Ansiedad y discurso interno


Ansiedad y discurso interno. Un factor que influencia como nos afecta la ansiedad es el discurso interno que mantenemos con nosotros mismos. Dependiendo de aquello que nos decimos, y la forma como lo hacemos, nuestros niveles de ansiedad pueden variar notablemente.

ANSIEDAD Y DISCURSO INTERNO


Cuando hablamos de ansiedad nos referimos a la proyección que nuestra mente hace de una amenaza futura. Ante este estado nuestro cuerpo se prepara para enfrentar el peligro, activándose todas las alarmas, como si realmente la amenaza fuese real y estuviese en nuestro presente. La ansiedad surge como un miedo desproporcionado ante un estímulo que únicamente se encuentra en nuestra mente.

A diferencia del miedo como emoción básica, el cual nos protege de un peligro real y actual, la ansiedad nos limita, al fundamentarse en una fantasía que elabora nuestra mente.  En palabras del desaparecido psiquiatra KurtGoldstein:  “El temor agudiza los sentidos, la ansiedad los paraliza”.

Metafóricamente la ansiedad sería como un fuego y nuestro diálogo interno la leña que lo alimenta. Si tiramos mucha leña al fuego, al final se convierte en un incendio de enormes proporciones que difícilmente podremos llegar a controlar. Por este motivo es muy importante que tomemos conciencia de cómo funciona nuestro diálogo interno, para así evitar que la ansiedad nos desborde.

Sin duda, aquellos mensajes que nos enviamos afectan la forma como nos sentimos, y en última instancia los sentimientos influyen en nuestras acciones.

La mente ansiosa se expresa a través de una diversidad de manifestaciones: pensamientos derrotistas, distorsiones cognitivas, miedos infundados, creencias limitantes y generalizaciones erróneas. Todas ellas contribuyen a que nuestros niveles de ansiedad aumenten, así como los síntomas físicos asociados a ella.

La mente ansiosa se caracteriza por los siguientes aspectos:

-          Una interpretación distorsionada de la realidad
-          Una atención selectiva
-          Las generalizaciones erróneas
-          La exageración de lo negativo
-          Un deseo por querer controlar el futuro
-          La intolerancia a la incertidumbre
-          La sensación de no ser capaz

Una interpretación distorsionada de la realidad. La persona que sufre de ansiedad percibe la realidad como un cúmulo de estímulos amenazantes, muchas veces realizando valoraciones del todo irracionales. Por ejemplo; un ruido en la noche será interpretado por la mente ansiosa como un ladrón que quiere entrar a robar.

Difícilmente la persona ansiosa encontrará un estado de paz y tranquilidad, pues su mente está en una búsqueda constante de peligros. Vivir en este estado de alerta, durante un largo periodo de tiempo, puede conllevar problemas a nivel físico y emocional, pues nuestro organismo no está diseñado para ello.

Una atención selectiva. La persona ansiosa centra su atención en todo aquello que interpreta como negativo, amenazante o que puede ocasionarle un daño. Raramente la persona se centrará en aspectos positivos, o que le puedan dar una seguridad. La mente ansiosa se vuelve muy selectiva, viendo siempre el vaso medio vacío, sin tener en cuenta aquellos aspectos valorables de una situación.

No hay duda de que todos miramos al futuro intentando prever problemas y evitarlos, sin embargo cuando la ansiedad nos invade siempre esperamos que algo desagradable acabe sucediendo. En estos casos empezamos a preocuparnos de forma desmedida sobre el futuro, cuando en realidad no tenemos fundamento para pensar así.

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Las generalizaciones erróneas. La mente ansiosa percibe la realidad como si de un detector de amenazas se tratase, llegando a conclusiones muy negativas sobre el entorno y sobre sí misma. Esta interpretación distorsionada de aquello que sucede en el entorno conduce a generalizaciones erróneas, en que un hecho aislado se convierte en una regla. Las generalizaciones resultan en un aumento de los niveles de ansiedad y perjudican la autoestima de la persona. Expresiones extremas son características de este tipo de pensamiento, expresándose a través de palabras como: “siempre”, “todos”, “nadie” o “nunca”.

La exageración de lo negativo. Cuando la ansiedad nos domina pensamos que las cosas son mucho peores de lo que realmente son, exagerando nuestros pensamientos negativos.

Un deseo por querer controlar el futuro. La mente de la persona ansiosa se encuentra siempre un paso más allá del presente actual. Su deseo es querer controlar un futuro incierto, bajo la falsa y utópica creencia que tener ese control le aportará tranquilidad. De esta forma la persona pierde la vivencia del momento presente, en favor de una fantasía futura y negativa que recrea en su cabeza.

La mente ansiosa vive en una constante preocupación por aquello que pasará, pues no sostiene la incertidumbre futura. Por este motivo cree que pensando llegará a dominar un futuro incierto e incontrolable. La mente ansiosa necesita una seguridad, y por este motivo busca desesperadamente protegerse de las amenazas futuras. Sin embargo estas amenazas son difusas, pues no existen en la realidad presente, y por tanto no es posible saber cómo protegerse de ellas, lo que aún provoca más ansiedad en la persona.

Si eres una persona con tendencia a la ansiedad, piensa que toda la energía y el tiempo que inviertes en querer controlar el futuro solo te conducirá a no poder disfrutar de tu presente.

La intolerancia a la incertidumbre. La persona ansiosa desearía tener su futuro previsible y controlado, en todos los aspectos, aunque quizás si lo consiguiese se daría cuenta que vivir se convertiría en algo bastante aburrido. La mente ansiosa no sostiene no conocer el futuro, pues eso le impide poder protegerse de las amenazas que imagina le esperan en el camino. La imposibilidad por saber aquello que está por venir es lo que provoca en la persona malestar, y en consecuencia que sus niveles de ansiedad aumenten.

