La importancia de pensar bien (II)

La importancia de pensar bien (II). En un artículo previo, “La importancia de pensar bien”, ya hablé de la gran influencia que tienen los pensamientos en nuestros sentimientos, condicionando también las acciones que realizamos. Mantener pensamientos pesimistas sobre la realidad, o de desvalorización personal, nos conduce a padecer de un mayor grado de sufrimiento en nuestra vida. Este patrón de pensamiento disfuncional se fundamenta en toda una serie de creencias limitantes, las cuales son opiniones y valoraciones dañinas sobre nosotros mismos y sobre el mundo que nos rodea.

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Respecto a estas creencias limitantes, habló el psicólogo Albert Ellis. Albert Ellis fue un psicoterapeuta de los años 50, fundador de la Terapia Racional Emotiva. Este psicólogo creía firmemente en la influencia que ejercen los pensamientos en la forma como nos sentimos. Según su teoría, si somos capaces de identificar las creencias que sustentan los pensamientos limitantes, podremos llegar a sanar las emociones que este tipo de pensamiento nos produce.

Ellis argumentaba que no son los acontecimientos que vivimos los que nos afectan, sino la interpretación que hacemos de ellos. Esta interpretación, personal y única, es fruto de las lentes bajo las cuales cada uno de nosotros percibimos la realidad. Curiosamente, aunque no hay dos lentes idénticas, la realidad es que la mayoría de nosotros compartimos unas creencias comunes. Ellis afirmaba que existen 11 creencias limitantes e irracionales, las cuales están presentes en un gran porcentaje de la población. Estas creencias son las siguientes:

1. Es imprescindible ser querido y aceptado por todo el mundo.

2. Uno debe ser muy competente y saber resolverlo todo si quiere considerarse como una persona necesaria y útil.

3. En el mundo hay gente mala y despreciable que debe recibir su merecido.

4. Es terrible que las cosas no salgan como a uno le gustaría que fuesen.

5. Las desgracias que vivimos son consecuencia de causas externas, y nosotros tenemos ninguna o muy pocas posibilidades de controlar nuestros disgustos y trastornos.

6. Si algo es o puede ser peligroso o atemorizante, uno ha de preocuparse mucho al respecto y recrearse constantemente en la posibilidad de que ocurra.

7. Es más fácil evitar que hacer frente a algunas dificultades o responsabilidades personales.

8. Siempre necesitamos de alguien más fuerte que uno mismo en quien poder confiar.

9. Un suceso pasado tiene una importante influencia en la conducta presente, porque si algo nos afectó mucho en el pasado, continuará afectándonos indefinidamente.

10. Uno debe de estar permanentemente preocupado por los problemas de los demás.

11. Siempre existe una solución correcta, precisa y perfecta para los problemas humanos, si no se encuentra esta solución sobreviene la catástrofe.

Según Albert Ellis, si somos capaces de identificar la irracionalidad de estos patrones de pensamiento, buscando alternativas más racionales y realistas, también seremos capaces de generar estados emocionales más saludables en nosotros.

Seguramente, te has sentido identificado/a con una o más de estas creencias. Tranquilo/a, es normal, no obstante debes tener en cuenta que el problema no es tener estas creencias, sino que éstas dominen tus acciones. Cuando estas creencias se convierten en necesidades imprescindibles para tí, condicionando tus conductas y limitando tus acciones, es cuando deberías revisarlas.

Vamos a poner un ejemplo; si para alguien es imprescindible ser querido y aceptado por todo el mundo, la consecuencia será que este individuo, en cualquier situación de su vida, focalizará toda su energía en agradar y ser aceptado de forma incondicional por el resto de personas.

Esta actitud provocará que la persona no se mueva por sus necesidades y deseos más genuinos, sino por lo que cree que los otros esperan de ella. Cuando esto sucede, la persona se desconecta de sí misma, relegando sus necesidades a un segundo plano en favor de las de otros. Esta actitud, aparte de significar un gran esfuerzo para quien mantiene esa creencia, también favorece el malestar y el sufrimiento, al generar un estado de incoherencia interna.

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Por último, es importante decir que nadie debería sentirse culpable por mantener este tipo de creencias. La mayoría de estas convicciones tienen su origen en nuestros primeros años de vida, siendo producto de la educación recibida y del entorno social y familiar en el que nos criamos. Sin embargo, llegados a la edad adulta, es nuestra responsabilidad replantearnos lo aprendido, flexibilizando aquellas creencias que puedan ser limitantes para nosotros, y sustituyendo aquellas creencias ajenas por otras de más genuinas.

La cuestión relevante en este sentido es como nos relacionamos con este tipo de creencias, y el grado de importancia que le damos en nuestra vida. Cuando acatamos estas creencias como si fuesen unos mandatos divinos, sin ningún tipo de cuestionamiento ni filtro por nuestra parte, es cuando las creencias devienen dañinas y limitantes.

Desde la terapia trabajamos para que la persona tome conciencia de las creencias tóxicas que pueden estar limitándole. Las sesiones terapéuticas permiten a la persona flexibilizar sus creencias irracionales, así como cambiar aquellos patrones de pensamiento disfuncionales, por otros de más racionales y saludables.

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5 pautas para manejar la ansiedad

5 pautas para manejar la ansiedad. Estamos viviendo unos momentos en que los niveles de ansiedad han aumentado entre la población. El miedo generalizado, la incertidumbre sanitaria, la inseguridad laboral y los momentos emocionalmente difíciles a los que muchos se han tenido que enfrentar durante esta pandemia, han favorecido el incremento de la ansiedad en la sociedad.

