Los celos en la pareja

Los celos en la pareja. Uno de las temáticas que suele aparecer con más frecuencia en las sesiones de terapia de pareja son los celos. Los celos toman diferentes formas y manifestaciones, según la persona y el sistema relacional que se establezca con la pareja. No obstante, y según mi experiencia en terapia, he podido constatar unas ideas preconcebidas, y a la vez erróneas, que influyen en que los celos se conviertan en un serio problema para la relación.

Los celos en pareja


Antes de empezar a hablar sobre estas ideas, quiero mencionar un par de premisas a tener en cuenta cuando hablamos de celos.
 

La primera es que los celos son naturales en el ser humano, parten de nuestro instinto de autoprotección. Pongamos como ejemplo los celos que siente un niño ante la llegada de un hermano. El miedo que tiene este niño a perder el amor y la atención de los padres, hace emerger en él los celos. Es una reacción visceral y a la vez muy humana de supervivencia. Como los padres van a gestionar este tema, es material para otro artículo.

Los celos en los adultos no obstante, son harina de otro costal, y como tal, pueden acabar complicándose de tal forma que se conviertan en una pesadilla para quien los padece y para su pareja; es lo que denominamos como celos patológicos.

La segunda premisa es que como humanos, no somos perfectos, todos llevamos nuestra herida de ser. Esta herida parte de una visión de carencia, es decir que algo nos falta para estar completos; es una falta de conexión con el amor. Para compensar esta sensación, aparece nuestro ego para tapar esa herida. Los celos son una de las diversas reacciones del ego ante nuestra herida de ser. De esta forma buscamos fuera lo que creemos es la cura para nuestro malestar, cuando realmente la sanación de nuestra herida se encuentra en nosotros mismos.

Un ejemplo es cuando buscamos en la pareja aquello que no nos damos a nosotros mismos, como la aprobación o la valoración de nuestra persona. Según el Eneagrama, un sistema dinámico que nos permite comprender los diferentes tipos de personalidad, los seres humanos partimos de una de estas tres heridas básicas; autoconfianza, autoestima y autoafirmación. Según el tipo de herida nos encontramos con un tipo de personalidad u otro.

Autoconfianza. La herida se fundamenta en el miedo a la vida, a creer que no se dispone de los recursos necesarios para poder enfrentarse a ella.

Autoestima. Es una herida en que la persona no se siente digna para ser querida, hay un claro enfoque en buscar la aprobación y la valoración por parte del resto de personas de su entorno.

Autoafirmación. En este caso la herida radica en la falta de presencia, al no sentirse con suficiente poder o influencia para relacionarse con el mundo.

Una vez dicho esto, pasamos a centrarnos en los celos. Cuando los celos nos dominan, se convierten en un problema para la dinámica relacional de la pareja. Aunque la persona es consciente del sufrimiento que éstos le provocan, y el daño que suponen para la relación, no puede evitar sentirlos, y de esta forma actuar en consecuencia.

Por ejemplo una actitud típica de la persona celosa es el control y la vigilancia constante sobre la pareja. La inseguridad, la sospecha y la desconfianza en el otro se apoderan de la persona que sufre los celos.

terapia celos


En mis sesiones de terapia, he visto que los celos parten de unas creencias o ideas erróneas respecto al amor y las relaciones. Es lo que yo denomino como ideas locas sobre el amor. Algunas de estas ideas son las siguientes:

1.  El amor de pareja se confunde erróneamente con el amor romántico. La relación de amor se concibe como un enamoramiento al estilo hollywoodiense, el cual parte de una visión idílica y nada realista de la relación. Por este motivo, y pasada la etapa de enamoramiento, muchas personas se sienten decepcionadas al toparse con la realidad de la pareja. Si quieres saber más sobre el amor romántico, AQUÍ te dejo otro de mis artículos.

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2. Para muchas personas iniciar una relación significa que el deseo y la atracción se van a centrar en su pareja de forma exclusiva. Es como si nos tuviésemos que volver ciegos e insensibles ante el resto del mundo cuando estamos en pareja.

3. La persona que sufre los celos concibe la relación desde la posesividad, la exclusividad y el control hacia su pareja. La persona celosa no es libre en la relación, estableciendo un apego tóxico con su pareja. Una relación que se vive desde la dependencia y no desde el amor.

4. Otra idea loca respecto al amor, es que éste se concibe como algo limitado. El amor se vive como un bien escaso que se gasta con el tiempo, en vez de verlo como un camino de evolución, cambio y aprendizaje.

5. Para que una relación de pareja funcione, la persona celosa parte de la idea neurótica que debe portarse bien. De esta forma cree evitar aquello que más teme; ser abandonada y quedarse sola. Desde este miedo a ser uno misma, es imposible construir una relación de amor sincera y saludable.

6. Desde la tradición cultural, ha existido una diferenciación de los celos según el género: mientras que en el hombre han sido vistos como una demostración de amor, en la mujer se han manifestado como un síntoma de ser histérica o neurótica.

7. Una actitud característica de los celos patológicos es la comparación. La persona que sufre de celos parte de una idea muy pobre sobre sí misma, comparándose constantemente con posibles rivales. Es una comparación en la cual el celoso o la celosa siempre acaba perdiendo.

8. Otra de las ideas locas que favorece la aparición de los celos es la idea de la media naranja. Desde esta idea se cree que cuando encontremos a esa persona que nos completa seremos felices. Esta idea lleva implícita la creencia que es imposible ser feliz sin nuestra media naranja.

9. Llegado a cierto momento de la vida, y sobre todo en lo que hace referencia al género femenino, no tener pareja es concebido como un fracaso. Algunas frases de la tradición popular así lo corroboran como “quedarse para vestir santos”. Tradicionalmente, y de forma errónea, tener pareja se ha relacionado con la satisfacción y el bienestar personal, mientras que estar soltero se ha visto como un estado que conduce a la tristeza y la infelicidad.

Es común que esta creencia provoque graves problemas de culpabilidad en la persona sin pareja, al sentirse como un bicho raro, sentirse defectuosa, o creer que algo no debe estar haciendo bien, al no disponer de una pareja.

10. Tradicionalmente, la relación de pareja se ha concebido como algo doloroso, especialmente para la mujer, frases hechas lo confirman, como; ”quien bien te quiere te hará llorar”. Estas frases son fruto de una idea retrógrada y machista sobre la relación de pareja. Debes tener claro que si una relación te hace sufrir, no es amor.

