufre necesita esconder lo que considera deficiencias o defectos de sí mismo ante el resto de personas, para que así éstas no se den cuenta de ello, por ejemplo ocultar al resto que se sienten inseguras o ansiosas.

El cuarto y último aspecto es que la persona que sufre de ansiedad social está en constante búsqueda de posibles signos externos, mostrados por el entorno, que corroboren su creencia de inferioridad o inaptitud. Es tanto el deseo de encontrar estos signos, que en la mayoría de ocasiones la persona acaba interpretando gestos, opiniones o actos de otros individuos como pruebas fehacientes que su pensamiento negativo es correcto. La persona con fobia social cree que es el centro de atención del mundo externo, focalizándose como la causa de los actos o actitudes de otras personas; una atribución causal errónea.

Terapia Ansiedad Social

La persona que sufre de fobia social reacciona ante estos miedos a través de toda una serie de mecanismos. El primero es la inhibición a través de sustancias como el alcohol o las drogas, para de estar forma sentirse más segura a la hora de enfrentarse a aquello que más teme. No hace falta decir que el abuso de este tipo de sustancias puede generar un problema añadido al de la fobia social, que es el de la dependencia.

El segundo mecanismo, y el más habitual, suele ser la evitación de aquellas situaciones generadoras de miedo. Esta evitación puede hacerse desde mecanismos como la huida, ya sea a través de retrasos, cancelaciones o invención de excusas. Otro método utilizado en la evitación es hacer que otras personas se enfrenten a este tipo de situaciones por ellos. Sea cual sea el mecanismo utilizado para la evitación, la realidad es que esta actitud acaba llevando a la persona a restringir el número de actividades en su vida, limitando seriamente su libertad personal y su calidad de vida.

Aunque en un primer momento la evitación o huida de la situación temida genera un cierto alivio para la persona, la verdad es que al poco tiempo esta sensación se convierte en sentimientos de frustración, culpa y rabia, pues la persona se da cuenta que es incapaz de enfrentarse a las situaciones que más teme. Estos sentimientos de incapacidad perjudican seriamente los niveles de autoestima y autoconfianza, aumentando la percepción de inutilidad que la persona siente respecto a si misma. En resumen, los mecanismos de evitación y huida únicamente conducen a magnificar el problema.

Respecto a los síntomas que presenta la ansiedad social destacamos los siguientes, según sean físicos, cognitivos o de comportamiento. Estos síntomas pueden aparecer cuando la persona se encuentra en un acontecimiento social, o incluso con el simple pensamiento anticipatorio de tener que enfrentarse a este tipo de situaciones.

En los síntomas físicos aparece taquicardia, sudoración, aumento del ritmo cardíaco, sensación de ahogo, rubor, náuseas, mareos y tensión muscular, entre los principales.

En los síntomas cognitivos aparece miedo o sensación de sentirse humillado o avergonzado, o la idea de ser incapaz de tomar parte en conversaciones. Otros síntomas asociados pueden ser temor a ser juzgado, miedo a que los otros noten que uno está ansioso o nervioso, y pensamientos de inferioridad respecto a uno mismo, entre otros.

En lo que respecta al comportamiento, las actitudes que suelen aparecer es la evitación del contacto social, más allá del contacto con aquellos familiares más próximos. Esta actitud suele manifestarse en evitar situaciones tan habituales como coger el transporte público, ir a las tiendas, hacer un café con amigos o realizar actividades en grupo. Esta actitud de evitación genera una limitación muy importante en la vida de la persona.

Terapia Fobia Social

Si sientes que tus miedos te limitan cada vez más en tu vida diaria, sería aconsejable que consultases con tu médico para que pueda realizar el diagnóstico correspondiente. Para el tratamiento de la fobia social es muy aconsejable la terapia, y en ocasiones puede ser necesario algún tratamiento farmacológico que la acompañe. Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) es un tipo de antidepresivo que suele ser prescrito en estos casos, aunque será el profesional médico quién lo prescriba si lo estima oportuno.

El origen de la fobia social es diferente según cada individuo, no obstante es común encontrar traumas del pasado, normalmente procedentes de la adolescencia por algún episodio en que la persona se sintió rechazada por el grupo. También es posible que su origen se encuentre en situaciones traumáticas anteriores, vividas en la infancia y que pueden estar relacionadas con el tipo de apego vivido con los progenitores.

