Aprende a decir NO

Aprende a decir NO. Un elevado porcentaje de las personas que acuden a consulta muestran síntomas de baja autoestima, miedos intensos y desvalorización personal. A medida que avanzamos en la terapia con estas personas suele aparecer un denominador común, que es la dificultad para poner límites y atreverse a decir NO.

Aprende a decir NO


En primer lugar creo importante remarcar que saber decir NO es una habilidad social, al igual que lo es la asertividad. Esto significa que nadie nace con esta aptitud, sino que es una técnica de comunicación social que se aprende y se desarrolla a lo largo de la vida.

Cuando hablo con mis clientes en consulta, me comentan que se encuentran con las siguientes dificultades y miedos a la hora poder decir NO a otra persona:

1. El miedo a ser rechazado por el entorno. La desaprobación es uno de los miedos más enraizados en el ser humano, en consecuencia es frecuente que optemos por aceptar las peticiones externas, aunque sea en contra de nuestra voluntad. El miedo al rechazo, el miedo al abandono y el miedo a no ser amados son miedos muy profundos que llevamos en nosotros desde los primeros años de vida, y que sin duda condicionan nuestra forma de relacionarnos con el mundo. Tomar conciencia de estos miedos, y aprender a lidiar con ellos, es fundamental para que no nos limiten en nuestra vida.

2. El miedo a molestar, a crear una situación que pueda generar incomodidad, o el miedo a que nuestra negativa derive en un conflicto con otras personas. Ante este tipo de situaciones hipotéticas, los consultantes me comentan que tienen miedo a perder el control, a no saber manejar las emociones, a ponerse agresivo, o a la reacción violenta de otras personas.

3. La sensación que están actuando de forma incorrecta y contraria al discurso de su juez interno, lo que les lleva a culpabilizarse y castigarse por ello.

4. La vergüenza y la culpa que sienten por ser el elemento perturbador ante las opiniones, juicios y situaciones externas.

En resumen, podemos afirmar que el motivo fundamental de aceptar algo que no deseamos es evitar que surjan emociones desagradables. Cuando pongo un límite (y lo mantengo), es frecuente que me sienta nervioso, preocupado o angustiado. En consecuencia, y para evitar este tipo de sensaciones incómodas, nos es más fácil decir que SÍ, aunque eso signifique una falta de respeto hacia nuestra persona.

En mi experiencia terapéutica, cuando trabajamos la dificultad para decir NO en sesión, suelen aparecer dos reacciones en mis consultantes;

La primera reacción es cuando digo SÍ a las peticiones externas, cuando realmente no quiero, no puedo, no me satisface, o no deseo lo que el otro me está proponiendo. Aunque asentir a las peticiones externas nos puede aportar cierto alivio en un primer momento, al creer que estamos evitando un posible conflicto con la otra persona, la realidad es que a corto plazo esta decisión nos acaba por pasar factura, apareciendo emociones como la rabia, la frustración o la decepción con uno mismo.

Actuar en contra de nuestra esencia, de aquello que necesitamos o deseamos, es una falta de respeto hacia nuestra persona, por lo que acabamos traicionándonos. Este tipo de traiciones a nuestro ser perjudican la autoestima y la confianza en nosotros mismos. Cuando no nos atrevemos a decir NO a las peticiones externas, mantenemos una incoherencia interna, un malestar que puede enquistarse y acabar manifestándose a través de diferentes síntomas corporales como pueden ser dolores de cabeza, tensión corporal o trastornos digestivos, entre otros.

La segunda reacción es cuando me atrevo a decir NO. En estos casos mantenemos la coherencia con nosotros mismos. Cuando eso sucede es común que aparezca nuestro juez interno con mensajes acusatorios, diciéndonos que no hemos actuado bien. De esta forma aparece el sentimiento de culpa, castigándonos por no cumplir con nuestro ideal de cómo deberíamos ser y comportarnos ante el resto del mundo.

A medida que se practica la habilidad para decir NO, la culpabilidad va bajando en intensidad, mientras que aparecen otras sensaciones, como la sensación de recuperar el control de nuestra vida, o la sensación de una mayor presencia y seguridad en uno mismo. Sin duda, todo ello contribuye a desarrollar una autoestima más saludable.

A continuación voy a comentaros unas pautas útiles que os pueden ayudar a la hora de practicar la habilidad para poder decir NO.

1. Reconócete el derecho a decir NO. Uno de los derechos que tenemos como seres humanos es nuestra libertad personal, y derivada de ella se encuentra el derecho a decir NO ante una petición externa. Poder decir NO es un acto legítimo mediante el cual expresamos nuestra autonomía e independencia. Recuerda que dentro de tus libertades personales se encuentran derechos tan fundamentales como el derecho a decir NO, el derecho a cambiar de opinión, el derecho a no expresar nuestra opinión, o el derecho a no tener que dar explicaciones sino lo deseamos.

2. Entiende que dar una respuesta negativa no es un acto egoísta. Al igual que el resto de personas están en su derecho de pedirnos algo, y no por ello son egoístas, nosotros también disponemos de nuestro derecho de poder decir NO, sin tampoco serlo por ello. Cuando alguien nos pide un favor, debe contemplar la posibilidad de que nuestra respuesta sea negativa. En caso contrario ya no sería una petición por su parte, sino un mandato que implicaría una obligación por nuestra parte.

3. Tómate tu tiempo. Cuando recibas una petición externa date un tiempo para responder. No actúes de forma impulsiva, como una reacción ante tu miedo a decir NO. Déjate un tiempo para escucharte y pregúntate cómo te sientes ante esa petición. Plantéate si puedes y quieres aceptar lo que te están proponiendo. En caso que tu miedo a decir NO sea muy intenso, piensa en alguna situación del pasado en la que dijiste SÍ, cuando realmente querías decir NO; pregúntate cómo te sentiste y qué consecuencias te trajo tomar esa decisión.

4. Evita la justificación. Es habitual que cuando damos una respuesta negativa a otra persona, y como consecuencia de la culpabilidad que emerge durante esos momentos, nos justifiquemos en exceso. Debemos recordar lo que comentábamos en el primer punto, sobre nuestro derecho a poder decir NO. En este sentido debemos dar nuestra negativa de forma asertiva, es decir siendo claros, directos, y no agresivos. Una técnica muy útil cuando se practica la habilidad para decir NO es la “técnica del sándwich”.

La “técnica del sándwich” consiste en dar una respuesta negativa, pero empezando por una idea positiva que muestre la empatía con la situación y con la otra persona. De esta forma, mantenemos nuestra negativa, pero la incluimos en un “sándwich” de empatía y de compresión respecto a la situación. Por ejemplo, si alguien nos pide ayuda económica le podemos decir lo siguiente:

“Entiendo que estés pasando por una situación difícil y me sabe mal, pero no puedo dejarte dinero; si piensas en otra forma como te pueda ayudar, estaré dispuesto a escucharte”. Idea positiva – Idea Contraria – Idea Positiva.