Este tipo de ideas y creencias han estado instaladas en nuestro inconsciente colectivo durante mucho tiempo, perjudicando el buen funcionamiento de las relaciones de pareja, y favoreciendo la aparición de los celos.

Si actualmente sufres a causa de los celos, la terapia puede ayudarte. Clica en ESTE ENLACE y te informaré sin compromiso. Si quieres conocer más sobre los celos, AQUÍ te dejo otro de mis artículos sobre el tema.

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El acompañamiento en el proceso de duelo

El acompañamiento en el proceso de duelo. En algún momento de nuestra vida todos debemos enfrentarnos a la desagradable experiencia de perder a un ser querido. Ante esta dolorosa pérdida, se inicia un camino denominado como duelo. El duelo es el proceso de adaptación y como último paso, aceptación, de la nueva realidad que deberemos vivir sin la presencia de la persona fallecida.

Acompañamiento en el duelo


La duración de un proceso de duelo es variable, cada persona es distinta, y por este motivo necesita de un tiempo diferente para asumir y aceptar la pérdida. Por norma general el duelo es un proceso que tiene una duración de entre 1 y 2 años. Si pasado este tiempo, sentimos que nuestro estado emocional no mejora, deberíamos consultar con un especialista de la terapia.

Si recientemente hemos perdido a una persona cercana, se nos abre una nueva situación vital a la que tendremos que ir adaptándonos progresivamente. La pérdida de un ser querido deja una profunda herida, que tendremos que ir sanando; en consecuencia no será un camino rápido ni fácil. En artículos anteriores hablé sobre el proceso de duelo y como abordarlo, aquí te dejo los enlaces:

El duelo en tiempos de coronavirus

Como enfrentarse al duelo

El proceso de duelo

Mi finalidad con el artículo de hoy es dar algunas pautas sobre como acompañar a una persona que está atravesando un duelo. El proceso de duelo no solo es vivido por el individuo que ha perdido a un ser querido, sino también por aquellas personas cercanas a ella. Estar cerca o convivir con una persona que ha sufrido una pérdida no es una circunstancia fácil. Son momentos incómodos, en los que muchas veces uno no sabe qué decir, ni qué hacer, para ayudar a aliviar el dolor de la persona que sufre. 

Un primer aspecto que debemos tener claro es que nada que podamos decir, o hacer, va a sacar a la persona del dolor que conlleva el proceso de duelo. La herida inherente a la pérdida necesita su tiempo de sanación, no hay atajos ante este tipo de situaciones.

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A continuación, voy a comentar algunas pautas que pueden ayudarnos como acompañantes de una persona que está viviendo un proceso de duelo.

1. En primer lugar es importante adoptar un rol basado en cuatro elementos fundamentales: presencia, escucha, empatía y respeto. La persona que sufre debe sentirnos a su lado, pero evitando que se sienta avasallada o controlada. A veces cuando acompañamos a una persona en duelo actuamos más movidos por nuestra dificultad de sostener el sufrimiento del otro, que no que la persona nos pida ayuda. Debemos tener especial cuidado con este punto; acompañar significa escuchar y empatizar, evitando imponer nuestro criterio, dando lecciones al otro.

2. Es importante expresar nuestra disponibilidad e interesarnos por el estado de la otra persona. Podemos decirle que cuando ella lo crea oportuno, allí estaremos para escucharla y ayudarla en aquello que necesite; esta es la actitud de presencia que comentábamos anteriormente.

3. Preferiblemente debemos anteponer el rol de escucha al de comunicación. Nuestra actitud debe ser comprensiva, atendiendo a la persona que sufre, aunque el discurso de ésta sea repetitivo y monótono. La paciencia será otra cualidad que deberemos trabajar ante este tipo de situaciones.

4. Debemos permitir la expresión de emociones y sentimientos como la rabia, la tristeza, el dolor o el enfado de la persona que sufre. Es recomendable no interrumpir estas expresiones y dejar que el dolor salga a través del llanto o la queja. También es importante dar validez a este tipo expresiones, y comunicar a la persona que exprese libremente aquello que siente, pues nosotros no estamos allí para juzgarla, sino para acompañarla en estos duros momentos.

5. Es importante evitar frases del tipo; “él/ella no querría verte así”, “ha sido lo mejor”, “ha dejado de sufrir”, “lo que debes hacer es...”… Estas afirmaciones aunque se realizan con buena intención, no ayudan a que la persona se sienta mejor. En muchas ocasiones son incluso contraproducentes, pues generan una sensación de culpabilidad en la persona que vive el duelo, al sentirse como una carga para el resto de personas que están a su lado.

6. Si nos encontramos ante una situación con una elevada carga emocional, lo mejor es callarse, no decir nada. Un abrazo, un gesto de aproximación o una mirada, son todos ellos elementos no verbales, y preferibles en estos casos, que ayudan a que el otro se sienta comprendido y apoyado por nosotros.

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7. La experiencia de duelo es subjetiva y, por lo tanto, muy personal, por este motivo debemos respetar los ritmos y la vivencia del duelo de cada individuo. Como hemos dicho anteriormente, lo importante es estar con la persona que sufre desde la autenticidad, preguntándole qué necesita y cómo podemos ayudarla.

La actitud de respeto y escucha de la que hemos hablado, no significa que no podamos sugerir actividades al otro, como ir a dar un paseo, o bien ofrecernos para hacer alguna tarea por él. No obstante, si la persona no lo desea, debemos dejarlo allí, respetando su decisión y no insistiendo. 

Otro aspecto diferente, y que debemos evitar a toda costa, es adoptar una actitud paternalista y condescendiente, manifestada a través de dar consejos a la persona que vive el duelo. Los consejos deberían sustituirse por sugerencias, y  a no ser que el otro nos los pida explícitamente, es preferible evitarlos.

8. En estos momentos de duelo, la persona se siente muy frágil y vulnerable. En este sentido, tener detalles con ella, por ejemplo sorprendiéndola con su comida favorita, puede favorecer a que ésta se sienta querida y apoyada.

9. Otra forma de ayudar a la persona que transita el duelo es compartir experiencias de pérdida que nosotros hayamos vivido en el pasado. Como hemos dicho, cada duelo es particular, sin embargo compartir nuestra experiencia y la forma como nosotros vivimos el duelo, puede ayudarla en su proceso.

