Como superar una ruptura de pareja


Como superar una ruptura de pareja. La mayoría de nosotros hemos pasado por alguna ruptura de pareja, por este motivo sabemos que el dolor que se produce en esos momentos es muy profundo. Algunos expertos equiparan el dolor de la ruptura a la muerte de un ser querido, pues ambos tienen en común que representan el inicio de un proceso denominado como duelo.


El duelo por una ruptura de pareja pasa por diferentes fases; la negación, la culpa, el dolor y la aceptación. La negación representa el instante de shock inicial, en el cual nos negamos a aceptar la noticia que todo se ha terminado. La negación es una fase importante dentro del duelo, pues amortigua el intenso dolor por la noticia recibida. La segunda fase es una época de enfado donde predomina la culpa; ya sea porque nos sentimos culpables por lo sucedido, o bien porque focalizamos nuestro dolor en forma de rabia contra nuestra expareja, culpabilizándola por lo sucedido. La tercera de las fases es la del dolor. Este es el momento en que nos permitimos expresar el dolor por la pérdida, y en que debemos dejar de resistirnos a lo sucedido. En palabras del psiquiatra Carl Jung; “Lo que resistes persiste, lo que aceptas te transforma”. La última de las fases es la aceptación, en la cual somos capaces de pasar página, plantearnos una nueva vida sin esa persona, y poner una distancia emocional a lo sucedido, haciendo una evaluación del pasado y aprendiendo de la experiencia compartida.

A continuación voy a comentar algunas pautas que nos pueden ayudar a superar una ruptura de pareja. Respecto a este punto, comentaré dos aspectos importantes. El primero es que es necesario transitar el dolor, pues es inherente al proceso de duelo. Las tentativas de evitar dicho dolor, ya sea buscando a otra pareja desesperadamente, o bien queriendo anestesiarse con el alcohol o algún otro tipo de droga, solo nos conducirán a perpetuar el sufrimiento por la pérdida. El segundo es que las pautas que comentaré son únicamente eso, una orientación, y por tanto no pretenden ser un remedio milagroso ante el duelo, ni seguramente tampoco funcionarán para todo el mundo. Una vez dicho esto, paso a enumerar dichas pautas.

1. No te enganches a la esperanza. Uno de los principales motivos de sufrimiento en un proceso de duelo es mantener la esperanza que la pareja volverá a nuestro lado. En este sentido lo que hacemos es mantenernos anclados en el pasado, reviviendo e idealizando los momentos que pasamos junto a esa persona. También es habitual proyectarnos en el futuro, imaginando una nueva vida con nuestra expareja. Vivir conectados al pasado o al futuro nos impide tomar conciencia del momento presente, que es el único momento real, pues el resto de pensamientos son solo fantasías creadas por nuestra mente.

Es importante plantearse qué aunque existiese la posibilidad de volver con esa persona, ahora tampoco sería el momento adecuado para ninguno de los dos, pues muy probablemente el intento acabase fracasando. En el momento presente nada ha cambiado, y si se ha roto la relación es porque existían motivos para que esto fuese así. Para sanar la herida y seguir adelante es necesario pasar por una época de separación, reparación emocional y aprendizaje. El final del duelo nos permitirá tomar conciencia de aquellos patrones personales y de relación que no funcionaban en la pareja, para de esta forma, ya sea con la misma, u otra persona, poder iniciar una nueva relación desde un mayor nivel de conciencia.

Volviendo al enganche con el pasado y el futuro, y con el objetivo de ayudarte a conectar con tu presente, una práctica aconsejable son los ejercicios de Mindfulness y meditación, los cuales te ayudaran a focalizar tu atención en el momento presente.

2. Deja de creer que una pareja está a tu lado para hacerte feliz. Los motivos que nos mueven a tener una pareja son múltiples. El factor socio cultural es importante, pues se nos educa con la idea que allí fuera en el mundo existe una persona que es nuestra media naranja y que nos va a completar y hacernos feliz. Con los años aprendemos que esta idea está bien para una película de ficción, pero muy poco o nada tiene que ver con lo que sucede en el mundo real.

Así mismo el hecho de tener pareja es visto de una forma favorable por la sociedad, pues nos envía el mensaje de que algo debemos estar haciendo bien, en otras palabras; somos aptos para la sociedad. Otros factores que nos impulsan a tener pareja pueden estar relacionados con nuestras necesidades de reconocimiento, de pertenencia, de seguridad, etc…

En muchas ocasiones buscamos en la pareja la satisfacción de toda una serie de necesidades personales que nada tienen que ver con el otro, y sí con nosotros mismos. Cuando buscamos en nuestra pareja compañía por miedo a sentirnos solos, seguridad para no sentirnos vulnerables, o aceptación para sentirnos validados, es cuando podemos estar viviendo nuestra relación de pareja desde el apego y la dependencia, pero no desde el amor.