La sensación de no ser capaz. La persona ansiosa no solo está en un estado de alerta constante ante posibles amenazas, sino que también vive acompañada de toda una serie de pensamientos negativos y creencias limitantes sobre sí misma.

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Una vez la persona fantasea sobre las amenazas futuras, también aparece una voz en su interior que le comunica que no va a ser capaz de enfrentarse a aquello que tanto teme, pues le dice que no posee las cualidades necesarias para hacer frente a esa amenaza.

Cuando la persona oye estos mensajes, los cree a pies juntillas y por tanto se siente incapaz de superar las amenazas futuras, dudando sobre su capacidad y aumentando más la preocupación y la ansiedad. Así mismo esta actitud supone que la persona acabe adoptando una actitud completamente pasiva al respecto, augurando solo resultados negativos y dejando de lado las posibles soluciones al problema; esta actitud se denomina como indefensión aprendida.

La indefensión aprendida comporta que finalmente la auto profecía que la persona elabora sobre su inaptitud e incapacidad para superar los obstáculos se acabe cumpliendo. De esta forma se ratifica su visión catastrofista del futuro, así como la idea de inutilidad por su parte. En estos casos suele ser común que la persona tome personalmente actitudes o comentarios del exterior para juzgarse duramente y culpabilizarse.

La indefensión aprendida deja a la persona en un estado pasivo y de no acción, lo que la conduce a la victimización y a la no responsabilidad sobre aquello que le está pasando. Estas actitudes derivan en comportamientos evitativos, así como a proyectar la responsabilidad propia en otras personas. En estos casos cualquier circunstancia o individuo serán los responsables que justifican la no acción para salir de esta situación de malestar.

Obviamente actitudes como la evitación y la procrastinación, propias de los estados de ansiedad y miedo, no solucionan el problema, sino que empeoran aún más la situación.

Si quieres saber cómo gestionar tu ansiedad, y lo más importante, aprender a vivir más tranquilo/a, la terapia puede ayudarte. Para más información sigue ESTE ENLACE o llama o whatsapp al 645 368 714.

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Las fobias de impulsión


Las fobias de impulsión. Seguro que en más de una ocasión a todos nos han pasado pensamientos por la cabeza relacionados con perder el control y hacernos daño, o hacer daño a alguien. Son pensamientos irracionales, a los que no damos una mayor importancia, olvidándonos rápidamente de ellos y enfocando nuestra atención en otro pensamiento.

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Todos tenemos pensamientos absurdos o inadecuados en algún momento, sin embargo la persona que sufre de fobias de impulsión vive este tipo de pensamientos de una forma angustiosa, al quedarse apegada a ellos. 

Denominamos como fobia de impulsión al miedo intenso que surge en una persona ante la posibilidad de poder perder el control y hacerse daño así misma, o bien dañar a los demás, normalmente a un familiar o ser querido.

En estos casos aunque la persona admite que son ideas irracionales, y que por tanto no desea tener este tipo de pensamientos, no puede evitar la imagen de verse a sí misma llevando a cabo aquello que más teme, angustiándose por si ocurriese en la realidad. Se calcula que más de un dos por ciento de la población sufre de estas fobias, sin embargo suele mantenerse en silencio, pues existe cierto tabú al respecto, al aparecer el miedo a ser juzgado negativamente por ello.

El miedo que sufren las madres primerizas que temen poder hacer daño a sus bebés, pensar en coger un cuchillo y hacer daño a nuestro hijo, subir a un lugar elevado y que surja el impulso de caer al vacío, el estar en el metro y pensar que nos podemos tirar a la vía...son algunos ejemplos de este tipo de pensamientos.

Las fobias de impulsión pueden ser síntomas de algún tipo de trastorno de ansiedad, como el trastorno de ansiedad generalizada (TAG) o el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), aunque también pueden aparecer de forma aislada, o como indicativo de un trastorno de personalidad. Sin embargo, no debemos asustarnos, pues en la mayoría de casos este tipo de pensamientos surgen como una señal de alarma ante un desequilibrio y una ineficiente gestión emocional.

Es importante qué si sentimos que este tipo de pensamientos se hacen presentes en nuestra vida, acudamos a un profesional médico para que realice un diagnóstico.

Los pensamientos relacionados con este tipo de fobias son pensamientos obsesivos que se caracterizan por ser: repetitivos, automáticos, involuntarios, intrusivos y que generan una gran ansiedad en la persona.

Los pensamientos intrusivos son aquellos que aparecen de forma involuntaria y automática. Este tipo de pensamientos suelen referirse a contenido que consideramos inmoral, inapropiado y con imágenes desagradables o violentas. Cuando nos quedamos enganchados a estas ideas, les estamos dando más fuerza, y de esta forma entramos en un bucle de pensamiento que nos genera angustia y malestar. En cambio si no les damos un mayor significado, estos pensamientos suelen desaparecer de forma natural.

En resumen podemos afirmar que el problema no está en el tema o el contenido de los pensamientos, sino en la importancia que le damos al quedar nuestra atención focalizada en ellos.

La persona que sufre de fobias de impulsión se asusta, pues no entiende como puede tener este tipo de pensamiento, ya que son de dudosa moralidad, al ir en contra de sus creencias y valores. Ante estos pensamientos la persona se prohíbe volver a pensar en ellos, rechazándose y culpabilizándose cuando estas ideas aparecen en su mente. Sin embargo esta actitud de resistencia solo conduce a focalizarse más en las ideas obsesivas, y a encerrarse más en el bucle pensamiento-ansiedad.