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El sufrimiento emocional

El sufrimiento emocional. El principal motivo para acudir a terapia es el sufrimiento. Durante la vida todos pasamos por épocas de dolor derivadas de experiencias desagradables que nos suceden;  la muerte de un ser querido, la pérdida de un trabajo, los conflictos familiares y de pareja… éstas y otras situaciones son susceptibles de generarnos dolor y sufrimiento.

SUFRIMIENTO EMOCIONAL


No obstante, a parte de estas situaciones dramáticas, la verdad es que sufrimos mucho en nuestra vida, a diario, y en
  la mayoría de casos el motivo de este sufrimiento no deriva de una experiencia difícil, como las anteriormente comentadas, sino de una determinada dinámica relacional que mantenemos con nosotros mismos.

Cuando hago referencia a este tema, me gusta recordar las palabras del filósofo griego Epicteto que decía:

No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede”.

De estas palabras podemos extraer las siguientes conclusiones:

1. Que cada persona percibimos la realidad de una forma diferente.

2. Que la importancia, o el grado de relevancia que le otorgamos a las experiencias que vivimos, dependen de una valoración subjetiva interna.

3. Que partiendo del tipo de valoración que otorguemos a nuestras experiencias, resultará un estado emocional u otro.

Una vez dicho esto, ahora es el momento de plantearnos otra pregunta; ¿Qué aspectos influyen en la forma como percibimos la realidad?.

Cada uno de nosotros vivimos nuestra propia realidad, la cual deriva de distintos factores como la condición biológica y herencia genética, las experiencias vividas desde nuestra concepción, el entorno familiar y social, la educación recibida, y la cultura en la que nos hemos criado… por mencionar los principales. 

Esta diversidad de factores provoca que cada uno de nosotros percibamos la realidad de una forma singular y única. Nadie experimenta la vida de la misma forma, ni con la misma intensidad como lo hacemos nosotros.

Como he comentado, la percepción subjetiva y particular sobre la realidad es distinta para cada individuo, sin embargo existe un denominador común, y es que nuestro estado emocional depende de la interrelación de tres elementos básicos; la conducta, las emociones y los pensamientos. Estos elementos interactúan entre sí, y son clave a la hora de configurar nuestra salud emocional.

Por ejemplo, si decido encerrarme en casa y no ver a nadie (conducta) puedo empezar a sentirme triste y melancólico (emoción), lo que puede resultar en mensajes del tipo; “no me quiere nadie” (pensamiento).

Aquí podríamos iniciar una discusión sobre qué es primero, y cual de ellos tiene más peso en nuestro equilibrio emocional; conducta, emoción o pensamiento. Seguramente si nos remitimos a las diferentes orientaciones psicoterapéuticas, no encontraremos una respuesta unánime a esta cuestión.  Se asemeja a la clásica y controvertida pregunta de ¿Qué fue primero el huevo o la gallina?.

Por mi experiencia terapéutica, me parece interesante el planteamiento que hace la terapia cognitiva al respecto, la cual argumenta que los pensamientos son los que tienen una mayor influencia en nuestra salud emocional. 

En mi opinión la explicación para ello es la siguiente;  primero, porque la mayoría de pensamientos que dañan nuestra salud emocional se basan en creencias irracionales, que mantenemos sin ningún tipo de autocrítica, aunque sean dañinas para nosotros.  

Segundo, porque el bucle de pensamientos en el que entramos, es el principal sustento a nuestro sufrimiento emocional. El sufrimiento emocional podría asemejarse a un fuego que vamos alimentando con la leña de nuestros pensamientos.

Tanto la conducta como la emoción asociadas a una determinada experiencia también tendrán su influencia en nuestra condición emocional. Como hemos visto en el ejemplo anterior, nuestro estado emocional partía de una conducta (la voluntad de quedarse encerrado en casa), sin embargo opino que los pensamientos son los mayores protagonistas a la hora de mantener nuestro sufrimiento en el tiempo, pudiendo así acentuar conductas y emociones.

Se calcula que de media pasan unos 60.000 pensamientos diarios por nuestra mente, un gran porcentaje de ellos son negativos y perjudiciales para nuestro estado emocional. La repetición de estos pensamientos, que se manifiesta a través de nuestro diálogo interno, es una de las principales responsables de nuestro estado emocional.

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En general nos tratamos bastante mal, fruto de este tipo de pensamientos. Pensamientos del tipo; "no valgo", "soy inútil", "ellos pueden pero yo no", "soy tonto", "me veo horrible"...generan un estado emocional negativo, afectando nuestra autoestima y nuestra salud emocional. Muchos de estos pensamientos parten de lo que en psicología denominamos como creencias irracionalesLas creencias irracionales nos limitan y nos generan sufrimiento, caracterizándose por lo siguiente:

1. Son exageraciones de la realidad. Son creencias que si tomamos distancia y las racionalizamos, pierden importancia, pues muchas de ellas son ilógicas e irracionales.

2. Son perjudiciales para nuestro equilibrio emocional. Se caracterizan por ser creencias que no ayudan a resolver problemas ni a superar obstáculos.

3. Producen malestar y sufrimiento emocional en nuestra persona.

4. Los aceptamos sin ningún tipo de criterio propio, sin plantearnos si son beneficiosos o tóxicos para nosotros.

Existen multitud de creencias irracionales, las cuales se han ido acumulando en nuestra mochila emocional a lo largo de nuestra experiencia de vida. Son creencias que quizás tuvieron su función en el pasado, protegiéndonos emocionalmente ante lo que percibimos como una agresión, sin embargo en el presente han quedado desfasadas y solo nos conducen a sentirnos mal.

Algunos ejemplos de estas creencias son los siguientes:

“tengo que hacerlo todo bien”, “si encuentro la pareja ideal /el trabajo ideal/ soy millonario… entonces seré feliz”, “la cosas me tienen que ser favorables”, “si quiero atraer a una pareja tengo que cumplir estos requisitos”, “no puedo equivocarme”, “esforzándome puedo conseguirlo todo”, “las personas con estudios universitarios son más inteligentes”, “las cosas nunca me salen bien”, "el amor todo lo puede"...

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Paralelamente a este enganche a nuestras creencias irracionales, se ha de añadir una generalizada y pobre educación emocional. Durante nuestros primeros años de vida, se dedica mucho tiempo y recursos para enseñarnos los máximos conocimientos intelectuales, pero se dedican muy pocos esfuerzos a cultivar nuestra inteligencia emocional. Esta ausencia de conocimientos en el campo emocional nos pasa factura al llegar a la edad adulta, provocándonos situaciones de sufrimiento, como es no saber lidiar con nuestras creencias irracionales.