Si quieres saber si vives tus relaciones desde el apego o bien desde el amor, puedes plantearte como te ves a ti mismo/a, qué visión tienes sobre tu persona y sobre tus capacidades. Si tus respuestas son negativas, te desvalorizas, o bien aparece tu pareja en la respuesta, es que quizás estés viviendo tu relación desde el apego, pero no desde el amor. Debes tener claro que el otro no puede darte aquello que tú no te estás dando a ti mismo/a, pues el bienestar y el amor nacen de nuestro interior. Cuando sentimos amor por nosotros mismos, también somos capaces de compartirlo con otras personas, pues el amor debe partir de un sentimiento de abundancia interior, y no desde la carencia.

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3. Abandona la idea que la ruptura es un fracaso. Todos venimos a la vida para nutrirnos y aprender de las experiencias que vivimos, por este motivo nadie dispone de un manual sobre como tener la relación perfecta. Para aprender sobre las relaciones es necesario experimentarlas, y vivirlas en primera persona. En consecuencia el fin de una relación no debería ser percibido como un fracaso o una tragedia, sino como un momento que aunque muy doloroso, nos abrirá las puertas a nuevos conocimientos y oportunidades.

El duelo se establece como un proceso de sanación, pero también de aprendizaje. La salida del duelo es un momento de crecimiento, una oportunidad para hacer un análisis de la experiencia vivida, aprendiendo sobre el rol adoptado en la relación pasada. Las parejas aparecen en nuestra vida para ayudarnos a crecer personal y espiritualmente, pues son un espejo de aquellas zonas oscuras que restan en nuestra sombra, y que por tanto debemos desarrollar. Realizar una evaluación de lo sucedido nos permite aprender sobre aquellos patrones disfuncionales que nos hacen sufrir, para así tener la oportunidad de cambiarlos por otros de más saludables en el futuro.

Hasta que no hagamos el aprendizaje pertinente, la vida seguirá poniéndonos esa prueba delante para que la superemos, en palabras del psiquiatra Carl Jung: “Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida, y tú le llamarás destino”.

4. No te culpabilices por lo ocurrido. Culpabilizarnos y castigarnos por lo que pudimos o no haber hecho en la relación, solo nos conducirá al sufrimiento, pues nos mantiene anclados en el pasado. Como he comentado anteriormente, nadie nace con un manual sobre la relación perfecta y exitosa. Así mismo como seres humanos también cometemos errores, aunque solo desde el error el aprendizaje es posible. El pasado ya no lo podemos cambiar, pero sí podemos aprender de la experiencia pasada para no repetir los mismos fallos con nuestras futuras parejas.


5. Difícilmente existe una pareja para toda la vida. Aunque existe la posibilidad que nos quedemos con una misma pareja durante toda la vida, en la sociedad actual no es lo más probable. En épocas pasadas esta creencia podía ser una realidad, básicamente por el rol que ocupaba la mujer en la sociedad, y también por unas creencias familiares fuertemente arraigadas, pero no porque el amor se mantuviese vivo en la pareja. En la sociedad actual, donde todo va muy deprisa y en la que valores como la constancia y el compromiso están en sus horas bajas, mantener una pareja de por vida es francamente complicado, y aunque quizás nos hemos ido al polo opuesto, donde no nos dejamos tiempo para integrar ningún tipo de aprendizaje en nuestras relaciones, la realidad es que resulta francamente difícil mantener una misma pareja para siempre.

Aunque podríamos hablar de diferentes propósitos a la hora de establecer una relación, como pueden ser el de la procreación o el de formar una familia, uno de los más importantes es ayudarnos en nuestro proceso de autoconocimiento y crecimiento personal. No elegimos a nuestras parejas por azar, aquello que nos atrae de otras personas tiene que ver con aptitudes y formas de ser que nosotros no tenemos desarrolladas, y que por tanto se mantienen en nuestro inconsciente. En este sentido la pareja nos hace de espejo de aquellas cualidades aún por desarrollar. El desarrollo de una relación iría de la siguiente forma; una primera etapa de enamoramiento, en la cual proyectamos todas aquellas cualidades que nosotros consideramos deseables de una pareja en la otra persona. Así vemos en el otro nuestra “pareja ideal”, “media naranja” o “la mujer o el hombre de nuestra vida”.