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Ante esta situación, sería recomendable aprender mecanismos que nos permitan manejar estos síntomas ansiosos. Como consecuencia de la pandemia, hay un gran número de personas que están sufriendo, al estar pasando por momentos muy complicados. Un ejemplo son los trabajadores del sector del ocio nocturno, los cuales hace mucho tiempo que no pueden abrir sus negocios. Es normal que en estos sectores, la preocupación y la ansiedad estén muy presentes en el día a día de estas personas. A este respecto, tener herramientas de gestión emocional, puede ayudarles a sostener este duro momento, evitando así que se llegue a situaciones críticas como puede ser una crisis de ansiedad, o el desarrollo de un trastorno de ansiedad como la agorafobia.

Con el objetivo de aportar un poco de ayuda a todas aquellas personas que están atravesando una situación difícil, a continuación vamos a comentar 5 pautas que nos pueden ayudar a lidiar con nuestra ansiedad.

1. Revisa aquellas áreas de tu vida con las que te sientas insatisfecho

A parte de los síntomas ansiosos, los cuales son muy desagradables e incómodos, la ansiedad también se compone de un conflicto psicoafectivo, que es el que sustenta sus síntomas. Este conflicto puede estar originado por múltiples factores según cada persona y situación. Algunos de los que aparecen con más frecuencia en terapia son: necesidades no expresadas, situaciones que aguantamos a disgusto, o bien emociones reprimidas, entre los principales.

En terapia me encuentro con personas que dicen sentir que no están en control de su vida. Esta falta de control se manifiesta a través de diferentes expresiones como son: mantener relaciones que no les acaban de satisfacer, callar por miedo a crear conflicto, dudar de la mayoría de decisiones que han de tomar en su vida, ser excesivamente perfeccionistas, o mantenerse fijados a miedos muy profundos como el miedo al abandono. Sentir que no somos nosotros quien llevamos las riendas de nuestra vida, es uno de los principales motivos que explican los elevados niveles de ansiedad.

Aunque admitir aquello que nos disgusta pueda ser difícil, ser sincero con uno mismo y aceptar que es necesario resolver ese conflicto es un paso liberador, que ciertamente nos reducirá nuestros síntomas ansiosos. En esta línea, la terapia puede ser el acompañamiento ideal para enfrentarnos a nuestro malestar y poder ser capaces de superar esta situación.

2. Deja de censurar aquello que vas a decir o hacer

En un gran número de ocasiones, el miedo nos lleva a relacionarnos desde una máscara con otras personas. Desde esa máscara censuramos nuestro discurso, y acomodamos nuestras acciones a lo que creemos los otros esperan de nosotros. En estos ambientes, en que nos sentimos vulnerables al juicio externo, es cuando se manifiestan nuestros miedos más profundos, como el miedo al rechazo o el miedo al abandono. Cuando esto sucede, el miedo nos bloquea y no nos deja pasar a la acción, mientras que nuestros deseos y necesidades quedan relegados a un segundo plano. Mostrarnos y actuar desde la máscara, y no desde aquello que realmente somos, es otro de los factores que favorecen la aparición de la ansiedad

Otra de las situaciones susceptibles de generarnos ansiedad es cuando por sistema anteponemos las necesidades de otros a las nuestras, con el objetivo de agradar y no ser fuente de conflicto. En este caso, no nos respetamos, pues nos falseamos al no actuar según nuestras necesidades, aspecto que hace emerger la ansiedad.

Si te sientes identificado con alguna de estas actitudes, lo recomendable sería que empezases a tomar conciencia de tus necesidades, para así mostrarte de una forma más sincera con el mundo. Puedes empezar con aquellas personas con las que te sientas más en confianza, y después practicarlo con otras personas de tu entorno.

Cuando te muestres de una forma más libre y sincera, también vas a sentirte liberado. Desde esta liberación, tu autoestima y la confianza en ti mismo y en tus capacidades también se verán beneficiadas.

3. Deja de maltratarte y castigarte a ti mismo 

Un gran número de pensamientos que pasan por nuestra mente durante el día son pensamientos limitantes y tóxicos. Son pensamientos en los que nos criticamos, nos desvalorizamos y nos comparamos con otras personas, para acabar siempre perdiendo. Otros pensamientos de este tipo son aquellos que nos llevan a culpabilizarnos y autocastigarnos por errores cometidos. Este patrón de pensamiento deriva en un estado emocional bajo, que se manifiesta a través de sentimientos melancólicos, de apatía, culpabilidad o enfado, entre otros.

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Algunos ejemplos de estos pensamientos que nos alteran a nivel emocional son:

“Soy un inútil”, “lo hago todo mal”, “no puedo”, “mira mi amiga, ella sí que vale”, “soy una foca, estoy gordísima”, “no lo he hecho perfecto”, “todos están en mi contra", "para qué intentarlo, si voy a fracasar", "no sirvo para nada"...

Seguro que te suena este modelo de pensamiento. Un discurso interno que no para en todo el día, y que acentúa todas aquellas debilidades y defectos que nos decimos a nosotros que poseemos. Desde este tipo de mensajes es imposible sentirnos en paz con nosotros mismos. El camino para superar este estado pasa por tratarnos mejor, y ser capaces de perdonarnos por posibles errores que hayamos podido cometer. Solo así podremos alcanzar un estado emocional saludable.

Para conseguir este equilibrio emocional, es importante que revises tu diálogo interno y la forma como te tratas a ti mismo. Piensa que este tipo de pensamientos limitantes no te conduce a nada productivo ni beneficioso para tu persona, pues solo te ancla en la pasividad y en la duda. Desde el victimismo y la comparación con otros nunca conseguirás estar en paz contigo mismo. Entiende que cuando te dejas llevar por este patrón de pensamiento tóxico solo consigues sentirte más frustrado y hundido.