Afortunadamente, siempre estamos a tiempo de revisar y aprender a gestionar este tipo de creencias. En palabras del psicólogo estadounidense Herbert Gerjuoy:

"Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer ni escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender" 

Para conseguir una mejor gestión emocional, la terapia es una herramienta ideal que nos permitirá ir modificando las lentes a través de las cuales percibimos la realidad. La terapia nos ayudará a conseguir una visión más responsable, realista, y a la vez genuina de nuestras experiencias en el mundo.

Si quieres saber más sobre este tema, puedes leer otro de mis artículos:

Autoconcepto y creencias limitantes

Si estás interesado/a en iniciar un proceso de crecimiento personal, o simplemente te gustaría revisar algunos temas que te generan sufrimiento, la terapia puede ayudarte. Pincha en ESTE ENLACE y te informaré sin compromiso.

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La ansiedad en tiempos de coronavirus

La ansiedad en tiempos de coronavirus.  Ante los difíciles y convulsos tiempos que estamos viviendo, es lógico que los síntomas relacionados con la ansiedad estén aumentando entre la población. La incertidumbre de no saber cuándo el covid-19 dejará de ser una amenaza, y las consecuencias nefastas a nivel económico que se derivan de esta situación, están resultando en un ambiente de miedo colectivo. 

A día de hoy, las indecisiones políticas sobre qué medidas adoptar a partir de ahora para frenar el coronavirus, una falta de homogeneidad en las normas a nivel estatal, y unos medios de comunicación que no paran de anunciar el número de fallecidos y contagiados por el virus, solo hacen que acrecentar la incertidumbre y el miedo entre la población.


El miedo, como emoción básica, nos avisa del peligro o amenaza que puede representar un determinado estímulo. Sin embargo, cuando este estímulo se mantiene en el tiempo, ya no estamos hablando de una emoción, sino de un estado. El miedo mantenido en el tiempo se manifiesta a través de síntomas como la ansiedad y la angustia. Después de estos meses de pandemia, podemos afirmar que el miedo es un estado claramente palpable en el ambiente.

Ante esta situación  de crisis que estamos atravesando, a continuación te dejo 10 pautas que pueden ayudarte a reducir tus niveles de ansiedad.

1. Controla tu imaginación, intenta vivir más en el presente. La imaginación es una facultad que nos permite prever futuras consecuencias de actos presentes. Sin embargo cuando la imaginación se utiliza para fantasear sobre futuros catastróficos y limitantes, respecto los cuales no tenemos ningún tipo de control, es cuando la ansiedad puede llegar a instalarse en nuestra vida. 

La ansiedad aparece como resultado de un conflicto; el choque entre una energía movilizadora que desea tener el control sobre una situación, actuando para restablecer nuestra sensación de seguridad, y otra energía propia de una realidad que nos confronta con miedos e incertidumbres ante un futuro desconocido.

Si sientes ansiedad, pregúntate qué te angustia y qué ámbito de control y de actuación tienes sobre ello. Por ejemplo si sufres de ansiedad porque estás en un ERTE y no sabes cómo saldrá tu empresa de todo esto, plantéate si hay algo que está en tu mano hacer para aliviar este sufrimiento. Una opción es aprovechar este tiempo para formarte y mejorar tu currículum, o bien plantearte ya otras salidas profesionales, y así no esperar a que el barco se hunda.

2. Toma conciencia de tu diálogo interno. En general, nos tratamos bastante mal a nosotros mismos, de una forma despreciativa, cruel y poco compasiva. Pensamientos típicos y generalizados del tipo; “no voy a poder”, “no sirvo”, “no valgo”, “soy idiota”…. derivan en estados emocionales dañinos para nuestra salud. Ten en cuenta que un elevado porcentaje de los pensamientos que tenemos durante el día son irracionales y tóxicos para nosotros. No parar de darle vueltas a este tipo de pensamientos, así como aceptarlos como verdaderos, desencadena en nosotros estados emocionales desagradables como la preocupación y la culpa. Tomar conciencia y controlar tu diálogo interno, así como ser comprensivo y compasivo contigo mismo, es básico para que tu estado emocional mejore.

3. Utiliza la respiración para anclarte en el presente. Los ejercicios basados en la toma de conciencia de la respiración pueden contribuir a reducir tus estados de ansiedad, pues te ayudarán a focalizarte en el presente, evitando así que tu mente se vaya al futuro o al pasado. Cuando sientas que la ansiedad te invade, focaliza tu atención en la respiración. A continuación te dejo un enlace con un ejercicio que puede ayudarte a aliviar tu ansiedad.

Ejercicio para reducir estrés y ansiedad

4. Márcate pequeños objetivos. Evita plantearte objetivos a largo plazo, y más en esta situación de incertidumbre que estamos viviendo actualmente. Focalizar tu atención en expectativas sobre un horizonte lejano puede contribuir a aumentar tu ansiedad. Por este motivo intenta dividir tus objetivos futuros en otros de más pequeños y más asequibles en el tiempo. Una mejor planificación te ayudará a no estresarte al ver que los días pasan, y tu objetivo a largo plazo no se cumple. Así mismo, alcanzar gradualmente estos pequeños objetivos, contribuirá a aumentar tu autoestima y la seguridad en ti mismo.

5. Adopta una actitud activa y alimenta tu mente con pensamientos positivos. Mantenerse anclado en actitudes pasivas y victimistas solo contribuye a que con el tiempo te sientas peor, y en consecuencia que tus niveles de ansiedad aumenten. Como actualmente vivimos en un clima de incertidumbre y miedo, debes intentar no quedarte enganchado a las noticias. Contrariamente a lo que podemos pensar, estar más informado no te hará sentir más seguro, sino todo lo contrario, pues aumentará tus pensamientos negativos y en consecuencia tu ansiedad.

6. Cuida de tu cuerpo. Es conveniente que practiques ejercicio de forma regular y cuides de tu alimentación. La vida sedentaria, así como el consumo de productos como el café, el alcohol o el tabaco favorecen a que tu ansiedad aumente.

7. Busca tiempo para ti. La vida diaria está llena de responsabilidades y obligaciones, sin embargo es recomendable encontrar tiempo durante el día para cuidar de nosotros mismos. Dedicar tiempo para realizar actividades con las que disfrutemos, como la lectura, la música, o simplemente dejarnos estar sin hacer nada, es fundamental para desconectar del mandato de “tener que hacer” que regula nuestra vida.