Con el tiempo ese enamoramiento debe dejar paso a una segunda estapa, que es la fase del amor, en la cual la proyección que hemos hecho en el otro va desapareciendo para convertirse en una visión más realista de la otra persona. Podemos decir que en la fase de enamoramiento amamos más un ideal, y en la fase de amor abrazamos a la pareja tal y como es, con sus luces y sus sombras. Es en este tipo de amor, cuando somos capaces de ver aquello que el otro nos pone delante para trabajar en nuestro proceso personal. Una vez desarrollado e integrado este aprendizaje, es posible que una parte de nosotros se sienta estancada, y busque salir de esa relación, impulsándonos a buscar otras parejas para seguir con nuestro proceso de crecimiento.

6. Pide ayuda. En la etapa de dolor del duelo, es importante tener a una o dos personas de confianza con las que podamos hablar y manifestar aquello que sentimos. Esta etapa se caracteriza por la necesidad de expresar nuestro dolor, permitiendo que la tristeza aflore.
No se trata de adoptar un rol de víctima, sino de tomar conciencia de nuestra necesidad de expresar, para así poderlo comunicar de forma asertiva a esa persona que nos va a apoyar. Si no dispones de nadie con quien hablar y expresarte, la terapia puede ser el apoyo y el acompañamiento ideal para estos duros momentos.

Si quieres saber más sobre los duelos y como superar una ruptura de pareja, aquí te dejo otros de mis artículos sobre el tema:



Si estás viviendo un duelo por separación y necesitas un acompañamiento, o bien sientes que eres incapaz de pasar página a tu relación anterior, la terapia puede ayudarte a recuperar tu equilibrio y bienestar. Pincha ESTE ENLACE para obtener más información, o bien contáctame en el 645 368 714, y te informaré sin compromiso.

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Ansiedad y Terapia Gestalt


Ansiedad y Terapia Gestalt. En el artículo de hoy hablaré de como entendemos la ansiedad desde la Terapia Gestalt. Para aquellos que no conozcan qué es la Terapia Gestalt, únicamente diré que es un enfoque psicoterapéutico que pertenece a la rama de las terapias humanistas dentro de la psicología. (Si quieres saber más sobre ella puedes leer ESTE ARTÍCULO).

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Para comprender la ansiedad desde un contexto gestáltico creo importante explicar dos términos básicos. El primero es el de homeostasis, y el segundo el ciclo de satisfacción de necesidades.

La Terapia Gestalt pone un marcado acento en la relación que se establece entre el hombre y su entorno, pues es la clave para entender los desequilibrios emocionales y psicológicos que sufrimos. Hombre y entorno son dos campos en estrecha relación y no pueden ser entendidos de forma separada. Nosotros necesitamos del ambiente para nuestra subsistencia, y lo mismo ocurre con el ambiente, que necesita de intercambios con los demás. Para poner un ejemplo, podemos decir que nosotros no podemos nutrirnos a nosotros mismos, sino que necesitamos del entorno para satisfacer esa necesidad.

En este sentido el concepto de homeostasis toma protagonismo. La homeostasis es un término procedente de la medicina que describe el mecanismo fisiológico de autorregulación de un organismo. A través de este mecanismo un organismo (en este caso el hombre) establece intercambios con el ambiente para mantener así su equilibrio psíquico, físico y social. Este proceso no es estático, va cambiando continuamente, pues ni nosotros ni el entorno permanecemos estables. 
Cuando este intercambio organismo-ambiente se interrumpe, aparece el desequilibrio y la enfermedad.

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Dentro de esta relación entre nosotros y el entorno, aparece el segundo de los términos, el ciclo de satisfacción de necesidades. El ciclo de satisfacción de necesidades se inicia con un impulso vital que nos conduce a ir hacia lo desconocido, salir al exterior con el objetivo de satisfacer una necesidad. Esta satisfacción del impulso; ya sea una necesidad física, un deseo, o una emoción, nos permite crecer y alcanzar el equilibrio. Este impulso vital se inicia como algo difuso, que poco a poco va tomando forma en nuestra conciencia, hasta que emprendemos una acción y lo satisfacemos, cerrando de esta forma el ciclo.

No obstante, este impulso vital en ocasiones es interrumpido, o mejor dicho nosotros mismos lo paramos. El principal motivo de cesar ese impulso es la creencia que no vamos a poder satisfacer esa necesidad, pues pensamos que no disponemos de los recursos y aptitudes necesarios para conseguirlo. De esta forma percibimos la situación futura, a partir de la cual tendríamos que satisfacer nuestra necesidad, como algo amenazante y frustrante a la vez. Existen diferentes formas en que este ciclo de necesidades puede ser interrumpido, de las cuales hablaré en un futuro artículo.

La ansiedad se manifiesta como la tensión entre estas dos fuerzas opuestas; una de expansión o apertura y otra de contracción o cierre, generándose los síntomas físicos propios de la ansiedad como son; taquicardia, sequedad en la boca, opresión en el pecho, tensión en el estómago, etc…, así como síntomas psicológicos como son el miedo a perder el control, o que algo terrible nos pueda llegar a pasar.