El pensamiento obsesivo se caracteriza por ser una interpretación irracional y no realista de nuestra mente, generando angustia y ansiedad. Cuando tenemos este tipo de pensamientos repetitivos e intrusivos, es normal adoptar toda una serie de respuestas evitativas de aquella situación que tanto tememos; por ejemplo si nuestro miedo es poder hacer una temeridad al volante, la conducta evitativa podría ser negarse a conducir.

Aunque existen rasgos de personalidad que pueden favorecer la aparición de las fobias de impulsión como son; una elevada autoexigencia, la hiperresponsabilidad, el perfeccionismo o la necesidad de control, es verdad que nadie está exempto de poder sufrir de este tipo de fobias.

A continuación voy a comentar unos aspectos que es importante conocer respecto a nuestros pensamientos, y que nos pueden ayudar a lidiar con las fobias de impulsión.

1. El tiempo que dedicamos a un determinado pensamiento no es proporcional a la posibilidad de que se convierta en realidad. Es decir, que como más pienses en algo que te perturba eso no significa que lo vayas a hacer, ni tampoco aumenta la posibilidad de que acabe sucediendo.

2. Los pensamientos e imágenes que hacen referencia a hacernos daño, o hacer daño a alguien son más habituales de lo que tú imaginas. No tengas miedo por ello ni te juzgues o culpabilices porque éstos aparezcan en tu mente, piensa que no tenemos el control sobre aquello que pensamos.

3. Los pensamientos no reflejan una realidad, simplemente son imágenes en nuestra mente, es decir que el simple hecho de pensar no significa que vayan a convertirse en realidad. Toma conciencia que no puedes controlar aquellos pensamientos que emergen en tu conciencia, pero sí la importancia que tú les das, así como la forma que tienes de reaccionar ante ellos.

4. Cuando queremos eliminar un pensamiento, paradójicamente lo que conseguimos es que aparezca con mayor frecuencia. No podemos controlar lo que pensamos, ni eliminar aquellos pensamientos que juzgamos como no aceptables. Esta actitud de rechazo conduce a alimentar más la ansiedad que va asociada a este pensamiento, generándose un círculo vicioso del que es difícil salir.

En consecuencia es recomendable que adoptes una actitud de aceptación de tus pensamientos, la resistencia o la lucha ante ellos solo te conducirá a alimentar más tus síntomas ansiosos, y por tanto a sentirte más frustrado.

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5. Toma conciencia que tú como persona eres mucho más que el contenido de tus pensamientos. En este sentido dale a tus pensamientos la justa importancia, pero no más. Tampoco debes creer a pies juntillas todo aquello que te dices, pues muchas veces estás equivocado. Piensa que tus pensamientos no te definen, en cambio tus acciones sí.

6. No escondas este tipo de pensamiento. Tampoco es aconsejable que vayas explicando lo que te pasa a todo el mundo, pero sí a una o dos personas de confianza, con las que te sientas a gusto y seguro de poder hablar sobre tus miedos. Déjate ayudar en ese sentido.

7. Es importante que seas consciente del estado emocional en el que te encuentras, para de esta forma entender que este tipo de pensamientos suele tener su origen en un desequilibrio emocional. Debes evitar hacer interpretaciones irreales y catastrofistas, como que quizás padeces de una enfermedad mental grave, o bien que sufres de tendencias suicidas, pues no suele ser el caso.

8. No evites situaciones ni lugares como consecuencia de tus miedos. Cuando adoptas una actitud de huida lo que estás haciendo es darle veracidad a tus pensamientos obsesivos, así como también perjudicar tu autoestima y la confianza en ti mismo, al no sentirte capaz de enfrentarte a tus miedos. Así pues, es recomendable que sigas con tu vida normal, para que los miedos no te paralicen ni limiten.

9. Pide ayuda. Hay mecanismos psicológicos que se instalan en nosotros a base de repetir patrones de funcionamiento y de relación que no nos son saludables. Si tus miedos limitan tu vida, pide ayuda. La terapia puede enseñarte a gestionar tus miedos y ayudarte a superar tus fobias limitantes.

10. Cuídate a ti mismo. En ocasiones los pensamientos obsesivos surgen como un síntoma de que no estamos cuidando de nuestra persona y de nuestras necesidades. Es por este motivo que debes empezar a centrarte en ti, cuidando tu calidad de vida. En este sentido es recomendable que practiques ejercicio físico, lleves unos hábitos de alimentación y sueño saludables, y realices actividades de ocio gratificantes, entre otros.

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11.Debes tener en cuenta que las fobias de impulsión nunca se llevan a cabo, pues la persona nunca pierde la coherencia ante la lógica, haciendo algo que vaya en contra de su voluntad. La fobia es simplemente el miedo intenso ante la posibilidad de poder llegar a hacerlo. Las fobias de impulsión se relacionan con trastornos de ansiedad, pero no con enfermedades en que uno pueda perder el sentido de la realidad, como la psicosis.

Las fobias de impulsión siempre requieren por un lado de un diagnóstico clínico, en el cual puede ser necesario un tratamiento farmacológico, y por otro lado un proceso terapéutico, que permita recuperar el bienestar y equilibrio emocional.

Si estás interesado/a en conocer como la terapia puede ayudarte, sigue ESTE ENLACE, o bien llama o whatsapp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

Si deseas conocer más sobre los trastornos de ansiedad, aquí te dejo otros artículos sobre el tema.