8. Acepta tus miedos. Todos los que hemos sufrido de ansiedad sabemos que no es nada agradable, en consecuencia cuando sentimos ansiedad la reacción más frecuente es tener que hacer algo para no sentirla. Curiosamente, cuanto más nos oponemos a la ansiedad, más la sentimos. Estrategias como luchar o querer huir cuando nos sentimos ansiosos, solo nos conducen a aumentar nuestros niveles de ansiedad. Comprender nuestra ansiedad y concebirla como una señal informativa de nuestro cuerpo, y no como una enfermedad o un peligro, aceptando así su presencia, nos ayudará a relacionarnos mejor con ella. La práctica habitual de ejercicios de respiración y la meditación, pueden ayudarte a cambiar tu percepción sobre la ansiedad.

9. No te dejes agobiar por responsabilidades y obligaciones. Existen personalidades más proclives a sufrir de ansiedad. Caracteres muy perfeccionistas, altamente exigentes o muy sensibles, son todos ellos más proclives a sufrir de problemas de ansiedad. Si eres este tipo de persona, es importante que aprendas a relacionarte con tu ansiedad de una forma diferente, para que así no acabes dominado por ella. Reducir la exigencia propia, relativizar, posponer y delegar son técnicas que pueden ayudarte a que no te sobresatures ante la ansiedad.

10. Pide ayuda. Si crees que la ansiedad controla tu vida y te sientes desbordado, lo recomendable es que pidas ayuda profesional para aprender a gestionar mejor tu ansiedad. Para más información, puedes seguir ESTE LINK y te informaré sin compromiso.

Si quieres saber más sobre cómo superar la ansiedad, a continuación te dejo con otros de mis artículos que pueden ayudarte. No obstante, recuerda que si tienes problemas de ansiedad, lo recomendable es que pidas ayuda profesional. Estos artículos son orientativos, y no son sustitutivos de la terapia que se requiere para superar los diferentes trastornos de ansiedad.

Pautas para superar la ansiedad

Como calmarse ante una crisis de ansiedad

Técnicas para reducir la ansiedad

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Como saber si mi relación de pareja funciona

Como saber si mi relación de pareja funciona. Existen multitud de parejas y formas de vincularse, por lo que podríamos decir que no existen fórmulas únicas, y a la vez mágicas, que aseguren el éxito en la pareja. Creencias poco realistas y erróneas sobré qué es la pareja, las cuales se manifiestan a través de frases como “el amor es para toda la vida”, “él o ella es mi media naranja”, o ”esta mujer o este hombre me van a hacer feliz”… interfieren en el buen funcionamiento de la relación. 

Relacion de pareja funciona

Todas estas creencias y valores son inculcadas en nosotros desde la más tierna infancia. Las películas y los cuentos son dos de los orígenes de este tipo de creencias, aunque no son los únicos, provocando que llegados a la edad adulta, nos posicionemos ante la pareja con unas expectativas irreales sobre aquello que la relación nos aportará a nuestras vidas.

A este tipo de creencias, le hemos de añadir una pobre educación emocional desde nuestros orígenes. Desde niños se nos educa en conocimientos, pero poco en emociones, y esta ausencia acaba haciendo mella no solo en nuestras relaciones de pareja, sino también en la relación que mantenemos con nosotros mismos. A partir de este desconocimiento respecto a la gestión emocional, aparecen toda una serie de circunstancias limitantes como la baja autoestima o la inseguridad personal.

Cuando no nos amamos a nosotros mismos, viviendo desde la crítica, la culpa o incluso el desprecio hacia nuestra persona, es muy difícil que podamos establecer relaciones amorosas de calidad con parejas. La baja autoestima nos conduce a buscar pareja desde la carencia, y no desde el auto apoyo, lo que provoca que se establezcan relaciones de dependencia que son dañinas para nosotros. Cuando una relación de pareja basa sus fundamentos en inseguridades y miedos, la probabilidad de que esta relación se convierta en tóxica es muy elevada.

Si quieres valorar como se encuentra tu relación de pareja, a continuación de te dejo unos indicadores que pueden ayudarte a conocer el estado actual de tu relación.

El grado de satisfacción. Pregúntate si estás satisfecho/a con tu relación. Estar satisfecho/a significa que existe un equilibrio entre aquello que tú aportas y lo que tu recibes en tu relación. Si sientes que das mucho y recibes poco de tu pareja, quizás sea el momento de planteárselo abiertamente.

El grado de felicidad. Cuando hablamos de felicidad debemos huir del concepto utópico de felicidad que nos venden las películas de Hollywood. El cine nos ha vendido la idea que llegar a tener pareja es como una meta, un lugar donde vamos a ser felices para siempre con la persona elegida. Como todo en la vida, y la pareja no es una excepción, durante la relación vamos a vivir situaciones de todo tipo; de alegría, de dolor, de conflicto, de miedos…. Saber lidiar con este tipo de situaciones es fundamental para no tirar la toalla a la mínima de cambio, cuando sentimos que la pareja no es el paraíso que nos habíamos imaginado. La cotidianidad, junto con el compromiso y el deseo son tres de los pilares básicos para mantener el buen funcionamiento en la pareja.

El grado de crecimiento. La pareja debería ser un espacio de crecimiento y aprendizaje. Es importante sentir que nuestra pareja nos ayuda a seguir evolucionando y nos complementa en determinados aspectos personales; en otras palabras que nosotros aprendemos de ella y ella de nosotros. Si nos sentimos apáticos y estancados en nuestra relación, percibiendo que aunque quizás no estemos del todo mal, nuestra relación no nos nutre para seguir creciendo como personas, puede ser el momento oportuno de plantear la situación a nuestra pareja.

El grado de identidad. Estar en pareja no significa perder nuestra identidad. Muchas personas comentan que en pareja no se sienten en libertad para ser ellos/as mismos/as, pues se han amoldado tanto a los gustos y a la forma de ser de la otra persona que se han olvidado de sí mismos. En estos casos el miedo al rechazo es tan grande, que pagamos el precio de reprimir nuestra libertad de ser.

Esta actitud de olvido de uno es muy frecuente en una primera etapa de la relación, el denominado como enamoramiento. El enamoramiento se caracteriza por ser una época de gran intensidad emocional, cuando lo que prevalece es deslumbrar a la otra persona, comportándonos y actuando en base a lo creemos que el otro espera de nosotros. Por este motivo es común vivir los primeros meses de relación desde una máscara, en que proyectamos nuestro ideal de relación en la pareja, en vez de dedicarnos a conocer a la otra persona en su totalidad, con sus luces y sus sombras.