La terapia permite revisar y entender el origen de estos miedos, para de esta forma adoptar una serie de estrategias diferentes y más saludables, las cuales nos permitirán gestionar de forma favorable las situaciones generadoras de miedo.

A continuación te voy a dar unas pautas breves sobre como lidiar con estos miedos. Únicamente son recomendaciones, por lo que en ningún caso sustituyen el diagnóstico médico, ni la terapia necesaria en este tipo de casos.

1. Plantéate la pregunta de: ¿Qué harías si tu miedo no te limitase?. Ante situaciones susceptibles de generarnos miedo es importante fijarse grandes retos. Es importante cambiar nuestro punto de vista, tomando las situaciones del día a día que nos generan ansiedad, como pruebas a superar que nos permitirán conseguir aquello que realmente deseo en mi vida. El objetivo es convertir estas situaciones que nos bloquean, en medios de aprendizaje, para así hacerlo mejor en un futuro y poder alcanzar nuestra meta.

Por ejemplo un gran reto podría ser terminar esos estudios que tanto deseo. En esta línea date cuenta cuáles son los obstáculos que te impiden conseguir tu objetivo; ¿tienen que ver con un obstáculo físico, con otras personas o únicamente con limitaciones que tú mismo te pones?. A partir de aquí puedes hacerte preguntas del siguiente tipo:

 ¿Qué es lo peor que puede pasarme si al final no consigo lo que quiero?, ¿Qué elementos de la realidad me confirman mis pensamientos negativos?, ¿Cómo creo que voy a sentirme posteriormente, si no actúo o bien pospongo el pasar a la acción?.

2. Es importante tener claro que el miedo únicamente se elimina una vez nos enfrentamos a él, nunca desde la evitación. La evitación solo nos sirve para posponer y acabar haciendo más evidente nuestra incapacidad de poder enfrentarnos a aquello que nos da miedo, aumentando la sensación de miedo al miedo.

3. Debemos desligar los pensamientos que tenemos de nuestra persona de lo que sucede en la realidad. Es muy importante poner en duda la certeza de nuestros pensamientos. Por ejemplo es normal que si empezamos un camino de aprendizaje nos equivoquemos, eso no significa que seamos menos aptos o hábiles para desempeñar dicho trabajo, pues solo desde el error podemos ganar experiencia y conocimiento. Date cuenta que tú no eres tus pensamientos, sino un simple observador de ellos, y por tanto no te definen como persona.

Por lo que respecta a las interpretaciones que tú haces sobre los gestos o actitudes de otras personas, permite equivocarte. No creas que todo lo que piensas es correcto, pues en la mayoría de ocasiones no es así, únicamente es tu fantasía quien te está hablando. Pregúntate; ¿Me están rechazando los otros, o ya me estoy rechazando yo previamente?, ¿Qué pruebas reales y explícitas tengo que esas actitudes/gestos de la persona se dirigen hacia mí?.

4. No debemos aspirar a la perfección, en ese sentido es importante entender que el resto de personas no están pendientes de nosotros, somos nosotros quien nos situamos en el centro de atención y creemos que ellos van a estar observando nuestro comportamiento y nuestras reacciones, cuando realmente no es así. Plantéate que tú no eres tan importante.

Por este motivo aléjate de tus ideales de perfección, como que no puedes mostrarte ansioso o nervioso ante los demás. Te darás cuenta que si eres capaz de abrir y expresar tus miedos a otras personas, éstos desaparecerán al ser descubiertos.

Si quieres conocer más sobre los trastornos de ansiedad, aquí te dejo otros artículos sobre el tema:


En Terapia Gestalt Vivir Mejor nos especializamos en tratar con los diferentes trastornos de la ansiedad, para que así que puedas recuperar el equilibrio emocional y el bienestar en tu vida en el menor tiempo posible. 

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Leslie Beebe
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El trastorno de ansiedad generalizada


El trastorno de ansiedad generalizada. La ansiedad se ha convertido para un gran número de personas en una compañera inseparable de camino. Un estilo de vida que demanda resultados inmediatos, una necesidad por querer tenerlo todo bajo control, un perfeccionismo exacerbado y un desconocimiento emocional a la hora de gestionar la frustración y la incertidumbre propias de la vida misma, son aspectos que han contribuido al aumento de los problemas de ansiedad entre la población.