5. Evita los rodeos. Relacionado con el punto anterior de evitar las justificaciones ante nuestra decisión, otro punto a tener en cuenta es el hecho de mantenerse seguro y ser directo a la hora de manifestar nuestra negativa al otro. Cuando nos justificamos por nuestra negativa nuestro mensaje pierde fuerza. Asimismo, se ha de evitar expresar nuestro NO desde el enfado o la agresividad, y hacerlo siempre de forma respetuosa, serena y clara.

6. Acepta el hecho que no siempre puedes agradar a todos . Al igual que a nosotros no nos gusta todo el mundo, ni tampoco estamos de acuerdo con todas las acciones y opiniones ajenas, también encontraremos otras personas a las que no vamos a gustar. Vivir para agradar, dependiendo de las opiniones externas, nos desgasta física y emocionalmente, limitando nuestra libertad y alejándonos de nuestra esencia personal.

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Sin duda, la práctica de decir NO, nos puede aportar grandes beneficios. Las personas que acuden a terapia, y se atreven a utilizar esta habilidad comunicativa, me comentan que los beneficios no tardan en aparecer.  Me comunican que se sienten más en control de su vida, lo que les da una sensación de seguridad que antes no tenían en sus relaciones sociales. También me comentan que se sienten más confiados y seguros a la hora de asumir nuevos retos, así como una sensación de haber mejorado la opinión que tienen sobre sí mismos.

Para terminar, un efecto no esperado que mis clientes me comentan que perciben cuando se atreven a decir NO, es que lejos de encontrarse con el rechazo de los demás, lo que sienten ahora es que el resto de personas les respetan y admiran más que antes. Todo lo contrario a lo que su mente les advertía que iba a pasar.


Si quieres leer más sobre como aprender a decir NO, aquí te dejo otro de mis artículos sobre el tema:

 Como aprender a decir NO


Leslie Beebe

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Los 4 pilares de la autoestima

Los 4 pilares de la autoestima. Una de las áreas que se trabaja en todo proceso de terapia es la autoestima. La autoestima está estrechamente relacionada con la imagen que tenemos de nosotros mismos, el  denominado autoconcepto, e incluye también el tipo de valoración que mantenemos respecto a nuestra persona.

4 pilares de la autoestima


Definimos autoestima como el conjunto de sentimientos, pensamientos y conductas que hacen que una persona se considere digna de ser querida y valorada por sí misma, sin tener que depender para ello de la valoración externa. La autoestima se compone de dos factores básicos; el primero es un sentimiento de aceptación y amor por uno mismo (“yo me acepto y me quiero tal y como soy”), y el segundo es un sentimiento de competencia y valía personal (“yo valgo y puedo conseguir lo que me proponga”).

La autoestima no es innata, se va definiendo a partir de las sensaciones y experiencias que vamos incorporando a lo largo de nuestra historia personal. En este sentido, el entorno que vivimos en la infancia es determinante en la formación de nuestra autoestima. Si durante esos primeros años de vida vivimos en ambientes en los que como niños no fuimos reconocidos, valorados, apoyados y queridos por las figuras parentales, la probabilidad de que nuestra autoestima sea frágil en la edad adulta será más elevada. 

Si por el contrario recibimos cariño, apoyo y reconocimiento en la infancia por parte de nuestros padres, disponemos de más probabilidades para que nuestra autoestima sea saludable cuando seamos adultos. Aunque podemos considerar esos primeros años de formación del carácter como fundamentales en el desarrollo de nuestra autoestima, también debemos valorar el resto de nuestra historia personal como un factor que influye en ella. Asimismo, la autoestima no debe ser entendida como una meta, sino más bien como un elemento que deberemos ir cuidando a lo largo de la vida, como una planta que vamos regando y vigilando.

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Según mi experiencia personal, y a partir del trabajo realizado con mis clientes en terapia, puedo afirmar que un gran porcentaje de la población carece de una autoestima saludable. Alcanzar un nivel de autoestima sano suele requerir de un trabajo terapéutico sostenido a lo largo del tiempo, el cual nos permita ser conscientes de las trampas en las que caemos, y que perjudican la salud de nuestra autoestima. Algunas de estas trampas parten de unas creencias e ideas limitantes sobre el mundo y sobre nosotros mismos. Estas creencias se manifiestan a través de nuestro diálogo interno mediante mensajes de desvalorización y crítica severa hacia nuestra persona. 

La realidad es que en general nos tratamos bastante mal a nosotros mismos, no nos respetamos y en un gran número de ocasiones no creemos ser merecedores de las cosas buenas que nos pasan en la vida. En tal sentido, la terapia puede ayudarnos a tomar cartas en el asunto para empezar a trabajar en la consecución de una autoestima sana.


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Gozar de un nivel de autoestima saludable nos puede ayudar en los siguientes aspectos de nuestra vida:

Facilita la relación con otras personas, favoreciendo las relaciones que nos nutren, basadas en la sinceridad y la honestidad con uno mismo y con el resto.

Mejora la confianza en uno mismo y en las capacidades propias, lo que nos permite tomar las decisiones oportunas para alcanzar las metas establecidas.

Nos ayuda a tomar una mayor responsabilidad personal y una actitud proactiva ante la vida, alejándose de la irresponsabilidad y el victimismo derivados de una baja autoestima.

Contribuye a que alcancemos un bienestar psíquico y emocional.

Nos permite una optima gestión emocional, tomando conciencia de nuestras necesidades, así como la mejor forma para satisfacerlas.

El psicoterapeuta Walter Riso estableció 4 pilares que forman la autoestima, y que en consecuencia deben de considerarse en el trabajo terapéutico. Estos pilares son; el autoconcepto, la autoimagen, el autorrefuerzo y la autoeficacia.

El autoconcepto

El autoconcepto es la opinión que tenemos de nosotros mismos y lleva asociado un juicio de valor. El autoconcepto es la construcción mental de cómo nos reconocemos a nosotros mismos. Esta opinión que tenemos sobre nuestra persona condiciona la forma en como nos hablamos y tratamos. En un gran número de ocasiones mantener una opinión pobre sobre nuestra persona nos conduce a tratarnos de una forma excesivamente demandante y desvalorizadora, e incluso cruel por momentos. Esta actitud también nos lleva a compararnos con otras personas, con la única finalidad de sentirnos víctimas de las circunstancias.

Por el contrario, adoptar un autoconcepto realista y objetivo, aceptando que tenemos puntos débiles de mejora, pero también aptitudes, beneficiará una mirada amorosa y compasiva hacia nosotros mismos.