Respecto a tus pensamientos, recuerda no identificarte con ellos, no creas a pies juntillas su mensaje, pues muchas veces surgen de tu fantasía y de unas creencias limitantes que responden a tu historia personal. Cuando estos pensamientos aparezcan en tu conciencia, plantéate si hacen referencia a una realidad objetiva y pueden ser explicadas a partir de una experiencia real, o bien son fruto de unas creencias propias, las cuales no siempre son saludables ni funcionales.

Tampoco intentes reprimir o luchar contra tus pensamientos, pues como seres humanos que somos no podemos escoger el modelo de pensamiento que tenemos. Por norma general, el problema de este tipo de pensamientos no es que aparezcan en nuestra mente, sino que les demos espacio y los alimentemos en nuestra conciencia.

Cuando te sientas agobiado por tus pensamientos, simplemente plantéate estas tres preguntas:

¿Me sirve de algo seguir dándole vueltas a este pensamiento?

¿Es un pensamiento que me lleva a la acción o al victimismo y la pasividad?

¿Es un pensamiento agresivo o irrespetuoso hacia mi persona?

Si es un pensamiento que no es útil, te conduce a la pasividad o al victimismo, y agrede a tu persona, entonces es un pensamiento que sin duda deberías revisar.

4. Fíjate retos y objetivos en tu vida

Para no caer en los pensamientos negativos y limitantes respecto a nuestra persona (lo que perjudica nuestra autoestima), es necesario que nos fijemos metas y retos para seguir creciendo en nuestra vida. Ser constantes y trabajar para alcanzar nuevas metas nos ayudará a recuperar nuestro equilibrio emocional. Esta actitud proactiva ante la vida nos hará sentir que valemos y que somos merecedores de nuestros logros.

Un denominador común en la mayoría de personas que acuden a terapia es la baja autoestima. Sentirnos útiles y tomar conciencia que conseguimos aquellos logros que nos habíamos propuesto, son factores que nos ayudan a sanarla.

5. Haz algo para el bien común

Relacionado con el punto anterior de establecer metas en nuestra vida, es importante que aquellas metas que te fijes no sean exclusivamente para tu beneficio particular, sino que tus acciones tengan un impacto positivo en otras personas. Dar amor y sentir que otros nos necesitan y se benefician de nuestros actos es fundamental para sentirnos plenos. En este sentido puedes plantearte realizar un trabajo voluntario, colaborar con una organización sin ánimo de lucro, o bien difundir algún conocimiento que pueda ser de ayuda a otras personas.

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Una vez presentadas estas 5 pautas, que espero te sean de ayuda para manejar tu ansiedad, también quiero decirte que no hay soluciones mágicas respecto a la ansiedad. Igual que existe un proceso para llegar a un punto máximo de ansiedad, como puede ser un ataque de pánico, también hay un proceso descendente para reducir los niveles de ansiedad y recuperar el equilibrio emocional; en este sentido todo lleva su tiempo. Enfrentar nuestros miedos y dificultades, siendo constantes y comprometidos con nuestro trabajo para superar la ansiedad es fundamental.

Un último punto que me gustaría destacar sobre la ansiedad es que la ansiedad no son nervios. No se trata de salir a distraerse, tomarse una infusión relajante o bien realizar sesiones de Mindfulness o meditación para tranquilizarnos. Aunque todos ellos son recursos que nos pueden ayudar en el tratamiento de la ansiedad, nunca resolverán el conflicto psicoafectivo que subyace debajo de los síntomas ansiosos. Lo mismo pasa con la medicación recetada para este tipo de trastornos, como son los ansiolíticos, los cuales aunque puedan ayudar en un momento puntual para no desbordarnos emocionalmente, la realidad es que no curan la ansiedad.

Para superar nuestra ansiedad, el camino se encuentra en descubrir y resolver el conflicto interno que nos genera malestar y sufrimiento. Para ello, la terapia es una solución ideal y personalizada que nos permitirá recuperar nuestra salud emocional.

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La importancia de pensar bien

La importancia de pensar bien. La mayoría de personas que acuden a terapia lo hacen porque están sufriendo. Este sufrimiento puede estar motivado por diferentes motivos; una ruptura sentimental, un duelo por la pérdida de un ser querido, un despido laboral, un divorcio…. No obstante, un gran porcentaje de personas que vienen a terapia lo hacen por un sufrimiento muy diferente, que es aquel motivado por la forma que tienen de relacionarse consigo mismos.

Importancia pensar bien

Aunque mi orientación terapéutica es la humanista (principalmente la terapia gestalt), la verdad es que encuentro muy interesante el planteamiento que hace la terapia cognitivo conductual sobre la forma como nos relacionamos con nuestra persona.

La terapia cognitivo conductual es un modelo de tratamiento psicológico que parte de la unión de dos ramas de la psicología, como son la conductista y la conductual. Desde una visión simplista y muy resumida de esta terapia, podemos decir que la terapia cognitivo conductual parte de la premisa que todos nos movemos en un triangulo interno formado por 3 elementos: los pensamientos, los sentimientos/sensaciones y las acciones. Estos tres elementos se interrelacionan entre sí; los pensamientos y sentimientos conducen nuestras acciones, y a su vez, las acciones parten de unos pensamientos y unas creencias determinadas… creando así un círculo que se retroalimenta.

Partiendo de la premisa anterior, podemos afirmar qué si queremos cambiar una sensación como por ejemplo cuando nos sentimos bloqueados por la ansiedad, debemos empezar a cambiar nuestra forma de pensar y las acciones que van asociadas a ella.

De esta teoría se deduce que la forma de pensar, y el tipo de pensamientos que mantenemos a lo largo del día en nuestra mente, afectarán directamente a la forma como nos sentimos, y a su vez limitarán en mayor o menor medida nuestras acciones.