Trastorno de Ansiedad Generalizada

Un gran número de clientes que vienen a la consulta me hacen la misma pregunta; ¿Cómo sé si la ansiedad se ha convertido en un trastorno?. El primer paso si sientes que la ansiedad lleva un tiempo acompañándote y te limita en tu vida diaria, es acudir al médico. El médico realizará el diagnóstico apropiado y te asesorará sobre los pasos a seguir. Existen múltiples patologías asociadas a la ansiedad como el trastorno de ansiedad generalizada, los trastornos de pánico o el trastorno obsesivo compulsivo, entre otros, por lo que es importante recibir un diagnóstico personalizado.

En este artículo hablaré sobre el trastorno de ansiedad generalizada, uno de los trastornos más comunes entre las personas que sufren problemas de ansiedad.

El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) se caracteriza por sentir miedo y ansiedad ante un amplio número de situaciones o aspectos de la vida, muchas veces sin que exista un motivo aparente para preocuparse. Por norma general el tiempo requerido para ser diagnosticado de TAG es aproximadamente de seis meses, tiempo durante el cual se han tenido que mantener los síntomas asociados a este trastorno.

Las personas que sufren de TAG tienen dificultad para concentrarse en las tareas diarias y para lidiar con situaciones de incertidumbre, pues se encuentran focalizadas en sus preocupaciones y en la ansiedad derivada de ellas. Estas personas se sienten fuertemente limitadas por miedos que les impiden realizar labores cotidianas, las cuales no suponen ningún riesgo para la mayoría de la población. Así mismo suelen presentar dificultad a la hora de relajarse, y así poder dejar las preocupaciones a un lado.

Seguramente si estás sufriendo de TAG te sientas ansioso la mayoría de días, e incluso quizás no recuerdes la última vez que te sentiste calmado y relajado. Quizás tus preocupaciones se refieren a temas tan habituales como el dinero, el trabajo, la familia o la salud, sin embargo, el nivel de preocupación para ti es mucho mayor que para el resto de personas, incluso cuando no existe peligro alguno, lo que limita seriamente tu libertad personal.

A continuación voy a comentar algunas diferencias entre lo que sería una preocupación común y las preocupaciones propias de un TAG.

En una situación común las preocupaciones no interfieren en las actividades diarias, mientras que en el TAG la ansiedad y las preocupaciones interfieren en aspectos tan relevantes como la vida social, la vida familiar, el trabajo o las responsabilidades. Así mismo en la común las preocupaciones son limitadas en el tiempo, mientras que en el TAG el estado de ansiedad y preocupación se mantiene durante semanas.

Terapia Ansiedad

En la situación común puedes percibir que las preocupaciones y los pensamientos que te generan ansiedad son desagradables, sin embargo no te provocan alteraciones importantes en tu vida diaria; tú te sientes en control de estas preocupaciones. Por el contrario en el TAG las preocupaciones y la ansiedad se convierten en una montaña dentro de tu mente, tomando el control de tu persona. En estos momentos dejas de lado el resto de ámbitos de tu vida para focalizar tu atención en aquello que pasa dentro de tu mente, entrando así en un bucle de preocupación y ansiedad que se va retroalimentando.

Las preocupaciones diarias se caracterizan por estar focalizadas en un número específico de problemas, mientras que en el TAG la sensación es que estamos preocupados por todo, con la tendencia a esperar lo peor de cada situación. En el TAG realmente nos sentimos superados por las circunstancias, pues percibimos la realidad como un sinfín de problemas que creemos no vamos a poder solucionar. De esta forma nos posicionamos en una actitud de hipervigilancia casi permanente.

Por último voy a comentar los síntomas que acompañan este trastorno a nivel físico, cognitivo y conductual.

A nivel físico el TAG se caracteriza por mareos, fatiga, tensión y dolor muscular, palpitaciones, sensación de ahogo, temblores, náuseas, trastornos estomacales, dificultad para dormir, irritabilidad y falta de apetito, entre otras.