La autoimagen

La autoimagen es el grado de satisfacción con nuestra imagen. Recordemos que la imagen va más allá de ser una cualidad física, para ser un estado de satisfacción y aceptación con nosotros mismos. En consecuencia es fundamental que seamos nosotros quien nos sintamos bellos, sin necesidad de depender de opiniones externas que nos validen. Creo que a todos nos influye en mayor o menor medida las opiniones externas. Somos seres sociales, y como tal, el juicio está a la orden del día cuando nos relacionamos con nuestros congéneres. Otra cosa diferente es cuando volcamos nuestros esfuerzos en conseguir la aprobación externa.

Cuando vivimos pendientes de los juicios y opiniones externas, nos alejamos de nuestra esencia. Nos convertimos así en seres frágiles y dependientes, a merced del entorno y viviendo de cara a la galería para contentar a otros. Desde esta actitud vivimos en un estado de falta de libertad, con una insatisfacción creciente que intentamos apaciguar mediante los feedbacks positivos del exterior. Cuando tomamos conciencia de que el grado de satisfacción depende de nosotros, y no del entorno, es cuando podemos cultivar una autoimagen saludable.

El autorrefuerzo

La mayoría de nosotros tenemos la tendencia de tratar mejor a las personas de nuestro entorno que a nosotros mismos. En un gran número de ocasiones no nos cuesta ver las capacidades y habilidades de otras personas, sin embargo somos incapaces de reconocer nuestras cualidades y puntos fuertes. En esta línea, al igual que somos capaces de ser compasivos y empáticos con otras personas, también deberíamos empezar a serlo con nosotros mismos. Un ejemplo es cuando empatizamos y aceptamos el error en otros, mientras nos culpabilizamos y castigamos severamente por los errores propios.

Para cultivar una autoestima saludable es fundamental reconocer aquello que hacemos bien, premiando nuestros logros y aceptando que como seres humanos somos susceptibles de equivocarnos, un factor necesario para el aprendizaje.

La autoeficacia

La autoeficacia es la confianza que tenemos de alcanzar unas metas determinadas. Esta habilidad se basa en la creencia que podremos hacer frente a los obstáculos que se nos presenten en la vida, utilizando nuestras habilidades y recursos personales. Esta creencia también es sinónimo de aprender a lidiar con la frustración, entendiendo que no siempre conseguiremos aquello que nos propongamos. Sin embargo, si somos constantes y nos mantenemos apasionados con la meta que deseamos alcanzar, la probabilidad de éxito será mucho mayor.

Si quieres saber más sobre la autoestima, te invito a leer otros de mis artículos relacionados con el tema:

Como aumentar la autoestima

Como mejorar la autoconfianza

La autoestima una herramienta para el cambio


Leslie Beebe

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Técnicas de reducción del estrés (III) - La respiración circular

Técnicas de reducción del estrés (III) – La respiración circular. Estamos viviendo una época de gran incertidumbre e inseguridad. Sumado a la pandemia de covid, que ya parecía estábamos superando, ahora se le une la noticia de una muy probable crisis económica que se avecina. El motivo de esta crisis se origina por las restricciones de materias primas y recursos energéticos que estamos experimentando a nivel mundial. Ante un panorama tan desalentador, es importante cuidar de nuestra salud emocional, no dejándonos llevar por el pánico que este tipo de noticias suelen provocar entre la población.

Técnicas de reducción del estrés


Anteriormente, ya os comenté un par de técnicas para reducir el estrés, aquí os dejo los enlaces:

El escaneo corporal

La respiración diafragmática

Hoy, seguimos con una tercera parte de estos ejercicios de relajación, los cuales nos ayudarán a reducir nuestros niveles de estrés y ansiedad. Como ya os comenté con anterioridad, es muy importante la constancia y la implicación con este tipo de prácticas. Solo así, podremos constatar sus beneficios. El ejercicio que os propongo hoy se denomina como la respiración circular.

Para realizar este ejercicio busca un lugar tranquilo, donde no seas molestado durante unos 30 minutos. Desconecta el móvil y evita cualquier otra forma de distracción. Ponte ropa cómoda y asegúrate que las condiciones de la habitación, como la temperatura o la intensidad de luz, sean las adecuadas.

Ponte una alarma en tu reloj; lo recomendable es dedicar a este ejercicio de 20 a 30 minutos. Túmbate en una colchoneta o en la cama, con los brazos extendidos a los lados, las piernas estiradas, y con los pies ligeramente hacia fuera. Toma conciencia de tu respiración y haz unas respiraciones profundas. Es normal que al principio del ejercicio sientas que los pensamientos invaden tu mente. No te preocupes, con la práctica entrar en un estado de relajación te será cada vez más fácil.

Si sientes que los pensamientos se acumulan en tu mente, no te agobies. Imagina en tu mente un cielo azul, y visualiza tus pensamientos como nubes que van apareciendo en él. Simplemente deja esos pensamientos pasar, como si fuesen nubes llevadas por el viento. Acompaña esa imagen con la respiración, visualizando la expiración como el viento que se lleva las nubes fuera de tu vista. Evita quedarte enganchado a los pensamientos, dándole vueltas y futurizando sobre ellos. Si esta tendencia aparece, enfoca de nuevo tu atención en la respiración y en la visualización propuesta.

Terapia estrés


A medida que sientas que las nubes van desapareciendo del firmamento, y tu pensamiento se va calmando, toma conciencia de tu persona, percibe la presión de tu cuerpo en la colchoneta. A partir de ese instante, date cuenta de cómo se encuentra tu respiración. Realiza de 4 a 5 respiraciones profundas, llevando el aire hasta tu vientre y sintiendo como el abdomen sube y baja.

Una vez realizadas estas respiraciones profundas, identifica si hay alguna zona de tensión o malestar en tu cuerpo. Visualiza ese malestar o zona de tensión como un punto rojo en tu cuerpo.

Seguidamente imagina una esfera de energía o luz blanca que entra por tus pies en dirección a la zona de la coronilla, en la cabeza. El ejercicio consta de dos fases, una de inspiración, que consiste en visualizar el aire subiendo por delante de tu cuerpo desde tus pies hasta la cabeza, y una segunda fase de exhalación, donde el aire baja desde la cabeza, pasando por detrás y recorriendo tu columna vertebral, para acabar saliendo por tus pies.

Imagina la energía que entra como una luz blanca y purificadora. Esta luz va a relajar cualquier tipo de tensión o malestar que hayas identificado anteriormente en tu cuerpo. Cuando sientas que la luz blanca pasa por un punto de tensión, imagina que lo barre, y se lo lleva con ella. Al llegar a la coronilla, empieza la fase de exhalación del aire, imaginando como ese aire cargado de tensión baja por detrás de tu espalda hasta llegar a salir por tus pies.