¿Por qué si disponemos de los recursos y habilidades para satisfacer una necesidad, tenemos ese tipo de creencia limitante?, la respuesta se encuentra en nuestra historia personal y en hechos ocurridos en el pasado, siendo en la mayoría de ocasiones producto de experiencias vividas en nuestra infancia o adolescencia.

Con toda seguridad cuando éramos niños enfrentamos situaciones traumáticas, ante las cuales nos vimos desbordados e impotentes, al sentir que no disponíamos de los recursos necesarios. Así mismo el entorno que acompañó ese momento tampoco fue favorable, pues no obtuvimos la ayuda ni el apoyo necesario para sentirnos con la confianza de superar esa situación.

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En este sentido en un gran número de ocasiones, no es que no contásemos con los recursos necesarios, sino que el entorno nos hizo creer que era así. Son momentos en los cuales nadie nos acompañó ni validó nuestra necesidad, lo que hizo que nos sintiésemos inseguros, impotentes, no aptos, rechazados…

En la actualidad, cuando enfrentamos circunstancias que nos sacan de nuestra zona de confort y seguridad, lo que hacemos es revivir esa situación limitante del pasado. La ansiedad aparece como una señal, una nueva oportunidad para que la necesidad que quedó retenida en ese momento pueda ser satisfecha.

Traer al aquí y ahora ese tema no cerrado de nuestra historia personal nos hace revivir las sensaciones y emociones propias de ese momento. Por este motivo, aunque el presente sea diferente, y nosotros ya dispongamos de los recursos y habilidades para enfrentarnos a ese reto, nuestro cuerpo nos informa de todo lo contrario, sintiéndonos de nuevo como aquel niño impotente que no pudo, o no supo, satisfacer su necesidad.

Las sesiones de psicoterapia permiten a la persona que acude a terapia cerrar estas necesidades no satisfechas, principalmente a través de mecanismos como son la toma de conciencia y la responsabilidad personal. El proceso terapéutico permitirá a la persona darse cuenta de aquellas necesidades, deseos, emociones y sentimientos que quedaron retenidos, sin posibilidad de ser satisfechos en su momento, pero que ahora pueden ser atendidos y experimentados desde otra realidad, una más auténtica y libre. A través de esta nueva percepción, ahora sí la persona se siente capaz de cerrar los asuntos pendientes del pasado.

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En terapia las situaciones traumáticas del pasado se actualizan y son revividas a través de la ansiedad, transitando el miedo y la frustración características de ella. Un viaje en compañía del terapeuta, quien desde una mirada de aceptación y comprensión guía a la persona para que atienda esas situaciones inconclusas. El cierre de asuntos pendientes permite a la persona abrirse a una nueva realidad, en la cual se sienta más libre para poder elegir y actuar, recuperando así el amor y la compasión hacia sí mismo y hacia el mundo.

Si quieres más información sobre la terapia, y como ésta puede ayudarte, SIGUE ESTE ENLACE, o bien contáctame en el 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

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Los celos en pareja


Los celos en pareja. Uno de los principales motivos de discusión en la pareja, y que puede conducir al fin de la relación, son los celos.

Los celos en pareja

¿Por qué aparecen los celos?

Las causas por las que se originan los celos son diferentes, sin embargo en la mayoría de ocasiones suelen producirse como consecuencia de unos motivos que suelen ser comunes, como son: una profunda inseguridad personal, una baja autoestima, una poca confianza en uno mismo y un intenso miedo a la soledad, entre los principales.

La mayoría de nosotros tenemos dañada nuestra autoestima en mayor o menor medida. El motivo es que aunque el cultivo de la autoestima debería ser un aprendizaje básico en nuestra educación, permanece como una asignatura pendiente en nuestro desarrollo como persona. Por este motivo, es normal que al estar en pareja, en algún momento u otro, hayan surgido los celos. Los celos aparecen como una señal de alarma de que podemos perder a nuestra pareja, y eso nos hace conectar con miedos tan profundos, y a la vez tan humanos, como son el miedo al rechazo o el miedo al abandono. 

Esto no debería ser ningún problema si los celos no pasan de allí, es decir, de una sensación de la cual tomamos conciencia y aprendemos sobre ella.

Sin embargo, cuando los celos nos dominan e interfieren en nuestras relaciones (es lo que se denomina como celos patológicos), entonces nos encontramos con un serio problema de pareja, y es cuando deberíamos pedir ayuda.