A nivel cognitivo aparecen preocupaciones de todo tipo y la tendencia es esperar lo peor de cada situación. La persona se ve limitada por sus miedos, lo que se traduce en pensamientos de culpa y autocastigo, perjudicando seriamente su autoestima. El simple hecho de tener que enfrentarse a la idea de pasar el día, ya es en muchas ocasiones una fuente de ansiedad para quien padece de TAG.

A nivel conductual existe una imposibilidad para desconectar del pensamiento y los problemas, lo que se traduce también en una dificultad para relajarse. Es común que aparezca resistencia para socializar con otras personas, así como también dificultad para enfocar la atención y concentrarse en determinadas tareas. El miedo que acompaña este trastorno conduce a la persona que lo padece a querer quedarse en casa, en su zona de confort, siendo todo lo que sale de allí percibido como peligroso. Si este trastorno no se trata, puede derivar en otros trastornos de ansiedad como la agorafobia u otro tipo de fobia.

Si has sido diagnosticado/a con TAG, e independientemente del tipo de medicación prescrita por el médico, la opción más recomendable es acudir a sesiones de psicoterapia. La terapia te permitirá conocer mejor como funciona este trastorno, y te aportará herramientas para ayudarte a superarlo.

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Así mismo, si quieres saber más sobre los trastornos de ansiedad, aquí te dejo otros artículos relacionados con el tema, espero te sean de ayuda.




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TOC y Pensamiento Obsesivo


TOC y Pensamiento Obsesivo. El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) es un tipo de trastorno de la ansiedad, el cual se caracteriza por la presencia de pensamientos repetitivos e intrusivos, así como miedos irracionales, denominados como obsesiones. Con el objetivo de reducir la angustia y la ansiedad generada por este tipo de pensamientos, la persona que los sufre pone en marcha toda una serie de comportamientos repetitivos, denominados como compulsiones, con la finalidad de controlar dichos pensamientos. No obstante, esta actitud resulta en un efecto opuesto al esperado, pues los pensamientos negativos y miedos se intensifican, y los comportamientos se ritualizan, entrando en un circulo vicioso del que es difícil salir.


Los pensamientos obsesivos pueden estar relacionados con múltiples temáticas como; el orden, la limpieza, pensamientos agresivos sobre dañarse a si mismo o dañar a un familiar, pensamientos indeseados relacionados con violencia, creencias religiosas, morales… Así mismo los rituales que se aplican para reducir la ansiedad pueden ser también muy variados, y relacionarse con temas como; el orden y la limpieza excesiva, el recuento, la verificación, la medida y la repetición de tareas, entre otros.

Sufrir de un TOC no debe confundirse con ser una persona perfeccionista o ser un amante del orden. Las obsesiones y compulsiones propias del TOC suponen una limitación importante para quien las sufre, interfiriendo de forma significativa en la vida diaria de la persona. Así mismo hay personas que sufren de pensamientos obsesivos, sin que eso suponga la aplicación de rituales evitativos, por lo que en estos casos tampoco podríamos estar hablando de un TOC propiamente dicho.

Si crees que puedes estar sufriendo de un TOC, el primer paso que debes dar es ir a tu médico para que realice un diagnóstico. Es importante que los TOC sean tratados con la mayor brevedad posible, pues como más instaurados están en la vida de la persona, más difícil es poder superarlos. Para un eficiente tratamiento del TOC es necesario el acompañamiento terapéutico, a veces combinado con una medicación prescrita por el médico.

TOC y Pensamiento Obsesivo

Un aspecto importante a trabajar con los TOC es como nos relacionamos con nuestros pensamientos. En este sentido voy a proponeros toda una serie de pautas, que os pueden ayudar a lidiar con los pensamientos obsesivos y los miedos irracionales. Como siempre digo, son únicamente pautas, y un ningún caso sustituyen a la terapia recomendable ante este tipo de diagnósticos.

1. No te identifiques con tus pensamientos. Una primera premisa importante es que tomes conciencia que tú no eres tus pensamientos, sino simplemente un observador interno. En este sentido debes comprender que los pensamientos se convertirán en realidad, en la medida que tú lo permitas, sino simplemente son lo que son, una fantasía en tu cabeza. Piensa que en última instancia eres tú quien decides qué hacer con ellos y cómo actuar al respecto.