Imagina que toda la tensión y malestar que ha arrastrado la luz blanca a lo largo de su recorrido sale por los dedos de tus pies, como una energía pesada y oscura que abandona tu cuerpo, dejándote una sensación de alivio y bienestar.

Sigue realizando este ciclo de respiraciones hasta que la alarma que has puesto llegue a su fin.

Espero que este ejercicio te sea de utilidad para aliviar los niveles de estrés y ansiedad. Puedes combinar y alternar los ejercicios que te he propuesto. Cuando doy este ejercicio a mis consultantes muchos me comentan que no disponen de 30 minutos al día. Ante ello les comento que no se preocupen, que le dediquen el tiempo que puedan. Les digo que más importante que el tiempo, es que sean constantes con su práctica. Una opción que les suelo proponer es que dediquen al ejercicio 10 minutos antes de dormir, y 10 minutos al despertar, pues es una forma ideal tanto de empezar como de acabar el día.

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Si te sientes desbordado/a por el estrés y ansiedad, sería recomendable que pidieses ayuda profesional, pues en la mayoría de ocasiones estos estados son manifestaciones de algún asunto que no hemos sanado, y que deberíamos atender para no llegar a sufrir trastornos más graves.


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12 señales para saber cuándo acudir a terapia

12 señales para saber cuándo acudir a terapia. Una de las principales preguntas a las que nos enfrentamos los profesionales de la relación de ayuda es la siguiente; ¿Cuándo debo ir a terapia?. Obviamente no hay una respuesta única para esta pregunta, pues depende de cada situación personal. No obstante, podemos generalizar diciendo que es aconsejable recurrir a terapia psicológica cuando estemos pasando por una situación ante la cual nos sentimos desbordados, y en consecuencia no sabemos cómo gestionar.

Señales acudir a terapia
Este tipo de situaciones tienen como denominador común un bloqueo en nuestro ser, impidiéndonos fluir con la vida. Este desequilibrio emocional y personal suele manifestarse en unos niveles elevados de sufrimiento y malestar, los cuales perjudican nuestra calidad de vida y limitan nuestra capacidad de acción.

A continuación voy a comentar 12 señales que nos pueden indicar que sería aconsejable buscar ayuda terapéutica

1.  Sufrir de dolores y molestias recurrentes sin que haya una explicación médica para ellos. Algunos de estos síntomas son cefaleas, trastornos digestivos, cansancio generalizado o dolores musculares, entre otros.

2. Sensación de apatía y pérdida de ganas para realizar actividades con las que anteriormente disfrutábamos.

3. Despertarse por la mañana desmotivado y falto de energía, aun habiendo descansado.

4. Tendencia creciente a recurrir a sustancias como el alcohol, drogas o incluso comida, como una forma de evitación y escape de la realidad.

5. Aparición de insomnio o problemas en las rutinas del sueño, así como cambios en los hábitos alimentarios como puede ser comer excesivamente, o bien la aparición de falta de apetito.

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6. Sensación de aceleración en nuestra rutina diaria, así como una mayor irritabilidad para enfrentar las distintas situaciones de la vida cotidiana. En definitiva, cualquier síntoma que nos haga ser conscientes que no estamos gestionando nuestras emociones de una forma eficiente y saludable.

7. Pensamientos intrusivos, e ideas pesimistas y catastrofistas sobre el futuro.

8. Pensamientos despreciativos sobre nuestra persona, los cuales se manifiestan en un diálogo interno crítico y de menosprecio hacia nosotros mismos.

9. Comentarios de amigos, familiares y personas cercanas, los cuales nos hayan recomendado pedir ayuda.

10. Cambios radicales e inesperados que pueden aparecer en nuestra vida, como la muerte de un ser querido, un despido laboral o una ruptura sentimental. Estas situaciones provocan un fuerte impacto en nuestra persona, por lo que es aconsejable acudir a un profesional de la terapia que nos acompañe a transitar esta época de crisis.

11. Problemas en la superación de algún trauma pasado, o bien la imposibilidad de cerrar asuntos de nuestra historia personal, y que en la actualidad seguimos cargando como un peso en nuestra mochila emocional.

12. Dificultades en las relaciones que mantenemos con otras personas (pareja, padres, amigos, compañeros de trabajo…), las cuales se manifiestan a través de patrones de relación no saludables, que se repiten en nuestra vida, los cuales nos limitan y nos generan malestar.

Estos son algunas de las principales razones que pueden aconsejar acudir a terapia. Obviamente, cada persona y situación son diferentes, por lo que será la persona afectada, la que en última instancia tendrá que tomar la decisión y pedir ayuda, si así lo cree conveniente.

En caso de que no seamos nosotros quien estamos sufriendo, sino alguien de nuestro entorno, mi consejo es que podemos recomendar a esa persona que pida ayuda, pero nunca obligarla a que se someta a un proceso terapéutico. La explicación para ello es que una de las claves del éxito de las sesiones es la constancia y el compromiso de la persona que sufre con la terapia. Cuando la persona se siente forzada a venir, este factor se pierde, por lo que la probabilidad de éxito de la terapia pasa a ser prácticamente nula.

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Si sientes que estás pasando por un momento difícil y te sientes desbordado/a, no lo pienses más, la terapia puede ayudarte a superar el sufrimiento que estás viviendo.

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Vuelta al trabajo, vuelve la ansiedad

Vuelta al trabajo, vuelve la ansiedad. Después de una época de vacaciones, en que nuestras obligaciones se han reducido y nuestro ritmo de vida se ha desacelerado, es normal sentir que nos cuesta volver a nuestra rutina diaria, apareciendo síntomas relacionados con el estrés y la ansiedad.

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En estos primeros días de retorno laboral es normal sufrir de estrés y ansiedad, algunos de los síntomas característicos de estos estados son; la dificultad para dormir, la sensación de aceleración en que se vive el día a día, la reducción del apetito o los trastornos digestivos, entre otros. En este sentido, debemos entender que no somos máquinas, y en consecuencia nuestro cuerpo necesita de una progresiva aclimatación para coger de nuevo el ritmo rápido que conlleva la rutina diaria. Algunos de las buenas prácticas que nos pueden ayudar a esta aclimatación son; priorizar obligaciones, delegar tareas, acabar una tarea antes de empezar otra, evitar llevarse trabajo a casa, o hacer una rutina diaria de ejercicio. 

No obstante, si sientes que una vez pasadas unas semanas, tu cuerpo se resiste a volver a la rutina, te sientes cansado y estresado, e incluso te cuesta descansar bien por las noches, es probable que tu problema de ansiedad vaya más allá de lo que supone el proceso de readaptación a tu rutina diaria. Si este es tu caso, no esperes más, la terapia es el acompañamiento personalizado que necesitas para superar tu malestar. La terapia te puede aportar los siguientes beneficios:

1.  Hablar de aquello que te sucede en un entorno confidencial y personalizado. Expresar aquello que nos pasa en un entorno profesional y objetivo, nos ayuda a aliviar la tensión que acompaña el malestar emocional.