Leslie Beebe
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El síndrome postvacacional


El síndrome postvacacional. Llega septiembre y eso es sinónimo de vuelta al trabajo para la mayoría de nosotros. Después de unas semanas de descanso, sin horarios ni presiones laborales, toca volver a la rutina y a las responsabilidades del día a día. Este hecho puede conducir al denominado síndrome postvacacional. Se estima que en España más del 40% de los trabajadores sufrirá en mayor o menor medida este trastorno.

Síndrome postvacacional

El síndrome postvacacional no es una patología sino un trastorno adaptativo caracterizado por la aparición de sentimientos como la melancolía y la irritabilidad, así como síntomas físicos como el cansancio, la ansiedad o la angustia, los cuales aparecen como una resistencia psicológica a tener que adaptarse de nuevo a la vida laboral, y a las responsabilidades que ésta comporta.

Las personas menos resilientes, y que tienen una menor tolerancia a la frustración, los que disfrutan de largos periodos vacacionales, o las personas que trabajan en un entorno laboral conflictivo, son las más susceptibles de sufrir este síndrome.

Entre los principales síntomas del síndrome postvacacional destacan; la apatía, la falta de energía, el nerviosismo, el estrés, la dificultad para conciliar el sueño, la falta de apetito o la tristeza, entre otros. La duración del síndrome postvacacional es de una a tres semanas, aproximadamente. En caso de que los síntomas persistan después de este periodo sería aconsejable acudir a un profesional médico.

La mejor opción para combatir el síndrome postvacacional es prevenir su aparición. Con esta finalidad, seguidamente os presento algunos consejos que pueden resultaros útiles:

1.  Seguramente que durante las vacaciones hemos variado nuestros horarios, por este motivo es recomendable regular nuestro biorritmo al de la vida diaria. En este sentido es importante que días antes de la finalización de las vacaciones empecemos a fijar nuestros horarios; por ejemplo ir adelantando la hora de acostarnos y la de levantarnos una semana antes. De esta forma la incorporación al horario laboral no nos costará tanto.

2. Si se tiene la posibilidad, es preferible no incorporarse al trabajo un lunes; así la semana será más corta y el paso de la inactividad a la actividad laboral se producirá de forma progresiva.

3. Cuando volvemos de vacaciones lo hacemos con las pilas cargadas, con nuevas energías. En consecuencia sería aconsejable utilizar esa energía para proponernos nuevos retos y desafíos, ya sea en el ámbito laboral o fuera de él.

4. Es recomendable no volver de vacaciones justo el día anterior a la vuelta al trabajo, sino varios días antes. Esto nos permite prepararnos física y mentalmente ante la idea de volver a la actividad laboral.

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Lo importante para evitar caer en síndrome postvacacional es hacer que el paso de las vacaciones a la vida laboral sea lo menos brusco posible, afrontando con la mejor de las actitudes la desmotivación que supone volver a la realidad.

Una vez reiniciamos la actividad laboral, sería aconsejable seguir unas pautas de readaptación al trabajo y a la rutina diaria. Seguidamente os comento algunas de ellas:

1. Empieza de forma gradual con la intensidad del trabajo; priorizar y delegar tareas puede ser muy recomendable en los primeros días de trabajo, para así no saturarte a las primeras de cambio. Es importante que no quieras trabajar al 100% desde el primer día, sino que lo hagas de forma progresiva.

2. No te lleves trabajo a casa y encuentra actividades para desconectar. Es habitual que durante las vacaciones hayamos dedicado más tiempo a actividades de ocio, por ejemplo practicar ejercicio físico. En este sentido sería recomendable que no dejases estas actividades de golpe, sino que las puedas compaginar con la rutina laboral. También sería aconsejable mantener estas actividades a lo largo del año.

3. La reincorporación al trabajo significa el inicio de una nueva etapa. Podemos aprovechar este comienzo para plantearnos nuevas actividades, algunas de ellas pueden estar relacionadas con el cuidado físico y emocional de nuestra persona, como el yoga o la meditación entre otras.

4. Acepta que los primeros días quizás te cueste dormir, o estés más nervioso de lo habitual; es completamente normal ante la idea de tener que volver al trabajo. No somos máquinas, y debemos tener en cuenta que el cuerpo necesita de un tiempo de adaptación para volver a la rutina. Date permiso para estar así, no te juzgues ni culpabilices por ello. Forzarte a tener que estar bien solo te conducirá a sentirte peor y a estar más ansioso.

5. Racionaliza el uso del móvil y de las nuevas tecnologías. Evita utilizar el móvil para temas de trabajo, como contestar mails, una vez acabes tu jornada laboral. Prueba a dejar el móvil en casa y sal a dar un paseo sin él, simplemente siendo consciente del presente y de aquello que te rodea.

6. De la misma forma, evita que lo primero que hagas por la mañana sea mirar el móvil. La alarma del despertador ya nos pone en alerta, al sacarnos de golpe de nuestro apacible sueño, si a esto se le añade los estímulos que recibimos a través del móvil (mensajes, correos, imágenes…), todo ello contribuye a que empecemos el día con un mayor nerviosismo.

7. Racionaliza el consumo de café o te y las bebidas excitantes. Evita tomar este tipo de bebidas antes de ir a dormir. Si tomas café por la mañana mejor que esperes un par de horas a tomártelo después de levantarte. El motivo es que el consumo de café provoca que el cuerpo genere cortisol. El cortisol es una hormona que el cuerpo produce de forma natural durante las primeras horas del día. Tomar café cuando los niveles de cortisol en el cuerpo son elevados nos provoca un aumento del estrés.