2. Tus pensamientos no te definen. En la línea de lo que acabamos de comentar, tener cierto tipo de pensamientos no determina el tipo de persona que eres. Por ejemplo pensar que puedo coger un cuchillo y matar a mis seres queridos, no me hacen un asesino o una mala persona. Por este motivo evita juzgarte a ti mismo en base a los pensamientos que tengas, de nuevo recuerda, tú no eres tus pensamientos, y por tanto no te definen como persona.

3. No luches contra tus pensamientos. Debes comprender que todos tenemos miles de pensamientos a lo largo del día, y simplemente la mayoría de ellos los dejamos pasar por nuestra mente, sin más. El problema surge cuando nos focalizamos y nos quedamos enganchados a un determinado pensamiento, convirtiendo ese pensamiento en un obstáculo que limita seriamente nuestra libertad personal. Es importante entender que no podemos controlar aquello que pensamos, por este motivo, como más nos empeñemos en querer controlar un pensamiento, más atención y más energía le estaremos dando, y en consecuencia más presente va a estar en nuestra vida.

Puedes imaginar a tu pensamiento intrusivo como a un monstruo, el cúal vas alimentando cada vez que te focalizas en él para controlarlo, o hacer que se vaya.
Para evitar que acabes siendo devorado por este monstruo, es recomendable que no combatas tus pensamientos, y simplemente aceptes que están allí; no los juzgues, ni te juzgues a ti mismo por tenerlos.

4. Puedes controlar tus reacciones. Como hemos comentado, no es posible eliminar los pensamientos negativos de nuestra mente, sin embargo, sí que podemos elegir cómo reaccionamos ante ellos. Por este motivo, antes de obedecer a tus pensamientos, date un espacio para pensar como quieres actuar ante ese mensaje, y las consecuencias que se derivan de ello. Puedes hacerte preguntas del siguiente tipo, que te ayudarán a racionalizar la situación:

“¿Qué experiencias reales de mi pasado me confirman aquello que pienso?, ¿Qué es lo más probable que pase?, ¿Qué es lo que yo quiero que pase?, ¿En qué medida me beneficia pensar en esto?, ¿Tengo algún control sobre aquello que pienso?, ¿Qué aspectos de mi realidad presente me llevan a pensar que aquello que pienso va a suceder?”

5. No intentes razonar con tus pensamientos. Uno de los principales errores de las personas con pensamientos obsesivos es querer racionalizarlos, entrando así en un diálogo del que nunca se sale victorioso. Querer razonar con este tipo de pensamientos es inútil, pues conlleva una pérdida de tiempo y solo genera frustración en la persona. Toma conciencia que un pensamiento obsesivo no suele ser racional, por tanto nunca podrás vencerlo de esa forma. En este sentido, como más intentes cambiar aquello que pasa por tu mente, mayor será también tu malestar.

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6. Evita culpabilizarte y castigarte por tus pensamientos. Los TOC suelen implicar problemas de autoestima, pues la persona se da cuenta que como más lucha por salir de esta situación, menos capaz se ve de superarla, generando un elevado sentimiento de frustración. Así mismo, la persona que sufre de un TOC se siente culpable por los pensamientos que aparecen de forma recurrente en su mente, culpabilizándose por ello, lo que también afecta de forma negativa a la autoestima.

Ante esta situación es importante comprender dos aspectos importantes; el primero es que para superar un TOC es necesario ayuda terapéutica, y por este motivo no debemos sentirnos mal con nosotros mismos, ni peor personas por ello. No tiene nada que ver con la capacidad o la inteligencia de la persona, es simplemente que no estamos abordando la problemática de una forma adecuada. Ten por cuenta que con la terapia y el esfuerzo por tu parte, mejorarás con el tiempo.

El segundo aspecto a considerar es que no debes relacionar el tipo de pensamientos que aparecen en tu mente con tu valoración como persona, no tiene nada que ver. Recuerda como hemos dicho anteriormente que tus pensamientos no te definen.

7. Toma conciencia de tus avances. Las personas que acuden a terapia por un TOC experimentan avances en el tiempo. No obstante a veces la persona está tan focalizada en su problemática, o en querer que los pensamientos desaparezcan por completo, que no los valora. Es importante que si estás en terapia por este tema, valores el momento presente, y los avances que estás haciendo. Seguramente te darás cuenta que desde que acudes a las sesiones los pensamientos obsesivos se han reducido, así como los rituales de prevención propios del TOC.