La persona celosa parte de una concepción errónea a la hora de establecer relaciones de pareja, principalmente por los siguientes motivos:

En primer lugar busca en su pareja una seguridad, un afecto y un amor que son propios de la autoestima, y que por tanto antes de buscarlos fuera, debería darse primero a si mismo/a. Como consecuencia de este vacío emocional, el celoso o celosa siente una sed constante de atención y muestras de afecto por parte de su pareja, para así no entrar en contacto con esa falta de amor hacia sí mismo/a. Cuando el celoso/a estima que estas muestras no son suficientes, entonces aparecen en él/ella profundas sensaciones de abandono y rechazo, buscando de forma ansiosa esa seguridad que según el/ella debería darle su pareja.

En segundo lugar, la persona celosa establece unos vínculos de codependencia con su pareja, y no de amor. La pareja es vista como una posesión, y no como otra persona que tiene su propia libertad, y que haciendo uso de ella decide estar con nosotros. En estos casos la relación de pareja deja de ser un espacio mutuo donde confluyen el amor, el crecimiento, el aprendizaje y el respeto, para ser un espacio donde reina la desconfianza, el control y la posesividad hacia el otro.

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En un ambiente donde predominan los celos, es normal que aspectos básicos que caracterizan una relación sana de pareja, como pueden ser la confianza, la comunicación y el respeto mutuo, se acaben descuidando, por lo que hay muchos números que la relación acabe fracasando.

A diferencia de lo que la persona celosa piensa, mantener una actitud de control y desconfianza con la pareja acaba provocando lo que ésta más teme; el fin de la relación; de esta forma la profecía del celoso/a se acaba cumpliendo.

Si tienes, o has tenido, problemas con tus parejas como consecuencia de los celos, o bien te encuentras viviendo con una persona celosa, la terapia psicológica puede ayudarte a superarlo. Si quieres más información sobre como la terapia puede ayudarte, SIGUE ESTE ENLACE, o bien llama o whatsapp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

Si quieres conocer más sobre los celos, también puedes leer mi anterior artículo sobre este tema:


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3 pautas para superar la ansiedad


3 pautas para superar la ansiedad. En mi anterior artículo hablé de algunos síntomas característicos de la ansiedad (clica aquí si quieres leerlo). En este artículo comentaré tres pautas clave que nos ayudarán a lidiar con la ansiedad. Antes de empezar, quiero dejar claro un par de puntos. El primero es que no existen remedios mágicos cuando hablamos de ansiedad, es decir, que superar la ansiedad es un proceso, y como tal lleva su tiempo. Así mismo la superación de la ansiedad suele requerir de ayuda terapéutica externa, pues difícilmente lo podremos hacer solos, y más cuando los niveles de ansiedad son elevados. El segundo punto es que cada persona vive la ansiedad de forma diferente, por lo que no existen remedios universales que funcionen en todos los casos.

3 pautas para superar la ansiedad

Las pautas que voy a plantear son solo unos consejos básicos, que ayudaran en mayor o menor medida según cada caso, pero de ninguna manera pretender ser fórmulas mágicas, ni sustituir la labor que pueden hacer psicólogos y terapeutas con sus clientes en el proceso de superación de la ansiedad.

Las tres pautas de acción a seguir para gestionar mejor nuestra ansiedad son las siguientes:

1. Identificar. El primer paso para llevarnos mejor con nuestra ansiedad es entenderla. La ansiedad es una señal de alarma que nos indica que existe alguna incomodidad en nuestra vida. Esta incomodidad puede estar relacionada con miedos que nos limitan, situaciones que no deseamos pero aceptamos, necesidades no satisfechas, etc… En la mayoría de ocasiones es necesario recurrir a la terapia para conocer aquello que motiva la ansiedad, pues es difícil descubrirlo por nosotros mismos.

2. Aceptar. Una parte importante para llevarse bien con nuestra ansiedad es aceptar. La aceptación no significa resignación, sino que se trata de reaccionar de una forma activa ante las circunstancias imprevistas e inesperadas de la vida. Cuantas veces nos sentimos enfadados y frustrados ante situaciones sobre las cuales no tenemos un control. Aceptar este tipo de situaciones, enfocándonos en aquello que está en nuestras manos hacer para solucionar el problema es la vía más saludable de actuación. Quedarnos en el enfado, la ira, el rencor y la frustración no nos aporta nada, y solo contribuye a aumentar nuestros niveles de ansiedad.

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3. Revisar. Un aspecto clave para empezar a llevarnos mejor con la ansiedad es revisar nuestros patrones de pensamiento. La ansiedad se hace fuerte en nosotros como consecuencia de nuestra forma de pensar. A través de nuestros pensamientos interpretamos y procesamos la realidad de nuestro entorno. Cuando estos pensamientos son negativos, dañando aspectos tan fundamentales en nosotros como la autoestima, el autoconcepto o la autoconfianza, la ansiedad se vuelve un monstruo en nuestro interior difícil de controlar. La terapia es un proceso de autoconocimiento y aprendizaje que te ayudará a revisar estas creencias y pensamientos dañinos, para convertirlos en recursos a tu favor, reduciendo en gran medida los síntomas de tu ansiedad.