2. Descubrir más sobre tu ansiedad y las causas que la motivan. Conocer los motivos que nos han conducido hasta aquí, encontrado las causas que provocan nuestra ansiedad, es un paso fundamental en el proceso para aliviar nuestro malestar, permitiéndonos superar nuestros síntomas ansiosos.

3. Aprender nuevas formas de gestión emocional. La terapia nos ayuda a obtener una visión más amplia de nuestra forma de ver la vida. Con esta ampliación de la mirada hacia el mundo, y hacia nosotros mismos, también emergen nuevas soluciones que nos permitirán aliviar nuestro sufrimiento.

4. Sanar heridas pasadas y cambiar creencias limitantes por otras que nos empoderen. Vivir acompañado por sentimientos como la culpa, el rencor y el resentimiento, así como mantener en nuestro interior emociones reprimidas y no reconocidas, pueden ser factores que nos impidan fluir con la vida. Reconocer estas heridas, sanarlas y tomar conciencia de creencias alternativas que nos empoderen, son aspectos que se trabajan en la sesión de terapia, y que nos ayudaran a recuperar el equilibrio emocional.

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5. Mejorar tus niveles de autoestima y la confianza en ti mismo y en tus posibilidades. Conocer como nos boicoteamos a nosotros mismos y nos maltratamos es un paso fundamental para salir de esta dinámica tóxica, conectando así con el amor hacia nosotros mismos.

Estos son solo algunos de los beneficios que puede aportarte acudir a terapia. Sin embargo, cada persona es diferente, y los temas que se trabajan en terapia son varios, siempre adaptándose a las necesidades de cada cliente. El objetivo es que la persona que acude a terapia pueda recuperar su bienestar con la mayor brevedad posible.

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La importancia de pensar bien (II)

La importancia de pensar bien (II). En un artículo previo, “La importancia de pensar bien”, ya hablé de la gran influencia que tienen los pensamientos en nuestros sentimientos, condicionando también las acciones que realizamos. Mantener pensamientos pesimistas sobre la realidad, o de desvalorización personal, nos conduce a padecer de un mayor grado de sufrimiento en nuestra vida. Este patrón de pensamiento disfuncional se fundamenta en toda una serie de creencias limitantes, las cuales son opiniones y valoraciones dañinas sobre nosotros mismos y sobre el mundo que nos rodea.

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Respecto a estas creencias limitantes, habló el psicólogo Albert Ellis. Albert Ellis fue un psicoterapeuta de los años 50, fundador de la Terapia Racional Emotiva. Este psicólogo creía firmemente en la influencia que ejercen los pensamientos en la forma como nos sentimos. Según su teoría, si somos capaces de identificar las creencias que sustentan los pensamientos limitantes, podremos llegar a sanar las emociones que este tipo de pensamiento nos produce.

Ellis argumentaba que no son los acontecimientos que vivimos los que nos afectan, sino la interpretación que hacemos de ellos. Esta interpretación, personal y única, es fruto de las lentes bajo las cuales cada uno de nosotros percibimos la realidad. Curiosamente, aunque no hay dos lentes idénticas, la realidad es que la mayoría de nosotros compartimos unas creencias comunes. Ellis afirmaba que existen 11 creencias limitantes e irracionales, las cuales están presentes en un gran porcentaje de la población. Estas creencias son las siguientes:

1. Es imprescindible ser querido y aceptado por todo el mundo.

2. Uno debe ser muy competente y saber resolverlo todo si quiere considerarse como una persona necesaria y útil.

3. En el mundo hay gente mala y despreciable que debe recibir su merecido.

4. Es terrible que las cosas no salgan como a uno le gustaría que fuesen.

5. Las desgracias que vivimos son consecuencia de causas externas, y nosotros tenemos ninguna o muy pocas posibilidades de controlar nuestros disgustos y trastornos.

6. Si algo es o puede ser peligroso o atemorizante, uno ha de preocuparse mucho al respecto y recrearse constantemente en la posibilidad de que ocurra.

7. Es más fácil evitar que hacer frente a algunas dificultades o responsabilidades personales.

8. Siempre necesitamos de alguien más fuerte que uno mismo en quien poder confiar.

9. Un suceso pasado tiene una importante influencia en la conducta presente, porque si algo nos afectó mucho en el pasado, continuará afectándonos indefinidamente.

10. Uno debe de estar permanentemente preocupado por los problemas de los demás.

11. Siempre existe una solución correcta, precisa y perfecta para los problemas humanos, si no se encuentra esta solución sobreviene la catástrofe.

Según Albert Ellis, si somos capaces de identificar la irracionalidad de estos patrones de pensamiento, buscando alternativas más racionales y realistas, también seremos capaces de generar estados emocionales más saludables en nosotros.

Seguramente, te has sentido identificado/a con una o más de estas creencias. Tranquilo/a, es normal, no obstante debes tener en cuenta que el problema no es tener estas creencias, sino que éstas dominen tus acciones. Cuando estas creencias se convierten en necesidades imprescindibles para tí, condicionando tus conductas y limitando tus acciones, es cuando deberías revisarlas.

Vamos a poner un ejemplo; si para alguien es imprescindible ser querido y aceptado por todo el mundo, la consecuencia será que este individuo, en cualquier situación de su vida, focalizará toda su energía en agradar y ser aceptado de forma incondicional por el resto de personas.

Esta actitud provocará que la persona no se mueva por sus necesidades y deseos más genuinos, sino por lo que cree que los otros esperan de ella. Cuando esto sucede, la persona se desconecta de sí misma, relegando sus necesidades a un segundo plano en favor de las de otros. Esta actitud, aparte de significar un gran esfuerzo para quien mantiene esa creencia, también favorece el malestar y el sufrimiento, al generar un estado de incoherencia interna.

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Por último, es importante decir que nadie debería sentirse culpable por mantener este tipo de creencias. La mayoría de estas convicciones tienen su origen en nuestros primeros años de vida, siendo producto de la educación recibida y del entorno social y familiar en el que nos criamos. Sin embargo, llegados a la edad adulta, es nuestra responsabilidad replantearnos lo aprendido, flexibilizando aquellas creencias que puedan ser limitantes para nosotros, y sustituyendo aquellas creencias ajenas por otras de más genuinas.

La cuestión relevante en este sentido es como nos relacionamos con este tipo de creencias, y el grado de importancia que le damos en nuestra vida. Cuando acatamos estas creencias como si fuesen unos mandatos divinos, sin ningún tipo de cuestionamiento ni filtro por nuestra parte, es cuando las creencias devienen dañinas y limitantes.