8. Ayúdate con técnicas de relajación. La meditación, así como las técnicas de relajación son aliados importantes en la superación del TOC. Ambas te ayudarán a contactar con el momento presente y con tu cuerpo, salir de tu mente y aceptar los pensamientos que estás teniendo, sin juzgarlos ni culpabilizarte por ello. Ser constante con este tipo de prácticas, te ayudará a relacionarte con tus pensamientos de una forma más saludable.

Otro aliado importante en la superación del TOC es el ejercicio físico, el cual te ayudará con el estrés y la ansiedad que suele asociarse a este tipo de trastornos.

El TOC es un trastorno que requiere de acompañamiento terapéutico, y a veces dependiendo del caso, también farmacológico. Conocer qué aspectos están favoreciendo al TOC, entendiendo los motivos que lo han originado, así como obtener herramientas que ayuden a la persona en la superación de este trastorno, son aspectos que la terapia puede aportar.

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Leslie Beebe
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El apego neurótico


El apego neurótico. Denominamos como apego el vínculo afectivo que el bebé establece con su figura de referencia, principalmente la madre o su cuidador principal. El tipo de vínculo afectivo que se crea entre el bebé y los padres en los primeros dos años de vida, condicionará en gran medida la relación que el niño establecerá con el resto de seres humanos en el futuro.

apego neurótico

La teoría del apego fue desarrollada por el psiquiatra John Bowlby, el cual argumentaba que cuando el niño nace no solo requiere que sus necesidades básicas, como la alimentación, sean satisfechas, sino que también necesita de afecto y contacto por parte de los padres. Bowlby investigó como los cuidadores se convierten para los bebés en elementos que les transmiten seguridad, protección, bienestar y afecto. No obstante no siempre es así, y cuando el niño siente a lo largo del tiempo que estas necesidades no son cubiertas, desarrollará el denominado apego inseguro. En cambio, cuando el bebé percibe que sus necesidades de seguridad y protección son satisfechas, se desarrolla el denominado apego seguro.

El tipo de apego que desarrollamos en estos primeros años de vida, influenciará notablemente la forma como nos relacionaremos con el resto de personas en el futuro. Un apego seguro contribuirá a desarrollar en el niño un sentimiento de confianza frente al mundo y el resto de personas, lo que le permitirá alcanzar una independencia emocional en la madurez.

Cuando en la infancia no hemos desarrollado un vinculo afectivo seguro, es probable que en la edad adulta vivamos las relaciones personales desde la inseguridad y la desconfianza. De esta forma aparece un apego neurótico, a partir del cual creemos que para estar bien emocionalmente necesitamos de otra persona que nos aporte seguridad y confianza. El apego neurótico parte de un vacío emocional, de un sensación de no estar completos y de una desconfianza generalizada ante el mundo. Esta sensación nos hace creer que necesitamos de una pareja que nos llene el vacío, y nos quite la angustia emocional que sentimos. Esta creencia desarrolla un vínculo obsesivo con la otra persona, lo que deriva en el establecimiento de vínculos de dependencia que nos generan sufrimiento y malestar.

Terapia Apego

Según el escritor y psicólogo Walter Riso, el apego neurótico se fundamenta en 4 creencias básicas, pero a la vez no saludables, sobre este vínculo: 1. que es permanente, 2. que nos va a hacer feliz, 3. que nos dará una seguridad total y por último 4. que dará sentido a nuestra vida. Estas creencias conducen en la mayoría de casos a establecer relaciones de pareja de dependencia, en las que se considera que la otra persona es indispensable para obtener la felicidad. A continuación te dejo un video del propio Walter Riso, que nos habla del apego.




El apego neurótico conduce a vivir las relaciones desde la necesidad, y no desde el deseo. En vez de pensar “yo estoy bien, y contigo estaría mejor, por esto te elijo”, la creencia es “te necesito para vivir, para ser feliz”. Este tipo de vínculos generan en la persona que los vive una gran inseguridad y una intranquilidad, pues existe un miedo intenso a perder a la pareja. El miedo pasa a sustituir el amor dentro de la relación; en este sentido la persona sacrifica la libertad personal y el respeto hacia si misma, en favor del control y la dependencia características de este tipo de relación.