Vamos a poner un ejemplo: si mantengo en mi mente el pensamiento que no sirvo para el trabajo que estoy haciendo, seguramente esto me hará sentir inseguro, lo que afectará mi rendimiento laboral pues aumentará la probabilidad de cometer errores.

De esta forma, y como consecuencia de este tipo de pensamientos limitantes, caemos en una trampa mental que nos lleva a compararnos y a sentirnos mal por aquello que somos. Desde este tipo de creencias disfuncionales, nos sentimos inferiores e inseguros ante la vida, lo que limita enormemente nuestras acciones y nos impide crecer en nuestra vida.

A continuación, voy a exponeros tres formas de pensar o tipos de creencias tóxicas que nos limitan, las cuales están bastante generalizadas entre la población.

1. La primera forma de pensamiento está relacionada con creencias dañinas sobre nosotros mismos. Dentro de este tipo de creencias destaca un amplio abanico de pensamientos, no obstante yo los englobo en dos grandes grupos:

El primer grupo incluye aquellos pensamientos desvalorizantes y limitantes sobre nuestra persona. Algunos ejemplos son:

“no sirvo”, “no valgo”, “soy un inútil”…

El segundo grupo engloba aquellos pensamientos relacionados con la autocompasión hacia nosotros mismos, como por ejemplo:

“¿Por qué esto siempre me pasa a mi?”, “No es justo”, “Yo no merezco que me pase esto”, “Mira a tal persona, a él/ella no le pasa”…

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En ambos casos pensar de esta forma nos bloquea, al anclarnos en una posición victimista y autocompasiva. Esta vía de pensamiento nos impide encontrar una solución a nuestro malestar, pues nos mantiene enfocados en el problema. Ante estos casos es difícil adoptar una actitud proactiva, focalizada en tomar las medidas oportunas que nos permitan salir de nuestro sufrimiento. Desde esta actitud pasiva, estamos tan centrados en compadecernos de nosotros mismos y en compararnos con otros, que perdemos de vista las posibles soluciones a nuestro problema.

En este punto, quizás la pregunta a hacernos es porqué está tan generalizado el hecho de compararnos para así sentirnos mal e inferiores al resto. Aunque existen múltiples respuestas a esta pregunta, una de las que yo creo explica bastante bien este fenómeno parte de la base que no nos gusta sentir incomodidad o displacer en nuestra vida. 

Multitud de circunstancias de la vida nos llevan a sentirnos tristes, enojados, heridos, asustados, vulnerables… Todos estos son estados desagradables e incómodos que no nos gusta sentir. Para evitarlos, lo que hacemos es tratar de escapar del displacer que nos provocan, por lo que optamos por quejarnos y posicionarnos como víctimas, o bien escogemos compararnos con otras personas que pensamos están mejor que nosotros. 

Sin duda, estas actitudes evitativas funcionan como una distracción temporal, no obstante a largo plazo solo nos prolongan el sufrimiento, y posponen el hecho de tener que tomar conciencia de aquello que nuestras emociones y sentimientos nos quieren transmitir.

2. La segunda de las creencias limitantes son aquellas relacionadas con el resto de personas. Con frecuencia pensamos que cuando algo malo nos sucede, cuando nos sentimos tristes ante una situación, o bien cuando nos enfadamos por alguna circunstancia, la responsabilidad de sentirnos así la tienen otras personas, ya sea nuestro jefe, nuestros padres, nuestra pareja…

Así, gastamos una gran cantidad de tiempo y energía en culpabilizar a otros por nuestro estado y la forma como nos sentimos. Este tipo de pensamiento, como en el punto anterior, nos ancla en el malestar, la pasividad y nos limita para poder ver posibles salidas a nuestro sufrimiento.

Algunas frases que reflejan este tipo de pensamiento son:

“Mi pareja saca lo peor de mi”, “Él/ella tiene la culpa de que me sienta así”, “Sino fuese por mi jefe, no llegaría a casa tan enfadado”, “Si soy así es por culpa de mis padres”…

La consecuencia de adoptar este tipo de pensamiento es doble; por un lado regalamos nuestro poder personal a otra persona, lo que nos priva de tener la sensación de que controlamos nuestra vida, y de que en esencia somos dueños de nuestra libertad personal.

Por otro lado es un acto de irresponsabilidad, al no querer hacernos cargo de nosotros mismos, proyectando así la responsabilidad de nuestra vida y de nuestra persona en alguien externo. Aunque la proyección (un mecanismo de defensa de nuestra psique) pueda aportarnos cierto alivio en un primer momento, al ser un mecanismo evitativo respecto algo que nos incomoda o nos hace sufrir, la realidad es que con el tiempo nos pasa factura al hacernos sentir que no tenemos el control de nuestra vida.

3. El tercer tipo de pensamientos limitantes son aquellos relacionados con el mundo. La mayoría de nosotros mantenemos la creencia errónea y malsana que el mundo está en deuda con nosotros. Desde esta creencia, pensamos qué si nos esforzamos lo suficiente, alcanzaremos el éxito. O bien qué si nos portamos bien, el mundo nos recompensará por nuestra bondad. Nada más lejos de la realidad.  El éxito no es fruto de una justicia cósmica hecha a nuestra medida, pues pensar así solo nos llevará a la decepción y a la frustración.

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Por norma general el éxito (cada uno definirá qué entiende por éxito en su vida), parte de una actitud proactiva, de compromiso, constancia y esfuerzo para alcanzar la meta establecida. Sin embargo, debemos tener en cuenta que en ocasiones, aunque pongamos todo nuestro esfuerzo en alcanzar aquello que tanto deseamos, vamos a fracasar. La realidad es que, aunque la actitud es muy importante para alcanzar nuestras metas, no lo es todo, pues existen multitud de factores que nos influyen y escapan de nuestro control.  