Desde la terapia trabajamos para que la persona tome conciencia de las creencias tóxicas que pueden estar limitándole. Las sesiones terapéuticas permiten a la persona flexibilizar sus creencias irracionales, así como cambiar aquellos patrones de pensamiento disfuncionales, por otros de más racionales y saludables.

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5 pautas para manejar la ansiedad

5 pautas para manejar la ansiedad. Estamos viviendo unos momentos en que los niveles de ansiedad han aumentado entre la población. El miedo generalizado, la incertidumbre sanitaria, la inseguridad laboral y los momentos emocionalmente difíciles a los que muchos se han tenido que enfrentar durante esta pandemia, han favorecido el incremento de la ansiedad en la sociedad.

5 pautas para manejar la ansiedad


Ante esta situación, sería recomendable aprender mecanismos que nos permitan manejar estos síntomas ansiosos. Como consecuencia de la pandemia, hay un gran número de personas que están sufriendo, al estar pasando por momentos muy complicados. Un ejemplo son los trabajadores del sector del ocio nocturno, los cuales hace mucho tiempo que no pueden abrir sus negocios. Es normal que en estos sectores, la preocupación y la ansiedad estén muy presentes en el día a día de estas personas. A este respecto, tener herramientas de gestión emocional, puede ayudarles a sostener este duro momento, evitando así que se llegue a situaciones críticas como puede ser una crisis de ansiedad, o el desarrollo de un trastorno de ansiedad como la agorafobia.

Con el objetivo de aportar un poco de ayuda a todas aquellas personas que están atravesando una situación difícil, a continuación vamos a comentar 5 pautas que nos pueden ayudar a lidiar con nuestra ansiedad.

1. Revisa aquellas áreas de tu vida con las que te sientas insatisfecho

A parte de los síntomas ansiosos, los cuales son muy desagradables e incómodos, la ansiedad también se compone de un conflicto psicoafectivo, que es el que sustenta sus síntomas. Este conflicto puede estar originado por múltiples factores según cada persona y situación. Algunos de los que aparecen con más frecuencia en terapia son: necesidades no expresadas, situaciones que aguantamos a disgusto, o bien emociones reprimidas, entre los principales.

En terapia me encuentro con personas que dicen sentir que no están en control de su vida. Esta falta de control se manifiesta a través de diferentes expresiones como son: mantener relaciones que no les acaban de satisfacer, callar por miedo a crear conflicto, dudar de la mayoría de decisiones que han de tomar en su vida, ser excesivamente perfeccionistas, o mantenerse fijados a miedos muy profundos como el miedo al abandono. Sentir que no somos nosotros quien llevamos las riendas de nuestra vida, es uno de los principales motivos que explican los elevados niveles de ansiedad.

Aunque admitir aquello que nos disgusta pueda ser difícil, ser sincero con uno mismo y aceptar que es necesario resolver ese conflicto es un paso liberador, que ciertamente nos reducirá nuestros síntomas ansiosos. En esta línea, la terapia puede ser el acompañamiento ideal para enfrentarnos a nuestro malestar y poder ser capaces de superar esta situación.

2. Deja de censurar aquello que vas a decir o hacer

En un gran número de ocasiones, el miedo nos lleva a relacionarnos desde una máscara con otras personas. Desde esa máscara censuramos nuestro discurso, y acomodamos nuestras acciones a lo que creemos los otros esperan de nosotros. En estos ambientes, en que nos sentimos vulnerables al juicio externo, es cuando se manifiestan nuestros miedos más profundos, como el miedo al rechazo o el miedo al abandono. Cuando esto sucede, el miedo nos bloquea y no nos deja pasar a la acción, mientras que nuestros deseos y necesidades quedan relegados a un segundo plano. Mostrarnos y actuar desde la máscara, y no desde aquello que realmente somos, es otro de los factores que favorecen la aparición de la ansiedad

Otra de las situaciones susceptibles de generarnos ansiedad es cuando por sistema anteponemos las necesidades de otros a las nuestras, con el objetivo de agradar y no ser fuente de conflicto. En este caso, no nos respetamos, pues nos falseamos al no actuar según nuestras necesidades, aspecto que hace emerger la ansiedad.

Si te sientes identificado con alguna de estas actitudes, lo recomendable sería que empezases a tomar conciencia de tus necesidades, para así mostrarte de una forma más sincera con el mundo. Puedes empezar con aquellas personas con las que te sientas más en confianza, y después practicarlo con otras personas de tu entorno.

Cuando te muestres de una forma más libre y sincera, también vas a sentirte liberado. Desde esta liberación, tu autoestima y la confianza en ti mismo y en tus capacidades también se verán beneficiadas.

3. Deja de maltratarte y castigarte a ti mismo 

Un gran número de pensamientos que pasan por nuestra mente durante el día son pensamientos limitantes y tóxicos. Son pensamientos en los que nos criticamos, nos desvalorizamos y nos comparamos con otras personas, para acabar siempre perdiendo. Otros pensamientos de este tipo son aquellos que nos llevan a culpabilizarnos y autocastigarnos por errores cometidos. Este patrón de pensamiento deriva en un estado emocional bajo, que se manifiesta a través de sentimientos melancólicos, de apatía, culpabilidad o enfado, entre otros.

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Algunos ejemplos de estos pensamientos que nos alteran a nivel emocional son:

“Soy un inútil”, “lo hago todo mal”, “no puedo”, “mira mi amiga, ella sí que vale”, “soy una foca, estoy gordísima”, “no lo he hecho perfecto”, “todos están en mi contra", "para qué intentarlo, si voy a fracasar", "no sirvo para nada"...

Seguro que te suena este modelo de pensamiento. Un discurso interno que no para en todo el día, y que acentúa todas aquellas debilidades y defectos que nos decimos a nosotros que poseemos. Desde este tipo de mensajes es imposible sentirnos en paz con nosotros mismos. El camino para superar este estado pasa por tratarnos mejor, y ser capaces de perdonarnos por posibles errores que hayamos podido cometer. Solo así podremos alcanzar un estado emocional saludable.

Para conseguir este equilibrio emocional, es importante que revises tu diálogo interno y la forma como te tratas a ti mismo. Piensa que este tipo de pensamientos limitantes no te conduce a nada productivo ni beneficioso para tu persona, pues solo te ancla en la pasividad y en la duda. Desde el victimismo y la comparación con otros nunca conseguirás estar en paz contigo mismo. Entiende que cuando te dejas llevar por este patrón de pensamiento tóxico solo consigues sentirte más frustrado y hundido.

Respecto a tus pensamientos, recuerda no identificarte con ellos, no creas a pies juntillas su mensaje, pues muchas veces surgen de tu fantasía y de unas creencias limitantes que responden a tu historia personal. Cuando estos pensamientos aparezcan en tu conciencia, plantéate si hacen referencia a una realidad objetiva y pueden ser explicadas a partir de una experiencia real, o bien son fruto de unas creencias propias, las cuales no siempre son saludables ni funcionales.