Es importante comprender que cuando consideramos imprescindible a nuestra pareja, le estamos dando un poder sobre nosotros que no tiene, dejando en un segundo plano aspectos personales tan importantes como el autorespeto, la autoestima y la dignidad propia. Sin duda, el precio que pagamos por vivir las relaciones desde la dependencia es extremadamente alto, pues entregamos nuestra libertad personal a cambio de un falsa sensación de placer y seguridad. El apego neurótico también nos lleva a la no aceptación de las pérdidas, por lo que en muchas ocasiones nos quedamos anclados en el pasado, y en un vínculo afectivo tóxico, lo que nos impide pasar página.

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"El respeto por nosotros mismos y por nuestros valores debe anteponerse a cualquier temor o deseo de agradar" Walter Riso


Aunque en nuestros primeros años de vida hayamos vivido un patrón de apego inseguro, eso no es justificación para que ahora de adultos no podamos recuperar la seguridad en nosotros mismos y la confianza en la vida que no obtuvimos de niños; ahora es nuestra responsabilidad. La terapia puede ayudarte en este sentido. Sigue ESTE ENLACE para más información.

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10 consejos para superar el duelo


Denominamos como duelo el proceso de adaptación emocional ante una pérdida importante en nuestra vida; los más comunes son la muerte de un familiar, o la pérdida de una pareja, no obstante el duelo puede conllevar otras pérdidas como la pérdida de una amistad, de una mascota o incluso de un objeto, como una casa. El duelo es una reacción emocional y de comportamiento en forma de sufrimiento y tristeza, que surge cuando el vínculo afectivo con lo perdido desaparece, siendo necesario integrar la idea que la vida sigue sin esa persona, animal u objeto.

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Cuando hablamos de duelo nos referimos al proceso psicológico que pasa la persona después de la pérdida, sin embargo el duelo no se limita a comportamientos emocionales, como la culpa o la tristeza, sino también los hay fisiológicos, por ejemplo los estados de ansiedad, así como sociales, como la tendencia al aislamiento que suele suceder en esta época.

La pérdida que representa el duelo produce una herida en nosotros, por este motivo, requiere de un tiempo para su cicatrización. El tiempo es un factor indispensable para integrar la pérdida, y acceder así a una nueva realidad emocional. Según la desaparecida psiquiatra, Elisabeth Klüber-Ross, experta en el tema de la muerte, el duelo se manifiesta en cinco fases; negación, ira o indiferencia, negociación, dolor emocional o depresión y aceptación. No obstante no debemos entender estas fases como lineales en el tiempo, aunque es verdad que es común una primera fase de negación, como defensa ante el shock emocional producido por la pérdida, el resto de etapas se suelen ir alternando en el tiempo, hasta llegar a una aceptación de la nueva situación.

En general el duelo es un proceso que se alarga de seis meses a un año. En caso que los síntomas persistan en el tiempo, apareciendo problemas en la vida diaria de la persona, es aconsejable pedir ayuda profesional, pues podríamos estar ante lo que denominamos como duelo patológico. Si crees que éste puede ser tu caso, no lo dudes, pide ayuda en ESTE ENLACE.

“Extrañar no es estar vacío, sino estar lleno de alguien que se hace presente a pesar de la ausencia”

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Si acabas de sufrir una pérdida importante en tu vida, o bien estás atravesando por un proceso de duelo, a continuación te dejo algunos consejos que pueden ayudarte en estas difíciles circunstancias.

1. Trata de no descuidarte. Recuerda que por mucho dolor que te produzca una pérdida, lo más importante, y el que ha de seguir con su vida eres tú. Es importante que te cuides, tanto física, como emocionalmente. Come bien, duerme lo suficiente, practica ejercicio físico y evita el consumo de alcohol o drogas para anestesiarte de tu dolor. Trata también de no culpabilizarte ni de desvalorizarte por lo sucedido, alerta con el diálogo interior que mantienes, pues influencia en gran medida cómo te sientes.