8. No te levantes con el tiempo justo. Ir a contra reloj provoca que tengamos la sensación que no llegamos a todo aquello que tenemos que hacer, generándonos estrés de buena mañana. La vuelta al trabajo puede ser un punto de inflexión para cambiar estos patrones de funcionamiento. Prueba irte a dormir y levantarte diez minutos antes de lo que estás acostumbrado/a y verás la diferencia.

9. Un remedio muy eficiente para estos primeros días de vuelta al trabajo, caracterizados por un mayor nivel de estrés, es el ejercicio físico. Si no encuentras momentos durante el día para practicar deporte, puedes probar a ir al trabajo a pie, o si eso no es posible, al menos hacer una parte del trayecto a pie. Caminar de buena mañana te ayudará a oxigenarte, a la vez que tu cuerpo y tu mente se van despertando, reduciendo tus niveles de estrés y nerviosismo característicos de estos días.

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10. Limita en lo posible el consumo de psicofármacos para calmar la ansiedad y la dificultad para dormir de estos primeros días. Antes de consumirlos, deberías consultar con el médico, para que te de la pauta correcta para tomarlos.

Espero que estas recomendaciones te ayuden a enfrentar la vuelta al trabajo de la mejor forma posible, sin embargo si el malestar se alarga en el tiempo, perjudicando tu vida personal y laboral, sería recomendable que pidieses ayuda profesional.

La terapia puede facilitarte la reincorporación al trabajo, así como ver si existe alguna otra causa detrás de los síntomas del síndrome postvacacional.

Si quieres más información sobre la terapia, sigue ESTE ENLACE o si lo prefieres llama o whatsapp al 645 368 714 y te informaré sin compromiso.

Si quieres conocer más sobre el síndrome postvacacional, te dejo con otros de mis artículos sobre el tema:




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Sobre las benzodiacepinas


Sobre las benzodiacepinas (BZD). Un gran porcentaje de personas que acuden a terapia se encuentran bajo tratamiento farmacológico. Las medicaciones más comunes prescritas entre los clientes son los ansiolíticos (benzodiacepinas) y los antidepresivos (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina).
Sobre las benzodiacepinas


Socialmente existe cierta mala fama respecto a los ansiolíticos, también denominados benzodiacepinas (BZD), por su carácter adictivo y la teórica dificultad que presenta dejar este tipo de medicación, lo que puede conducir a sufrir de abstinencia. No obstante, en este artículo quiero responder a toda una serie de preguntas sobre este tipo de medicación, pues en mi opinión a nivel general existe cierta desinformación al respecto.

Antes de empezar, quiero dejar claro que yo no soy profesional médico, por tanto las respuestas a las siguientes preguntas no quieren establecer ningún precedente, son simplemente opiniones personales, procedentes de mi experiencia como consumidor de este tipo de fármaco en el pasado, así como las conclusiones obtenidas a partir de las sesiones de terapia, con personas que han sido o son consumidoras de BZD.

¿Debo tomar medicación para la ansiedad?

Esta es una pregunta que a veces me hacen los clientes que acuden a terapia. Yo siempre contesto lo mismo, no está en mi mano juzgar eso, pues no soy médico ni tampoco psiquiatra. Siempre recomiendo a mis clientes que sufren de síntomas de ansiedad que vayan al médico, para así recibir el diagnóstico oportuno. Una vez obtenido el diagnóstico, puede ser que les sea recetado algún tipo de medicación al respecto, la cúal deberán tomar.

A partir de este momento es cuando la función del terapeuta tiene un sentido. Mientras que la medicación prescrita trabajará con los síntomas de la ansiedad, y ayudará a la persona a estar más calmada, la terapia le facilitará el camino para conocer las causas que han motivado ese estado. A partir de esta toma de conciencia, la persona aprenderá a gestionar su ansiedad de una forma diferente y más saludable.

No siempre la medicación es necesaria, no obstante muchas veces actúa como una muleta que ayuda a la persona no solo a estar más tranquila, sino también a poder involucrarse en el proceso de terapia. Si los niveles de ansiedad son muy elevados, la eficacia de la terapia baja notablemente, pues la persona no está ni física ni cognitivamente en condiciones para seguir un proceso terapéutico.

¿Para qué sirven las BZD?

Las benzodiacepinas (BZD) es un grupo de fármacos utilizados en el tratamiento de la ansiedad y el insomnio, principalmente. En el siglo pasado sustituyeron de forma progresiva a los famosos barbitúricos, por aportar mayores beneficios y menores riesgos que éstos.

Las BZD presentan diferentes grupos, no obstante los principales son dos: los ansiolíticos (como puede ser lorazepam, alprazolam, diazepam, bromazepam…) y los hipnóticos (como el loprazolam y el lormetazepam). Las BZD se consideran medicaciones muy eficaces en el tratamiento de 4 aspectos:

1. Son muy eficaces para reducir los síntomas físicos derivados de la ansiedad como puede ser: palpitaciones, presión en el pecho, nudo en el estómago, tensión muscular, sensación de ahogo…

2. Son medicaciones que ayudan de forma casi inmediata a reducir los síntomas que aparecen en momentos de ansiedad elevada, como puede ser al haber sufrido un ataque de pánico. También ayudan en situaciones críticas, en que estamos viviendo momentos muy tensos y sentimos que ya no podemos más, que vamos a estallar. En estos casos el ansiolítico nos ayuda a no desbordarnos emocionalmente, para así poder lidiar con la situación que nos ocupa.