Aceptar que la vida no es justa con nosotros, y que a veces uno se sentirá decepcionado y defraudado por no haber conseguido aquello que quiere, es parte de la vida misma, así como una dura prueba para nuestra gestión emocional.

Como hemos mencionado anteriormente, mantenerse en la queja y en la autocompasión solo nos conduce a un estado de pasividad y victimismo, bajo el cual es muy complicado llegar a sentirnos bien con nosotros mismos y con nuestra vida.

Una vez expuestos estos tres tipos de pensamiento, seguro que te has sentido identificado con alguno de ellos, o incluso con todos a la vez. Tranquilo, es normal, la mente de la mayoría de nosotros funciona de una forma muy parecida, pero esto no significa que deba seguir siendo así, y que no podamos hacer nada para decantar la balanza a nuestro favor. 

Debemos entender que lo relevante no es el tipo de pensamiento que tenemos, pues los seres humanos no disponemos de la capacidad de suprimir nuestros pensamientos, sino que lo importante es como nos relacionamos con ellos una vez aparecen en nuestra conciencia.

En este sentido es importante adoptar toda una serie de hábitos saludables respecto aquello que pensamos. Al igual que es importante cuidar de nuestra alimentación y practicar ejercicio físico para mantener nuestra salud física, también es importante adoptar unos hábitos de pensamiento saludable, que nos ayuden a cuidar de nuestra salud psicológica y emocional. Para ello es importante contrarrestar nuestras creencias limitantes por otras de más saludables que nos empoderen.

Adoptar hábitos de pensamiento saludable es un proceso, el cual difícilmente podremos realizar solos. Transitar por este camino requerirá de compromiso, constancia y esfuerzo, así como de un acompañamiento terapéutico que nos ayude a cambiar nuestros pensamientos y creencias limitantes, por otras de más saludables que fortalezcan nuestra autoestima y nos permitan crecer.

Si quieres mejorar la relación que mantienes contigo mismo y con el resto de personas, adoptando hábitos de pensamiento saludable, la terapia puede ayudarte. Para más información sobre las sesiones de terapia CLICA AQUÍ

 

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El origen de la depresión

El origen de la depresión. Sentirse apático/a, triste o desesperanzado/a no significa necesariamente estar sufriendo de un trastorno depresivo. El entorno social condiciona nuestro estado de ánimo, en este sentido la crisis de la pandemia ha favorecido la presencia de emociones como el miedo, la desesperanza, el desánimo o la desmotivación entre la población. A este respecto, la presencia de estas emociones no es por sí misma un indicador de estar padeciendo un trastorno depresivo, sino más bien una alteración en nuestro estado de ánimo.

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A continuación voy a enumerar los principales síntomas que pueden indicar la presencia de un trastorno depresivo. Por norma general, el diagnóstico de un trastorno depresivo suele requerir de un par de supuestos; el primero es que los síntomas permanezcan un periodo superior a dos semanas. El segundo de los supuestos es que la sintomatología afecte a diferentes áreas de la vida de la persona, impidiéndole hacer sus tareas cotidianas.

Los síntomas más comunes relacionados con la depresión son los siguientes:

-       Un estado de ánimo triste /melancólico que se mantiene en el tiempo. También pueden ser indicativo de este tipo de trastorno las ganas de llorar sin motivo.

-    Una falta de motivación para realizar actividades; en especial aquellas que en el pasado producían satisfacción.

-      Dificultad para enfocar la atención en una tarea determinada. También pueden aparecer problemas de memoria o dificultad en la toma de decisiones.

-        Problemas relacionados con el sueño (sueño no reparador, insomnio…)

-        Aparición de ansiedad ante circunstancias que anteriormente eran consideradas rutinarias y sin peligro.

-        Dificultad para llevar a cabo tareas cotidianas.

-        Disminución o aumento del apetito.

-        Aparición de cansancio y dolor muscular sin aparente explicación.

-       Mayor irritabilidad, un aumento de la sensibilidad ante estímulos externos como el ruido, y cambios de humor habituales.

-        Tendencia al aislamiento y descuido de la apariencia personal.

-        Pérdida del deseo sexual.

Estos son algunos de los principales síntomas que pueden asociarse a un trastorno depresivo; sin embargo cada persona es diferente, y en consecuencia puede manifestar distinta sintomatología y en diferente grado. Así mismo, dentro de los trastornos depresivos, existen diferentes tipos, por lo que dependiendo del caso el médico puede diagnosticar uno u otro. En caso que te sientas identificado/a con este tipo de síntomas, lo recomendable sería que visitases a tu médico lo antes posible.

Al igual que los síntomas, las causas por las que aparece un trastorno depresivo pueden variar según cada persona. Por norma general, la depresión no suele estar motivada por una única causa, sino que la explicación suele ser más compleja, influyendo factores de diferente índole como de tipo social, familiar, biológico o psicológico. De la misma forma, existen elementos que pueden favorecer la aparición y el desarrollo de un trastorno depresivo como son el consumo de drogas, el abuso de alcohol, la toma de medicación o alguna experiencia traumática vivida.

Durante años, el origen de la depresión se relacionó con un desequilibrio químico en el cerebro, principalmente por un desajuste en los niveles de serotonina y noradrenalina. En este sentido se creía que la toma de medicación era la única solución para recuperar el equilibrio químico y superar la depresión. En la actualidad, han surgido diferentes teorías que contradicen la idea que la depresión tiene su principal origen en un factor químico, abriendo la puerta a una explicación de origen psicológico, y más concretamente a la idea que la depresión es una señal de alerta que nos avisa de una falta de satisfacción de nuestras necesidades psicológicas.

En relación con esta idea, es interesante la teoría del escritor Johann Hari, la cual queda plasmada en su best seller “Conexiones Pérdidas” (lectura que os recomiendo). Johann Hari sufrió de depresión en su adolescencia, y aunque admite que la medicación prescrita le ayudó durante un tiempo, afirma que no fue la solución definitiva para su problema.