Cuando pasados unos meses el espejismo se desvanece, es común oir expresiones como que la otra persona ha cambiado, y eso es una realidad que se explica por dos motivos. El primer motivo es que pasado un tiempo la pareja se relaja y deja la máscara con la que deseaba agradarnos, mostrándose cada vez más tal y como es. El segundo motivo es que nuestra proyección en el otro, partiendo de nuestro ideal de pareja, se va debilitando, lo que nos permite ver a la persona que tenemos delante con mayor claridad.

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En consecuencia, es aconsejable que desde el primer momento nos mostremos al otro de la forma más abierta y sincera posible. Es común que el miedo a no agradar, a ser rechazados o abandonados nos conduzca a adoptar actitudes que nada tienen que ver con nuestra esencia personal. Debemos pensar que adoptar este tipo de actitudes es pan para hoy y hambre para mañana, pues más pronto o más tarde nuestra verdadera forma de ser saldrá a la luz.

El grado de autonomía. Relacionado con lo comentado anteriormente, es muy importante que nos mostremos tal y como somos. Es fundamental que nos sintamos libres en una relación. Desde esta sinceridad con uno mismo y con el otro, debemos poder expresar abiertamente a la pareja nuestros deseos y necesidades.

Muchas personas dejan de ver a amistades, o bien abandonan intereses y aficiones para estar exclusivamente con la pareja. Aunque es lógico invertir tiempo en nuestra pareja, esto no significa que debamos dedicarnos a ella en exclusiva. Conservar rutinas, amistades e intereses que ya estaban establecidos antes de la relación, preservando así un espacio íntimo y personal, es básico para la salud de la pareja.

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El grado de respeto. En una relación de pareja es fundamental el respeto, la escucha y la buena comunicación entre sus miembros. Si estás con una pareja con la que no paras de discutir, que no te valora, no te apoya, te menosprecia, no te tiene en cuenta o incluso llega a insultarte, puedes estar segura que eso no es amor.

El grado de satisfacción sexual. Dentro de la pareja, la satisfacción sexual y el nivel de deseo son  ambos pilares básicos para el buen funcionamiento de la relación. Es importante plantearse si nuestro grado de intimidad es satisfactorio. Como en este sentido las necesidades sexuales pueden ser diferentes para cada uno, es importante hablar abiertamente con la pareja sobre estos temas, no sintiendo vergüenza por expresar al otro nuestras preferencias y deseos sexuales. Muchas personas sienten pudor a la hora de tocar estos temas, pues creen que si hablan de ellos van a ser rechazados, criticados o juzgados negativamente por su pareja.

Reprimir y callar nuestros deseos e intereses sexuales por miedo, nos lleva a un horizonte de insatisfacción, lo que nos puede pasar factura en el futuro.

Un aspecto a tener en cuenta es que el grado de deseo en la pareja nunca debería apagarse, evitando que la relación sexual pase del divertimiento a la rutina. Aunque es natural que con el tiempo el grado de intensidad y de deseo por la pareja se reduzca, principalmente por la pérdida de la novedad, es importante que el deseo por el otro siga vivo. 

Como en otros aspectos de la relación, las relaciones sexuales no deberían caer en la monotonía con el paso del tiempo. Para ello es importante no perder el componente lúdico y de diversión que debe caracterizar las relaciones sexuales. Introducir en la relación juegos y juguetes sexuales puede ser de ayuda en este sentido.

El grado de compromiso. Tener un proyecto vital similar al de la pareja, así como compartir valores e interés comunes, son otros de los pilares que ayudan al buen funcionamiento de la pareja. Si tenemos proyectos de vida diferentes, o bien no tenemos gustos similares, la probabilidad que la pareja se acabe rompiendo con el paso del tiempo es mayor.

Como he comentado al inicio de este artículo, nada asegura el éxito en la pareja, sin embargo, tomar conciencia y cuidar de los aspectos comentados, puede ayudarnos a mantener una relación de pareja saludable y duradera con el paso del tiempo.

Leslie Beebe

Terapia Gestalt en Barcelona


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La autoestima una herramienta para el cambio

La autoestima una herramienta para el cambio. La mayoría de problemas y dificultades que se trabajan en las sesiones de terapia tienen como denominador común la autoestima. La explicación es que muchos de nuestros sufrimientos diarios son motivados por una baja autoestima. Pero empecemos por el principio y por definir qué entendemos por autoestima.

La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos; la etimología de la palabra ya nos aporta su significado; “autos” que significa por sí mismo y “estima” evaluar/valorar.

La mente es la fuente de nuestra experiencia; nuestros pensamientos, creencias y diálogo interno conforman las lentes bajo las cuales percibimos el mundo. A través de estas lentes procesamos la información que nos llega del exterior, afectando a la forma como nos sentimos y como actuamos.

Sin embargo la autoestima no solo se limita a unos pensamientos, sino que se expresa a través de una experiencia íntima y personal. Una vivencia que viene determinada no solo por aquello que nos decimos internamente, sino también por la forma como nos lo decimos.

Si nos hablamos de una forma despreciativa, cruel e irrespetuosa nuestra vivencia será desagradable, aumentando nuestros estados de melancolía, desilusión, miedo, desesperanza y resentimiento. Si por el contrario nos hablamos desde el amor, el respeto y el cuidado hacia nuestra persona obtendremos todo lo contrario, es decir una vivencia agradable, donde encontraremos serenidad, paz, fuerza, empoderamiento y energía.

Aunque a todos nos suceden desgracias a lo largo de la vida, la verdad es que mucho del sufrimiento que padecemos a diario es fruto de una opinión crítica, incluso cruel, con nosotros mismos. Mensajes del tipo: “soy inútil”, “no valgo”, “éste/a es mejor que yo”, “no soy capaz”… contribuyen a mantener una pobre imagen de nosotros mismos, es decir una baja autoestima.

La baja autoestima lleva consigo toda una serie de creencias limitantes, y en la mayoría de casos irreales, sobre nuestra persona y nuestras capacidades. Estas creencias, muchas veces introyectadas desde nuestra infancia, nos sabotean para alcanzar nuestros objetivos. Cuando nos repetimos de forma continuada este tipo de pensamientos limitantes, también vamos formando una pobre imagen de nosotros mismos, percibiéndonos como seres sin valor, indignos de ser amados. 