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Si quieres saber como liberarte de tu ansiedad, la terapia puede ayudarte. Pide más información en ESTE ENLACE o bien llama o whatsapp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

“Libérate de la ansiedad, piensa que lo que debe ser, será y sucederá naturalmente” Facundo Cabral


Si quieres saber más sobre al ansiedad, también puedes leer otros de mis artículos sobre el tema:





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10 síntomas característicos de la ansiedad


10 síntomas característicos de la ansiedad. Cuando hablamos de ansiedad, debemos diferenciar entre estar ansiosos y padecer un trastorno de ansiedad. Es normal que ante determinadas circunstancias; como un examen, un acto en que tenemos que hablar en público o una entrevista laboral, nos sintamos nerviosos o estresados, sin embargo esto es diferente a sufrir de un trastorno de ansiedad, aunque los síntomas puedan coincidir.

10 síntomas carcaterísticos de la ansiedad

Cuando los síntomas relacionados con el estrés y la ansiedad se mantienen en el tiempo, limitando poder llevar una vida normal, y generando una sensación de angustia e intranquilidad en la persona, entonces podemos estar hablando de un trastorno de ansiedad.

A continuación voy a comentar algunos de los síntomas que caracterizan un trastorno de ansiedad. Respecto a ello, quiero comentar que no todo el mundo vive la ansiedad de la misma forma, por este motivo, no es requisito que la persona sufra de todos ellos para ser diagnosticado de un trastorno de este tipo.

Si nos sentimos identificados con algunos de estos síntomas, lo más aconsejable es acudir al profesional médico, para que de esta forma realice el diagnóstico oportuno. Por norma general, los síntomas de la ansiedad no representan un problema grave de salud, sin embargo es necesario poder descartar otras enfermedades que pudiesen estar relacionadas con la manifestación de este tipo de síntomas.

Los síntomas asociados a un trastorno de ansiedad son los siguientes:

1. Generalización de miedos. La ansiedad lleva consigo la aparición de miedos en la vida de la persona, la mayoría de ellos irracionales pues no se corresponden con la realidad objetiva. El aumento de estos miedos provoca una seria limitación para la persona que los sufre, impidiéndole llevar una vida normal. La proliferación de estos miedos provoca toda una serie de efectos psicológicos en la persona como son: una sensación permanente de inquietud y agobio, un pensamiento negativo y catastrofista, dudas sobre la capacidad y la valía personal, y sentimientos de vacío y soledad, entre otros.

2. Dificultad para concentrarse. Un síntoma característico de la ansiedad es la sensación de inquietud y la dificultad para enfocar la atención en una única tarea. En este sentido es normal verse haciendo múltiples labores a la vez, sin ser capaz de enfocarse ni acabar ninguna de ellas. Relacionado con esta dificultad para concentrarse, también puede aparecer la indecisión a la hora de tomar decisiones.

3. Problemas para dormir. En caso de que aparezcan de forma repetida problemas de insomnio, como son: dificultad para conciliar el sueño, el despertarse antes de hora sin poder volver a dormir, o bien el despertarse frecuentemente durante la noche, pueden ser todas ellas indicativo de estar sufriendo de ansiedad.

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4. Dolores articulares. La ansiedad es producto de una sobre activación de nuestro sistema nervioso, el cual percibe un peligro donde no lo hay. Es una señal de alarma que activa diferentes partes del cuerpo para responder a un estímulo amenazante; una de estas partes son los músculos. Los músculos nos han de permitir huir o bien enfrentar la amenaza percibida. Cuando esta amenaza no existe, la energía movilizada no se libera, quedándose acumulada en el músculo en forma de tensión. Fruto de esta energía no liberada, se produce la aparición de dolores musculares y temblores, que no son más que tensión y adrenalina acumuladas que buscan liberarse.

5. Problemas estomacales. Como acabamos de comentar, la activación de nuestro sistema nervioso ante una amenaza afecta a nuestro organismo, y uno de los más perjudicados es el sistema digestivo. Nuestro sistema digestivo es muy sensible a los cambios, pues por él pasan multitud de nervios. Cuando nuestro organismo se activa ante una amenaza diferentes funciones, como la digestiva, se mantiene en un segundo plano, quedando afectado así su ritmo natural, y provocando alteraciones como la acidez de estómago o la aceleración del ritmo intestinal. Los trastornos de ansiedad suelen manifestarse a través de problemas estomacales como pueden ser: sensación de náuseas, digestiones pesadas, aumento de gases, acidez de estómago, etc…

6. Sensación de aceleración. Uno de los síntomas que describen las personas que sufren de ansiedad es la sensación de que van muy rápido por la vida, y aún así no consiguen hacer todo lo que se proponen. Algunos de los síntomas físicos relacionados con esta sensación son la percepción de que les falta el aire, la taquicardia (sentir que el corazón les late más deprisa), y las palpitaciones (pequeños golpes en el ritmo cardíaco).