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En su libro Hari nos describe nueve factores que conducen a la depresión, alejándose de la teoría que la depresión tiene su principal origen en un desequilibrio químico de nuestro organismo. Algunos de los factores que Hari menciona en su libro como causantes de la depresión son; la soledad, la falta de motivación existencial, un individualismo creciente, o la pérdida de valores como la solidaridad entre los seres humanos.

En palabras de Hari:

“ Tu depresión no es un problema técnico. Es una señal. Tu sufrimiento tiene sentido. Sientes esto por razones y esas razones pueden ser tratadas… la biología es real, pero es parte de una imagen más grande”.

Personalmente, coincido bastante con las ideas de Hari. Por este motivo, aunque opino que no deberíamos demonizar la medicación, tampoco debemos creer que es una solución definitiva a los trastornos depresivos. La combinación de medicación (siempre prescrita y supervisada por el profesional médico) con las sesiones de terapia, son la mejor solución para este tipo de trastornos. Mientras que la medicación aportará una estabilización emocional, la asistencia a terapia ayudará a la persona a encontrar las motivaciones que se esconden detrás de los síntomas depresivos.

Si has sido diagnosticado/a con un trastorno depresivo no debes subestimar tu situación. Debes tener claro que es muy poco probable que puedas superar este tipo de trastorno por ti mismo/a. Aunque a veces existen creencias erróneas al respecto, como que pedir ayuda es un síntoma de debilidad, o que la terapia es solo para gente mentalmente enferma, la realidad es que superar la depresión es una tarea que debe ser realizada con la colaboración de un terapeuta. La terapia te ayudará a salir de esta difícil situación que estás viviendo y a recuperar tu bienestar. Para más información CLICA AQUÍ.

Si quieres conocer más sobre los trastornos depresivos, te invito a que leas otros de mis artículos sobre el tema:

Clasificación trastornos depresivos

Tristeza o depresión

Pautas para enfrentar la depresión

 

Leslie Beebe

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Técnicas de reducción del estrés (II) – El escaneo corporal

Técnicas de reducción del estrés (II) – El escaneo corporal. En estos tiempos de inseguridad e incertidumbre ante el futuro, los ejercicios de conciencia corporal y respiración nos pueden ayudar a contactar con el momento presente, para así reducir nuestros niveles de estrés y ansiedad.

Técnicas reducción de estrés


En otro de mis artículos ya os hablé de una primera técnica de reducción de estrés, la respiración diafragmática (puedes verlo AQUÍ). Hoy os quiero proponer otro ejercicio, el escaneo corporal.

Con frecuencia las molestias generada por los problemas de ansiedad se manifiestan a través de tensión muscular, dando lugar a diversos problemas como son: dolores de cervicales y de espalda, cefaleas, fatiga, insomnio e irritabilidad, entre otros. Lamentablemente, el cuerpo es el gran olvidado por un gran porcentaje de la población, pues la mayor parte del tiempo nos centramos en la mente y en sus preocupaciones. Solo en el momento que aparece algún dolor o tensión muscular, es cuando nuestra atención se focaliza en el cuerpo. Para no llegar a estos extremos, en que el dolor nos frena bruscamente, deberíamos empezar a darle un espacio y un tiempo a la conciencia corporal.

Los ejercicios de relajación y Mindfulness, realizados de forma continuada, nos conectan con el momento presente, lo que nos ayuda a tomar una mayor conciencia corporal y a reducir nuestra ansiedad. Una vez conectamos con el mensaje de nuestro cuerpo, también somos capaces de ir liberando la tensión acumulada en él. A continuación voy a exponer un ejercicio que puede ayudarnos a conectar con nuestro cuerpo y así liberarnos de tensiones, es el denominado como escaneo corporal.

Para realizar esta práctica, necesitarás ropa cómoda. Busca un lugar tranquilo, y asegúrate que nadie va a molestarte en la siguiente media hora. Puedes realizar este ejercicio tumbado o bien en posición sentada, con la espalda y hombros rectos.

1er paso. Toma conciencia de tu respiración y adopta un ritmo que te resulte cómodo. Una vez sientas que has conectado con tu respiración, empieza a tomar conciencia de tu cuerpo. El ejercicio se fundamenta en ir tensando y relajando diferentes grupos musculares. Durante el ejercicio, y sobre todo al principio cuando no tenemos mucha práctica, es normal que tu mente se distraiga con pensamientos. No te agobies, es normal, cuando eso pase, vuelve a focalizar la atención en tu respiración.

2º paso. Cierra tu puño derecho y siente la tensión muscular que se produce en esa zona. Al cabo  de unos cinco segundos abre el puño y suelta la tensión. Date cuenta de las sensaciones que se producen al liberar la tensión. Acompaña el ejercicio con la respiración de la siguiente forma. Inspira a la vez que cierras el puño, y expulsa el aire una vez liberes la tensión en el puño.

3er paso. Realiza este ejercicio de tensar y soltar la presión a lo largo de todo el cuerpo. Personalmente me gusta empezar por los pies, e ir subiendo a lo largo del cuerpo. Te he puesto el ejemplo del puño porque creo que es el más fácil de entender, pero tú decides la dirección a seguir.