No obstante, no todo está perdido, la autoestima es moldeable y es a través de un trabajo terapéutico que podremos cambiar esta pobre y limitada percepción sobre nosotros mismos, por otra de más realista y saludable.

Mantener una baja autoestima en el tiempo nos conduce a situaciones de sufrimiento en nuestra vida como pueden ser: relaciones afectivas tóxicas, vínculos de dependencia, dificultad para poner y mantener límites, situaciones de maltrato (ya sea físico o psicológico), celos patológicos, o pérdida de libertad personal por mencionar algunas de las más comunes.


terapia autoestima


Sin embargo podemos preguntarnos, ¿por qué es tan común sufrir de baja autoestima?. La respuesta se encuentra mayoritariamente en su origen. La autoestima se forma principalmente en los primeros años de vida, es decir no llegamos al mundo con unas creencias de serie, sino que la autoestima se empieza a estructurar en la infancia. Si nacemos en un ambiente en que como niños no nos hemos sentido amados ni tampoco reconocidos; entornos que se caracterizan por haber sido sobre controladores, críticos o de abandono, en los cuales no se nos ha permitido cultivar el sentimiento de confianza básica en la vida, es probable que de adultos suframos más problemas de autoestima. Haber pasado por alguna de estas situaciones en la infancia, es decir: abandono, abuso, crítica, maltrato, sobre control... es ciertamente habitual en un gran porcentaje de personas, por lo que también lo es la baja autoestima.

Por el contrario si de niños nos hemos sentido acompañados, queridos, apoyados, respetados, y reconocidos, favoreciendo en nosotros la formación de un sentimiento básico de confianza en la vida, entonces es muy probable que nuestra autoestima sea más saludable en el futuro.

Aunque como en otros aspectos de la vida, nada es garantía de nada, y la autoestima es un factor que deberemos ir cuidando y cultivando a lo largo de la vida, como lo hacemos con un jardín.

Asimismo, no debemos equivocarnos, gozar de una elevada autoestima no significa que no nos afecten las experiencias dolorosas de la vida, ni tampoco nos hace mejores que el resto, o nos asegura un futuro de éxito. Una autoestima saludable nos ayuda a aceptarnos, a crecer y a tener claro nuestros objetivos y la forma como conseguirlos; pero tampoco es una solución mágica ante los obstáculos que se nos presentan en la vida. Sin embargo, cuidar de nuestra autoestima, al igual que cuidamos de nuestra salud física y de nuestra alimentación, es una práctica muy recomendable que nos facilita enfrentar las situaciones difíciles que van apareciendo en nuestra vida.

Recuperar nuestra autoestima es un proceso complejo, que de ninguna forma podremos hacer solos, sino disponemos de alguien que nos acompañe y oriente en este camino. En terapia trabajamos la recuperación de la autoestima en diversos puntos claves como son:

Aprender a respetarnos y aceptarnos como somos.

Detectar cúales son nuestros recursos y la mejor forma de desarrollarlos, así como identificar aquellos puntos débiles de nuestro carácter que debemos reforzar, trabajando así nuestra autoconfianza.

Observar nuestro diálogo interno e identificar aquellas creencias limitantes y tóxicas sobre nuestra persona, para así progresivamente irlas cambiando por otras de más nutricias y saludables.

Identificar aquellos valores que deben dar sentido a nuestra vida.

Tomar una actitud activa, de empoderamiento y de responsabilidad personal, abandonando actitudes más pasivas, victimistas y de evitación.

Si percibes que te cuesta poner límites, tienes una pobre opinión sobre ti mismo/a y sobre tus capacidades, o bien te sientes mal al compararte con otras personas que crees mejor que tú, seguramente sufres de baja autoestima. Si quieres cambiar esta situación, la terapia puede ayudarte a recuperar el amor y la aceptación hacia tu persona.

Si quieres leer más sobre la autoestima, a continuación te dejo otros de mis artículos:

como aumentar la autoestima

como mejorar la autoconfianza

Leslie Beebe

Terapia Gestalt en Barcelona



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Apego y Enamoramiento

Apego y Enamoramiento. Uno de los principales asuntos que emergen durante las sesiones de terapia es el amor. En este artículo me voy a centrar en el amor de pareja, tema que suele aparecer en algún momento u otro del proceso terapéutico. Todos los que hemos vivido una relación de pareja hemos pasado por momentos de dolor, sin embargo muchas parejas viven su relación desde el malestar, aguantando situaciones límite con el único objetivo de seguir manteniendo una relación dañina, que solo les genera sufrimiento. No hace falta decir que esto para nada es amor.


Cuando hablamos de amor cada historia es diferente y particular, sin embargo personalmente opino que hay dos elementos que favorecen a que se llegue a este punto crítico, en el cual el amor de pareja es vivido desde el sufrimiento; estos elementos son la baja autoestima y las creencias erróneas sobre qué es el amor en pareja.

La autoestima es la valoración y el concepto que tenemos sobre nuestra persona. Como consecuencia de nuestra educación y experiencias de vida, la mayoría de nosotros llegamos a la edad adulta con unos niveles bajos de autoestima. Esta pobre opinión de nuestra persona hace que busquemos fuera alguien que nos valide, y que nos haga sentir valiosos, vistos y amados. De esta forma ponemos el amor hacia nosotros mismos en manos de una persona externa, lo que hace muy volatil nuestro equilibrio emocional, pues ¿qué pasará con nosotros si un día esa persona decide marcharse de nuestra vida?.

Como consecuencia de esta baja autoestima surgen toda una serie de creencias irreales y dañinas para nuestra persona; como por ejemplo que esa pareja nos va a traer la felicidad, que nos salvará de nuestros conflictos internos, o bien que nos liberará de todas aquellas cargas que llevamos en nuestra mochila emocional. Desde estas falsas creencias idealizamos a la otra persona, viéndola como la sanación de nuestros estados de angustia y miedo. Una forma neurótica de vincularse con el otro que tiene más que ver con el egocentrismo que con el amor.

El segundo elemento que provoca que acabemos viviendo el amor como un sufrimiento es el concepto erróneo de amor con el que la mayoría de nosotros iniciamos una relación. Muchos de nosotros hemos crecido con la idea del amor romántico, que dista mucho del verdadero amor de pareja. Desde pequeños se nos enseña que el amor es como un cuento de príncipes azules y princesas de Disney. Los cuentos infantiles, las canciones de amor y las películas de Hollywood ya se encargan de inculcarnos este tipo de amor desde los primeros años de vida. Esta ideología va acompañada de unos introyectos que se  quedan grabados en nuestro inconsciente desde la infancia como pueden ser: “el amor siempre acaba ganando”, “el amor es para siempre”, “si aguantas el amor vencerá” o “el amor todo lo puede”… entre los más populares.