2. Evita cambios radicales. En la época de duelo, es común que aparezcan pensamientos del tipo; “pues lo dejo todo y me voy a…”, pensamientos que nos inducen a actuar de forma impulsiva y drástica. En este sentido debes evitar realizar cambios importantes en tu vida, y mirar de posponerlos para más adelante. Piensa que ahora tus impulsos de actuar surgen del dolor, y no de una decisión sincera y meditada.

3. Evita el aislamiento social. En estos momentos difíciles, es normal que necesites tiempo para ti, para estar en contacto contigo mismo, sin querer tener a gente a tu alrededor. No obstante eso no significa encerrarte en tu casa y no tener ningún tipo de contacto social. Es importante que busques el apoyo y la compañía de amigos y familiares, no te de vergüenza expresarles tu dolor y tu pena por lo sucedido. Abrirte emocionalmente a otras personas te ayudará a sanar tu herida.

4. Cierra el ciclo. La muerte o pérdida de un ser querido supone cerrar un ciclo y empezar uno nuevo, por duro que nos parezca en un principio. A veces las circunstancias de la muerte no nos han permitido despedirnos de nuestro ser querido, lo que puede acarrear la aparición de sentimientos como la culpa. En estos casos una opción es ir al cementerio y despedirse de la persona fallecida. Un ejercicio que puedes hacer es escribirle una carta y leérsela allí, simbólicamente es un acto que te ayudará en tu proceso de duelo.

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5. Dedícate a tus intereses y aficiones. En la medida que hablábamos anteriormente de cuidarse uno mismo, una de las acciones que puedes realizar es dedicar tiempo a una afición o hobby que tengas. Si no tienes ninguno, mira de buscar algo que te interese, prueba actividades nuevas hasta encontrar una que te llame la atención. La época de duelo se caracteriza por no sentir grandes ilusiones por nada; en este sentido no te rindas en tu búsqueda, pero tampoco busques grandes motivaciones, o tengas expectativas muy altas sobre emocionarte con algo, pues no es el momento. Simplemente busca algo que distraiga tu atención y te mantenga ocupado, y con el tiempo la ilusión ya llegará.

6. No reprimas ni ocultes tus sentimientos. No se trata de que vayas abriéndote emocionalmente a todas las personas que conozcas, pero sí a una o dos con las que tengas más confianza, y te sientas a gusto para compartir tu intimidad y tu dolor. Respeta aquello que sientes, no lo juzgues ni lo reprimas y exprésalo a estas personas, pues esto te ayudará a aliviar tu sufrimiento.

7. No te avergüences por llorar. El llanto es liberador y te hará sentir mejor, siéntete libre de expresarlo cuando lo necesites.

8. Escúchate a ti mismo. Durante el duelo es muy importante que escuches tus emociones y sentimientos. De esta forma evita hacer cosas para quedar bien, o para mostrar una imagen de fortaleza ante el resto de personas, pues no es el momento. Acepta la vulnerabilidad y fragilidad propia de esta época.

9 Apóyate en tu familia. Es importante que sientas que no estás solo ante la situación, y que tienes familia que te apoya en estos momentos de dificultad. No subestimes su ayuda ni te sientas mal o culpable por recibirla, déjate cuidar. Si no tienes familia, apóyate en amigos con los que te sientas a gusto y en confianza. Si lo deseas, también puedes acudir a la psicoterapia, la cual funciona muy bien en la superación del duelo.

10 No construyas un altar. Hay personas que ante la desaparición de un ser querido dejan todo igual en casa, e incluso algunos montan un altar con fotos y recuerdos de esa persona. Estas acciones son realmente contraproducentes, y no ayudan a superar el duelo, todo lo contrario pues conducen a mantener un vínculo no saludable. Tampoco se trata de desprenderse de los objetos que recuerdan a esa persona, pero sí guardarlos fuera de la vista durante un tiempo. También es aconsejable cambiar  el mobiliario o la decoración, para así darle un aire nuevo y personalizado a nuestro hogar, pues esto nos ayudará a integrar el inicio de un nuevo ciclo.

Espero que estos consejos te ayuden a afrontar el duro proceso de duelo. Si necesitas más información o ayuda terapéutica, estaré encantado de atenderte en mi página:

https://www.ansiedad.barcelona/coach-gestalt-barcelona

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Leslie Beebe
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