4º paso. Una vez realizado el escaneo, céntrate en la zona abdominal. Pon tu mano derecha en el vientre, y tu mano izquierda en la zona del tórax. Nota como el aire entra y sale, subiendo y bajando tu vientre. Si por cualquier motivo te distraes, vuelve tu atención a la respiración.  Al cabo de unos minutos, toma conciencia de todo tu cuerpo en general. Si sientes que aún aparece alguna tensión en tu cuerpo, imagina el aire que entra como si fuese una energía blanca y purificadora. Lleva este aire hasta la zona de tensión. Cuando expires, imagina el aire como algo sucio que libera la tensión a medida que sale de tu cuerpo. Una vez  hayas liberado las tensiones, céntrate en tomar conciencia de tu cuerpo como una unidad. Siente el peso del cuerpo sobre la cama, o sobre el sillón donde estés sentado. Realiza unas cuantas respiraciones profundas desde esta sensación. Una vez hayas acabado, no te levantes rápidamente, hazlo de forma lenta y pausada, no tengas prisa.

Técnicas reducción de ansiedad


Una vez tengas práctica con este ejercicio, puedes saltar la parte de la tensión consciente, y centrarte en localizar las zonas de tensión que sientas en tu cuerpo. Utiliza la respiración como una herramienta para localizar y expulsar la tensión de tu cuerpo. Por norma general recomiendo hacer estos ejercicios con los ojos cerrados, para así ayudarte a conectar mejor con las sensaciones.

Espero que este ejercicio te ayude a reducir tus niveles de estrés y ansiedad. Debes recordar que los efectos beneficiosos de este tipo de ejercicios se obtienen con una práctica constante y periódica de ellos.

Si sientes que tus niveles de ansiedad son muy elevados, afectando a tu rutina diaria, lo recomendable es que en paralelo con estos ejercicios buscases ayuda terapéutica. La terapia puede ayudarte a identificar las causas de tu ansiedad, para que así puedas recuperar tu equilibrio emocional lo antes posible.

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El agotamiento por coronavirus

Agotamiento por covid. Después de más de un año de coronavirus, en muchos sectores de la población empieza a proliferar una sensación de fatiga por las circunstancias vividas. 

agotamiento por covid


Esta situación tan nueva, y singular a la vez, está caracterizada por distintos factores:

Novedad: nuestra sociedad no había vivido una experiencia como la actual en el pasado.

Incertidumbre: vivimos unas circunstancias inciertas, no solo respecto a saber qué pasará con el virus, sino también en otros ámbitos de nuestra vida como el laboral, el económico o el social.

Ambigüedad: las diferentes cepas del covid que van apareciendo, provocan que el propio patógeno sea ambiguo, y las circunstancias respecto a él sean cambiantes en el día a día.

Limitación: Desde el inicio de la pandemia hemos visto nuestros derechos limitados; toque de queda, confinamientos territoriales, prohibición de reuniones sociales, burbuja de convivencia o distancia de seguridad, entre los principales.

En el presente, el agotamiento por coronavirus está a la orden del día en un gran número de hogares de nuestro país. Este cansancio mantenido en el tiempo, es fruto de cambios radicales e inesperados, que han afectado y están afectando a diferentes sectores de nuestra vida. Una de las principales singularidades de este virus es el efecto generalizado que ha tenido en múltiples áreas, no solo a nivel personal, sino también a nivel social, laboral y económico.

El miedo a la enfermedad, la sensación de que no controlamos nuestra vida,  el aislamiento, la desmotivación, el aburrimiento, la desesperanza y la pérdida de derechos y libertades, son algunos de los principales factores que sustentan y favorecen la sensación de agotamiento entre la población. Así mismo, este agotamiento también está favoreciendo el empeoramiento de otras patologías, así como la debilitación del sistema inmunitario.

Con el tiempo, y con la salida de las vacunas, se ha producido una cierta estabilización de la situación. No obstante esto es ciertamente un espejismo, pues aunque la aparición de las vacunas parece que dará un respiro al sistema sanitario, la realidad es que nos queda un largo camino para llegar a una estabilización de la situación a nivel general. En ciertas áreas, como en el de la salud mental, la situación va a empeorar en el futuro, cuando los efectos de todo lo vivido se van a ir manifestando y extendiendo entre la población. Un ejemplo de ello es el mayor número de casos que actualmente ya se manifiestan en los institutos, con estudiantes que han empezado a sufrir problemas de ansiedad, angustia, pensamientos obsesivos o estados depresivos, entre otros.  Otro ejemplo es el considerable incremento en el consumo de fármacos relacionados con la ansiedad y la depresión en el último año, o el aumento en las tentativas de suicidios entre personas menores de 20 años.

Si quieres saber si sufres de agotamiento por covid, házte la pregunta de qué ha cambiado en ti en el último año. Mira a tu yo de antes del covid (2019) y a tu yo actual, y toma nota de cómo te sentías entonces y cómo te sientes actualmente.

Si encuentras que ahora te sientes más cansado/a de lo habitual, desmotivado/a, y percibes que los estados de melancolía, ansiedad, tristeza, rabia o desesperanza están presentes en tu día a día, entonces es probable que estés sufriendo de agotamiento emocional.

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Si te sientes identificado/a con estos síntomas, lo recomendable sería que pidieses ayuda para aprender a lidiar con estos estados. Si quieres más información de cómo puedo ayudarte, CLICA AQUÍ y te informaré sin compromiso.

A continuación te dejo algunas pautas que pueden ayudarte a gestionar esta difícil situación que estamos viviendo.

1. Aumenta la actividad física. Plantea una rutina diaria en la que reserves 30 minutos para practicar ejercicio físico. Los beneficios del ejercicio físico son múltiples; liberación de la tensión, oxigenación del organismo, liberación de endorfinas, mayor concentración o mejor descanso nocturno, entre otros.

2. Ocúpate, pero no te preocupes. La incertidumbre en la que vivimos actualmente, favorece a que nuestra mente esté más centrada en el futuro que en el presente. Cuando sientas que tu mente se focaliza en preocuparse por algo que aún no ha sucedido, pregúntate si en el presente puedes hacer algo para resolver esa preocupación. Si éste no es el caso, evita seguir preocupándote por algo sobre lo que no tienes el control. Toma conciencia de que por mucho que te preocupes, el futuro acabará llegando igualmente.