El amor romántico se encuentra vinculado con una primera fase de la relación denominada como enamoramiento, y que en ningún caso debe ser confundido con el amor de pareja propiamente dicho. Aunque aquí cabría preguntarnos si todos los enamoramientos son vividos como una película de Hollywood o un cuento de hadas. Personalmente discrepo ante esta idea, pues creo que el enamoramiento es diferente según cada persona, o punto de la vida en el que nos encontremos, y en consecuencia existe la posibilidad de que la época de enamoramiento sea vivida sin tanta proyección, ni deba suponer una confluencia total con el otro.

Según los expertos la fase de enamoramiento no suele ir más allá de los 18 meses, siendo una época en la que nos volcamos en la otra persona, o más bien dicho en el ideal que nosotros tenemos de cómo debería ser nuestra pareja. Durante esta época vemos poco a la otra persona, para centrarnos más en aquello que deseamos ver en ella. 

En el enamoramiento todo nos parece especial y único de esa persona, mientras aspectos como la atracción, la pasión y la excitación por estar con ella cobran protagonismo en nuestras vidas. Hasta aquí no hay ningún problema, siempre que seamos conscientes que esa época es finita; debemos tomar conciencia que esta fase de idealización y fantasía respecto al otro pasará con el tiempo. El camino de la relación nos llevará a un amor más real, un proceso durante el cual iremos descubriendo a nuestra pareja como realmente es, y no como esperamos que sea según nuestro ideal. De esta forma podremos llegar a una aceptación del otro, viendo sus cualidades, pero también sus defectos.

Hablando sobre el enamoramiento, y en palabras del psicoterapeuta Jaume Cardona, en su blog  cine y psicologia:

En el enamoramiento es el factor proyectivo, o la transferencia que se realiza sobre otro ser humano como “ser ideal”, “pareja perfecta”, “la mujer o el hombre de mi vida” o “el alma gemela”, el responsable de la intensidad con la que se vive ese encuentro. Obviamente, y en la medida que una relación se desarrolla, el factor idealizante choca con la realidad de la alteridad del otro que, en mayor o menor medida, se va manifestando. Ese choque del ideal con la realidad del otro es el que nos abre la posibilidad de evolucionar del enamoramiento al amor. En el enamoramiento amamos un ideal, en el amor amamos a otro distinto de nosotros”.

Cuando en el enamoramiento se mezclan los dos elementos que hemos mencionado anteriormente, es decir una muy baja autoestima, y una falsa concepción del amor de pareja, se produce un cóctel explosivo, en que el enamoramiento puede dar lugar al conocido como apego tóxico, derivando en relaciones de dependencia.


Al vivir el enamoramiento desde este tipo de apego, pasamos del “me encanta estar contigo” o “deseo estar contigo” al “te necesito”. Cuando vivimos apegados a nuestra pareja sentimos la imposibilidad de renunciar a ella; en estos casos nos resulta imposible cortar esa relación, aún a sabiendas que deberíamos hacerlo para salvaguardar nuestro bienestar físico y emocional.

“La paradoja del amor es, ser uno mismo, sin dejar de ser dos” Erich Fromm

El apego tóxico se caracteriza porque dejamos de tener la libertad de elección, volviéndonos dependientes de la otra persona. Así nos quedamos a merced de los deseos del otro, olvidándonos de nosotros mismos. Este tipo de apego es una vinculación obsesiva con la pareja, una adicción como lo puede ser estar enganchado a las drogas o al juego. El apego tóxico se sustenta en tres creencias fundamentales:

1. La otra persona es la fuente de mi felicidad y estabilidad emocional.

2. La pareja me va a dar una seguridad total en mi vida.

3. Esa persona da sentido a mi existencia, en consecuencia sin ella yo no valgo.

A continuación voy a comentar algunos indicios que pueden ayudarte a saber si estás viviendo el enamoramiento desde este tipo de apego.

1. Cuando sentimos que el deseo hacia la otra persona es insaciable, en otras palabras, cada vez necesitamos estar más tiempo con la pareja. Paradójicamente, por mucho tiempo que pasemos al lado de esa persona, nunca llegamos a sentirnos satisfechos.

2. Derivado del primer punto aparece el síndrome de abstinencia cuando esa persona no está a nuestro lado. Vivimos la ausencia del otro con angustia y malestar.

3. Aparece un descontrol interno, es decir uno vive con la sensación de no manejar su propia vida. La persona se siente incapaz de autorregularse por sí misma, no puede poner freno a sus conductas, aunque éstas vayan en contra de sus intereses vitales o de su bienestar.

4. Uno empieza a olvidarse de sí mismo, dejando de lado los deseos propios para centrarse exclusivamente en el otro. Se produce así una confluencia total con la pareja.

Para finalizar quisiera comentar que el enamoramiento no debería ser vivido desde el apego que acabamos de mencionar, así como que en mi opinión, hay enamoramiento más allá de aquel que Hollywood o los cuentos de hadas nos han querido vender. 

El enamoramiento puede ser una época muy bonita de encuentro con el otro, en la cual conectar con elementos como la alegría, la excitación, la ilusión, la pasión y el descubrimiento personal. Y por supuesto, un toque de proyección en la pareja que siempre va a ser inevitable durante esta primera etapa de relación.


Sin embargo cuando vivimos el enamoramiento deberíamos tener claro dos puntos clave; el primero es que las relaciones son un proceso de autoconocimiento y conocimiento mutuo, en que nosotros vamos a ir evolucionando, así como también lo va a hacer la otra persona y el sistema relacional que nos vincula a los dos. Si la relación sigue adelante, la fase de enamoramiento dará paso a otra época más consolidada, donde surgirá un amor más maduro y profundo.

El segundo punto es darnos cuenta qué las relaciones de pareja no tienen garantías de durar para siempre. Debemos asumir que una relación puede acabar en cualquier momento, pues nadie sabe cuánto tiempo vamos a estar con una determinada pareja.  Si tomamos conciencia de este punto, y si llegase el final de la relación, también será más fácil no desvalorizarnos, ni denigrarnos como personas, viviéndolo como lo que verdaderamente es, una experiencia dolorosa de la vida.

Leslie Beebe

Terapia Gestalt en Barcelona


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