3. Son favorecedores del sueño, sobre todo las BZD del grupo hipnótico. Este tipo de medicaciones pueden asegurar de 6 a 8 horas de sueño.

4. Son buenos relajantes musculares.

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¿Para qué no sirven?

Uno de los principales problemas con este tipo de medicación es su mala utilización por parte de quién las consume, por ejemplo cuando se toman para tratar síntomas ante los cuáles las BZD son ineficaces, o bien al consumirse como si de una aspirina se tratase, sin una pauta para tomarlas y sin supervisión médica. Un ejemplo de una toma incorrecta lo tenemos en personas que desean eliminar sus ideas de miedo y pensamientos obsesivos con los ansiolíticos. Para este tipo de síntomas las BZD resultan ineficaces, siendo efectivas para tratar los síntomas físicos asociados al miedo, pero no el miedo en sí.

¿Durante cuanto tiempo debo tomarlas?

La frecuencia, la dosis y el tiempo de toma de este tipo de medicación vendrá prescrito por el facultativo médico. Por norma general no se aconseja tomarlas más allá de las 12 semanas, y será el médico quien lo evalúe periódicamente. Sin embargo existen casos en que este tipo de medicaciones se mantienen a largo plazo. En la actualidad, y para evitar el riesgo de dependencia, los profesionales médicos suelen tratar los estados de ansiedad a más largo plazo con antidepresivos, que también tienen características ansiolíticas, y constituyen un tratamiento más seguro a largo plazo.

¿Las BZD pierden eficacia con el tiempo?

Una de las principales creencias es que las BZD pierden eficacia con el tiempo, cuando realmente no es así. Ante una determinada intensidad del síntoma, siempre valdrá la misma dosis. No obstante si aparecen más estresantes externos (cosa que puede pasar si los problemas de ansiedad no son tratados en terapia), no tendremos suficiente con la dosis recetada. Por tanto no es que la medicación pierda eficacia, sino que aumenta la intensidad del síntoma estresante.

¿Puedo llegar a engancharme?

La respuesta es que sí, las BZD son medicaciones que pueden generar adicción. No obstante quiero puntualizar un par de aspectos al respecto. En primer lugar todos somos susceptibles de engancharnos a aquello que nos genera una relajación brusca o una alegría súbita, como puede ser el alcohol, las drogas, el juego o las propias BZD, sin embargo no es lo más común, siendo un pequeño porcentaje de la población el que es susceptible de caer en la dependencia. Un símil podría ser el vino, todos podemos beber vino de vez en cuando, sin embargo los consumidores de este producto que se vuelven dependientes son una minoría.

Así mismo es cierto que existen algunos patrones de personalidad más susceptibles a engancharse como pueden ser aquellas personas que son muy inseguras, las que presentan una muy baja tolerancia a estar enfermas, o bien personas con una elevada impulsividad, aunque estos factores tampoco son determinantes.

No obstante, los profesionales médicos siempre tienen mucha cura a la hora de recetar este tipo de medicación, pues la posibilidad de dependencia existe. Es por este motivo que suelen ser medicaciones que se prescriben en el corto-medio plazo, sustituyéndolas con el tiempo por otras como los antidepresivos, o los productos naturales, los cuales no presentan este riesgo.

En segundo lugar las BZD no gozan de buena fama, pues se prescriben para el tratamiento de las drogadicciones, como la dependencia a la heroína. En estos casos el proceso de desintoxicación provoca un mono que se manifiesta a través de estados elevados de ansiedad, por este motivo se recetan este tipo de fármacos.

Considerando estos factores, no podemos considerar que exista un riesgo muy elevado de adicción de la población a estas sustancias, pues aunque posible, no es lo más probable que acabe sucediendo, siempre teniendo en cuenta que las benzodiacepinas sean tomadas correctamente, según las pautas médicas indicadas.

¿Podré dejar de tomarlas?

La persona que está tomando BZD puntualmente, digamos por un periodo no superior a un mes, debido a una situación estresante, ya sea de trabajo, personal o familiar, seguramente no tendrá ningún problema en dejar de tomar este tipo de medicación. No obstante es muy importante considerar que son medicaciones que deben abandonarse de forma progresiva, y nunca de golpe, sobre todo cuando las dosis diarias son elevadas.

Aunque actualmente la tendencia es no recetar este tipo de medicaciones a largo plazo, la realidad es que muchas personas mantienen este tipo de medicación de forma crónica. En estos casos es importante tener en cuenta que las BZD no curan la ansiedad y los síntomas asociados, simplemente los mantienen a raya. Para conocer aquello que motiva los síntomas de ansiedad es muy importante acudir a terapia, solo de esta forma podremos conocer aquello que se esconde detrás de los síntomas ansiosos. Una vez tratemos la causa de la ansiedad en las sesiones, los síntomas físicos irán desapareciendo por sí solos.

Si la ansiedad es tratada en terapia, el abandono de este tipo de medicación en el futuro, (siempre de forma progresiva como hemos dicho), no suele suponer ningún problema para la persona.
Como cualquier tipo de medicación, cuando las BZD son tomadas durante largos periodos de tiempo aumentan la posibilidad de padecer otros problemas de salud. Algunos estudios relacionan la toma de BZD con una mayor posibilidad de sufrir problemas de demencia e incluso alzhéimer en el futuro.

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¿Tienen efectos secundarios?

Cuando las BZD son tomadas de forma responsable y según las pautas médicas, no suelen aparecer efectos secundarios. En ocasiones puede ser que dependiendo de la persona y su tolerancia a este tipo de medicación, al iniciarse el tratamiento pueda sentirse más cansado o con sueño, por lo que el médico deberá ajustar la dosis según crea conveniente.  