No me malinterpretéis, esto no significa no plantearnos objetivos y metas en el futuro, o bien no anticiparnos a hechos futuros, sino que debemos hacerlo en su justa medida, evitando rumiar sobre el tema una vez hayamos tomado una decisión.

3. Realiza prácticas para aumentar tu conciencia del presente. El cultivo de la conciencia plena, a través de prácticas como el Mindfulness, la meditación, o los ejercicios de respiración, te ayudarán a focalizar tu atención en el presente, evitando que tu mente se quede anclada en la preocupación sobre el futuro. Puedes practicar estos ejercicios de conciencia plena 10 minutos al levantarte o al acostarte, de forma diaria. A continuación te dejo un enlace con uno de estos ejercicios. CLICA AQUÍ.

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4. Cuida de tu dieta y de tu descanso. Aunque actualmente un porcentaje elevado de la población vive una situación difícil como consecuencia del coronavirus, esto no debe ser utilizado como una justificación para no cuidar de nuestra persona. En este sentido  es importante que mantengas los horarios de comidas, así como que cuides de tu dieta. Escoge alimentos naturales, por encima de los ultraprocesados, así como  aumenta la ingesta de verduras y frutas, pues te ayudarán a sentirte mejor. Otro elemento a tener en cuenta es que te asegures de obtener un buen descanso. Dormir las horas suficientes, y evitar prácticas como mirar el móvil antes de ir a dormir, facilitarán tu descanso.

5. Mantén el contacto social. La crisis del covid ha provocado un mayor aislamiento entre la población. El toque de queda, las burbujas de convivencia o el teletrabajo son factores que han favorecido a que tengamos menos contacto con amigos y familiares. Como seres sociales que somos, necesitamos del contacto con nuestros congéneres para una saludable salud mental. Por este motivo, procura mantener una comunicación frecuente con tus familiares y amigos. Una comunicación regular con tus personas cercanas te ayudará a reducir la sensación de soledad y aislamiento que puedas estar sintiendo.

6. Encuentra tu pasión y recupera aficiones del pasado. La crisis del covid ha supuesto grandes cambios, uno de ellos puede ser que hayas dejado de lado aficiones o hobbies que tenías en el pasado, pero que por la situación vivida no has podido practicar. Ahora acabado el estado de alarma y con la llegada del buen tiempo, puede ser un buen momento para reconectar con ellas. Así mismo, con la apertura progresiva a nivel social, puede ser un momento oportuno para que empieces una actividad nueva, que realmente te haga ilusión hacer. Realizar aquellas prácticas que nos generan satisfacción, permitiendo nuestra auto-realización es fundamental para nuestro crecimiento y bienestar.

7. Replantéate el futuro. Uno de los posibles beneficios del covid ha sido el paro prácticamente total al que nos hemos visto forzados. Este paro nos ha obligado a detenernos, a reducir la velocidad de una sociedad hiperactiva en la que vivíamos, para así darnos la oportunidad de mirar hacia nuestro interior. La situación provocada por el coronavirus nos ha permitido romper con nuestra tendencia de estar distraídos con multitud de estímulos externos, inmersos en una vorágine de hacer constante.  Sin duda, esta situación ha sido y es, una oportunidad para replantearnos como queremos vivir nuestra vida, y hacia donde queremos dirigirnos a partir de ahora. Aunque el coronavirus ha sido un duro golpe para muchos sectores económicos, afectando a un gran número de trabajadores, también es verdad que ha abierto nuevas oportunidades a personas que se han visto obligadas a reinventarse profesionalmente, quizás en una profesión o negocio más acorde con aquello que desean hacer en su vida, y que probablemente sin los efectos de la crisis no se habrían aventurado a hacer.

8. Cuida de tu diálogo interno. La gestión de nuestros pensamientos influye considerablemente en cómo nos sentimos. En consecuencia cuida de aquello que te dices a ti mismo/a.  Toma conciencia de aquellos pensamientos críticos, que te desvalorizan o limitan. Aunque no disponemos de la capacidad para controlar los pensamientos que aparecen en nuestra mente, sí podemos elegir como reaccionamos ante ellos. Cuando aceptamos el mensaje de nuestros pensamientos, sin ningún tipo de opinión crítica por nuestra parte, es muy probable que nos quedemos apegados a ellos, dando por sentado que nosotros somos nuestros pensamientos, y en consecuencia creyendo su mensaje. Cuando actuamos así, repitiéndonos una y otra vez frases como “yo no sirvo”, “no valgo”, “soy estúpido”…. perjudicamos nuestro equilibrio emocional, sintiéndonos no válidos, no aceptables o no merecedores de que nos pasen cosas buenas. Cuando empezamos a poner en tela de juicio nuestros pensamientos, y las creencias que los sustentan, favorecemos a que su impacto a nivel emocional sea menor, mejorando así también nuestra autoestima y nuestro bienestar personal.



9. Regula el tiempo de uso de las redes sociales y limita la cantidad de noticias que consumes. La actitud de los medios de comunicación ante la pandemia, alentando el miedo, ha favorecido al aumento de los trastornos de ansiedad entre la población. En este sentido, es importante que limites el consumo de noticias a un par de veces al día. De la misma forma, dosifica el acceso a internet, sobre todo cuando estés en casa. Procura dejar el móvil a una distancia, y focalízate en otras actividades como leer, ver una película o tocar un instrumento. Esta actitud de focalizar tu atención en una sola actividad te ayudará a reducir los niveles de ansiedad.

Si quieres leer más sobre los efectos del covid en la población, no te pierdas mi anterior artículo: “La ansiedad como efecto del covid”.

Leslie Beebe

Terapia Gestalt en Barcelona


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