Tampoco intentes reprimir o luchar contra tus pensamientos, pues como seres humanos que somos no podemos escoger el modelo de pensamiento que tenemos. Por norma general, el problema de este tipo de pensamientos no es que aparezcan en nuestra mente, sino que les demos espacio y los alimentemos en nuestra conciencia.

Cuando te sientas agobiado por tus pensamientos, simplemente plantéate estas tres preguntas:

¿Me sirve de algo seguir dándole vueltas a este pensamiento?

¿Es un pensamiento que me lleva a la acción o al victimismo y la pasividad?

¿Es un pensamiento agresivo o irrespetuoso hacia mi persona?

Si es un pensamiento que no es útil, te conduce a la pasividad o al victimismo, y agrede a tu persona, entonces es un pensamiento que sin duda deberías revisar.

4. Fíjate retos y objetivos en tu vida

Para no caer en los pensamientos negativos y limitantes respecto a nuestra persona (lo que perjudica nuestra autoestima), es necesario que nos fijemos metas y retos para seguir creciendo en nuestra vida. Ser constantes y trabajar para alcanzar nuevas metas nos ayudará a recuperar nuestro equilibrio emocional. Esta actitud proactiva ante la vida nos hará sentir que valemos y que somos merecedores de nuestros logros.

Un denominador común en la mayoría de personas que acuden a terapia es la baja autoestima. Sentirnos útiles y tomar conciencia que conseguimos aquellos logros que nos habíamos propuesto, son factores que nos ayudan a sanarla.

5. Haz algo para el bien común

Relacionado con el punto anterior de establecer metas en nuestra vida, es importante que aquellas metas que te fijes no sean exclusivamente para tu beneficio particular, sino que tus acciones tengan un impacto positivo en otras personas. Dar amor y sentir que otros nos necesitan y se benefician de nuestros actos es fundamental para sentirnos plenos. En este sentido puedes plantearte realizar un trabajo voluntario, colaborar con una organización sin ánimo de lucro, o bien difundir algún conocimiento que pueda ser de ayuda a otras personas.

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Una vez presentadas estas 5 pautas, que espero te sean de ayuda para manejar tu ansiedad, también quiero decirte que no hay soluciones mágicas respecto a la ansiedad. Igual que existe un proceso para llegar a un punto máximo de ansiedad, como puede ser un ataque de pánico, también hay un proceso descendente para reducir los niveles de ansiedad y recuperar el equilibrio emocional; en este sentido todo lleva su tiempo. Enfrentar nuestros miedos y dificultades, siendo constantes y comprometidos con nuestro trabajo para superar la ansiedad es fundamental.

Un último punto que me gustaría destacar sobre la ansiedad es que la ansiedad no son nervios. No se trata de salir a distraerse, tomarse una infusión relajante o bien realizar sesiones de Mindfulness o meditación para tranquilizarnos. Aunque todos ellos son recursos que nos pueden ayudar en el tratamiento de la ansiedad, nunca resolverán el conflicto psicoafectivo que subyace debajo de los síntomas ansiosos. Lo mismo pasa con la medicación recetada para este tipo de trastornos, como son los ansiolíticos, los cuales aunque puedan ayudar en un momento puntual para no desbordarnos emocionalmente, la realidad es que no curan la ansiedad.

Para superar nuestra ansiedad, el camino se encuentra en descubrir y resolver el conflicto interno que nos genera malestar y sufrimiento. Para ello, la terapia es una solución ideal y personalizada que nos permitirá recuperar nuestra salud emocional.

Si quieres más información sobre la terapia y qué significa iniciar un proceso terapéutico, CLICA AQUÍ y te informaré sin compromiso.

Leslie Beebe

Terapia Gestalt en Barcelona



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La importancia de pensar bien

La importancia de pensar bien. La mayoría de personas que acuden a terapia lo hacen porque están sufriendo. Este sufrimiento puede estar motivado por diferentes motivos; una ruptura sentimental, un duelo por la pérdida de un ser querido, un despido laboral, un divorcio…. No obstante, un gran porcentaje de personas que vienen a terapia lo hacen por un sufrimiento muy diferente, que es aquel motivado por la forma que tienen de relacionarse consigo mismos.

Importancia pensar bien

Aunque mi orientación terapéutica es la humanista (principalmente la terapia gestalt), la verdad es que encuentro muy interesante el planteamiento que hace la terapia cognitivo conductual sobre la forma como nos relacionamos con nuestra persona.

La terapia cognitivo conductual es un modelo de tratamiento psicológico que parte de la unión de dos ramas de la psicología, como son la conductista y la conductual. Desde una visión simplista y muy resumida de esta terapia, podemos decir que la terapia cognitivo conductual parte de la premisa que todos nos movemos en un triangulo interno formado por 3 elementos: los pensamientos, los sentimientos/sensaciones y las acciones. Estos tres elementos se interrelacionan entre sí; los pensamientos y sentimientos conducen nuestras acciones, y a su vez, las acciones parten de unos pensamientos y unas creencias determinadas… creando así un círculo que se retroalimenta.

Partiendo de la premisa anterior, podemos afirmar qué si queremos cambiar una sensación como por ejemplo cuando nos sentimos bloqueados por la ansiedad, debemos empezar a cambiar nuestra forma de pensar y las acciones que van asociadas a ella.

De esta teoría se deduce que la forma de pensar, y el tipo de pensamientos que mantenemos a lo largo del día en nuestra mente, afectarán directamente a la forma como nos sentimos, y a su vez limitarán en mayor o menor medida nuestras acciones.

Vamos a poner un ejemplo: si mantengo en mi mente el pensamiento que no sirvo para el trabajo que estoy haciendo, seguramente esto me hará sentir inseguro, lo que afectará mi rendimiento laboral pues aumentará la probabilidad de cometer errores.

De esta forma, y como consecuencia de este tipo de pensamientos limitantes, caemos en una trampa mental que nos lleva a compararnos y a sentirnos mal por aquello que somos. Desde este tipo de creencias disfuncionales, nos sentimos inferiores e inseguros ante la vida, lo que limita enormemente nuestras acciones y nos impide crecer en nuestra vida.

A continuación, voy a exponeros tres formas de pensar o tipos de creencias tóxicas que nos limitan, las cuales están bastante generalizadas entre la población.