7. Sequedad de boca y ojos. Otro de los síntomas característicos de la ansiedad es la deshidratación, lo que provoca la aparición de sequedad en boca y ojos. Por este motivo si sufrimos de ansiedad, es importante mantenerse bien hidratado y beber agua con frecuencia.

8. Mayor irritabilidad. La ansiedad provoca una mayor concentración de cortisol en sangre (la hormona del estrés), así como una reducción en la producción de dopamina, la hormona del bienestar. La gente que sufre de ansiedad describe que se siente a la defensiva, pues percibe como amenazante muchas situaciones y actitudes de otras personas. Desde ese estado defensivo admiten que les cuesta más controlarse, y en consecuencia no dejarse llevar por emociones como la ira.

9. Dificultad para recordar. Los elevados niveles de cortisol en el organismo pueden reducir la actividad del hipocampo, el área del cerebro encargada de gestionar y consolidar los recuerdos.

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10. Problemas en la piel. Diferentes problemas de piel pueden aparecer como fruto de un trastorno de ansiedad, como una urticaria o un eccema. El exceso de cortisol favorece la liberación de histamina, la cual puede acabar provocando estos problemas dermatológicos. La ansiedad también contribuye a la reducción en la producción de colágeno y elastina, las fibras que dan elasticidad a la piel, lo que provoca una mayor flacidez y un menor brillo en la piel.

Si sientes que vives con ansiedad, la terapia puede ayudarte no solo a descubrir los motivos que la originan, sino también a encontrar nuevas vías de gestión emocional que te permitirán recuperar tu bienestar. 

Para más información puedes seguir ESTE ENLACE o bien contactarme en el teléfono 645 368 714, llamada o whatsapp y te explicaré como puedo ayudarte.

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Las relaciones tóxicas


Las relaciones tóxicas. La mayoría de nosotros hemos vivido, o conocemos a alguien que ha sufrido de una relación tóxica. Cuando hablamos de relaciones tóxicas no solo hacemos referencia a las relaciones amorosas, pues existen otros ámbitos en los que se puede dar este tipo de relación, como las relaciones de amistad, los vínculos familiares o los entornos laborales.

las relaciones tóxicas

¿Qué entendemos por relación tóxica?. Describimos como relación tóxica aquel tipo de relación en que nuestra libertad personal se encuentra limitada. Además son relaciones en las que por algún motivo u otro no podemos salir de ellas, pues nos sentimos enganchados/as. Aunque la persona que vive una relación tóxica sufre, normalmente se justifica en excusas varias para no admitir la realidad del problema.

Los motivos por los que una persona se queda enganchada a este tipo de relación suelen estar vinculados a miedos muy primarios, como el miedo al abandono, el miedo a la soledad, el miedo a no ser capaz de enfrentarse a la vida solo/a, o la culpabilidad, entre otros.
Estos miedos resultan de tanta intensidad, que la persona prefiere seguir manteniendo una relación que le causa dolor, antes que hacer frente a sus propios fantasmas. Obviamente, muchas veces la persona no es consciente del problema, y suele ser necesario pedir ayuda profesional para poder salir de la relación tóxica. La terapia ayuda a la persona a darse cuenta del sufrimiento que le comporta seguir manteniendo un vínculo de este tipo. Una vez la persona toma conciencia del precio que está pagando por no enfrentarse a sus temores, entonces el cambio hacia una nueva realidad es posible.

¿Cómo saber si puedo estar viviendo una relación tóxica?. A continuación voy a describir algunas creencias y actitudes que son propias de una relación tóxica.

1. Mantener la idea que la pareja nos ha de llenar un vacío. Este tipo de creencia ha sido ampliamente difundida por el arte del cine. Hollywood ha hecho mucho daño en ese sentido. Un gran número de películas nos presentan el amor romántico como una falsa promesa, entendiendo la relación amorosa como una situación ideal que nos conducirá a la completitud de nuestro ser. Según este ideal, el encuentro con la persona soñada nos llenará de felicidad, desapareciendo sensaciones tan inherentes a la existencia humana como el vacío existencial o el miedo a la soledad.

Poner en nuestra pareja la responsabilidad de hacernos felices, aparte de irresponsable, es irreal, y acaba derivando en una profunda frustración, pues estamos pidiendo algo al otro que solo nosotros podemos darnos. Nadie puede ser responsable de llenar nuestro vacío existencial, a parte de nosotros mismos.