¿Las BZD producen mono o abstinencia?

La aparición de abstinencia suele presentarse cuando las dosis diarias son elevadas, así como si se deja la medicación de golpe. Si no se dan estos casos, la probabilidad de sufrir mono cuando se abandona la medicación es muy baja. Algunos de los síntomas que aparecen por abstinencia son excitación, exceso de sudoración, falta de gusto y convulsiones, entre otras.

¿Pueden mezclarse las BZD con el alcohol o el café?

Como la gran mayoría de medicaciones, no es aconsejable mezclar BZD con alcohol. Aunque en los dos casos tienen un efecto sedante que puede inducir al sueño, si se consumen grandes cantidades pueden tener efectos secundarios indeseables como periodos de amnesia, lagunas mentales o blackouts. Cuando la toma de ambos se hace de forma irresponsable puede derivar en problemas de adicción, por lo que es muy común en los centros de desintoxicación encontrar personas dependientes a las dos sustancias.

Respecto al café en principio no es incompatible con las BZD, pues el café es un estimulante que nos despeja y activa, por tanto no tendría porqué provocarnos síntomas de ansiedad. Sin embargo hay personas sensibles a la cafeína, por lo que en estos casos se desaconseja, pues pueden aparecer síntomas asociados a la ansiedad como alteración del ritmo cardíaco, temblores o inquietud. 
Obviamente si los problemas de ansiedad comprenden dificultad para conciliar el sueño o dormir bien, en estos casos el café y los productos con cafeína se desaconsejan totalmente.

En resumen, las benzodiacepinas se presentan como una medicación muy eficaz ante los trastornos de ansiedad. En comparación con otras medicaciones como los antidepresivos o los antipsicóticos, que tienen un efecto más a largo plazo, los ansiolíticos tienen un efecto inmediato (de 20 a 30 minutos una vez tomados y hasta 12 horas de efecto), por lo que resulta fácil y rápido cambiar la dosis, o el tipo de ansiolítico, si no se obtienen los resultados esperados.

Actualmente, el principal problema con este tipo de medicación es la utilización incorrecta que hacemos de las benzodiacepinas. En la mayoría de hogares de nuestro país encontramos ansiolíticos, los cuáles muchas veces son tomados de forma irresponsable, sin receta ni supervisión médica; este factor aumenta el riesgo de dependencia. Así mismo, muchas veces estamos tomando ansiolíticos cuando la medicación debería ser otra, e incluso existen casos en que ni siquiera sería necesaria medicación para aquello que nos sucede, siendo suficiente tomar algún remedio natural, realizar ejercicio físico o acudir a sesiones de psicoterapia para sentirnos mejor.

Si actualmente tienes síntomas de ansiedad, el primer paso es ir a tu médico, él te guiará y aconsejará al respecto. Nunca te auto mediques, recuerda que la medicación debe estar siempre supervisada por el profesional médico, y más en el caso de los ansiolíticos.

Si necesitas ayuda terapéutica con tus problemas de ansiedad, te puedo ayudar. Para más información SIGUE ESTE ENLACE.

Si quieres conocer más sobre los trastornos de ansiedad, aquí te dejo con otros artículos sobre el tema:
Leslie Beebe

Taller de Tarot Terapéutico


El Tarot terapéutico, también denominado psicotarot o tarot evolutivo, es un abordaje de las cartas del tarot desde un enfoque psicoterapéutico. Este tipo de tarot se caracteriza por ser una poderosa herramienta de autoconocimiento y toma de conciencia personal. Las cartas son una vía de conocimiento para acceder a aquellas partes de nuestro inconsciente a las cuáles nuestra conciencia ordinaria no puede llegar. En este sentido las cartas nos ayudan a contactar con aquello no resuelto en nosotros, para que de esta forma podamos darle solución.



Si actualmente estás pasando por una época de crisis en tu vida, te sientes perdido/a, o bien tienes preguntas sin respuesta, éste es tu taller. Las cartas del tarot te ayudarán a clarificar tu presente y te aportarán orientación sobre qué camino tomar en el futuro.

El taller de tarot terapéutico es un espacio de 4 horas durante las cuales conocerás las principales cartas del tarot y encontrarás respuestas a tus preguntas. A través de diferentes ejercicios individuales y grupales, iremos desvelando el mensaje que las cartas guardan para ti.

Es recomendable llevar ropa cómoda para el taller y un cuaderno para tomar notas.


Próxima edición del taller: Sábado 28 de Septiembre de 10:00 a 14:00 horas

Lugar: L’Espai Viu. Carrer Muntaner 45 3er 1ª Barcelona

Aportación: 30 euros

Imparte: Leslie Beebe. Psicoterapeuta Gestalt, Life Coach y Experto Universitario en Inteligencia Emocional. Formado en psicotarot.

Inscripciones y preguntas: 645 368 714 (llamada o whatsapp).



Leslie Beebe
Terapia y Coaching Personal Barcelona
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La agorafobia


La agorafobia. La agorafobia es un trastorno de ansiedad que se caracteriza por un intenso miedo a lugares o situaciones en que la persona cree que no va a tener salida, por lo que teme quedar atrapada, y en consecuencia sufrir una crisis de ansiedad. Con frecuencia la agorafobia está relacionada con haber sufrido de una o más crisis de pánico en el pasado, y la ansiedad anticipatoria que se deriva de este tipo de trastornos.