1. La primera forma de pensamiento está relacionada con creencias dañinas sobre nosotros mismos. Dentro de este tipo de creencias destaca un amplio abanico de pensamientos, no obstante yo los englobo en dos grandes grupos:

El primer grupo incluye aquellos pensamientos desvalorizantes y limitantes sobre nuestra persona. Algunos ejemplos son:

“no sirvo”, “no valgo”, “soy un inútil”…

El segundo grupo engloba aquellos pensamientos relacionados con la autocompasión hacia nosotros mismos, como por ejemplo:

“¿Por qué esto siempre me pasa a mi?”, “No es justo”, “Yo no merezco que me pase esto”, “Mira a tal persona, a él/ella no le pasa”…

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En ambos casos pensar de esta forma nos bloquea, al anclarnos en una posición victimista y autocompasiva. Esta vía de pensamiento nos impide encontrar una solución a nuestro malestar, pues nos mantiene enfocados en el problema. Ante estos casos es difícil adoptar una actitud proactiva, focalizada en tomar las medidas oportunas que nos permitan salir de nuestro sufrimiento. Desde esta actitud pasiva, estamos tan centrados en compadecernos de nosotros mismos y en compararnos con otros, que perdemos de vista las posibles soluciones a nuestro problema.

En este punto, quizás la pregunta a hacernos es porqué está tan generalizado el hecho de compararnos para así sentirnos mal e inferiores al resto. Aunque existen múltiples respuestas a esta pregunta, una de las que yo creo explica bastante bien este fenómeno parte de la base que no nos gusta sentir incomodidad o displacer en nuestra vida. 

Multitud de circunstancias de la vida nos llevan a sentirnos tristes, enojados, heridos, asustados, vulnerables… Todos estos son estados desagradables e incómodos que no nos gusta sentir. Para evitarlos, lo que hacemos es tratar de escapar del displacer que nos provocan, por lo que optamos por quejarnos y posicionarnos como víctimas, o bien escogemos compararnos con otras personas que pensamos están mejor que nosotros. 

Sin duda, estas actitudes evitativas funcionan como una distracción temporal, no obstante a largo plazo solo nos prolongan el sufrimiento, y posponen el hecho de tener que tomar conciencia de aquello que nuestras emociones y sentimientos nos quieren transmitir.

2. La segunda de las creencias limitantes son aquellas relacionadas con el resto de personas. Con frecuencia pensamos que cuando algo malo nos sucede, cuando nos sentimos tristes ante una situación, o bien cuando nos enfadamos por alguna circunstancia, la responsabilidad de sentirnos así la tienen otras personas, ya sea nuestro jefe, nuestros padres, nuestra pareja…

Así, gastamos una gran cantidad de tiempo y energía en culpabilizar a otros por nuestro estado y la forma como nos sentimos. Este tipo de pensamiento, como en el punto anterior, nos ancla en el malestar, la pasividad y nos limita para poder ver posibles salidas a nuestro sufrimiento.

Algunas frases que reflejan este tipo de pensamiento son:

“Mi pareja saca lo peor de mi”, “Él/ella tiene la culpa de que me sienta así”, “Sino fuese por mi jefe, no llegaría a casa tan enfadado”, “Si soy así es por culpa de mis padres”…

La consecuencia de adoptar este tipo de pensamiento es doble; por un lado regalamos nuestro poder personal a otra persona, lo que nos priva de tener la sensación de que controlamos nuestra vida, y de que en esencia somos dueños de nuestra libertad personal.

Por otro lado es un acto de irresponsabilidad, al no querer hacernos cargo de nosotros mismos, proyectando así la responsabilidad de nuestra vida y de nuestra persona en alguien externo. Aunque la proyección (un mecanismo de defensa de nuestra psique) pueda aportarnos cierto alivio en un primer momento, al ser un mecanismo evitativo respecto algo que nos incomoda o nos hace sufrir, la realidad es que con el tiempo nos pasa factura al hacernos sentir que no tenemos el control de nuestra vida.

3. El tercer tipo de pensamientos limitantes son aquellos relacionados con el mundo. La mayoría de nosotros mantenemos la creencia errónea y malsana que el mundo está en deuda con nosotros. Desde esta creencia, pensamos qué si nos esforzamos lo suficiente, alcanzaremos el éxito. O bien qué si nos portamos bien, el mundo nos recompensará por nuestra bondad. Nada más lejos de la realidad.  El éxito no es fruto de una justicia cósmica hecha a nuestra medida, pues pensar así solo nos llevará a la decepción y a la frustración.

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Por norma general el éxito (cada uno definirá qué entiende por éxito en su vida), parte de una actitud proactiva, de compromiso, constancia y esfuerzo para alcanzar la meta establecida. Sin embargo, debemos tener en cuenta que en ocasiones, aunque pongamos todo nuestro esfuerzo en alcanzar aquello que tanto deseamos, vamos a fracasar. La realidad es que, aunque la actitud es muy importante para alcanzar nuestras metas, no lo es todo, pues existen multitud de factores que nos influyen y escapan de nuestro control.  

Aceptar que la vida no es justa con nosotros, y que a veces uno se sentirá decepcionado y defraudado por no haber conseguido aquello que quiere, es parte de la vida misma, así como una dura prueba para nuestra gestión emocional.

Como hemos mencionado anteriormente, mantenerse en la queja y en la autocompasión solo nos conduce a un estado de pasividad y victimismo, bajo el cual es muy complicado llegar a sentirnos bien con nosotros mismos y con nuestra vida.

Una vez expuestos estos tres tipos de pensamiento, seguro que te has sentido identificado con alguno de ellos, o incluso con todos a la vez. Tranquilo, es normal, la mente de la mayoría de nosotros funciona de una forma muy parecida, pero esto no significa que deba seguir siendo así, y que no podamos hacer nada para decantar la balanza a nuestro favor. 

Debemos entender que lo relevante no es el tipo de pensamiento que tenemos, pues los seres humanos no disponemos de la capacidad de suprimir nuestros pensamientos, sino que lo importante es como nos relacionamos con ellos una vez aparecen en nuestra conciencia.

En este sentido es importante adoptar toda una serie de hábitos saludables respecto aquello que pensamos. Al igual que es importante cuidar de nuestra alimentación y practicar ejercicio físico para mantener nuestra salud física, también es importante adoptar unos hábitos de pensamiento saludable, que nos ayuden a cuidar de nuestra salud psicológica y emocional. Para ello es importante contrarrestar nuestras creencias limitantes por otras de más saludables que nos empoderen.

Adoptar hábitos de pensamiento saludable es un proceso, el cual difícilmente podremos realizar solos. Transitar por este camino requerirá de compromiso, constancia y esfuerzo, así como de un acompañamiento terapéutico que nos ayude a cambiar nuestros pensamientos y creencias limitantes, por otras de más saludables que fortalezcan nuestra autoestima y nos permitan crecer.

Si quieres mejorar la relación que mantienes contigo mismo y con el resto de personas, adoptando hábitos de pensamiento saludable, la terapia puede ayudarte. Para más información sobre las sesiones de terapia CLICA AQUÍ

 

Leslie Beebe

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