2. Ceder tu poder personal ante tu pareja. Cuando accedemos a las peticiones de nuestra pareja, no por amor o generosidad, sino por miedo (por ejemplo a no gustar o a ser abandonados, entre otros), estamos dando a nuestra pareja un poder sobre nuestra persona que no tiene, afectando negativamente nuestra autoestima, dignidad personal y autorespeto.

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3. Tener expectativas idealizadas sobre tu pareja. En múltiples ocasiones no vemos al otro como es realmente, con sus defectos y atributos, sino como nos gustaría que fuese. Sobre todo, en los primeros meses de relación, proyectamos en la pareja una imagen idealizada, que tiene más que ver con un ideal de perfección sobre el amor y las relaciones, que como la otra persona es en realidad. Esto es lo que en un primer momento podemos llamar enamoramiento, el cual en las relaciones sanas y con el paso del tiempo, debe ir dejando paso a un amor más estable y profundo. De esta forma nos reapropiamos de la proyección hecha en la pareja, para ver y aceptar a la persona tal y como es.

4. Creer que el otro va a cambiar. Es normal que mantengamos ciertas expectativas cuando empezamos una relación; sin embargo debemos tener mucho cuidado de no caer en una ilusión, y pensar que la pareja va a cambiar y ser como nosotros queremos. Nuestra expectativa de como debería ser el otro no deja de ser una idea en la mente, una fantasía, por lo que lo mejor en estos casos es dejarse vivir la relación, para así ir descubriendo a la pareja como es, con sus defectos y virtudes. 

Vivir una relación desde el “como deber ser el otro” únicamente nos conduce a la frustración y al sufrimiento. A partir de la aceptación del otro podemos construir una relación sana, y con buenas perspectivas de perdurar en el tiempo.

5. Utilizar el chantaje emocional y el “libro de agravios”. Uno de los síntomas de las relaciones tóxicas es la manipulación. La manipulación tiene diferentes formas, una de las más comunes consiste en justificar hechos propios del presente con acciones pasadas que hizo nuestra pareja, desde una actitud de resentimiento con la voluntad de hacer sentir culpable al otro. El objetivo de utilizar el chantaje emocional es que la pareja se sienta mal, y acabe accediendo a nuestras peticiones. Una forma típica de manipulación es el denominado “libro de agravios”; acciones del pasado que nos duelen, pero que en vez de expresar al otro en el momento oportuno, callamos y anotamos mentalmente, guardando el hecho con resentimiento, para así echarle en cara a nuestra pareja a la mínima que hay una discusión o un conflicto.

6. Sentirse culpable. Siguiendo con el punto anterior, el chantaje es una de las principales armas del manipulador emocional, y en consecuencia el responsable de muchas dinámicas tóxicas en las relaciones. Una de las técnicas utilizadas por el manipulador emocional es la de posicionarse en el rol de víctima, responsabilizando a su pareja de su situación. Esta actitud manipuladora despierta en la otra persona sentimientos de pena y culpa, por lo que acaba responsabilizándose de su pareja, cayendo en la trampa del chantaje emocional.

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7. Relaciones de codependencia. En las relaciones de pareja tóxicas suelen aparecer vínculos no saludables como la codependencia. En la codependencia uno de los miembros de la relación, o ambos dependiendo del caso, pierden su libertad personal y su individualidad en favor de la otra persona. En estos casos el vínculo que mantiene la relación unida no es el amor y la libertad de elegir, sino la necesidad y la dependencia hacia la pareja.

Para terminar, voy a comentar algunos indicios que nos pueden dar pistas sobre si estamos viviendo una relación tóxica. En caso que te sientas identificado/a con estas afirmaciones, lo más recomendable es que busques ayuda profesional que te permita salir de esta situación.

1. Habitualmente tengo pensamientos negativos sobre mi persona y dudo de mis capacidades.

2. No me siento atendido/a ni escuchado/a por mi pareja.

3. Con frecuencia me comparo con otras personas y me siento inferior.

4. Habitualmente me siento culpable.

5. Intento no hacer enfadar o llevar la contraria a mi pareja.

6. Intento siempre contentar al otro, y no suelo pedir o expresar mis necesidades a mi pareja.

7. No me siento feliz en mi vida.

8. Frecuentemente me enfado o me pongo triste porque accedo a hacer cosas que después me doy cuenta que no quería hacer.

9. Me doy cuenta de que vivo mi relación desde el control y la ansiedad hacia mi pareja.

Si quieres conocer más sobre las relaciones tóxicas, también puedes leer otros de mis artículos:


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"Nadie dijo que por amar debes renunciar a tu identidad, y si es así, se equivoca" Walter Riso

Leslie Beebe
Terapia y Coaching Personal Barcelona
Tel. 645 368 714



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