LA AGORAFOBIA

Después de haber pasado por una experiencia traumática como es una crisis de pánico, la persona empieza a sentir una angustia muy grande ante la simple idea de tener que enfrentarse a situaciones, o lugares en los cuales cree puede repetirse una crisis de ansiedad. De esta forma la persona vive su día a día con miedo a que vuelva a repetirse una experiencia de este tipo, es la denominada ansiedad anticipatoria. A partir de este estado ansioso es cuando puede desarrollarse la agorafobia.

El término agorafobia fue utilizado por primera vez por el neurólogo Karl Westphal, en el siglo XIX. Él lo usó para describir el miedo que experimentaban algunos de sus pacientes cuando estaban en lugares públicos. Este neurólogo empleó la palabra ágora que era la plaza abierta de las ciudades-estado en Grecia, donde se desarrollaba la vida comercial y política. Así como fobia que deriva de la palabra griega phobos” que es miedo.

Etimológicamente identificamos esta fobia con el miedo a los espacios abiertos, no obstante en psicología no debemos confundir la agorafobia con la fobia a los espacios abiertos, pues no es lo mismo. La fobia a los espacios abiertos es el miedo que aparece ante la idea de caer, o el miedo a los espacios abiertos donde no existe un apoyo donde agarrarse. Sin embargo la agorafobia describe la angustia que se experimenta cuando tenemos que enfrentarnos a lugares o situaciones en los que creemos que sería difícil escapar, o bien obtener ayuda, si sufriésemos de una crisis de ansiedad.

Algunos de los lugares y situaciones más comunes que la persona con agorafobia teme, y por tanto desea evitar son; viajar en avión o en autobús, permanecer en un espacio cerrado como el cine o el teatro, hacer colas, subir en un ascensor, o ir a un lugar concurrido de gente como un mercado.

Los síntomas relacionados con la agorafobia son comunes a otros tipos de trastornos de ansiedad. A nivel físico destaca: frecuencia cardíaca acelerada, sensación de ahogo, presión en el pecho, mareos, sudoración, molestias estomacales, náuseas, entumecimiento y hormigueo, entre los principales.

A nivel cognitivo la persona siente un intenso miedo a salir de su zona de confort para enfrentarse a un gran número de situaciones y lugares externos, susceptibles de generarle una nueva crisis de ansiedad. Aparecen miedos muy intensos como el miedo a morir, el miedo a volverse loco, la manifestación de la despersonalización (uno tiene dificultad en reconocerse), o la sensación de irrealidad.

A nivel de comportamiento la persona adopta una actitud de evitación y huida de lugares concurridos con gente, espacios cerrados o medios de transporte.

TERAPIA AGORAFOBIA
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¿Cómo enfrentarse a la agorafobia?. En primer lugar, si sentimos que podemos estar sufriendo de este trastorno, el primer paso es ir a nuestro médico, él nos guiará y efectuará el diagnóstico oportuno. Dependiendo del diagnóstico, se facilitará a la persona un tratamiento farmacológico, que aunque ayudará a tratar los síntomas, no eliminará el trastorno. En segundo lugar, es fundamental buscar acompañamiento terapéutico. 

La psicoterapia ayudará a la persona en tres facetas; la primera es a deshacerse de toda una serie de creencias irracionales y patrones de funcionamiento no saludables. La terapia facilitará que la persona cambie estos patrones caducos por otros de más saludables y funcionales, rompiendo la limitación que supone la agorafobia en la vida de la persona.

La segunda faceta es encontrar la fuente que originó los problemas de ansiedad, para que así la persona comprenda ese origen. Debemos recordar que la ansiedad es un síntoma, un mensaje que nuestro cuerpo nos envía de que hay algo que no acaba de funcionar en nuestra vida, y por tanto nos urge a tomar acción. El origen de la ansiedad puede ser muy variado, dependiendo de cada persona, sin embargo en un gran número de ocasiones se encuentra vinculado a aspectos que tienen que ver con la inteligencia emocional y la forma como gestionamos nuestra vida y nuestras emociones.

La tercera vía que puede aportar la terapia ante los trastornos de ansiedad es dar a la persona que sufre de agorafobia toda una serie de herramientas para enfrentar las situaciones de angustia, como pueden ser las técnicas de relajación.

Un punto importante a destacar cuando hablamos de agorafobia, así como también de otros trastornos de ansiedad, es que la tendencia a evadir y eludir aquellas circunstancias que la persona teme, únicamente conducen a sentirse cada vez más limitado y angustiado con el problema. Es decir, que la huida no solo aplaza la solución del problema en el tiempo, sino que también lo empeora. La única forma de superar estos miedos es a través de un progresivo enfrentamiento de las limitaciones que la agorafobia provoca. Con la ayuda terapéutica, y también farmacológica cuando sea necesaria, la persona será capaz de superar este trastorno.

Para terminar quiero comentar que la agorafobia limita seriamente la vida de la persona que la sufre, generando también en ella una sensación de incapacidad e inutilidad, que afecta muy negativamente aspectos como la autoestima y la autoconfianza. Por este motivo, si no se trata el problema puede derivar en un trastorno depresivo. En consecuencia es importante que este trastorno sea diagnosticado y tratado con la mayor brevedad posible, ante la aparición de los primeros síntomas.

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Si has sido diagnosticado de agorafobia, o de algún otro trastorno de ansiedad, la terapia es fundamental para superarlos. Si quieres más información sobre como la terapia puede ayudarte, sigue ESTE ENLACE o bien llama o whatsapp al 645 368 714.

Si quieres saber más sobre la agorafobia, o sobre los trastornos de ansiedad, aquí te dejo con otros de mis artículos.


Leslie Beebe


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